dimarts, 14 de febrer del 2012

LO ARTIFICIOSO

Ayer recibo a través de Facebook una sugerencia para que dé la cara a favor de la independencia de Catalunya. Cuestión que me parece que, cualquiera que me lea aquí, o lea los comentarios que pongo en blogs y webs que visito, pocas dudas suscita. Soy furibundamente independentista. De hecho, si este sentimiento, o idea, u opinión, fuera mesurable de una manera científicamente contrastable, diría: esperad; cada día de gobierno del PP me hace más independentista catalán, más dispuesto a la fuga hacia donde sea, con tal de huir de esa centrifugadora que es el gobierno español. O sea, en términos financieros: esperad, que tendrá su retribución.
Me sugieren que lo haga a través de una web donde cuelgas una foto y tus datos, y quedas contabilizado (y retratado) como partidario. Veo fotos de quien ha firmado antes: una Núria Feliu (cantante-momia emblemática en Catalunya, relacionada con CiU) burguesa y con una pinta algo americanizada; el omnipresente escritor Matthew Tree; un Mikimoto con corbata, ilógicamente; y políticos, la mayoría de ERC (Junqueras, Bargalló - sin corbata, lógicamente-, Anna Simó). 
Cuando veo a los políticos, decido no participar ahí. Nadie vinculado con la política hasta ahora (ergo, vinculado con todas las malas decisiones que nos han llevado a esta comprometida situación) me gusta un pelo para protagonizar o pretender abanderar la génesis de una nueva nación. No hay excepciones, más bien todo lo contrario, habría quien, con su intervención, generaría en mí, ya no una indiferencia, sino una franca animadversión. Ya no queda nadie, apenas, que no me haya fallado.
Y es que en el fondo, y debo confesar que conversaciones con amigos (el gran Mix, por ejemplo) han ayudado lo suyo, empiezo a hartarme del caudillismo encubierto que muchos enarbolan, para acabar saliendo beneficiados. Como catalán y catalanista voy a acabar declarándome igual que digo que me gusta Radiohead o Bolaño, o los XX. Es mi opinión, prueba tú si quieres y ya me dirás. Yo no voy a forzar las cosas. Ni voy a ponerme detrás de nadie a brindar mi apoyo. Delante, al lado, quizás. Detrás, no.

Dos grandes candidatas a los Oscar, dos actrices que siempre me han parecido que tienen cara de pollo: Glenn Close (papel a la medida haciendo de hombre), Meryl Streep (papel a la medida haciendo de Maggie Thatcher). Todo perfectamente calculado para un duelo en la cumbre.

LV dice en portada que Adele arrasa en los Grammy. Aclarado que no se refieren a la mesa de los canapés, la contemplo acogiendo maternalmente las 6 estatuillas, veo su foto, algo llorosa. Pulcra y accesible, cercana y aséptica, habría que declarar ese subgénero como gimnasia vocal. Justo con uno de sus íconos, Whitney Houston, fallecido en circunstancias por aclarar, he de decir que ese tipo de divas a las que la industria adora, hasta el punto de componer canciones expresamente destinadas a hacer brillar su técnica vocal, tan depurada como fría e incapaz de transmitir, a mí me pone muy nervioso. Sin llegar a la adoración, me gustaba oír a Amy Winehouse, con esa voz rasposa y ajada, pero, tal como se demostró, reflejo de su drama interior. Pero ese ejército de cantantes diseñadas industrialmente para ser divas de gran voz (voz que, por lo tanto, acaba desperdiciada en baladas azucaradas y mid-tempos soul de escasa relevancia), ese ejército que acaba apareciendo en programas como OT, o Britain's got talent, ensuciando canciones de Ella o Aretha, o Nina (Simone, por supuesto), con el único fin de vender y vender artificiosidad, dudo que aporten nada a la música. Más de lo mismo, siempre.



dilluns, 13 de febrer del 2012

ATENAS Y ALBURQUERQUE

Llego tarde pero merezco disculpas. No todas las excelentes series son comprendidas a la primera. Igual que 20 o incluso 100 páginas iniciales de grandes libros cuestan ser superadas y sólo cobran sentido, a veces, por hechos que ocurren a partir de la página 400. Breaking Bad no es una serie nada sencilla. Su arranque en el primer capítulo, con un aparentemente incomprensible flash-back, un hombre de mediana edad en calzoncillos en medio del desierto, es lo más alejado del glamour que uno pueda concebir. Como una antítesis de los barrios bienestantes de series como Mujeres desesperadas. Pero, repito, cobra sentido. Ese tono amarillento, esa sobreexposición solar excesiva del desierto de Alburquerque, Nuevo México, que me recuerda las escenas mexicanas de la excelente Traffic de Sondenbergh (aquellas iluminadas por la presencia de Benicio del Toro), y también algunas escenas de Kill Bill, que recibe un tributo más adelante, en lo que podríamos llamar el capítulo de la mosca.
El hombre de la foto, ante el espejo, rapado, envejecido, con sus medicamentos preparados, es Walter White. Químico que consume sus días entre anodinas clases a estudiantes desinteresados y un trabajo extra en un túnel de lavado de coches. Hasta que un día un médico le hace iniciar una cuenta atrás en su tiempo de vida. Repasa sus finanzas y, para cuadrar la posibilidad de dejar la vida arreglada a su familia, toma la decisión de usar sus conocimientos en química para sintetizar drogas. De una pureza que las convierte en la bomba. Contacta con amistades peligrosas, entra en el arriesgado círculo de traficantes y gente de la peor calaña. Lo hace todo con la mejor de las intenciones, pero las cosas se irán complicando. Los surcos de su cara dejan de ser de madurez y pasan a ser de astucia. Una astucia torpe, pero una astucia que le permite seguir adelante.
Repito: Breaking bad no es sencilla ni, seguramente agradable. Para delicia de los estudiosos más profundos, quizás su personaje busque la redención, quizás huya del laberinto sin salida que una curación le procuraría. Quiere cuadrar plazos y cantidades. Morir justo cuando tenga el dinero que necesita, dejarlo todo limpio y claro. Posiblemente esos críticos que aúllan ante la excelencia de dos series que son casi literarias, The Sopranos y The Wire, estén algo desorientados buscando referencias en un personaje tan contradictorio como White, buscando la composición exacta de héroe y villano, pues existe el momento, sencillo de determinar, donde White cruza la línea, donde atraviesa con funambulismo circense la barrera de la buena persona. Pasa al otro lado, mira atrás y querría volver, pues eso supondría  recuperar su estampa familiar. Pero el mal está hecho y empieza a pagar por él.

El mismo tono ardiente y amarillento del desierto de Nuevo México lo desprende esta fotografía. El pie decía que era el ayuntamiento de Atenas, que ardió ayer en medio de durísimos incidentes. También ardieron: la central de un banco (oportunamente llamado Alphabank), un Starbucks, un cine de esos céntricos y antiguos que en Barcelona sólo hacían arder las inmobiliarias. Declaro que no sé decir que pienso cuando veo ésto. Que no sé, pero me suena que sí, son griegas palabras como catarsis o némesis o apocalipsis. Que me extrañaría que ese cruce a la maldad tenga marcha atrás. Que tampoco sé si es un cruce a la maldad. Bastille, Bastille, Bastille.



dissabte, 11 de febrer del 2012

LO RIGIDO

Estoy contento de volver a escribir sobre algún libro. Puesto que significa que, paulatinamente, recupero cierta capacidad de concentración y, a la vez, que abandono los sórdidos laberintos de la política y la sociología en los que, reconozco, acabo perdiéndome, para mi rabia y desespero.
Elegí el libro de Schlink buscando en los estantes a Scott Fitzgerald. Deberé buscar otro para encontrar a éste. Lo cogí porque era de Anagrama, y porque recordaba haber visto El lector, solvente película basada en la obra homónima de Schlink.
A medida que lo leía constataba varias cosas : que los autores alemanes me generan cierta predisposición que no soy capaz de definir, como si por una parte todos los de una determinada época tuviesen, en un punto u otro, que bajar la cabeza y pedir perdón por el horror del nazismo, y por otra, como si del acto ignominioso de esa bajada de cabeza naciese una prosa dura, concisa, sin florituras ni exceso de oropel. Una prosa fría, gris e industrial como las ciudades alemanas.
También, por la temática policial del libro, iba proyectando sombras todo ese marasmo sobrevalorado de autores escandinavos. Avanzaba en la lectura y me preguntaba en qué era superior cualquiera de los libros de la trilogía de Larsson a este libro de Schlink. No en el estilo literario, aunque tiendo cada vez más a que en los libros traducidos ese estilo quede levemente compartido con los traductores. Tampoco en el desarrollo de la trama, más directa y menos dada a extraños giros. Llegué a la conclusión de que ciertos personajes (una problemática joven con un turbio pasado y aficionada a la tecnología punta) son más atractivos que otros (un ex juez en la Alemania nazi que tiene que buscarse, ya casi anciano, la vida como detective en el período post-II guerra mundial). Porque en todo lo demás Schlink, a pesar del confuso y descorazonador final, es superior a Larsson. Con todo, una algo deslabazada sensación la que me invade: que, tras tanta lectura y de tantos estilos, la novela policíaca al uso ha dejado de despertarme un interés prioritario.


