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dissabte, 16 de juny del 2012

LOS DIARIOS DE LA MUGRE

La cuestión con los autores japoneses. Las evidentes dificultades que debe entrañar una traducción que pretenda ir más allá de la narración de hechos y la descripción de imágenes. La imposibilidad de trasladar juegos de palabras, jugueteos con sonoridades parecidas.
La alargada sombra presente de Murakami, claro. La vara de medir con la que comparar últimamente narrativa nipona, muy a su pesar, creo. Murakami es responsable de su éxito, sí, pero no es el culpable de que un determinado colectivo (como ha hecho Catalunya con Bruce Springsteen) lo entronice y no deje que nadie se acerque a él.
Kenzaburo Oé ganó un nobel, no hace demasiado. Leí alguno de sus libros y ahora he probado con ésta, su primera novela. Cuyo título ya alerta sobre su crueldad. Me gustaría saber quién, exactamente, redacta esas notas en las contraportadas de los libros. Si es el mismo con todos los de Oé, quizás haya que advertirle que se repite en los conceptos: dureza, belleza salvaje, aspereza. Arrancad las semillas, fusilad a los niños habla de un pequeño pueblo campesino en Japón: se adivina, en el final de la II guerra mundial, justo antes de que los americanos envíen el Enola gay a su vuelo de mayor renombre. Un grupo de internos en un reformatorio es evacuado y, sin tener muy claro qué hacer con ellos, son confinados en un local del poblado. El poblado será precipitadamente abandonado ante la sospecha de una epidemia que diezma a sus habitantes.
Los chicos son abandonados a su suerte; que no es mucha. Son muchachos adolescentes, se intuye, y repudiados por sus familias, que no cuentan con presencia ni mención alguna en el libro: parece que lo único que tienen es los unos a los otros. 
Sí : tiene razón el de las contraportadas; la prosa de Oé tiene una extraña belleza, resultado de su fiel evocación de la miseria, el dolor y la desesperanza. No: desesperanza sería haber tenido alguna vez la esperanza de algo. Ni eso. Sí: detrás de lo que parecería que tiene que ser una especie de semblanza aventurera de como los adolescentes problemáticos siembran pánico y desconcierto, el libro traza rápidamente un giro: la fábula es que son ellos los que tienen que protegerse de quienes deberían acogerlos. Que son ellos quienes comprenden al diferente (el coreano, el desertor) y no lo prejuzgan. Tratados como animales, sufren el cobarde abandono de los campesinos huyendo de la epidemia. Oé es muy efectivo: con apenas unas cuantas descripciones uno imagina un paisaje frío, desolado, mórbido. Sucio y deprimente, y con un funesto panorama. El mismo que debía tener todo Japón a medida que su derrota en el conflicto se acercaba. No hay alegría en este libro: no hay ni tan siquiera un atisbo de sonrisa a través de un oasis de humor negro. Como en La presa, está la figura del prisionero que simpatiza con sus carceleros. Como en La presa, está presente la figura del instinto de supervivencia como sentimiento que supedita a cualquier otro. También hay mugre, hambre, insectos, pésima comida, y personas comportándose como animales. Es terror cotidiano y es miedo a lo conocido. Porque no hay peor que lo conocido ahí, que lo que se intuye tras las puertas y las cadenas echadas. Nada de drama adolescente y nada de sentimiento de desarraigo. Unos cuantos críos en medio de un mundo adulto que no sabe qué hacer con ellos.
Ya reiremos otro día.

dimecres, 26 d’octubre del 2011

UNA SEÑAL NO ES SUFICIENTE

Al cabo de una media hora, pensé : Nadie me paga por esto. 
Luego dejé el libro sobre una mesa, y mi primera intención era, como algunas veces, concederle una segunda oportunidad. De hecho es la segunda oportunidad para Oé. De hecho, De Lillo va a contar con tres oportunidades pues Ruido de fondo anda por ahí, esperando que supere esta pequeña crisis que me induce a buscar libros de no más allá de 200 páginas, libros que, con un par, me propongo despachar de una sola sentada.


