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dimarts, 5 de juny del 2012

DE QUE HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR

Pues no va a poder ser. No va a ser ésta la reseña en que me encontréis poniendo a parir a Murakami. Cada vez se han ido traduciendo y publicando más obras suyas: y las nuevas salen puntualmente en versiones tanto en castellano como en catalán. Así que, por pura ley estadística, el momento en que lea algo suyo que no me guste está cada vez más cerca. Esa es la esperanza que les puede quedar a sus detractores. Pero habrán de esperar.
De Tokyo blues diría que es un excelente drama adolescente con un muy buen estilo literario. Con una temática algo oscura y ese detalle absurdo de cambiar su título original en inglés, Norwegian wood (esa canción de The Beatles que suena en el aeropuerto) por otro nuevo título también en  inglés. Aunque dudo que de eso tuviera la culpa Murakami.
De Al sur de la frontera, al oeste del Sol, me gustó esa sensación acanallada de la media edad. La leí pensando en una novela menor y, zas, agradable sorpresa.
Lo que pasa con Murakami es que, en el fondo, la gente no le perdona (como siempre habrá un alto porcentaje de componente de envidia) que sea a la vez un escritor respetado críticamente y encima sus libros vendan elevadas cifras. Que tenga expositores acaparados por sus ediciones y que ya haya mucha gente que pida simplemente uno de Murakami, como el que pide los vinos por su denominación de origen. No sé cuantos países hay de la envidia. España es uno. 
De qué hablo cuando hablo de correr le coge prestado el título a un libro de relatos de Carver: De qué hablamos cuando hablamos de amor. Yo decido seguir el homenaje, y doblar la apuesta. Pues el libro, aunque hay quien diría que se alarga y exprime un tema algo repetitivo, es mucho más interesante y profundo de lo que su temática puede sugerir: Murakami habla de su condición de corredor de fondo, de sus sensaciones en las maratones que corre, de los sitios que visita o en que vive mientras continua con sus carreras, y, elegantemente, lo enlaza con una especie de ensayo autobiográfico exento de toda pretensión, con lo que acaba vinculando esa condición de corredor a la de novelista. Esa soledad en la pista o el sitio que elija para entrenar con la soledad en el escritorio. Lo vincula en un tono práctico, humilde y sólo puntualmente algo emocional. Una veladura emocional: un visillo o una brisa. Por el camino hay más sudor y más pragmatismo y más filosofía vital (de esa vitalidad del escritor: la de negarse a otorgarse a sí mismo más protagonismo que el de encontrar palabras para presentar lo que imagina) que autobombo o pretensiones de divismo. No. Murakami acaba cayéndote bien de cojones. Comprendes muchísimas cosas: la concentración, la dedicación, el levantarse e irse al teclado. Las analogías entre carreras y novelas. El ritmo sostenido y los preparativos. No es una novela: es un ensayo  de autobiografía que acaba siendo de ayuda. Con los palos que le doy a los libros de autoayuda, va y Murakami escribe uno que te ayuda sin querer. Me ayuda a mí, que llevo unos días  de colapso, publicando posts que llevan días escritos, y que cuando veo, pasados cuatro o cinco días, me despiertan una sensación de otredad. Como si el río que los escribió ya no sea el río que ahora pasa. Entonces leer este libro me da el estímulo adecuado incluso para su reseña. Si hasta me apetece comprar unas running y vivir esas sensaciones de superación y sudoración. 
No: no encuentro por dónde clavar una cuña. Murakami es un narrador sumamente interesante y un escritor cuya prosa (y no está de más recordar lo difícil que debe ser ese traslado desde el japonés) acaba envolviéndote en un halo de complicidad.

dimecres, 13 de juliol del 2011

UN CURT JOC FAMILIAR D'ENIGMES

A la costa on soc, el mar es blau i les patates braves estàn molt riques.
Ja trobava a faltar respostes de la gent en els meus posts, és dura (encara que suportable) la solitud de qui escriu i escriu i no sap res de l'altre costat.
Aviat torno a casa, així que la meva opció escollida ha estat la d'escriure en comptes de llegir. Va aparèixer alguna altra, com la de refugiar-me en l'ombra de la barra del bar a sotmetre al meu fetge a tests d'esforç dignes de malmeses entitats financeres, però aquest concurs estava perdut per endavant. Segons sembla el pèl ros és un requisit genètic imprescindible (al costat de la xerrameca inintel.ligible en llengües centreeuropees) per ser un expert en aquestes arts. Ja és bastant narcòtic, o etílic, escriure.

