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dilluns, 14 de gener del 2013

ARTE CALLEJERO

Cuenta una anécdota que igual ya he explicado que un turista se iba alucinado de un viaje a Barcelona explicando la inmensa fortuna que debía tener un tal Lloguer ya que había montones de locales que proclamaban ser suyos. Local de lloguer es la frase en catalán que se pone para anunciar que un local está disponible. Podría hacer una tesis doctoral sobre esos carteles sin alejarme más de cien metros a la redonda desde mi casa. Son locales que han albergado montones de negocios idos al traste: tiendas de golosinas, copisterías, tiendas de ropa (de adultos y de niño), kioscos, alimentación preparada, muebles, material de oficina, productos de cocina italianos. Me ha llevado más tiempo escribirlo que recordarlo. Curiosamente hay locales que subsisten a capa y espada, o contra viento y marea. Mi amigo inconsciente, el que me inspiró Comida para reptiles, abre intermitentemente y pone o quita el cartel de alquilar el local (supongo que el vaivén de sus ventas debe contar con ese indicador a ojos de los extraños). Los chinos y los bares y los paquistaníes y la alimentación no parecen apenas afectados. Los une un curioso elemento: los chinos se han lanzado en masa a dispensar algo tan exótico como el kebab. Aún así, la frontera no está cruzada: no veo kebab con carne de cerdo, sólo ternera o pollo. Veremos como, en el ineludible momento en que la masa de parados se convierta en un ejército hambriento e implacable, se lanzan sobre esos comerciantes. A los que uno puede ponerle las pegas que quiera. No entres en sus instalaciones si te parecen poco aseados o no te gustan sus productos o los precios que les ponen. Quéjate de que los chinos son baratos (y a saber qué pondrán) y los pakistaníes caros (y a saber qué financiarán con tanto dinero). Pero, ay, absurdo quejica de esos que dicen que los inmigrantes roban nuestros puestos de trabajo. Pregúntate quien de la remilgada minoría lugareña está dispuesto a abrir un bar 16 o 17 horas diarias todos los días del año y no volver a su país de origen en más de diez años. O quien está muerto de asco sobre un mostrador a la una de la madrugada de un lunes esperando que un imbécil lo asuste para llevarse un paquete de pañuelos de papel. Ah. Los de aquí claro que no. Curioso: no nos quejamos de que las multinacionales opten por poner dirigentes de sus países de origen (Japón, Alemania, Francia, USA, son ejemplos flagrantes) porque son señores adinerados que viven en barrios caros y apenas salen de sus escuelas bilingües y sus casas y gimnasios, pero la otra inmigración es la que nos jode. Vaya. Qué justos y generosos y buenos samaritanos somos. Y los magrebíes que trajimos a punta pala porque eran buenos albañiles, y ahora hemos dejado en la estacada, con los nulos beneficios de su contratación ilegal. Ah. Y filipinos y dominicanos que aceptaban limpiar viviendas o custodiar viejecitos porque nuestras manos europeas están diseñadas para otros menesteres más nobles o elevados. Esos también tienen la culpa porque encima cuando les duele la espalda de tanto acarrear peso no tienen mejor idea que ir al médico. Jodidos.

divendres, 11 de gener del 2013

LA CRISIS INMOBILIARIA

Pues tiene que ser Ana, nueva lectora, quien me hace cierto comentario que yo no debería tardar tanto en descifrar. Vamos, que me hace recordar que esto de intentar alejarse algo de la prensa convencional y donde planta sus focos es como un proceso en el que te sientes inicialmente en fase de aislamiento, pues todas las referencias se reubican. Y es cierto lo que Tuli me dijo: algo así como que la calle era el mejor periódico. Aún así, el que una librería llamada Catalònia cierre tras 88 años y en su lugar se vaya a ubicar un McDonalds es algo de lo que yo debería enterarme más pronto de lo que lo he hecho. En fin: un pretexto para volver a escribir, que ya lo necesitaba. Otra piedra más en el enorme edificio construido por hoteleros y restauradores y boutiques de moda para que la Barcelona que ya es tan post-olímpica que empieza a parecer pre-olímpica sea una enorme máquina tragaperras para turistas. Da igual de dónde vengan y dónde meen sus borracheras. Europeos (o sea, más europeos), japoneses o rusos. Cuélguese la cámara, babee delante de la Pedrera, pague 7 euros por una jarra de cerveza y vuelva a casa con una denuncia porque le han robado la cartera. Gaudí quiere decir, fonéticamente, disfrutar. Pues ale, quite esa mierda de librería que no hace más que estorbar, a quién va a interesarle un librito con el que lo único que vas a hacer va a ser abanicarte en julio y pasarle el plumero cada par de semanas. Va: joderos, elementos culturales, pasad esa época de vacas flacas que os habéis buscado con el rollo de la cultura gratuita y las descargas y el crowdfunding y esa sarta estrafalaria de sandeces. Cuantos escritores están gordos, leches. Si hasta el plomo de Pérez Reverte está pidiendo a gritos que le pongas un vaso de leche con galletas.
Mientras, recuerdo que Selene ha decidido envolver primorosamente sus escritos de la web y decidir que salten a las estanterías. Eso son cojones. Recuerdo también que Blue se ha embarcado en una aventura consistente en fotografiar libros asomados en el balcón de su casa, y que me da envidia su cuidada selección repleta de Anagramas, Alpha Decays, Blackie Books, Acantilados, Libros del Asteroide y algo de Tusquets (pero libre de Murakamis, ergo, esquivando el cuerpo a cuerpo). Y como esto ya queda muy solipsista recuerdo que he prometido crear la solapita con mis lecturas en ciernes, que es eso, cernirse, lo que hace una pila precaria, cernirse y cimbrearse con la brisa matinal, con el humo del café, que a veces se levanta rabioso, como una ventisca marrón de esas que acojonan a los australianos.