Pero no sé si Oé contará con tanta benevolencia. Algo se debe perder en la traducción desde el japonés, algo que sobrevive mejor en los libros de Murakami, que conservan cierta poética ajena a las palabras y los sonidos. El caso es que salí indemne de la dureza de La presa, que me dejó frío, y no he podido superar apenas 70 páginas de Una cuestión personal, alcanzado el momento en que he tenido suficiente sordidez. Ello no significaría que se trate de un mal libro. Simplemente que no alcanzaba a ver el punto donde tanto retorcimiento, y tan insano, quedaban equilibrados, y justificaban atravesar ese via crucis sin la suficiente dosis compensatoria de buena literatura. Eso sí es una cuestión personal. Al igual que no soporto el death metal, pues no puedo con mis tímpanos, la claustrofobia de la trama de Una cuestión personal no encuentra sentidos en mí que la valoren. Y su final acomodaticio, menos. El libro de Oé acabó en mi mesa a consecuencia de una especie de triple coincidencia, paseándome por la sección de la biblioteca donde están los autores por N, por O, y por P.
Oé, Kanzaburo y cerca de él, Pàmies, Sergi. Aquí no hay traductor al que disculpar, pues leí el libro en catalán, idioma en el que fue escrito. Ya me había arrepentido de considerar a Pàmies un émulo de Quim Monzó, pero Si menges una llimona sense fer ganyotes no pone mucho de su parte para contradecirme. Demasiada cotidaneidad, demasiados personajes anónimos, demasiada salida socorrida hacia perversiones o desviaciones ligeramente salidas de tono. Pàmies es uno de esos buenos escritores de artículos en prensa, y su narrativa corta es efectiva, pero no alcanza a Monzó, y me da algo de pena decirlo, pues parece un buen tío. De hecho parecería mejor tío que Monzó, pero la literatura no es cosa de buenos tíos, a veces es cosa de huraños señores malcarados que abren la puerta de su casa en batín y con el ceño fruncido desde hace semanas. 
La N en esta extraña elección la aportó una autora belga nacida en Japón, Amélie Nothomb. Ya sabéis que intento encontrar una autora femenina que integrar a este universo. Es una especie de estrambótica compensación a tanto macho correteando siempre por este blog. No sé si Nothomb será la primera en contar con este honor. La casualidad quiso que el libro de Oé pasase en Japón, al igual que el de Nothomb, y encima, que  la traducción de éste fuese, mira tú, de Sergi Pàmies. Todo casual. Lo que hubiese dicho en otros tiempos de esta señal. En cualquier caso el de Nothomb va a ser el único de estos libros que me decida a acabar, pues cuenta con los suficientes méritos, a pesar de que hay detalles que andan sobrándome. Pocas cosas son perfectas, y creo que he encontrado la mayoría de ellas. Pero donde no superé ni 20 hojas de Lorrie Moore, Nothomb ha conseguido, con sus defectos y su estilo algo acursilado (lo que otros llaman delicioso), que supere manías y vaya adelante.
Por cierto, más. Justo de hace unos días. El mito crece.
http://www.jotdown.es/2011/10/imprescindibles-the-wire/


dilluns, 29 d’agost del 2011

ALARDE, OSTENTACION, FANFARRONEO

Soy consciente de que puedo bordear la precipitación, el prejuicio, puede que hasta me acerque a cierta postura rayana con el aire de superioridad occidental.
Leo en reseñas acerca de La presa sobre su elevada carga de simbolismo, sobre sus segundas y terceras lecturas, recuerdo cierta crítica que la describe como durísima y yo pienso, antes de leerla, si no estaré ante un libro que describa con excesivo celo determinado maltrato, que se recree en la crueldad. La definen como obra maestra y pasan de ahí a detallar obras de su autor y recordar el premio Nobel que recibió hace unos lustros. También Cela recibió un Nobel, por cierto. El mismo Cela que en los primeros albores del franquismo denunciaba a los compañeros de profesión no afines al régimen. Hay cosas que uno no puede enmendar por mucho y bién que le dé por escribir. Saber eso de Cela anula de raíz mi curiosidad por su obra, ni siquiera me sometería a esa crueldad autoinfringida que mencionaba ayer. Cela y su obra y su condición de chivato franquista por un lado, que yo iré por el otro.
Y sobre el libro de Oé. Apenas unas 100 páginas en eso que se llama novela corta, para mí en craso error. Novela corta es Seda de Alessandro Baricco. La presa es un cuento, casi una fábula pues inicialmente tratan al prisionero como un animal, para investirle más tarde de humanidad. Lo que sea, es alargado, en busca de matices y detalles que  no hacen falta, hasta llegar a una duración que la haga saltar de categoría. Como algún relato corto, como Bartleby el escribiente de Melville, parecen libros que aspiran que sus reseñas, complicados y elucubrantes ensayos redactados por críticos que se hacen fotos con sus manos rodeando la barbilla, y en poses de perfil tres cuartos, sean más largas y más profundas que la obra en sí. 
Problemas con la combinación de lecturas, Robertson Davies hubiese empleado apenas un par de páginas en decir lo mismo. Hubiese sido un mero episodio de guerra dentro de los avatares de sus ricas tramas, y no hubiese esperado más que eso,  que los lectores nos fijáramos y recordáramos vagamente esa situación encastada en muchas otras. Pero el canadiense no hubiese querido que pasase de ahí, ni le hubiese dado más importancia, administrando de manera ejemplar su enormemente modesta erudición.
Y yo también lo habría preferido.


Segueix a @francescbon