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dijous, 1 de març del 2012

EOPTIOB ESCUIANC

No entiendo el tema de los captchas que hay que introducir para poder guardar comentarios en los sitios que visito. No entiendo que sean estúpidas palabras sin sentido, de manera que prácticamente no se pueden leer. Pero las escribo y dejo mis comentarios. Parece ser (he visto alguno) que hay sistemas automatizados capaces de introducir comentarios automáticamente. Entonces a alguien se le ocurrió implantar ese control,  y uno se siente un idiota a primera hora de la mañana, escribiendo eoptiob escuianc para poder recomendarle a John Self algún clip realmente enfermizo. Aunque haya sido declarado el mejor del año en algún sitio web. Tantos sitios webs y tantas opiniones hay, que prácticamente cualquiera ha sido declarado el mejor por algún otro cualquiera. Hay que elevar el listón y dejar el amiguismo en el nivel que le corresponde. Mal favor le haces a alguien si le dices a todo que es genial en vez de decirle que es mediocre cuando toca. No sé por qué digo esto, pues en mi ánimo vengativo debería haberle zurrado a cierto blog (ninguno de los que está relacionado al lado derecho), y en cambio he ensalzado y he apoyado su iniciativa a favor de la libre expresión artística. Vale más, aunque sea una pose excesivamente blandengue, no ganarse más enemigos.
La entrada sobre Carlos en Wikipedia es en su integridad un spoiler. Así que poco mal hago si comento algo sobre el final de la serie. Por cierto, aclarar que eran tres capítulos, no cuatro. El cuarto no existía, pues el archivo era una broma de esos entrañables amiguetes que cambian los títulos a los archivos que cuelgan en el emule: porno del más cutre. Ya me extrañó al ver como acababa el tercer capítulo que fuera a haber un cuarto. En todo caso, el último capítulo de Carlos, magnífico como los dos que le precedieron, marca un tono acorde con la propia decadencia del personaje. Magnífico el intérprete, Edgar Ramírez, con una impresionante actuación en el más puro estilo De Niro. A requisito del personaje que interpreta, habla con fluidez castellano, francés, inglés y alemán. Muestra la progresión física sin perder la credibilidad :patillas y peinado juvenil, después ya un convencional peinado de cuarentón. Adelgaza, engorda, saca esa barriga propia del maduro, aunque terrorista y asesino implacable, algo aburguesado. Va con frescas jóvenes revolucionarias y, al final, con prostitutas de baja estopa. Ni que decir que carga con el peso de casi seis horas de serie y en todo momento es creíble y carismático. Un gran descubrimiento. Y eso fue todo respecto a Carlos. Uno se despide de la serie y cree que la Europa de la Stasi, la del Este, forma parte del pasado. Que la lucha de clases y la revolución son puros recuerdos de un pasado extraño y confuso. Que el Ejército Rojo y la Baader Meinhof y los agentes dobles son puro pasto que servirá a ancianos centroeuropeos para contarles a sus nietos, en vez de hablar de las enfermedades que tienen y las pastillas que tienen que tomarse. Pero en las horas en que he escrito ésto, decenas de miles de estudiantes universitarios se han manifestado en Barcelona en contra de los recortes en educación y en favor de la educación pública. No es un mayo del 68, básicamente faltan cojones y sobra twitter y blackberries. Pero es un pequeño resquicio para la esperanza, al menos, que alguien salte de entre las sábanas y de delante de la pantalla, y se atreva a salir a la calle para algo más que tomarse una cerveza al sol.


Gracias a Youtube por no permitir que el magnífico vídeo del original de esta canción pueda publicarse aquí. Iba a ser un terrible crímen. Lo intentaré, aunque sea por joder. Era una gran canción, y era un gran vídeo.

