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dijous, 19 d’abril del 2012

EL FIN Y LOS MEDIOS


Debería pronunciarme sobre la endogamia. O sea: sobre escribir en el blog acerca de escribir en el blog. Hacer pasar eso por una entrada profundamente metafísica y, como en un viaje astral, proyectar en mi mente mi propia imagen escribiendo y hablar de ella. Describirme fielmente, valorar la luz que me ilumina y las circunstancias en que lo hago, si es de día o de noche. Si lo hago con un refresco o con un vaso de whisky. En la cama, en el salón o en la pequeña terraza (como le llaman los constructores a los grandes balcones cuando pretenden venderte un piso).
Pero no puedo emitir una opinión. La endogamia es en el fondo, una amiga a la que recurrir, como recurren muchos grandes escritores a escribir, declaradamente o no, sobre sí mismos. Vila-Matas, Houellebecq, Auster, Vallejo, Cercas, el mismo Bolaño, acaban introduciéndose en sus libros como personajes principales o secundarios, con sus nombres verdaderos o con extraños trasuntos con los que comparten parte o todo de rasgos y personalidades. No encuentran cosas fuera y buscan adentro.


¿A qué viene todo esto?.

Primero dejadme recrear algo en la historia de estas páginas, historia que creo que fui filtrando aquí, esquemática y esporádicamente. Pero que puedo resumir.

Empecé el blog porque ví un capítulo de House donde una enferma consultaba en el suyo acerca de los tratamientos que los médicos le proponían.
Por eso y porque mi enfermedad era haber caído de bruces en la literatura de ficción, de nuevo, por culpa de Roberto Bolaño.
Lo hice con la intención de que amigos y compañeros dejasen de tener gustos de mierda, a base de aconsejarles. Lo de gustos de mierda no se lo dije a la primera: dejé que se dieran cuenta paulatinamente. Algunos aún no lo han hecho.
De repente (y porque abrí el blog con mi auténtico nombre y apellido) personas de las que no sabía hacía tiempo me encontraron, antiguos amigos y conocidos; algunos se unieron. No sólo eso, me trajeron invitados. Esporádicos algunos de ellos, pero gente que pasaba por aquí. No todos se quedaron.
Atravesé una época en que escribía prácticamente para apenas media docena de personas. Montones de escritos sin tan siquiera un comentario. Decía (obviamente, a mí mismo) que me daba igual, pero no. Me jodía. Me jodía, pero seguía. Eso sería entre marzo y diciembre del 2011. Unos diez meses escribiendo cada día con muy escasa repercusión. Prueba de fe y resistencia, en cualquier caso. Si debo demostrarme algo a mí mismo, ahí hay una muestra. Diría que aún hay escritos que sólo yo he leído.
Y en enero, el asunto de Orsai: los links que colgué ahí me han llevado ( me han conseguido) a esta curiosa situación. Tenemos una pequeña comunidad, con unos cuantos miembros estables y algunos más inestables, que se pasan por aquí y ven lo que hay. Como el que pasa por un bar cuando sale del trabajo.  No todo el mundo va al bar al salir del trabajo, ni todos los días. El bar está siempre abierto, por eso. Tomas tu cerveza y puede que mires lo que hay puesto en la TV (el puto amo del bar siempre lo deja en el mismo canal : HBO), o pillas los periódicos y las revistas, y comentas sobre lo que te llama la atención. Puede que un día haya una pila de libros y todo. Igualmente, si no hay nada, se habla de lo que salga.


El otro día me sentí algo incómodo: cuando dos tiraban de un tango cada uno para su lado. Porque hay cosas que algunos aguantamos muy mal: ver dos amigos discutir. Los que hemos alardeado toda la vida de ser buenos elementos de cohesión, o catalizadores; capaces de encontrar siempre argumentos para mantener a la gente unida. Ya sé que alguno dirá (aunque ello significará que al menos ha leído ésto) que éste de que va.