divendres, 10 de febrer del 2012

EL DIA DE GLORIA HA LLEGADO

Ayer podría haberme enzarzado en la eterna discusión sobre España y Catalunya y si éstas encajan o no y cual sería la condición de ese encaje. Pero no. No es sorprendente que esta discusión, entre la gente de Orsai, sea civilizada y razonable, sin acritud ni tendencia a la descalificación, más bien, agradablemente, con cierto argentino sentido del humor y la socarronería, a veces derivando hacia el feo tema de Garzón y su inhabilitación.
Mi problema es que lo agradable a veces me resulta tibio en exceso, y la tibieza, la literaria, la ambiental, la política, no me gustan ni un pelo. Sopa tibia, café tibia, cava tibio. Ideal para quedarse dormido. Prefiero estar despierto y con todos los sentidos (los siete) bien activados.
Así que daré otra vuelta de tuerca.
Como la de plantear la diferencia entre las reacciones cuando, hace unos meses, cierto medio de comunicación insinuó sin tapujos que los jugadores del Barça se dopaban y la que, en el transcurso de estos días, y de manera creciente, se tiene con el tema de los guiñoles de Canal+ Francia.
Dando por sentado que soy de la opinión de que realmente muchos de esos deportistas de élite no están haciendo nada malo.
Pero parece que las reacciones van a ser incluso institucionales. Qué es lo que se piensa en España?. Que se tiene que reaccionar igual que con el tema de las viñetas de Mahoma, hace unos años, en cierto país escandinavo?. Este es el concepto español de la libertad de expresión. No es una pregunta, es una afirmación. Pueden proliferar chistes de gays, de catalanes, de gallegos, de leperos, de gangosos, y de negros. Pero si se toca a nuestros deportistas de élite, en programas de humor, hay que saltar al cuello. Eso no es atizar al odio. Si se hace desde estados diferentes al de uno, hay que contraatacar. Si se hace desde dentro, es que somos unos cachondos que nos reímos hasta de nuestra sombra. Ese es uno de los motivos de mi nulo sentimiento español: no respetaremos la libertad de los demás, no encajaremos las bromas, sean de buen o mal gusto, y el pataleo consistirá en no comprar en el Decathlon o en el Carrefour. Cierto amigo francés me comentaba que recibía visitas periódicas de su madre que le preguntaba si aún teníamos al rey ese. Puede que, en este entorno, mi amigo debiera pedirle a su madre que tuviera cuidado con la mala interpretación de sus comentarios. A mí me da igual el concepto patriótico, pero, mientras esté condenado a obedecer sus leyes y sus gobernantes, no me queda otro remedio que estar atento. Si se ríen de los deportistas, qué no harían viendo a una parte sustancial del país delante de la TV para ver a Belén Esteban o a Gran Hermano.
Preocupémonos de que la intención de voto en Francia es 8 puntos superior a que Sarkozy pierda el poder, y que, mientras tanto, sus decisiones conjuntas con Merkel todavía ejecutan el futuro de esa entelequia llamada Europa. 
Qué se merece un patán que prefiere estar con Angela Merkel teniendo a Carla Bruni en casa.


dijous, 9 de febrer del 2012

EL PRECIO DE LA CARNE

Las autoridades de Barcelona, andan sumamente preocupadas ante el anuncio de una huelga del transporte público (colectivo, amigos del cono sur) que se ha convocado desde el 26 de febrero al 1 de marzo. Porque esas fechas coinciden con el World Mobile Congress que se celebrará aquí. No les preocupan los trabajadores que estén colgados para llegar a sus ocupaciones, ni los jubilados cuyo único entretenimiento consiste en dormitar recorriendo la ciudad en líneas de autobús elegidas al azar. Tampoco les preocupan las reivindicaciones que incitan a los trabajadores de la empresa de transporte público a tomar tan tajante decisión (en España existe el derecho a la huelga, pero el trabajador no percibe sueldo ni cotiza a la seguridad social los días que ejerce dicho derecho). Les preocupa que 60.000 ejecutivos de empresas de comunicaciones de todo el mundo se lleven una mala impresión de nuestra ciudad, no tanto porque 60.000 ejecutivos vayan a usarlos para desplazarse (los ejecutivos, en su mayoría usan los taxis, cuyos conductores, no por casualidad, saben los mejores night-clubs donde pueden acudir por la noche a descansar), sino porque las huelgas generales delatan inseguridad, inestabilidad social, y ya se sabe que negocios y capital buscan reposo y estabilidad (la encuentran, p.e. en las Islas Caimán). Prefieren seguir disimulando, haciendo ver que Barcelona es una ciudad idílica donde todo el mundo está la mar de contento, donde quien se sienta a las once de la mañana de un lunes frente al mar lo hace por puro placer.
Yo hace doce años que pago cuotas de un sindicato. La palabra afiliado no me gusta. Revela una relación familiar que no tiene sentido. La palabra pertenecer, aún menos. Pago las cuotas, tengo mis derechos, dejémoslo ahí. Hay una campaña generalizada que asocia la imagen de los grandes líderes sindicales españoles a la de los políticos. Que les acusa de ser prácticamente diferentes caras de la misma moneda. Cosas que pasan cuando los líderes sindicales se ponen corbata para reunirse con los empresarios y, como colofón, sonríen mientras se dan la mano en las fotos. Esa sonrisa hiela muchas otras. Qué habrá firmado éste. Por eso al intercalar esa foto he elegido alinear a la derecha.
Yo diría que la gente no espera apretones de mano entre sindicalistas y empresarios. La gente cree que un sindicalista debe ser, incluso a riesgo de su integridad física, un soldado en primera línea que representa al proletariado frente al turbio interés empresarial. Alguien que no bajará un ápice en sus reivindicaciones, que no cederá en los aspectos básicos, que no admitirá más razones que las de los trabajadores a los que representa. Que no compartirá mesa y mantel con el adversario. Que acudirá a las reuniones con jerseys ásperos y baratos, y mostrará manos con dedos gruesos, que revelarán que, no hace tanto, sudaba y se esforzaba para ganarse la vida. Cuya integridad será granítica y no parpadeará ante tentaciones, materiales o físicas. Que volverá a su casa en un barrio obrero y se acostará con la conciencia tranquila. Aunque horas antes haya hecho que ciertos muros se vengan abajo.
Creo que no deberíamos ni acordarnos de los nombres de los grandes dirigentes de los sindicatos. Que, por higiene, habría que cambiarlos cada cuatro o cinco años, como a los auditores. No hay que coger confianza con los antagonistas, que la confianza lleva a la empatía. Que el empresario vaya a la reunión en limusina, que el sindicalista no aceptará ni que le envíen un coche a recogerlo a casa. Que se empieza por ahí y se acaba diciendo que sí a aquello de que todos tenemos un precio. Cosa que siempre le trae a la cabeza cierta película con Robert Redford y Demi Moore, horrorosa e ingenua película pero de la que te acuerdas. Ipso facto se acuerda del método de cálculo de ciertas indemnizaciones: no te pagan lo mismo si te amputan el dedo meñique de la mano izquierda que el pulgar de la derecha.
Piensa en precios de personas y olvida el precio del pan.


dimecres, 8 de febrer del 2012

EL SEPTIMO SENTIDO

Los círculos se cierran a veces de las maneras más desconcertantes: hace poco hablo del sentido crítico, hoy Monzó se muestra admirado por una crítica particularmente encarnizada (la de un comentarista estadounidense sobre el restaurante de los padres de Lady Gaga), por su valiente y áspero pronunciamiento donde el periodista, un crítico gastronómico, actúa con vehemencia, no se corta un pelo, dice las cosas por su nombre, por ese nombre o ese adjetivo al que tanto miedo se le tiene. Clava el cuchillo, le da vueltas, se ensaña.

Cómo me gustaría que el mismo crítico hubiese pillado en su momento a Sabina.
Aunque aclararé que Sabina no tiene por qué cocinar, también, horrorosa y pretenciosamente.

Cómo me gustaría, también, tener un comportamiento parecido, dándome igual emplear palabras hirientes si éstas son justo las que definen mi parecer. Sin miedo a las repercusiones viscerales, sin miedo a recibir una réplica pareja en crueldad. El puesto ya está ocupado en este país, por lo menos en el imaginario popular, Risto Mejide es el clásico hijoputa que destripa sin contemplaciones ni ápice de empatía alguna las ilusiones de los pobres desgraciados que acuden incautos a demostrar pretendidos talentos. El tipo los tira al suelo, les da revolcones y les sacude patadas alternas en hígado y riñones. Luego escupe sobre sus cadáveres, porque lo de miccionar ya lo hacen los soldados USA y él no va a copiar a nadie. Lástima que se hayan encargado de situarle dos polis buenos al lado, fundamentalmente, para evitar que se dispare preocupantemente la tasa de suicidios. O para evitar que sea él mismo el que dé el tiro de gracia a tanto payaso con pretensiones de popularidad. Son justo esos cinco minutos en los que el tipo chupa cámara y tira de prosa afilada, no lo he visto tanto rato, no creáis, pero me encantaría constatar que su único juicio cercena carreras e inunda patanes en lágrimas de desesperación y golpes en el pecho clamando por la injusticia. Si el tío nos hubiese librado de todas las cucarachas que han poblado OT (o sea, todo el mundo). Si lo hubiera hecho.

Ser crítico exige, pues, ser experto en cierta especie de perfeccionismo conceptual. El que desprecia la mediocridad o, rara vez, atisba algún potencial en medio de ella, y levanta el pulgar, levemente. Levemente, y provisionalmente. De poco sirve lo que hayas hecho antes, siempre, o casi, te juzgará como a un tembloroso principiante. Los críticos y el síndrome del segundo disco, cuánta tinta podría emplearse ahí.

