La vi hace unos días: de hecho cuando escribí sobre el fenómeno de HispanTV debería haber enlazado rápidamente el tema, pero qué cabeza la mía. Sí: solían impactarme las películas que me gustaban. Solía hacer una cola de decenas de metros y solía buscar una fila cercana a la pantalla y solía buscar una postura cómoda cuando se acababan los anuncios. Todo eso ya es lejano: el cine, tras ver series, demasiadas series y prolongadas (11 de agosto; subrayado en mi agenda), ha dejado de ser lo que fue. Dos horas no suelen dar para mucho. Pero las dos horas de Argo valen la pena si hacemos esa consideración: un episodio aislado en medio de un conflicto de largo recorrido. Argo cuenta la historia del asalto de la embajada de USA, tomada por la turba iraní en medio de la revolución de los ayatollahs. Recrea los hechos y cómo una especie de héroe americano (cómo no) pertrecha un plan para salvar a una serie de diplomáticos de lo que parece ser un final más que incierto: si los iraníes los atrapan en su huída los acusarán de ser espías, de colaboracionismo con el régimen saliente (el del Shah Palevi, que, afortunadamente, es presentado de forma objetiva como otro extremo igualmente maligno). Ben Affleck, que suele parecerme un guaperas plano hasta la saciedad, lo hace bien. Los secundarios, todos ellos actores desconocidos, cumplen con su labor. Una película eficaz, aunque si he de optar por películas ambientadas en conflictos de Oriente optaría antes por Syriana, o por Munich, que tienen una cualidad, digamos, más profunda y reflexiva. Argo, sensacional cine de entretenimiento, es un episodio de buenos y malos, un episodio de dos horas con su carga de suspense y su dosificación del tiempo, seguro que memorable para los especialistas irredentos, para esa minoría atrincherada que defiende al cine frente a la banalidad de la producción televisiva, de las series de ocho temporadas, de las tramas que a veces ceden frente a las reacciones de las audiencias. Sí, es memorable, pero, puestos a esa reconocida capacidad de recreación, pensad en el primer capítulo de la primera temporada de Homeland.
No hay que estar quieto. No s'ha de estar quiet. Ez da geldirik egon behar. Don't stand still.
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dilluns, 29 de juliol del 2013
dimecres, 19 de desembre del 2012
WTF
A ver: cuántas series hacen que cuando acabe el último capítulo de una temporada uno diga "joder". No ese "joder" que tiene un final como de suspiro. No. Ese que es contundente, con la "j" ligeramente marcada y la "r" con un ligero arrastre entre la lengua y el paladar.
Pues esa es la sensación. Menuda panda de desalmados, los guionistas de la serie. Pues, aparte de encargarse de que la cuestión de si habrá o no una tercera temporada no haya sido clara ni excesivamente divulgada (alimentando la duda de si todo iba a saltar por los aires en el último momento de la segunda), han pulverizado algunas reglas de oro que unos cuantos osados (pero no tan osados como ellos) nos atrevimos a promulgar contundentemente: que si la idea era muy difícil de explotar por más de una temporada, que si era difícil encontrar giros de guión capaces de dar una vuelta de tuerca más, que si la idea podía agotarse.
Pues ahí está: que os den morcilla a todos. Sí, lo han hecho, lo han conseguido, ahora hablaremos de esa difícil tercera temporada tal como habíamos hablado de la segunda, pero resultará que poco podremos decir, y que el tono de escepticismo tendremos que matizarlo bastante. Es posible que llegue un día en que nos hartemos de Homeland pero, a la vista de lo contemplado hasta ahora, ese momento no parece estar a la vuelta de la esquina. Y por mucho que Homeland sea una serie escapista, donde el único sentido crítico está profundamente encubierto bajo la guisa de puyas al sistema burócrata y secretista de las capas de administración americanas : estado, CIA, FBI, y servicios secretos variopintos, y a su intervención y manipulación con segundas y terceras intenciones en los conflictos bélicos más recientes, por mucho que algunos de sus giros puedan levantarnos suspicacias (pero no las suficientes para poner en duda su calidad y su maestría en generar tensión), es una serie de primer rango, de ésas que van de boca en boca y que vienen a demostrar esa ley no escrita de que cuando los norteamericanos se ponen a fondo con algo, no hay quien los iguale. Hasta pronto, Carrie.