Bien: veo las Orsai hasta el número 4 y veo la número 5 con todos esos cambios, perceptibles. La variación en los contenidos, la deriva hacia el contenido gráfico, la pérdida de peso específico del texto puro y duro. Me pregunto: ¿es consciente Casciari de que está evolucionando para satisfacer los gustos de quienes le leen?, o ¿ha hecho todos estos cambios a su entero capricho, se ha puesto el mundo por montera (odio los símiles taurinos) y ha dicho: ya me seguiréis?.

37 años para aprenderse 3 frases: mal actor.
Esto no deja de ser una digresión absurda. Como cuando hace unos días justifiqué la aparente falta de emociones (de emociones en la superficie). De hecho, es como si un mecanismo remoto hubiera sonado para que me siente y mire atrás: el Barça ha perdido; el rey ha pedido perdón; me han planteado enviar colaboraciones a otro blog; y miro los textos entre los que elegir para dar con aquel que me defina, y todos hablan de libros que no son de estricta actualidad, o de viejos discos, o de series que quien quiera ya habrá visto. Digo: joder, qué puta mierda. También me pregunto si no es exigir demasiado a quien lee que se pronuncie ni tan siquiera sobre una canción que puedes dejar de fondo mientras lees esto (como pretendo que se haga con las que puse justo aquí). Encerrado en este submundo que agradezco sin lágrimas ni emociones baratas, sé que allá fuera se reirán de los errores y las tonterías y todas las cosas que son propias de mi bisoñez. Que aquí se acogen con cariño y familiaridad. Pero fuera, ya no sé qué es lo que hay.





divendres, 6 de gener del 2012

PIANOS INUNDADOS DE DIVERSOS LIQUIDOS

A la espera de lo que nos deparen las agresivas campañas de promoción de las rebajas, hoy podría ser oficialmente el día en que dejemos de ver en TV montones de anuncios de perfumes. Si uno se lo plantea fríamente, un anuncio de perfume es posiblemente el acto publicitario más abstracto de que se puede ser capaz. Porque prácticamente de todos los productos puedes sacar alguna ínfima conclusión en función del aspecto de un envase, de una imagen. Pero no de las colonias. Sin embargo, no dejamos de ver esos anuncios, que parecen ser más efectivos que las demostradoras que, spray en ristre, te esperan apostadas en los stand de los grandes almacenes. Ya hace un tiempo que mencioné un anuncio, ahora sí lo recuerdo sin duda, de Massimo Dutti, con la banda sonora de Hope there´s someone, canción enseña de Antony and the Johnsons. Canción triste, casi epifánica. Canción que puede que pocos hayan oído hasta el final en alguna ocasión, siempre insertada y extractada para ajustarse a escenas de duración y efecto determinado. Porque el final de la canción es un estridente y poco soportable (casi cacofónico) crescendo de piano y voz. Completamente desacorde con el pretendido tono íntimo. En RAC1 ya usan la canción con un propósito abiertamente irónico, que es el de crear esa atmósfera íntima, ligeramente sensual, ligeramente decadente. En medio de las primeras frases, zas!, el locutor que hace trizas el aura, que convierte el espíritu en una especie de introspección de baratillo. Qué poco se lo iba a imaginar Antony. La culpa, muy posiblemente, es de Isabel Coixet, encerrada en un mundo interior de películas tristes (con enfermedades incurables cebándose en cuerpos jóvenes, con traumas arrastrados, con secretos, con pasados sórdidos). Como Antony se encerró en un sonido que fue nuevo apenas unos meses. El piano, la voz cargada de dolor, la incomprensión del entorno. Los seres que habitan los márgenes. Antony recibió tres bendiciones, que relaciono en cierto imaginario orden temporal : Rufus Wainwright (escondido hace años tras la vergüenza creativa del disco de piano más voz del que nadie se acuerda), Lou Reed (que debería hacer lo propio tras colaborar con Metallica), y los críticos de medio mundo, seguramente empujados por los de NY, seguramente a su vez empujados por un primer crítico, de alguna importante publicación, enamoradizo, que regresó groggy a casa tras una sesión de llanto y desconsuelo en alguna oscura sala de conciertos donde todo estaba desafinado, menos las intenciones.
Tras ocho años, y con ese estigma, ya es hora de que Antony se plantee poner su portentosa voz al servicio de otra cosa que no sean sollozos y baladas de naufragio en las identidades sexuales.
Mi libro de los próximos días será La música os hará libres, biografia de Ryuichi Sakamoto. Al margen de su colaboración con la santísima Trinidad de Davides (Bowie, Byrne, Sylvian), músico que traza, desde el archipiélago, desde la YMO, una trayectoria, dicen los cursis, sin mácula, digo yo, extraordinaria, nerviosa, irregular, en todo caso, digna.