Estic confòs sobre el primer comentari de Lydia: no sé si es referia a algun llibre que volia recomenar-me. M'agradaria saber-ho.

Isabel Allende és el Georgie Dann dels escriptors (ser escriptor és una altra cosa). Això constitueix una declaració de principis.

El segon comentari, sobre 1Q84. No l'he llegit, i també ha estat a les meves mans, i més a prop de la caixa de la llibreria que molts, i recentment a més. Però, insisteixo, a aquestes no els hi tocava ser les vacances Murakami. Els dos llibres que he llegit de Murakami m'han agradat, sense escarafalls (bonica paraula, a veure quina  equivalent li trobo en castellà). Sembla que 1Q84 representa un lleuger canvi en el seu estil, i que pretén ser la seva gran novel-la total (ja vaig dir que això, i titular-la amb un nombre, o gairebé, em resultava una mica bolanyià), ja que afegeix cert to policíac a la trama,fins i tot hi ha assassinats (quan en les dues que he llegit és el suïcidi el que sempre sobrevola, i arriba a posar-se). Com, a diferència de L'home que subratlla els llibres, no sóc un expert en Murakami, m'inclino per dir el que hagués fet en la meva atrotinada pell.
Només en comptades ocasions (escriptors als quals sóc irredemptament fidel) compro un llibre en la seva rabiosa actualitat. El que faig es esperar a la seva edició de butxaca, qüestió de pressupost, i de pas em puc evitar aquests molestos faixins dels quals no t'acabes de desprendre, relacionant les seves grans crítiques de l'Observer i del Newyorker i del Guardian i del suplement del dominical de Palafolls. Així com portar el mateix llibre que tothom, que em fa una mica de grima.
Vaig consultar les crítiques sobre el llibre a internet i em van resultar una mica dispars.Ja fa la pinta que Murakami ha traspassat certa barrera cap a la fama. Segurament acabaré llegint-lo ja que el meu intriga cap el motiu del seu sobtat culte no quedarà saciat si no llegeixo tant aquest com Kafka a la platja. Crec que Murakami ha d'escriure bé en japonès ja que la seva (difícil) traducció al castellà conserva una ostensible càrrega poètica. I la seva obra comença a ser extensa. De tota manera, Lydia, llevat de les meves manies estrafolàries, semblava del millor per llegir.

UN CORTO JUEGO DE ENIGMAS FAMILIAR

En la costa donde paso estos días el mar es azul, y las patatas bravas están muy ricas.
Ya echaba de menos responder a la gente en mis posts, es dura (aunque soportable) la soledad del que escribe y escribe y no sabe nada del otro lado.
Pronto vuelvo a casa, así que mi opción escogida ha sido la de escribir en vez de leer. Apareció alguna otra, como la de refugiarme en la sombra de la barra del bar a someter a mi hígado a tests de esfuerzo dignos de maltrechas entidades financieras, pero ese concurso estaba perdido de antemano. Por lo visto el pelo rubio es un requisito genético imprescindible (junto al farfulleo ininteligible en lenguas centroeuropeas) para ser un experto en estas lides. Ya es bastante narcótico, o etílico, escribir.

Estoy confuso sobre el primer comentario de Lydia: no sé si se refería a algún libro que quería recomensarme. Me gustaría saberlo.

Isabel Allende es el Georgie Dann de los escribidores (ser escritor es otra cosa). Esto constituye una declaración de principios.


