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diumenge, 3 de març del 2013

Kiko Amat: ERES EL MEJOR, CIENFUEGOS - MÁS DESPACIO, POR FAVOR

En un breve lapso es posible que lea dos libros de dos conocidos. Me enfrentaré a la comprometida situación de leer (y valorar, menudo yo pa' quedarme callado) lo escrito por alguien a quien, aunque sea de manera extraña y virtual, llego a conocer. Con Kiko Amat estoy cerca de eso: creo que es cuestión de tiempo que un día me lo cruce por la calle y le diga hey. Entonces me enfrentaría a la tesitura de decirle cara a cara lo que voy a poner aquí. Bueno: el tipo siempre se ha definido a sí mismo (o es a sus personajes?) como poquita cosa; no creo que se enfade por lo que voy a decirle.

Kiko: el primer libro que leí tuyo, Cosas que hacen bum, me resultó algo precipitado y naif. Pero comprendía su función: segunda novela, cierta angustia adolescente, necesidad de hablarle al lector de esa especie de urgencia veinteañera y hacerlo al primer pretexto. Luego, no recuerdo el orden concreto, Mil violines y Rompepistas me hicieron descubrir un escritor cercano, sincero, consciente de sus limitaciones pero entregado a compensarlas con entusiasmo y autenticidad. Uy, la palabra autenticidad lo que debe sonarte. Esos dos libros me revelaron un escritor de una calidad difícil de describir, pero a la vez, muy sencilla de prescribir. Que los leyerais, coño, y os metierais en esa piel de precarios y algo cutres miembros de tribus urbanas, de tímidos chicos llenos de granitos a los que la ropa auténtica les resultaba inasequible, porque eran de extracción humilde, pero que tenían todo lo demás. Espíritu punk, mod, lo que fuera, pero espíritu rebelde como caparazón de ternura. 
Entonces, Kiko, te diría, qué coño ha pasado en Eres el mejor, Cienfuegos. Porque comprendo tu urgencia absoluta por poner en la calle un libro situado en medio del movimiento del 15-M, comprendo que esa idea hervía en tus venas y debías darle salida antes de que el cadáver (sí: aprovecho para proclamar desde aquí que el espíritu del 15-M es un cadáver: no una momia, que esas resucitan en las películas o en sus re-makes correspondientes, sino un cadáver absoluto, al que no le queda nada de calor ni posibilidades de recuperarlo) se enfriara. Por eso compusiste esta historia tibia de crisis de los 40, de peterpanismo, de estampas patéticas (no de tu escritura, de las perrerías que le haces sufrir a tu personaje principal) de circunstancias estrafalarias y de, voy a ser benévolo, pretendidas intenciones de ser un himno generacional o un amago de llamada a la lucha de clases. No, Kiko, tu camino como escritor no es que sea fallido, es que te estás metiendo en un callejón con pocas salidas como no sea en veinte años describir imágenes de abueletes punk, mod, que arrastran su maltrecho hígado en barras de bares de mala muerte explicando a la gente lo que vivieron (broma exclusiva para barceloneses de determinados microambientes: como un Flowers cualquiera). Y eso creo que te desmerecería. Kiko, así Herralde no te va a quitar nunca de la colección Contraseñas, nunca publicarás primeras ediciones en libros de portada gris piedra y nunca llegaremos a saber si eres capaz de saltar del entorno cercano, ese en el que has estado tan cómodo que te has acabado durmiendo en él, a otros entornos más arriesgados, más inciertos, sí chico, lo acepto, pero menos solipsistas.
Y puede que un día te lo diga con un par de cervezas entre nosotros.