En dos semanas tendré en mis manos el número de la revista literaria Orsai. Lo tendré por el curioso procedimiento de distribución de que disponen. Un tipo me llamará y me dirá donde me parece bién que me la entregue. En un lugar público a plena luz del día o en un café vacío a medianoche. Entonces descubriré si ha merecido la pena o no los dos meses que llevo asomándome a la web de Orsai, (aunque sí lo ha merecido por los lectores que progresivamente obtengo gracias a mis links), si he de ser coherente y sincero hasta que duela, igual que el crítico de New York con el restaurante de los padres de la pájara esa, debo decir que dos meses ya son demasiado tiempo para tanta endogamia auto-referencial. Para tanto untarse mantequilla entre lectores y redactores. Que no creo que Casciari sea un tipo de los que le hace gracia tanto endiosamiento. Que los lectores de una revista quieren historias o ensayos con valor literario, y que Casciari está en su derecho de redactar un post cada semana cronificando el devenir de los hechos, puede, si quiere, elevar un post a la categoría de spin-off y decir que el tío de la imprenta le explicó la historia de su familia y como dirigía una gran editorial y ahí le tienes imprimiendo revistas a miles, cuando imprimía libros a millones. Casciari es el puto amo, que dice Guardiola, y es su blog, aunque le llama bitácora, que es más latino y más comprensible, porque es su diario de a bordo de la nave que dirige. Pero yo quiero chicha, y la quiero ya.

El público obtiene justo lo que el público quiere.



dimarts, 7 de febrer del 2012

EL PELO DEL ACTION-MAN

Coincido con John Self en el escepticismo sobre Kanye West. Figura a la que, como a otros cortados por el mismo patrón, normalmente ignoraría. Maldito día en que George Michael (o Craig David, no sé quién sería primero) popularizó ese horrendo corte de pelo, inspirado en el Madelman o el Geyperman o el Action-Man, con la raíz del cabello escrupulosamente cortada, con finas barbas y bigotes que desafían el pulso al afeitarse. Que luego ha sido imitado al alimón por miembros de bandas latinas, garrulos de discoteca, y toda esa serie de cantantes de estilos indefinidos (crossgenring, toma palabreja). Pero el caso de Kanye West me parece muy extraño: el suyo aún es de los pocos discos (y los otros son en su mayoría reediciones de albumes clásicos) a los que la reputadísima www.pitchfork.com le ha clavado un 10 sin contemplaciones. Ya hace un tiempo, y sigue ahí. Con lo cual el efecto de una primera escucha esplendorosa se diluye. Sigo sin entenderlo, y gracias a John Self no me siento único en esa soledad, la del oyente que hurga y hurga desorientado en un disco en busca de la genialidad que alguien encontró y tú no. 
Para ponerle un 10 a un disco tiene que ser algo muy especial. Si eres crítico más te valdrá que nadie pueda acreditar que mantienes vínculos de algún tipo con sus autores. Si eres, como la mayoría aquí, meros usuarios, meros oyentes, los discos se arremolinan en busca de esa nota en función de parámetros erráticos y caprichosos : qué hacías cuando lo oías, cual fue la impresión de la primera escucha, qué momentos particulares de tu existencia marcaron sus canciones.

Algunos discos que merecen un diez, para mí, y sus motivos, cuando éstos pueden ser confesados :

Electric light orchestra : Out of the blue. Pasado un tiempo leí en el Vibraciones que ese disco doble era la cumbre melomaníaca y enfermiza de un Jeff Lynne empeñado en plagiar a los Beatles. Primer disco doble que hubo en mi casa. Lo compró mi hermano tras el éxito de Livin' thing. Catorce tiernos añitos, cuando oigo el ritmo de Turn to stone apoderarse progresivamente de los altavoces, aún me veo cantando con la carpeta en la mano. Imposible borrarlo de mi memoria.

Bob Marley & The Wailers : Survival. Hace días ya hablé de él. En justicia, cualquiera de los últimos cuatro discos de estudio de Marley deberían estar aquí. Inabarcable, y de los primeros discos que compré con plena conciencia.

Getz-Gilberto : Getz-Gilberto. Pocos discos te envían directamente a un mundo de playa, bikini, glamour, y atardeceres en que refresca algo. 

The Human League : Dare!. En el año en que se publicó, un hito absoluto. Por qué envidiabas a Phil Oakey, si iba maquillado y llevaba un flequillo ridículo ??. Por qué ??.

Soft cell: Non-stop erotic cabaret. Absenta y calles del Raval cuando cualquier yonki podía amargarte la tarde. Las camisetas de marinero nunca serán lo mismo tras ese disco.

The sabres of paradise : Haunted dancehall. Descartados otros albumes de la época por el cúmulo de samples, éste es el auténtico tributo de la escena electrónica inglesa a una de sus influencias suficientemente reverenciadas : el dub.

Goldfrapp : Felt mountain. Veo la nieve y la carretera.

The XX : The XX. La sorpresa que uno nunca espera. Nocturnidad total.

Air : Moon safari. La tormenta perfecta. París, la paternidad, cierta electrónica orgánica.

Radiohead : OK computer. La siguiente tormenta. La electricidad, estática y dinámica. La reescritura del blues, la reescritura de las nanas, la reescritura de las operas-pop de 6 minutos.

Kruder & Dorfmeister : DJ Kicks. La pura investigación en el sonido, todo lo que merecía ser salvado del drum'n'bass metido en diez minutos de un disco, pero aún había más.

Quedaron el el tintero para otra ocasión: Behaviour de Pet Shop Boys, Transformer de Lou Reed, London calling de The Clash, The river de Bruce Springsteen (sí), e hipotéticas recopilaciones nunca acabadas con las mejores canciones de Depeche Mode, Pulp o Scott Walker. Y muchos otros.

dilluns, 6 de febrer del 2012

VIAJES Y SAFARIS

Puedo comprender por qué parte de la crítica aborrece a un grupo como Air. Al margen de cómo a uno le puedan caer tipos con tal pinta de parisinos de clase media, arquetipo que parece no contar con el beneplácito de una parte sustancial de la humanidad. O de que sus números vocales, sean con sus propias voces o con el abuso del vocoder, sean mejorables.
Ocurre que Air, desde su masterpièce del 98, Moon safari, no han sido capaces de alcanzar tal nivel de genialidad, pero tampoco han sacado un disco que haya defraudado completamente las expectativas.
Pocos grupos habrán sido tan osados de abrir un primer LP con un tema tan escasamente comercial como  La femme d'argent. Habrán desvariado en ocasiones hacia cierto sinfonismo algo alucinado, abusado del sonido oriental, autoparodiado temas propios, pero no hay un solo disco que sea despreciable de principio a fin, que suene a carpeta de recortes entregada precipitadamente a la discográfica. Y eso a ciertos críticos les jode, pues, sabré de que hablo, no hay nada más jugoso que una buena cagada para destriparla sin contemplaciones.
El otro día la web de Metacritic no me dejaba introducir mi opinión de un disco puesto que el disco no había sido puesto oficialmente a la venta. Los críticos de los medios autorizados sí lo habían hecho. Yo, aunque tenía el disco hacía días gracias al emule, tuve que sufrir esa estúpida e hipócrita discriminación. El disco de Air se publica hoy oficialmente, así que no es el caso, pero me da igual. Puede que esos críticos merezcan la ventaja de ser los primeros en escuchar los discos con una coartada legal. Pues ser un crítico reconocido y tener que oír según qué cosas tiene su mérito. Y aguantar la llamada del artistazo y soltarle tu opinión, sin anestesia.
Con Voyage a la lune a los críticos otra vez les va a costar (o les será imposible) ser radicales: no es un gran disco (en ninguno de los sentidos: sólo 31 minutos de música, en cualquier caso excediendo la duración de la película de Meliès, 14 minutos), pero sigue conteniendo esas tres o cuatro canciones del estilo que les convierte en una referencia, que les permite alimentar el mito pues siguen siendo un grupo para una gran minoría, sin concesiones, sin colaboraciones estúpidas (ay del día que hable de la estúpida moda de las colaboraciones a porrillo), posiblemente siendo excesivos cuando les entra la vena progresiva, posiblemente algo pretenciosos cuando lo introspectivo transita por terrenos poetizantes. Pero viendo donde se han quedado (casi todos en la cuneta, sea por olvido o por estruendosos accidentes) tantos acompañantes en aquellas dos o tres aventuras confusas que fueron el trip-hop, el ambient o el downtempo, Air y sus discos me siguen mereciendo un gran respeto.


divendres, 3 de febrer del 2012

LAS LEYES AD-HOC

A medida que iba pensando en lo que escribiría en este blog, me invadía la duda de si Quim Monzó ya le había dedicado alguna columna recientemente a este mismo tema. Duda que no consigo disipar, pues los periódicos de los últimos días ya se tiraron y no encuentro manera de saberlo. Mi cabeza oscila de un lado a otro. Mis propias ideas se amontonan con la práctica certeza de que este es un tema irresistible para la acidez de Monzó. Así que digo que tomo la iniciativa, pero igual no.

