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dimecres, 2 de juliol del 2014

EL FINAL ALTERNATIVO

"Es mejor llevar a la gente a oír música donde podamos controlarlos"

Treme. No sabría decir muy bien de qué trata. Sé que he acabado los raquíticos (HBO no permitió más que eso a sus productores) cinco capítulos de su cuarta y última temporada, y sé que los he acabado muy consciente de que no iba a haber finales al uso. Demasiado coral, demasiado a espaldas de los esquemas narrativos a que estamos habituados.
Una muerte de alguien que ya sabíamos que estaba muy enfermo.
Un pequeño oasis de justicia en medio del océano de injusticia que es el capitalismo. Que es, además, un conato de redención.
Y eso es lo más cercano a conclusiones. 
Pero es que las series de David Simon son la vida: y la vida continua, oigan.
Y por eso mismo ver Treme es imprescindible. Con sus lagunas de inacción y su abuso de los footage en vivo de clubs (curioso: la gran mayoría de la música que sale en la serie a mí no me dice nada), pero con todo lo que ello acarrea. Estamos presenciando la vida real de una serie de gente en una ciudad asolada por una desgracia como el Katrina. De hecho, la presencia del huracán solo aflora en la última temporada porque se han conservado los títulos de crédito.
Ateniéndome a la frase que inaugura este post, podría decir que Treme es otra pista más de que la sociedad americana se sustenta sobre todo en una escrupulosa aplicación de la justicia y el control. Músicos, sí, público, sí, cerveza, sí, pero dentro de un ámbito. El control previsto sobre el proyectado Centro Nacional del Jazz es lo mismo que el Hamsterdam de The Wire. Controlemos a los malos y alejémoslos de los demás. Como las Reservas Indias, ya que hablamos. 
Quizás, pero sería demasiado ya concebir una Trilogía de los desastres de tres grandes ciudades americanas, David Simon pose sus ojos en Detroit, ciudad de edificios fantasmas, y construya una trama basada en los grandes íconos del techno y en cómo presenciaron su hundimiento. Rezaré por ello, aunque sé que no. Lo que no sé es por cuánto tiempo se sustentará David Simon de producir extraordinarias series que hacen babear a la crítica y a cierto público por su deslumbrante calidad y su capacidad de trascender el espectáculo televisivo pero que no consiguen esa masa crítica de seguidores que garantiza repercusión. Como la violinista que necesita que su música suene suya, pero acaba cediendo parcialmente a los dictados de la industria. Supongo que es aquello de la total confianza en lo que se hace y la apuesta por el largo plazo. Pero da miedo. Porque si The Wire ya era difícil de catalogar porque había temporadas que tardaban en arrancar, hay que decir que aún conservaba esa reconocible condición de serie policíaca o serie sobre bandas de narcos o serie sobre mafias. Treme, ni eso. 
Y sigo pensando que todos los que leen esto deberían verla.

divendres, 14 de desembre del 2012

LA COCINA DEL INFIERNO


Sí: la tercera temporada de Treme acaba con la clásica secuencia que David Simon ha convertido en una especie de señal de identidad. Música de fondo y planos de la multitud de personajes en la situación en que quedan. Secuencia que suena a rodada sin tener muy claro si la serie continuaba o no. Fritos debe tener este tipo a los ejecutivos de las cadenas. Que ven como sus tramas podrían alargarse tanto como quisiera, que no hay enigmas a resolver, que el metaenigma no se resolverá ni con cuatro ni con quince temporadas, porque resolver definitivamente Treme o The Wire es llegar al sentido final de la vida y de las ciudades y de la coexistencia. Joder, qué pretencioso suena, pero es que es así. Da igual espoilear aunque no pienso hacerlo. Mirad lo que pasa, sentaros ante la pantalla y pasmaros con las secuencias a veces tan breves y tan precisas, sin colar un segundo de más. Ved como esta tercera temporada tiene dos poderosos centros de gravedad, dos lunas que iluminan: la tensión entre Janette Desautel y el implacable entramado empresarial en el cual se ha visto envuelta, y el acoso que el policía interpretado por David Morse empieza a detectar de una manera patente. Esos son los dos toboganes por los que se desliza la serie, mientras los músicos vienen y van, triunfan por talento o triunfan por insistencia, mientras no hay justicia con Ladonna, mientras el jefe Lambreaux da lecciones de coherencia y tozudez (a partes iguales), mientras Nelson Hidalgo parece un gato con el sensor de movimiento en On, siempre dispuesto a saltar cuando la rama sobre la que estaba sentado empieza a cimbrearse.

