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diumenge, 26 de febrer del 2012

MALA UVA NEGRA

Francesc : mira que llegas a ser toca-cojones, aunque esté mal la palabra para según que temperamentos sensibles. Tus guiños francófilos habían sido meras menciones esporádicas : que si Air, que si Houellebecq, que si aquella lejana reseña sobre aquella gran película : Un profeta (o no??). Y escoges el momento en que la sensibilidad patriótica ibérica se muestra más ofendida y pusilánime para soltar tus desvaríos y provocaciones. Pero cómo te da ahora por lanzarte a devorar una mini-serie francesa en versión subtitulada, cómo si tus avanzados 47 años no fuesen ya demasiados para revisar ese acento que siempre te ha puesto nervioso, como si ahora fueses a declarar que te fascina.
Carlos es de esas series que uno no acaba de asimilar mucho si merecen ser homologadas como tales. De hecho, es más bién una película extensa, como de unas cinco horas, que ha sido separada en piezas para que su consumo y digestión no requieran un esfuerzo algo inasequible. Carlos es el sobrenombre que tomó un terrorista de extrema izquierda en la Europa de los primeros setenta. Una Europa que ha quedado atrás, eclipsada por algo que no sabemos mucho los europeos que acabará siendo. Terrorismo a la vieja usanza. Cuatro tíos, una terraza, una bolsa, sacan el bazooka, le meten un proyectil, bombazo al avión, llamada desde la cabina, somos los malos, reivindicamos, viva la revolución. Fascinante, extraña y algo alienante, está claro que no todo era tan cool como ese extraño y determinado (por su determinación) tipo, de cama en cama de bellas señoritas fascinadas por su aplomo y por la lucha de clases. Que esas matanzas, esa ligereza con la que el tío se pasa por los pisos francos, coge su arma o su bomba, y la mete por la primera puerta de enemigos de la causa que encuentra, no debe engañarnos. Murieron inocentes. A docenas. Que hayan pasado décadas suficientes como para hacernos parecer eso lejano, lejano en el horizonte hasta despertarnos cierta insana nostalgia y cierto engañoso romanticismo,  más en estos tiempos donde unos pocos, cada vez más, empezamos a temernos que las cosas sólo se arreglarán llevándose a unos cuantos por delante, es sólo una demostración algo abyecta de las trampas de la memoria. Fue en 1992 cuando tuve que salir de mi infantil error y caer en la cuenta que era la del terrorista, y no la algo parecida del multiyonki Shaun Ryder, la cara que, warholizada, decoraba la portada del disco de su proyecto Black Grape, una vez pulverizados los Happy Mondays. El primer grupo que tenía un miembro que solo bailaba. Entrañables colgados.
En un día en que, por cierto, ha empezado a percibirse un profundo olor de que el asunto Urdangarín va a  empezar a arreglarse como sea. Leed la proclama de Kiko Amat en su web : http://www.kikoamat.com/web/2012/02/2094/. Fascinante.


Segueix a @francescbon