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dimecres, 2 de novembre del 2011

AMIGOS PARA SIEMPRE

Tardo lo mío pero acabo dándome cuenta. Nothomb y sus cortas novelas son el mejor de los pretextos para esta desmedida competición conmigo mismo. Lee mucho, lee rápido, tendrás un bonito cadáver. Finiquita un libro en un par de horas y tírate volando sobre otro con el que puedas hacer lo mismo. De paso zanjas el tema de las autoras femeninas (luego le tocará a Amy Hempel), todo antes que reconocer el gran problema, el nudo gordiano : que tienes cinco libros pendientes, cada uno de un mínimo de 400 páginas, y que sabes que ninguna de esas lecturas va a ser sencilla ni ligera. Que puede que necesites varios intentos con varios de ellos. Que El día del Watusi, más de 1.200 páginas, que es la joya de la corona, sabes que es un libro duro. Que es un objetivo, como otros que te marcas, en el que no piensas falla, en modo alguno, vamos, dices, ni hablar. Mientras tanto, Nothomb y su obra es un placebo, pues, aparte de todo, te brinda la oportunidad de practicar una refinada afición, que es la crítica sibilina. Te acuerdas de cuando hablaste de Sons of anarchy, y todo parecía andar en ese post por una senda casi elegíaca para, al final, zas, decidir que ese total no era ni mucho menos la suma de sus partes. Cosa que corroboraste con la acción, por cierto : la tercera temporada de Sons of anarchy está allí, enterrada entre otras series que, de momento, no tienes ni la urgencia ni la necesidad de empezar a ver. Antes irá la tercera temporada de Breaking Bad, cuando averigües como narices hacer que el HDD multimedia quede configurado para ver archivos en altísima definición. Semanas sin series, semanas sin cine, volcado en los libros. Lo de la crítica sibilina, en eso estaba. Con Nothomb se trata de algo sencillo. Sus libros se leen rápido, y fácil. Sus tramas no son complicadas, su pose es contemporánea, vemos los lugares donde se desarrollan. Vemos el tren bala y el Japón hipertecnificado y el distrito de París y el aula de la universidad. Pero falta algo. Cuando habla de sí misma, faltan partes importantes del puzzle, es una autobiógrafa que se autocensura, todo hace indicar que por pudor. Cuando crea, me despista: en Viaje de invierno quiere jugar a ser el Houellebecq hedonista ( omnipresente influencia en los autores franceses), pero es sólo un amago. Si todo el conocimiento de la naturaleza masculina (si existe) se reduce a pensar que a un hombre la frustración por no echar un polvo le llevará a volar un avión... estamos peor de lo que pensamos. Por no hablar de la incongruente situación del viaje con hongos.

Y en Antichrista me está pareciendo Stephanie Meyer, sin vampiros físicos pero sí emocionales y con una sarta de patrañas que creo que no tiene tintes autobiográficos, ni que sea por la escasa consistencia de la historia. Una mezcla de clichés de alguien que oyó hablar de películas como Mujer soltera blanca busca o Donnie Darko o libros como El guardián entre el centeno.
Es el problema con los libros de Nothomb. Al final caen por su falta de sustancia, siendo esa ligereza para según quién una ventaja, para mí un lastre.
Como ver un capítulo de Friends.
Pero recordad que a mí me gusta The Wire.