LA CUINA DE L'INFERN


Sí: la tercera temporada de Treme acaba amb la clàssica seqüència que David Simon ha convertit en una mena de senyal d'identitat. Música de fons i plans de la multitud de personatges en la situació en què queden. Seqüència que sona a rodada sense tenir molt clar si la sèrie continuava o no. Tips ha de tenir aquest tio als executius de les cadenes. Que veuen com les seves trames podrien allargar-se tant com volguès, que no hi ha enigmes a resoldre, que el metaenigma no es resoldrà ni amb quatre ni amb quinze temporades, perquè resoldre definitivament Treme o The Wire és arribar al sentit final de la vida i de les ciutats i de la coexistència. Collons, què pretensiós sona, però és que és així. Tant és espoilear, encara que no penso fer-ho. Mireu el que passa, seieu davant la pantalla i pasmeu-vos amb les seqüències de vegades tan breus i tan precises, sense colar un segon de més. Vegeu com aquesta tercera temporada té dos poderosos centres de gravetat, dues llunes que il · luminen: la tensió entre Janette Desautel i l'implacable entramat empresarial en el qual s'ha vist embolicada, i l'assetjament que el policia interpretat per David Morse comença a detectar d'una manera patent. Aquests són els dos tobogans pels quals llisca la sèrie, mentre els músics vénen i van, triomfen per talent o triomfen per insistència, mentre no hi ha justícia amb Ladonna, mentre el cap Lambreaux dóna lliçons de coherència i tossuderia (a parts iguals) , mentre Nelson Hidalgo sembla un gat amb el sensor de moviment a On, sempre disposat a saltar quan la branca sobre la qual estava assegut comença a moure's.

dijous, 13 de desembre del 2012

MEDIO MILLON

Solemne, íntegro, digno: los grandes jefes no necesitan corbata
No es bueno escribir bajo la influencia del enfado: ayer me lo dijo Marcelo y, como soy tozudo, no le doy toda la razón (pues me lo paso de maravilla destripando a quien se lo merece), pero sí una buena parte. Lo malo es que me quedo un porcentaje que ya es suficiente: ya sé lo que dicen de los panes y los vinos y los peces y el agua (los que creen), pues creedme: soy capaz de mucho con un pequeño botecito de vitriolo, o de bilis, o de cual sea la sustancia (líquida o sólida) que estimule mi voracidad, casi insaciable, de encontrar a quien culpar ya no de mis males sino los del planeta entero. Así que, enfermera, haga pasar al siguiente.
Que son el resto de los norteamericanos a los que no les ha dado la gana ver Treme. Porque con esos estoy muy cabreado: sí, son cientos de millones, pero igual si me dan tiempo y herramientas de planificación tengo tiempo para todos. Pues esos son los que no ven Treme, que se ha quedado con una audiencia media de poco más de medio millón en su tercera temporada, cosa que, supongo, ha tensado la cuerda de HBO hasta un nivel difícil de gestionar. Con lo cual se ha instado a sus productores a resolver la serie en una cuarta temporada de duración indeterminada, pero que, estimo, va a ser breve, cuando la tercera ha sido de diez episodios. Bastante será si les dejan hacer cuatro capítulos stándard y una final de una horita y media. No sé, como me comporto a veces como un niño pataleando, si yo fuese Simon y les diría pues ahí está: estas series no acaban. Simplemente dejas de poner la cámara y ya está: la vida sigue y la muerte sigue. Sobre todo lo segundo, no os quepa duda. Así que pondría un montón de tickboxes con "No sé" a las preguntas de si la chef sexy aguantará tantas tonterías a las que el entramado empresarial la está sometiendo, si el músico con tendencias tóxicomanas resolverá su filia por los rasgos orientales o si el gran jefe Lambreaux sucumbirá al linfoma. Para qué: en las series de David Simon las cosas no van de éso, de si se casan o mueren o triunfan o fracasan. Va de seres vivos (demasiados, seguro, en Treme la enorme coralidad de la serie es un severo test para los acostumbrados a las sitcom que se desarrollan con tres tipos en un apartamento y, a lo sumo, gente que entra y sale) y de sus relaciones y parece ir, porque seguramente nunca lo sabremos, de cómo esas relaciones acaban confluyendo para que esas personas diverjan y converjan. Fue así en The Wire, y la onda expansiva tardó (tarda: no para de crecer) años en hacer entender a la gente que ciertas series no son para ser gustadas, si no para ser vividas.
A la altura del octavo capítulo de la tercera temporada, yo ya huelo a mar y siento calma chicha cuando veo las paredes afectadas por las inundaciones de la soberbia presentación. Cuando veo esas imágenes, de desgracia y desolación, acompañadas de la canción de créditos: alegre, festiva, optimista. Esa secuencia de créditos iniciales, magnífica, es mi efecto Pavlov. Lo que viene detrás no siempre es agradable, no siempre es pura fascinación: a veces es el retrato de la pura rutina en cámara psíquicamente fija. Me da igual: no echaré las cuentas, y medio millón son muchos, también. Pero los otros son unos cabrones.


