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dissabte, 16 de gener del 2016

Y16W03: Título nobiliario

Mi primera reflexión es muy clara. Prologar los posts les quita trascendencia literaria. No hay que explicar lo que se dice, hay que decirlo y ahí queda. Queda anulada por la siguiente. Y es que usar tal pretexto para evitar hacer algo que me apetece no solo es absurdo, sino de una pretensión insoportable, que la palabra trascendencia en el ámbito de un blog que leen unas pocas decenas de personas ya es lo bastante patética. También por el hecho de que esta será la primera entrada del año, y la provoca no que Catalunya tenga gobierno o que Messi siga acrecentando su leyenda, sino que haya muerto Bowie y que ello me haya pillado leyendo a Knausgard. 

Mi abuelo, el único carnal que llegué a conocer, murió en 1973. Mis padres me llevaban a verlo algunas tardes de los fines de semana, al viejo piso de alquiler en una empinada calle en Poble Sec,, donde vivía con la mujer que se había casado con él en segundas nupcias. Mientras los mayores hablaban de sus cosas, yo me quedaba en una pequeña sala donde había una TV sobre una de aquellas antiguas mesas que contaban con una plataforma donde se amontonaban revistas y periódicos. Debía ser el año 71 o el 72, cuando en una de esas revistas, y debo recordar que entonces aún vivía Franco, vi por primera vez fotos de David Bowie. Con pies de foto escandalizados, con colores absolutamente excesivos, supongo que eran las fotos de sus conciertos de su era más osada en lo estético. Pelo rojo, cejas afeitadas, maquillaje estridente. No puedo decir que me quedara fascinado. A esa tierna edad, 7 u 8 años, y rodeado de la austeridad y la tristeza que flotaba en el ambiente de la época, bastante tengo con recordar esos momentos en que arrodillado en el suelo y pasando páginas, su aspecto me inquietaba, casi puedo decir que me daba algo de miedo.
Pasaría algún tiempo hasta que tuve mi siguiente encuentro. Fue en la habitación de una prima algo mayor que yo. Un dibujo a lápiz de una portada de uno de sus discos. puede que Aladdin Sane, imposible recordarlo. Colgado en la pared del cuarto, me resultó algo difícil concebir tal idolatría hacia alguien, siendo Bowie como era alguien muy alejado de los vacuos ídolos adolescentes al uso en la época. Curiosa mi situación en aquel momento: sabía perfectamente cual era el aspecto del tipo y aún no había oído un solo segundo de sus canciones. Creo que el primer disco que oí fue Diamond dogs, un disco algo agresivo e indefinido que quedaba entre su etapa glam y la época de Berlín. Me sorprendió que fuera un disco más anclado en el sonido rock de lo que me esperaba, aunque he de decir que sinceramente no sé lo que esperaba en su lugar. Había que seguir avanzando. Un bar de esos en los que acabas metido, desesperado a la hora de apurar un domingo por la tarde, fue el extraño escenario en que oí por primera vez Heroes. Suficientemente consciente de que era una figura respetada por la generación punk, generación que no respetaba a demasiada gente, y bien que hacían, solo ahora tomo consciencia de que, por encima de que Bowie había parido un clásico instantáneo (ayudado por Brian Eno, prófugo de Roxy Music, la única banda que podía competir para eclipsar su posición en el trono del glam-rock), Heroes era krautrock, era reinvención otra vez, y lo mantenía a flote a salvo de que cualquier nueva oleada pretendiese hundirlo.
Más adelante acudí (un repaso oportuno ha desvelado que ya hablé de eso aquí) a ver Yo Christina F., impactante película alemana de yonkies que daba mucho miedo, y en la cual Bowie acaparaba la banda sonora con muy oportunas canciones de su época de Berlín.
Y no mucho más tarde me compré su primer disco consciente de hacerlo: fue Scary Monsters, y lo hice tanto por la fascinación que me despertaba una canción increíble como Ashes to ashes, con el personal aditivo de que en su vídeo apareciera Steve Strange, como por algunas curiosas circunstancias relacionadas con algún empleo ocasional que tuve un verano, que no viene al caso entretenerse en detallar. Mi decepción con su carrera artística empezó con Let's dance, cuya estridente producción me pareció incoherente e impropia, y se consolidó con Never let me down. Era una decepción a muchos niveles, tanto me parecía inconcebible que un tipo capaz de empaquetar sus discos en portadas horripilantes de haberlo hecho en otras ejemplares e icónicas, como las de Heroes o Low, como echaba de menos el tono épico en las composiciones. No debo andar tan desencaminado,, cuando posiblemente el último gran clásico de Bowie fue China girl, que encima era una composición de Iggy Pop. Hasta The next day no sentí la necesidad de oír a fondo ninguno de sus nuevos discos, y recuerdo, pero no me lo tengáis en cuenta, que ya mencioné lo cansada que sonaba su voz en aquel destacable disco. Podríamos especular tanto sobre los motivos de ese cansancio.
Cuando murió, yo llevaba varios días negándome a leer ninguna crítica de Blackstar que no mencionara en su primer párrafo la ostensible influencia de Scott Walker en este disco. Todo el mundo hablando de la influencia espiritual de Kendrick Lamarr en su proceso de grabación y muy pocos rindiendo tributo a Walker. Cuestiones que me indignan, que algo tan obvio sea ignorado por nadie dispuesto a hablar de un disco me resulta incomprensible.