dijous, 31 de maig del 2012

LA NOCHE MAS OSCURA

Acompaño a mi hija precipitadamente a encuadernar un trabajo para la escuela. Por el camino, la consabida retahíla que se espera de mí como padre: no hay que dejarlo todo para el último momento, Mònica; no te puedes fiar de que algo falle cuando no tienes tiempo de reaccionar, Mònica. Que sea la última vez, Mònica.
Existen, cosa que me tiene alucinado, locales en Barcelona que encuadernan y fotocopian y venden material de oficina, que abren las 24 horas. Toda la noche. O sea, los estudiantes olvidadizos y rezagados son un claro mercado. Son las diez de la noche y no estoy habituado a conducir a esas horas por la ciudad. Avenida Diagonal, pleno centro de Barcelona. Falta luz, noto. Antes, en esa zona, conducir o pasear de noche era pasar delante de un escaparate iluminado tras otro. Los comercios dejaban las luces de los escaparates encendidas para mostrar su género, aunque estuvieran cerrados. Ahora hay bastante oscuridad. Primero porque la inmobiliaria ha cortado el suministro de luz mientras espera volver a alquilar el local. Después porque, aunque hubiera luz, no van a iluminar un triste cartel de "Se alquila". O un deprimente local vacío. Que un día fue un ilusionante local vacío, cuando alguien instaló un negocio de lo que fuera y contó con personas ilusionadas que le comprarían ropa, o jarrones, o mesitas para el café. 
Las fachadas de los edificios, a la altura de la calle ya no nos iluminan tanto.
Mi ciudad está más fea y triste. Sé que suena superficial.

Nos dicen que lo hemos causado entre todos y yo digo que ni de coña, que han sido unos pocos. Vamos. 

dissabte, 21 d’abril del 2012

GRIETAS EN EL PAVIMENTO

Ayer: recorro la ciudad en mi coche a eso de las tres del mediodía. Voy cerca del mar y el día es claro. El azul del cielo es intenso y las nubes se recortan en él. El sol les facilita marcos para su silueta y los semáforos me hacen ir parando. Esos semáforos que otros días se hacen eternos hoy no me dejan hacer la toma correcta, y la Blackberry de las narices hace unas fotos horribles. Ni la paciencia ni el sentido del enfoque parecen formar parte de un hipotético top five propio de cualidades. Hay quien me mira y pensará un breve momento sobre el chalado que hace fotos a las nubes con el teléfono. Todos, a los pocos segundos, estarán pensando en otra cosa. Permanecen en nosotros las cosas que nos indignan o las cosas que nos impresionan. 
Como esos artículos diarios que hablan, a veces de temas importantes, a veces de banalidades. Como un café: te acuerdas de donde te pusieron prácticamente agua de fregar en una taza, y de aquel en que la crema que había sobre el líquido era casi la puerta al paraíso del aroma y la intensidad. Del resto, de los miles de cafés normales que tomas al largo de tu vida, poco te queda. El momento, la liturgia mecánica, el tintineo de la cucharilla contra la taza, la sacudida espontánea del sobre del azúcar. Uno más, que pasa al olvido, al lado de otros. La banalidad nos invade, porque apasionarse constantemente resulta agotador. 

Claro, es eso. Ayer la web de Orsai sacó el consabido tema de YPF y a pesar de todo no hay sangre. Unos lo achacarán a lo civilizado, otros a la indiferencia generalizada acerca de esos temas, que tan poco nos afectan el día a día a la mayor parte de nosotros. Yo opino que la pereza también tiene que ver ahí. La pereza hace que uno prefiera seguir sentado si no merece la pena levantarse. La pereza está en el libro de estilo de un buen Bartleby. Y el que es un Bartleby sin ser consciente de serlo seguirá ignorándolo. Ni hará una búsqueda por la palabreja de marras. 

Hoy: recorrería la ciudad a las ocho de la tarde?. No, tenedlo seguro. Estaré tenso, expectante, y nadie conseguirá por mucho que mencione la palabra opio, o la palabra distracción, que muestre el mínimo indicio de arrepentimiento. Las cosas van como van, y ciertas edades ya son muy avanzadas para cambiar vicios o virtudes.  

