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dimecres, 23 de febrer del 2011

DICTADOR CON UNA SOLA D

Dos locos se encuentran en el manicomio

Le dice el primero : Dios me ha dicho que soy su envíado
Contesta el segundo : Yo no te he dicho nada !!

Para empezar debo pedir unas intrascendentes disculpas pues ayer reiteradamente escribí Gadafi con dos "d", y por lo que veo es incorrecto, va con una sola "d". Supongo, vamos, porque las traducciones a nuestro alfabeto de los nombres originalmente en otros caracteres siempre son un poco osadas, por la cuestión fonética y tal. Lo digo también en mi afán perfeccionista, pues aunque alguna se ha colado (y cuando la detecto corro a enmendarlo), evito las faltas de ortografía, las malas acentuaciones, las faltas de concordancia en género y número y tiempo verbal, me pierde, como a mucha gente, este escribir atropellado que olvida las comas y menosprecia los puntos y coma. 
Llevo demasiados días politizando el blog, pero los acontecimientos se suceden en una progresión que debe hacer las delicias de los redactores jefe de internacional de toda la prensa. Recomiendo las tres fotos de Gadafi en LV de hoy, blandiendo su libro verde, su cadeau d'abord, autoproclamándose una serie de cosas que, vamos, leedlo por vosotros solos. Y coincide con haber acabado El emperador, gracias a una inoportuna acidez que me impedía dormir, prácticamente las últimas 100 páginas se han sucedido a una endiablada velocidad, en un crescendo final que me hace considerarlo, y ya sé que es fácil caer en esas tentaciones cuando la impresión es tan reciente, uno de los 10 mejores libros de entre los varios cientos que he leído. Con lo reacio que me considero (quizás debería emplear el pasado) a los libros de historia, a las semblanzas biográficas en uno u otro modo, básicamente porque muchas veces ya sé lo que va a pasar, el enorme placer de leer este libro me ha dejado perplejo. Gran escritor, del que afortunadamente debe haber una nutrida selección en colecciones de bolsillo. Gran periodista, también, pero como consigue aflorar literatura de alto octanaje de entre reportajes, testimonios, y mero relato objetivo de hechos, es un milagro al alcance de muy pocos. Desafortunadamente, ya fallecido.
Algo encaja en el hecho de que la lectura de este libro y estos hechos se estén produciendo a la vez pues acabé en este libro por una mera curiosidad que me llevó a leer una entrevista con un biógrafo de Kapuscinski.
Todo me hace pensar en este mundo extraño donde la gente se harta de hablar de acciones en grupo (de revoluciones Facebook, que empieza a parecerme que no es un concepto descabellado, quizás sólo sea un pelo utópico), también se habla de la familia como célula de la sociedad (y yo no estaría en desacuerdo, pero qué familia, el acartonado concepto occidental, o esas exóticas combinaciones presentes en otras sociedades), y en el fondo, los estados, las empresas, los colectivos, siguen buscando cabezas visibles, individuos a los que situar en cúspides (cúspides donde reina la soledad, y hace frío a todas horas). Y esos individuos se comportan como tales, cometiendo errores con sus decisiones, dependiendo al tomarlas de estados de ánimo, de salud, de fobias y filias reconocidas u ocultas. Y naciones enteras dependen de ellas. Ben Ali, Mubarak, Gadafi. Por distintos motivos, por cauces directos o indirectos, con ellos, y con algunos más, nuestros sensatos y democráticamente investidos líderes occidentales, parecían sentirse muy cómodos. Y ahora miran su silla, ven un vacío, aguardan expectantes quién va a sentarse ahí, quizás con la disculpa preparada, o no, vaya usted a saber.

Puestos a estas reiterativas y pesaditas entradas a las que soy muy dado últimamente, quiero tranquilizar desde aquí a todo afectado por el asunto de los pagarés de Nueva Rumasa. Desde que saltó el escándalo, sé de muy buena tinta que Ruizma y su clónica familia no han dejado de rezar ni un día a Virgencitas, Santos y tal, que seguro que ellos les solucionarán este asuntillo. Ignoro si en los paraísos fiscales donde domiciliaron sus empresas (seguro que por pura casualidad) disponen de capillas para realizar sus rezos con el atrezzo indispensable, cuando han ido a pasarse por ahí para comprobar que nadie ha ido a meter las narices, pero si no han podido, seguro que en un ladito de la cama (la de la Suite Royale de cinco estrellas) han podido hincar las rodillas y juntar las manitas. Comprometidos con el empleo.