Desde aquí poco puedo hacer para engrandecer el mito de David Bowie. Es la figura más carismática de la música tal como la concebimos, y solo se me ocurre que Bob Marley pueda estar a la altura. Fuera de universos e iconos personales, su influencia no se limitó a canciones, sonidos o arreglos. Fue un auténtico adelantado a su época en trasladar lo teatral y lo cabaretero a la música y a la estética de varias generaciones, sin complejo alguno, más bien poniéndose de una forma bien clara en el centro de los focos. Fue homosexual, heterosexual, bisexual, claro y turbio, excesivo y elegante, clásico e innovador. Colaboró con Bing Crosby y colaboró con Arcade Fire. Inspiró que letras de Kraftwerk o Radio Futura le mencionaran. Envejeció con una dignidad envidiable y planificó una despedida trágica y astuta como nadie había hecho jamás. Seguramente su alter ego frío y calculador llevaba meses con el plan maestro diseñado, consciente, sin odiosas falsas modestias, de que su vida no iba a tener un final cualquiera, que el mundo se vería conmocionado en capas más profundas que con otros personajes. La modestia no iba con él. Ni falta que le hacía: ved como se movía en el escenario, ved como dominaba audiencias a las que sacaba dos o tres décadas, y decidme quién cojones va a igualar eso, quién narices va a ocupar ese trono.



diumenge, 31 de març del 2013

LOS MIL Y UN TABUES

El mayor Tom, sin encontrar Strepsils
Sí: este es uno de esos posts. Lo que quiero decir es que se sabe por dónde se empieza pero no por dónde se acaba. Talita quiere más gente aquí: yo no sé qué hacer al respecto. Insisto: no es que no sepa qué más hacer al respecto, es que no sé qué hacer al respecto. Hace un año, algo más, unos catorce meses, hice aquello de colgar links en Orsai. Qué pájaro descarado era yo entonces. Y funcionó: pero no sé si es porque yo no soy el mismo o porque pienso que Orsai puede que no sea la misma, es una opción que no me siento seguro de repetir. Qué sé yo. Alex, y algún otro, me han sugerido (aunque quizás la palabra animado definiría mejor el tono en que lo hicieron: muchas gracias) que escriba algo. Bueno, han dicho una novela. Yo ya he explicado muchas veces lo de mi inseguridad con la ficción. Si no es muestra de ello ese faux finale, acrónico y borroso, que le dí al cuento de Jesús y el comisario. Si no es muestra eso de lo torpemente que me conduzco imaginando vidas y circunstancias ajenas, ya me diréis. Pero bueno, sí que hay algo que recuerdo con mucho afecto sobre esos amagos aislados y esporádicos, que son los dos experimentos de taller literario virtual. Sobre eso he pensado y tengo dos propuestas.
Pero una de ellas es una propuesta que me hace sentir algo culpable, y por un mecanismo de recuerdos y enlaces de referencias me ha llevado a una curiosa manifestación previa que tiene que ver con un post anterior. Sobre el disco de Bowie. Me estoy dando cuenta de porqué ese disco no llega a convencerme, de porqué a pesar de que algunas canciones están bien construidas y tienen buenas melodías no pasan de eso en mi valoración como oyente: es la voz de Bowie. El sonido se ha respetado para que parezca el de las mejores épocas: pero la voz de Bowie está envejecida, y ya no emociona. Me siento mal diciendo eso. Si pensara que los nazis se arrepentían diría que me siento como un puto nazi. Pero no, me siento mal de verdad, porque es como negarle a Bowie cierta capacidad emocional con su música por una cuestión física y de edad. Quizás se pasó con el tabaco, creo que dije. Pero su voz se sienta sobre esas bases y ya no las domina. Apenas hace lo justo para acompañarlas. Y eso aleja emocionalmente las canciones de su mejor versión. 

Decía eso porque venía con dos propuestas, pero una tiene un lado perverso. Siempre he pensado que la mejor manera para probar en la literatura sería empezar con relato corto. Leer un mal relato corto no hace enfadar a nadie. Es como una cuestión de proporción matemática: me enfado si me haces perder mucho tiempo para nada. Así que pensé en dos estructuras para un experimento narrativo, que someto a vuestro juicio: 

A) la que implica perjudicar a terceros: alguien se apunta con datos falsos a una de esas webs para los que buscan pareja: con un perfil de esos que atraen. Joven pero asentado en la vida, triunfador pero solidario, culto pero deportista, sensible, algo tímido. Y trazar un cuento con cada una de las personas que se acercan a él, con sus motivaciones claras y las ocultas.

B) la que es inocua: una señora mayor enviuda en plena crisis económica. No ve otro remedio para poder seguir adelante económicamente que alquilar una de las piezas de su piso, fiándose de su intuición para elegir a los inquilinos sucesivos. Cada uno de ellos trae su historia, y habrá una historia final cuando uno de ellos entre un día en la casa y se encuentre que la señora ha fallecido ante la televisión.

Adelante. 

dissabte, 30 de març del 2013

UNOS POCOS SEGUNDOS

Mi hija me ha pedido que escriba algo sobre Glee. Sobre por qué no me gusta Glee, o no me gusta lo suficiente o no me gusta como me gustan series en apariencia tan banales como The big bang theory o Modern family, ambas series de las que procuro no perderme ni un detalle. No es que no sepa qué decirle: es que Glee siempre me ha parecido una especie de escenificación de esos concursos caza-talentos, y mi primera norma no escrita aquí es que el que alaba Operación Triunfo puede ir pasando a recoger el abrigo y largarse. Así de sencillo.
Por otra parte, después del incidente con la foto surgido ayer (Wittgenstein está muy alejado de ser la primera opción contemplada) echo en falta algo, una declaración que hace mucho tiempo que no hago.

Soy un fundamentalista en lo referente a las expresiones artísticas. Lo soy de una manera cruel y errática (si ello no es reiterativo: no hay mayor crueldad que la de ser malvado sin que se pueda saber cuándo vas a serlo), cuestión que me va de maravilla: puedo achacar la incoherencia a los dictados de los caprichos más frívolos.
En este momento, de estar sentado en una mesa con gente a mi alrededor mirando expectante lo que voy a decir, la escena vendría a ser parecida a aquella en Kill Bill 1, cuando O'ren Ishii (Lucy Liu, clara prueba de la existencia de los ángeles) se dirige a sus allegados de la Yakuza.