Ayer Barcelona, por lo menos la Esquerra de l'Eixample, donde yo vivo, era una ciudad prácticamente normal para ser un 2 de febrero. Algo más de frío de lo habitual, una fina lluvia que, por la baja temperatura, tomaba puntualmente forma de agua-nieve. Pero cierto número de políticos, aconsejado por cierto número de asesores (esos que se convierten en tus peores enemigos en cuanto toman una decisión equivocada) decidió que había que distraer a los ciudadanos, que tanto paro y tanta empresa hundiéndose ( o aterrizando, ja ja) no merecía ayer todo el protagonismo: así que a disparar la histeria por un temporal terrorífico, una especie de Armagiddeon, para poder autoregalarse una épica demostración de que, ante los crueles designios de la naturaleza, los políticos, sólo los políticos, podían salvar la vida de los ciudadanos de un cruel final prácticamente seguro. Para que nadie los siguiera poniendo a caldo, que mejor que actuar para evitar trágicas consecuencias. Transportes cancelados, escuelas cerradas, psicosis de fin del mundo (de esos días en que los supermercados agotan el arroz, los macarrones y el aceite), instalaciones deportivas cerradas, todo el mundo a su casa. Llegué a pensar que querían que todo el mundo se sentase ante el televisor para que pudiesen retransmitir una alocución de Urdangarín lagrimoso y arrepentido pidiendo perdón a todo el mundo. Eso hubiese sido divertido. Porque todo lo demás fue simplemente una demostración de miedo (al que llaman prudencia), de equivocaciones (a las que llaman posibilidades); en fin, una nueva constatación de que los políticos crean problemas donde no existen.
Entonces tienen que aplicar soluciones bizarras. Parece ser que un poderoso grupo norteamericano se está planteando instalar en Europa una especie de Las Vegas. Madrid y Catalunya se han lanzado al cuello de esa posibilidad, azuzados por las perspectivas planteadas por una instalación de este tipo: se habla de que se crearían de 130 a 200 mil puestos de trabajo. Con los datos actuales tanto de una como de otra comunidad, las perspectivas serían una reducción de parados de entre un 25 y un 40 por ciento para Madrid, de un 16 al 26 por ciento para Catalunya. El pequeño problema es que los promotores exigirían que esta Eurovegas fuese una pequeña zona franca donde parte de la legislación estatal sufriese un oportuno relajamiento, cuando no una franca anulación. La respuesta de los políticos, si es que les ha dado tiempo a responder pues rápidamente se han lanzado a correr arrodillados, es lo que haga falta.
Me pregunto entonces si esas cifras pueden ser ciertas. Si personal de hoteles, bares, casinos, el necesario para la construcción y posterior mantenimiento, de esa urbe, llegaría a sumar cantidad tan ingente. Porque a mí me parece exagerado ese número, tan exagerado que, de ser cierto, no sé por qué la gente se dedica a  otras cosas: no sé por qué la gente investiga y diseña y crea productos cuando en realidad lo que es el bombazo es la ruleta y la tragaperras (me encanta su equivalente en catalán : escurabutxaques, apurabolsillos) y el blackjack, y las fulanas y las bodas con émulos de Elvis. Pero que no salga un político poniendo en duda esas cifras: le dirán que es un aguafiestas y que echa agua al vino; le recriminarán que pretenda poner trabas a un proyecto tan engrescador (otra palabra intraducible al castellano: pongamos entusiasmante), que, con su escepticismo, estropee esa unidad nacional tan necesaria para que los inversores traigan tranquilos su dinero. 
Aún así, el planteamiento de los señores inversores incluiría que ciertas leyes no fueran de aplicación allí: se habla de la ley anti-tabaco (una ley con la que estoy particularmente de acuerdo), de la que impide el acceso a menores a casinos, se habla incluso del propio Estatuto de los trabajadores, y de algunas más.
Los políticos, cegados por esas, repito, escandalosas cifras, parecen dispuestos a bajarse los pantalones ( sin son políticas, harán otra cosa, claro) y a aceptar lo que sea con tal de salir en la foto de haber contribuido con su firmeza y su valentía política a un triunfo empresarial de tal calado. Si esa valentía es retribuida con una oportuna transferencia o un tanto por ciento, mejor que mejor.
O sea, las leyes se amoldan a las circunstancias y al interés de cada momento, no?.
Pues dejémonos de directrices medioambientales y empecemos a producir todas las porquerías que no quieren producir otros países menos puñeteros, hombre. Bienvenidos los vertidos de mercurio a los ríos y mares, con tal de que traigan puestos de trabajo.
Por qué no pasamos de la privacidad y de los derechos individuales y hacemos un Gran Hermano en alguna prisión, vemos como se comportan los presos, que eso sí tiene morbo?. Por qué no recuperamos la pena de muerte y hacemos un Gran Hermano hardcore en el corredor de la muerte, retransmisión de ejecución incluida? Hablemos con la AVT, seguro que si le prometemos un porcentaje apoyan la idea.
Hamsterdam, bienvenido sea, con tal de que los traficantes declaren algo, aunque sea un porcentaje de sus ganancias, como comisiones de mediación y cobrando IVA, y que los camellos se den de alta en la SS como autónomos y contraten a menores de 30. Con carnet de manipuladores, eso sí.

Y, para evitar que el estado contrate más policías, que los señores del casino tengan su propio sistema de seguridad. Nosotros iremos cada noche a la puerta de su casa a recoger la basura.



N.A. véis lo malo que es el personaje de De Niro ?? Si está fumando todo el rato !!



dijous, 2 de febrer del 2012

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Si tuviera que inclinarme por un sitio al que, ni en el mejor de mis sueños, hubiera concebido que llegaría mi blog es éste: Ushuaia, ciudad más austral del mundo situada en Argentina. Ciudad cuyo nombre evoca necesariamente alguna civilización anterior a 1492. Civilizaciones con palacios de mujeres-tigre. Encantador lugar, por lo que parece, aunque estos sitios extremos siempre condicionan el carácter de quien allí vive. Sé que es verano allí y por tanto no debe ser tan extraño que la temperatura allí sea de 11 grados centígrados (ahora caigo que no sé si en Argentina se usa la escala Celsius o la Fahrenheit para las temperaturas, algún lector podría aclarármelo pues prefiero escribir algunas líneas más a tomarme las molestias de documentarme por Google). Superior a los 5 grados que tenemos hoy en Barcelona, donde la previsión es a que haga unos cuantos días de frío (quizás se llegue a 4 o 5 grados bajo cero), frío sin nieve ni lluvia, frío seco y áspero que hace que nuestros políticos corran a impedirnos hacer cosas o a recomendarnos encarecidamente no hacerlas. Tomándonos por tanto a todos los ciudadanos como niños de apenas 6 años. Porque tienen mucho miedo de gastar más dinero de la cuenta rescatando a algún pobre incauto que ha quedado atrapado regresando del trabajo, o del cine, o de aprovechar para subirse a una montaña y contemplar el poder de la naturaleza. Las autoridades  nos dicen una vez más qué hay y qué no hay que hacer. TV3, la televisión oficial catalana, (para quien tenga dudas de mi ideología no hay más que leer los posts con la etiqueta Catalunya), va a dar un paso más, dirigido por supuesto oficialmente, y va a emitir un programa de una serie llamada Mestres donde Ferran Soriano, máximo responsable del hundimiento de Spanair (si no quieres frases así no aceptes la presidencia, nen), se va a dar el festín ególatra de enseñar matemáticas a una serie de niños. Parece ser que no aprecian que el momento no sea el oportuno para tal despropósito. Oh my god. No veo apenas televisión, veo cosas que se han televisado pero no me siento ante la pantalla y consumo lo que estén dando. Si dan el programa de Soriano, el lapiz estará afilado esperándole.

No puedo dejar de hablar de lo de ayer en Egipto. Que parece que tiene severas implicaciones políticas, tanto en la inacción de la policía como en el propio desarrollo de los acontecimientos entre aficiones. Justo ayer me fijé en el final del partido entre Barça y Valencia, con jugadores de ambos equipos saliendo del terreno de juego en un clima de máxima cordialidad : Albelda con Puyol, Sergi Busquets rodeando con el brazo a Jordi Alba, Abidal abrazando a Rami y Mathieu. Aquí he hablado de Valencia y, creo que tras una prolongada época de equívocos y enemistades azuzadas y malintencionadas, valencianos (parece que una parte significativa) y catalanes nos damos cuenta que el enemigo no está en justo el otro (no especularé cual es un enemigo común de catalanes y valencianos). Oír lo de los más de 70 muertos en ese Egipto post Tahrir, post Mubarak, saber que eso está asociado a algo quizás trascendente y pasional, pero en el fondo lúdico y festivo, como es un partido de fútbol, hace que un escalofrío recorra mi columna. No puedes salir de casa a ver a tu equipo y no volver jamás. 