MIG MILIO

Solemne, íntegre, digne: els grans caps no necessiten corbata
No és bo escriure sota la influència del cabreig : ahir m'ho va dir Marcelo i, com sóc tossut, no li dono tota la raó (ja m'ho passo molt bé esbudellant a qui s'ho mereix), però sí una bona part. El pitjor és que em quedo un percentatge que ja n'hi ha prou: ja sé el que diuen dels pans i els vins i els peixos i l'aigua (els que creuen), doncs creieu-me: sóc capaç de molt amb un petit potet de vidriol, o de bilis, o de quina sigui la substància (líquida o sòlida) que estimuli la meva voracitat, gairebé insaciable, de trobar a qui culpar ja no dels meus mals sinó dels del planeta sencer. Així que, infermera, faci passar al següent.
Qué són la resta dels nord-americans als quals no els hi ha donat la gana veure Treme. Perquè amb aquests estic molt emprenyat: sí, són centenars de milions, però igual si em donen temps i eines de planificació tinc temps per a tots. Doncs aquests són els que no veuen Treme, que s'ha quedat amb una audiència mitjana de poc més de mig milió en la seva tercera temporada, cosa que, suposo, ha tensat la corda d'HBO fins a un nivell difícil de gestionar. Amb la qual cosa s'ha instat els seus productors a resoldre la sèrie en una quarta temporada de durada indeterminada, però que, estimo, serà breu, quan la tercera ha estat de deu episodis. Bastant serà si els hi deixen fer quatre capítols estàndard i una final d'una horeta i mitja. No sé, com em comporto de vegades com un nen picant de peus, si jo fos en Simon els diria doncs aquí està: aquestes sèries no acaben. Simplement deixes de posar la càmera i ja està: la vida segueix i la mort segueix. Sobretot la segona, no us càpiga dubte. Així que posaria un munt de tickboxes amb "No sé" a les preguntes de si la xef sexy aguantarà tantes tonteries a les que l'entramat empresarial l'està sotmetent, si el músic amb tendències toxicòmanes resoldrà la filia pels trets orientals o si el gran cap Lambreaux sucumbirà al limfoma. Per què: a les sèries de David Simon les coses no van d'això, de si es casen o moren o triomfen o fracassen. Va d'éssers vius (massa, segur, en Treme l'enorme coralitat de la sèrie és un sever test per als acostumats a les sitcom que es desenvolupen amb tres tios en un apartament i, com a molt, gent que entra i surt) i de les seves relacions i sembla anar, perquè segurament mai ho sabrem, de com aquestes relacions acaben confluint perquè aquestes persones divergeixin i convergeixin. Va ser així a The Wire, i l'ona expansiva va trigar (triga: no para de créixer) anys a fer entendre a la gent que certes sèries no són per ser agradades si no per ser viscudes.
A l'alçada del vuitè capítol de la tercera temporada, jo ja oloro a mar i sento calma absoluta quan veig les parets afectades per les inundacions de la supèrbia presentació. Quan veig aquestes imatges, de desgràcia i desolació, acompanyades de la cançó de crèdits: alegre, festiva, optimista. Aquesta seqüència de crèdits inicials, magnífica, és el meu efecte Pavlov. El que ve darrere no sempre és agradable, no sempre és pura fascinació: de vegades és el retrat de la pura rutina en càmera psíquicament fixa. Tant me fa: no tiraré els comptes, i mig milió són molts, també. Però els altres són uns cabrons.


dimecres, 17 d’octubre del 2012

OCASIONES DESPERDICIADAS

Sí: promociono mi blog. Si no quisiera que la gente me leyera lo escribiría en uno de esos cucos diarios con llave y escondería la llave en una caja de cerillas que metería en una caja de CD que guardaría en una caja de zapatos. 
O pondría una clave a través de Blogger. Me haría el exclusivo y el misterioso y conseguiría rápidamente que la gente me enviara solicitudes de claves: porque nada hay más efectivo que prohibir. Jodido debo estar para parafrasear, creo, a Lucía Etxebarría: que dijo que lo mejor para que los niños leyeran era prohibírselo.
Debería dejar pasar el rato y ver ese arsenal con el que me he hecho gracias a mi despiste: tres capítulos nuevos de Treme y cuatro de Boardwalk Empire. Con ganas y un par de cafés, qué haría con ellos. 
Pero resulta que hoy me publican en la página (larguísima página, estoy al final del todo) en www.lavanguardia.es, y resulta que el texto que hago para presentarme es cochambroso y patético y para rematarlo nada me inspira medianamente un post del que no me avergüence como si fuera un cura pederasta (perdón, esos no se avergüenzan). Y lamento que tan gran ocasión me pille con la guardia y las defensas y los leucocitos por los suelos (esto último inventado, ejem), porque me gustaría aprovechar tan gran ocasión y tan breve paso a la fama para decirles a los lectores del medio que sí, que lean ése, que a donde escribe Monzó uno tiene que acudir, pero que lean más cosas: que lean el prospecto de las medicinas y el catálogo del Lidl y la carta del restaurante donde coman de vez en cuando, porque a veces lo mejor no es lo que está más a la vista. A todos los lectores habituales no hace falta que os aclare nada sobre los vaivenes y los baches creativos y el cerebro en blanco como en un examen de final de carrera. A los esporádicos, que espero que no lo sean, que eso de las esporas suena a reproducción vegetal y está muy feo: haceros habituales, que aquí siempre hay happy hour, que si he conseguido, milagro, dijo 6Q, que www.elsofataronja.blogspot.com vaya por la segunda temporada de The Wire, ya me veo capaz de cualquier cosa. Bueno, no de votar al PP, que uno tiene sentido del decoro y de la prosodia, que decía Bolaño para despotricar de la Allende. Lamento malgastar frases que luego ya me da corte poner, en @Francescbon, lamento esta precipitación que no lleva a ningún lado, este mal andar, pero joder, uno tiene que aparecer en las fotos: despeinado, sin afeitar, con ojeras por los suelos. Todo antes de que un día así el papel quede en blanco.

dimecres, 14 de març del 2012

CONTRAINDICACIONES

No veas Treme si buscas un personaje como Omar Little, aquel Robin Hood moderno cuya muerte nos pareció tan injusta, como si un crío de apenas 11 años aniquilara media serie de un tiro.
No veas Treme si eres blanco y estás cómodo con que Denzel Washington y Halle Berry sean los actores de color por antonomasia.
No veas Treme si las partes que más te gustaban en The Wire eran los tiroteos, los asesinatos y la sangre fría de los matones.
No veas Treme si piensas que es normal que a un agricultor le paguen 5 céntimos por un kilo de tomates y en la tienda se venda a un euro con cincuenta y nueve.
No veas Treme si cuando te hablan de televisión y sociología piensas en las ediciones de Gran Hermano.
No veas Treme si tu ídolo es Chuck Norris.
No veas Treme si sales huyendo cuando son las fiestas de tu barrio.
No veas Treme si votaste a Rajoy ( o incluso si, sin hacerlo, valoraste la posibilidad).

