Tengo, ya, mi revista Orsai. Guardo demasiadas revistas, las guardo, intento, con tanto cariño paternal como incomprensión ante el hecho de que la mayoría gente no lo haga. Pues ciertas revistas siempre te reservan algo escondido, que se te manifiesta más tarde (en días en que ves algo por ahí, y piensas si no era éso que te suena ahora aquello de que hablaron en un día). Así que tengo tiempo, en esta relación prolongada que ayer inicié, con una ventanilla de coche bajada y unas palabras precipitadas en una estrecha calle de esa zona de Barcelona que, según quien te pregunte y lo que quieras que piense de tí, puedes definir como Sant Gervasi o Gràcia o la Via Augusta (yo viví allí hace quince años). Tengo tiempo de darle a la revista un rápido vistazo mientras paro en un semáforo (y constatar que los semáforos en Barcelona son eternos o brevísimos, pero siempre inversamente proporcionales a lo que te convenga en el momento). De ver que, por la proporción de su tamaño, me faltan unos centímetros, hay un vacío allá a la derecha (pero yo siempre encuentro muchos vacíos a la derecha). De echarme diez minutos en el sofá y pensar, vagamente (en el sofá siempre se piensa vagamente) que quizás haya, para mis cánones, mucha historieta gráfica (yo le llamo cómic, pero también diría que he cogido la revista para leerla). Luego han sido otros diez minutos en algún otro lado donde he visto que Buenafuente mencionaba el barrio de Tremé (y lo he acentuado, a la francesa, y he tenido, más a la francesa, otra sensacion de dejà vu). Pero de mi relación con la revista en estas, apenas, 20 horas, me ha dejado preocupado, bastante, ver las cartas de los lectores y alguna colaboración: Karina, Franco, yo mismo, sí, algunos otros que no me suenan tanto, pero, muchos, los que hacen comentarios en el blog, los que leo y me leen, un mundillo que es algo cerrado, que no me preocuparía, pero que es breve, y eso sí. Joder, qué pocos somos. Qué poquitos.
Cuando hoy, una de mis webs favoritas, www.365d365e.com (sólo en catalán) está ya en lo de dejar de publicar, respetando su plazo y su finalidad, sí, pero no dando un minuto ni un día de más. Improrrogable, como las obras en los teatros del Paral-lel. Nos vamos cuando toca, que dijo aquél. Cumplimiento de objetivos (dice el pesado que estudió en Esade, con su CMI, o lo que sea, en la mano, y el puntero en la otra, para enseñar la Powerpoint). Allí estuvieron Casciari y Buenafuente, también Víctor Valdés y Nacho Vidal. Y tipos aburridos confirmando que lo eran. O al revés, o de la otra manera. Pero montones de músicos y escritores y gente de los media, y otros. Premios, reconocimientos merecidos, pero, parece, ante un nutrido público compuesto por mucha gente que llega, ve, y se va (diría, coge, y se va, pero ya está bién de cachondeo). Cosa que me recuerda la vida que le está dando a mi blog la gente de fuera. Ecuatorianos y argentinos y mexicanos y colombianos. Dios, cómo puede la gente desaprovechar la posibilidad de comentar y dialogar que nos brinda internet. ¿Somos un mundo de voyeurs (sí, Germán), que preferimos el anonimato y el disfrute solitario antes que arriesgarnos a exponer nuestro punto de vista, quizás, porque eso, como un jodido GPS, revela nuestra posición (o nuestros defectos, o nuestras condiciones)?. Ni para decir esto no me gusta, haz esto otro, ha servido tanta gente. Me niego, o no me gusta, pertenecer a un mundo tan plano y tan distante. Tranquilos, no es una nota pre-suicida. Pero los silencios, en este mundo, están siendo cómplices de demasiadas cosas. Muchas de ellas malas. Joder, qué voy a tener que usar el slogan de un banco (de esos bancos que antes eran una caja de ahorros que acogía ancianitos y gente necesitada, pero que sabe que éso se va a acabar ya). Pero no, no lo usaré. Prefiero usar las canciones, aunque sean ochenteras y superestereotipadas. Igual no me queda ya ningún otro remedio. Ya lo decía Bryan Ferry. Nada nos queda para compartir, salvo el pasado.