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diumenge, 8 d’abril del 2012

PRINCIPIOS Y FINALES

Decidí ver por segunda vez la octava temporada enterita de Entourage. Ocho capítulos, apenas cuatro horas que ya había visto en V.O., pero ahora dobladas. 
Volví a tener esa sensación extraña, con los cuatro minutos finales acompañados por la voz ligeramente manierista de Robert Plant, en Going to California. Vi el pueblo en la costa italiana, y vi la portentosa madurez de Perry Ferrell, y me dio por pensar en el significado de que la serie, basada en la figura de Vincent Chase y su entorno, se cierre con una última   escena, casi un Huevo de Pascua tras los créditos finales,   en la que el destino entrega la gloria en bandeja a Ari Gold. Inicialmente un personaje secundario, pero, gracias a los guionistas y al trabajo del excelso Jeremy Piven, no podía más que pensar que eso constituía  un acto de justicia. Tras ocho temporadas (ocho, el número de la suerte según la tradición china, pero el número  de la muerte para la temporada de ciertas series de difusión masiva : House, Desperate housewives y, me temo, The Office), quien sea que lo haya decidido (pues HBO dudo que se haya sentido presionada), lo ha hecho en el sentido de reconocer los méritos de todos los que han llevado la serie a su status de culto absoluto. Ari Gold, propietario de una agencia de talentos, es invitado a ser dios. Y él duda.

"Capítulo 3: El libre mercado promueve la competencia

En caso de que, con respecto a los padres de Patty, se haya filtrado en estas páginas un tono de queja o incluso una clara culpabilización , la autobiógrafa admite en este punto su profundo agradecimiento a Joyce y Ray al menos por una cosa, a saber, no haberla animado nunca a ser Creativa en las Artes, como hicieron con sus hermanas. La desatención de ambos para con Patty, pese a lo mucho que la hirió cuando era más joven, ahora parece más benigna cuando piensa en sus hermanas, que ya son cuarentonas y viven solas en Nueva York, demasiado excéntricas y creyéndose demasiado estupendas para mantener una relación a largo plazo, y aceptando aún la ayuda paterna mientras se afanan por alcanzar un éxito artístico que estaban convencidas de que sería su destino natural. Al final resultó que era mejor ser considerada tonta e insulsa que brillante y extraordinaria. Así, el hecho de que Patty sea incluso algo Creativa pasa a ser una grata sorpresa en lugar de un motivo de vergüenza el no serlo más."

Yo no creo que 6Q considere ésto un spoiler. Es el primer párrafo del tercer capítulo de Libertad de Franzen. Donde en apenas unas líneas Franzen se cepilla, amparado en el anonimato de la narración autobiográfica en tercera persona (lo sé; complicado), el concepto ligeramente hippy de potenciar la creatividad a destajo, frente al pragmatismo neocon de orientar la vida a la estabilidad económica y las comodidades. Cosa que me hizo rememorar cierta conversación con Mix, casual, precipitada (pero no por ello menos profunda), sobre Maika Makovski. Sobre jóvenes (Madrid en los 80 estaría llena de ellos) a los que padres acomodados permiten devaneos, conscientes de la posibilidad de acudir en su ayuda antes de que sea demasiado tarde. Pensé en cierto pie de foto a una imagen de Els amics de les arts, y en el hecho de que el frontman de los Mishima, David Carabén, sea el hijo de un antiguo gerente del Barça.
Pensé en el arte de la miseria y en el arte concebido desde la comodidad de áticos y apartamentos pagados en las grandes ciudades del mundo. Pensé en los comentarios plañideros de Lucía Etxebarría  sobre las grandes fortunas como mecenas (y por tanto impositoras de condiciones). Pensé en presentadores de programas de grandes audiencias de TV rescatando librerías como capricho y, a la vez, lavado de imagen.

No sé si John Self se pararía en este párrafo cuando leyó el libro. Sé que tardaré días en sacarlo de mi cabeza.

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