Lo que decíamos: columnas diarias de las que, como mucho, recuerdas levemente el tema que trataban y, muy raramente,  una frase apenas, que cala más que otras. Pero que, como las nubes de todos los días, pasan de largo a menos que quieras recordarlas con una foto.


dimecres, 4 d’abril del 2012

¿PUEDO MEJORAR ESTO CON UN POST MIO?

Hoy el conseller Puig ha anunciado la puesta en marcha de una web para identificar los causantes de los disturbios del 29-M. Te apuntas ahí, ves alguien que conoces, les avisas.

¿Geheime Staat Polizei, se llamaba eso?

Web que, por supuesto, no es esta.

http://palomitasenlosojos.com/

http://vimeo.com/39507381

dimarts, 6 de març del 2012

ANTIDOTOS CONTRA EL OLVIDO

Tenía unos 11 años y salía de la escuela a las 12 del mediodía. No había de regresar hasta las 3 de la tarde, con lo que bajábamos al parque, ya solos, pues en esa época no había tantos coches ni tantos miedos. Iba al parque de la Sagrada Familia, el que queda justo delante de la entrada al templo por Sardenya. La actual, claro. En 1975 la Sagrada Familia de Barcelona no era la máquina de hacer dinero en que se ha convertido ahora. Había turistas, sí, pero no organizados en colas larguísimas, con las cámaras colgando del cuello y el dinero de la entrada preparado, delante de las taquillas. No había cientos de japoneses en autocares con el techo al sol, hipnotizados por la obra de Gaudí.
Nos sentábamos apoyados en las barandas de una pista de patinaje que ya no está allí. En su lugar han puesto, espaciados y alineados ordenadamente, una serie de pipi-canes. Ahí estábamos mis amigos del parque y yo: el Rober era uno que decía ser de familia italiana, para marcar el territorio; el Lleixà iba a mi misma escuela, un año más, tenía un montón de hermanos, que sólo podían caber en un gran piso, así que tenía una enorme habitación con varias literas alineadas en las que dormían como si fuera un cuartel; el Poli, ¿qué otro nombre se podía sacar un poco decente cuando tus padres decidían llamarte Hipólito?. Yo no tenía mote, por lo menos que supiera. 
Como nos colábamos en la obra de la Sagrada Familia, para ponernos a jugar a fútbol en una explanada (por detrás de la zona donde los albañiles trabajaban, y sin ser conscientes de que era casi como profanar el que sería más sagrado emblema de nuestra ciudad), pensábamos que eso nos convertía en unos auténticos transgresores de la ley, por lo que nos autodenominábamos la G.S.F. : los Gamberros de la Sagrada Familia. Ya que pensábamos que saltar una pared de piedra de apenas metro y medio de altura, ponerse a jugar aquel clandestino partido, y salir corriendo en cuanto aparecían los empleados de la obra, nos convertía en peligrosos muchachos a los que respetar. O amedrentar siempre al mismo crío, al que enviaban a por pan al mediodía. Amedrentarlo con tanta convicción que casi se acercaba a nosotros a que le dijésemos las cuatro tonterías y, vale, hasta mañana. De 9 a 12 éramos escolares, hasta las 2 y cuarto o así unos pendencieros para, después de comer, volver a las clases hasta las 6 de la tarde.
Entonces un día murió Franco. Los periódicos pusieron su foto en portada, las pocas cadenas de TV y radio pusieron música triste y clásica, clásica y triste, y nosotros tuvimos dos días de vacaciones, pues con once años pensamos que eran vacaciones, aunque dijeron que el país estaba de duelo. Uno no podía trabajar, o estudiar, y llorar a la vez. Lo importante esos días era llorar. Por eso pusieron una capilla ardiente en Madrid y hubo unas colas kilométricas ante las que desfilaban mujeres con velos y con el gesto desgarrado. 
Quién me diría a mí que treinta y cinco años más tarde comentaría algo parecido sobre un tipo de Corea del Norte.
Pero en mi casa nadie lloró. En muchas casas se brindó y se esbozaron sonrisas que estaban casi olvidadas. A escondidas, con la excusa preparada por si alguien calificaba ese comportamiento de poco afín al régimen. Pero las lágrimas se ahorraron para otras ocasiones.
A los pocos años yo llenaba mis carpetas de adhesivos con logos de partidos políticos. Con especial énfasis en los que llevaban la hoz y el martillo, que habían sido símbolos de terror y sordidez, y entonces parecían simplemente una imagen más, un icono de impacto que más tarde se usaría para vender camisetas. Como el Che Guevara. Como la bandera de Jamaica.
Cuando uno lee obras de la magnitud de Los girasoles ciegos, primera y única publicada por Alberto Méndez (por las fechas de edición y fallecimiento del autor, veo clara una cierta intención de testamento artístico), piensa que, por años que pasen, no hay que olvidar cosas muy importantes. Que un ejército, que tiene armas porque el pueblo se las ha dado para que le defienda, se gire en contra de un país. Que esa revuelta acabe con la muerte y el expolio de un gran número de personas y se pretenda pasar página, a costa, claro, de mantener el status quo que beneficia a los vencedores y los eterniza en su condición. Que se conserve la influencia de ese poder tomado por la fuerza para mantener una monarquía absurda.