dilluns, 7 de maig del 2012

TRAFICO DE INFLUENCIAS

No sólo Casciari afirma, a partes alícuotas de esperanza y desafío, que el mundo ha cambiado. Puede que yo, menos brillante e influyente, también lo afirme. No sólo lo afirmo, sino que pondré el siguiente ejemplo. 
Leí hace unos días (ya parecen semanas, pero no, fue apenas la semana pasada) Mil violines, ensayo de Kiko Amat sobre música pop que reseñé. Kiko Amat tiene una página web, que incluye un blog, que incluye, lógicamente, entradas, una de las cuales es una especie de decálogo de cosas que están out. En ese decálogo incluye, el muy barrut (deberé esforzarme en encontrar una equivalencia a esa expresión: pongamos, para salir de paso, descarado) como completamente out lo de tener blogs. Ja: amargo requiebro del destino; como escribir sobre que es mejor dejar de escribir, o dedicar una canción (o un álbum doble) al silencio. El tema, que me voy ya muy lejos, es que en esa web y en ese blogquereniegadesímismo yo dejé un enlace con la modesta y precaria reseña que hice de Mil violines. Bien: resulta que Amat me respondió (punto a favor), amablemente (punto a favor) y me dijo: sobre el otro libro, que yo consideraba mejorable (Cosas que hacen bum)  que coincidía en cierto modo con mi apreciación (egoísta punto a favor), y sobre el que había reseñado, Mil violines, me agradeció mi favorable opinión, incluso con elogios a mi reseña (puntos a favor de todas clases, suficientes para dar la vuelta al marcador) y con una recomendación final de lectura de Rompepistas, nombrándola oficialmente como la novela de la que se sentía más orgulloso.
Así que un escritor de fama relativa (en cualquier caso, suficiente para publicar en Anagrama, lo cual equivaldría a decir que Kiko Amat puede encontrarse a Houllebecq, o a Vila-Matas, o al espíritu  siempre aquí flotante de Roberto Bolaño, y decirles, chau viejo ¿cómo lo llevas con Herralde, que te parece lo de Feltrinelli?)... pues un escritor de tal calaña me recomienda, de tú a tú, su libro.Y yo le digo, ahí está, calentito de la biblioteca, y estará prontito ante mis ojos, ante mi mirada escrutadora y mi público de 20 ó 30 lectores habituales (10 ó 20, vaaaamos), esperando que me pronuncie sobre una novela que, a la gran mayoría de ellos, les costará mucho conseguir.
Porque, además, claro, le enviaré copia de lo que estoy escribiendo, y como entre tímidos anda el juego (entre tímidos que llevábamos insignias de los Jam, y de los Clash, aunque Flowers, veterano fotógrafo profesional de conciertos en Barcelona, opinara en 1983 que esa convivencia contravenía gravemente la ley no escrita de la autenticidad), le pediré su opinión, le invitaré a que visite mi blog, aunque cumpla dos peligrosas condiciones: ser un blog (per se) y considerar a Radiohead geniales, lejos de ser detestables. Y si cuelga un comentario quedará enmarcado en los pequeños hitos, junto a aquel de Casciari en catalán, que le traduje a Karina Ocampo.
Y le diré: sí, Kiko, Rompepistas es tu mejor novela. Exageraré sólo un poco si le digo que, de ser un escritor bordeando el eremitismo y desarrollarse su novela, en vez de en poblaciones fácilmente identificables del sumamente complicado (y más en los 80) cinturón rojo barcelonés, tuviese lugar en NJ, en NY, en LA o en cualquiera de esas ciudades que los pijos enumeran con anagramas importados de la nomenclatura aérea, y que si en vez de ser un jovencito punk pálidamente enamorado de extracción social humilde, hablase de algún tipo no tan extraño y asociable a una determinada época... en esos casos, y perdonad el caos (imposible aquí que no se cuele el chaos), no serían pocos los que hablarían de cierta réplica humilde a El guardián entre el centeno. Humilde porque ya sabemos que a según qué libros no se les puede toser, sobre todo cuando cumplen los 50 años y se convierten en libros de cabecera de gente famosa por diferentes circunstancias.  Por lo que podría ser que Rompepistas no pudiera esperar tanto tiempo, y que el hueco de los libros sobre episodios aparentemente nimios en la vida de adolescentes parece estar ya ocupado.