Mis cinco escritores favoritos hoy mismo son, sin más orden que aquel en que acuden a mi memoria: Roberto Bolaño, David Foster Wallace, Ryszard Kapuscinski, Michel Houellebecq y Jonathan Franzen. Una hipotética decena siguiente sería de una composición más volátil pero contaría, seguro, con la presencia de Truman Capote, William Faulkner y Javier Cercas. 
Suelo valorar las obras y los artistas por la cúspide que han alcanzado: así Radiohead está en los cielos por OK Computer como los Pet Shop Boys lo están por Behaviour, aunque hayan podido hacer obras que me decepcionen. Por poner ejemplos: ¿quien se acuerda de un artista que publica ocho discos seguidos que merecen un 6?. Coño, haz uno que merezca un diez y échate a dormir. El 10 no es sencillo, para nada, pero haz eso y aquí tendrás habitación todas las noches. Por eso sin un disco magnífico a un artista puedo estarle agradecido pero no pasará de eso. Y sí; tanto The XX como Frank Ocean han merecido un 10.
Por eso es absurdo hablar de músicos favoritos. Ni de pintores ni de directores de series o de TV. Te paras delante de un cuadro porque te llama desde su imagen y no delante del siguiente o del anterior. Entonces, Mònica, ya hablaré de Glee un día que tenga una opinión más matizada. Hoy he visto en un capítulo a uno de los protagonistas cantando Heroes de Bowie, con una base instrumental; yo pensaba ¿y la guitarra de Fripp?. Sí, la voz era parecida a la de Bowie, pero yo quería la guitarra de Robert Fripp. Ese riff, ese retorno, ese momento de breves segundos que justifica toda, toda la canción, todo el disco, toda la carrera de Bowie y hasta veinte años de espera desde que los del rock'n'roll básico y ramplón empezaron a dar la tabarra hasta encontrar eso: el momento perfecto, el 10 sublime que persiste hasta el final de los tiempos.


diumenge, 17 de març del 2013

David Bowie: THE NEXT DAY - QUE EL CIELO LO JUZGUE

La cosa va de juzgar antes de tiempo: ¿por qué Bowie llama a su disco tan parecido al libro de Tuli Márquez?
Me despierto sobre las siete: lectura ligera, sigo con Villoro, que ahora escribe sobre Maradona, primer paso en falso de los argentinos para dominar el mundo, y elijo oír música a la vez. David Bowie: ese disco tan esperado, dicen, aunque no sé yo en qué consiste la espera cuando se prolonga diez años. Vamos, hombre. La espera consiste en olvidarse de que vuelva a grabar y sorprenderse cuando lo hace. Diez años esperando. No jodamos, hombre. Esperaríamos si sus últimos discos hubieran valido la pena. Pero desde Scary monsters, 1981, creo, eso no es esperar. Eso es una generación y pico de nostalgia y desespero, como mucho. Además, uno espera cuando lo anterior ha merecido la pena. No diréis que los últimos discos de Bowie daban mucho a la esperanza.
El caso es que, contra lo que es costumbre en mi, soy capaz de concentrarme en la crónica de Villoro y a la vez estar atento en esta, tercera escucha que le doy al disco de Bowie. Ya había oído dos veces el disco. La primera me había dormido sobre la cuarta canción y había despertado sobre la octava. Unos diez minutos. Aquel día estaría cansado. En cualquier caso noté alguna canción cuya melodía retenía, aunque acusaba una producción que me parece plana, de pop-rock, de nula toma de riesgos. Dominio del esquema clásico guitarra rítmica/solista/bajo/batería. Escasa presencia de teclados, incluso de sonidos tratados. Vamos: el único disco de regreso que ha merecido la pena ha sido el de los Dexys Midnight Runners, e incluso a ese habría que quitarles la media docena de canciones en que se piensan que son los Aztec Camera o los Style Council convalecentes de una indigestión de discos de Steely Dan y Anita Baker. 
Pero Bowie: elige la portada de Heroes, que es una de las imágenes más poderosas e icónicas de la nueva era del rock'n'roll. La que establecía sucursales en la Berlín dividida por el muro y nombraba embajadores a Robert Fripp, a Brian Eno, a Conny Plank. La elige, tacha el título, y le planta una hoja en blanco encima, letra Arial, texto centrado horizontal y vertical, como si fuera una portada de los Pet Shop Boys. ¿Necesitaba el mundo un nuevo disco de Bowie? Hablo a menudo de intención literaria y debería hacerlo de intención sonora. Cuando puede que muchos grandes de la historia no hayan surgido de un artista que se despierta en medio de la noche a toda prisa para escribir la melodía soñada, sino de un artista que despierta en medio de la tarde con una llamada de la discográfica recordándole una fecha en un contrato. Bowie ya produjo el magnífico documental sobre la vida de Scott Walker: de hecho Bowie canta como el Walker actual en una de las canciones de The next day. 
Bowie suena cansado: como lo estoy de leer por todas partes lo de sus 66 años, y, reiteradamente, lo de sus 66 imágenes. Por favor: pensaba que Madonna se había quedado ya con todos los calificativos relativos a lo camaleónico y al concepto de la reinvención. 
Tres escuchas, dije. Su voz está desgastada por tabaco y por tiempo, y en varias canciones no canta sino recita. Sabe que es suficiente: sabe que su voz es un emblema por sí solo, hasta desafinando. Hasta corta de fuerzas: que es como suena aquí. Joder, no quiero dar que pensar que considero a Bowie un anciano al micrófono, porque no es eso. Pero, frente a la aclamación universal, a mí The next day me suena demasiado a la clase de disco para que sus fans de cierta edad sueñen con la era dorada. Como me pasa con Prince, algunos discos de Bowie me parecían más brillantes por sus singles que en su conjunto. The next day suena como una colección de canciones algo homogénea (catorce es un número excesivo) y ningún tema reluce como sus grandes clásicos que todos sabemos. Si cambio de idea, editaré esta reseña y lo negaré todo.