El segundo comentario, sobre 1Q84. No lo he leído, y también ha estado en mis manos, y más cerca de la caja de la librería que muchos, y recientemente además. Pero, insisto, a éstas no les tocaba ser las vacaciones Murakami. Los dos libros que he leído de Murakami me han gustado, sin aspavientos (bonita palabra, a ver qué equivalente el encuentro en catalán). Parece ser que 1Q84 representa un ligero cambio en su estilo, y que pretende ser su gran novela total (ya dije que eso, y titularla con un número, o casi, me resultaba algo bolañiano), pues añade cierto tono policíaco a la trama, incluso hay asesinatos (cuando en las dos que he leído es el suicidio lo que siempre sobrevuela, y llega a posarse). Como, a diferencia de El hombre que subraya los libros, no soy un experto en Murakami, me inclino por decir lo que hubiese hecho en mi ajada piel. 
Sólo en contadas ocasiones (escritores a los que soy irredentamente fiel) compro un libro en su rabiosa actualidad. Suelo esperar a su edición de bolsillo, cuestión de presupuesto, y de paso me evito esos molestos fajines de los cuales no te acabas de desprender, relacionando sus grandes criticas del Observer y del Newyorker y del Guardian y del suplemento del dominical de Palafolls. Asi como llevar el mismo libro que todo el mundo, que me da un poco de grima. 
Consulté las críticas sobre el libro en internet y me resultaron algo dispares. Ya hace la pinta de que Murakami ha traspasado cierta barrera hacia el estrellato. Seguramente acabaré leyéndolo pues mi intriga hacia el motivo de su súbito culto no quedará saciado si no leo tanto este como Kafka en la orilla. Creo que Murakami debe escribir bién en japonés pues su (difícil) traducción al castellano conserva una ostensible carga poética. Y su obra empieza a ser extensa. De todas maneras, Lydia, salvo por mis excéntricas manías, parecía de lo mejorcito para leer. 

divendres, 8 de juliol del 2011

LA DERIVA DE LOS CONTENIDOS



La casualidad, o las circunstancias, a falta de motivos más palpables, son los que hacen que lleve unas semanas en las que esto, más que una bitácora, es una crónica.
Ahora voy (fui, todo ya es un pasado tan remoto que incluso ya he soñado con una Plaça de Catalunya limpia, aséptica, ordenada, tan teutónicamente compuesta que sólo el calificativo de onírica se le ajusta sin rechinar) a ver a las acampadas. Narro lo que veo. Vuelvo a ir, vuelvo a narrar. Diferentes ojos ven diferentes plazas, como las luces en la serie de cuadros puntillistas de Monet. Critico, sin pasarme, o sea, creo que debería haber criticado más sanguíneamente, a los medios del Grupo Godó. A pesar de ello les soy fiel. O quizás he dejado que se lo piensen. Pero en el tema de las acampadas es como si hubiéramos sacado una conclusión idéntica por métodos diferentes. Cosa que me descoloca.
Ahora leo estos libros a lo largo de estos días y los voy enumerando y los voy reseñando en el orden en que los leo y a veces la opinión del libro anterior tizna la del siguiente y parece, como si usase un crossfader, que el último parrafo contenga palabras del que va a continuación, con palabras en diferentes ritmos y tonos, pero que pueden cuadrarse.
Igual que Cass McCombs y los Sparks pueden convivir en una selección, alguna línea habrá que haga coincidir esa fragilidad de los inseguros y acomplejados adolescentes de Murakami con los implacables sicarios de gatillo (y cosas peores, la del gatillo es una muerte envidiable muchas veces) fácil de Don Winslow. 200 páginas de inmersión despues, lo único que me preocupa respecto a El poder del perro es que empiece a leerlo con lo que los Orbital (uno de ellos, imposible recordar cual) describieron como ojo pornográfico: una especie de fast forward que te hace saltar determinados pasajes para buscar los momentos de impacto: torturas, crueldad, masacres, ajustes de cuentas. Temo que eso me haga perder matices, temo que eso me precipite en su lectura, temo que en dos días tenga que rastrear puestos de prensa donde, al lado de espantosas publicaciones sensacionalistas en holandés o alemán, o maléficas revistas de crucigramas, el único hálito de esperanza es 1Q84 (y no le toca aún el turno a otro Murakami).

Eso antes de que esta extraña sensación de aburrimiento programado convierta mis ensoñaciones en delirios y corra en agosto a hacerme un primer tatuaje del que arrepentirme en septiembre. Aunque seguro que antes de que eso pase aparecerá alguna canción que me convenza de lo contrario. 