Si te sirves la cerveza siempre en un vaso, tampoco la veas.
Ni si tienes el armario lleno de trajes chaqueta, y tiras las camisetas al par de años de llevarlas.
Ni si no te suena ningún trompetista que no sea Rudy Ventura.

Cualquier otro motivo vale para verla, así que os ahorro un tostón sobre la HBO y las series de calidad y el sentido de la vida. O sobre la gran tragedia griega cuyas trazas adivinamos tras cada momento y en cada relación entre personajes.

Sin gustarme, para nada, esos estilos musicales tan puramente americanos que salpimentan las escenas: no me gusta el ragtime, el cajun, el zydeco, el rhythm and blues más primitivo, las brass bands, el blues de los pantanos, el hip-hop, el country: de toda la selección musical apenas aguanto los escarceos con el free-jazz del hijo del Gran Jefe Albert Lambreaux. El resto de la música no me toca la fibra, jodido europeo criado con Kraftwerk que soy. 
Eso sólo hace más grande el logro de Simon: tejer una madeja en torno a una ciudad cautiva de su fama, abandonada a su desgracia, y hacernos pensar por qué las cosas son así, y en qué se parece nuestra ciudad a esa que estamos viendo.

Una de las escenas del último episodio contiene este diálogo, entre Arnie Reyes, que repara techos y trabaja en lo que le sale, y su primo, Nelson Hidalgo, comisionista que gana fortunas especulando con la compra de terrenos. Por lo cual están a punto de descubrir que ha pagado sobornos. Ante unas copas, los primos se sinceran. Nelson está ya algo afectado por el alcohol.

Arnie : Nelson, díme una cosa, ¿tú qué haces?
Nelson : ¿Que qué hago?¿qué quieres decir?
Arnie : ¿Qué es lo que haces?
Nelson (sacude la cabeza) : Hago negocios, gano dinero...
Arnie : Pero qué fabricas, qué es lo que haces?
Nelson (ladea la cabeza, resuella): pst.
Arnie : Cuando estoy de portero me encargo de que la gente pague la entrada, o no dejo que los borrachos toquen a las chicas. Y cuando me subo a una casa, pongo el tejado
Nelson : Cuando hago un negocio, algo se hace.
Arnie : Como qué?
Nelson : Ese tema inmobiliario. Voy a contarte un secreto (se acerca confidencialmente, mira alrededor). Van a construir un hospital ahí, por eso están comprando las casas.
Arnie : Primo, aquí todo el mundo dice que hay un hospital que no quieren reabrir.
Nelson : (Hace el ademán de troncharse de risa).Vale, pues este será nuevo, incluso mejor.
Arnie : (Sube el tono mostrando un ligero cabreo). Pero tú no vas a construirlo, has comprado unos terrenos para luego venderlos y ganar dinero  antes de que lo construyan.
Nelson : Vale. Y qué?
Arnie : Que cuando yo pongo un tejado ya no llueve encima de alguien.
Nelson : (aplaude lenta e irónicamente)...
Arnie : Me piro.
Nelson : (Tras despedirse con la mano, coge la copa que ha dejado Arnie, la levanta, y brinda en dirección al primo que se aleja).

