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dijous, 4 d’agost del 2016

ÁLEX, DILO TÚ

Foto cortesía de Llucia Ramis

Voy a abusar un poco de la confianza de Horacio. Voy a contestarle de forma pública a su último correo, y espero no haberme equivocado respecto al libro sobre el cual me interpela. Y lo hago así, y no sé si llegaré al número de caracteres que me sugiere, pero he de aprovechar el sutil efecto de espoleta algo tardía que su correo ha provocado, porque ya ando en lo de analizar mi comportamiento en lo referente a la escritura y cualquier empujón es agradecido y, en fin, no hay que darle más vueltas.
Horacio: este es el motivo por el que debes plantearte seriamente leer La broma infinita de David Foster Wallace. Un texto del escritor, no incluido en su libro sino en un artículo publicado en una recopilación póstuma, que ejemplifica varias cosas.
"Has descubierto que disfrutas mucho del hecho de que a la gente le guste tu escritura, y también descubres que tienes muchas ganas de que a la gente le gusten las cosas nuevas que escribes. La motivación de la pura diversión personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que no conoces que te aprecie y te admire y te considere buen escritor. El onanismo da paso al intento de seducción, como motivación. Ahora bien, el intento de seducción resulta muy trabajoso, y su diversión se ve compensada por un miedo terrible al rechazo. Sea lo que sea el "ego", tu ego acaba de entrar en juego. O tal vez "vanidad" sea una palabra mejor. Porque te das cuenta de que gran parte de tu escritura se ha convertido en puro exhibicionismo, en intentar que la gente te considere bueno. Y es comprensible. Ahora estás poniendo mucho de ti mismo en juego, cuando escribes; y también está en juego tu vanidad. Descubres algo peliagudo que tiene la escritura de narrativa: que para ser capaz de escribirla es necesaria cierta cantidad de vanidad, pero que cualquier cantidad de vanidad por encima de la estrictamente necesaria resulta letal. Llegado este punto, más del noventa por ciento de las cosas que estás escribiendo ya están motivadas e informadas por una necesidad abrumadora de gustar. Y esto genera una narrativa de mierda. Y la obra de mierda debe acabar en la papelera, no tanto por una cuestión de integridad artística como por el simple hecho de que la obra de mierda va a hacer que no gustes. Llegado este punto de la diversión del escritor, la misma cosa que siempre te ha motivado para escribir ahora te está motivando también para tirar lo que escribes a la papelera."
Poco puedo añadir. Un párrafo que explica la actitud del escritor hacia el proceso creativo y que explica con claridad lo que me sucede hace meses. Que es creer que por sentarme ante el teclado con un par de ideas que no son más que pretextos es suficiente, y que las cosas ya fluirán, porque hace años fluían cada día, y que de esa cantidad surgirá alguna chispa, como, me decían y yo lo creía, solía suceder. Peor aún, confieso, paré, temporalmente, de leer justo ese libro cuando comprendí varias cosas. Que no le prestaba la atención merecida ya que estaba pendiente de acabarlo para escribir sobre él. Que esa urgencia de escribir algo original sobre un libro que ya consideraba único me apremiaba. Y que, pasmado ante la calidad de mucho lo que había leído del autor, necesitaba guardar un texto al que recurrir, un seguro de vida para cuando uno se bloquea. Sí, tengo esa manía con mis autores favoritos. Entonces debo pedir la asistencia de Álex Azkona, que sí lo leyó, para que le explique a Horacio esos motivos que yo diría más movido por cierta ceguera o fanatismo. Confío en que Álex se manifieste y acuse algún recibo de esos sutiles comentarios que surgieron a raíz de aquello que Germán bautizó como la cumbre. Apenas un par de horas de tres tipos sentados ante unas bebidas en un bar cualquiera de un barrio de Barcelona, allá por la primera quincena de junio, justo unos días antes de que el calor apareciera. Horacio estuvo en Catalunya con la mejor de las finalidades que nos son preservadas: poder abrazar a sus hijos y a sus nietos. Pero aprovechó esa estancia para fines algo más mundanos. Disfrutó de esa peculiar sensación del paseo por la ciudad ajena que, por lo que se deduce de sus manifestaciones desde entonces, dejó de ser ajena y pasó a echar de menos. Pudimos, junto a Germán, coincidir lo suficiente para apreciar, por mi parte, que pensaba que Horacio estaba más gordo y Germán era más alto, y supongo que ellos se darían cuenta de lo atribulada y caótica que es mi existencia, siempre apremiado por las exigencias familiares. También conoció a Silvia Pérez Cruz. Eso fue muy brillante, Horacio, esos miles de kilómetros de oceáno sobrevolados ya se justificaban lo suficiente, pero encima eso.
Así que este post no cumple exactamente la finalidad con el que empezó a ser escrito. Muchas ideas van a quedarse en el aire, pero he de atrapar algunas de ellas. Germán me habló de un proyecto para gestionar un blog de forma colectiva. Fue una conversación muy esquemática pero ya aseguro desde aquí que puede contar conmigo. Otra cuestión: como es absurdo que vuelva a prometer una frecuencia o un esquema determinado que me obligue, he decidido imponerme una curiosa rutina que contiene un guiño que me atrae. Desde hoy, los títulos de los post van a abandonar la estructura numérica imperante en el último periodo. Desde hoy, los títulos se compondrán de una o más palabras, y el título completo contendrá todas las vocales y solo una vez cada una de ellas. La excusa perfecta del título era que, por tratarse de una prueba original, o de un episodio piloto, la primera vez estas vocales aparezcan en su alfabético y cacofónico orden natural. No hablaré de nueva época, de nuevo arranque ni de renacimiento. Ya me he equivocado demasiadas veces.

divendres, 19 de febrer del 2016

Y16W06: El autoanálisis






Sucedió hace unas semanas, un domingo por la noche: uno de esos momentos terroríficos en la semana de los empleados por cuenta ajena. Sigo por FB a una correctora de estilo y traductora de textos. Una persona educada y amable que también comenta libros por la red, con cierta tendencia hacia algunas lecturas que yo considero algo demasiado sensibles. Alguien que emplea su página web, también, como plataforma de contacto para su ámbito profesional. No, claro, un individuo cercano al enajenamiento a base de insistir con unos gustos en detrimento de otros. Había recibido un correo de una niña de once años que había leído los tres tomos de las Sombras de Grey, que consideraba eso un bagaje lector, y que se veía dotada para la escritura y que solicitaba consejo y ayuda para escribir un libro. El comentario en el perfil de FB era sorprendido, pero, en último extremo, positivo. Ya sabemos. A esas edades leer lo que sea ya está bien. Que faltan vocaciones, que haber elegido mal no era para ser tenido en cuenta, que había que ayudarla. Que qué tierna la niñita, qué desorientada y equivocada, pero qué tesón y qué convicción y que qué cuesta ser amable, que quién siembra cosecha y las cosas que crecen torcidas pueden enmendarse.

Me eché encima. En el mal sentido. Insistí en que había que ignorar una petición de esa calaña. Persistí. Que ya era un caso perdido. Puse ejemplos. Aún me guardé cosas, pues no quiero ser tildado de intransigente. De hecho, después de (hace mucho tiempo) haber escrito todo un post para hablar de mi repugnancia por el concepto de tolerancia mi comportamiento merece ese calificativo: intolerante. También dominante, descortés, prepotente. Y me encantaba sentirme así y encarnar esas dudosas virtudes.