dimecres, 1 de febrer del 2012

EL SUICIDIO COMERCIAL

Como si me sintiera culpable al  acabar este mes, ya que en gran parte gracias a orsai.es (o sea, al robustela de Hernán Casciari) superaré en un 50 % el número de visitas del mejor mes anterior (aunque la otra parte cabría atribuirla al trabajo que hago, ya sea escribiendo, ya sea, como ayer, perdiendo el tiempo intentando cambiar un poco el aspecto visual, aunque fuese para acabar pensando que estaba mejor antes). Como si éste hecho me llenara de un gozo inmerecido, debo someter a los lectores a un test de esfuerzo. No uno de esos de subirse a una bicicleta con unos cuantos parches fijados al cuerpo. Me refiero al test en el que uno dice que o sigue leyendo o cierra la página y se olvida de ella para siempre. No es que quiera montar un comité de selección, pero es importante saber que quien está por aquí alcanza unos mínimos de comunión colectiva.
Odio el heavy metal.
Me parece, aunque habrá otros géneros que lo superen, aunque no tienen, ni de muy lejos, su repercusión, la música más patética que existe. Basada en el volumen del sonido y en la grandilocuencia, en  una pretendida pose rebelde que acaba resultando falsa. Musicalmente es simplemente prescindible, desde los interminables solos de guitarra y batería, que recrearían fantasías onanistas, los números hiperacelerados que sólo son deudores de la inmediatez del punk, hasta las horripilantes y azucaradas baladas diseñadas para los mares de mecheros en los estadios (mención especial: Aerosmith y los Scorpions).
Está claro que mi pasado pesa. Allá en los primeros ochenta se generó un antagonismo absoluto, algo que no tendría ningún sentido hoy en día. Yo tenía que elegir entre la Human League y Def Leppard, entre Depeche Mode y Motley Crue. Sin una escena delimitada de una manera muy definida eso en Barcelona era elegir o Metropol (impagable club en un pasaje cerca del Passeig de Gràcia) o una cutre-disco en el barrio de Sants que era el templo del heavy. Obviamente elegí los sintetizadores. Escribí varios artículos en la revista del instituto que fueron contestados con virulencia. Kraftwerk vs Iron Maiden, Heaven 17 vs Van Halen. Claro que no escribiría otra vez eso, claro que no hay que descalificar a la gente por las greñas o los tejanos arrapados, asimilo tras tantos años lo malo que es prejuzgar por el aspecto. Pero sigo pensando lo mismo sobre el genero musical, por mucho que haya casos aislados que se hayan esforzado en dignificarlo o en darle cierto aire de rebeldía, o de renovación. Lo digo por esos casos estilo Rage against the machine, Rammstein, Limp Bizkit o la payasada de Slipknot, todos ellos puro ruido cuya única utilidad se limita a estimular la agresividad y mejorar las puntuaciones cuando juegas al Modern Warfare. O si no, por qué se usa esa música en las secuencias de tortura en Homeland?.
En cualquier caso, me parece que tanto los seguidores como los músicos de esta corriente andan detrás de la misma pretensión: la de la intimidación como pose de rebeldía. Dar miedo por ir de negro o por llevar mala pinta o por hacer mucho ruido. Dar miedo como las películas de Viernes 13 o las de Freddy Krueger. En unos tiempos en que la noche de Halloween es noche de risas.
Mucho más miedo, y mucho más ruido, hacían cualquiera de éstos.




dimarts, 31 de gener del 2012

LAS GRANDES DOSIS

Todo anda un pelo convulso con el tema de Spanair. Pero ya basta de asuntos empresariales. Aquí nos deberían cansar enseguida temas relacionados con inútiles como Soriano. Aunque sea para acumular fuerzas y darle más fuerte las próximas veces. Que hace toda la pinta de írselo a merecer.
Además, hay cosas que hacer. He podido rearrancar con cierto nivel de lecturas, y aunque el sentido de la profundidad aún está algo afectado, parece que las cosas andan por buen camino. Si más no, he podido arrancar con tres libros sin que la falta de concentración haya incidido en mi primera opinión sobre ellos.
John Fante : Llenos de vida. Parece una especie de fábula sobre el nacimiento, hacia los años cincuenta, del mito del american way of life. Aparcado pues busco, para esta especie de relanzamiento, una trama algo más oscura, y, de momento, el libro de Fante anda repleto de optimismo, aunque se adivine alguna corriente subterránea que pueda hacerlo trizas.
Bernard Schlink : El fin de Selb. Ya mejoramos: la clásica historia del investigador de capa caída que es reactivado, que recibe una nueva oportunidad de reivindicarse a través de una serie de circunstancias casuales. Prometedor, dinámico. Lo que le da una buena chance.

Pero la joya de la corona es otra.

Francisco Casavella : El día del Watusi. Mi rentrée en el consumo compulsivo de literatura del máximo nivel no podía producirse con algo ligero y manejable. Tampoco, y que nadie me tome por un fundamentalista, con una obra que no fuera capaz de leer en el mismo idioma en la que fue escrita. Llevaba mucho tiempo postergando lo de abordar semejante novela : 1200 páginas largas, trilogía convertida en una única obra, Barcelona entre los años 1971 y 1995. Parece que este es el momento idóneo para enterarme de las andanzas de Atienza por la Barcelona del tardofranquismo. Será seguro, largo y difícil, pues, como Robertson Davies, Casavella es (era, murió en 2008) otro de esos escritores que no desperdicia la oportunidad de buscar lo literario frase tras frase. Lo cual dice mucho en su favor, pero es un hándicap. Uno no puede leer estos libros en maratonianas sesiones de 300 páginas diarias. También hay que ser consciente que debe enfrentarse a altibajos, a pasajes  en que el tiempo se detiene y todo parece estar de más. Como aquel episodio en The Sopranos, cuando Tony está en coma y piensa que es un vendedor y que su vida es legal y normal. Circunstancia que estimula mis sentidos respecto al libro. Hasta en las vacaciones más agitadas uno tiene que echar una siesta de vez en cuando. Bolaño era muy claro respecto a las obras largas y ambiciosas. En el fondo, agarrado a la concisión y a la austeridad de medios, cualquiera sería capaz de alargar una buena historia hasta unas cómodas 200 páginas, dejarlo ahí, pero el gran escritor no tiene miedo a volcarse. Aunque eso baje los promedios, la hoja en blanco frente al escritor en estado de excitación es una tentación demasiado poderosa. Seguiré informando.


dilluns, 30 de gener del 2012

PEDAZO DE ROSTRO

Frases extraídas de la entrevista el miércoles 25, sobre las 9 y media, a Ferran Soriano, aún presidente de la fenecida compañía aérea Spanair :

"No nos pensamos mover de aquí hasta que no esté cerrado y bien cerrado"
"Estoy concentrado en esto y hasta que no acabemos no pienso pensar en otra cosa"
"(Sobre Spanair) Podremos competir de tú a tú con todas (las aerolíneas)"
"El acuerdo (con Qatar Airways) está en su recta final"
"No es esta la única compañía que se ha interesado, por suerte tenemos otras opciones"
"Ya vendrá alguien a apostar fuerte por ésto"
"Las compañías aéreas de Barcelona han resistido la crisis bien"
"Cualquier inversor que venga ha de venir como minoritario, en esta compañía mandaremos los catalanes"
"El nombre que tenemos funciona, nos va bien"
"Estamos haciendo esto para plantar veinte aviones de gran tamaño"
"No le puedo decir (lugares de vuelo) para no dar pistas a la competencia"

Sr. Soriano: (aclaro, Ferran).
Inútiles hay en todas partes, ésto es algo que actualmente puede percibirse de forma muy nítida. Usted es obviamente uno de ellos, no tenga duda. Cuando uno depura dentro de los inútiles, ya es más difícil encontrarse con que también sean mentirosos. Pues hasta ser mentiroso requiere un nivel de inteligencia nada desdeñable. En la entrevista, que escucho minuciosamente mientras escribo esto, no deja de emplear símiles futbolísticos (deje de apropiarse de eso, ya hace demasiado tiempo), como para recordar mejores épocas, o quizás porque el subconsciente le traiciona proyectándose hacia un futuro que, seguro, ya planifica y anhela. No deja de mentir, aunque como es consciente de que tardará muy poco tiempo en ser descubierta toda la sarta de patrañas, ya se cuida de mantener una calculada ambigüedad que no le deje excesivamente retratado. No debería alargarme, mire, en Argentina, todo esto les da igual, así que corto ya con la oleada de recriminaciones. Si usted es el presidente de una compañía, usted no se entera de lo que pasa en la compañía por la prensa. Nadie puede creerse eso. Un concurso de acreedores no se prepara en dos días, y resulta que ya se sabe, casualmente, hasta el bufete que lo llevará. Un piloto y una azafata estresados que no quieren subirse a un avión no paralizan una flota de aviones. El estrés es una enfermedad como puede ser una gripe. Se llama a quien los reemplace y arreglados.

Bien, esto sería una crónica más de fracaso empresarial y de incompetencia de un alto ejecutivo. Pero, por su culpa y su grado de desfachatez, debemos aguantar titulares como los de la prensa madrileña, que no da una puntada sin hilo, y recordará la inyección de fondos públicos, de fondos de la Generalitat y el Ajuntament de Barcelona, su condición de antiguo directivo del Barça, lo mezclará todo, y saldremos recibiendo, que es algo a lo que ya nos acostumbramos, los catalanes.