Hay dos cosas que nos cuesta sacudirnos aquí : el eterno dilema de la política y los personajes públicos, y el gusto por cierta ficción que subsane las deficiencias de nuestra vida, a veces gris, o negra, o luminosa. Ingredientes que se mezclan en el regalo que nos hace John Self, cómo no, justo hoy.

divendres, 16 de setembre del 2011

EL NUEVO MESIAS

Varias cosas de las que me entero en los últimos días muestran una curiosa convergencia hacia cierto territorio delicado. Nótese que he empleado la palabra territorio. Podría mostrarlas montando un pequeño mapa con lo que las interconecta pero me inclino por la tradicional relación numérica. Nótese que he empleado la palabra mapa.


1. Un instituto de bachillerato en Girona envía a casa (las cifras no coinciden según los medios) 30 ó 50 alumnas para que se vistan conforme a las normas del centro. El instituto es del Opus Dei. Supongo que las adolescentes se presentaron, cosas de este verano tardíamente caluroso, con el socorrido uniforme del verano (short tejano, camiseta de tirantes), cosa que ha puesto nervioso a algún severo guardián de la fe de tan puritana institución. Sí, podría estar de acuerdo en que una escuela no es una discoteca, pero...

2. La escuela a que asisten mis hijos establece un código de vestuario y desrecomienda tan mínimas prendas, aunque otorga una pequeña compensación : esta norma no se aplica los viernes por la tarde. No acabo de entender qué resulta ofensivo el lunes y no lo es el viernes, aunque hace años que en las empresas existe el friday wear, no creo que sea el caso.

3. En alguna otra escuela, ante la permisividad con compañeras que acuden a clase tocadas con algún tipo de velo musulmán (no me preguntéis el nombre ni de la escuela ni del tipo de velo), ciertos compañeros optan por asistir a clase ataviándose la cabeza con gorras, cascos, etc.

4. Parece ser que nuestro gobierno autonómico actual pretende crear, con la coartada de unas normas de uso del espacio público, leyes que acarrearán en la práctica la prohibición de pasearse con burkas y velos u otras prendas que impidan el reconocimiento de las facciones de la persona (se mencionan también curiosamente los cascos, pero la cosa no va por ahí, que no somos tontos leñe !!).

