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diumenge, 15 de setembre del 2013

SASHA GREY: La Sociedad Juliette

¿Y esto qué es? Esto de repetir la reseña de un libro que ya has publicado en otro sitio. Esto de tener al (paulatinamente menos numeroso) público pendiente de unas entradas que cada vez se espacian más y aparecer con algo que a todas luces es un refrito.
Primero, una especie de reto no declarado. Dicen que la principal fuente de visitas son las búsquedas y que las palabras claves llevan al contenido. Y que mencionar a esta chica es una garantía de aparecer como resultado de esas búsquedas.
Segundo, como ya advertí en alguna ocasión, que el uso de mi blog personal para según qué temas me permite dar un giro adicional de tuerca. Actuar con una sinceridad desinhibida, no condicionada.

Pues mi decepción con el libro de Sasha Grey puede que tenga más aristas de las que debería. Vivimos en un mundo terriblemente machista donde una mujer vinculada en su pasado al porno arrastra eso con un estigma tan poderoso que se ve abocada o a volver a él, o a ser señalada toda la vida como una especie de meretriz. Y la Grey no hizo dos películas bobas con un par de caballeros, de los cuales uno era su novio. No: la carrera de esta moza fue fulgurante y aparatosa y cada reto fue seguido por otro más osado. Una no se hace popular en ese mundo por el recato, ni por el glamour de las películas. Entonces, yo me esperaba que traspasara parte de esa osadía a esa carrera literaria que tanto anticipó. Esperaba no que se desprendiera de todo su pasado (que puede ser un lastre, pero que también lo es en cuanto a repercusión y, ejem, facturación) sino que supiera dejarlo en un prudencial segundo plano. Y no esperaba que La sociedad Juliette fuera un libro referencial, pero esperaba que fuera, al menos, una lectura de una cierta profundidad, esperaba incluso que fuera cargante y pedante y que la chica dejara al lector en medio de una especie de desorientación. Pero no pasa eso: esto es una lectura de lo más ligera, sobre todo para los que somos mayores de edad y ya no nos escandalizamos de demasiadas cosas. Claro que hay sexo descrito con procacidad y sin pelos en la lengua (je), y claro que leemos entre líneas que la chica no ha querido despreciar parte tan importante de su CV. Pero si esta novela me decepciona es porque a) en una especie de reedición de cierto síndrome de San Jorge que tenemos los especímenes masculinos, esperaba que la literatura redimiera a la Grey, que todo ese pasado fuera fuente inagotable (je#2) de experiencias que traspasar al papel (aunque fuera subliminalmente): b) esperaba que tuviera más talento; así, tal como suena, no escribe tan bien como para que una editorial se fijase en ella si no fuera por su background; y c) ya hubiese sido la hostia que alguien proveniente de ese submundo pudiera propinar un zasca al universo hipster, ya hubiese sido demasiado que una escritora de talento surgiera, tan joven, tan lozana y tan desinhibida, cuando estamos demasiado acostumbrados a esa especie de universo con mamparas separadoras que establece que vida intensa en el sentido frívolo y literatura descarnada suelen coincidir solo en casos muy aislados. 
Por lo cual no es que no recomiende leer este libro: recomiendo leerlo sabiendo muy clarito en qué nos movemos, que es una especie de mezcla de los libros del Club Bilderberg, algunos pasajes de literatura porno, más una pizca de espíritu algo diletante, que es muy notable cuando se empeña en mencionar, venga al cuento o no, los discos, películas y libros que la influyen. Pero eso lo atenaza: es como si Sasha Grey tuviera algo de miedo de que no vaya a tener una nueva oportunidad de publicar, o como si supusiera, como casi es el caso, que los lectores que nos hemos acercado a su primera novela por mera curiosidad, hemos quedado con bastantes pocas ganas de probar con la siguiente.

diumenge, 18 de novembre del 2012

EL NUEVO PARADIGMA

Lo que me ha costado encontrar una foto normal de Sasha Grey para ponerla aquí. Quiero decir, no es que yo vaya a ir aquí de recatado ni nada de eso. Lo que pasa es que ciertos temas son delicados per se, y sólo haría falta una determinada foto de un determinado perfil para ser malinterpretado: que es lo que yo no querría. Bien: presentaré a la señorita. Igual que hace años no hacía falta explicarse demasiado sobre quién era Rocco Siffredi, quizás hacerlo sobre Sasha Grey sea algo estúpido. Sasha Grey era, porque ya no lo es, una estrella del porno. Con una edad rozando la legalidad, y con una escandalosa omnipresencia, y con muy pocas manías (no detallaré, quien quiera que googlee su nombre, que se ponga en un rincón discreto, y que compruebe las aptitudes que la auparon a ese estrellato), esta guapa norteamericana se erigió, hace unos años en estrella de ese negocio, en un principio, tan sórdido y éticamente complejo, pero una industria que mueve cientos de millones. 
Aún ejerciendo, su figura empezó a suscitar un interés por encima del puramente morboso. Se autodenominaba existencialista y demostraba poseer intereses y conocimientos culturales más allá del perfil que estigmatiza a los procedentes de este submundo. Bien, sin que me conste que haya llegado a abominar del mundo que la lanzó a la fama, pero dejando bien claro que eso ya pertenece al pasado (un poco ingenua: con Internet y los discos duros del planeta, cualquier registro con imágenes del pasado puede ser presente a poco que alguien se lo proponga), Sasha Grey ha decidido buscar todas las posibilidades de acceder a ser una estrella de otro firmamento. Dicen, escribe o ha escrito o publicará una novela de corte erótico (pero supongo que con alguna intención literaria, cabe esperarlo si dice que ha leído a Sartre). Forma parte de un colectivo de música industrial llamado aTelecine que cuentan con perfil en MySpace y con sesiones de mix colgadas en la prestigiosa web de FactMag. Ha participado en una película seria de Stephen Sondenbergh, The girlfriend experience, y ha interpretado el papel de sí misma en toda una temporadita (la séptima) de Entourage, jugada que considero absolutamente maestra, pues le permitió hacerse aún más visible, incluso, al margen de someter a prueba su capacidad artística con ropa puesta, hizo que mostrara una cara intermedia entre su realidad y su posible futuro en la industria convencional.
Ahora está en España, grabando no sé qué película normal a las ordenes de Nacho Vigalondo, culo inquieto (él, no Sasha) de la escena cultural española, colaborador fijo de Orsai, y, parece, tipo con intenciones transgresoras del cual cabe esperar cosas grandes. Y hoy, cosa que me ha decidido a escribir este atípico post, que puede que me valga algún capón (o no: veamos) me ha parecido que era su cara la que anunciaba una línea de joyería de Tommy Hilfiger. Pero creo que ésto último no: la modelo se parece mucho, pero dudo que una multinacional como Hilfiger arriesgase a que la misma chica que luce sus relojes en la muñeca tenga millones de imágenes despachando con los penes de media docena de tipos hinchados de estrógenos.
Lo cual me lleva ya al final de mi planteamiento: ni me parece insano todo lo asociado al porno (gente mayor de edad entreteniendo a gente mayor de edad) ni me parece que es justo que esta chica no pueda intentar otros caminos sin arrastrar aluviones de comentarios malintencionados cuando no ya ligeramente morbosos. Creo que sería un gran indicio de que nuestro mundo ha evolucionado el que pueda hacerlo con toda normalidad, que digamos que su novela o su música o su trabajo actoral es bueno o malo o regular sin tener que andar perpetuamente con la sonrisa cómplice.
Segueix a @francescbon