Rompepistas cuenta la historia de unos cuantos días en la vida de un adolescente punk. Que pertenece a una banda de punk y está, aún, enamorado de una de sus componentes. Que reside en el extrarradio barcelonés, en una de esas ciudades-dormitorio que, hace años, eran vilipendiadas por infinitas leyendas urbanas, algunas de ellas razonablemente fundadas. No es un libro basado en la cuestión de las tribus urbanas. No es un libro de denuncia social, aunque está latiendo en su trasfondo. Al final, punks, skins, o cual fuera la etiqueta que se les atribuya, su protagonista y su corte de amistades son, por encima de todo adolescentes prematuramente desencantados. Y eso que la acción se sitúa en los primeros años 80. Cómo estarían hoy, con un 50 % de paro juvenil, siendo sus alternativas cursar infinidad de másters para acabar huyendo a Alemania a mendigar mini-jobs, o pulular apretando timbres por los portales de las ciudades, esperando que las gente les dé portazo tras portazo, negándose a cambiar de compañía eléctrica. Los punks de Rompepistas, al menos, tienen un grupo con dos temas ajenos, más dos temas propios, y el proyecto de un tercero. Eso y una especie de carga emotiva mal canalizada, de rabia ligeramente desenfocada, sin pelotitas anti-stress que apretar. La única actividad es vagar por el barrio, refugiarse en el bar, y sopesar si las miserias ajenas son leales competidoras con las propias.
Rompepistas, como todos los libros de Amat que he leído, no escapa a cierto aroma autobiográfico. El uso de la primera persona, la coincidencia de fechas y otros detalles, y, por encima de todo, la fidelidad de las sensaciones, que uno acaba pensando que es imposible inventarse. Esa ingenuidad, esa desorientación, esas dudas, esa urgencia por no llegar a ningún lado. Sí, ésta es una gran novela, o lo que sea. Crónica, diario, sainete, tragicomedia. No sé, el otro día lo hablaba con un tipo en el parque, qué hará Amat el día que abandone las historias basadas en adolescencias prolongadas y en influencias musicales. No sé si Amat ha planificado una carrera literaria que acabe con cierto aire a lo Philip Roth, y se dedique a novelar vejeces de ancianos que intentan peinarse y vestir como Paul Weller. No sé si dará carpetazo a eso, y pasará a tramas policíacas en polígonos con naves vacías, con cuerpos de seguridad paramilitares (cuyos miembros algunos sabremos de dónde han salido) patrullando de madrugada. No sé si construirá una cuarta novela en la que incluirá referencias a Pànic y a la primera , El día que me vaya no se lo diré a nadie y también a esta mismaNo sé si hará un parón y resurgirá como gran estrella de la literatura juvenil. Sé que Rompepistas, desde la página 50 o así, cuando has empezado a comprender que lo de ser punk es una mera coraza para evitar sobre-exposiciones de ultra-sensibilidad, es un libro que no puedes parar de leer. Cuando autores de más renombre  y, algunos, prestigio (DeLillo, Bellow, Fernández Mallo, el último, Félix Romeo) me han hecho decir, justo entonces, basta. En ese momento, en Rompepistas ya me arreaba el placentero tirón para seguir hasta el final.
Y ahora yo qué hago, para que quienes me leen no me consideren complaciente y pelota. Le sacaré un pequeño defecto. Ese vicio menor de Amat por salpicar las páginas con ciertas frases o palabras repetitivas (la de la cera, la del boogie, lo de paYaso). Puede que sean como estribillos, sí. Porque quizás el libro es como una canción. Claro, debe ser eso.

