Y de repente mi blog aparece con una extensión .es detrás del .com. Que me recuerda en qué Estado estoy pero también en qué estado estoy. A merced de Blogger (o sea, de Google) y sus caprichos y sus directrices pues al final todo se resume en : chaval, no pagas un céntimo por tener un blog, así que ya que te regalamos el proyecto, habrás de respetar las reglas. Y Blogger se disfraza de algo que no acaba de gustarme (se pone una corbata que aprieta algo), porque la justificación alegada acaba haciendo referencia a complicados conceptos como las legislaciones locales, y la palabra censura resuena, al principio tímidamente, pero no, el grito es cada vez más profundo y la voz es más gutural. Todo remueve mis intestinos, pues me da por pensar (y contra más lo pienso más convicción tengo de que no me equivoco) que, según qué escriba o qué libro comente o que vídeo incluya, alguien no vaya a verlo. Y no me da la gana que la gente de Blogger customice mis posts y el de Colombia y el de Ecuador y el de Suecia acaben viendo versiones diferentes, incompletamente diferentes. Si es que yo llego a disponer de todas las piezas, que igual ni eso. Así que señores de Blogger. en espera de un futuro mensaje que me avise de que he sido declarado persona non-grata y mis casi 600 entradas se han evaporado, por algún indescriptible, y por tanto irresoluble, error de un sistema remoto de archivos, y antes de eso (y despues de intentar guardarme un pdf con todo lo humanamente posible), me lo pienso un rato, y decido llamarle al post justo como lo he llamado. Para que no haya duda, para que todos se me pasen por la piedra, para que los vetos caigan en cascada y no dejen ni una sola palabra sana, para que hasta las comas, si es menester, sean eliminadas, y dejen mi texto en dos meros puntos suspensivos, que hasta tres darían que pensar. Palabra muy peligrosa, en todos los países, por lo que se ve.