dimarts, 13 de març del 2012

TODO ES GRIS

Pensaba que entre tanto capítulo de Treme debía salir una horita, o así, a respirar. En www.deborahlibros.com leí reseñas ciertamente entusiastas sobre algunos libros de Andrea Camilleri. Y como la recomendación sobre Los girasoles ciegos fue una auténtica revelación, decidí probar. Con una corta novela llamada El traje gris.
Podría ser que me hubiera equivocado en la elección, pero, tras unas primeras páginas ágiles, seguí adelante, aunque, a medida que la trama avanzaba, no podía evitar que me invadieran dos sensaciones complementarias. La primera, que Camilleri era descrito como uno de los escritores de mayor éxito en Italia. Profundo tufo a best-seller que impregna las fosas nasales como el olor a caucho de los neumáticos quemados. La segunda, que la trama de maduro ejecutivo bancario con servicio, y joven mujer que empieza a acumular infidelidades, empezaba a resultarme insulsa y poco creíble, ni siquiera en ese entorno ligeramente decadente de los matrimonios de clase adinerada que, poco a poco, se van desmenuzando, en medio del llevadero escenario de cenas opulentas, vacaciones en sitios caros, visitas a tiendas de lujo, et al. Entonces, si uno no planta las simientes de un desenlace con un itinerario con un mínimo de veracidad, pasa que hasta oye el ruido de los naipes desplomándose. No me interesó (y van tres) ver qué pasaba finalmente en la historia. Ni fui capaz de retener ni una frase en medio de tanto lenguaje narrativo convencional. Mal bagaje, el de las últimas semanas, para alguien que devoraba libro tras libro y lo reseñaba con juvenil (y por tanto impostado) entusiasmo. Suerte tengo de que, para quitar el mal sabor (por lo tibio y agridulce) de boca, sólo sean necesarias tres o cuatro páginas de Franzen. Qué enorme diferencia, entre Franzen y Camilleri. Matiz y sinuosidad frente a llanura y abulia. Carretera de alta montaña frente a autopista en domingo por la tarde. 
Por cierto: para aquel que se entusiasme con los cruces de referencias. Hoy Quim Monzó habla en su columna de LV. Sobre Franzen que critica a Twitter (por lo mismo que un servidor: ¿qué coño podemos decir en 140 carácteres los enfermos crónicos de la incontinencia verbal más irreversible?¿dar los buenos días?). Pero Franzen lo comenta en una conferencia en la Universidad de Tulane (Nueva Orléans), allí donde Creighton Bernette da sus clases en la primera temporada de, obviously, Treme. Monzó menciona, en la misma columna, a Ricky Gervais, y a George Pérec. 
Yo añado que ayer supe que Brad Pitt era la estrella que más había recaudado, 30 millones de dólares, para las víctimas del Katrina. Y tantas cosas separadas me llevaron de vuelta allí. Sólo queda un capítulo. 

dilluns, 12 de març del 2012

EL PUNTO DE INFLEXION

Si sirve de pretexto, diré que yo hubiese escrito ayer y posiblemente hoy, sobre lo que hubiera leído o visto. Pero no he podido parar de ver capítulos de Treme. De su segunda temporada, para ser más concreto. Me lo recomendó John Self, vencí el miedo interior que me sacudía a cada paso (no esperes otro The Wire, no lo hagas). El sábado la web www.365d365e.com llevaba, muy oportunamente (además, publicando dos entradas por primera vez), entrevistas, supongo que reales, con dos de sus actores protagonistas. Ya era demasiada presión.
Pero hubiera sacado tiempo de donde fuera.
Hasta que vi la primera escena del tercer episodio de la segunda temporada (qué lío!). Un travelling, más mental que técnico, por todos los personajes y su situación justo en ese momento. Con una pieza de violín y piano como música de fondo, que nos aparcaba, finalmente, en la exposición fotográfica en que la tocaban, y el violín era el de Annie. Apenas un par de minutos sin apenas diálogo, como un resumen algo espontáneo y metafórico del punto al que habíamos llegado. Ese breve lapso me permitió constatar que David Simon lo ha hecho otra vez. Lo de pringarnos con su radiografía de la ciudad, de sus capas y estratos, de sus errores y sus vergüenzas. Como la pegatina que se pega al zapato, desde ese momento ya no me desembarazo de Treme, ya ha acaparado mi atención, y todo lo que pueda hacer hasta acabar los cinco capítulos que me quedan, será estéril y estará inacabado. Ya volveré de Nueva Orléans.

divendres, 9 de març del 2012

ELOGIO DE LO DISPERSO

Hay veces, en los últimos meses, en que he estado monotemático. Las acampadas. Quién se acuerda ya de las acampadas en Plaça Catalunya y en otros puntos neurálgicos del estado. El mismo, supongo, que tendrá presente lo que consiguieron, con su parsimonia y su buenrrollismo, sus puestos informativos, sus jergones tirados en el suelo, y sus puntos de recogida de residuos. Radicalización del PP, triunfo por todo lo alto, y un arquetipo más del que reírse, "el indignado". Aparte de eso, nada. Ni la caseta de que hablé. Dónde estará la caseta. La de tiras cómicas y menciones socarronas que habrá habido en la prensa rancia, mostrando el dibujito del desarrapado de turno al lado del señorito repeinado del PP, jersey anudado al hombro y MBA bajo el brazo.

Así que, creo, de vez en cuando merezco ser lo más disperso posible. Como la prensa (cada vez menos) que regalan en el metro (mmm, en el subte): sin sentimientos, todo superficie. Esa ligereza me aleja el dolor de cabeza que provocan las cosas que obcecan. Estamos a viernes, narices.

Colofón final a la primera temporada de Treme (con la segunda esperando en el reproductor): importante golpe en el penúltimo capítulo, en plena línea de flotación. Este David Simon. Dios ampare a los incautos que esperen de Treme un nuevo The Wire. Ni un tiro (no es que tampoco hubiera muchos). La droga, como un mero complemento de tercerísimo plano. La roña, en los rincones, la que ya agotado no intentas retirar, o dejas para otro día. Que es una imagen cierta pero también metafísica. Eso es lo que pasa en el mundo: nadie se ocupa de mirar lo que queda en los rincones, más que de tanto en tanto.

Franzen :  cada página que leo de Las correcciones me empuja más a buscar en toda su obra. Si son cuatro al día, o veinte, da igual. Nada es superfluo. Veré lo que tardo en acabar ésta y sus tres novelas restantes. Desde ese momento ya iniciaré la cuenta atrás, pues con su ritmo el siguiente tocaría en 2019 o así. Mierda. Interesante escritor, mucho.