dilluns, 31 d’octubre del 2011

AUTOBIOGRAFIAS DE EXTRAÑOS



Uno ha de andarse con pies de plomo si no quiere arriesgarse a recibir ciertos calificativos. Mejor dicho, uno se expone a los calificativos que no le importan, pero quiere evitar a toda costa los que sí. Uno es que le tilden de machista. Dejemos la tercera persona. Yo no quiero ser tildado de machista. Pero induce a ello ver que no hay ninguna mujer entre mis veinte, quizás cincuenta escritores favoritos. Añadido al hecho de que el primer objeto de mis diatribas, cuando me pongo a ello, sea Isabel Allende, que parece cumplir con todos los tópicos (y sé que lo hace para fastidiarme) : mujer, y con cierta predisposición hacia el público femenino. Entonces no puedo pecar de precipitación con Amélie Nothomb. No será por intentarlo, pues serán cuatro los libros que lea de ella. El segundo ha sido Estupor y temblores, otro episodio autobiográfico, esta vez basado en el año que la autora, en su juventud, pasó trabajando para una importante empresa japonesa. He leído en algún blog que Nothomb podría haber empaquetado sus cinco novelas con referencias autobiográficas, a la 2666, y que el producto de esta operación hubiera sido una obra de capital importancia en las letras francesas. Pff. Que su coexistencia con un genio como Houellebecq es lo único que bloquea su acceso a autora de referencia. Pff #2, si bien de acuerdo, Houellebecq es un genio.
Lo que pasa con Nothomb es que no puedo escapar cuando leo sus libros a la sensación de banalidad que me inunda. Pienso en cosas como El diario de Bridget Jones, y en aturdidas chicas condenadas a la perpetua angustia. Leo con avidez, llego rápidamente al final del libro, rara vez se complica la vida, pero cierro el libro y, donde Houellebecq me enriquece, de los libros de Nothomb se me quedan dos o tres detalles. Menciones a Riuychi Sakamoto, y el conflicto occidente-oriente siempre presente, con Amélie como víctima propiciatoria, en un libro de la férrea estructura familiar japonesa, en otro de la férrea estructura laboral, con sus jerarquías y su uso de la disciplina por encima de cualquier otra consideración. Por encima de las peripecias de una jovencita hija de diplomático que está ahí, pero siempre parece que pasa por ahí. En Ni de Eva ni de Adán no había sexo, y yo no quería que Nothomb fuese Valérie Tasso. En Estupor y temblores no hay ni vida particular: no sabemos porqué trabaja allí ni cuanto le pagan ni que pretendía hacer. Solo sabemos, desde una perspectiva ingenua y atolondrada, que toma iniciativas que no debería, que usa la bondad y el bagaje sentimental propio de occidente, y que eso en Japón es la fórmula idónea para el fracaso más estrepitoso, fracaso que allí va seguido de la mayor de las humillaciones.
Para equilibrar esta balanza, sumamente descompensada, mis próximos dos libros de Nothomb serán puras ficciones. El personaje de Nothomb en primera persona ya ha dado suficiente de sí y no parece poder cambiar mi opinión inicial. Ahora toca ver qué crea Nothomb y como lo crea. 

diumenge, 30 d’octubre del 2011

LOS COLORES PROHIBIDOS

Amélie Nothomb debería ser una de las primeras escritoras femeninas en optar a incorporarse al desdichado Olimpo de los Dioses particular de este declaradamente ateo blog. Debería por cierta suma de circunstancias, nada desdeñable ser publicada por Anagrama, importante ser prácticamente coetánea (nacida en 1967), estimulante cierta pose ligeramente vecina a la rebeldía, su gusto por ser imagen en las portadas de sus libros, cierto aire autobiográfico que siempre flota en sus escritos : "la belga que nació en Kobe". El conflicto entre culturas, las indefinidas fronteras entre fascinación y repugnancia hacia lo completamente diferente.
También pone muy fáciles las cosas con Amélie Nothomb  el hecho de que ninguna e sus cerca de diez novelas supere las 200 páginas. Juzgar su obra no lleva mucho esfuerzo. Sus tres obras principales no llevan más de cuatro o cinco horas en total. Y no busquéis estructuras literariamente ricas como las de Davies o Bolaño. Frases, diálogos, e ir tirando.
Porque es lo que voy a hacer. Leer Estupor y temblores y, si me engresco, seguir con La higiene del asesino. Entonces emitiré un veredicto que servirá, a todos, para lo mismo que sirve, a todos, lo que yo escribo aquí. El esfuerzo y los sudores y los dolores de cabeza pensando qué narices hago para no ser un mero reseñador que transcribe y describe el caos que se va encontrando. Puede que a una Mlle. Burlesque desaparecida esto la anime a escribir una nota de aún existo pues las novelas de Nothomb se desarrollen en el ámbito de esa cultura nipona que tanto la fascina, claro. Me pronunciaré definitivamente, si hay algo definitivo cuando un escritor aún vive y puede redimir sus pecados o magnificar sus logros. Pero ello no implica que no pueda decir algo ahora, que el partido está en el descanso, o, como mucho, en el último tramo de la primera parte.
Nothomb llena Ni de Eva ni de Adán de experiencias propias. Espero que todas sean ciertas, aunque en el fondo la estructura del libro acaba sucumbiendo al tópico de intenté una relación con alguien muy diferente y, como era de esperar, fracasó. Otro tópico al que sucumbe Nothomb, y espero que comprendáis que despues de leer the whole Houellebecq uno lo eche en falta, es el describir toda la relación amorosa en términos sentimentales, regateando (alguno diría que elegantemente, yo digo que pudorosamente) ser lo mínimamente explícita en la cuestión sexual. Claro, cómo una señorita hija de diplomática iba a ser generosa en detalles procaces sobre los encamamientos de dos veinteañeros. No se da cuenta Nothomb que esa cuestión desgracia el libro a los fines del tipo de público al que puede dirigirse. Mostrar tanto detalle en cuestiones como el ascenso al Monte Fuji, con un pequeño desliz escatológico, y soslayar dos años de sexo interracial, mientras se especifica cada grado del avance de los sentimientos en la relación no es elegancia, Amélie, es pura mojigatería, en los tiempos que corren, que impiden optar a las grandes ligas. Nadie, y menos yo, humilde reseñador ignorado por millones de personas entre las cuales están todos y cada uno de los japoneses de este planeta, puede exigirle a una fina señorita belga educada en las buenas maneras y en hacer mutis por el foro en las cosas de las relaciones carnales. Pero es 2011 y los jodidos cambios que el mundo nos trae, al menos para mí, exigen naturalidad y valentía para hablar de las cosas. No silencios camuflados de elipsis poéticas.