Olvidamos demasiadas cosas porque duele recordarlas. Y ese olvido es un veneno.

divendres, 2 de març del 2012

EL CIERRE DE FILAS

Resulta espectacular la reacción de los medios ante los hechos que se producen últimamente. Todo un New York Times presta atención, en portada, a la imagen del manifestante que, enfundado en su hoodie, se enfrenta al empleado del mes del banco que le planta cara, en medio de una  de las protestas estudiantiles de los últimos días. Centro de Barcelona. Serviles como ellos solos, los medios más afines al sol que más calienta se han prestado a entrevistar al empleado, que modestamente niega indicios de heroicidad alguna en su acción. Quizás espera alguna medalla del banco al que defendió.
Mientras, yo recojo a través de comentarios en mi post de ayer posturas nada ambiguas con referencia a estos temas. Que se podrían resumir en que si hablando no te hacen caso, tal vez haya que gritar, y si ni así, pues ya veremos. En medio de opiniones sobre Carlos, sobre los movimientos extremistas europeos de los años 70, mayo del 68, y otros hechos que conmocionaron la sociedad décadas atrás. Ahora la conmocionan otras cosas. Curioso, este nuestro espontáneo acuerdo, que nos elevaría, según las opiniones de tertulianos de radios y televisiones convencionales, a todos los que así opinamos a la categoría de peligrosos activistas, de aviesos ideólogos que con sus arengas entregan y conducen a ingenuos y otrora dóciles jóvenes, a las fauces del sectarismo y el fanatismo. Como si tuviesen grandes alternativas, aparte del mando a distancia, el sofá, y dejar que los rayos catódicos los conviertan en babeantes seguidores de Quintanas, Campos y parecidos. No se preocupen: auto-declararse radical ya empieza a ser convencional.

Además, ciertos indicios, que en otra época yo hubiera llamado señales, parecen indicarme con claridad que éste es el buen camino.

Visito la web de RDL y acabo incluyendo la frase de Marçal, músico de la formación arty-punk  ¡Pelea! (apropiadísimo nombre) mencionando a Walter Benjamin  y el concepto (en mayúsculas: importante) de Violencia Divina. Como la furia de los elementos pero en la tierra. Como un tornado que no mueve el aire de la atmósfera sino el viento (curioso, mencionado en el poema de Germán, en http://decicrisis.blogspot.com/2012/02/blog-post.html, que habla de un culto a un tal Bön, seré egocéntrico !!), el viento de las ideas osadas.
Entonces también rebusco en la web de Mr. Blue, dónde recomienda leer la Historia abreviada de la literatura portátil, algo denso libro de Vila-Matas, pero que ya en su contraportada menciona un reducido grupo de escritores entre los que sale, bingo!, Walter Benjamin.
Hablo de los captchas y Karina me recomienda un vídeo grabado en TEDX (igual que la conferencia de Casciari !! bingo#2!!), http://www.tedxriodelaplata.org/videos/utilizando-poder-millones-mentes-humanas sobre el sentido de las extrañas palabritas, y su aprovechamiento globalizado. John Self se apresura a comentarme que tiene pensado hacer algo sobre los captchas, que ya veremos lo que es (pero salivo como el perro de Pavlov, igual que mientras espero la Orsai 5). Me lamentaría si dijera que se ha adelantado a una idea, pero esa no era la mía. La mía era montar anagramas con los captchas que me inspiren, que serán, práctica y necesariamente, aquellos que contienen una mejor proporción de vocales y consonantes. Crear títulos o frases y que esos tiren, a la Kapuscinski, de esta perezosa y limitada imaginación que, últimamente, sólo sirve para ver y recomendar, leer y recomendar. Ved Treme, leed Las correcciones (ya comprendo que HBO puede sacar de ahí una serie).
Lo hice, y un día de éstos veréis mi primer post con título de captcha anagramizado.

Cuando leo esta última frase empiezo a comprender que uno sabe de donde sale pero rara vez prevé adonde llega. Justo le dije a Ronny, sobre las manifestaciones, algo parecido. O somos un micromundo de no más de 200 o 300 sonados (justo el número de manifestantes violentos e incontrolados a los que la policía de Barcelona atribuye la responsabilidad de todos los desperfectos, siempre), o  es mi cabeza. Pero tanto cierre de filas me tiene muy mosqueado.



dijous, 22 de desembre del 2011

ECONOMIA Y COMPETITIVIDAD

13 ministros más bién veteranos, algunos ya muy vistos. Un ministro de economía que estaba al mando de la prestigiosa Lehman Brothers. Una portavoz que se pasa por el forro el permiso maternal, dando ejemplo de conciliación. Ministros con voz de no-do (Montoro: espectacular). Ministro catalán, nacido en Fachadolid, de nombre Jorge. Ministro vasco, relacionado con la industria de armamento. Mas, que se cree el gran hombre por votar en contra. Amaiur, absteniéndose. Adiós cuarto de ESO (O=obligatoria, por tanto gratuita o concertada). Hola, tercero de bachillerato (opcional, de pago). Adiós semanitas que se hacen cortas entre tanta fiesta, hola puentes oficializados.