Inútil, cínico y mentiroso.

diumenge, 29 de gener del 2012

LA DESFACHATEZ ABSOLUTA

Ya tengo muy claro que lo encendida que pueda ser la pasión por los orígenes no debe exhimir de algún atisbo de objetividad. Lo que no me esperaba es encontrarme sometido a estas extenuantes sesiones de reinvención de identidad, o, mejor, de renunciar a esta identidad por motivos más allá del sentido común.
El sábado compro la prensa particularmente tarde, y recibo dos sacudidas, que hubiesen sido matutinas, de desayuno, pero han sido, digamos de aperitivo.
Parece ser que Serrat y Sabina van a colaborar en firme en algo, no sé si un disco o unas actuaciones o algo parecido. Sale una muy triste foto dónde Serrat se disfraza con el patético uniforme que usa Sabina, sombrero bombín incluido. Triste como Serrat cede a estas colaboraciones a estas alturas de su carrera. Sería una pena que tuviese que ser repudiado pues, aunque nunca ha sido un santo de mi devoción, sí tiene alguna canción emblemática, que incluso colgué en algún post. Pero colaborar con Sabina es algo intolerable, es una completa descalificación que yo no puedo perdonar de ninguna de las maneras. Creo que Serrat colaboró también con Miguel Ríos, también con Ana Belén. Eso ya es un historial delictivo que deja mucho que desear, y me gustaría aplicar alguna técnica de cálculo que estableciese qué nivel de colaboración con artistas cutres le está permitido a un artista aceptable antes de pasar a alguna de mis numerosas listas negras, en las cuales Ríos y Sabina ostentan lugares muy destacados. En cualquier caso ni que decirlo, a evitar escrupulosamente.
El segundo es el súbito e inesperado anuncio del cierre de una compañía aérea. No se cierra una compañía aérea como el que un día de repente deja de abrir un kiosquillo en una esquina cualquiera, sin otra repercusión que cuatro clientes que tienen que andar algunos metros más. Los aviones son aparatos enormes que no pueden aparcarse en cualquier lado. Carísimos, no te los cogen en el cash converters ni, creo, en ebay. ¿Y si un Boeing 747 te lo quiere comprar un tipo que se llama Mohamed, pagar en metálico, y le da igual que el avión no esté muy nuevo porque no piensa usarlo ?.
La compañía es Spanair. Que hace más de veinte años me regaló una espera de siete horas para coger un vuelo de media hora, y la oportunidad de aprender a jugar al Trivial Pursuit, afición que me duraría apenas unas semanas. Compañía de la que uno de sus aviones tuvo un accidente, no sé si en 2008, justo un día en que yo volaba. En cualquier caso, todo lo relacionado con la quiebra de la compañía, que había contado con poderosas inyecciones de fondos públicos, se está emponzoñando de tintes ideológicos. Se reprocha, básicamente, por cierto tipo de prensa (ya les conocemos), que la operación de salvamento que se intentaba hacer con Spanair era una aventura de corte nacionalista, una especie de suicida operación para disponer de una línea aérea propia en Catalunya, y de paso promocionar el uso del aeropuerto de Barcelona. Con ese argumento los medios más aferradamente nacionalistas (pero españoles) se tiran a la yugular básicamente de la faceta política, de la inyección de fondos (que ahora se perderán), pues está claro que, en una época en la que el dinero brilla por su ausencia (pero está en algún lado, seguro), su dilapidación descontrolada pasa a ser un hecho muy destacado. Yo ya me he cansado de la cuestión política pues tengo muy claro que en ese caso se ha llegado a la discusión pura y dura previa al abatimiento del enemigo antagonista: la contraposición entre nacionalismo catalán y nacionalismo español. Pero eso no es lo que más me enerva: tres días antes de producirse estos hechos esto es lo que decía el presidente de la aerolínea por la radio (lo lamento, entrevista en catalán).

http://rac1.org/blog/noticies/programes/el-mon-a-rac1/ferran-soriano-em-quedo-a-spanair/


Ferran Soriano es un pieza como los que ya quedan pocos. Cargadito de másters y formado en Esade, que cada vez es más popular aquí. Megalomaníaco como él solo, el tipo de personas (curiosamente conozco otro calcadito con quien comparte el apellido) que no concibe la vida hasta que consiguen una tarjetita en la que ponga que es el CEO de alguna cosa, cuantas más mejor. En la web de orsai.es la gente hablaba de las palabras acabadas en "eo" y, aunque la inserción sea un poco forzada, CEO sería una de esas palabras a evitar.
El caso es que Soriano se convirtió hace dos años en el presidente de Spanair, supongo que a cambio de una sustanciosa paga de la que supongo que no renunciará ni a un euro, aunque su gestión haya acabado de hundirla. Añadiendo 2000 personas al ya nutrido grupo de los desempleados en España. Con brillantísimas ideas para reflotarla como cambiarle el logo, llamarla "la aerolínea de todos" y otras cosas insustanciales. Mientras, perdían dinero por todos lados, recibían subvenciones. Las pérdidas anuales rondaban los 100 millones de euros, pero Soriano no dejaba de aparecer haciendo el fachenda por todos los lados. Pero lo del miércoles ya fue demasiado. Con la compañía a escasos dos días de cesar sus operaciones y protagonizar un escándalo que veremos donde llega, aún sacaba pecho, hablaba del poder de la marca, de las enormes inversiones que los qataríes iban a realizar (me da miedo que los qataríes también andan liados con el Barça, y Rosell y Soriano son de la misma clase de gente o muy parecida), de organizar vuelos intercontinentales a Tokyo, a Sudamérica. De comprar montones de aviones y de expansionarse. En estos tiempos, una compañía aérea. Jodido mentiroso, además completamente torpe pues todo ha quedado debidamente registrado. Argumente lo que quiera argumentar, a tres días vista de semejante desastre, lo que hubiese hecho cualquiera es callarse y no salir por la radio. He estado en el suficiente número de empresas para saber que, a tres días vista, los colapsos de este tamaño son lo bastante percibidos y anticipados como para ocultarlos con semejante cortina de humo. Decir que vas a crecer tres días antes de desaparecer. 
Sólo espero que se aplique un mínimo de justicia global y, al menos, al inútil este se le estropeen sus planes de fichar por el Manchester City y pase a acompañar a los 5 millones largos de empleados de la nueva gran empresa española.





dissabte, 28 de gener del 2012

PERVERSAMENTE PROPORCIONAL

Hacía bastante tiempo que no compraba una publicación musical en inglés. En inglés y del Reino Unido, cabe aclararlo. Las publicaciones americanas son en su gran mayoría una bazofia inaguantable dedicada a entronizar a los de siempre. Sí: lo digo yo. Salvo alguna época de la canadiense Spin, ya que nadie en su sano juicio puede contar Rolling Stone como una revista musical. La que se publica en España ni os digo.   Si creo que han sacado en portada hasta a un bodrio como Alejandro Sanz. Pura melaza comercial que tiene de espíritu contestatario lo mismo que el flequillo de Soraya Saenz de Santamaría.  Madre mía. Aunque el papel couché de la revista me resulta más sexy que la portavoz del gobierno, por cierto. ¿Por qué siempre me ha apetecido tener una papelería?. No. Mirad a esa mujer, por favor. Asusta.
Entonces, asustado también porque estamos a 28 de enero y el número de Go-mag no aparece, cosa que me hace temer que la publicación vaya a desaparecer o restrinja sus contenidos a la web (algo desorganizada, aunque en el fondo algo es algo), manoseo en el kiosco, y me vuelvo a casa con The Wire, la revista. Número especial de resumen del 2011. La compraba mensualmente allá por los 90. Creí erróneamente que algún día todos los números que coleccionaba serían un preciado tesoro que las mafias planearían arrebatarme (también lo he pensado de mis colecciones de vinilo, de CDs y de DVDs, por favor, a reír a otro lado). Pero obviamente no. Dejé de comprarla sobre el 2004 o así, cuando ni el CD que la acompañaba cada tres o cuatro números era suficiente reclamo.
Ocurre que The Wire, en estos años, se ha radicalizado. Como una huida hacia adelante buscando captar público a base de ser cada vez más minoritarios. Si en los 90s/00s (la década sin nombre... los dosmiles ??) ya proclamaban como discos del año a auténticas rarezas o a discos generalmente incomprendidos de artistas no completamente desconocidos, pues ahora ya se han tirado a tumba abierta a nadar contra corriente. De los 50 discos que consideran sus discos del 2011 apenas conozco a doce o quince artistas. La colaboración entre Lou Reed y Metallica, casi unánimente considerada un disco carente de ningún sentido, es para ellos el noveno mejor disco del año. Al menos no han metido el espantoso disco de Björk, el cual, tras meses de darle oportunidades, no presenta atisbo alguno de melodía. Ni una santa línea de bajo. La intención elitista de The Wire es extraordinaria: tres de los ocho mejores discos son publicados por un sello llamado Hippos in Tanks del cual no había oído hablar en mi vida. Podría decir que esto es para mí una auténtica orgía: correré a encargar a la mula esos discos. Espero encontrarlos porque significará que existen y que alguien los compró y los ripeó (como debe llamarse eso en argentino??) y los puso ahí. Lo de que existan sé muy bien por qué lo digo, pero antes de profundizar en el tema debo hablar con mi abogado. The Wire, la revista, de la cual debo aclarar que no tiene nada que ver con esa serie (parón obligado: negrita activada ; esa serie de la cual no dejan de salir menciones por todas partes y que, subrayado,  nadie debería perderse bajo ningún concepto) pues bien, The Wire ya se rigen por el concepto extremo de ni sueñes con encontrar estos discos en la red, porque a duras penas existirán en alguna tienda hiperespecializada en rarezas, de la cual te alegrarás de salir habiendo pagado más por un disco que por suscribirte cinco años a Orsai. Iba a ponerlo sin espacios entre palabras, pero no me atrevo. los alemanes usarían una sola palabra para definir esa sensación. Empezaría aquí para acabar________________________________________________aquí. En fín, fanático de la música como soy, os diré en unos días qué me han parecido los discos que sea capaz de encontrar de entre esos 50. Os diré si, a fuerza de ser raros, los de The Wire ya han acabado sitúandose en otro planeta que no el que otros transitamos. Otros que ya nos creíamos raros, por cierto. Si  no estuviera seguro que, como buenos ingleses, no saben una palabra de castellano, les diría que visiten la web de Orsai para ver un poco como es eso de la buena cultura asequible. 


divendres, 27 de gener del 2012

EN MI HUMILDE OPINION

Justo meto en la nevera tres limones, variedad Eureka, procedencia, Argentina.
Veo tres comentarios a mi post de ayer, que agradezco, de la misma procedencia. 
Los limones serán ácidos, los comentarios son dulces. 