Hoy suena una auténtica rareza : Ki-Oku, de DJ Krush, turntabilista japonés, más Toshinori Kondo, trompetista igualmente nipón. Influencias de Miles Davis, prácticamente imposibles de disociar cuando uno oye una trompeta en sordina (con la excepción de Chet Baker), ritmos perezosos. Muy difícil encontrar todas sus piezas, incluso en Youtube, pero uno tiene que alardear de una colección de CDs con alguna que otra perla escondida.

dimarts, 22 de febrer del 2011

DIME CON QUIEN ANDAS

Aviso a los perezosos : no voy a ser breve.

Pienso, igual que hace unos días en Túnez o en Egipto, hoy le toca a Libia. Aviones disparando contra la multitud en la calle. Gaddafi y el atentado del avión, del cual se salió de rositas. Gaddafi durmiendo cada día en un lugar diferente del desierto. Un hijo de Gaddafi y la Juve. La Juve y la manipulación del scudetto, y la pérdida del campeonato y la de la categoría. La manipulación del As para azuzar a la gente contra el Barça, contra el árbitro, contra todo. Para qué. 
Suena London Calling de los Clash. Enterito en su militante y multiétnica agresividad tardo-punk.

Pienso en Libia y acabo en el Barça y el As, primer intento.

Vuelvo a pensar, a ver ahora. Gaddafi solo en su palacio, o en lo que tenga (que seguro que donde esté no le falta de nada al hombre), decidiendo a toda prisa mientras recibe asesores preocupados, cariacontecidos, asesores que antes, o después, de verle hablan entre ellos, y alguno, el más sensato, o que quiere parecerlo en medio de tanta locura, se echa las manos a la cabeza y se vuelve hacia la puerta - cerrada - pensando en las consecuencias, en la repercusión, en lo que podrá acarrearle. Y pienso en El emperador, que estoy acabando en medio de gozo y solaz, y va a ser difícil que no me abalance sobre otro libro de Kapuscinski, es posible que en señal de respeto rebusque entre los símbolos de Windows para poder poner acentos a la polaca, en las consonantes. En ese aislamiento al cual se someten los caudillos  con tal de no abandonar su poder y sus privilegios. Pienso de nuevo en Bruno Ganz en El hundimiento, que casi parece humano pero no. Y entonces pienso en Pinochet y en Chile, y Chile me lleva a Roberto Bolaño, que salió de allí en 1973, pero que aún vuelve cada día. Y los aviones que sobrevuelan las calles de Trípoli tiroteando a la multitud me recuerdan al caza de Carlos Wieder trazando frases en el cielo. La muerte es belleza. Lo que quieras, pero tú estás zumbado.

Pienso en Libia y acabo en Roberto Bolaño, segundo intento.

Gaddafi, que entre decisiones de enviar aviones y tanques y tropas, tras pensar en la lealtad de los que han recibido su orden directa, ha pensado que también, su plan B, ha de llamar a alguien de fuera, que pueda acogerle si todo se complica aún más. Y piensa en su enorme fortuna, oculta en cuentas cifradas y en paraísos fiscales y en empresas tapadera, como seguro que han hecho los Ruizmas con todo el dinero de los primarrones, sí, aquel que iban a emplear en comprar una empresa de primer rango del sector alimentario (iba a ser SOS, S.O.S., lo pilláis, si estaba clarito !!) y que ahora se ha esfumado. Piensa que si tiene uno, un solo amigo lo suficientemente poderoso para defenderlo frente al mundo, ya será suficiente. Y me ha venido a la cabeza Munich, excelente película de Spielberg. Aquella del comando que se dedica a pulirse a los cerebros del secuestro de los Juegos Olímpicos. Fantástica película, como Syriana, con Clooney.

Y he vuelto a acabar donde no quería pensando en Libia.