En seis meses, nueve a lo más, las maletas.

Si algún día me voy, al margen de familia, amigos, conocidos y saludados, puede que eche en falta algunas cosas.

La Rambla de Catalunya, que ha acabado siendo más cálida que el Passeig de Gràcia.
Las calles de Gràcia (quizás las de Sants y las del Raval también) que me quedan por investigar, que no conozco en absoluto ni intuyo apenas.
Las casitas de Horta que nunca tienes tiempo de pararte a contemplar.
Las de la Bonanova que se han convertido en clínicas (abortivas, estéticas, de desintoxicación).
Las manzanas del Eixample llenas de carteles con pisos y locales en alquiler, para pasar por delante y pensar cómo viviría uno allí, qué montaría uno allí.
Un letrero en uno de esos locales, que decía Adiós. Una palabra que, en aquellas circunstancias, estimula poderosamente la imaginación.
Muchas bibliotecas donde siempre encuentras ciertos libros, porque seguramente nadie más los lee.
El regusto canalla del Paral-lel, del cual, oficialmente, sólo queda apenas un par de metros cúbicos de aroma. La esquina del Studio54, dónde alguien me pispó, en 1982, un pin (qué coño pin, se llamaba chapa) de los New Order. Oficial: el primero de Barcelona en llevarlo (que alguien me demuestre lo contrario).
El regusto, no canalla sino parisino, de la calle Trafalgar a primera hora. Cerca del cruce con Girona o Bruc.
Los parques a los que hubiese ido si mis hijos no hubiesen crecido tan rápido.
Las rutas por las que uno puede cruzarse corriendo a 6Q, algún día, incluso aunque juegue el Barça.

Y compré, porque si uno espera sabiamente siempre llegan ciertas ediciones de bolsillo, De qué hablo cuando hablo de correr, de Murakami. Del que espero, quizás ingenuamente, que me empuje a un renacimiento.


dijous, 22 de setembre del 2011

OBRAS DE CARIDAD

A veces, pocas, me va a dar por aclarar ciertos títulos, por si es de ayuda.

Obra : trabajo realizado sobre algún edificio o construcción con fin de mejorarlo, reformarlo, adecuarlo.
Caridad : virtud de ser caro.

Barcelonés de toda la vida como soy, en algún post ya habré mencionado que pasé mis primeros 29 años de vida en el barrio de la Sagrada Família. 
No sé si concreté que el parque que queda entre las calles Mallorca, Provença, Sicília y Sardenya fue el escenario de mis primeras correrías tanto como tierno infante en compañía de mi familia y, más adelante, alrededor de mis 11-12 años, como preadolescente dispuesto a interpretar que el mundo al fín era suyo porque ya le dejaban bajar solo. Allí pasábamos mediodías de días de escuela (cuando había tres horas para comer), tardes de otoño y primavera. Años más tarde se construyó, a base de expropiaciones, al otro lado del templo, la Plaça Gaudí, cuyos recuerdos ya no son tan tiernos para mí. Mi edad ya era otra y, como a todo el mundo, mi barrio se me quedó pequeño, o eso me gustaba pensar. Podría tiznar esto de nostalgia con cualquier pretexto, pero no es mi propósito.
Ayer una enorme cifra aparecía en portada de algún periódico barcelonés : 2026. Parece ser que, debido al enorme empuje que supone el castañazo de cobrar 12 o 14 euros a los turistas que quieren visitarla, la Sagrada Família dispone ya de una fecha prevista para su finalización. 
No sé si los visitantes de este blog van a montar en cólera, pero a mí los turistas acaban poniéndome bastante nervioso, especialmente esos grupos que se presentan en masa y lucen gorros conmemorativos. Que disponer de ciertas cosas bonitas puede dar mucho lustre a nuestra ciudad me resulta entrañable pero recordemos que no todos somos beneficiados por el flujo económico que su presencia acarrea. La expresión  no todos es aquí un claro eufemismo de sólo unos cuantos. Pero en fín, no seamos muy críticos, quizás su masiva presencia nos dispensa a los autóctonos de algún porcentaje más elevado de tirones, sustracciones de carteras, etc. En todo caso Barcelona ya es un destino turístico de primer orden en el globo, no hay remedio.
Pero resulta que el final de las obras de la Sagrada Família, una de las acciones previstas era rodear el templo de cuatro manzanas del Eixample Barcelonés ( aproximadamente una hectárea cada una de terreno urbano ), que se destinarían a parque y zona verde disponiendo una cruz en torno al templo, que quedaría en el centro. Enternecedor. Lo que pasa es que para desalojar las dos manzanas, que actualmente están ocupadas por algo así como unos 100 edificios en total, que serían unas 700 o 800 viviendas más todos los locales (muchos dedicados a la restauración y el comercio con el fin de atender a los guiris), habrá que expropiar, y demoler, todos esos pisos, para luego proceder a la construcción de esos parques, que dudo que se apañen con cualquier cosa. A mí me sale, a un precio moderado de vivienda y suelo y tal, que la cosa no va a bajar de unos 300 millones de euros. Todo para que el dios de unos cuantos sea bién venerado. Sé que faltan un montón de años para que eso pase, pero por eso mismo, para que los vecinos que viven en pisos que puedan ser objeto de esa expropiación puedan vivir tranquilos, evitemos especulaciones, enormes obras, lo mejor que podría hacerse es no efectuar ese gasto absurdo y emplear ese dinero en otra cosa.
Claro que me pregunto de quién es ese dinero. Está claro que no es de nuestros impuestos, faltaría. Por lógica será de alguna institución religiosa vinculada y orientada a la promoción de la obra. Institución que a mí me suena fatal que sea tan ambiciosa y ostentosa y avariciosa como para no comprender que el mundo necesita mucho más ese dinero que su dios un par de hectáreas para reunir aduladores. Algún pecado mortal se infringiría ahí. Lo bién que quedaría que ese dineral se emplease en gente más cercana que sí lo necesita. Porque si dios es todopoderoso una chorrada de parques se la deben traer floja, no ??