dimarts, 3 de gener del 2012

HOOLIGANISMO LITERARIO

Lo tienen claro: en algún momento de estúpido pique, aún intentaba leer los libros que tomaba prestados de la biblioteca con la máxima rapidez. Cuestión de civismo mezclado con cierto sentido de la urgencia literaria. Un libro de menos de 200 páginas no tiene por qué dudar más de dos o tres días. De lo contrario, a por otro. Joder, han pasado menos de siete meses y parece que sea un lustro.
Ahora acumulo varios libros de más de 1000 páginas y un sentimiento cargado de culpa pues sé que necesitaré alguna prórroga para poder acabarlos. Pues sé que para acabarlos habrá que empezarlos. Pues sé que para empezarlos hay que encontrar el momento. Pero no penséis que esa realidad me tiene por los suelos y me atormenta. No me hace falta leer a los gurús de la autoayuda. Fases de la vida, y punto.
Por eso me excita encontrar motivos que me rescatan de esta inexplicable sensación. Uno muy poderoso se llama Bolaño por sí mismo y es una recopilación de entrevistas que varios medios hicieron a Roberto Bolaño, en varios estados de su merecida ascensión al prestigio absoluto y, lamentablemente en paralelo, en varios estados también del implacable avance de la enfermedad hepática que le acabó costando la vida. Leí el prefacio, de un brillante Juan Villoro (otro escritor americano afincado en Catalunya), y en ese prefacio ya obtuve dos de esas sacudidas que tan dado soy a calificar como señales. La mención de un hombre con hipo como protagonista de un relato (cuando justo en ese momento yo tenía hipo, cosa bastante infrecuente), y la mención del verano del 2003, el de la muerte del escritor, como uno de aquellos espectacularmente calurosos (no olvidaré julio del 2003, con mi hijo un par de días en la UCI por un estúpido accidente, ni las vacaciones en el apartamento de unos amigos, ático en Sitges del cual casi salimos fundidos por el calor).
Las entrevistas a Bolaño son prácticamente una autobiografía encubierta. Habla de su presencia en varios países, de su vida en Catalunya, de sus filias y sus fobias, las literarias, básicamente, pero las vitales, subliminalmente. Sus respuestas son afiladas, certeras, pequeñas obras maestras de alguien que creaba casi sin querer, que era plenamente consciente tanto de que sus palabras eran otra manera más de darse a conocer como de que el tiempo del que disponía era cada vez más escaso. Oportunidades habrá, pues tengo muy claro que este libro, inédito en España y conseguido gracias a la red de bibliotecas de Barcelona, va a estar los cuatro meses máximos que se permite retener un libro, junto a mí. Aunque prácticamente lo haya acabado en un día. Aunque algún sátrapa (le conozco la letra de otro libro) haya hecho subrayados y anotaciones en él, que me sobran porque me confunden y me conducen, y yo quiero descubrirlo todo solo, para eso soy un hombre y yo me pierdo seis o siete veces antes de preguntar, faltaría. Hay mucho ahí dentro, tanto como para que decida construir de alguna manera un post, más adelante, una especie de meta-resumen de sus brillantes frases. Que costará lo suyo porque el libro es una jodida joya de la corona. Qué año, hasta ahora, primero Drive, que resucita al cine, y ahora ese montón de frases directamente desde lo alto del Olimpo. Puedo volverme dulce, nunca como un merengue, si sigo acostumbrándome a esto, podría, sí.


diumenge, 24 de juliol del 2011

VIDAS VELOCES

Nombrarán seguro a Kurt Cobain y a Janis Joplin y, como no, a Michael Jackson.
No tanto a Bob Marley o Ian Curtis.
Seguro que no a Mark Linkous o Vic Chesnutt.

Hay que agradecerle a Amy Winehouse alguna que otra cancioncilla ya sobreexpuesta y que, de ahora en adelante, justificará acuñar la palabra sobre-sobreexpuesta. De su influencia en vida habrá que culparla por la existencia de ese reverso llamado Duffy, esa rubia, angelical, limpia, aséptica cantante que me pone de los nervios. De su influencia a partir de hoy la culparemos de los mil y ún sermones sobre ciertos estilos de vida y hablarán de cadáveres bonitos y existencias tortuosas y devaneos (sólo devaneos??) con ciertas adicciones. Cierto, como el hecho de que las drogas nos han aportado grandes discos, y grandes libros.
Yo recuerdo una sesión de cine donde nos obligaron a ir en el instituto.
La película era Yo, Christina F.
La banda sonora era de David Bowie. Se subían a la azotea de un edificio y sonaba Sense of doubt, o eso creía recordar, porque todo lo que he encontrado en youtube es esto.