¿Por qué he de ser así? Quede claro que el perfil de quien arranca con un blog sobre cuestiones, erm, culturales, se expone a la polémica, a la disensión, al intercambio de opiniones que cada uno defiende con la pasión que cree conveniente. Mi caso es paradigmático. No son pocas las veces que he dedicado líneas a destrozar lo que no me gusta. Pero esa niña no debía ser el objeto de mis diatribas. Quizás los padres que habían sido poco eficaces en alejar a una persona de esa edad de esas lecturas tan poco adecuadas, tan capaces de confundir sobre las relaciones entre las personas, sí, quizás ellos deberían haber sido las víctimas de mi reacción airada. La cuestión de los gustos ya ha sido tratada aquí, y la visceralidad ha sido mi estandarte. Al enemigo ni agua. Pero ocurren cosas. Ocurren cosas relacionadas con la madurez o con las fuerzas de que uno dispone. Esas cosas pueden hacer que uno trague algún sapo, cosa que espero que veáis que es muy distinta a moderarse. Uno puede comprender que Justin Bieber acepte consejos sabios para reorientar su carrera. Que uno de esos consejos se manifieste en un sonido aceptable (metálico, percusivo) presente en el segundo 32 de su canción Sorry, y otro se manifieste en elegir que su imagen no aparezca en el vídeo de esa canción. Un momento: no estoy defendiendo al tipo. Estoy empatizando con sus decisiones para huir del encasillamiento e intentar algo fugazmente diferente. También comprendo a Lady Gaga cuando elige protagonizar 7 minutos en el escenario homenajeando a David Bowie, aunque elija canciones obvias y no comprenda qué inapropiado es algún movimiento y alguna nota. Esto me hace humano, supongo. He de apelar a alguna coartada, pues escribo peor porque escribo poco y viceversa. Eso del círculo vicioso. He leído el exuberante párrafo inicial en el homenaje a Orsai y he renunciado a enviar un texto mío. Confuso, asimétrico, estridente, desordenado.
En todo caso, conservo suficiente fuerza para mantener incólumes ciertas posiciones. Mis dioses musicales se llaman Bob Marley, David Sylvian, Andrew Weatherall, Antonio Carlos Jobim, Marc Almond, Scott Walker y Alison Goldfrapp. Los literarios Roberto Bolaño, Jonathan Franzen, Ryszard Kapuscinski, David Foster Wallace y Michel Houellebecq. No creo que haya que incentivar a seguir escribiendo a alguien que considera libros como los de Grey como ejemplos a seguir, como senderos trazados por los que pasearse. y ahí va la explicación que debería haber dado, pero que no hice porque me dio reparo adueñarme de un diálogo en un comentario, me dio algo parecido a la vergüenza parecer que espero a la mínima oportunidad para destapar el tarro de las esencias. No era el lugar, seguramente, para decir que el mundo ya está bastante lleno de aspirantes a buenos escritores como para permitir progresar a un aspirante a mal escritor. Ya aborté una intentona, con comentarios respetuosos pero tenaces, justificados y tan certeros que cumplieron su función: ahora esa blogger se dedica a los trapitos y a los consejos de maquillaje. El mundo es, hoy, un lugar justo y luminoso.



dissabte, 13 de desembre del 2014

LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN


¿A qué obedece ese brillo en la mirada? Bueno, a qué obedecía. Puede que ese día, antes de la entrevista o la intervención televisiva o lo que quiera que fuera el evento al que corresponde esta imagen, Monzó se pimplara un par de vasos de bourbon. Id a saber: confeso amante de la buena "be-vida", jamás tuvo el mínimo reparo en reconocer su costumbre en lo referente a las bebidas espirituosas, sobre las que no escatimaba comentario alguno en sus escritos, si la ocasión lo precisaba. Para los que vamos siguiendo sus andanzas, pues Monzó encarna a la perfección ese perfil a la vez militante y crítico, queda bastante claro que, últimamente, el escritor, que debe rondar la sesentena, ha sido apercibido acerca de su estado de salud, cuestión que suele llevar aparejado el clásico consejo médico de alejarse de muchas cosas. Tabaco, bebida, comidas grasas o copiosas, estupefacientes sin receta, malos hábitos de sueño, ya sabéis. Y parece que Monzó les hace caso. Y parece que eso ha afectado a su brillantez. Por lo menos, la verbal. Monzó ha perdido su mojo. Habla más pausado, habla sin saltar de un tema a otro, sin atropellar al interlocutor, sin que su tono de voz ya nos haga imaginar su clásico derroche facial de tics. O eso me parece.
El caso es que vengo de aburrirme ayer de lo lindo en una cena de empresa. Sí; de lo lindo, y simplemente porque, años que uno tiene y temor a los controles policiales que suelen proliferar en noches como esta en Barcelona, decidí limitar de forma drástica mi consumo de alcohol, que venía siendo mi manera de sobrellevar estos eventos. El resultado fue un desastre absoluto, una especie de incomprensible actitud de no estar para muchas tonterías, y una reflexión que se me solapa con muchas cuestiones. Como acordarme del famoso personaje de cierto añejo capítulo de Friends, un tipo al que apelaban el divertido porque eso era lo que era bajo los efectos del alcohol, pero que aparecía en una fiesta hecho un absoluto aburrimiento y explicando que esa persona que era antes lo era porque era alcohólico. Como hacerme eco de todos esos famosos mitos que, aparte de afectar a escritores de los 60 y los 70 como Burroughs o Hunter S. Thompson, se extendían hacia mitos como Poe, del que se hablaba (hasta concretar en cuales en concreto de sus cuentos) que escribía bajo los efectos de los opiáceos. Y no hablaré de música en relación a ello.
Pero el remate ha sido cierta coletilla en cierto mail de hoy. Pasar página respecto a DFW. Ese escritor. Para mí, Foster Wallace no es ese sino este. Tal es su cercanía y tal es el interés y el sentido de la comprensión que me acerca a su obra. No a toda su obra. O tenemos alguna necesidad de ver a nuestros amigos en todas las facetas de su vida. Dicen, escriben, que DFW acusó cómo el abandono del Nardil, medicamento que usaba para la depresión, afectó a lo brillante de su obra. Que era extrañamente receptivo a las críticas y que su afán de perfección, su obsesión por gustar y mantener el nivel que era consciente de ser capaz de alcanzar, pesaban como una losa en una personalidad que era complicada. No voy a especular con fechas ni con eventuales reencarnaciones, aunque no puedo, a estas alturas, descartar nada. Pero ese espíritu insano, turbio, obseso y vitalista es todo un testigo que, junto a otros miles, me gustaría tomar. Aunque puede ser que ni el planteamiento de este post sea del todo cierto. 
Pues estamos bien.

