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dimarts, 26 de març del 2013

Juan Villoro: DIOS ES REDONDO


Hasta dónde llegará mi intención de engaño. Uh. El libro, magnífico siempre y cuando uno tenga cierto interés por el fútbol, y luego se asuma que es un libro publicado en 2006 por lo que el estallido Messi-Guardiola no se ha producido aún. Pero no voy a centrarme en ello: partiré de una de las frases que se ha quedado en mi memoria. Que no puedo reproducir fielmente: el entrenador de mi hijo, tenaz y voluntarioso pero nervioso y algo abrumado, me ha pedido el libro para leer las cosas que en él se escriben sobre el factor anímico y psicológico asociado al deporte.
La frase que rememoro alude al Guardiola jugador y al momento en que decidió abandonar el Barça para probar en otros lugares: decía algo de que a Guardiola se le había tildado de homosexual por, entre otras cosas, leer poesía. No sé si Villoro se hacía eco de otro rumor perverso: que una de sus lesiones prolongadas tardaba en sanar porque había enfermado de Sida. Circunstancias ambas que no convierten a nadie en peor persona, salvo, claro para el escaso entender de quienes difunden los rumores. Nadie acusa a nadie de guapo e inteligente. Pero en el uso del rumor de la enfermedad, en el año 2001, aún había mucha maldad.
Hoy Tito Vilanova ha regresado a Barcelona. Las webs de los periódicos deportivos han mostrado sus imágenes en el aeropuerto: todo el mundo esperaba deducir algo del aspecto que Tito presentara: ver si conservaba el cabello, si su tono de piel había mejorado (como si NY en marzo fuera California), si el aspecto demacrado de las últimas semanas en Barcelona había remitido o no. La gente parecía que hasta tuviera que interpretar si conservaba fuerzas o no para acarrear una maleta. Desde que estoy en Twitter pocos mensajes han removido tanto mi conciencia como algunos de los dedicados a Tito Vilanova: tan espeluznantes que me niego  a reproducirlos aquí, muchos ellos simples pataleos de tardo-adolescentes físicos o mentales cortos de entendederas, pero otros bordeando con lo criminal, con lo denunciable. Desear la muerte es, en el fondo, habitual. Desearla a través del curso de una enfermedad, incidiendo en los detalles, festejándola, como dice Germán a cuentas de lo de Chávez, resulta ser un signo de la más baja categoría moral. Leo mucho sobre eso últimamente, por casualidad. Casi siempre que he leído ha coincidido el esquema: persona reaccionaria que celebra una que una cruel enfermedad abata o aceche a una persona que no es de su agrado: sea Tito, Chávez, algún etarra excarcelado por motivos de salud. Muchas veces ha coincidido que en otros ámbitos esos mismos defienden la vida declarándose contra aborto o eutanasia. Una pura casualidad, claro.