Sería bueno que la globalización que mencionamos sirviese justo para eso: para alimentos y para cultura. No para que se cierren fábricas y se vaya a ubicarlas donde la gente pueda producir por menos dinero y más sumisión. Justo en la semana que, merced a los estudios de mi hija, veo que la esclavitud fue abolida en Arabia Saudí en 1968 y en Mauritania en 1980. Eso es mucho más cerca de lo que uno creía. De hecho en 1980 yo era un despreocupado adolescente de 16 años con pocos más problemas que llevar adelante los estudios y  despejarse, en el camino a casa, de los efectos de alguna cerveza de más. Ah: y defender que a partir de los 16 sólo nos esperaba la decadencia. Siempre lo decía de regreso a casa, siempre en calles algo oscuras del Eixample barcelonés.

¿Qué es lo que me pasa, progresivamente, con el cine de Almodóvar?. Fui un entusiasta seguidor inicial, allá por los años 80 en que abanderaba ciertos aspectos visuales de la muy sobrevalorada movida madrileña (seamos sinceros, tres discos de ese movimiento que estén entre los 1000 mejores de todos los tiempos??, uno tan siquiera??). Almodóvar jugaba en otra división y pronto tomó su camino, plenamente consciente de que detrás de tanta superficialidad, él era lo que normalmente hace de vivero al talento: un voraz consumidor de películas que aprendía de cada una de las que veía. Hablamos de una carrera que ronda los 30 años. 
En algún punto, digamos que sobre la época de Kika, o Tacones lejanos, sus películas empiezan a sustituir las tramas ligeras y algo pasadas de vueltas, pero con giros algo grotescos, por auténticos dramas llenos de rincones perversos. Los detalles jocosos empiezan a espaciarse, las escenas de humor negro se ennegrecen aún más, las relaciones de los personajes se enturbian. La madurez del director, que en esa época debe entrar en sus 40, empieza convertirse en un cierto resentimiento. 
Paulatinamente su fama por Europa, por el mundo, se extiende, el dinero dedicado a sus producciones, proporcionalmente a esa repercusión, se multiplica. Sus películas empiezan a convertirse en aparatosamente estéticos productos al servicio de historias donde lo escondido es siempre más trascendental que lo superficial.

Tengo dos películas recientes de Almodóvar que no recuerdo haber visto: La mala educación y Volver. 
Lo intenté, pero algo me incomodaba, o me turbaba, y no pude seguir. Sí lo hice con La piel que habito. Lo prometí, y por escrito. Tenía curiosidad por cómo plantearía esa incursión en el terror. Luego estaba Elena Anaya, lo siento, una debilidad puramente masculina. El torrente estético previo a la primera escena es avasallador. Títulos de crédito de elegancia clásica. Música de Alberto Iglesias, excelente. La sempiterna mansión de lujo. Lo que decimos, el despliegue de medios propio de películas que son fuertes apuestas de las productoras. Todo en su sitio, todo perfecto. Pero la historia empieza a flaquear, por su escasa credibilidad. Por la absurda presencia del tipo disfrazado de tigre y su imposible engranaje en la coherencia de la historia. Anaya, felina, voluptuosa incluso cuando descubrimos el secreto de su pasado. Un desaprovechado Eduard Fernández (oficial: la persona más famosa a la que conozco, fuimos juntos al instituto), en un papel de poco más que figuración y product placing. Una estructura demasiado ligera. Una inserción absurda de las canciones de (alerta argentina) Concha Buika, que parece otro ejercicio de promoción, como mostrar la portada de un libro de Alice Munro, como que el periódico, en Toledo, que lleva el cirujano amigo, sea el barcelonés La Vanguardia.
No entiendo muy bien estos detalles en todo el engranaje, salvo que sean las clásicas imágenes que hay que hacer encajar. Debo decir que pude superar todo eso y ver la película de un tirón. Ayudó la clásica belleza de Elena Anaya, cuyos ojos llenan cualquier escena. Pero la historia yo la hubiera planteado de otra manera. Igual más lineal, igual más oscura, pues esa progresión casi mengeliana de la transformación resulta algo soslayada. Más policial, más David Fincher. Curiosamente, quienes mueren asesinados mueren desnudos, quién muere de una manera para nacer de otra, también. Curioso guiño a la fragilidad y a la vulnerabilidad implícita a la desnudez.
Quizás, acostumbrado a largas series en que horas y horas muestran todas las cartas, y todas  las facetas de los personajes, apenas dos horas de película ya no sean capaces de obtener de mí análisis más profundos que los que pasan por la mención  del síndrome de Estocolmo (presente también en Átame) o la obsesión de las personas por reconstruir los momentos perfectos de sus existencias y congelar, entonces, la imagen.



dijous, 26 de gener del 2012

PRECISO REPERCUSION INMEDIATA

Me acerco a los 10.000 visitantes: colgar mis post en la web de Orsai me ha facilitado un oportuno empujón: en la vida hay que ser agradecido. Incluso cuando irrumpes, sin pedir más permiso del muy dudoso que te otorga ser suscriptor, hay que acordarse de quien se comporta con generosidad. Porque fuí un poco brusco y cargué contra una arraigada costumbre allí: pugnar por ser el primero en comentar en los post que se cuelgan. El primero que lo hace cuelga un Pri (equivalente al "prime" que me recuerda patios de colegios como los que evoca John Self en su post).

Podría Resultar Inverosímil. Pero sigo las señales, y me trazan caminos claros, rodeados de focos. Orsai entrevista a María Kodama, en una página del suplemento de Cultura/s aparece un reportaje (reproduzco al lado, lo siento, readers overseas, sólo aparece en catalán) sobre los remakes literarios. El asunto de El hacedor.

Puro Ritmo Intenso. Al día siguiente, Orsai adelanta sobre un artículo que habla de comprar hierba en Brasil, y yo hablo de mi canción favorita de Bob Marley. Yo podría ponerme algo pesado sobre la cuestión de la droga. Yo que ni he fumado un cigarro y limito el alcohol a las segundas partes de los partidos del Barça, porque pienso que nos da suerte. Que lo único que sé, gracias a Bolaño, es que en México le llaman mota.

Políticos Resultan Inocentes. Un juzgado popular, elegido entre los miembros de una comunidad que otorga holgadas mayorías al PP, declara no culpable a un par de corruptos absolutos.
Pepe Regresa Injustamente. Un juez único, de 85 años, de la disciplina deportiva española, dice que hubiese intervenido en la agresión a Messi si este hubiera sufrido amputación. El si en esta frase no aclaro si esconde suposición o simple deseo. El juez es, hecho irrelevante, socio del Madrid. Pepe se pasea en el Camp Nou y deja unas cuantas muestras más de su enorme humanidad.

Primavera, o Revolución Islámica. De verdad los acontecimientos de la plaza Tahrir (cuyo colectivo promotor se ha quedado con un mísero 1,4% de votos), eran para que Egipto acabase con 11 mujeres en un parlamento de más de 500, y diputados como los que muestro a la izquierda, de una nueva fuerza política de corte salafista? En la sesión inaugural, por cierto.


Posible Registro Inútil. Diez meses largos después de destaparse el escándalo, registran el domicilio en Somosaguas (seguro: un humilde apartamento de dos piezas y un baño austero) de Ruiz Mateos. Pero qué esperáis encontrar tras tanto tiempo?.


Problemática Relación Incestuosa. Acabé la segunda temporada de Boardwalk Empire. ¿me es permitido decir que sopranea?. Un episodio lleno de flash-backs, casi de ensoñaciones. James Darmody en Princeton, luego enamorado, luego la oscuridad, luego las trincheras. Y Nucky Thompson, que mira a la cara. Van Alden, que será Muller. Chalky White, que cada día es más black. Empieza a hacerse muy grande. Nadie puede quejarse de que no avisé.

Partido Revolucionario Institucional. Pero cómo se puede ser revolucionario e institucional, eh?. La revolución va contra las instituciones, es así de simple.


Promesa Realizada Intercontinentalmente. Los beneficios de mi irrupción en Orsai, que va a ser regular, ya se materializan. Una lectora en Argentina a la que he prometido ver La piel que habito y dar mi opinión.


Palabras Reconocibles Internacionalmente. Ello me hace extremar el cuidado con el uso de palabras excesivamente locales. Sin caer en una especie de esperanto que sea una amalgama gris y previsible. Un reto como cualquier otro. 


Payasada Recargada Infantil. Mi lectora me explicó sobre el juego del PRI!, sobre su inocuidad y su carácter lúdico. Sobre su secular tradición, que ya algunos argumentaron para reprocharme. Soy un catalán en medio de tanto argentino, allí. El ying y el yang con Casciari en medio de Sant Celoni, o casi. Yo me expliqué con mi edad y mi sensación de que el tiempo puede acabarse, ahora mismo (ví los cinco primeros minutos de Melancholia y, con lo largos que se me hicieron, no dejo de pensar). Dije que para jugar prefería el Fifa 12 en la PS3 pero el comentario se perdió, cosas de las webs y la saturación del tráfico en la red. No insistí, lo consideré una mueca siniestra de la suerte. En cuanto al PRI...lancé mi dardo...