Si yo fuese ciegamente progresista y de la onda de la paz y el amor estaría terriblemente ofendido por estas coartaciones a la libertad ajena y el poco respeto a las personas y a su cultura y costumbres de orígen.
Vaya por delante que soy un orgulloso heterosexual partidario de la contemplación de la belleza femenina en todos sus estados de esplendor, que no son pocos. Véase cualquier capítulo de Entourage para referencias.
Resulta que hay quien dice que las mujeres se tapen y otros que se destapen. La relación entre CiU y ciertos sectores del Opus Dei es más que sabida. Los consejos de Marta Ferrusola para que TV3 no emitiese películas subidas de tono son de todos conocidos. Estamos en una clásica situación en las que los plastas hablan (hablamos) de la escala de grises y de la infinidad de matices. Esto a mí me confunde y me aturde, y necesito una referencia, aunque sea para contrastarla con mis propias opiniones.
La encontré, y se llama Michel Houellebecq. En un giro que me parece genial, sea realidad o promoción encubierta de su último libro, resulta que el hombre se halla desaparecido y no atiende llamadas ni de su editor. Igual que el personaje que transita por su libro con su mismo nombre.
Ocurre que Houellebecq se inmola en nombre de todos y dice las cosas que muchos piensan y no osan decir, o por lo incorrecto de su fondo o por la imposibilidad de expresarlo en su forma. A Houellebecq se la suda, y la ordinariez de la expresión se ajusta perfectamente, pero también valdría que se la trae floja o que le importa una mierda, si los radicales le amenazan o le interponen querellas o le acusan de representar el paradigma del nihilismo de la sociedad occidental.
El dice que les dén morcilla, pero no sé como lo dirá en francés.
Demostración de su valentía es ese cronismo de la decadente (ya la definía como decadente hace más de quince años, cuando todo eran flors i violes) sociedad occidental sustentada en columnas tan variopintas como el consumismo, el culto al cuerpo, las nuevas estructuras familiares, la pornografía, la ambición desmedida, la excentricidad, las tendencias suicidas, y todo ese magma que se arremolina en torno al mayor de los vacíos espirituales (vacío que él ha identificado sin expresarse sobre él, de una manera científica). Es un mesías que se inmola y recibe críticas y burlas y no pone la otra mejilla, simplemente encaja los golpes y sigue con su cigarrillo y su media sonrisa. Es un portavoz desinteresado de un montón de gente que no se lo ha pedido, pero da igual, quizás si se lo pidieran no lo haría, pues andar jodiendo a veces puede ser un modus vivendi.
Con todo esto creo que está más que justificado aclarar que El mapa y el territorio pasa por encima de una pila demasiado extensa ( cuatro de Ricardo Piglia, el tercero de la trilogía de Deptford, Capote, o 6q me mata, Beigbeder, Chirbes, Coetzee, Villoro) de libros que debo leer cuando acabe con Sukkwan Island , que es el que toca ahora.



divendres, 26 d’agost del 2011

EL SORBETE DE LIMON

Voy a quejarme en voz alta de que agosto es un mes que aturde e invade tu existencia y no siempre es para bién. Amigos que llevan blogs lo han mencionado en sus títulos y no recuerdo post sobre mayo o sobre octubre, por mencionar dos meses que no tienen por qué ser menos. Claro que es una maravilla (aunque quizás hubiese preferido el clima de julio del 2011 para todos los meses de verano de ahora en adelante) la sensación de dolce far niente, el pantalón corto, todos esos fashion items que tan nervioso ponen al carcamal de Ussía (hacerle la contraria podría acabar siendo para mí un poderoso principio vital), pero a veces esas agradables sensaciones vienen acompañadas de algunos incómodos efectos colaterales : pereza, somnolencia, cierto grado de indolencia que camina hacia la informalidad (cuántas cosas decimos que aprovecharemos para hacer en agosto y quedan postergadas como vulgares propósitos de final de año ?). Por lo demás sería esa época perfecta pero, desde que ando metido en el asunto que leéis, agosto se me manifiesta como una especie de algo incordiante Pepito Grillo que me impide escribir todo lo que quisiera, agravado por el hecho de tener más tiempo para pensar lo que escribiría. No espero que se me entienda.
Así que para empezar tengo miedo de decepcionar a alguno de los que espera encontrar grandes cosas aquí. Por si no quedaba claro en el post de ayer, dispersión es la palabra. En todo caso, si tendiese a pensar que sólo porque cuatro o cinco de los que te leen te ensalcen en demasía, ahí está Pedro Marín para recordarme su implacable opinión : no escribes ni medianamente bién. Ejem.