dissabte, 16 de març del 2013

LOS AMIGOS INVISIBLES

Estoy actualmente metido en cuatro lecturas a la vez. Ya veremos cuáles resultan reseñadas aquí. Los factores de que ello depende son caprichosos. Uno de ellos es un libro de Juan Villoro, una colección de crónicas futbolísticas que me está gustando mucho, aunque, sin que esto sirva de pre-comentario ni tenga otra utilidad, diría que a las alturas de la página 100, el partido está visto para sentencia. Villoro lo hace de maravilla, y el fútbol (y eso que el libro se publicó en 2006, cuando la dorada era Guardiola-Messi-Iniesta era una mera ensoñación) es un tema del que me encanta leer escritos cuando éstos superan la mera relación de acontecimientos salpimentada de superlativos. Pero ya sé lo que me espera en el libro. Es un placer tan previsible que me asalta, de vez en cuando, la duda de si el libro me sorprenderá o no a lo largo de las 200 páginas que me faltan. Curiosa sensación: como montarse a una montaña rusa sabiendo que funciona perfectamente, que no hay riesgos, que los picos de emoción están bajo control. Pero no pretendía hablar de esto. 
Tuli Márquez es una de esas personas con las que he entablado amistad a través del mundo blogger. Ha publicado una novela, de momento solamente en catalán, que se titula L'endemà. La palabra es intraducible al castellano: significa el día siguiente a uno en concreto. Pero tiene un efecto simbólico: es como si ese día al que es siguiente fuese un hito. Podríamos decir el día de mañana pero le falta la carga como de tensión. En fin: buen título, y a los que seguimos el blog de Tuli ya nos pica la curiosidad para ver cómo su estilo se traslada al formato largo. 
Tuli, ya que hablábamos de fútbol, me ha brindado una valiosa asistencia en su último post, No sin mi chandal. Donde ha combinado sabiamente la reseña literaria activa con la crónica futbolística pasiva. Es decir, habla de un libro de Thomas Bernhard (qué ganas tengo de hincarle el diente a un libro del austriaco este, pero no hay manera), pero explica el contexto en el que se enfrenta al libro: confinarse (cómo me gusta esta palabra) para evitar ver un partido del Barça, concretamente el del pasado martes contra el Milan AC, sí, el del 4-0. Pues Tuli es uno de esos barcelonistas sufridores y sus vísceras (cuales sean) no aguantarían tal carrusel emocional, por lo que se arma de un buen libro e intenta abstraerse. Tal cosa no es sencilla. Los vecinos que vociferan, el torbellino de información que nos acecha por todos lados. Pero lo peor es la cabeza: Tuli tenía una frase de Kafka en su antiguo blog. La cabeza especula con el devenir del partido mientras los ojos recorren las líneas. No sé lo que le pasa a Tuli: conocido el resultado del partido yo lo asociaría al libro leído. A mí me diagnosticaron varicela allá por el 81 y leí El quinto jinete de Lapierre y Collins. Toma: no leía tanto entonces, claro, pero ése será siempre el libro de mi varicela. Entonces Tuli, al que los esplendorosos triunfos de los últimos años deberían (aunque eso no depende de uno) haberte curado de ese estigma que nos persigue a los barcelonistas de largo recorrido, debe asociar esos libros a esos partidos omitidos. En su artículo lo explica. 
Esas son lecturas como consecuencias, lecturas como escudos o como cámaras de aislamiento, o cómo habitaciones del pánico o como estudios anecoicos, pero en el fondo dejan de serlo hasta en el momento en que se eligen. Villacresporker me dijo que si empezaba a leer Cien años de soledad en el intermedio de un Barça-Madrid me olvidaría del partido. Ah. No voy a decir ojalá. No quiero querer olvidar un Barça-Madrid. No hay un mundo posible donde eso ocurra. Los placeres enormes a veces no deben ser combinados pues se contrarrestan. Lo que quiero hacer es convencer a Tuli, aunque tenemos la misma edad, de que eso ha dejado de ser necesario. Salvo cardiopatía con justificante médico, que no lo deseo. Mira los partidos, hombre. Mira el del PSG de aquí unos días y, espero, mira la final de la Champions que volveremos a ganar. Míralos: no condenes a un pobre libro a ser un segundo plato, un placebo, un ruido blanco, un tapón para las orejas. No te estás dando cuenta, Tuli, pues no juzgo si eso es un acto de cobardía o valentía. Yo miro los partidos hasta el último segundo, hasta en los (extrañísimos) casos en que perdemos de dos goles. Esperando un gol y un posterior ataque de nervios del rival que nos atenace, un incomprensible parón en el reloj del árbitro... No te das cuenta, sigo, de que esos fantasmas están tan alejados que ya no saben el camino de vuelta. Digan lo que digan, obstáculos que se crucen en nuestro camino sean enfermedades, lesiones, malas rachas, malos rollos, equívocos, o programas de radio infumables dedicados a la divulgación tóxica, esa fase de la historia ya es eso, historia. Estoy seguro: al cien por cien. Creo que muchas cosas han cambiado, más de las que nos pensamos. Otra: aún hay miles de banderas colgadas en las fachadas. Dudo que quienes las colgaron se hayan olvidado de ellas. Salen al balcón, echan un vistazo a ver si el sol no ha castigado su color, si el viento no ha debilitado lo que las tiene fijadas. Pero no se mueven de su sitio.

diumenge, 4 de novembre del 2012

MAR LLANA

Os juro que me sabe mal traicionar cierto concepto que soy incapaz de definir. Igual que a mí no me debería gustar Modern family (aunque sea por los cinco minutos que se les derrama el tarro de azúcar) y no puedo evitarlo, me pasa al revés con Villoro.
Miembro del grupo más afín de amistades literarias de Bolaño, publicado al igual que él por Anagrama, residente en Barcelona, admirador del Barça y escritor de cortos relatos sobre fútbol.