dissabte, 28 d’abril del 2012

CARTA DE AMOR # 23

Este tipo es Kiko Amat. Pero su imagen normalmente no es esta, con barba y tatuajes y mojito delante, brazos sobre el borde de la piscina (pileta, no?). Tiene otras fotos promocionales. Delante de una estantería repleta de discos. Con un traje a lo Reservoir Dogs (incluyendo corbata estrechita). Con polos Fred Perry. Con camisetas. Sin barba, con el pelo más corto. Sonriendo, casi siempre, tímidamente.
Conseguí Mil violines tras una espera en la biblioteca; alguien lo estaba leyendo. Ahora que lo tengo, ya he recibido el oportuno mensaje para que lo devuelva en su fecha. Otro alguien espera para leerlo.
Un ensayo sobre la música pop. Más concretamente, sobre canciones y discos favoritos. Nick Hornby hizo un experimento parecido en 31 songs. Pero resultó fallido. Un libro flojo de Hornby, falto de sustancia. Amat ha respondido varias veces sobre la similitud del planteamiento en este libro. Pero es que resulta que Amat sale triunfador. Por mucho.
Consciente de que era un ensayo, y que el argumento se basaba en la mención constante de discos y canciones, sometí el libro a un primer hojeo exhaustivo. De esos que damos a ese tipo de libros, a la búsqueda de las partes concretas donde se concentran las referencias: esas referencias que buscamos los maníacos para ver si conocemos o no, y en este caso, ir tras ellas a toda castaña. Hecha esa comprobación, pensé que acabar con el libro sería un mero rato adicional para verificar que todo el texto que acompañaba esa mención de discos y artistas no desentonaba. Qué error de principiante.
Porque resulta que es en el texto que acompaña a las referencias donde se esconde lo que hace de este libro una magnífica lectura. Amena, divertida, profunda, repleta de anécdotas autobiográficas contadas con un estilo ágil y directo. Pero intencionado, brillante. Lo único que había leído de Amat eran sus numerosas colaboraciones en medios musicales y culturales y una novela, Cosas que hacen bum, que me pareció algo ingenua e inacabada, precipitada. Pero esa sensación desaparece ante la espléndida autobiografía soterrada (parafraseo a Pitol) que es este libro. Que sí, es posible que sea mejor apreciado si compartes con Amat esa especie de monomanía por la música, sobre todo por la música pop en todas sus variantes posibles: en como entra sin llamar en nuestras vidas y como pasa a dominarlas de la manera más sibilina. Pero no hay que ser tan reduccionista. Amat escribe como si estuviera hablando con una cerveza en la mano en la barra de un bar. Desinhibido y con confianza. Consciente de que quien abre su libro, con las advertencias iniciales que lo ribetean, ya es un cómplice: que tiene la mitad del camino recorrido. Dosificando el equilibrio entre lo minoritario y lo que no lo es tanto. Sin miedo a expresar su escepticismo hacia artistas consagrados, más, si hace falta, cometiendo auténticos sacrilegios ante los cuales uno, en vez de sentirse incómodo, por lo que decíamos de la complicidad, sonríe. Y después de sonreír, sigue leyendo. Porque las casi 300 páginas, que incluyen prólogo y útiles apéndices (la locura: listas comentadas) pasan volando y te dejan con un agradable y fresco regusto (como el mojito que le espera en la piscina), y con ganas de que te sirvan otro. 


dimarts, 24 d’abril del 2012

EL ARTE DE LA EMBOSCADA

Se acerca el verano y la manga larga empezará a sobrar. Luego: hay que ir al cine y bailar y tener adecuadas bandas sonoras para días de playa.
Vaya: qué les digo a los del cono sur. En fín: puede uno asomarse a esta mediterránea ventana y ver lo que pasa, no?
Me temo que los políticos (y sus íntimos, los grandes empresarios de relumbrón) sigan irrumpiendo maleducadamente aquí. Haremos lo que sea para impedir el acceso. El blog debería regresar al dinamismo más absoluto. Busco nuevas canciones, aunque sean de viejos músicos. Busco libros que aún no hayan amarilleado en estanterías. Busco series que ni tan siquiera hayan sido dobladas toscamente. O mejor, nada de eso: busco libros amarillos, no de antiguos, sino de impaciencia por ser leídos, canciones en paciente pausa (llhasta que se escuchen, y series afectadas por huelgas no de guionistas sino de espectadores. Quiero analizar el ADN, hasta aislar el gen de la indiferencia. Importantísimo, para la ciencia identificar el gen de la indiferencia. El que hace que los humanos se queden cómodamente sentados viendo pasar ante sí toda clase de injusticias.
Ando con un libro algo precipitado, con una portada muy equívoca, una especie de American Psycho edulcorado, que obtuvo buenas posiciones en los libros del año en alguna publicación de nula o escasa repercusión. Ando con otro libro que es como un ensayo autobiográfico con el pretexto de un montón de canciones pop que adornan la existencia. Y con un tercero que tiene capítulos de apenas media página, basados en extraños principios que parecen científicos. Sí, el espectáculo en cinemascope a todo color que fue la lectura de Libertad (y 6Q, conseguí reseñarlo sin colar una sola letra de spoiler) sólo puede ser sustituido por una especie de lectura coral: tres libros que comparten detalles nada despreciables. Tres autores españoles, los tres generacionalmente relacionados (nacidos entre los últimos 60 y los mediados 70), por razones obvias, todavía con obras relativamente cortas. Ninguno supera las 300 páginas, todos responden a un estilo ligeramente acelerado (anfetamínico en distintos grados, podría decirse). Me ha entrado la prisa por ponerme al día, porque Franzen haya acaparado un par de semanas?. No sé. Sé que este frío barcelonés de abril, tan raro y desubicado, parece justo lo que va a ser: la antesala de un verano caluroso y alterado, en un país donde los acontecimientos se suceden, donde algo está cercano a la ebullición. 