El quinto en discordia : excepcional primer paso de la trilogía de Deptford, que no tengo la más mínima duda de que funciona perfectamente como novela independiente. Una lectura excepcionalmente amena, sin alardeo innecesario de erudición. Una especie de repaso a la primera mitad del siglo XX a través de una experiencia vital llena de detalles levemente teñidos por la magia y el azar. Un libro que me ha resultado perfecto para leer en fases de 30 o 40 páginas, por su práctica estructura, fases que han sido auténticos episodios de placer literario. Gracias a quien tuvo la idea de traducir la obra de este espléndido autor canadiense. 

Hablo con Gustau de Cercles sobre el ritmo adecuado en las lecturas, cuando uno entra en esta especie de fase compulsiva. Que si alternar ficción y no ficción, que si hacerlo con autores traducidos y no. Que a veces es necesario pararse a descansar, sobre todo de ciertas lecturas de intensidad rayana con lo físico. Qué librero te recomendaría eso antes de colocarte cualquier obra ligerita, cualquier lectura inocua que haga las veces de la toallita con aroma a limón o el sorbete que te sirven entre platos fuertes. Muy pocos.

Mi sorbete de limón va a ser un cómodo libro que acabo de encontrar en la biblioteca : quizás sea una confesión excesivamente frívola, pero me pone algo nervioso que Murakami parezca el único japonés que escribe, y me acuerdo de Mishima, pero también de Kenzaburo Oé, que tiene un Nobel, y del cual no he leído nada, con lo que me abalanzo sobre La presa, novela corta en tipo de letra 14 o así, que puede hacerme el doble servicio en unas horas o así. Previo paso por Mónaco (debo reprimirme para no decir qué pienso de la hinchada madridista y sus pancartas de apoyo), pararé en ese libro antes de volver a Deptford, Canadá.
Como siempre que menciono algo relacionado con Japón, me es imposible no rendirme ante dos de los grandes genios que venero sin ningún tipo de reparo, dos carreras coherentes y sinceras que se han unido de vez en cuando, dos músicos a los que sólo ese halo ligeramente snob que acaba envolviendo a los experimentadores puede hacer alguna pequeña sombra, pero eso forma parte de las preconcepciones que uno se monta.