Pienso en Libia y en ese dictador desconfiado y errático, perfecto perfil del tirano que cree que ser imprevisible es bueno para desconcertar a tus enemigos, y que sabe que está loco pero piensa que eso le convierte en fascinante. Pienso en el ser humano individual, que nace y muere solo, que se retira a sus aposentos a ver que se le ocurre para el día siguiente. Y pienso en Escobar, el narco colombiano que murió hace unos años. Y pienso en esa falsa película que le dedican en Entourage.
Y como me es imposible acabar en el mismo sitio os hablaré de Entourage.



La primera vez que oí hablar de Entourage, que aquí se llama El séquito, fue en un capítulo de The Office, en una mención delirante donde el jefe de la oficina obliga a su equipo a ver la TV el lunes por la mañana pues considera que eso les mejora la productividad. Una de las cosas que les obliga a ver es un capítulo de Entourage, el mismo en varias ocasiones.
Y me dió por indagar. Y ví que era una comedia, uno de sus productores ejecutivos es Mark Wahlberg (igual que Boardwalk Empire), que famosos de todas clases (desde Scorsese a Hugh Hefner, Tyson, Jessica Alba o Scarlett Johansson) han hecho cameos. Y empecé. Lo primero que debo recomendaros, si sois varones heterosexuales, es que os preparéis a sufrir una especie de síndrome de Stendhal, pues es abrumadora, repito, abrumadora, la presencia constante de espectaculares mujeres. Hablo de quitar el hipo. Hablo de que, para banalizarla, alguien ha definido a esta serie como Sex and the City para hombres. Entourage habla, en sus trazos básicos, de la amistad, de la lealtad, de conservar los orígenes por mucho que la vida pueda ponerte suficiente dinero delante como para hacerte olvidarlos. Entre sonrisas y estupefacción ante tanta chica cañón, Entourage entroniza el valor de tu entorno (ese séquito) para mantener tus pies en el suelo. Recomendé The Sopranos porqué es la vida. Recomendé The Wire porqué es la supervivencia en la urbe. Ambas eran dramas, severos dramas donde muchas cosas acaban mal de maneras diversamente injustas. Por motivos muy diferentes recomiendo Entourage, porque Vincent Chase ( hago los honores más abajo) es un individuo lleno de errores cuya suma acaba haciéndole entrañable. Simplemente se va dejando llevar. Y como la cosa de hoy va de seguir la corriente de los pensamientos, he recordado una conclusión de un periodista que entrevistó a Enrique Iglesias en la cumbre de su popularidad hace ya algunos años. Lo mejor en el mundo es ser amigo de Enrique Iglesias.


De izquierda a derecha :

Tortuga : Amigo de la infancia, chófer oficial del grupo la mayor parte de la serie. Satisfecho de recoger las migas que los demás dejan, pues esas migas son mejores que los manjares de la mayoría de la gente.

Ari Gold : El agente, impresionante composición actoral que se come las escenas en que aparece. Despótico, coherente a su modo.

Eric : Amigo de la infancia, necesario componente de raciocinio y sensatez en el grupo, ávido de abandonar la desmadrada vida de sexanddrugsandrockandroll de sus amigos para estabilizarse, cosa que le acarrea no pocas burlas, acompañadas de la eterna duda de si no es mejor dejarse llevar y no complicarse una vida que, sencilla, puede ser muy placentera.

Johnny Drama : Hermano, a la sombra, eterno fracasado que no quiere reconocerlo, para lo cual se pone el disfraz de haber pasado antes por todo eso. Entrañable por lo patético, el excelente casting de la serie tuvo la fantástica idea de darle el papel a Kevin Dillon, hermano real de otro más exitoso actor, Matt Dillon. Cada frase, cada escena, es un regalo de los dioses. Extraordinario personaje.

Vincent Chase : Él tiene la culpa de todo. Actor de éxito, le llueven las ofertas millonarias, la popularidad, las mujeres bimbo y el dinero. Consciente de que quiere conservar sus amigos de la infancia a su alrededor (la camarilla antes descrita, menos Ari Gold), hace que éstos le acompañen a Hollywood y vivan con él, aunque sea a costa de tener que mantenerlos. Está orgulloso de tenerlos ahí a su lado compartiendo su éxito. La serie está basada en la experiencia vital del propio Mark Wahlberg, que hizo algo parecido.

Con su vacuidad, con su exceso de la carne, con su extraordinaria selección musical, debo recomendaros Entourage. Y en un blog amigo alguien habló de amistades. Va de eso.



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