Tenía una imagen muy vívida de la ciudad desde esa azotea, con sus luces de neón, pero me impresionó esa música de Bowie y Eno. Era 1981 y las películas con poderosas bandas sonoras ya habían hecho mella en mí, con distintos grados de implicación.
Había comprado hacía años la de Grease y la única canción que soportaba era la que abría los créditos, de Frankie Valli. También singles de la de Saturday Night Fever.
En algún punto intermedio descubrí el rock. 
Ví Quadrophenia, al menos tres veces. Y Tommy, claro, que la entendiera es otra cosa. Estuve en una tarde en un cine de la Bonanova y ví una película con Pink Floyd y otra con Bob Marley. Sus títulos ?? en la de Pink Floyd había mucho humo, por dios.
Ví Times Square. Recuerdo mucho la tarde que ví Times Square. Un amigo se había comprado una moto y fuimos a verla a un cine en la calle Aragón. Cine  que acabó sus días décadas más adelante,  como sórdida sala X (hasta que la gente descubrió que con internet la intimidad de la casa es el lugar más idóneo para consumir porno). No recuerdo nada de qué iba Times Square. Así como es imposible olvidar los yonkies prostituyéndose en Yo, Christina F, las agujas hipodérmicas violando piel joven, de Times Square no sabría decirte ni de qué iba. Un dia me acoplé (término que usa mi hija cuando alguien se apunta a alguna salida o reunión a la que no está invitado) a ir a casa de un amigo de mi hermano. Yo era, en ocasiones, el clásico adolescente torturador que, en vez de actuar con agradecimiento pues eso me salvaba la tarde, (una de esas interminables tardes de julio), se dedicaba a provocar con comentarios. Que si los amigos de mi hermano eran unos hippies, que si toda la vida oyendo a Dylan y a Cohen, y a Camel, no había quien aguantase. Pero resulta que en esa casa había el primer walkman que había visto, y la cassette que llevaba puesta era la banda sonora de Times Square. Talking Heads. Pretenders. Gary Numan. Roxy Music. XTC. The Cure. No sabéis lo que era eso, y, cosa en la que hoy no fallaría, nunca supe como esa cinta llegó allí. Recordar eso me ha hecho correr a encargar al emule y no hay manera. No sé si estará en CD o la película en DVD. No creo que sea una película para sentarse ante ella babeando. Pero quiero recuperar esa sensación. 





dimarts, 14 de juny del 2011

ESTE COQUETEO ME MATA

Con el disco duro a reventar de ocio de lo más variado, y me da por revisar cosas ya vistas y ya oídas. Pero eso es justo lo que tiene nuestra actitud : hay que desorientar a los gurús del marketing. Así que poco importa que dejase a medias el quinto capítulo de Game of thrones, que tenga por fín, pasando por caja, La guerra del fútbol, o que los siete discos más ardientemente recomendados en el número mensual de Go-mag ya estén descargados. Una cierta sensación de apostar sobre seguro me lleva a ver, otra vez, Velvet Goldmine. Me acompaña mi hija. Le voy explicando que esa Inglaterra que la película recrea, la de la primera mitad de los años 70, era una sociedad en que las estrellas del rock son auténticos iconos. Que la gente no solo los idolatra en masa, también los imita en masa. Su aspecto, sus tendencias, sus adicciones. Eso será bueno o será malo, pero es la entronización absoluta del rock como fenómeno social. Le explico que sin glam rock, por ejemplo, Lady Gaga no existiría. Cuando suelto esta frase lapidaria, me quedo parado, por eso. Tampoco Prince, ni muchas marcas de ropa o maquillaje. Libros quizás no tantos, discos, millares. Glam es Bowie y Roxy Music, una especie de trono compartido, sin la disyuntiva beatles/stones. Tampoco existiría el segundo ni el tercer disco de Goldfrapp. Posiblemente tampoco el Cirque du Soleil. Muchas camisetas estampadas no tendrían el más mínimo sentido. Hasta el heavy metal acaba siendo una especie de desdoblamiento acelerado y descontrolado del glam-rock. Otra frase en la que paro. Sin Bowie no hay trilogía de Berlin, sin Low los discos ambientales pierden su primera referencia. Bryan Ferry muestra que el traje no es sólo para el despacho. Brian Eno se va de Roxy Music : que alguien se tome la molestia de leer una lista de los discos que ha producido Brian Eno, y que vaya haciendo cálculos de como esa influencia se extiende hasta nuestros días.


Entonces recuerdo que debo un comentario sobre Pedro Marín. Lo hago desde aquí, que es un espacio abierto y en abierto. Una prima me lo presentó a través de facebook y es la persona más famosa entre mis amistades. No es cuestión de desperdiciar a las celebrities. 
A los que tenían uso de razón hacia los últimos 70 / primeros 80 el nombre de Pedro Marín debe sonarles bastante. Hubo una especie de oleada de cantantes veinteañeros que enloquecían a las chicas, de la cual este hombre era claramente el mayor representante. Algunos que salieron después eran simplemente sus imitadores. Obviamente tanto yo como mis amigos de entonces lo odiábamos con todas nuestras fuerzas. Volvía locas a las chicas que nos gustaban, y ese sentimiento de que harían con él lo que no hacían con nosotros era muy poderoso. Luego cantaba, y bailaba, ataviado con ropa ajustada de colorines imposibles, de una manera espasmódica, unas canciones enganchosas y horrorosas. Era la viva imagen de la horterada ochentera, y el género masculino, en masa, lo consideraba nuestro peor enemigo. Muchos de nosotros debíamos pasar por comparaciones con él para ver si teníamos alguna posibilidad con las chicas que nos gustaban. En algún momento, pues estaba claro que ese ritmo no podía aguantarse, cayó en el olvido. Según leo, decidió, a la Scott Walker, abandonar su carrera. Hace unos años rompió ese silencio y se reinventó a sí mismo. Yo lo ví en una entrevista de alguna TV local (Lydia, no tengo tanta memoria pues no recuerdo cual) donde mostraba sin pudor una calva donde antes había melena y pelo encrespado. Tampoco estoy muy seguro pero también hacia revelaciones sobre sus inclinaciones sexuales. Eso es lo de menos. El caso es que retomó su carrera musical. 
Y a lo largo de estos años yo fuí ajeno a eso hasta que mi querida prima Mercè me recomendó su amistad en FB. Desde ese momento su insistencia por ese canal para que vea los clips de sus canciones ha sido tal que me ha hecho llegar hasta aquí. Yo no soy un crítico. Pruebo las cosas y digo si me gustan. Luego hay más gente que está de acuerdo o menos. Debo tener una naturaleza positiva pues hasta ahora consigo que a la gente empiecen a gustarles cosas que antes no, en vez de conseguir que abandonen sus gustos anteriores. 
Ocurre que pensaba que esa reencarnación de Pedro Marín, como frontman de una banda de rock ligeramente electrónico, con un disco en continua promoción, I will glam, con un vídeo en youtube donde versionea 20th century man (que también está presente en la banda sonora de Velvet Goldmine), en fín, que suponía una ruptura con el pasado. Pero su imagen sigue siendo omnipresente en sus vídeos, esa manera suya de mirar (ceja arqueada, cabeza inclinada, mirada ligeramente míope), esa imposición constante de su bién cuidado físico, me despierta cierto recelo. Ahora su inflexión vocal ha abandonado ese tono juvenil, y se parece a la voz de Bunbury en la época trascendente de los Héroes del Silencio. Las letras son un pelo cargadas de alegorías de tres al cuarto, y diciendo cosas tan serias uno no puede poner la misma voz que diciendo no, que no, que no. Como espero que me siga considerando amigo, se lo estoy diciendo con toda la sinceridad de este don nadie ligeramente airado; Pedro: olvida que la gente diga sólo lo bien que te conservas a tus XX años, y céntrate en la música. Forma una banda donde los músicos compartan tu protagonismo y salgan también en los clips. Deja de ser tú sólo y llámate Pedro Marín y los crímenes ocultos, o Pedro Marín y las cuentas pendientes o Pedro Marín y los cristales rotos... como sea, pero si sigues ahí, anclado a tu ego, mucha gente, escéptica, seguirá pensando que eres el mismo, pero intentando captar otro público.