 

Como los huesos que te rompiste, cuando se acerca tormenta: no sabes qué, pero dentro de tí, algo te indica que cosas importantes van a pasar. 


diumenge, 26 de febrer del 2012

MALA UVA NEGRA

Francesc : mira que llegas a ser toca-cojones, aunque esté mal la palabra para según que temperamentos sensibles. Tus guiños francófilos habían sido meras menciones esporádicas : que si Air, que si Houellebecq, que si aquella lejana reseña sobre aquella gran película : Un profeta (o no??). Y escoges el momento en que la sensibilidad patriótica ibérica se muestra más ofendida y pusilánime para soltar tus desvaríos y provocaciones. Pero cómo te da ahora por lanzarte a devorar una mini-serie francesa en versión subtitulada, cómo si tus avanzados 47 años no fuesen ya demasiados para revisar ese acento que siempre te ha puesto nervioso, como si ahora fueses a declarar que te fascina.
Carlos es de esas series que uno no acaba de asimilar mucho si merecen ser homologadas como tales. De hecho, es más bién una película extensa, como de unas cinco horas, que ha sido separada en piezas para que su consumo y digestión no requieran un esfuerzo algo inasequible. Carlos es el sobrenombre que tomó un terrorista de extrema izquierda en la Europa de los primeros setenta. Una Europa que ha quedado atrás, eclipsada por algo que no sabemos mucho los europeos que acabará siendo. Terrorismo a la vieja usanza. Cuatro tíos, una terraza, una bolsa, sacan el bazooka, le meten un proyectil, bombazo al avión, llamada desde la cabina, somos los malos, reivindicamos, viva la revolución. Fascinante, extraña y algo alienante, está claro que no todo era tan cool como ese extraño y determinado (por su determinación) tipo, de cama en cama de bellas señoritas fascinadas por su aplomo y por la lucha de clases. Que esas matanzas, esa ligereza con la que el tío se pasa por los pisos francos, coge su arma o su bomba, y la mete por la primera puerta de enemigos de la causa que encuentra, no debe engañarnos. Murieron inocentes. A docenas. Que hayan pasado décadas suficientes como para hacernos parecer eso lejano, lejano en el horizonte hasta despertarnos cierta insana nostalgia y cierto engañoso romanticismo,  más en estos tiempos donde unos pocos, cada vez más, empezamos a temernos que las cosas sólo se arreglarán llevándose a unos cuantos por delante, es sólo una demostración algo abyecta de las trampas de la memoria. Fue en 1992 cuando tuve que salir de mi infantil error y caer en la cuenta que era la del terrorista, y no la algo parecida del multiyonki Shaun Ryder, la cara que, warholizada, decoraba la portada del disco de su proyecto Black Grape, una vez pulverizados los Happy Mondays. El primer grupo que tenía un miembro que solo bailaba. Entrañables colgados.
En un día en que, por cierto, ha empezado a percibirse un profundo olor de que el asunto Urdangarín va a  empezar a arreglarse como sea. Leed la proclama de Kiko Amat en su web : http://www.kikoamat.com/web/2012/02/2094/. Fascinante.


dimecres, 8 de juny del 2011

PASADO IMPERFECTO

Qué escribe uno al día siguiente de colgar un link con Camilo Sesto ??
Y cuando tenías muchas ganas de sentarte ante el ordenador pues has pensado en muchas cosas de las que hablar ??