dissabte, 30 de juliol del 2011

HEMOGLOBINA NOW

Qué puede uno decir de un libro que, justo leído el prefacio, ya te ha hecho buscar en el diccionario qué significa el verbo escalpar ?. Verbo que en un principio yo debería haber sabido de antemano que quería decir. Pero uno falla, vaya si falla uno. Se da la circunstancia que había visto más películas basadas en libros de McCarthy que leído sus libros. Dos (La carretera y No es país para viejos) a uno (La carretera). Con un estilo áspero y seco, pero rico y abarrocado en sus descripciones, que debe volver loco a los traductores, me da la impresión que Meridiano de sangre, del cual apenas he llegado a la página 80, es un libro que, cuando acabas, lamentas no poder empezar a leer de nuevo viviendo las mismas sensaciones. Eso le dije a 6Q cuando le animé (el emplearía un término más cercano a la coacción casi física, pero es que el tío es un exagerado) a ver The Sopranos. Como envidio a quien se acerca a semejante maravilla con la ilusión del descubrimiento.
También me resulta extraño, por su poderosa presencia física, que esta especie de epopeya no haya sido llevada a la pantalla: uno huele el sudor y siente la aridez y casi oye crujir la arena reseca a medida que se zambulle en sus páginas. Me temo (ese temor procede de la certeza de que tanta crueldad y tanto odio provienen de una descripción minuciosa de episodios reales que se parecieron mucho a esa ficción) que uno también sale de ese libro habiendo aprendido algo de la historia de Norteamérica, ese país que (dije en un post) a veces ponemos de moda criticar, pero de cuyas creaciones no podemos prescindir (escribo en blogger, navego en internet con google chrome, uso Windows 7 en un procesador intel ).

Dije esta mañana (que ha sido una mañana pedestre como ella sola) que, tras la Rambla, iría a Enric Granados. Perdón a los (pocos según las estadísticas, pero de los que me siento muy orgulloso) lectores que no son propiamente de Barcelona o no la conocen. La calle Enric Granados traza en apenas algo más de un kilómetro una curiosa transición. Hoy la he recorrido entera, desde ese nacimiento en la Diagonal  más chic (como una especie de continuación avergonzada de la selecta calle Tuset) hasta su traspaso en Diputació, justo en la zona donde, en la parte trasera de la Universitat, antes se situaban librerías de segunda mano, esas que desaparecieron en masa, y que lo único que dejaron de recuerdo es una acanallada sensación de sex-shop, de librería erótica, de revista porno de segunda mano (término acertadísimo), de una cierta sordidez relacionada con el sexo, que es (intento esquivar frases de Woody Allen) lo más divertido de la vida. Si no lo es, miles de millones de personas se empeñan en contradecirme.

Por cierto : hablando de librerías de segunda mano y de Meridiano de sangre, seguro que la copia que Cercles tenía en su escaparate está aún ahí. No sé a qué esperamos.

Enric Granados: músico catalán, compositor y pianista, con cierta influencia del romanticismo y del impresionismo. No me va demasiado la música clásica.