Entonces, ¿por qué Arrecife se me hace interminable?. No siendo un libro tan largo, no llega  a las 250 páginas, el lapso desde la 180 o así hasta el final se eterniza, aunque interviene algún factor nuevo en la historia que parece darle un giro (que luego no lo es tanto), ya es tarde, ya uno se ha cansado un poco no de la historia, no de la novela, no de la prosa de Villoro, que es efectiva. Uno se ha cansado del ritmo con el que está escrita. Uno se ha cansado de una estructura a la que, si leer tantos libros me ha aportado alguna sabiduría, yo culparía de que esta novela no sea para nada la suma de las partes.
Las partes serían un escritor con buen estilo y con un nada desdeñable bagaje de cultura contemporánea. Serían una trama  que toquetea temas suficientemente atractivos, aunque sea en algún caso de soslayo: las bandas de rock cuyos músicos superan la madurez, el narcotráfico, el caos reinante en según que partes de Centroamérica, la desviación de la conducta a que induce el aburrimiento y la falta de alicientes. Todos esos ingredientes hubiesen podido dar otro resultado. Pero no sé si Villoro ha querido aportar una manera diferente de aliñarlos y ahí se ha dado el trastazo. Por ejemplo, construyendo todo el libro como una especie de continuo diálogo, sin aportar acción, solo diferentes interlocutores que actúan con su protagonista, en lugares que incluso cuesta identificar. Sin apenas divisiones: no hay capítulos, y eso es un defecto; ayudaría mucho, a comprender, que se hace difícil, que se cambia de escenario y de situación. La falta de ritmo de la trama acusa también ese ritmo, pues a base de no detenerse, porque uno no sabe dónde detenerse, uno se extenúa, no porque todo sea frenético, sino porque uno no tiene mucha conciencia de hacia dónde se va.
En fin: Villoro, amigo y discípulo de Bolaño, como algún otro, y con mucha pena de manifestarme en este sentido, me ha decepcionado aquí. Qué se le va a hacer.

dimarts, 3 d’abril del 2012

LA SOCIEDAD ILIMITADA

El verano del año 2003 fue uno de los mas calurosos de la historia en Barcelona. En el mes de julio se dieron unos 20 dias seguidos con temperaturas superiores a los 35 grados de calor húmedo y pegajoso. Yo estaba de vacaciones, todos esos días con mi familia en un apartamento en Sitges, a menos de 40 kilómetros de la ciudad. Un ático. Sin ascensor. Sin aire acondicionado. Con mi mujer y mis dos hijos, de los cuales Gerard, que por entonces tenía 2 años, estaba particularmente poco habituado a un calor tan extenuante. Aquel calor anulaba la voluntad humana. Estar quieto no era suficiente para dejar de sudar. Cualquier actividad se convertía en una tortura. La única supervivencia consistía en ir cayendo a plomo sobre cualquier superfície mínimamente fresca.
Por aquellas fechas (*) falleció en el Hospital Clínic, a escasos 200 metros de mi piso, entonces vacio, Roberto Bolaño. No me importa reconocerlo: sin que yo llegara a enterarme. El estallido de su fama y su prestigio le llegó tarde, póstumamente. Sí. Como una estrella de rock. No jugaré con la familiar imagen de si su espíritu tomó la casa que habíamos dejado vacía aquellas semanas. Bolaño revivió mi amor por la literatura y por muchos posts en que lo mencione o lo etiquete, no le haré justicia. Justicia se la han hecho en Girona, donde le han puesto a una calle su nombre. Tanta especulación inmobiliaria; el doble debería costar vivir allí.
Bolaño por si mismo, entrevistas escogidas es una recopilación de conversaciones y citas recogidas de diversas fuentes. Definir el libro, de apenas 150 páginas como espectáculo tridimensional es quedarse muy corto. Publicado por una Universidad chilena, dificil de encontrar en Barcelona (cosa que intentaré por todos los medios), lo mejor que puedo hacer es, antes de separarme del libro, desde aquí, callarme y relacionar algunas de las citas, por cortas, más sencillas de escoger (repito: todo el libro es un escándalo, Bolaño no es capaz de hablar sin dejar frases, una tras otra, para el recuerdo), por su inmediatez y concisión, en medio de esa lúcida impresión general que resulta de leer sus palabras. Basta de las mías. Empecemos con las suyas. Genio inconmensurable.