dimecres, 29 de febrer del 2012

LECCIONES DE PACKAGING

EL PERSONAJE DE LA PELICULA
Queremos ser inmunes a los trucos del marketing, a las argucias que se traman para vendernos las cosas. Seis horas de nuestra vida, de esa ajetreada vida de la que frívolamente nos quejamos, es mucho tiempo, demasiado, y mucho más del que dedicaríamos a una película. Las películas, cuando superan las dos horas y media, ya son más largas de lo admisible. Sólo pensarlo ya nos da pereza, pensamos en que se llenará la vejiga, que las piernas se agarrotarán, que las palomitas nos darán sed, quien fume no sabe cómo va a aguantar tanto rato. Más de dos horas y media de película se lo dejamos a los eruditos, a aquellos que ya saben, casi siempre, lo que piensan decir de la película aunque  se la pasen durmiendo.
Entonces Olivier Assayas tenía como unas 6 horas de metraje de Carlos, y no veía escenas sobrantes: todo tenía sentido y no sabría de qué prescindir. Hasta una escena de dos minutos, con Carlos durmiendo en el suelo y mostrando la barriga fruto de una temporada de parón en su frenética actividad terrorista, era completamente necesaria para comprender las seis horas en su conjunto.
Tal como funciona la colocación de productos culturales, la decisión no pudo ser más sencilla. Convirtamos una inacabable película de seis horas, terror de salas de cine que sólo podrían facturar una entrada por tarde, en una asequible mini serie en tres capítulos, que una cadena puede emitir tranquilamente en una tour de force de dos o tres días, incluso, aprovechando que Carlos sigue vivo, encarcelado en Francia a perpetuidad, se puede incluir un debate sobre el personaje y el mito que lo ha acabado rodeando.
Y vendido (bueno, regalado) de esta manera es como degusto Carlos. Con lo cual, mediado el último de los tres episodios en que se ha dividido para su consumo más asequible, debo animar a todos a ver este poco convencional producto europeo. Que seguro que ha provocado más de un dolor de cabeza: Carlos despide, como personaje, un poder de seducción que pudo generar reacciones; parece que no haya nada más cool que ser un terrorista en esa Europa de los 70 (o como él dice, un revolucionario) que mata y folla, mata y folla. Cualquier revolucionaria de buen ver que se pone a tiro pasa por el catre: son como groupies que van directas a por el solista. En medio, las operaciones que se van ejecutando. Secuestros de cumbres de ministros. Matanzas de agentes de policía en pisos. Bombas en restaurantes. Intentos de asesinatos de empresarios. Todo es cierto y todo ocurrió. El propio Carlos, o alguien sumamente informado, mantiene un blog : ilichramirez.blogspot.com, donde se describe con suma precisión la mayoría de los hechos que suceden en la serie. Donde se proclama a los cuatro vientos el espíritu revolucionario con el que justificaban sus acciones.
EL AUTENTICO
Terroristas con traje y corbata, o con abrigos de piel de solapa ancha, con pantalones pata de elefante. Revolucionarias ligeras de cascos y de gatillo. Una fotografía gris y centroeuropea. Una progresión (la misma que va de su salto de cama en cama a lo que parece un enamoramiento) donde Carlos pasa de ser un activista, un mercenario, a ser un pensador, un ideólogo de la causa, de sentarse en sofás destartalados de pisos francos de los que en cualquier momento hay que salir corriendo, a cómodas butacas en despachos ocultos bajo siglas crípticas: los servicios secretos de naciones del bloque anti-imperialista, locos por conseguir no sólo su servicio, también la pátina de glamour que allá por los 70 parecía acarrear ser el enemigo público número 1. No un árabe desencajado y con cara de chalado. Todo un señor capaz de hacerse el nudo de la corbata y peinarse para mirar a la cámara. Gran serie.

Web de RDL : Entrevista de Kiko Amat a ¡Pelea!. Extracto :

¿Qué opináis del 15-M y la primavera caliente de 2011? (Marçal): Me acabo de terminar de leer un libro en el que se hablaba de un término muy chulo: la Violencia Divina. Walter Benjamin describió así la violencia con la que se utilizó la guillotina en la Revolución Francesa. Algo de esa violencia es lo que desató lo ocurrido en Londres, el asesinato de Gaddafi a pedradas y lo acaecido en las barriadas de París en 2007... Lo bárbaro puede que asuste de buenas a primeras, pero es mucho mas “útil” y drástico que las asambleas ciudadanas. 



diumenge, 26 de febrer del 2012

MALA UVA NEGRA

Francesc : mira que llegas a ser toca-cojones, aunque esté mal la palabra para según que temperamentos sensibles. Tus guiños francófilos habían sido meras menciones esporádicas : que si Air, que si Houellebecq, que si aquella lejana reseña sobre aquella gran película : Un profeta (o no??). Y escoges el momento en que la sensibilidad patriótica ibérica se muestra más ofendida y pusilánime para soltar tus desvaríos y provocaciones. Pero cómo te da ahora por lanzarte a devorar una mini-serie francesa en versión subtitulada, cómo si tus avanzados 47 años no fuesen ya demasiados para revisar ese acento que siempre te ha puesto nervioso, como si ahora fueses a declarar que te fascina.
Carlos es de esas series que uno no acaba de asimilar mucho si merecen ser homologadas como tales. De hecho, es más bién una película extensa, como de unas cinco horas, que ha sido separada en piezas para que su consumo y digestión no requieran un esfuerzo algo inasequible. Carlos es el sobrenombre que tomó un terrorista de extrema izquierda en la Europa de los primeros setenta. Una Europa que ha quedado atrás, eclipsada por algo que no sabemos mucho los europeos que acabará siendo. Terrorismo a la vieja usanza. Cuatro tíos, una terraza, una bolsa, sacan el bazooka, le meten un proyectil, bombazo al avión, llamada desde la cabina, somos los malos, reivindicamos, viva la revolución. Fascinante, extraña y algo alienante, está claro que no todo era tan cool como ese extraño y determinado (por su determinación) tipo, de cama en cama de bellas señoritas fascinadas por su aplomo y por la lucha de clases. Que esas matanzas, esa ligereza con la que el tío se pasa por los pisos francos, coge su arma o su bomba, y la mete por la primera puerta de enemigos de la causa que encuentra, no debe engañarnos. Murieron inocentes. A docenas. Que hayan pasado décadas suficientes como para hacernos parecer eso lejano, lejano en el horizonte hasta despertarnos cierta insana nostalgia y cierto engañoso romanticismo,  más en estos tiempos donde unos pocos, cada vez más, empezamos a temernos que las cosas sólo se arreglarán llevándose a unos cuantos por delante, es sólo una demostración algo abyecta de las trampas de la memoria. Fue en 1992 cuando tuve que salir de mi infantil error y caer en la cuenta que era la del terrorista, y no la algo parecida del multiyonki Shaun Ryder, la cara que, warholizada, decoraba la portada del disco de su proyecto Black Grape, una vez pulverizados los Happy Mondays. El primer grupo que tenía un miembro que solo bailaba. Entrañables colgados.
En un día en que, por cierto, ha empezado a percibirse un profundo olor de que el asunto Urdangarín va a  empezar a arreglarse como sea. Leed la proclama de Kiko Amat en su web : http://www.kikoamat.com/web/2012/02/2094/. Fascinante.


Segueix a @francescbon