Escribía ésto, probé los K&D sessions de Kruder & Dorfmeister. Demasiado nocturnos. Music for the masses, de Depeche Mode, un pelo estridentes para la hora. Y volví a Felt Mountain, de Goldfrapp, donde siempre me siento como en casa.



AQUEST TONTEIG EM MATA

Amb el disc dur a rebentar d'oci d'allò més variat, i em dóna per revisar coses ja vistes i ja sentides. Però això és just el que té la nostra actitud: cal desorientar els gurus del màrqueting. Així que poc importa que deixés a mitges el cinquè capítol de Game of Thrones, que tingui per fi, passant per caixa, La guerra del futbol, ​​o que els set discos més ardentment recomanats en el nombre mensual de Go-mag ja estiguin descarregats. Una certa sensació d'apostar sobre segur em porta a veure, una altra vegada, Velvet Goldmine. M'acompanya la meva filla. Li vaig explicant que aquesta Anglaterra que la pel.lícula recrea, la de la primera meitat dels anys 70, era una societat en què les estrelles del rock són autèntiques icones. Que la gent no només els idolatra en massa, també els imita en massa. El seu aspecte, les seves tendències, les seves addiccions. Això serà bo o serà dolent, però és l'entronització absoluta del rock com a fenomen social. Li explico que sense glam rock, per exemple, Lady Gaga no existiria. Quan solto aquesta frase lapidària, em quedo aturat, per això. Tampoc Prince, ni moltes marques de roba o maquillatge. Llibres potser no tants, discos, milers. Glam és Bowie i Roxy Music, una espècie de tron ​​compartit, sense la disjuntiva beatles / stones.Tampoc hi hauria el segon ni el tercer disc de Goldfrapp. Possiblement tampoc el Cirque du Soleil. Moltes samarretes estampades no tindrien el més mínim sentit. Fins al heavy metal acaba sent una mena de desdoblament accelerat i descontrolat del glam-rock. Una altra frase en la qual m'aturo. Sense Bowie no hi ha trilogia de Berlín, sense Low els discos ambientals perden la seva primera referència. Bryan Ferry mostra que el vestit no és només per al despatx. Brian Eno se'n va de Roxy Music: que algú es prengui la molèstia de llegir una llista dels discos que ha produït Brian Eno, i que vagi fent càlculs de com aquesta influència s'estén fins als nostres dies. 



Llavors recordo que dec un comentari sobre Pedro Marín. Ho faig des d'aquí, que és un espai obert i en obert. Una cosina me'l va presentar a través de Facebook i és la persona més famosa entre els meus amistats. No és qüestió de desaprofitar a les celebrities. 
Als que tenien ús de raó cap als últims 70 / primers 80 el nom de Pedro Marín els ha de sonar prou. Hi va haver una mena d'onada de cantants joves que embogien a les noies, de la qual aquest home era clarament el major representant. Alguns que van sortir després eren simplement els seus imitadors. Òbviament tant jo com els meus amics de llavors el odiàvem amb totes les nostres forces. Tornava boges a les noies que ens agradaven, i aquest sentiment que farien amb ell el que no feien amb nosaltres era molt poderós. Després cantava, i ballava, vestit amb roba ajustada de coloraines impossibles, d'una manera espasmòdica, unes cançons enganxoses i horroroses. Era la imatge de la horterada vuitantera, i el gènere masculí, en massa, el considerava el nostre pitjor enemic. Molts de nosaltres havíem de passar per comparacions amb ell per veure si teníem alguna possibilitat amb les noies que ens agradaven. En algun moment, doncs estava clar que aquest ritme no podia aguantar, va caure en l'oblit.Segons llegeixo, va decidir, a la Scott Walker, abandonar la seva carrera. Fa uns anys va trencar aquest silenci i es va reinventar a si mateix. Jo ho vaig veure en una entrevista d'alguna TV local (Lydia, no tinc tanta memòria ja no recordo quin) on mostrava sense pudor una calba on abans hi havia cabellera i pèl encrespat. Tampoc estic molt segur però també amb revelacions sobre les seves inclinacions sexuals. Això és el de menys. El cas és que va reprendre la seva carrera musical. 
I al llarg d'aquests anys jo vaig anar aliè a això fins que la meva estimada cosina Mercè em va recomanar la seva amistat en FB. Des d'aquest moment la seva insistència per aquest canal perquè vegi els clips de les seves cançons ha estat tal que m'ha fet arribar fins aquí. Jo no sóc un crític. Provo les coses i dic si m'agraden. Després hi ha més gent que està d'acord o menys. He de tenir una naturalesa positiva ja que fins ara si que a la gent que em llegeix comencen a agradar-li coses que abans no, en comptes d'aconseguir que abandonin els seus gustos anteriors. 
El que passa és que pensava que aquesta reencarnació de Pedro Marín, com frontman d'una banda de rock lleugerament electrònic, amb un disc en contínua promoció, I will glam, amb un vídeo a youtube on versionan 20th century man (que també és present a la banda sonora de Velvet Goldmine), en fi, que suposava una ruptura amb el passat.Però la seva imatge continua sent omnipresent en els seus vídeos, aquesta manera seva de mirar (cella arquejada, cap inclinat, mirada lleugerament miop), aquesta imposició constant del seu bén conservat físic, em desperta cert recel. Ara la seva inflexió vocal ha abandonat aquest to juvenil, i s'assembla a la veu de Bunbury en l'època transcendent dels Herois del Silenci. Les lletres són un pèl carregades de legories de tres al quart, i dient coses tan serioses un no pot posar la mateixa veu que dient no, que no, que no. Com espero que em segueixi considerant amic, l'hi estic dient amb tota la sinceritat d'aquest donnadie lleugerament irat; Pedro: oblida que la gent digui només el bé que et conserves als teus XX anys, i centra't en la música. Forma una banda on els músics comparteixin el teu protagonisme i surtin també en els clips. Deixa de ser tu només i diu-te Pedro Marín i els crims ocults, o Pedro Marín i els comptes pendents o Pedro Marín i els vidres trencats ... com sigui, però si segueixes aquí, ancorat al teu ego, molta gent, escèptica, seguirà pensant que ets el mateix, però intentant captar un altre públic. 