WTF (català)

A veure: quantes sèries fan que quan acabi l'últim capítol d'una temporada un digui "joder". No aquest "joder" que té un final com de sospir. No. Aquest que és contundent, amb la "j" lleugerament marcada i la "r" amb un lleuger arrossegament entre la llengua i el paladar.
Doncs aquesta és la sensació. Quina colla de malvats, els guionistes de la sèrie. Doncs, a part d'encarregar-se de que la qüestió de si hi haurà o no una tercera temporada no hagi estat clara ni excessivament divulgada (alimentant el dubte de si tot anava a saltar pels aires en l'últim moment de la segona), han polvoritzat algunes regles d'or que uns quants agosarats (però no tan agosarats com ells) ens vam atrevir a promulgar contundentment: que si la idea era molt difícil d'explotar per més d'una temporada, que si era difícil trobar girs de guió capaços de donar un pas més enllà més, que si la idea podia esgotar-se.
Doncs aquí està: que us donin botifarra a tots. Sí, ho han fet, ho han aconseguit, ara parlarem d'aquesta difícil tercera temporada tal com havíem parlat de la segona, però resultarà que poc podrem dir, i que el to d'escepticisme l'haurem de matisar bastant. És possible que arribi un dia en què ens atipem de Homeland però, a la vista del que es veu fins ara, aquest moment no sembla estar molt a la cantonada. I per molt que Homeland sigui una sèrie escapista, on l'únic sentit crític està profundament encobert sota la guisa de pulles al sistema buròcrata i secretista de les capes d'administració americanes: estat, CIA, FBI, i serveis secrets variats, i a la seva intervenció i manipulació amb segones i terceres intencions en els conflictes bèl · lics més recents, per molt que alguns dels seus girs puguin aixecar suspicàcies (però no les suficients per posar en dubte la seva qualitat i el seu mestratge en generar tensió), és una sèrie de primer rang, de aquestes que van de boca en boca i que vénen a demostrar aquesta llei no escrita que quan els nord-americans es posen a fons amb alguna cosa, no hi ha qui els iguali. Fins aviat, Carrie.
dilluns, 8 d’octubre del 2012
BUCLES Y CONVULSIONES
Además del engaño interactivo de Lost, de proporciones gigantescas, otro ejemplo de mala resolución de una serie es Prison break. Sí: suena añeja Prison break, con su original planteamiento y esa trama heroica y fraternal que luego sufría pequeños retoques, en su primera temporada, pero siempre encaminados a la brillantez y a una resolución mayestática. Pero estropeada al repetir el esquema en sus temporadas subsecuentes hasta la saciedad. Solo que las prisiones estaban en un sitio en vez de otro, los internos eran más malvados, y los funcionarios corruptos a otros niveles. Hasta llegar a una temporada final que no podría tener otro calificativo que parodia de sí misma.
No: no tengo demadiado miedo de que pase lo mismo con Homeland, porque no creo que se puedan bajar tantos escalones de golpe. Pero sí que tengo sensación de que la elección ha sido algo forzada por la necesidad de rearrancar de forma creíble algo perfecto en su primera vez, y, claro, la lógica conveniencia de no abandonar así como así una idea de gran éxito y, a priori, enorme potencial. Así que tenemos otra vez a Carrie ataviada con un pañuelo en Oriente Medio: citándose en condiciones extremas y exponiendo al peligro sus dos integridades: la física y la psíquica. La tenemos en unas condiciones precarias y frágiles, pero está ahí.
Mientras Brody se reclina en el confortable respaldo del mullido asiento de su despacho.
O no.
dimecres, 18 de gener del 2012
HOMELAND
¿Qué tiene que suceder para que, por un día, rompa mi sacrosanta costumbre de titular los posts de manera voluntariamente desconcertante, buscando que el título ni aventure el contenido de lo que voy a escribir?. Si hasta he puesto el signo de interrogación al principio de la frase, malgastando meses de no hacerlo (lo confieso, eso hacía que sintiese que los posts eran algo más catalanes).