Pero Rectifiqué Inmediatamente.
Pronto Recibí Invectivas; y ese
Peso Resultó Insoportable.
Podría Resistir Indefinidamente, mas
Prefiero Recibir Indulgencia, 
mejor que la
Pura Retórica Intrascendente, será
Presionar Return Insistentemente (aunque los teclados de hoy ponen Enter), 
aunque sea por un
Premio Recibido Insuficiente.


A partir de hoy,
Puedo Reprimirme Insatisfecho.


Puta Revista Independiente.



EL TRUEQUE

FALSO PROLOGO


Empecé a escribir este post hace unas tres semanas. Mi primera influencia fue el Conte de reis que John Self publicó en su blog, precisa reflexión sobre el tema Urdangarín, que, certera y breve, me empujó a atreverme. Pasados unos días, con unos primeros párrafos ya escritos, un titular de La Vanguardia hablaba de una cita en Madrid para que Mas viese a Rajoy. Supe que era imposible acabarlo para ese día, y que parecería excesivamente oportunista publicarlo justo entonces. Como colofón, el doble enfrentamiento Barça-Madrid en Copa del rey, acaba ya no sólo con una serie de señales que no puedo ignorar, sino incluso con la carencia de plazo que tantos posts han condenado aquí al estado embrionario. El 26 de Enero a las 11:59, momento en que, incluida la posibilidad de una prórroga y una tanda de lanzamiento de penalties, la eliminatoria ya estará resuelta, y cualquier comentario sobre el resultado de la eliminatoria, más que analizado, este post se publicará automáticamente, esté en el estado que esté. Y pase lo que pase.

Apenas abre los ojos, el sueño se difumina. A marchas forzadas. Todas las imágenes absurdas pierden sus conexiones y salen disparadas, alejándose en todas las direcciones. No retiene más que una visión, la de un camarero que le sirve una copa, y las luces de atrás son verdes, fijas, sin parpadeo. Oye el chasquido de una máquina registradora.

Y empieza un nuevo día. 

Echa el brazo instintivamente hacia su derecha. No hay nadie. Otra vez su mujer se ha levantado antes que él. Otra vez sus tres hijos han oído la voz de su madre despertarles antes que la suya. No puede evitarlo. Se acuesta tarde y le es difícil quedarse dormido. A veces son las dos o las tres de la mañana y aún repasa qué ha hecho  y qué debe hacer. Y esas cenas, y esas reuniones agotadoras. Van con el cargo. No es tarde, ni mucho menos. A Helena siempre le ha costado menos ponerse en marcha. Él se da algo de prisa, pero no tiene sentido. El coche oficial esperará lo que haga falta. Los asesores no cambiarán ni un ápice lo que haya que hacer por mucho que sean diez o veinte minutos más tarde. Casi todo el mundo le espera lo que haga falta. Le esperan las mismas sonrisas, los mismos gestos graves cuando lo que toca son las malas noticias. Que últimamente no escasean. Pero nadie se va. Todo el mundo es paciente con él.
Delante del espejo sigue viendo, desde hace meses, a un hombre algo cansado. Con algún surco bajo los ojos, con la piel algo enrrojecida en las mejillas.Pero una ducha y un buen afeitado hacen maravillas. Luego, instintivamente, lleva la mano a la quijada, varias veces al día, pues le gusta constatar dos cosas. Un afeitado perfecto y un leve crecimiento de la barba ya a última hora. Signos de que todo funciona.
Cuando, pasada algo más de una hora, se sienta en su despacho, no tarda nada en saltar por los aires la rutina.

-President: quieren verle en Madrid, parece urgente.

Empieza a estar hasta las narices de esos asesores que siempre añaden su opinión a las cosas. Si es urgente ya lo dirán. Si hay que ir corriendo ya se encargarán de que lo sepas. Dios, no pongas más a lo que te dicen. Me piden que vaya, pues miro si puedo arreglarme con lo que tengo que hacer, y voy. Es la dichosa mayoría absoluta, que parece que nos tiene a todos aturdidos. Leyendo entre líneas intenciones, y tonos de voz, interpretando las palabras y los silencios.
Pero, como siempre, acaba yendo. A veces piensa si  un paquete de DHL no recibe más palabras que él cuando es transportado a Madrid. El coche oficial, el avión, los saludos fríos del chófer, de la azafata, saludos tan estereotipados y sonrisas tan ensayadas que le hacen acabar sintiéndose rodeado de robots. Las puertas que se abren en el momento justo. De las que espera más sorpresas que de todos los seres humanos que cuidan de él.

Cinco minutos y le reciben.

Piensa en Mariano. Son de la misma edad, prácticamente. Los dos, hombres de profunda fe católica, de misa los domingos. Los dos casados, tres hijos él, dos varones y una chica, dos varones Mariano. Justo coinciden en tener hijos con sus mismos nombres. Algo que la gente siempre destaca. Primogénitos que se llaman igual que sus padres. Por seguir tradiciones o por pura insistencia de las mujeres, a la que acabaron cediendo, algo después de que cedieran sus egos. Qué culpa hay de que una mujer quiera, o acepte,  homenajear a un marido poderoso e influyente poniéndole su nombre al primer hijo. También coinciden en que los dos han accedido a la cúspide del poder tras largas trayectorias que han atravesado duros periodos de incerteza. Tras desengaños en la propia noche electoral, que se preveía triunfante y se iba torciendo conforme entraba el aire de la madrugada. Tras chascos, seguidos del abandono de los que les apoyaban, que salían huyendo en cuanto en ese aire empezaba a manifestarse el fétido olor del fracaso. Tras críticas y travesías por el desierto de la incomprensión y de la traición que anida en cada pasillo, en cada rincón, detrás de cada puerta que se cierra a tu paso. Sí: estaba más unido a él de lo que pensaba y más de lo que le gustaba, tanto a él como a su electorado, siempre tan pendiente de los lugares que esa coincidencia no debía transitar. No sabía si eso le convertía en un posible amigo para el futuro, para esos tiempos en los que las discusiones y los reproches en el Parlamento y en las mesas de negociación formasen parte del pasado. Para esos inverosímiles cafés compartidos, no ante mesas de dominó, sino ante auditorios expectantes y ávidos de experiencias dignas de ser relatadas. Si hasta Fraga había querido hablar con Felipe González poco antes de morir.

- Mira Artur: ya sé todo lo que está pasando con tantas consultas y tanto runrún; sé lo que la juventud catalana piensa y sé que conforme esa gente sea mayor de edad, y se manifieste en las urnas, porque lo harán, todo se va a poner muy complicado. No quiero que todo eso me pille de improviso, así que voy a proponerte que nos adelantemos, tanto tú como yo, a cualquier iniciativa. Voy a dejar que hagas un referéndum por la autodeterminación y te prometo que voy a acatar el resultado de una manera inmediata. Aunque sea por un solo voto, si la autodeterminación se impone, al día siguiente te pondrás a trabajar en un protocolo y, en tres meses la independencia de Catalunya será un hecho. No interferiré, no presionaré, no amenazaré. Te daré el abrazo de despedida de los amigos que dejan de verse cada día y pasan a verse cada ciertos meses. He analizado los datos y lo he pensado, lo he pensado muy detenidamente como puedes imaginarte, pero no me volveré atrás, puedes considerarlo un compromiso absoluto. Mis diputados lo votarán, no habrá ningún problema en sacarlo adelante.

-Me dejas muy parado.

-No dudes que me ha costado decidirlo, pero una vez lo tengo claro, hay que hacerlo deprisa, alargar estas cosas sólo nos inundará de dudas y de problemas, porque no te creas que todo el mundo está de acuerdo. Pero, por suerte, y de momento, todo lo que mando se acaba haciendo. Artur, no sé cuánto tiempo puede durar esto, te lo recomiendo, coge lo que te ofrezco ahora, porque en unos meses no sé lo que haré.

-Sinceramente, no sé que decirte. Joder, Mariano, no me esperaba esto para nada.

-Chico: tengo muchas cosas que tengo que afrontar. Plantéatelo así: una parte de los problemas que yo debería resolver vas a tener que hacerlo tú, si eso tira adelante. En el fondo, me ahorro trabajo.

-Estoy descolocado, Mariano, pero, claro, es una alegría que me das, es una alegría y es una sorpresa. Claro que lo hago, claro.

-Artur: sólo tendrás que hacerme un favor, que sé que tú podrás.

-Vaya. Pues dímelo y veré.

-Messi. Tienes que montarlo para que acepte ser traspasado al Madrid.

-Hostia.

-Lo sé. Es descabellado y no tiene nada que ver. Pero la gente se me va a echar encima cuando lo del referéndum salga a la luz. No se me ocurre nada que pueda hacer para meterles algo de ánimo, salvo eso. Chico, es sólo un jugador de fútbol. Un chico de veintepocos, no tiene por qué ser tan difícil. Tú sabrás hacerlo, hombre. Serás presidente de una nación, eso no es un esfuerzo que no puedas permitirte.

En el avión de regreso a Barcelona intenta relajarse pero no lo consigue. Hojea la prensa y se da cuenta de que no retiene una santa línea.

Por la noche, Mariano regresa tarde a casa. La esposa dormita en el sofá, las gafas de leer en un precario equilibrio antes de caer al suelo cuando él la despierta algo bruscamente.

-¿Están durmiendo ya?
-Sí, son casi las diez y media y estaban cansados.

Entra en la habitación y se acerca a uno de los niños. Le susurra al oído:

-Creo que voy a conseguirte lo que te prometí.

Artur se levanta al día siguiente antes que su mujer. Mira varias veces, nervioso, el reloj. Cuando son las ocho hace la llamada.

-Localízame a Sandro Rosell.

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