La calle : desde que hace unos lustros la convirtieron prácticamente en una calle peatonal, ensanchando la  acera de la izquierda en sentido mar, es como si hubiesen creado una especie de pequeña rambla con un cierto regusto afrancesado (como la música de Granados, si wikipedia no me engaña). Ese ensanchamiento permitió la profusión (obviamente en verano) de terrazas de bares y restaurantes, con una mayor presencia durante el día (la zona está repleta de oficinas con hambrientos burocrátas encorbatados), pero nada desdeñable por la noche. El escaso tráfico, su anchura y la presencia de árboles la convierten en una calle algo más sombría, cosa que se agradece incluso en veranos que, como éste, sólo se insinúan tímidamente. No sé por qué instintivamente he bajado por la izquierda, pero por ese mismo motivo el día que tenga la inspiración y las ideas desecadas como el desierto de México del libro, bajaré por la derecha, o subiré por la izquierda, a ver si la acera de enfrente me da otra perspectiva.
Por cierto: a ver quién de los que me leen sabe cual es el orígen de llamar acera de enfrente a  los no heterosexuales (esos que una panda de zumbados proponen llamar desde ahora LGTBs)...
Anticuarios (que parecen depositantes a largo plazo de cosas preciosas pero carísimas). Los mencionados bares de menús, con dos opciones, la del currante que baja con los compañeros, la del que baja con algún cliente o potencial cliente. Un  nightclub. Bares de copas. Una tienda especializada en vinos. Alguna de ropa chic de mujer. Una tienda de recambios de coche, destartalada y, seguro, objeto del deseo de algún restaurador ávido de instalarse ahí. Más muebles. Paso Provença y busco VideoInstan, tienda donde, hace casi 30 años, unos cuantos dieciochoañeros acudimos casi furtivamente a alquilar un VHS porno. No veo VideoInstan y me digo, palmariamente, claro, quién alquila ya nada con emule y megaupload y todo eso. Me considero a mí mismo un crack pues ya dije que acabarían cerrando. Cien metros más tarde, pasada la comisaría que hace esquina con Mallorca, veo que me he equivocado, que VideoInstan sigue abierto, que estaba una manzana más abajo de lo que me acordaba, pero ahí, con esa incómoda escalera de bajada. Adiós mi libro superventas de gurú de la economía. Más bares y un edificio que pone Siervas de María. Me acuerdo del porno y del personaje de una película de Austin Powers : María Unpajote. 
Cruzo Aragó y dejo a mi espalda la intimidatoria presencia a la derecha de la sede de la Agencia Tributaria: estoy en paz con ellos, gracias a Dios, y si no, en el convento habrá una capilla. Y un cepillo para el dinero negro.
Más abajo la calle pierde un poco esa personalidad, hemos rozado de puntillas el gayxample, que queda algo más a la derecha, y esa parte ya no está tan transformada. Pasado Consell de Cent, el bonito pero poco estimulante edificio de los seminarios. Tras los seminarios, lógicamente, Diputació con su sex-shop, y la Universitat, los jardines de la Universitat, con una puerta para acceder a ellos que parece como una especie de entrada avergonzada.



dimarts, 29 de març del 2011

CEJAS QUE SE ARQUEAN

Leí una historia sobre las primeras máquinas de fax. No la voy a explicar, pero acababa con conclusiones muy poderosas y de las que empresarialmente se podía aprender mucho. 
También he leído consejos de Mark Cuban, a cuya figura me ha llevado la curiosidad al verlo interpretándose a sí mismo en varios capítulos de la séptima temporada de Entourage (portentosa, dinámica, ágil). Y he visto a una antiquísima compañera de instituto, Lali Sandiumenge, escribiendo un blog online sobre los acontecimientos del mundo árabe. Luego, a un ex-compañero de despacho abriendo cuatro páginas web, sobre todas sus filias (y aún creo que se queda corto pues, afortunadamente, le gustan muchas cosas). Todas estas cosas me han  hecho pensar en esa simbiosis con el blog de 6Q y ese mundo particular (pero que no tiene vocación de particular) que se ha montado. 6Q siempre se queja (hace treinta años no te quejabas tanto, chaval !!) de potenciales ideas que mutuamente nos pisamos, y el pisarse mutuamente me recuerda a los bailes agarrao, y de ahí a Sergio Dalma ( y Sergio Dalma me envía a lavabos públicos donde no dejaré pintadas, de momento).
Yo debería hurgar en mis propios baúles mentales para sacar ideas, pero me imagino que ese libro sea un best-seller de algún conocido autor, y mi única condición excluyente, aparte de las obvias, sería Isabel Allende, y no creo.
Me ocurre con los best-sellers que me recuerdan esa dinámica empresarial de la inversión y me incomodan, dado como soy a artistas potencialmente suicidas que dejan descuidados sus obras por los rincones (y esos rincones no tienen control de difusión ni copyright). Veo que los Pet Shop Boys editan un disco con una obra para ballet, y mi ceja se arquea, se arquea de una manera inhumana, casi como un cable que llega a grinyolar (y no encuentro una palabra en castellano que iguale esa sensación... crujir, crepitar ??), pues de repente ese giro en la carrera pienso que me va a doler hasta físicamente (como Rufus Wainwright escribiendo una ópera), para obtener un cierto respiro al comprobar que esa música aún conserva una pulsación electrónica muy notable, que supera a su previsto clasicismo. Aún es pronto para enviarlos al infierno. Nadie ha ido a la tienda a cambiar su arsenal de sintetizadores y secuenciadores por un stradivarius. Nada está perdido, y esa música, a la que me cuesta asociar señoras con tutú y moños apretadísimos (alguien puede que acabe notando mi escepticismo hacia el ballet clásico), se acaba deslizando sinuosa, con cierta elegancia, sinuosa como esas suaves curvas de la calle Balmes, primera calle de Barcelona de la que hablo aquí con cierta intención, mira por dónde, otros hablan de rincones escondidos y encantados y encantadores, yo me entrego a una larga calle dónde resulta placentero, en las condiciones adecuadas, conducir con cierta alegría (prudente alegría, aclaro), desde esas señoriales fincas del Putxet hasta morir en la acanallada calle Pelai.