Lo que tiene que pasar es que una serie te subyugue hasta el punto de superar todos los registros: 12 capítulos, más o menos equivalentes a otras tantas horas, pulverizados en apenas dos días y medio. Toda la primera temporada, única hasta el momento, desde el domingo (en que el DVD de Boardwalk Empire falló, sin ninguna duda empujado por la más parecido a la divina providencia) hasta justo ahora en que, extenuado y fascinado, conservo el regusto de los últimos minutos, me temo que para un largo período de tiempo, justo el que la cadena Showtime emita la segunda temporada y alguna de esas almas caritativas se decida a subtitular para mitigar mis lagunas con el inglés de los USA. Decir que la primera temporada de Homeland alcanza cotas dignas de las mejores temporadas de grandísimas series. Que habla de Irak y de Al-Qaeda, pero también del 11-S y su repercusión en la sociedad americana, en la corporeidad de un enemigo que les es necesario. Que lo que los eruditos vienen a llamar pulso narrativo te atrapa y te paraliza de una manera despiadada, que cada avance en la trama confluye hacia un clímax (segunda vez que hoy escribo clímax), pero que ese clímax, de repente, se paraliza y se posterga, en un ejercicio tántrico de placer constante. Supongo que, conscientes del elevado nivel de lo que tenían entre manos, los guionistas prepararon una segunda temporada aún más tensa, aún más opresiva, aunque les pediría no muchas más, no les pase como a Lost o a Prison break, donde todo se estropeó por alargarlo. Les suplicaría que lo hiciesen ya, que no me dejen con este síndrome de Estocolmo (particularmente acertado el símil) por mucho tiempo más. Que tengo ganas de volver a oír la trompeta de la banda sonora, y hoy por hoy, sé que voy a tardar, y ya cuento los días.
diumenge, 15 de gener del 2012
EL HOMBRE DE LA TROMPETA
Tuvo que ser así: pienso un día, en función de lo que leo, si es justo desestimar ciertas series por que su primera temporada no te haya llenado como esas míticas que se han convertido, ya hace demasiado, en el patrón oro con que comparar todo. Ya sabéis cuales. Ese mismo día caigo en todas las series que he abandonado en diversos estados de avance, pues eran incapaces de cubrir el vacío. Breakin' Bad, Sons of Anarchy, Game of thrones, Boardwalk empire. El pensamiento se solapa con otro de entre unos cuantos que últimamente son recurrentes: que me cuesta arrancar con un libro. Pues será buena idea hacer acopio de unas cuantas de esas nuevas temporadas y probar, a ver.
Poco puede uno imaginarse los tiros que la casualidad le tiene reservado.
Empiezo con la segunda temporada de Boardwalk empire. Que, como ignoro por sistema las programaciones de las televisiones, ya anda siendo emitida en doblado. Me hago con todos los capítulos emitidos, sean doblados o en VOSE. Costumbre que he tomado, los paso a DVDs que me hacen tanto de soporte de backup como de medio de visionado. . Me gusta la segunda temporada de Boardwalk empire, me encanta el protagonismo creciente del personaje que interpreta Michael Kenneth Williams (cada vez que lo veo me dan más ganas de revisitar a Omar Little en The Wire), me encanta comprobar la efectividad en escena de Steve Buscemi (cada vez que lo vea me dan más ganas de revisitar a Tony Blundetto en The Sopranos). Pero los DVD+R de Primco, esos enormes cilindros que obtienes por unos 10 o 15 euros la centena si regateas de una manera adecuada en los encantes (no preguntes su orígen), acostumbran a veces a fallar. Eso es lo que sucede: el cuarto capítulo falla en el DVD y no tengo paciencia para volver a grabarlo, a las siete y cuarto de la mañana que son. Hay que ir a la despensa y tirar de las reservas. Con motivo de todas las listas de final de año de las publicaciones me he fijado en Homeland. Serie que trata sobre la Norte América post 11-S, sobre la campaña en Bagdad y sobre el terrorismo internacional. Inédita en España. Subtitulada por alguno de esos afanosos tipos que se dedican, a cambio de vaya a saberse qué. También la grabé hace unos días en uno de esos caprichosos discos, para más adelante (ojo: más adelante muchas veces puede ser prácticamente nunca). Sus dos primeros capítulos me dejan boquiabierto. Qué buena sensación. No exactamente la de una serie que pueda tener una continuidad de cinco o seis temporadas, ojo. No creo que eso tuviera mucho sentido, embarcar a guionistas en giros inverosímiles para ajustar incoherencias y establecer vínculos entre personajes que cuadren situaciones, para desgraciarlo todo (mencioné Lost?). Pero dos o tres temporadas de Homeland al nivel extenuante, en lo sugerente de sus tramas, de estos dos primeros capítulos, parece un manjar sumamente apetecible. No puedo ni debo extenderme, no hay que estropear la impresión inicial, ya envidio a quien se enfrente por primera vez a un episodio piloto tan prometedor.
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