diumenge, 30 de novembre del 2014

LA CUESTIÓN DE LA ESDRÚJULA


Me gustan las palabras esdrújulas. Es, seguramente una filia surgida de mis tiempos de estudiante, pues las esdrújulas eran palabras que desvelaban todas las dudas en lo concerniente a su acentuación. Menudas demócratas, las palabras esdrújulas. Sí, ya sé que la cuestión de la acentuación es una ayuda para la correcta lectura de los escritos. Sí, ya sé que este comentario está un poquito prendido con pinzas. Claro, para los que no escriben a menudo (yo, aunque no sea siempre aquí, me las doy de escribir a menudo: sale en cada conversación una o dos veces), esto que digo es una tontería. Pero la escritura en internet tiene esas cosas. Uno descuida las formas o se ve a sí mismo repitiéndose en exceso, abusando de las expresiones, de los dos puntos, de las elipses, del "y" como enlace entre frases, de la asíndeton, de la polisíndeton. Uno abusa de muchas cosas y entonces, igual que, en mis tiempos de comprador de discos, tanto una mala como una buena compra significaban que volvía a la tienda el sábado siguiente, hoy, en mis tiempos de escritor abnegada o resignadamente amateur, cuando encuentro algo que me gusta incido sobre ello: sea una canción, una frase, un libro o un autor. Owen Jones sería un ejemplo paradigmático: La demonización de la clase obrera me hace reconsiderar muchas de mis opiniones. Constantemente.

Por ejemplo: la cuestión de las élites. Para empezar, brillante mención mía al inicio del párrafo, esa palabreja, élite, importada del idioma francés, es igualmente admitida como palabra esdrújula y como palabra llana. Y se puede pronunciar a la francesa, así "elit". El elitismo es uno de esos conceptos que viene y va en las Grandes Modas a Gran Escala de Nuestra Señora la Humanidad. De repente gusta el sentirse miembro de un grupo poco concurrido, de repente esa minoría es señalada como la responsable de las enormes desigualdades, de repente unos elegidos parecen abocados a preservar una cierta exquisitez, de repente nos damos cuenta de que tildar a las representaciones masivas de lo popular como vulgares es injusto, avieso, perverso, en definitiva, otra forma de proyectar un aire de superioridad que no nos corresponde. Y yo lo dije en un correo privado de hace unos días: hay mediocridad mala y hay mediocridad buena. Metámosnoslo en la cabeza, porque este convencimiento mío es de esos que no admite demasiada discusión. La mediocridad de lo que gusta a muchos porque ha dispuesto de la suficiente difusión para hacerse popular no puede ser intrínsecamente mala: puede gustarnos o no, pero no es mala. Por mucha gente que alabe a Breaking Bad o OK Computer de Radiohead, no van a ser peores: puede que nos hartemos de ellos a causa de la sobreexposición a que pueda someternos el entusiasmo generalizado pero, si vamos a ser puntillosos, eso no pasó cuando los disfrutamos por primera vez y caimos cautivados por sus virtudes. En el fondo, querernos poner a salvo de toda mediocridad, querer hacer bandera de esnobismo y exclusividad en los gustos es como lo de los artículos de lujo: un ejercicio absoluto de egoísmo, cuando no es una actitud de narcisismo insano. El compartir en pequeños comités (otro galicismo) nos otorga un halo de seres únicos, nos pensamos que sabemos cosas que los demás no saben, nos pensamos que disponemos de un sexto sentido en nuestras apreciaciones, y ello, creemos, nos distingue de toda esa masa a la que le gustan cosas más comunes. De ahí, Freud no tardaría ni tres frases en deducir que tenemos gustos minoritarios para follar más, o para acceder a mejores personas con que follar. Bueno era Freud. Entonces, la mediocridad solo es mala cuando responde a la precipitación, al engaño, al plagio, a la falta de elaboración, con tal de apelar al perfil de la simplificación per se, con tal de programar resortes para el éxito en función no de talento sino de planificación. No: los gustos mayoritarios no tienen porqué ser mediocres. Son eso, mayoritarios, por algún motivo que, seguro, si muchos de los artistas que nos parece que son vocacionalmente minoritarios llegaran a descubrir, anda que no aprovecharían. Pues vamos.

diumenge, 8 de desembre del 2013

SOBRE LA PÁGINA 90, O ASÍ

El Objeto

La edición que estoy leyendo de La Broma Infinita es la de bolsillo. Tiene unas 1200 páginas y pesa más de 1 Kg., seguro, lo cual se trata de toda una broma (...) cuando para ser de bolsillo, su ancho de lomo de aproximadamente 7 cm. la hace inviable para tal denominación. Suelo acarrear el libro (que ni siquiera es cómodo para llevarlo en la mano) en el interior de una bolsa en bandolera (0), cosa que hace que la bolsa muestre un aspecto abombado y deforme, e incluso que, dependiendo de su contenido adicional, la cremallera no cierre por la parte donde el libro está ubicado, lo cual permite que se aviste su orgulloso contenido. 
Como tiene las notas en una especie de anexo posterior al texto (1) , me veo obligado a usar dos puntos de libro durante la lectura. Pues no quiero perder un detalle durante la lectura, o mejor dicho, no quiero ser consciente de haber perdido un detalle, y que esa consciencia lastre para siempre tanto mi pronunciamiento como esa especie de sensación interior de falta de algo (2).
La cuestión de los puntos de libro no es nada superficial. No sé que hacer ni donde guardar los puntos de libro mientras leo. Suelo dejar un reguero de puntos de libro pues me resulta algo incómodo doblar las esquinas de las páginas donde abandono (3) la lectura, pero aún más incómodo sostenerlo en una mano, ya no dejarlo al inicio del libro y exponerme a que resbale constantemente o a que, de forma accidental, el libro se cierre y yo tenga que ir en búsqueda del punto en que lo dejé (4).

Lo que no es El Objeto

En cualquier caso, como la finalidad de esta bitácora es cualquiera menos a) emitir un juicio de valor que supondría auto-espoilear lo que, a la postre, será una opinión objetiva y promediada de la lectura, en UnLibroAlDía y b) auto-espoilear el propio contenido del libro, ergo, si alguien despistado, o curioso, o escéptica, acudiera a esta novela en busca de tramas, misterios y desenlaces(5).

Por tanto, y dado que esto es un mero prólogo, diré que hasta ahora La Broma Infinita me transmite justo lo que esperaba. Es decir: necesidad de esfuerzo y de paciencia, fascinación por su perfección depurada, por ese bosque oculto tras los árboles, por esa jerga presuntamente de prospecto clínico que supura más emociones y más experiencias personales de lo saludablemente aconsejable. Me transmite mucha empatía (6) y me transmite mucho más que la gran mayoría de los escritores, tanto más que, como siempre, cualquier otra lectura que se interfiere ha de ser forzosamente modesta pues al lado de este hombre, y permitid que me repita y me parafrasee, la ligereza de otros se convierte en vacuidad. Lo cual no es suficiente, al menos para mí, que no desisto ni de leer otras cosas ni de acudir a esa especie de camposanto o UCI de las ideas que es la carpeta de borradores de mi blog, carpeta en la que acumulo ideas con la intención de que no escapen, con resultados muy desiguales (7).