dimecres, 16 de març del 2011

MIEDO ATAVICO

Leer de los que mandan una mención de la palabra apocalipsis es algo que no recuerdo. Con la salvedad, claro, de ese perfil de políticos extremistas en un sentido u otro, y casi siempre refiriéndose a lo que podría pasar si uno vota a su antagonista. 
Pero ha pasado, por el tema de Japón. Justo hace unos días me extrañó mucho ver que este blog había recibido cuatro visitas desde allí. Me dejó tan fascinado como ver que hay quien está empleando google translator para traducir algún post al inglés. Me ha hecho reflexionar en cierta jerga críptica enrevesada e intraducible que se me escapa de vez en cuando.
No he dedicado a ningún otro país entradas monográficas, y a Japón le tocaron dos, para solaz de Mlle. Burlesque, que no sé si debo tratarla de ilustre y definitiva ausent,e o de amiga que fue de viaje y algún día volverá. Nos fascinan esas islas, sus chorraditas tecnológicas, sus kimonos, su comida, y a mí, Ryuichi Sakamoto, absoluto genio. Nos quedamos alucinados leyendo lo preparados que están, tanto sus edificios como sus pobladores, para enfrentarse a terremotos, a desgracias, a esos golpes traicioneros que te depara la vida, llaménse aviones nombrados Enola Gay, llámese esa mortífera carambolaa tres bandas terremoto-tsunami-pánico nuclear.
Hace poco leí sobre un libro de Vicente Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes de la apocalipsis, libro que por ciertas lejanas raíces valencianas de mi familia corría cuando era niño por mi casa (bueno, el libro debía estarse quieto, el que corría era yo), junto a otros muchos de su autor. Leí que ese libro hablaba de la I guerra mundial. Por esa asociación de ideas, de repente me apetece leerlo. La misma asociación de ideas que hará que hoy me decida a zamparme ese DVD repleto de extras que me compré (la mera palabra compré ya os advertirá que de éso hace algun tiempo), que es Apocalypse Now Redux. No sé que quiere decir redux y porqué se usa esa palabra cuando alguien le añade unas cuantas escenas, le quita otras, altera el orden... a películas que ya eran perfectas. En fin, los vietnamitas también tienen los ojos rasgados. De repente (apunto he estado de empezar otra frase con y, pero he decidido erradicar ese vicio) pienso si Kapuscinski tendrá algún libro sobre el Extremo Oriente, con lo cual sería el cuarto Kapuscinski seguido, detalle que ni Bolaño, aunque no creo que eso tenga que ver. Cuestión del caos del universo. Hace menos de media hora que he oído que la máxima autoridad relacionada con la energía nuclear en Francia recomienda a sus conciudadanos se dén prisita en abandonar Japón si están ahí. No era el mismo que decía apocalipsis. También he oído que el emperador (uno se olvida a menudo que Japón es un imperio) se ha dirigido a su pueblo pidiendo templanza y serenidad. Por lo que he oído él mismo era una expresión de templanza y serenidad, por lo que ese pueblo, el suyo, que no ha caído en la histeria ante esa racha de desgracias, que obedece y va por el lado de la calle que le han enseñado, para que todo sea limpio y ordenado y muy japonés, volverá, seguro, a hacer caso de sus palabras, algunos pensarán en 1945, claro, aquellos que sean viejos para eso o se hayan interesado lo suficiente por la historia de su país. Se sentarán, dormirán, y esperarán que mañana vuelva a amanecer, que para eso son el país del sol naciente.

diumenge, 31 d’octubre del 2010

JAPON 2.0



Justo me entero que en L'Hospitalet hay estos días un salón del manga y el ánime ( y supongo que su versión porno el hentai ). La publicidad subliminal, no decían que estaba prohibida ??. Puede que dos posts sobre el Japón puedan parecerle un exceso a alguno pero la inspiración tiene esos extraños giros.
El turista accidental era una película sobre un escritor ( creo que el protagonista era William Hurt y no sé si también salía Geena Davies la de Thelma y Louise ) dedicado a escribir libros de viajes sin haber pisado los países de los que hablaba. Recuerdo eso y poco más : supongo que la historia se empezaba a ir hacia el tema de que era un tío raro y acomplejado y Geena Davies debía hacer algo para sacarle de esa extraña situación. Retener eso sólo, aparte de revelar el tiempo que hace que la ví, debería decir algo a su favor. Sí : hay películas ( y discos, y libros, y amistades, y tardes y noches de nuestra vida ) que no nos dejan ninguna huella en absoluto. En este sentido, los guionistas de la película algo, aunque fuese ese personaje, hicieron que trascendiera.
Japón crea hasta figuras que creemos que son exclusivas de ese lugar ( diría el engolado, "recóndito lugar" ) del planeta. Los hikikomori son personas que se han retirado voluntariamente de la sociedad. A veces son gente muy joven. Se encierran en su casa, supongo que aún más concretamente en su habitación, y de ahí no salen. Bueno, aquí les llamaríamos de alguna manera parecida a "ermitaños", quizás "anacoretas". La verdad es que me imagino que los hikikomori (todo parece más cool dicho en japonés ), a pesar de esa reclusión, y más allí, deben conservar su ADSL, su acceso, su Facebook o su Twitter, y deben ir haciendo su informe de qué tal les va la reclusión. Pijama limpito, cama hecha por mamá, supongo que la leche con galletas para pasar la tardecita, y venga informar al mundo de lo cruel que ha sido su entorno con ellos para que hayan acabado así. Eso chicos es trampa, las ventanas del mundo siguen abiertas y la luz se cuela por ellas. Así que he perdido la esperanza de encontrarme con un hikikomori. Si anda por la calle es que ya ha dejado de serlo. Procuro evitar a los traidores. Y a los impostores.

