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dimecres, 20 de juny del 2012

EL DECLIVE DE LA INDUSTRIA TEXTIL

Hey
Hey
Gabba gabba hey
Lana del Rey
Como la de Sabadell (pronunciese "sabadei")
No es culpa tuya
lo de tu hermosura
Ni que bajo mi brazo, si la ves
la portada del Go de este mes
parezca la del Elle (pronúnciese "ei")

Como cuando Carla Bruni
Salía en el Rockdelux

Que esta reseña
No sea de ley
Tampoco es tu culpa
Lana del Rey
Ni que Goldfrapp sea de UK (pronúnciese "iukei")
Y tú de USA (pronúnciese "iuesei")



Así que continúo en la prosa en la que, al menos yo, me siento más cómodo.
Sí: Lana del Rey es muy guapa. Prácticamente, una modelo. Tiene buena voz y un aspecto que parece profundamente cuidado para poder parecer profundamente descuidado. Dicen que compone letra y música de lo que canta. Ha publicado un disco llamado Born to die con quince canciones. A pesar de lo cual, en su concierto en el Sónar solo interpretó nueve de ellas. Escasa de repertorio, prescinde de seis canciones y ni tan siquiera recurre al socorrido truco de intercalar alguna versión de algún músico admirado. Muy curioso, aunque, si me olvido de los repugnantes Die Antwoord, tiendo a respetar mucho la elección de los programadores del Sónar. Son casi veinte años de emplearse a fondo en conseguir que Barcelona tenga un lugar destacado en la música de vanguardia. Como mucho, habrán traído algún músico en horas bajas. Pero por lo demás, ojos de halcón.
Así que le dedico horas a escuchar ese disco, cuyo título de texto de tatuaje carcelario (Nacida para morir, uuuuuhhh) ya esconde algún detalle: ni pienso pasar desapercibida, ni pienso arrepentirme de ser una mujer atractiva. Oigo las quince canciones hasta el final, varias veces. Olvido la existencia del botón skip, que es seguramente el responsable de que mucha música nos pase desapercibida. Justo esas canciones que pensamos que empiezan como todas, y zas, pasan al olvido. No. Lana del Rey también tiene canciones que empiezan parecidas, pero decido emplearme con lo más parecido a la profesionalidad.
Cosas que puedo decir de Lana del Rey.
Canta bastante bien: una voz de crooner blanca un pelo nasal y otro pelo, intencionadamente, fría, pero al menos no se lanza a estériles alardes técnicos, como la insoportable Adele. Sí. Subrayado y en negrita. Al menos, como Adele, no parece una artista sacada de un concurso televisivo de talentos.
Las composiciones son bastante decentes: la estructura es clásica, no ha buscado la excentricidad a base de efectos raros. Son canciones con un cierto corte cinemático, y el hecho de ser, y presentarse, como una solista, nos hace imaginarla frente a un micro de pie, melena ladeada y vestido largo. Con anónimos músicos en smóking, prácticamente uniformados. Puede que llegando a las lágrimas en alguna canción de tono particularmente autobiográfico. Cuestiones de ser cautiva de esa imagen: desprender glamour aunque no se quiera o se pretenda. A ver: ser portada del Vogue tampoco es salir huyendo del glamour, Lana. Ser portada del Vogue, siendo una pretendida nueva estrella de un universo musical algo alternativo no creo que haya sido muy habitual. No sé quien habrá sido portada en todos los Vogues de la historia y del planeta. Especularé: Françoise Hardy? Quizás Björk?.
Mejor las canciones lentas que las mid-tempo, por eso. Esa manía tan americanizada del guiño al hip hop para captar público. Tan propia de los azucarados discos de Beyoncé.
Tiene, al menos, una buena canción que se me ha pegado bastante insistentemente (sin descartar que ya la hubiese oído de fondo en algún lado): Video games. Todo el mundo parece coincidir en que es la mejor. Su vídeo tiene 41 millones de visitas en Youtube. La canción va vestida de balada post-nuclear, aunque a mí me parece ligeramente un corta y pega. No entiendo algo las transiciones entre estrofas, pero eso ya es para nota. Sí, es una muy buena canción.


El problema: muchas canciones en ese disco buscan ser esa canción, otra vez. Esa balada triste y crepuscular, añorada, algo 50's y a la vez actual. Todas las baladas buscan alcanzar ese punto. Born to die podría haber sido un disco con ocho o nueve baladas solventes, aunque prácticamente fotocopiadas.
Y lo otro: muchos, demasiados, estuvieron ya, hace tiempo, en los terrenos que pisa Lana del Rey. En el sonido, en el tratamiento vocal, en el uso de cuerdas, en el minimalismo rítmico, en las percusiones que parecen bidones golpeados, en la actitud. Portishead, Goldfrapp, Erykah Badu, Neneh Cherry, los Morcheeba, y otros muchos. Tantos, que me ha dado por montar aquí un pequeño universo con algunas de las influencias, y no dejo de preguntarme por qué Lana del Rey ha de triunfar donde otros no lo hicieron antes, seguro, siendo mejores o no, ya lo dejo a la opinión de cada uno. No sé si es por culpa de esa pléyade de productores empeñados en ceñir el vestido trip-hop, una y otra vez, a las composiciones, cosa que, curioso, despoja de unidad al disco.  Porque hasta un disco producido por un único productor sonaría más variado, más como obra y no como secuencia de canciones ligeramente parecidas. No sé si es que las canciones son más sencillas en su concepción que el exceso de ampulosidad con el que, en algún momento, se las sepulta. No sé, en fin, por qué el mejor disco de baladas amargas del milenio: Felt Mountain de Goldfrapp, por qué, justo ése, no tuvo la repercusión que parece que va a tener Lana del Rey. Quizás porque Alison Goldfrapp no es tan guapa o no es tan abiertamente diva. No sé. Lana del Rey no tiene, quizás, toda la culpa, pero, cara a un segundo disco, yo haría algo de limpieza. Si no quiere acabar como la nueva Céline Dion. Que eso si que sería jodido, aunque no, lógicamente, para su bolsillo.

Porque a Lana le pasa como al material que le da nombre. Auténtica, pura, es muy cara, pero mezclándola, pierde paulatinamente su calidad hasta ser, casi, otra cosa.

Desde aquí, todo lo que no es Lana del Rey, un mínimo de once años atrás.












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