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dimecres, 18 de juliol del 2012

CULTURA Y PISTOLAS

El amigo Horacio me envía con proverbial puntualidad enlaces con los flamantes artículos que Rodrigo Fresán publica en la prensa argentina. 

Cosas sobre Rodrigo Fresán que conviene saber, en un orden absolutamente aleatorio (o sea, según Freud, nada aleatorio).

Era, junto a Juan Villoro, gran amigo de Roberto Bolaño en su estancia en Catalunya, y hasta su muerte.
Es un buen escritor de narrativa.
Escribió artículos sueltos en RockDeLux. Sobre literatura, en su mayoría, pero ahí estaba.
Promueve alguna colección editorial con buenos libros. No me acuerdo cual, pero es buena. Ya miraré, narices.
Es calvo con una enorme dignidad.
Vive en Barcelona y publica columnas en Argentina.

Yo los leo y me gustan, me gustan casi más que si yo los buscara y los encontrara, pues sé que Horacio me envía aquellos que tratan temas de mi interés. Son una especie de regalos, y hace un par de minutos que ha sido mi cumpleaños. Me gusta cuando Fresán habla de fútbol, o sea, del Barça, y no esconde admiración ni escatima en elogios. Me gusta cuando defenestra las medidas del PP, los recortes de Rajoy, pues creo a veces que fue tan amigo de Bolaño que algo se le debió contagiar, y especulo con que Bolaño hable un poco a través de los escritos de quien fue su amigo. El último artículo que Horacio me ha enviado muestra a Fresán comentando los últimos recortes en España, los más sangrantes y profundos (los analistas de mercados dirán: los más efectivos) y no paro de pensar en esa subida de impuestos que va a afectar a los   hechos culturales (pero los del PP hablan de productos, porque para ellos todo son fábricas), y que es un zarpazo casi definitivo, no solo para la industria cultural, para las multinacionales que, puede, se merecieran un castigo tanto por su avaricia como por los subproductos a que han condenado a las audiencias. Es un torpedo en la línea de flotación que disuade a cualquiera medianamente interesado en la creación pura y dura: lo empuja a ser pasto de minorías adineradas y a tener acceso general solo a través de fenómenos prácticamente altruistas. O sea, el PP ha actuado como Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, que afirmaba echarse la mano a la pistola cuando oía la palabra cultura. La cultura y la intelectualidad es patrimonio de las izquierdas, sus miembros destacados no les votan a ellos, ni lo harán. El mundo cultural es terreno vedado a las derechas, y lo sería igualmente aunque hubiesen suprimido impuestos y repartido subvenciones. Puestos a no poder obtener sus votos, al menos sacarles su dinero. Más aún que antes: el estado va a ser el mayor beneficiado cuando un libro se venda.
Le he recriminado indirectamente a Horacio que en Argentina se esté tan pendiente de la situación en España. Sin motivo encubierto: creo que España no merece que Argentina le preste atención. En todo caso, bien que deben estar riéndose.
En fín, yo hablaba de Fresán para empezar, y acabaré hablando de este tóxico y dictatorial (la mayoría absoluta les permite ese comportamiento) gobierno de ultraderecha en España. Luego habrá quien se extrañe de las ganas de algunos (individuales y colectivas) de salir disparados, donde sea. 18 de julio, cuando esto vea la luz. 76 años después, y sigo sin recordar ni un solo líder del PP condenando el golpe de estado. Diría que todo sigue igual, pero hasta eso sería bueno. 


dissabte, 14 de maig del 2011

AREA DE INFLUENCIA

Por unos cuantos años, o así, esperé pacientemente encontrar otro disco en que encontrar, de nuevo, la sensación optimista, luminosa a la par que nocturna, que me provocó Dare de The Human League. Luz casi cegadora de Seconds, focos de marcialidad de Love action. Como dijo algún filósofo hindú de tres al cuarto - desconfío mucho de filósofos hindúes, lo siento mucho – si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Así que tardé un tiempo en darme cuenta que tendría que buscar otras sensaciones, pues esa no se repetiría. 
Con la misma intención me acerco, de tanto en tanto, a escritores más o menos influídos, o, directamente, de la misma corriente literaria de Roberto Bolaño. Probé con Rodrigo Fresán, pues Argentina queda al lado de Chile (un lado fronterizo muy prolongado, parece que Argentina vaya a darle un codazo para que todo Chile caiga al Pacífico), pero no he conseguido superar el arranque del libro (seguramente debería cogerlo en la biblioteca en vez de haberlo comprado). Y ahora he probado con Juan Villoro, mexicano, de ese México en que Bolaño vivió tras salir de Chile, de ese México que alumbró las correrías de Los detectives salvajes. A las pocas páginas Villoro ya había mencionado Irapuato, localidad misteriosa desde la que este blog es leído, y Sinaloa, localidad misteriosa que alberga un club de fútbol donde Pep Guardiola jugó una de sus últimas temporadas. Ese guiño me hizo proponerme concluir el libro, pasase lo que pasase. Llegadas sus últimas páginas, comprendí en una mención a cierto barbitúrico presente en la inflexión vocal de Jim Morrison, que no eran señales suficientes. La prosa de Villoro es certera, sus personajes son originales, sus relaciones son creíbles y uno pondría en boca de Bolaño algunas de esas reflexiones, pero no es suficiente. Puede que Villoro no sufra, aún, lo suficiente.


