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dimarts, 24 d’abril del 2012

EL ARTE DE LA EMBOSCADA

Se acerca el verano y la manga larga empezará a sobrar. Luego: hay que ir al cine y bailar y tener adecuadas bandas sonoras para días de playa.
Vaya: qué les digo a los del cono sur. En fín: puede uno asomarse a esta mediterránea ventana y ver lo que pasa, no?
Me temo que los políticos (y sus íntimos, los grandes empresarios de relumbrón) sigan irrumpiendo maleducadamente aquí. Haremos lo que sea para impedir el acceso. El blog debería regresar al dinamismo más absoluto. Busco nuevas canciones, aunque sean de viejos músicos. Busco libros que aún no hayan amarilleado en estanterías. Busco series que ni tan siquiera hayan sido dobladas toscamente. O mejor, nada de eso: busco libros amarillos, no de antiguos, sino de impaciencia por ser leídos, canciones en paciente pausa (ll) hasta que se escuchen, y series afectadas por huelgas no de guionistas sino de espectadores. Quiero analizar el ADN, hasta aislar el gen de la indiferencia. Importantísimo, para la ciencia identificar el gen de la indiferencia. El que hace que los humanos se queden cómodamente sentados viendo pasar ante sí toda clase de injusticias.
Ando con un libro algo precipitado, con una portada muy equívoca, una especie de American Psycho edulcorado, que obtuvo buenas posiciones en los libros del año en alguna publicación de nula o escasa repercusión. Ando con otro libro que es como un ensayo autobiográfico con el pretexto de un montón de canciones pop que adornan la existencia. Y con un tercero que tiene capítulos de apenas media página, basados en extraños principios que parecen científicos. Sí, el espectáculo en cinemascope a todo color que fue la lectura de Libertad (y 6Q, conseguí reseñarlo sin colar una sola letra de spoiler) sólo puede ser sustituido por una especie de lectura coral: tres libros que comparten detalles nada despreciables. Tres autores españoles, los tres generacionalmente relacionados (nacidos entre los últimos 60 y los mediados 70), por razones obvias, todavía con obras relativamente cortas. Ninguno supera las 300 páginas, todos responden a un estilo ligeramente acelerado (anfetamínico en distintos grados, podría decirse). Me ha entrado la prisa por ponerme al día, porque Franzen haya acaparado un par de semanas?. No sé. Sé que este frío barcelonés de abril, tan raro y desubicado, parece justo lo que va a ser: la antesala de un verano caluroso y alterado, en un país donde los acontecimientos se suceden, donde algo está cercano a la ebullición. 

 

Como los huesos que te rompiste, cuando se acerca tormenta: no sabes qué, pero dentro de tí, algo te indica que cosas importantes van a pasar. 


Segueix a @francescbon