(*) Del texto de Juan Villoro que introduce el libro:

"Cuando el autor de 2666 fue internado en el hospital, el aire ardía como un mensaje del horror. Hacía siglos que Marte, el planeta guerrero no estaba tan cerca de la Tierra. Poco antes de la muerte de Roberto, se incendió el camping Estrella de Mar, donde él fue velador nocturno. Nadie recuerda otro verano igual en Catalunya.
Fuimos al funeral en el tanatorio de Les Corts como a una reunión en los desiertos de los que él había escrito. A los pocos días, el aire sufrió un cambio repentino. Llovía "con lentitud poderosa" como en la vana tierra de los inmortales que imaginó Borges. El agua caía, semejando un milagro inútil o un demorado bautizo."

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¿Quién es Roberto Bolaño, según Roberto Bolaño?
- Ni lo sé, ni me preocupa. No sé quién soy, pero sé lo que hago y, sobre todo, sé lo que no hago ni haré jamás.

¿Crees que es un deber de los escritores pronunciarse explícitamente ante hechos contingentes?
- El único deber de los escritores es escribir bien y, si puede ser, algo mejor que bien; intentar la excelencia. Después, como individuos, que hagan lo que quieran; a mí eso me importa poco. Que sean coleccionistas de latas de cerveza o aficionados al fútbol, perritos falderos de la primera dama o heroinómanos.

¿Hay amigos que lamentas haber perdido?
- He perdido a muchos amigos y a todos lamento haberlos perdido. La culpa siempre ha sido mía.

¿Uno de tus personajes dice que "uno tiene la obligación moral de ser responsable de sus actos y también de sus palabras e incluso de sus silencios".
- ¿Lo dice un personaje mío? Suena tan bien, que no parece escrito por mí.

¿Cual es su estado mental más común?
- En los lindes de la idiotez, como casi todos los seres humanos.

¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
- Son muchas, y ya soy demasiado viejo como para establecer un ranking.

¿Dónde desearía vivir?
- Si tuviera mucho dinero, en Andalucía, sin escribir ni hacer nada, pasándome el día en los bares y conversando.

¿Crees en la inspiración o en la constancia?
- En la constancia. Pero cuando llega la inspiración te das cuenta de que la constancia es una verdadera mierda. Lo que hay que hacer es provocar la inspiración, y para hacerlo hay que ser constante.

¿Te has impuesto un autoexilio?
- No, no. Aunque de alguna manera lo es, y de hecho para un escritor es una bendición. El oficio de escritor es un oficio de exiliados. Un escritor, de una u otra manera, siempre está al borde del exilio. Y el exilio es la quintaesencia de todo viaje. El exilio es o sería la perfección de escribir.

¿Quién le hizo creer que es mejor poeta que narrador?
- La gradación del rubor que siento cuando, por pura casualidad, abro un libro mío de poesía o uno de prosa. Me ruboriza menos el de poesía.

¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria?
- Yo nunca llevo la contraria.

¿Qué le habría dicho a Salvador Allende si lo hubiera conocido?
- Poco o nada. Los que tienen el poder (aunque sea por poco tiempo) no saben nada de literatura, sólo les interesa el poder. Y yo puedo ser el payaso de mis lectores, si me da la real gana, pero nunca de los poderosos. Suena un poco melodramático. Suena a declaración de puta honrada. Pero, en fin, así es.

¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que ha recibido por parte de sus enemigos?
- Muchísimas. Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?

¿Ha visto alguna vez a la mujer más hermosa del mundo?
- Sí, cuando trabajaba en una tienda, allá por el año 84. La tienda estaba vacía y entró una mujer hindú. Parecía y tal ve fuera una princesa. Me compró algunos colgantes de bisutería. Yo, por descontado, estaba a punto de desmayarme. Tenía la piel cobriza, el pelo largo, rojo, y por lo demás era perfecta. La belleza intemporal. Cuando tuve que cobrarle me sentí muy avergonzado. Ella me sonrió como si me dijera que lo entendía y que no me preocupara. Luego desapareció y nunca más he vuelto a ver a alguien así. A veces tengo la impresión de que era la mismísima diosa Kali, patrona de los ladrones y de los orfebres, sólo que Kali era también la deidad de los asesinos, y esta hindú ni sólo era la mujer más hermosa de la Tierra, sino que también parecía una buena persona, muy dulce y considerada.