Escrivia això, vaig provar els K & D sessions de Kruder & Dorfmeister. Massa nocturns. Music for the masses, de Depeche Mode, un pèl estridents per l'hora. I vaig tornar a Felt Mountain, de Goldfrapp, on sempre em sento com a casa.


dijous, 24 de febrer del 2011

GESTION DE RECURSOS

Entregado como ando a los posts políticos (que antes me hacían triunfar en términos de comentarios, ahora ni así), la verdad es que se hace difícil que existan ficciones que superen la realidad imperante.
Leo en la columna de Quim Monzó que alguien en Egipto le ha puesto de nombre de pila Facebook a su hijo. Despues de Madonna, Barça, Garycooper - todo seguido -, y otros, ya no me extraña nada. Ya ayer mencionaba (visionario que es uno, o Monzó ha alterado el sentido de la influencia) a la red social como un poderoso factor, si no de cohesión, sí como vehículo de convocatoria. Igual que los móviles con cámara (si es que quedan móviles sin cámara), que son esa especie de metaperiodista gráfico al que no le puede velar el carrete el agente de turno. Hay que reconocer que ésto hace cambiar el mundo, no sabemos hacia dónde, pero seguro que no queda como estaba. Y por qué los italianos no se revelan contra Berlusconi, por ejemplo ??. Claro, el ciudadano medio italiano tiene mucho más que perder que el ciudadano medio libio. O dicho de otra manera, no está tan jodido. Y en medio de entradas sobre individualismo, sobre emperadores, sobre líderes visionarios con empacho de carisma (habría que definir el carisma), ayer fue 23 de febrero, día favorito para que los de cierta generación más o menos gobernante recuerde que hacía justo en ese momento. Todo me empacha un poquito. Y particularmente me empacha esa unanimidad (y cuando la unanimidad te empacha, la alternativa es la amargura o la sociopatía) en atribuir al reyezuelo de marras su serenidad y su compostura y su firmeza (aunque yo diría que tenía alguna maletita preparada con lo necesario aquel día) para oponerse al golpe. Yo no espero que este blog me dé dinero (apañado estaría), pero para  que no me lo cueste vía demandas, voy a consultar con mi gabinete jurídico antes de escribir lo que pienso de la monarquía. A ver si aparte de toda la inversión (son horas de recursos las gastadas aquí) debo afrontar el peso de la ley.
La de frases que se me escapan, cuando la cabeza no para pero no te da para retenerlo todo. Sigo viendo a 6Q hacer progresar a su hijo virtual, y resulta que su influencia se esparce con más rapidez que la mía y ya ha dado para otro blog. La que he liao.
En días como éstos, con una sesión de John Peel para fabric sonando a todo trapo, yo debería racionar mi vertiente creativa y repartir esos extensos post en varios trocitos, dejarlos guardados para los tiempos de vacas flacas. No va conmigo. 
Tengo una prima que, en su juventud, tenía un retrato de David Bowie en su habitación. Creo recordar que lo había dibujado ella, a lapiz, quizás carboncillo.
Creo que Bowie debería haber dejado de publicar discos hacia 1981, con Scary monsters. Como mucho, le  hubiese dejado editar algunas canciones de Modern Love, como la versión de China girl de Iggy Pop, quizás alguna otra como la que colgué de la película con Sean Penn, pero ya basta, David. Cuando el dinero entra por la puerta, el talento salta por la ventana. Y con una mujer como Iman en casa es difícil aburrirse. Por lo que tengo entendido es un inversor en bolsa con buen ojo, aunque ésta no es una información muy actualizada. La influencia de Bowie sigue presente, por eso. En algún momento pensé que Prince podría eclipsarlo, pero no. Y ya no sabría decir cuándo Prince debería haber dejado de editar discos, pero aventuraría que fue cuando le cogió por cambiar su nombre por aquel extraño símbolo (iba a usar la palabra estrambótico pero tengo un post pendiente para hablar de esa palabra). Bowie es una influencia hasta para la academia de imagen que tengo al lado de casa. Ashes to ashes sigue siendo una canción de esas que acabas cantando a grito pelado en el coche, sobre todo ese puente i've never done good things, i've never done bad things. 
Fín del momento fan. Y en días normales este post acabaría aquí, pero hay incontinencia que eclipsa criterios estúpidos de productividad. 
He de hablar de Boardwalk Empire. Bueno, he de escribir sobre Boardwalk Empire.
Nunca he faltado tanto a promesas como por culpa de esta serie. Me dije que no la vería con demasiado entusiasmo, pues me abrumaba (y desconfiaba) la opulencia de su planteamiento, como si de una especie de dream team de las series se tratase. Luego, cuando incumplida esta promesa empecé a ver sus capítulos, me atreví a prometer verla de una tacada una vez hubiese concluida la primera temporada. Tampoco. Lunes la dan, creo que por Canal+, martes la descargo, miércoles la veo, si puede decirse que la veo a devorarla con fruición. Sólo os diré, como siempre a los mínimamente interesados en series con chicha (los demás ya saben las opciones de que disponen) que esta es la oportunidad que HBO nos brinda de vivir en directo el clímax de una serie. No sólo por el culto que se genera tras temporadas de existencia y fama y prestigio acumulado - como The Sopranos o The Wire. Con Boardwalk Empire podemos vivir eso online. Yo no lo he podido resistir. Y por eso mismo, porque creo que es tan genial (con la opulencia y el exceso que me pusieron tan a la defensiva, tan estérilmente a la defensiva), creo que voy a dedicarle un post íntegro, que no será éste. 