dimecres, 26 d’octubre del 2011

UNA SEÑAL NO ES SUFICIENTE

Al cabo de una media hora, pensé : Nadie me paga por esto. 
Luego dejé el libro sobre una mesa, y mi primera intención era, como algunas veces, concederle una segunda oportunidad. De hecho es la segunda oportunidad para Oé. De hecho, De Lillo va a contar con tres oportunidades pues Ruido de fondo anda por ahí, esperando que supere esta pequeña crisis que me induce a buscar libros de no más allá de 200 páginas, libros que, con un par, me propongo despachar de una sola sentada.


Pero no sé si Oé contará con tanta benevolencia. Algo se debe perder en la traducción desde el japonés, algo que sobrevive mejor en los libros de Murakami, que conservan cierta poética ajena a las palabras y los sonidos. El caso es que salí indemne de la dureza de La presa, que me dejó frío, y no he podido superar apenas 70 páginas de Una cuestión personal, alcanzado el momento en que he tenido suficiente sordidez. Ello no significaría que se trate de un mal libro. Simplemente que no alcanzaba a ver el punto donde tanto retorcimiento, y tan insano, quedaban equilibrados, y justificaban atravesar ese via crucis sin la suficiente dosis compensatoria de buena literatura. Eso sí es una cuestión personal. Al igual que no soporto el death metal, pues no puedo con mis tímpanos, la claustrofobia de la trama de Una cuestión personal no encuentra sentidos en mí que la valoren. Y su final acomodaticio, menos. El libro de Oé acabó en mi mesa a consecuencia de una especie de triple coincidencia, paseándome por la sección de la biblioteca donde están los autores por N, por O, y por P.
Oé, Kanzaburo y cerca de él, Pàmies, Sergi. Aquí no hay traductor al que disculpar, pues leí el libro en catalán, idioma en el que fue escrito. Ya me había arrepentido de considerar a Pàmies un émulo de Quim Monzó, pero Si menges una llimona sense fer ganyotes no pone mucho de su parte para contradecirme. Demasiada cotidaneidad, demasiados personajes anónimos, demasiada salida socorrida hacia perversiones o desviaciones ligeramente salidas de tono. Pàmies es uno de esos buenos escritores de artículos en prensa, y su narrativa corta es efectiva, pero no alcanza a Monzó, y me da algo de pena decirlo, pues parece un buen tío. De hecho parecería mejor tío que Monzó, pero la literatura no es cosa de buenos tíos, a veces es cosa de huraños señores malcarados que abren la puerta de su casa en batín y con el ceño fruncido desde hace semanas. 
La N en esta extraña elección la aportó una autora belga nacida en Japón, Amélie Nothomb. Ya sabéis que intento encontrar una autora femenina que integrar a este universo. Es una especie de estrambótica compensación a tanto macho correteando siempre por este blog. No sé si Nothomb será la primera en contar con este honor. La casualidad quiso que el libro de Oé pasase en Japón, al igual que el de Nothomb, y encima, que  la traducción de éste fuese, mira tú, de Sergi Pàmies. Todo casual. Lo que hubiese dicho en otros tiempos de esta señal. En cualquier caso el de Nothomb va a ser el único de estos libros que me decida a acabar, pues cuenta con los suficientes méritos, a pesar de que hay detalles que andan sobrándome. Pocas cosas son perfectas, y creo que he encontrado la mayoría de ellas. Pero donde no superé ni 20 hojas de Lorrie Moore, Nothomb ha conseguido, con sus defectos y su estilo algo acursilado (lo que otros llaman delicioso), que supere manías y vaya adelante.
Por cierto, más. Justo de hace unos días. El mito crece.
http://www.jotdown.es/2011/10/imprescindibles-the-wire/


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