Hace unas semanas que mi grupo de amistades de FB cuenta con la presencia de Pedro Marín. Curioso este mundo pues no he hablado jamás con él. Un familiar me lo sugirió, y ví que en su perfil era fan de Air. Con eso fue suficiente. Dos factores que suman. El mismo familiar podría haberme sugerido, por ejemplo, a un candidato del PP al cual prestaba apoyo (hecho que le recriminé y sigo haciéndolo). Quizás también hubiese sido fan de Air, pero no lo hubiese agregado. Matemática pura, el PP siempre resta, Air siempre suma. Luego Pedro Marín ametralla a sus amigos con continuos envíos de link para que veamos su obra actual. Es constante el hombre. Yo después de poner ayer a Camilo Sesto, que ya es un paso en falso, debo andar con cuidado. Veo a Pedro Marín acelerado con su música y con ganas de gustar, y, aunque disimuladas, con ganas también de enterrar ese pasado asociado al fenómeno fan. Aunque de vez en cuando lo reivindica, para no ser un caragirada. Debo ser honesto, aún me cuesta tomarme en serio esos intentos (que en cualquier caso, prefiero a la digna (a mí me parece cochambrosa) madurez de Miguel Bosé). Pero el hombre se nota que ha invertido sus medios, en hacerse clips con cierto sentido creativo, en rodearse de músicos, en cazar referencias que le hagan respetable. Quiere promocionarse. Si lo hacen las alimañas de Intereconomía, no va a hacerlo él. Comentamos acerca de un clip de Sid Vicious. Por lo menos, sabe quien es. Así que veré sus clips y opinaré con sinceridad de sus canciones. Luego que haga lo que quiera con mi opinión, puede llegar al extremo de desamigarme si digo algo que no le guste, o quizás lo haga porque le guste demasiado lo que yo diga (la adulación es el único regalo que empobrece a quien lo recibe : eso seguro que lo sabe).
Mi comentario sobre Sid Vicious era en el fondo algo trascendental. Murió y eso lo convirtió en un mito. Sobredosis, asesinatos, una novia, Nancy Spungen, a la altura de semejante angelito. Mientras los Sex  Pistols montaban semejante sarao, los Clash se dedicaban a sus discos, a abrir el abanico, el pobre abanico de los tres o cuatro acordes del punk, para visitar, quizás no países, pero sí barrios de Londres donde hallar otras culturas. Encontraron influencias que les llevaron a otros sonidos, alejados de la claustrofobia autodestructiva del punk más puro y coherente. Incoherentes, quizás, pero vivos. O muertos por causas naturales, de las que raramente te llevan al Olimpo de los Dioses.


Precisamente me ha dado por pensar, esta mañana, y con la ración extra de lluvias (junio ??) que llevamos en Barcelona, sobre lo que puede estar pasando en Plaça Catalunya. Quizás una muerte súbita, heroica, como la que podían haber sufrido, de abandonar definitivamente el famoso Día de la Limpieza, hubiese evitado lo que, me temo, está siendo un languidecer y una lenta agonía (no puedo evitarlo, pienso en esas palomas que acabas viendo arrinconadas contra una persiana bajada en la calle). Un proceso al final del cual veo un vacío, veo un último grupo de cuatro o seis personas inasequibles al desaliento, agarradas a una plaza en la que piensen que van a abandonar sus raíces, en la que piensan que, si se van, morirán simbólicamente.
Quim Monzó, héroe aquí, aunque Kiko Amat empiece a enviarle pequeños dardos, ya se ha quejado de esa apropiación del espíritu indignado. Yo no la dije, pues quería evitarla, pero él fue primero. Dijo rastaflauta, que debe ser el catalán para perroflauta. Intenté evitar esa palabra en mis posts sobre el tema, pero andaba flotando. Kiko : Quim, con quien compartes editor (Herralde), no se ha aburguesado. Se ha hecho mayor, sí, pero le da tanta rabia como a muchos, ver que por esa grieta se ha colado lo que se ha colado. 
De ahí su ira. Que no es un don.


PASSAT IMPERFECTE

Què escriu un al dia següent de penjar un enllaç amb Camilo Sesto??
I quan tenies moltes ganes de seure davant l'ordinador I ja has pensat en moltes coses de les que parlar??