A costa de defraudar expectativas diré que lo único que tenía previsto para las palabras bonsai, karaoke, hara-kiri y sushi era mencionarlas, y ya lo he hecho.

Si tuviese que inclinarme por algo que me evoca completamente Japón sería esta canción.
Ryuichi Sakamoto ( el oficial japonés joven ) era uno de los miembros de la Yellow Magic Orchestra, grupo electrónico de gran influencia en toda la escena de Detroit de los últimos 80 que acabó con la inclusión del techno y el acid house. Aparte de protagonizar la película compuso parte de su banda sonora.
A quien me diga que no sabe quién es David Bowie ( el oficial británico no tan joven de pupilas de diferente color tal como mencioné en mi post Thought he was James Dean for a day ) le podría preguntar muy irónicamente en qué parte de la Amazonia profunda ha residido durante los últimos 40 años, o dejarme de ironías y decirle que si tan poco le interesa la música que no sé que hace aquí. No recuerdo que mencione Japón en ninguna de sus canciones, pero obtuvo un gran éxito versioneando a Iggy Pop en China girl.
Y quien canta en esta soberbia canción, que declaro aquí y ahora que, para mí, es una de las 50 mejores de la historia, es David Sylvian. Es muy injusto que no haya hablado de David Sylvian hasta ahora. Tanto como líder de Japan, que, a pesar de su nombre, nunca grabaron ningún disco en Japón, como por su arriesgada y fructífera carrera en solitario. Lo más que Japan se acercaron a Oriente fue grabando Visions of China. La influencia fue constante en su obra. David Sylvian ( veáse sino la imagen ) llevaba una pinta muy ambigua, que acabó inspirando a grupos como Duran Duran. Parecía muy amanerado , está claro que se pasaba empalideciendo su cara, y ese pelo es so eighties, pero contra todo pronóstico acabó casándose con una guapa cantante llamada Ingrid Chávez. Las pintas de los Japan tenían una inspiración clara en The New York Dolls. Su música bebió de varias fuentes : Satie, el glam-rock, Bowie, Roxy Music, cierta música concreta. El grupo se disolvió por diferencias creativas en la absoluta cúspide de su carrera y su potencial creativo. Aún así, poca gente les llegó a conocer por aquí. Nocturnos, experimentales, oscuros, algo turbios, si un día hubiese que echar cuentas habría que ver cuánta música no hubiese existido de no ser por su influencia. ( De hecho, si hiciésemos el mismo ejercicio sobre el grupo alemán Kraftwerk puedo asegurar que mi primera confesión es que este blog no existiría de no haberlo hecho Kraftwerk ).


Hace unos meses, un antiguo jugador del Madrid ( no podía ser de otro modo ), el italiano Antonio Cassano, confesaba, al presentar un libro ( su primer libro ) dónde narraba su vida y las muchas mozas que había conocido, que ya había escrito más libros en su vida de los que había leído. Más que confesarlo parecía alardear de ello. Vaya tela, muchacho. Yo debo admitir que, desde que ando líado con ésto, no consigo reunir el tiempo suficiente para leer un libro como Dios manda. Y mira que he llegado a comprar en estos meses, que se acumulan pacientemente ( los libros son amigos llenos de paciencia ) sobre mesitas o estantes, esperando su día. Ya hablé un poco acerca de mi ilusión por el blog : siempre he sido más de hacer regalos que de recibirlos; por lo tanto sacrifico a gusto no poder disfrutar con el ocio entrante porque ando líado con el ocio saliente. Mañana puede que volvamos a Europa.
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