¿Tenía patines?
- Mis padres cometieron el error de regalarme un par de patines cuando vivimos en Valparaíso, que es una ciudad de cerros. El resultado fue desastroso. Cada vez que me ponía los patines era como si me quisiera suicidar.

¿Cuándo supo que estaba gravemente enfermo?
- En el 92.
¿Qué cosas de su carácter cambio la enfermedad?
 Ninguna. Supe que no era inmortal, lo cual, a los 38 años, ya iba siendo hora de que lo supiera.

¿De quién más escucha consejos alrededor de su obra?
- Yo no escucho consejos de nadie, ni siquiera de mi médico. Yo doy consejos a diestra y siniestra, pero no escucho ninguno.

Muchos escritores han tenido problemas en la infancia.
- Problemas tuve muchísimos, más todos los que yo me busqué.

¿Se ha infiltrado el tema de la enfermedad, de alguna manera, en su narrativa?
- No, para nada. La estructura de mi narrativa está trazada desde hace más de veinte años y allí no entra nada que no sepa la contraseña. De todas formas, ahora lo que pienso, si usted hace memoria, sin duda recordará que uno de los problemas de Arturo Belano en África es la medicina que necesita diariamente.

Usted es ateo.¿Ha sentido la tentación de convertirse, por si fuera verdad que Dios existe?
- Ésa es la propuesta, o más bien la apuesta, de Pascal: jugar a todos los caballos. Bueno, yo creo que si Dios existe no habría ningún problema. Y la apuesta se puede formular en sentido contrario: si Dios existe, aunque yo no crea en él, él sí cree en mí, puesto que yo soy su criatura y no permitirá que me pierda.

Sin sueños no hay literatura. Soy totalmente fiel a los postulados surrealistas: el sueño es vital. No sólo diría que sin sueños no hay literatura, sino que sin sueños no hay vida. Lo más probable es que la carencia de sueños de una vida conduzca a la locura. El sueño es como el psiquiatra que cada noche te está curando.

Una vez dije que soy el mejor autor narrativo de mi generación de Chile, cosa que muchos medios citaron fuera de contexto. Fue un comentario sarcástico, porque, aunque realmente creo que es verdad, es algo de lo cual ni yo ni nadie debería sentirse orgulloso.

¿Por qué crees que los papás insisten tanto a los niños que tienen que leer?
- Porque los papás suelen ser muy pesados. Con lo bien que se está sin leer y jugando. O pensando, que es una actividad mucho más seria y complicada que leer. Cuando los papás les dicen a los niños que lean, los niños deberían responderles que Hitler leyó mucho.

Mi familia o parte de ella es de clase obrera, y la clase obrera sólo necesita un pequeño empujoncito para dejar de creer en la patria, que es un invento burgués, y cuando digo burgués estoy pensando tanto en la burguesía francesa como en la burguesía soviética o la burguesía china. Por otra parte tengo que aceptar que estoy casi siempre en contra de la mayoría y la patria es el lugar en donde la mayoría (los compatriotas) impone con mayor persuasión sus dogmas y sus castigos y sus premios.

Yo sólo espero ser considerado un escritor sudamericano más o menos decente que vivió en Blanes y que quiso a este pueblo.

Una de las razones por las que partí a España es que en México había roto con mi compañera, la primera chica con la que viví. Me fui porque ya no soportaba tanto desamor, como diría la ranchera. Si me quedaba en México me iba a colgar, sabía que iba a morir. Muy fuerte, muy, muy fuerte. Nunca más he vueltoa sufrir tanto como cuando me dejó esa mujer del carajo. Dios la confunda, mala mujer.

Los detectives salvajes es una novela muy larga pero muy legible. Las cosas ilegibles me gusta que sean cortas.

¿Por qué los escritores que aparecen en sus libros son casi siempre marginales, fracasados; perdedores, en definitiva?
- Básicamente, por comodidad mía. El perdedor siempre da mucho más de sí literariamente que un triunfador.