El asunto de Orsai : gente que se pasa y comenta, poderoso estímulo y me comporto como un anfitrión gilipollas; una frase intentando ser original con todo el mundo. No como esos escritores de ventas millonarias que ni conceden entrevistas ni ceden más que mirar altivamente a cámara en las fotos promocionales. Eso, Hernán, es lo que significa nadie en medio; todo lector tiene su trato personalizado. Agotador, poco rentable, seguramente, inviable. Tanto como emocionante.

Dos reseñas que debo, aunque una (hasta ahora) bajo el mayor de los secretos. La de Los girasoles ciegos: difícil, quién coño soy yo para seleccionar apenas unos párrafos entre tanta maravilla. 
Y la de Bolaño por sí mismo. Recopilación de entrevistas a Roberto Bolaño publicada por una universidad chilena. Auténtico festín donde El Genio despliega su naturalidad teñida de inmensa modestia (cuando se refiere a sí como persona o como escritor).

Una entrevista escandalosamente interesante con un tipo valenciano, relacionado con el mundo del arte, al que sin reparos confieso no conocer previamente de nada. Pero con opiniones y gustos extraordinarios. Se lo dije a Ronny: me encantan los que mencionan e intercalan sus gustos y preferencias a las primeras de cambio. Un sueño húmedo para los yonkies culturales.


Por todo lo cual confieso que me es muy difícil no creer en la humanidad cuando existen esta clase de personas.

Ya que ahora mismo aún he de verificar que Messi no sea un extraterrestre.


dimecres, 7 de març del 2012

CAMBIAR PARA SER IGUAL

Qué sensación más familiar. Tener algo en las manos que se va y no saber como recuperarlo. Seamos más mundanos : conseguir hacer una rabona con la PS3, y no saber qué mierda de combinación de teclas te ha permitido hacerlo. Probarlo y probarlo y no hay manera. Por qué me salió y ahora se me escapa. Forzar las cosas: la garantía de que todo saldrá mal.
Si pensó cosas parecidas David Simon o no, es algo que ignoro. Pues parece un tío que lo tiene todo muy calculado, tanto que parece que no, que le da papeles a pequeños traficantes o a músicos de verdad, que los deja delante de la cámara sin otra instrucción que un biyaselfman, que no les obliga entonces a memorizar frases de guión. Y que edita lo mínimo lo que sale, pues es oro puro casi todo.
Pero algo tuvo que reflexionar cuando en ese lapso entre el final de la quinta temporada de The Wire y el primer capítulo de Treme, las fuerzas telúricas (no todas, las más insistentes) decidieron al unísono que era el responsable de una de las mejores series jamás vista. Cosa que debió alegrarle pero también le abrumó. Porque no hay la misma distancia entre las tres partes del Padrino. Porque tan profunda había sido su disección de los entresijos de una ciudad sacudida por la desglobalización y los bajos intereses que de escarbar más ahí solo sacaría migas. David Simon dejó a Baltimore seca. 
Lucia Micarelli : violinista antes que actriz
Entonces Treme tenía que partir casi de cero. Para no hacerla esclava de comparaciones. Para que no fuera el hermano pequeño en una casa donde el mayor es ejemplo en todo. Ni sé por qué se fijó en Nueva Orléans ni me importa. Puestos a fijarse en  grandes desgracias que han golpeado a la humanidad, el menú es extenso y se amplía cada día. Quizás más adelante pudiera pensar en que lo de Fukushima hubiera sido más dramático: ese tiempo real de la lengua de mar engullendo casas, hará pronto un año. Pero no. Fue Nueva Orléans. El lugar donde Simon nos ha llevado huyendo en toda forma posible de repetición de esquemas. Sólo la presencia de algunos actores remite a The Wire. Vagamente otras cosas pueden recordarlas. Las tomas en clave casi documental. Cierto espíritu en los títulos de crédito. La desazón de los funcionarios que no dan abasto. Las casas abandonadas de los barrios inundados, que pueden recordar a las que usaba Scoop y su socio para esconder los cadáveres. Personajes que te caen bién o mal pero no te dejan indiferente. En Treme no hay malos y buenos, de momento. Ni siquiera hay ese juego de pieles de cebolla de dimensiones de la ética, donde en The Wire pensabas que D'Angelo Barksdale no parecía ser tan mal tío, pero luego lo pensabas de Avon Barksdale, de Stringer Bell, y ni Marlo, la frialdad más absoluta, te acababa de parecer un malvado, por el entorno en que estaba. Y menudos cuatro he nombrado.
Para nuestra desgracia, dudo que en Treme nos encontremos con un nuevo Omar Little. Ahora bien, quién no palidecería al lado de Omar Little.
En Treme,muchos de los personajes están como arrepentidos de obedecer ciertos instintos primarios, ciertas de sus condiciones. Antoine, de usar el trombón en exceso (...), el escritor Creighton Bernette, de volverse loco cuando comprueba que su poder de convocatoria en Youtube ha sepultado, para su privado regocijo, al novelista comprometido con plazos y editores. Annie, de querer la música por encima de todo. Davis, de pensar que es un bohemian bourgeois. El Gran Jefe, de ser un referente entre los suyos. LaDonna, de ser rica a su pesar. No sé si la figura de este arrepentimiento tiene su equivalente en antiguas tragedias griegas o grandes clásicos de la literatura contemporánea. El entusiasmo por The Wire acarreó esas cosas: alguno se puso un pelo filosófico, y escribió ensayos algo pesaditos, bastante cargantes para ser más claro, donde emparentaba la serie con toda serie de cosas muy serias y de referencias muy intrincados. Cuando por aquí somos más prosaicos, por no decir patanes. Treme: relájate y disfruta.