dissabte, 12 de febrer del 2011

ME SIENTO EN UNA ROCA Y MIRO AL HORIZONTE

Sé diferenciar un calentón de una decisión. Que sea irreversible ya es más complicado. Ayer hice una promesa que hoy no voy a cumplir.
A pesar de mis constantes declaraciones de amor por París, Barcelona es mi ciudad. Llevo toda la vida en ella y aunque a veces me abruma, y me aterra pensar en lo caro que resulta vivir en ella y lo muy agobiante que puede ser el centro en pleno verano, sólo hago que entrar por la Diagonal, o por Gran Vía, o por Vallvidrera, y estoy en casa. Luego veo las caras extrañas por todas partes y más bién pienso que no, que puede que no sea exactamente una casa, que quizás se acercaría más a un enorme hotel o a esos grandes edificios llenos de pisos y ascensores donde tras años y años de vivir apenas alcanzas a conocer a dos o tres vecinos, que son justamente los que nunca encuentras cuando te apetece.

dimecres, 27 d’octubre del 2010

MENTIRAS QUE SE INTERCALAN PARA DAR COHERENCIA A UN CONJUNTO

En la plenitud de su fecundo período creativo ( el que se extendió de 1985 a 1993 ) los Pet Shop Boys no dudaban en usar dos, o tres, líneas melódicas en la misma canción. Dilapidaban talento ( quizás justo ahora se estén arrepintiendo de no haber guardado algo de ese talento para el día de hoy ) en caras B, en temas ocultos, mostrando al mundo, como dijo Phil Oakey : you know your worst is better than their best.
El próximo fin de semana vamos a entrar en el horario de invierno. Eso quiere decir que, hasta abril o así, a las 6 será de noche. Me gusta la noche, pero no tan pronto. Como dije un día, con los años me he vuelto diurno, luminoso, soleado. Me gusta Barcelona, a la que le debo un post, porque es bonita de día, incluso en esos cada vez más escasos días grises y lluviosos, y no está mal de noche, cuando ves las luces en la falda del Tibidabo y en Cerdanyola y en Collserola y piensas qué hace la gente que imaginas metida ahí. Entonces piensas que estás bién en casa, pero no te importaría salir a dar una vuelta en esa, hora incierta ( entre las 10 y las 11 de la noche ) cuando no tienes muy claro si la gente que te cruzas va o viene. A esa hora es mi ego el que sale a pasear.
Antonio Carlos Jobim seguro que amaba su ciudad. Imagino que era Rio de Janeiro, cual si no. Sin molestos paseos marítimos llenos de macarras alardeando de coches, se sentaba en una terraza, en cualquier silla, sorbiendo despacio una bebida fría, suave, ligeramente alicorada, pero con una potente base de zumo de frutas, de frescas frutas. Venía un amigo y quizás traía su guitarra. Bebía un sorbo, dejaba el cigarrillo en un canto de la mesa, improvisaba unos acordes. Alguien pasaba, con un balanceo que parecía mecer la brisa del oceáno, se paraban, miraban, sonreían, comentaban, sorbo, pedían un lapicero al amo de la terraza, apuntaban descuidadamente alguna frase, algunas notas, en cualquier papel.
El sol se ponía y ahí seguían. Quizás algún día se lo tomaban más en serio y conseguían que alguien les prestara un estudio, con su piano y sus músicos profesionales. Les enseñarían todas esas canciones, ligeramente similares entre sí, pero no, esos matices que las diferencian las hacen todas geniales. El ritmo es suave, es un ritmo perezoso porque cuesta mucho levantarse. Las letras son melancólicas, pero no tristes. Echas de menos a esa garota que pasó ante tí, pues sabías cuando se alejaba que lo más posible, lo casi seguro era que no volvieras a verla nunca más. Un amor efímero, una amistad para toda la vida. En alguna habitación de un pequeño apartamento, echado en la cama, viendo las aspas del ventilador del techo marcar el compás de una noche calurosa, dio una calada a su cigarrillo y no pensó que el mundo estaría a sus pies, no lo pensó, pero debería haberlo hecho.


y este monumental himno ( ese saxo !! ) a las historias de amor imaginarias


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