Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris M83. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris M83. Mostrar tots els missatges

dijous, 5 de gener del 2012

RODILLOS Y RODILLAS

Las definiciones que llevan los diccionarios son asépticas y objetivas, y lo que buscan es aclarar al profano en todo lo posible. A mí me gustan más aquellas definiciones que acaban siendo frases célebres, frases huérfanas o frases bastardas, pues les atribuyen muchos padres o ninguno, si tienen chispa dicen que son de Groucho o de Woody Allen, si son solemnes ahí tienes a Nietzsche o a Stendhal, si tienen más sustancia de lo que parece, Einstein o quizás Hawking no fallen.
Sobre una palabra que empleé ayer: vilipendiados.
No es que piense que Urdangarín no merece todas las críticas que puedan caerle: pero está claro que, como algunos otros personajes, cuando se trata de hacer leña del árbol caído, uno se encuentra con extrañas coincidencias. Porque hay quién critica que los plebeyos se junten con la realeza, como aseverando que alguien con clase y de buena familia no hubiera incurrido en las torpezas que ha incurrido este hombre. También hay cierto republicanismo de pega que en el fondo es una especie de ultraliberalismo sumamente demagógico, por no decir fascistoide.

"La ironía es la forma más elevada de la sinceridad"
"Si no eres parte de la solución eres parte del problema"
"El fanatismo es la compensación excesiva de una duda"

Ya dije algo sobre la primera. La segunda es una absurda manera de dividir el mundo. La tercera me deja algo fascinado. Porque soy un fanático casi profesional. Del Barça, por ejemplo. Y esa frase me dice que como dudo entre el Barça y el Madrid, mi fanatismo compensa excesivamente hacia el Barça. Vaya. No. Vaya vaya. Los duros tiempos en que nos vemos metidos (sin que sus máximos responsables reciban castigo alguno por ello) van a tener ese peligroso efecto colateral. La gente va a radicalizarse. La gente va a estar pidiendo unidad de acción, y quien discrepe de esa unidad es un elemento peligroso, una manzana podrida que hay que erradicar. Ayer dos tíos le meten una bala en la cabeza a otro, y parece que el fondo de la discusión son dos niños peloteando en la calle. Hoy muchos estamos ofuscados porque, debido al engendro oficiado hace décadas de crear un estado de 17 autonomías donde había, básicamente, 3 ó 4 naciones claramente definidas, ahora hemos de empezar a hacer marcha atrás en nuestras competencias, para pagar que los de la foto se pasearan en Ferrari, y algunas cosillas más. Una vuelta a la centralización, aprovechando mayorías absolutas. 13 millones al mes a la Iglesia. Lo difícil que resulta no colgar canciones de Joy Division, narices.





dimecres, 19 d’octubre del 2011

LA OSCURA INTENCION DE CIERTAS FRASES FINALES

Pues cometí un pequeño error. Me sobra de Houellebecq que nombre tres veces a David Bisbal en las páginas de La posibilidad de una isla.

Lo nombra puntualmente (libro escrito en 2005), sin tener nada que ver con la trama. Creo que al hilo de una de esas apariciones Houellebecq pone en boca de uno de sus personajes (cosa que con este autor siempre hace dudar si no manifiesta sus propios pareceres) una demoledora opinión sobre el escaso gusto por la cultura de la sociedad española, cuando no el manifiesto recelo ante quienes la usen con actitudes que demuestren cierto alarde. No diré que le falte la razón, en todo caso el escritor francés de buena tinta lo sabría cuando llevaba un tiempo viviendo en Almería. Y no miraré, aunque podría especular con ello, cual era ya en 2005 el status de gentuza como Belén Esteban, pues no haría otra cosa que corroborar esa opinión puesta en boca de Daniel-1.
Sí, Michel, al habitante promedio del estado español le interesa bien poco la cultura, fíjate hasta qué punto que tan radical afirmación pasa desapercibida incluso figurando en uno de tus libros, siendo un escritor con cifras respetables y cierto grado de repercusión. Aunque fuese por la fama de polémico y enfant terrible que arrastras, en España esas breves líneas no encendieron ninguna polémica: nadie te amenazó ni te declaró persona non-grata ni acudió a altas horas de la noche a cualquier embajada francesa a ponerlo todo patas arriba. Por eso haré un poco la puñeta y alguna la repetiré aquí.

"Los españoles son enemigos de la cultura"

Pero no hay que limitarse a las afirmaciones con resultados polémicos (no sé si intenciones, pero sí resultados), como única razón para leer a Houellebecq. La posibilidad de una isla no es su mejor libro, desde luego no lo es para la primera inmersión en su obra pues la estructura de la narración, que se comprende a medida en que uno avanza en ella, puede resultar chocante, incluso algo gratuita, cuando no lo es. En absoluto. No ser el mejor libro de Houellebecq, aclararé, significa ser inmensamente superior al 99% de los otros libros. Añado una ignominiosa lista de la obra de Houellebecq, aunque sea para auto-recriminarme el hacerlo.

Ensayo : El mundo como supermercado, Intervenciones
Novela : Lanzarote, Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales, Plataforma, La posibilidad de una isla, El mapa y el territorio.

Con La posibilidad de una isla Houellebecq traza su distancia respecto a grandes obras, sin plagios ni apropiaciones, y como escritor global y total que es, aquí está su homenaje a la serie de películas El planeta de los simios. También a La isla, película de Danny Boyle. Anticipa detalles que luego saldrían en La carretera de Cormac McCarthy, y diría que supera en apenas cuarenta páginas (el Epílogo) la sensación que McCarthy buscaba en toda su novela: que en toda huida hay una esperanza, y que ésta muy rara vez resulta satisfecha. El amago de mundo feliz nos lleva a Huxley, y cierta voluntad de rigor en lo científico, en lo social, en lo religioso, recordarían detalles de Asimov.
Todo ello sin tratarse de una novela de ciencia-ficción, claro. Lástima que el ilustrador de la portada estuviese demasiado empanado para darse cuenta.
Diría que se acerca también a Burroughs, que tiene algo breve de la última época del cine de Truffaut, y que tanto el cine como la literatura pornográfica son una referencia constante, pues Houellebecq es preciso y experto en la descripción de los frecuentes (y variados) encuentros sexuales a varias bandas que, como prácticamente en toda su obra, proliferan también en esta novela.
Tiene tan poco miedo como respeto a lo establecido, y seguro que leer la palabra tabú le estimula las salivares, como poco. Apenas dos meses tras su último libro, es jodido saber que nos quedan por delante tres o cuatro años de espera.


Segueix a @francescbon