(0) marca DKNY, modelo más parecido a lo inequívocamente masculino que incluía el catálogo de regalos de puntos por uso de tarjetas de una entidad financiera a la que no voy a hacer publicidad aquí, es más, entidad a la que recomendaría a todo el mundo que se abstenga de aportarle negocio alguno dado su claro posicionamiento unionista ejercido de forma absolutamente interesada (esta nota tiene el 0 debido a que el párrafo que la refiere ha sido intercalado a posteriori y no me resultaba cómodo ni práctico renumerar las posteriores). Bastante que no haya habido notas con números negativos o no vaya a haber en el futuro notas con números decimales.
(1) cosa no muy práctica, y que ignoro si estaba resuelta de la misma manera en la edición inicial del libro, pero que entiendo que es algo que no queda más remedio que hacer, dada la extensión de algunas notas - la que recoge la filmografía del padre, por ejemplo, ocupa más de media docena de páginas a tamaño de letra 10 como máximo
(2) al respecto, siempre recordaré que cuando, años atrás, vi The Sopranos, solía grabar los capítulos en un DVD conforme los descargaba del eMule. Como el DVD portátil donde los reproducía tenía una pantalla dividida en dos partes: en la parte izquierda figuraba el árbol de directorios y en la mitad derecha el nombre de los archivos. Como la pantalla sólo mostraba los caracteres iniciales de los archivos, no fui consciente de que, al grabar el DVD, la presencia de barras o puntos en los nombres de éstos hicieron que, en un caso puntual, viera uno de los capítulos fuera del orden establecido, circunstancia que noté, por algún detalle, a los cinco minutos de visionarlo. A pesar de lo cual, esos cinco minutos, en los que se producía (menuda pista hablando de The Sopranos) un crimen, no conseguí reubicarlos y me ha quedado, hasta que decida invertir otras 80 horas de mi escaso tiempo libre en volver a verla, cierta desagradable impresión de no haber visto la serie en su integridad, de faltar algo que no sé qué es.
(3) tampoco me gusta la palabra abandono en este contexto
(4) ni dejé tampoco
(5) como hacían los que veían Twin Peaks sin interpretar que el medio era el mensaje
(6) en especial por los editores y correctores que pudieran intervenir en su primera publicación, a los que imagino sentados sacudiendo la pierna derecha, en el despacho de la editorial, atormentados por el retraso a la cita del autor, y por su más que previsible negativa a modificar ni una sola coma de cualquiera de los párrafos, ni siquiera aquellos más trufados de polisílabos y tecnicismos
(7) entre los que reluce un post vacío y misteriosamente titulado Hepatotoxicidad leve que agradecería que alguien que lea esto se sirva sugerirme o apuntar de dónde puede haber surgido.

divendres, 6 de desembre del 2013

NICOLAS, EMPERADOR DE CHILE


Para tener veintipocos años Nicolas Jaar ya ha cosechado fama y prestigio. Lástima que sea en este mundo en recesión sin fín y en un género tan maltratado como la música a la que la etiqueta de electrónica acaba representando un estigma. Es decir: cuando escribo estas líneas ya sé de muchos que dejarán de leer no en menosprecio a cualquier valor literario que, de forma exagerada, pueda atribuirse a este texto, sino porque, sin cometer una mala apreciación, entenderán que cuando se usa la forma del ensayo para ensalzar algo, una de las primeras condiciones impuestas por el futuro lector será un mínimo interés, por incipiente que este sea,  hacia el tema del cual va a versar el texto; así que no voy a pensar que muchos lleguen hasta este punto si no tienen una cierta filia. Por lo que, de ahora en adelante, el texto se nutrirá básicamente de cierta jerga y cierta palabrería que, lo siento en el alma, aquellos que hagan bandera de su profanidad en ciertos conocimientos musicales, encontrarán extraña cuando no abiertamente incomprensible.
Un inciso previo. Este post aislado coincide en el tiempo con mi lectura (en este justo momento ando sobre la página 62, cuando acabamos de saber que Hal Incadenza alterna sus elevados niveles académicos y deportivos con el consumo de estupefacientes, y que su madre ha enviudado en el curso de los últimos cuatro años), de La Broma Infinita, buque insignia de la obra de David Foster Wallace, más de 1.100 páginas que, como siempre, afectan a mi modo de escribir (otorgarle el apelativo de estilo sería petulante) y experiencia de la cual barrunto la posibilidad, ante la certeza de que la cosa va a ser larga y seguramente difícil, de llevar una especie de bitácora del puro hecho de la lectura. Mi decisión al respecto será muy sencilla de averiguar en el curso de los próximos días.
Volvamos; pues Nicolas Jaar es de origen chileno y usamericano. Una mezcla a la que la democracia creativa que internet trajo de la mano debería más o menos tenernos acostumbrados. A pesar de eso, intuyo que en el momento en que su triunfo se ha generalizado (ese triunfo, insisto, modesto y de corto alcance) se ha decantado más por andar por NY, quizás relegando las estancias en Chile (que ignoro si las hay, pero es que he dejado de ser tan fanático de los músicos como para andar en búsquedas de donde tienen establecida su residencia) a épocas de mayor introspección o, vaya usted a saber, etapas en que uno debe alejarse de los focos y la fama y las multitudes para entregarse a, erm, el proceso creativo.
Jaar entregó, hace un par de años, un disco esplendoroso que tituló Space is only noise y al cual puso una de esas portadas espartanas en blanco y negro. De hecho le presté tan poca atención, mal hecho, a la portada, que al ir a buscarla, justo ahora me doy cuenta de que la foto reproduce un cochecito con un bebé durmiendo. Hace cinco minutos la forma en la esquina superior izquierda hubiera jurado que era un perro, o algo así. De hecho desde lejos me lo parecía. Vaya, este post ya me ha sido útil. El contenido de Space is only noise a mí me pareció, a priori, que debía ser otro de esos difíciles ejercicios de la onda de los músicos del neoclasicismo electrónico como Johann Johannson o Tim Hecker o Andy Stott. Pero no: se trataba de algo a la vez más orgánico y a la vez sin tanta querencia por la textura como por el contenido musical. Ese disco me pareció, me parece, uno de los discos más innovadores en muchos años, cuando esa innovación consistía en, simplemente, incorporar elementos poco habituales. La guitarra con twang o el saxo. 


Y frente a la difícil puesta en escena de un disco asi, donde la secuencia es fundamental para que el oyente no se encuentre con una hora seguida en el mismo tono, Jaar demostró su sentido musical incorporando voces, incorporando ritmos muy cercanos al dub (el video anterior es un ejemplo, aparte de tenderme un puente de oro para explicar la cuestión relativa a la portada). Esa es una cuestión clave, incluso en estos tiempos donde acceder a una canción determinada está solo a unos pocos clicks. La secuencia del disco era de una ayuda enorme, era esa secuencia donde necesitas oir la canción de ese momento tanto como que la siguiente empiece. 
Bien: el mundo respondió a Jaar y la acogida fue favorable. De hecho, y voy a establecer una afirmación que muchos tildarán de pretenciosa, consiguió uno de esos hitos que objetivamente ejemplifican el éxito: los del festival Sónar se fijaron en él. No es un farol: si algo han conseguido estos tipos es desarrollar un olfato hacia lo que interesa. Pueden haberse dado el trastazo y haber apostado por hypes, pero os digo yo que si pusieron el ojo en Jaar es por algo. Y la sesión para el Sónar lo demostró. Aportando material inédito, tomando el micrófono para sus fraseos ligeramente nickcavianos, acompañado de músicos orgánicos.