divendres, 29 d’octubre del 2010

THOUGHT HE WAS JAMES DEAN FOR A DAY


6Q : he de parafrasear a Bolaño, que total, ya no va a denunciarme :
"A veces eso es un amigo : la silueta de un dinosaurio que atraviesa un pantano y a la que no podemos asir ni llamar ni advertirle nada. Son raros los amigos : desaparecen. Son muy raros : a veces, al cabo de muchos años, vuelven a aparecer, y aunque la mayoría ya no tiene nada que decir, algunos sí que tienen algo que decir y lo dicen".
Tenía que ponerte ésto, que seguro que te ha puesto un poco tierno, antes de darte el disgusto : como le pasa a Mademoiselle, no acabo de sintonizar con los musicales ( así que imagínate si se trata de un musical añejo ). Particularmente me irritan ( nueva palabra que, como perpetrar, tenía pensado colar al primer pretexto ) esos puntos en que la acción convencional se interrumpe para dar paso a la cancioncilla de turno. Porque siempre me parece que el canta hace el panoli ( si además se pone a bailar dando saltos inverosímiles dentro de una habitación, eso puede superarme ) , y eso no hay quien me lo quite, ha arraigado en lo más hondo de mi personalidad, tan hondo como empezar siempre a afeitarse por el mismo lado, tan hondo como el vistazo final a la habitación del hotel que abandonas y que sabes que va a ser muy difícil que regreses justo allí. No ví Chicago, debería pero tiene muchas delante - ahora estoy viendo El caballero oscuro y está bastante interesante. Ví hace muchos años Cotton Club, qué quieres que te diga, ví Cabaret, esa sí me gustó, pasados unos años tiré el dinero viendo una versión cantada por Nina en el Novedades ( ejemplo claro de que el más pintado tiene turbios detalles que emborronan su pasado ). Pero por lo general, como buen individuo binario, si quiero ver cine pongo una película, si quiero oír música pongo un disco. Mezclar placeres tiene sus cosas.
Pero no hablemos de lo que nos separa, vayamos a lo que nos une.
NY es una ciudad famosa por varias cosas
a ) una buena amiga, que se comporta mucho como tal, me trajo una camiseta para mi hija,
b ) sus musicales.
Allá por los primeros 70 era un hervidero de corrientes culturales, contraculturales, pseudoculturales, etc. The Velvet Underground editaron su disco del plátano. Se desperdigaron. Quien más aprovechó su posterior carrera en solitario fue Lou Reed. Mi primera toma de contacto con Lou Reed fue a través de la versión en directo de Sweet Jane, bastante eléctrica, luego me enteré que cantaba una canción que se llamaba Heroin. Me infundió un cierto respeto, parecía, con sus sempiternas gafas de sol, un tipo duro. Luego leí leyendas varias, como la de que los ojos bicolor de David Bowie son por su culpa, pues le sacudió un puñetazo, otras de las que no me acuerdo pero nunca me ha molestado en comprobar. Ahora es un tío normal, casado con Laurie Anderson, que si yo tuviera más mala leche diría que parece un equivalente nuyorker de Agatha Ruiz de la Prada, pero no lo diré (...). No lo miréis de lado, son puntos suspensivos. Publicó una broma pesada hacia la industria musical : Metal Machine Music, disco sin fín, lleno de ruido blanco sin ningún sentido. Pero no os voy a torturar con eso. La ilustración que encabeza este post es la contraportada de Transformer ,obra magna de Lou Reed. Justo antes de escribir este post, os lo juro, he caído en la cuenta que igual no hay que traducirlo por transformador sino por transformista. Si no, dejando al lado al caballero con pinta de macarra y ostentosísima erección, no dudáis un poco de la identidad sexual de la dama de al lado. Lejos de delirios eléctricos o industriales, Transformer podría definirse como un disco prácticamente de música de cabaret. Suena el piano, suena el saxo, suena el clarinete. Cuando suena una guitarra ( por cierto la de Mick Ronson ), suena breve, contenida. La producción, de David Bowie, exacta, rica sin exceso. Y varias de sus canciones son clásicos absolutos, algunas (Walk on the wild side) tan oídas que parecen estereotipos. Pero bucear en esa música, en esos hipnóticos himnos dedicados a personajes poco recomendables, es una experiencia que no puedo dejar de recomendaros.

El satélite del amor : y Mademoiselle, sepa que los bom-bom-bom en los coros son de David Bowie, que hasta en las voces ayudó el hombre





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