diumenge, 4 de març del 2012

SALVEMOS EL MUNDO CON MUSICA

Recuerdo, vagamente, cosas que hacía en la era pre Emule. Sí: ya sé que ya estamos en la era post Emule. Pero me he anclado en esa especie de paciencia acomodada. Si usara otros mecanismos de descarga estaría aún más abrumado de lo que estoy. Recuerdo que acudía casi todos los miércoles a la tienda que Discos Castelló tenía en la muy canalla calle barcelonesa de Nou de la Rambla. Día en que se recibían los discos de importación, y algunas revistas, Muzik al frente, que me interesaban y me guiaban. Hasta el 2004 o así. Los números mensuales de Muzik eran una absoluta biblia de seguimiento casi obligado. En Muzik le dieron cinco estrellas a Felt mountain de Goldfrapp, y joder si lo merecía. En Muzik le dieron también cinco estrellas a discos de grupos como Obo o los Icons, y aún es un enigma para mí saber qué narices tenían esos discos para ser considerados obras maestras. Muzik hizo crecer las carreras de los Orbital o los Underworld hasta las cúspides más elevadas (en todo caso, las más elevadas de esa escena musical).  Seguramente la misma constatación de que la caída de esa cumbre se precipitaba, que la inspiración se había evaporado, empujó a la revista a su autoinmolación, justo en el número 99. Otra fiebre propia de la época, que aún perdura residualmente, fueron los recopilatorios. Las series que se acuñaron, algunas sujetas a estilos determinados (sí, ni yo sé por qué narices tengo tantos recopilatorios de house, de drum'n'bass o trip hop), otras con una mayor amplitud de miras renunciaron a restringirse a un estilo o a un sello determinado, y esas son las pocas que, a duras penas, sobreviven. Las que han pasado por encima de la figura del DJ y han ido a buscar músicos de todo tipo y a pedirles que relaten sus referencias, y que junten los discos que más les han gustado o les gustan. En un algo naif blog amigo, allthingspassintothenight.blogspot.com, se mencionaba hace unos días la cuestión de las cassettes de varios. Endemoniado invento, debería decirle, si lo fuera. Los auténticos yonkies, muchos de los cuales estamos hoy en día dedicados a la labor de zapa de la recomendación compulsiva de música a través de la red, hace años no teníamos esa posibilidad. Así que acudíamos a esfuerzos algo patéticos: hacer compilaciones para distribuirlas entre amistades y amores potenciales y reales. Era una época en que se pensaba que se podía seducir a alguien poniéndole buena música. Tan ingenuo que resulta entrañable. Entregábamos esas cintas, esos CDs (hoy ya no hay ni entrega física, ese campo ha quedado yermo), y esperábamos impacientes unos días, antes de preguntar algo sobreexcitados aquello de qué tal te pareció). Cuánta decepción ha seguido a esas preguntas, madre mía. Con un reparto prácticamente equilibrado entre tres respuestas, a cual más descorazonadora : no la he oído aún (interpretábamos, ni la va a oír, ni sabe ya dónde la ha metido), me ha gustado mucho aquella canción de... (le gustaba la canción que conocía, pasaba de las otras,agua) o, la peor, está bién, sin concreción (la más deprimente: no habíamos conseguido ni el premio de honor de la indiferencia o el desprecio que instiga o estimula algún tipo de discusión).- En cualquier caso, ciertos sellos fueron avispados en pedir a músicos, no necesariamente DJs, por sus favoritas del momento o de toda la vida. Con excelentes resultados, pues incluso músicos nada brillantes creativamente han hecho grandes aportes cuando han revelado las influencias que les empujaron a la creación. Son, básicamente, cuatro series mis favoritas, algunas de las cuales se extienden por más de diez años, demostrando riesgo y cintura a la hora de elegir a quién pedir que les haga una sesión:

DJ Kicks, que empezaron en un plan muy purista con Kenny Larkin, Stacey Pullen o Carl Craig, para rápidamente transformarse en un ejemplo de eclecticismo : desde la orgía dub-reggae de la sesión de Daddy-G de los Massive Attack hasta la excelente sesión casi espiritual de Motor City Drum Ensemble (que ilustra este post y os recomiendo encarecidamente).
Back to mine, con un temperamente más introspectivo, pero igualmente recomendables, con sorprendentes reconversiones como la de Everything but the Girl o extraños giros como los Orbital (que si no recuerdo mal incluyeron a Jethro Tull).
Late night tales, donde la calma y la mirada hacia atrás reinan, con espectaculares sesiones de Air o los MGMT, o Zero 7.
Y las series Fabric o Fabriclive, algo más orientada la primera al puro background musical (John Peel !!  : genuflexión) o a la pista, la segunda.