Ahora voy a reconocer cierta injusticia: Jaar se ha aliado con otro músico para publicar nuevo material bajo el nombre de Darkside: el disco se llama Psyche y yo seguramente me arrepienta en un futuro no muy lejano de no haber retenido el nombre de ese músico, pero como resulta que mi entusiasmo ahora es por Jaar, he decidido que nada puede ensombrecer su figura. Pues el disco de Darkside suena tanto a Jaar que me parece simplemente otro disco de Jaar. Vuelve a ser un disco excelente y vuelve a ponerlo difícil a la hora de definirlo. Es como si (aquí voy a ponerme algo técnico) los primeros ritmos del trip hop se hubieran congelado y se hubiese evitado la reiteración en ciertas bases sobreexploradas y sobreexplotadas, como si se hubiese decidido mezclar los estilos de una forma más decidida e inspirada. Jaar empieza a recordarme a cierto otro músico que viró desde la escena electrónica a sonidos más físicos (el gran David Holmes) y me lo recuerda porque parece tener muy claro que su formación y su progresión musical le deben tanto a las máquinas como a las colecciones de discos como a las bandas sonoras de músicos como Carter Burwell o Cliff Martínez. 


Para completar este panorama idílico y para finalizar este deslabazado post en el que se han notado en exceso dos circunstancias (a saber, el tiempo que hacía que no me empleaba aquí y la influencia de la lectura de DFW), rematar mencionando la sesión que los dos músicos se marcaron para la web de Boiler Room. Recomiendo (ya lo hice por Twitter a raíz de la sesión del gran Jamie XX) a todo el mundo que se dé de vez en cuando un paseo por la web de Boiler Room. Aparte de ver a grandes DJs en su salsa, los tracklist son un caramelo para cualquier interesado en el eclecticismo, sirva éste para llegar a la pista o no.


Y una nota de salida: ya que este post ha sido el producto de dos o tres ratos que me he sentado ante el teclado (como siempre, a lo bruto, sin edición, sin depuración de estilo, con el único listón mínimo de evitar faltas de ortografía y faltas básicas de expresión), por lo que sí: he decidido retransmitir esa lectura de DFW. Pues no soy capaz de esperar esas semanas hasta explicar qué me parece un libro, y porque soy consciente de que no es un libro normal de más de 1000 páginas. Sí: hay libros normales de más de 1000 páginas. Pero el de DFW sabía, desde la primera, que no iba a serlo.

dimarts, 22 de gener del 2013

Edward J. Burn: CONVERSACIONES CON DAVID FOSTER WALLACE - POR QUÉ, COJONES

¿Me es permitido ponerme un pelo endogámico, con ligero regusto rencoroso y cierto aroma a retranca?. ¿Sí?. Pues bueno, allá vamos: este blog, que lleva mi nombre y mi apellido, con lo cual no sólo me he expuesto a que cualquier cotilla que no me quiere bien pueda reírse panza arriba de cada letra que escriba, sino que también he renunciado a ponerme nombres de mayor tirón comercial como vivenciasdeunrebelde o aquíescribeunservivo o sinotegustanololeas, recibe cada vez menos visitas. Ya he comprobado en mis carnes, experiencias americanas que sirven lo suyo, que el jugueteo del título desorientador sólo hace que alejar a los que se acercan por curiosidad a leer las opiniones sobre algo. Sí, hace pocos días que me reía de eso. Pero entonces no había reparado en lo cochambroso de mis estadísticas. Aunque sea por quienes, desesperados de no sintonizar nunca mi longitud de onda, hayan renunciado, o los justamente enfadados porque no llevo bien lo de la reciprocidad en los comentarios, creía haber constituido una masa crítica de la que recibía, puntualmente, espoleos. Volveré a partir de cero, si hace falta. En unos pocos meses este blog llegará a sus 1000 posts, lo cual puede que sea una trampa si contamos entradas traducidas, chascarrillos o meros links junto a unas líneas. Pero va, que alguien llegue a esa cifra.
Así que el título va a ser descriptivo y voy a procurar respetar ciertas premisas que no me permito cuando publico bajo otras enseñas. 
Aquí van a haber vísceras, insultos, palabras malsonantes y sangre por el suelo. Esta es mi casa y la limpio cuando va bien.

Deborahlibros sabrá perdonarme: casual fue que el 1 de Enero coincidiéramos a tres bandas hablando del mismo portentoso libro de DFW, pero que yo comente hoy el mismo libro que ella hace un mes no lo es en absoluto: leer su reseña me empujó a hacerme con el libro, a esperarlo a través de la biblioteca, y a invertir menos de un día en leerlo, con una urgencia, una avidez y una terrible sensación de haberme reprimido por no subrayarlo, anotarlo, transcribirlo, o hasta de honrarlo(...) inaugurando mis carnes tatuándome alguna de sus frases. Sí señor: justo como aquel lejano libro de entrevistas con Bolaño, las palabras de DFW, recogidas aquí en 19 entrevistas ordenadas cronológicamente desde 1988 hasta 2005, más una semblanza biográfica final (final) brillan poderosamente en la noche barcelonesa. 
Qué queréis que os diga: que en esos 17 años que transcurren desde el nervioso veinteañero que ha publicado La escoba del sistema, retocando una brillante tesis doctoral en forma de novela hasta el amable, comedido y triste hombre de 43 años de la última entrevista, sin perder un ápice de locuacidad, de extensión creativa, de desparpajo cultural y culturalista, DFW se muestra en una diversidad de facetas (en función básicamente de la extensión de las entrevistas y el tono más distendio o más intelectualizado del entrevistador de turno) que no hacen más que provocarme esa desagradable sensación de ahogo, de congoja porque con 46 años dijese ya basta, por el puto medicamento contra la depresión que había dejado de hacer efecto y en compañía de sus perros.
Los habituales deben comprender ésto: tal como dice en algún lado el libro, junto a otros calificativos todos ellos elogiosos sin coba ni más dulzura de la necesaria, DFW cambió el paradigma literario. El mejor de su generación, el más brillante, bla, bla y bla. Todo eso puede ser verborrea hasta que se experimenta en la puta carne de uno mismo. Desde que he leído esos ensayos y, ahora, cuando la impresión de notar su caída de ánimo conforme cumplía años aún perdura en mí, todo lo que escribo lo paso por la vara de medir de su talento. Por eso es tan difícil que salga algo. Hasta estas palabras, que son un panegírico de poca monta, torpe, inexacto e indocumentado pero que saldrán a la luz porque hago trampas con la justicia poética, me parecen indignas de un descarte de borradores suyos que acabarían en un rincón de su escritorio repletos de tachones. 
Si os interesa el autor, comprad este libro. Si os interesa cualquier autor, comprad este libro. Si queréis comprender el proceso de la escritura y la combinación a partes bastardas de alienamiento y ensimismamiento que ello supone, comprad este libro. Compradlo, leedlo, tenedlo, conservadlo, recomendadlo, miradlo y acariciad su lomo. Abridlo al azar y haced así con el dedo, como cuando se le da una cucharada con comida a un bebé, y allí habrá una frase brillante, un pensamiento honesto, a veces socarrón, a veces complejo y difícil, pero siempre meditado, excesivo, valioso y, lamentablemente, casi, casi seguro irrepetible. 