Estoy condenado, infortunadamente, a tener pocos lectores, pero fieles. Son lectores interesados en entrar en el juego metaliterario y en el juego de toda mi obra, porque si alguien lee un libro mío no está mal, pero para entenderlo hay que leerlos todos, porque todos se refieren a todos. Y ahí entra el problema.

¿Su trabajo es tan terrible como algunos dicen? ¿Escupe sangre ante la página en blanco?
- Las dos cosas y ninguna. Es trabajo puro y duro, una orgía de placer y también un martirio.

Hay dos cosas que me resultarían maravillosas. Una es perder la memoria. Y la otra, los años, para poder volver a empezar.


dissabte, 14 de maig del 2011

AREA DE INFLUENCIA

Por unos cuantos años, o así, esperé pacientemente encontrar otro disco en que encontrar, de nuevo, la sensación optimista, luminosa a la par que nocturna, que me provocó Dare de The Human League. Luz casi cegadora de Seconds, focos de marcialidad de Love action. Como dijo algún filósofo hindú de tres al cuarto - desconfío mucho de filósofos hindúes, lo siento mucho – si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Así que tardé un tiempo en darme cuenta que tendría que buscar otras sensaciones, pues esa no se repetiría. 
Con la misma intención me acerco, de tanto en tanto, a escritores más o menos influídos, o, directamente, de la misma corriente literaria de Roberto Bolaño. Probé con Rodrigo Fresán, pues Argentina queda al lado de Chile (un lado fronterizo muy prolongado, parece que Argentina vaya a darle un codazo para que todo Chile caiga al Pacífico), pero no he conseguido superar el arranque del libro (seguramente debería cogerlo en la biblioteca en vez de haberlo comprado). Y ahora he probado con Juan Villoro, mexicano, de ese México en que Bolaño vivió tras salir de Chile, de ese México que alumbró las correrías de Los detectives salvajes. A las pocas páginas Villoro ya había mencionado Irapuato, localidad misteriosa desde la que este blog es leído, y Sinaloa, localidad misteriosa que alberga un club de fútbol donde Pep Guardiola jugó una de sus últimas temporadas. Ese guiño me hizo proponerme concluir el libro, pasase lo que pasase. Llegadas sus últimas páginas, comprendí en una mención a cierto barbitúrico presente en la inflexión vocal de Jim Morrison, que no eran señales suficientes. La prosa de Villoro es certera, sus personajes son originales, sus relaciones son creíbles y uno pondría en boca de Bolaño algunas de esas reflexiones, pero no es suficiente. Puede que Villoro no sufra, aún, lo suficiente.


Devuelto el libro, cómo no, salgo de la biblioteca comprobando que es un bonito sitio, que puede que alguien lo arruine, pero que, de momento, parece que nada malo pueda ocurrirte ahí, que hoy en día es mucho decir. Pienso en esos tristes políticos que esperan a últimos días antes de campaña para sacar pecho por haber promovido que hayan sitios así. Pienso luego que ese dinero ha salido de mis impuestos, así que la pila de libros que acarreo sólo representa en su tambalearse la metáfora de un cierto regreso al equilibrio entre dar y recibir. Y paulatinamente una corriente de pensamientos me acaba llevando a uno de esos artículos en prensa que recopilan ciertos perfiles de candidatos a la alcaldía de Barcelona. Reparo en la edad. Todos andan en la cuarentena larga, Portabella ya en la cincuentena, pero Trias tiene ya 65. Siento, Lydia, lo del ya. Pero no puedo reprimirme. Parece que, igual que Mas no podía morirse sin presidir la Generalitat, Trias no pueda morirse sin ser alcalde de su ciudad. Pero su vida está más que solucionada, seguro, en lo económico. Hace años que vemos a Trias y que convivimos con su curioso (y caricaturizable) hablar. Ahora Trias quiere más que eso, y en tiempos de crisis, de generaciones ni-ni, de un paro juvenil que pone los pelos de punta (pues no es lo mismo aburrirse a los 55 que a los 25), quiere estar bién colocadito unos cuantos años más. Seguro que no lo hace por el dinero (seguro que no lo hace por el sexo, añadiría freudianamente), puede que considere que aportará cosas producto de su experiencia. Pero no creo que sea un buen ejemplo para nadie que se aferre a las poltronas, siempre será malinterpretado por patanes como yo. Yo no digo que vaya a votar a otro candidato porque sea más joven, pero ya ha habido bastante Trias para mí. No creo que sea lo que la ciudad necesita.