Devuelto el libro, cómo no, salgo de la biblioteca comprobando que es un bonito sitio, que puede que alguien lo arruine, pero que, de momento, parece que nada malo pueda ocurrirte ahí, que hoy en día es mucho decir. Pienso en esos tristes políticos que esperan a últimos días antes de campaña para sacar pecho por haber promovido que hayan sitios así. Pienso luego que ese dinero ha salido de mis impuestos, así que la pila de libros que acarreo sólo representa en su tambalearse la metáfora de un cierto regreso al equilibrio entre dar y recibir. Y paulatinamente una corriente de pensamientos me acaba llevando a uno de esos artículos en prensa que recopilan ciertos perfiles de candidatos a la alcaldía de Barcelona. Reparo en la edad. Todos andan en la cuarentena larga, Portabella ya en la cincuentena, pero Trias tiene ya 65. Siento, Lydia, lo del ya. Pero no puedo reprimirme. Parece que, igual que Mas no podía morirse sin presidir la Generalitat, Trias no pueda morirse sin ser alcalde de su ciudad. Pero su vida está más que solucionada, seguro, en lo económico. Hace años que vemos a Trias y que convivimos con su curioso (y caricaturizable) hablar. Ahora Trias quiere más que eso, y en tiempos de crisis, de generaciones ni-ni, de un paro juvenil que pone los pelos de punta (pues no es lo mismo aburrirse a los 55 que a los 25), quiere estar bién colocadito unos cuantos años más. Seguro que no lo hace por el dinero (seguro que no lo hace por el sexo, añadiría freudianamente), puede que considere que aportará cosas producto de su experiencia. Pero no creo que sea un buen ejemplo para nadie que se aferre a las poltronas, siempre será malinterpretado por patanes como yo. Yo no digo que vaya a votar a otro candidato porque sea más joven, pero ya ha habido bastante Trias para mí. No creo que sea lo que la ciudad necesita.

AREA D'INFLUENCIA

Per uns quants anys, o així, vaig esperar pacientment trobar un altre disc en què trobar, de nou, la sensació optimista, lluminosa al mateix temps que nocturna, que em va provocar Dare de The Human League. Llum gairebé encegadora de Seconds, focus de marcialitat de Love action. Com va dir algun filòsof hindú de tres al quart - desconfio molt de filòsofs hindús, ho sento molt - si plores per haver perdut el sol, les llàgrimes t’impediran veure les estrelles. Així que vaig trigar un temps en adonar-me que hauria de buscar altres sensacions, ja que aquesta no es repetiria.
Amb la mateixa intenció m'apropo, de tant en tant, a escriptors més o menys influïts, o, directament, de la mateixa corrent literari de Roberto Bolaño. Vaig provar amb Rodrigo Fresán, ja que Argentina queda al costat de Xile (una banda fronterera molt prolongada, sembla que l'Argentina hagi de donar-li un cop de colze perquè tot Xile caigui al Pacífic), però no he aconseguit superar l'arrencada del llibre (segurament hauria d’agafar-lo a la biblioteca en comptes d'haver-lo comprat). I ara he provat amb Juan Villoro, mexicà, d'aquest Mèxic en que Bolaño va viure després de sortir de Xile, d'aquest Mèxic que va enllumenar les correries dels detectius salvatges. A les poques pàgines Villoro ja havia esmentat Irapuato, localitat misteriosa des de la qual aquest bloc és llegit, i Sinaloa, localitat misteriosa que alberga un club de futbol on Pep Guardiola va jugar una de les seves últimes temporades. Aquest gest em va fer proposar acabar el llibre, passés el que passés. Arribades les seves últimes pàgines, vaig comprendre en una menció a cert barbitúric present a la inflexió vocal de Jim Morrison, que no eren senyals suficients. La prosa de Villoro és encertada, els seus personatges són originals, les seves relacions són creïbles i un posaria en boca de Bolaño algunes d'aquestes reflexions, però no és suficient. Potser Villoro no pateixi, encara, prou.



Retornat el llibre, és clar, surto de la biblioteca comprovant que és un bonic lloc, que pot ser que algú ho arruïni, però que, de moment, sembla que res dolent pugui passar-te aquí, que avui en dia és molt dir. Penso en aquests tristos polítics que esperen últims dies abans de campanya per treure pit per haver promogut que hagin llocs així. Penso després que aquests diners han sortit dels meus impostos, així que la pila de llibres que porto només representa en la seva trontollar la metàfora d'un cert retorn a l'equilibri entre donar i rebre. I poc a poc un corrent de pensaments m'acaba portant a un d'aquests articles en premsa que recopilen certs perfils de candidats a l'alcaldia de Barcelona. Parlen de l'edat. Tots estan en la quarantena llarga, Portabella ja en la cinquantena, però Trias ja té 65. Sento, Lydia, el ja. Però no em puc reprimir. Sembla que, igual que Mas no podia morir-se sense presidir la Generalitat, Trias no pugui morir sense ser alcalde de la seva ciutat. Però la seva vida està més que solucionada, segur, en l'econòmic. Fa anys que veiem a Trias i que convivim amb el seu curiós (i caricaturesc) parlar. Ara Trias vol més que això, i en temps de crisi, de generacions ni-ni, d'un atur juvenil que posa els pèls de punta (ja que no és el mateix avorrir-se als 55 que als 25), vol estar bén colocadet uns quants anys més. Segur que no ho fa pels diners (segur que no ho fa pel sexe, afegiria freudianament), pot ser que consideri que aportarà coses producte de la seva experiència. Però no crec que sigui un bon exemple per a ningú que s'aferri a les poltrones, sempre serà malinterpretat per terrossos com jo. Jo no dic que vagi a votar a un altre candidat perquè sigui més jove, però ja ha hagut prou Trias per a mi. No crec que sigui el que la ciutat necessita.
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