dimecres, 2 de gener del 2013

POULIDOR, SAMPRAS, ROSBERG, OCEAN Y EL FANTASMA

No soy capaz de pasarme media mañana consultando en Wikipedia y en todos esos contenedores virtuales de información que llenan la red, que la llenan tanto que se rebosa y los conocimientos se desbordan, se derraman por el suelo como la leche puesta a hervir y acaban poniéndolo todo perdido. Así que tiro de mis recuerdos de cuando prestaba atención a más deportes que a uno, como hago ahora (ni eso: es atención a un deporte y a un equipo de este deporte que es el rey Sol alrededor del cual todo gira y gravita).
Había un ciclista francés llamado Raymond Poulidor, allá por los años 70. Parece ser que quedó segundo en unos cuantos Tour de Francia. No ganó ninguno. Bueno, quizás si en aquellos años se hubieran llevado a cabo los controles que se llevan hoy en día resultaría que había ganado todos. O no, igual él se dopaba también. Si esto fuera una entrada dedicada a David Foster Wallace aquí iría un numerito y abajo iría una explicación. Pero la pongo aquí. No sé por qué continúan organizándose carreras o concursos o competiciones o certámenes o como coño se les diga (curioso, todas ellas palabras que empiezan por "c", igual que "coño" y "curioso" (y "ciclismo")) cuando (otra "c") se ha constatado (...) que las trampas y el dopaje se han constituido (.) en la norma habitual y han despojado el deporte de toda gracia que no sea la de ver a un tipo esforzándose heroicamente por salvar una cuesta de tomo y lomo en medio de unas vistas espectaculares tomadas desde un helicóptero (montones de palabras sin "c"). En fin: Poulidor sería tildado de eterno segundón por cualquiera al cual le haya sido inoculada en vena la cultura de que el primer lugar es el único válido para un auténtico competidor nato. Señores: somos un planeta con un líder y miles de millones de súbditos. Nonono.

Ahora que he leído unos días sobre tenis (porque DFW me lo ha impuesto: no soporto el tenis más que en las contadas ocasiones en que soy yo quien juega), también creo recordar que Pete Sampras, creo que tras Ivan Lendl y la actual fase de dictadura combinada por Federer (me cae simpático) Nadal (no lo soporto: ¿cómo puede ser del Madrid el sobrino de una destacada figura del Barça de los 90?) y Djokovic (del cual hasta la fecha soy incapaz ni de retener su estructura facial ni de haberme formado una opinión tan tibia y escasa de argumentos de peso como los dos anteriores) llegó a ostentar el número 1 en la clasificación de la ATP (gracias de nuevo a DFW sé que esa clasificación es una especie de timo encubierto) sin haber llegado a ganar ningún Gran Slam, cosa que subsanó en muy escaso margen de tiempo y creo (que va con "c" -cosa que correspondería al párrafo anterior - y que estoy empleando en exceso aquí, pero es que quiero escribir, no consultar la Wikipedia) que ahora es, incluso, de los tenistas que ha conseguido más títulos Gran Slam. 
Y, aún más atrás en mi memoria y más brumoso y por tanto menos creible, creo ("c", creo, joder que reiterativo estoy) que hubo un campeón de F1 (cuando aún se llamaba Fórmula 1, cuando aún había más emoción que lo que tardaba un coche en cambiarse las ruedas, cuando aún no había cámaras en los boxes enfocando a mecánicos mirando monitores (que, aparte de una reiteración de "m", es el espectáculo más absurdo del mundo), cuando, en resumidas cuentas, ver una competición automovilística conservaba un cierto deje gladioresco y eran tipos que se jugaban la vida en cada curva) que ganó el campeonato habiendo ganado en ninguna o muy poquitas carreras (que debería llamar grandes premios o Grandes Premios pero opto por las palabras con "c" para aportar algún elemento de cohesión (c) a este post.

Por cierto, compruebo que Keke Rosberg fue el que alcanzó tal proeza, pero confirmo que se produjo en motociclismo (curiosamente una mezcla entre ciclismo y automovilismo técnicamente hablando) cuando Sebastià Alzamora se alzó con el campeonato mundial en 125cc sin ganar una carrera.

Por todo ello he de hacer hincapié en un hecho que constato una vez (con la inexplicable ausencia de la lista de Go-Magazine, que opta por publicar su número con las votaciones de final de año prácticamente a finales de enero, con lo cual quedan completamente fuera tanto de la posibilidad de que esas listas constituyan guía alguna para los compradores ocasionales navideños de ocio como de su inclusión aquí) he visto las listas anuales de los mejores discos de 2012 de publicaciones de referencia y credibilidad fuera de toda duda ya no individualmente sino en cuanto a su variedad y dispersión. Hablo (el orden es el de mi memoria) de Pitchfork, Metacritic, FactMag, Jenesaispop (no estoy muy seguro), Playground, Jotdown, NME, La Vanguardia, El Periódico, o sea, cerca de la decena de publicaciones, de la más diversa (insisto) filiación en cuanto a géneros. Prácticamente todas ellas han situado channelORANGE (creo que es la primera vez que lo escribo correctamente, con las últimas palabras en mayúsculas) como segundo disco del año. Algunas como primero, pero, curioso, las que lo han considerado segundo no han considerado nunca como primero al mismo disco. Primeros mejores discos con channelORANGE (segunda vez) han sido discos de Springsteen, los Swans, Kendrick Lamar, The XX (otra maravilla, también recomendado con avidez y también muy presente en estas listas a pesar de su condición de difícil segundo disco) y otros.

O sea, que oigáis el disco y no jodamos más.



Selene: el fantasma lo estamos compartiendo. Completamente seguro.

dimarts, 1 de gener del 2013

DFW


Títulos que me venían a la cabeza cuando pensaba en escribir este post: los relacionados con su aspecto algo mesiánico (1), los que apelan a su condición de escritor de absoluta primera fila (2), o, lamentablemente, los que lo hacen a la condición de suicida (3). Al final, he optado por esas tres iniciales, las que deberían ser de identificación inmediata para cualquiera  ni tan siquiera algo lejanamente interesado en la literatura, que a la vez tienen cierto gusto a inscripción de lápida, a epitafio escueto y sugerente.
También he dudado sobre cual era el mejor significado para este post, si constituirse en el último de un año 2012 que sería irrespetuoso cerrar sin mencionar a Hernán Casciari, o al revés, pero no tanto, guardarlo para abrir ese 2013 amenazador e ilusionante a partes iguales, lo cual no se contradice con lo anterior, pero reviste cierto simbolismo que no merece la pena que me empeñe en desentrañar. Menos aquí, donde se esperan otras cosas. 
Curioso: diría escuetamente que David Foster Wallace tomaba cualquier tema y lo exprimía como un limón. Pero me quedaría corto: no lo exprimiría, usaría la corteza para un ambientador doméstico, la pulpa sobrante con cualquier finalidad relacionada con su alto contenido en fibra, las semillas para plantarlas en cualquier parterre y darle tiempo al tiempo, y el zumo, descartado su uso con fines medicinales si en ese momento no tuviese tos que calmar o estómago que purgar, lo reservaría para mezclarlo en la dosis adecuada con agua fría y algo de azúcar, de manera que durara su presencia todo lo materialmente posible.(4)
Pero la palabra escueto es particularmente desacertada para aplicarla aquí: de hecho este será el único lugar del mundo en que se mencione a Monterroso como un particular antagonista de DFW, lo más alejado posible de la fiebre algo absurda de los microrelatos.
Selene, fan declarada, dice de DFW que ha cambiado su vida. Dice: 

Es cierto, David nos escandaliza. A mí me cambió para siempre. Ahora, luego de haber leído casi toda su bibliografía de golpe, libro tras libro de modo febril, cada vez que escribo algo, cualquier cosa, se me aparece la voz de Wallace que opina en mi cabeza. Escribo para él, me cuestiona, me critica y se ríe mucho y me manda a la mierda. He adoptado un fantasma!