AREA D'INFLUENCIA

Per uns quants anys, o així, vaig esperar pacientment trobar un altre disc en què trobar, de nou, la sensació optimista, lluminosa al mateix temps que nocturna, que em va provocar Dare de The Human League. Llum gairebé encegadora de Seconds, focus de marcialitat de Love action. Com va dir algun filòsof hindú de tres al quart - desconfio molt de filòsofs hindús, ho sento molt - si plores per haver perdut el sol, les llàgrimes t’impediran veure les estrelles. Així que vaig trigar un temps en adonar-me que hauria de buscar altres sensacions, ja que aquesta no es repetiria.
Amb la mateixa intenció m'apropo, de tant en tant, a escriptors més o menys influïts, o, directament, de la mateixa corrent literari de Roberto Bolaño. Vaig provar amb Rodrigo Fresán, ja que Argentina queda al costat de Xile (una banda fronterera molt prolongada, sembla que l'Argentina hagi de donar-li un cop de colze perquè tot Xile caigui al Pacífic), però no he aconseguit superar l'arrencada del llibre (segurament hauria d’agafar-lo a la biblioteca en comptes d'haver-lo comprat). I ara he provat amb Juan Villoro, mexicà, d'aquest Mèxic en que Bolaño va viure després de sortir de Xile, d'aquest Mèxic que va enllumenar les correries dels detectius salvatges. A les poques pàgines Villoro ja havia esmentat Irapuato, localitat misteriosa des de la qual aquest bloc és llegit, i Sinaloa, localitat misteriosa que alberga un club de futbol on Pep Guardiola va jugar una de les seves últimes temporades. Aquest gest em va fer proposar acabar el llibre, passés el que passés. Arribades les seves últimes pàgines, vaig comprendre en una menció a cert barbitúric present a la inflexió vocal de Jim Morrison, que no eren senyals suficients. La prosa de Villoro és encertada, els seus personatges són originals, les seves relacions són creïbles i un posaria en boca de Bolaño algunes d'aquestes reflexions, però no és suficient. Potser Villoro no pateixi, encara, prou.



Retornat el llibre, és clar, surto de la biblioteca comprovant que és un bonic lloc, que pot ser que algú ho arruïni, però que, de moment, sembla que res dolent pugui passar-te aquí, que avui en dia és molt dir. Penso en aquests tristos polítics que esperen últims dies abans de campanya per treure pit per haver promogut que hagin llocs així. Penso després que aquests diners han sortit dels meus impostos, així que la pila de llibres que porto només representa en la seva trontollar la metàfora d'un cert retorn a l'equilibri entre donar i rebre. I poc a poc un corrent de pensaments m'acaba portant a un d'aquests articles en premsa que recopilen certs perfils de candidats a l'alcaldia de Barcelona. Parlen de l'edat. Tots estan en la quarantena llarga, Portabella ja en la cinquantena, però Trias ja té 65. Sento, Lydia, el ja. Però no em puc reprimir. Sembla que, igual que Mas no podia morir-se sense presidir la Generalitat, Trias no pugui morir sense ser alcalde de la seva ciutat. Però la seva vida està més que solucionada, segur, en l'econòmic. Fa anys que veiem a Trias i que convivim amb el seu curiós (i caricaturesc) parlar. Ara Trias vol més que això, i en temps de crisi, de generacions ni-ni, d'un atur juvenil que posa els pèls de punta (ja que no és el mateix avorrir-se als 55 que als 25), vol estar bén colocadet uns quants anys més. Segur que no ho fa pels diners (segur que no ho fa pel sexe, afegiria freudianament), pot ser que consideri que aportarà coses producte de la seva experiència. Però no crec que sigui un bon exemple per a ningú que s'aferri a les poltrones, sempre serà malinterpretat per terrossos com jo. Jo no dic que vagi a votar a un altre candidat perquè sigui més jove, però ja ha hagut prou Trias per a mi. No crec que sigui el que la ciutat necessita.
Segueix a @francescbon