Fa unes setmanes que el meu grup d'amistats de FB compta amb la presència de Pedro Marín. Curiós aquest món, ja que no he parlat mai amb ell. Un familiar m'ho va suggerir, i vaig veure que en el seu perfil era fan de Air. Amb això va ser suficient. Dos factors que sumen. El mateix familiar podria haver-me suggerit, per exemple, a un candidat del PP al qual prestava suport (fet que li vaig recriminar i segueixo fent-ho).Potser també hagués estat fan d'Air, però no ho hagués afegit. Matemàtica pura, el PP sempre resta, Air sempre suma. Després Pedro Marín metralla als seus amics amb continus enviaments de link perquè vegem la seva obra actual. És constant l'home. Jo després de posar ahir a Camilo Sesto, que ja és un pas en fals, he de anar amb cura. Veig Pedro Marín accelerat amb la seva música i amb ganes d'agradar, i, encara que dissimulades, amb ganes també d'enterrar aquest passat associat al fenomen fan.Encara que de tant en tant ho reivindica, per no ser un caragirada. He de ser honest, encara em costa agafar-me seriosament aquests intents (que en qualsevol cas, prefereixo a la digna (a mi em sembla patética) maduresa de Miguel Bosé). Però l'home es nota que ha invertit els seus mitjans, en fer-se clips amb cert sentit creatiu, en envoltar-se de músics, en caçar referències que li facin respectable. Vol promocionar-se. Si ho fan les feristeles d'Intereconomía, no va a fer-ho ell. Comentem sobre un clip de Sid Vicious. Si més no, sap qui és. Així que veuré seus clips i opinaré amb sinceritat de les seves cançons. Tan bon punt faci el que vulgui amb la meva opinió, pot arribar a l'extrem de desamigarme si dic alguna cosa que no li agradi, o potser ho faci perquè li agradi massa el que jo digui (l'adulació és l'únic regal que empobreix a qui el rep: això segur que ho sap).
El meu comentari sobre Sid Vicious era en el fons una mica transcendental. Va morir i això el va convertir en un mite. Sobredosi, assassinats, una núvia, Nancy Spungen, a l'altura de semblant angelet. Mentre els Sex Pistols muntaven semblant sarau, els Clash es dedicaven als seus discos, a obrir el ventall, el pobre ventall dels tres o quatre acords del punk, per visitar, potser no països, però sí barris de Londres on trobar altres cultures. Van trobar influències que els van portar a altres sons, allunyats de la claustrofòbia autodestructiva del punk més pur i coherent. Incoherents, potser, però vius. O morts per causes naturals, de les quals rarament et porten a l'Olimp dels Déus.




Precisament m'ha donat per pensar, aquest matí, i amb la ració extra de pluges (juny??) que portem a Barcelona, ​​sobre el que pot estar passant a Plaça Catalunya.Potser una mort sobtada, heroica, com la que podien haver sofert, d'abandonar definitivament el famós Dia de la Neteja, hagués evitat el que, em temo, està sent un llanguir i una lenta agonia (no puc evitar-ho, penso en aquestes coloms que acabes veient arraconats contra una persiana baixada al carrer). Un procés al final del qual veig un buit, veig un últim grup de quatre o sis persones inassequibles al desànim, agafades a una plaça on pensen que van a abandonar les seves arrels, en la qual pensen que, si se'n van, moriran simbòlicament .
Quim Monzó, heroi aquí, encara que Kiko Amat comenci a enviar-li petits dards, ja s'ha queixat d'aquesta apropiació de l'esperit indignat. Jo no la vaig dir, doncs volia evitar-la, però ell va ser primer. Va dir rastaflauta, que ha de ser el català per perroflauta. Vaig intentar evitar aquesta paraula en els meus posts sobre el tema, però estava surant.Kiko: Quim, amb qui comparteixes editor (Herralde), no s'ha aburgesat. S'ha fet gran, sí, però li dóna tanta ràbia com a molts, veure que per aquesta esquerda s'ha colat el que s'ha colat.
D'aquí la seva ira. Que no és un do.
Segueix a @francescbon