Qué razón tiene, verdad?. Pues esa sensación es muy parecida a la mía después de haber acabado este libro, de haberlo hecho con el máximo respeto, es decir, sin prisas, con algunas lecturas más ligeras intercaladas, con consideración absoluta hacia los temas aunque esos no me interesaran en un principio (5), resumiendo (6), con el respeto debido no solo al autor desaparecido sino al ingente trabajo contenido en cada uno de los escritos.

Para no alargarme, pues debo entregarme a la deliberación del momento idóneo para la publicación de esta reseña, que es entusiasta, positiva, sin el menor atisbo de duda, en el sentido de que no os limitéis a leer este libro, sino que lo conservéis, lo disfrutéis y lo consultéis como si fuera una enciclopedia sobre determinados temas aparentemente inconexos (7), os diré que, con la excepción de una corta digresión (8) de 10 páginas sobre algo que creo recordar (9) es el post estructuralismo o algo así, todos los ensayos justifican con creces su duración (10).

Y sí: las notas a pie de página. En el escrito dedicado al tenista Michael Joyce, el juego narrativo entre el texto central y el enorme cúmulo de notas a pie de página desplaza la acción, el centro, de tal manera que a veces ésta sucede más en las notas a pie de página (11) que en el texto superior, desplazándose sucesivamente otra vez hacia el texto, cuestión que da la sensación al lector (12) de que se ha establecido una especie de peloteo.

(1) David Superstar, Yo soy la resurrección, Cristo volvió y se fue otra vez.
(2) Dame un tema, te doy un mundo, El hombre 10, Mejor imposible.
(3) ¿Por qué, David?, La efectividad es una porquería empresarial, etc, etc.
(4) Cuestión que me ha hecho pensar si jugar con la palabra limón para el título hubiese sido adecuado, pero resulta que se asocia su acidez a una cierta predisposición a caracteres agrios o poco sociables y, de lo que deduzco en sus escritos, DFW era un tipo de una sencillez y simpatía encantadores, nulo divismo y total entrega a los lectores de sus escritos.
(5) Pero el muy cabronazo hacía que me interesaran, de suerte que tras leer este libro tengo otra vez cierta punzada por intentarlo de nuevo con Ruido de fondo de Don DeLillo, sé que hay bastantes razas de ovejas y sé que Jimmy Connors usaba un tipo de raqueta de tenis que la gran mayoría de los tenistas profesionales consideraba una auténtica porquería. También sé cuantas cubiertas puede llegar a tener un crucero de gran lujo.
(6) No recuerdo haber leído esta palabra en ninguna de las 407 páginas del libro.
(7) Pero no: el hilo argumental, la corriente de fondo que actúa de elemento de cohesión es un fuerte estudio crítico sobre la sociedad americana, desde el adocenamiento adolescente encaminado al éxito a cualquier precio hasta el embobamiento jubilado entregado a las mayores estupideces con tal de desviar la mente del terror hacia la muerte.
(8) Había escrito disgresión con "s" tras "di" pues llevaba toda la vida diciéndola y escribiéndola (y me suena haber escrito la palabra varias veces, en particular junto a la palabra disquisiciones (8a)) de esta manera, pero afortunadamente Álex Azkona (8b) me ha corregido de un error arrastrado a lo largo de varias décadas.
     (8a) En el caso de disquisiciones la "s" tras "di" es completamente correcta tras haber hecho las consultas pertinentes.
       (8b) Ahora me da por pensar si he hecho bien acentuando la "A" mayúscula pero estoy casi seguro.
(9) A veces escribo con el portátil en el sofá o en la cama y no me apetece levantarme a hojear el libro en busca del término concreto, salvo que sea con la intención de copiar un párrafo en su integridad, lo cual en este libro no tiene sentido alguno: cualquier párrafo es ejemplar en eficacia narrativa, en riqueza verbal, en uso de un sarcasmo que más que situar al escritor por encima de las temáticas, lo convierte en una especie de amigo locuaz y simpático que no puedes cansarte de escuchar.
(10) Cierto: a veces soy incapaz de llegar a las 600 palabras si un disco no ha llegado a ocasionarme un impacto persistente, pero DFW emplea más de 70 páginas en tipo de letra 11 o menos para hablar de una sola película de David Lynch, y no recuerdo que repita demasiados conceptos y, cuando lo hace, lo hace con toda justificación.
(11) Que en muchos casos son de una extensión y meticulosidad alucinante. La broma infinita, obra representativa, dispone, al menos en la edición de bolsillo que yo poseo, de más de 100 páginas de notas a pie de página al final de las cerca de 1100 que constituyen el cuerpo de la novela. En varios relatos del libro aquí reseñado me atrevería a decir que la extensión de las notas a pie de página es casi equivalente al texto del propio escrito.
(12) Por lo menos a mí, pero no puede descartarse que haya enfermado.

dissabte, 29 de desembre del 2012

DÉJALO YA, JODER

Desde Franzen que no arremeto con work in progress sobre un libro. Peor: los libros de Franzen eran opus de 700 páginas que acaparaban una semana de febril lectura. Pues bien; Foster Wallace supera eso con menos de 400. Lo supera porque sus escritos (escrito es la palabra que mejor los define, tras descartar artículo por vaguedad y ensayo por pretensiones) son a veces tan desbordantes y ambiciosos que tienes que tomarte un descanso y seguir otro día. Ahora estoy más o menos en la mitad del libro. De hecho estoy en la página 50 de un artículo -coño, escrito- de más de 70 páginas sobre una película (Lost Highway) de David Lynch, sin atisbo de agotamiento, sin repetición de un solo concepto, sin peloteo innecesario (le ha zurrado de lo lindo a las obras más endebles). David Foster Wallace es (joder, mierda, era) otro de esos dioses inverosímiles cuya lectura entusiasma al lector de manera proporcional a que frustra al escritor escondido que pueda morar en el lector: o sea, ves su desopilante talento, y te quedas boquiabierto sin saber qué hacer, aunque valoras opciones. La mía de hoy sería apuntar en una libreta todas las palabras que Foster Wallace usa (o sea, que su fantástico traductor hace equivaler al español) e intentar emborronar mis escritos con algunas de ellas, a ver si así. 
Eso es una enfermedad, o un indicio. Es como si estuviera en la cola del supermercado y alguien detrás de mí empezara a apreciar un incipiente tambaleo en mi cabeza. Como si me siguiera hasta casa y se decidiera a fotocopiar un escrito y dejarlo en todos los buzones de la escalera: visite un médico que está a tiempo. No lo dude. 
Por hoy ya es bastante: traduzco todo mañana.