Debo decir que prácticamente cualquier disco de estas series es una absoluta garantía de satisfacción para la persona que se acerca a la música con curiosidad e inquietud. Descubrir música desconocida es, para mí, una de las cosas más gratificantes que existe, en un mundo donde vamos todos tanto a lo seguro y a no asumir riesgos en modo alguno. En poner la canción y ver la película y leer el libro que pensamos, casi seguro que nos gustará. Que no hay tanto tiempo para vivir y no es cuestión de perderlo.
Y digo todo ésto bajo la influencia de dos capítulos apenas vistos de Treme. Serie que guardaba en la alacena y que un post de John Self sobre Dr. John acabó empujándome a ver. Para comprobar que no es The Wire. Lo cual hace más grande a The Wire. Qué hubiese resultado de intentar imitar esa estructura y esa genialidad que ya se sabe que es difícil alcanzar ??. Treme es diferente, es colorista y vital dentro de esa triste desesperación de quien vuelve asustado a su casa a ver qué ha dejado el paso del Katrina de ella. De quien en medio del caos reacciona tocando el trombón para alegrar a la gente y ganarse la vida. Treme no parece una serie para todos (como no lo era The Wire). Pero tanta música y tan variada me están haciendo pensar que, para empezar, sí es una serie para mí. Luego ya me pondré pesado. Ya sabéis.



divendres, 2 de març del 2012

EL CIERRE DE FILAS

Resulta espectacular la reacción de los medios ante los hechos que se producen últimamente. Todo un New York Times presta atención, en portada, a la imagen del manifestante que, enfundado en su hoodie, se enfrenta al empleado del mes del banco que le planta cara, en medio de una  de las protestas estudiantiles de los últimos días. Centro de Barcelona. Serviles como ellos solos, los medios más afines al sol que más calienta se han prestado a entrevistar al empleado, que modestamente niega indicios de heroicidad alguna en su acción. Quizás espera alguna medalla del banco al que defendió.
Mientras, yo recojo a través de comentarios en mi post de ayer posturas nada ambiguas con referencia a estos temas. Que se podrían resumir en que si hablando no te hacen caso, tal vez haya que gritar, y si ni así, pues ya veremos. En medio de opiniones sobre Carlos, sobre los movimientos extremistas europeos de los años 70, mayo del 68, y otros hechos que conmocionaron la sociedad décadas atrás. Ahora la conmocionan otras cosas. Curioso, este nuestro espontáneo acuerdo, que nos elevaría, según las opiniones de tertulianos de radios y televisiones convencionales, a todos los que así opinamos a la categoría de peligrosos activistas, de aviesos ideólogos que con sus arengas entregan y conducen a ingenuos y otrora dóciles jóvenes, a las fauces del sectarismo y el fanatismo. Como si tuviesen grandes alternativas, aparte del mando a distancia, el sofá, y dejar que los rayos catódicos los conviertan en babeantes seguidores de Quintanas, Campos y parecidos. No se preocupen: auto-declararse radical ya empieza a ser convencional.

Además, ciertos indicios, que en otra época yo hubiera llamado señales, parecen indicarme con claridad que éste es el buen camino.

Visito la web de RDL y acabo incluyendo la frase de Marçal, músico de la formación arty-punk  ¡Pelea! (apropiadísimo nombre) mencionando a Walter Benjamin  y el concepto (en mayúsculas: importante) de Violencia Divina. Como la furia de los elementos pero en la tierra. Como un tornado que no mueve el aire de la atmósfera sino el viento (curioso, mencionado en el poema de Germán, en http://decicrisis.blogspot.com/2012/02/blog-post.html, que habla de un culto a un tal Bön, seré egocéntrico !!), el viento de las ideas osadas.
Entonces también rebusco en la web de Mr. Blue, dónde recomienda leer la Historia abreviada de la literatura portátil, algo denso libro de Vila-Matas, pero que ya en su contraportada menciona un reducido grupo de escritores entre los que sale, bingo!, Walter Benjamin.
Hablo de los captchas y Karina me recomienda un vídeo grabado en TEDX (igual que la conferencia de Casciari !! bingo#2!!), http://www.tedxriodelaplata.org/videos/utilizando-poder-millones-mentes-humanas sobre el sentido de las extrañas palabritas, y su aprovechamiento globalizado. John Self se apresura a comentarme que tiene pensado hacer algo sobre los captchas, que ya veremos lo que es (pero salivo como el perro de Pavlov, igual que mientras espero la Orsai 5). Me lamentaría si dijera que se ha adelantado a una idea, pero esa no era la mía. La mía era montar anagramas con los captchas que me inspiren, que serán, práctica y necesariamente, aquellos que contienen una mejor proporción de vocales y consonantes. Crear títulos o frases y que esos tiren, a la Kapuscinski, de esta perezosa y limitada imaginación que, últimamente, sólo sirve para ver y recomendar, leer y recomendar. Ved Treme, leed Las correcciones (ya comprendo que HBO puede sacar de ahí una serie).
Lo hice, y un día de éstos veréis mi primer post con título de captcha anagramizado.

Cuando leo esta última frase empiezo a comprender que uno sabe de donde sale pero rara vez prevé adonde llega. Justo le dije a Ronny, sobre las manifestaciones, algo parecido. O somos un micromundo de no más de 200 o 300 sonados (justo el número de manifestantes violentos e incontrolados a los que la policía de Barcelona atribuye la responsabilidad de todos los desperfectos, siempre), o  es mi cabeza. Pero tanto cierre de filas me tiene muy mosqueado.



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