dimarts, 11 de desembre del 2012

RECUENTO DE CALORIAS

#Duraneta es un término que esta mañana me ha saludado los buenos días. Si fuera otra especie de pájaro, me hubiese dado las buenas noches, pero a veces no aguanto más allá de las doce. Puedo probar con las descargas de esos mejunjes mitad medicamento mitad narcótico de gama baja que son las power-drinks (1).  Así que cuando las brujas, incluso aquellas tan hermosas y procaces que justificarían salir en alguno de mis recientes posts, salen a pasear, yo dejo que me mezca el oleaje interno de las plumas sintéticas (espero, me dijeron) del edredón.
No, Álex, la #Duraneta, que intuyo que es una contracción tui generis (si tui existe en mi latín de prospecto de medicamento y noménclator de plantas silvestres de la cuenca mediterránea) de Duran, puta, y Ramoneta (2), no es el motivo de mis guadianescos vaivenes: es la inspiración que se ha secado como una pasa sultana (3), cuestión de que culparía, mejor, responsabilizaría a mis mencionadas colaboraciones en otros medios (4) y sus efectos placebescos sobre mi insana afición (o afección) a la escritura desbocada. Eso es exactamente como, por ejemplo, la renovación de la producción de espermatozoides en los humanos adultos, o la cuestión que afecta a la cadena logística en las fábricas J.I.T. (5). También habría corrientes de pensamiento que achacarían esa cuestión al hecho de leer a David Foster Wallace (6), que acarrea determinados efectos colaterales, a saber, impotencia manifiesta, tendente al sollozo, ante la constatación de la imposibilidad de que mi prosa, ya no digamos mi poesía, raye a tal altura (por motivos variados, entre los cuales pesa ostentosamente la vagancia para acudir a tantas y tan diversas fuentes de documentación), ante el estupor rayano con el cariacontecimiento que me embraga cuando pienso en cómo pudo tomar la decisión de acabar con su vida, y, tercero, pero quizás el más menospreciable por nimio e indetectable a primera vista, una pequeña manía hasta ahora no manifestada de acotar con descontrolada profusión de notas de todo tipo y medida los escritos.(8)


(1). Pero a) su nombre se parece demasiado a PowerPoints, cosa que me produce náuseas y vómitos y b) su gusto solo es asumible por mi paladar de gourmet a bajísimas temperaturas, que estropearían mi garganta y anularían precipitadamente mis compromisos con la temporada operística internacional.
(2). (Contracción políticamente correcta pues de la palabra soez interior has conseguido una elipsis magistral: ni una letra de la palabra puta, ni una mención al comercio de la carne: pero ahí la veo. La veo en la esquina con un cigarrillo de ésos que se venden sueltos colgando del labio.) (9)
(7). Tradicionalmente se achacan la gran mayoría de los medios modernos de producción fabril a la industria japonesa. En este caso es cierto, pero hay que aclarar que al anagrama JIT procede del inglés. Especulo que al tratarse la japonesa de una industria ubicada en una isla y, por tanto, depender para ciertas materias de la llegada vía marítima o aérea de éstas desde sus lugares de origen, se optó por evitar la acumulación excesiva de éstas y adaptar las cadenas de producción de acuerdo con su ritmo de llegada. 
(8). De manera excepcional, y sin que ello signifique en modo alguno pronunciación política de ningún tipo (y dado que he aclarado en algún punto del texto que la pereza me aleja definitivamente de la genialidad de Foster Wallace, y traducir todo ésto resultaría laborioso y seguramente perdería la opción de otro post en las próximas horas), este post saldrá en castellano solamente durante un período prolongado de tiempo.
(9). Se vendían: una de las curiosas medidas instauradas por el gobierno español socialista presidido por José Luis Rodríguez Zapatero fue la prohibición de la venta de cigarrillos en piezas sueltas, costumbre que, especulo, debió arraigarse en la España de post-guerra cuando la población estaba profundamente viciada pero el poder adquisitivo impedía asumir el coste de una cajetilla entera

dilluns, 3 de desembre del 2012

LA ESTRELLA DE DAVID

John Self deja de ser un nick y debajo aflora un señor. Siempre había pensado que, en realidad se trataba de Scarlett Johansson, una vez mal digerido el disco donde versioneaba a Tom Waits. Pero qué hacía chica tan delicada al lado de canciones que chorrean garrafón, pero no garrafón porque no haya cuartos, garrafón porque el alcohol bueno se ha agotado en la taberna, si es que Tom, avisa cuando vayas a venir con tanta gente.
Debajo de John surge Tuli Márquez, en plataforma Wordpress (me da qué pensar, pero no) con cosas diferentes y con como una especie de intención de ser el mismo sátrapa de siempre pero con cara de tipo serio. Yo estoy metido en una de esas lecturas que justifican una especie de reseña in progress, lo cual es cómodo que te cagas. Pues si los americanos dicen, con las mismas palabras, un 30% más (hay un error matemático implícito en esta operación, pero no voy a aburrir a las ovejas desvelándolo), pues yo voy y me aprovecho y uso un libro no para uno, sino para hasta tres posts. David Foster Wallace no sólo tiene nombre que me evoca cerveza australiana de bastante leve textura, y apellido compuesto o nombre compuesto (como Scott Fitzgerald, como Madox Ford) que vuelve loco a uno en los estantes de la biblioteca (a veces los veinte metros que hay entre la F y la W son una auténtica frontera mental). También se suicidó, y sobre su suicidio versa un reciente libro de ensayos de Jonathan Franzen (el círculo se cierra, pues es otro que me ha permitido dos o más posts cuando he leído sus maravillosas novelas). O sea, los ensayos de Foster Wallace en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer son escandalosamente generosos en información de todos los niveles sobre la cultura americana. Son amenos, no son banales, son profusos en ramificaciones y notas al pie (descomunales, marca de la casa), y me empujan a llorar y llorar a moco tendido, a pensar que un gilipollas como El Arrebato debería guardar respeto a quien fue oficialmente el único tipo en el planeta que llevaba un pañuelo en la cabeza con dignidad, y a seguir llorando. El teclado puede ser atacado si los lacrimales tienen sustancia ácida. No estoy seguro de ello, mejor dejo de escribir.

El  auténtico genio de la lámpara

dilluns, 2 d’agost del 2010

MAS RALENTI DEL QUE PENSABA

Eso (aunque el parentesis sea mas largo que la entrada en si (vease libros de David Foster Wallace (r.i.p.), como por ejemplo "Hablemos de langostas" ) debo indicar que me pareceria absolutamente desproporcionado ( a la par que injusto) que esta escueta entrada obtuviese comentarios que le han sido negados a otras ( sin dudarlo mejores) entradas ) .

Segueix a @francescbon