LA DERIVA DELS CONTINGUTS

La casualitat, o les circumstàncies, a falta de motius més palpables, són els que fan que porti unes setmanes en les que això, més que una bitàcola, és una crònica.
Ara vaig (vaig anar, tot ja és un passat tan remot que fins i tot ja he somiat amb una Plaça de Catalunya neta, asèptica, ordenada, tan teutónicament composta que només el qualificatiu de onírica se li ajusta sense lliscar) a veure a les acampades. Narro el que veig. Torno a anar, torno a narrar. Diferents ulls veuen diferents places, com les llums en la sèrie de quadres puntillistes de Monet. Crític, sense passar-me, és a dir, crec que hauria d'haver criticat més sanguínies, als mitjans del Grup Godó. Tot i això els sóc fidel. O potser he deixat que s'ho pensin. Però en el tema de les acampades és com si haguéssim tret una conclusió idèntica per mètodes diferents. Cosa que em descol.loca.
Ara llegeixo aquests llibres al llarg d'aquests dies i els vaig enumerant i els vaig ressenyant en l'ordre en què els llegeixo i de vegades l'opinió del llibre anterior taca la del següent i sembla, com si usés un crossfader, que l'últim paràgraf contingui paraules del que va a continuació, amb paraules en diferents ritmes i tons, però que poden quadrar.
Igual que Cass McCombs i els Sparks poden conviure en una selecció, alguna línia caldrà que faci coincidir aquesta fragilitat dels insegurs i acomplexats adolescents de Murakami amb els implacables sicaris de gallet (i coses pitjors, la del gallet fàcil és una mort envejable moltes vegades) fàcil de Don Winslow. 200 pàgines d'immersió després, l'únic que em preocupa respecte a El poder del perro és que comenci a llegir-lo amb el que els Orbital (un d'ells, impossible recordar quina) van descriure com ull pornogràfic: una mena de fast forward que et fa saltar determinats passatges per buscar els moments d'impacte: tortures, crueltat, massacres, ajustaments de comptes. Temo que això em faci perdre matisos, temo que això em precipiti en la seva lectura, temo que en dos dies hagi de rastrejar llocs de premsa on, al costat de espantoses publicacions sensacionalistes en holandès o alemany, o malèfiques revistes de mots encreuats, l'únic alè d'esperança és 1Q84 (i no li toca encara el torn a un altre Murakami).

Això abans que aquesta estranya sensació d'avorriment programat converteixi els meus somnis en deliris i corri l'agost a fer-me un primer tatuatge del qual penedir-me al setembre.Encara que segur que abans que això passi apareixerà alguna cançó que em convenci del contrari.

dijous, 7 de juliol del 2011

NO MOLESTEN A LOS OFICINISTAS

Hace unos días llamé a las oficinas de la editorial Random House Mondadori. No es mi editorial favorita pero tiene autores interesantes, y quería saber si había modo de conseguir un par de libros agotados, descatalogados. Para abreviar, la clase de libros que, al saber que es difícil conseguir, se convierten en un potente objeto de deseo. Despues de un par de intentos, hablé con alguien que parecía poder ayudarme. Tras facilitarle los títulos de los libros, sus autores, sus editoriales y colecciones iniciales, y mi número de móvil, aún estoy esperando que me llamen. Hará unos diez días.
Claro: las grandes editoriales tienen mayores intereses que el lector individual medio zumbado al que le da por buscar un libro que se editó ya hace tiempo. Están por promocionar más lo que se vende como churros que, en el caso de Random House Mondadori, es la última deposición de Isabel Allende. Que les llamen las distribuidoras y les pidan ejemplares a cientos, que el pobre diablo que les pide El dia del watusi ya se buscará la vida.
Mi intención era meter en la maleta una gran trilogía : o la de Deptford, de Robertson Davies, o Tu rostro mañana de Javier Marías, o El dia del Watusi de Francisco Casavella. Y acompañarla con otros dos libros más cortos, apuestas más seguras, pues que hago yo si toda una trilogía se me atraganta y no tengo opciones.
Esta es la situación ahora : Kapuscinski y sus 340 páginas han durado un día y medio. Murakami y 266 páginas justo otro día. Y ahora he de hacer que las 700 páginas de El poder del perro de Don Winslow, me duren como una semana, o me veré obligado a rebuscar en la exigua oferta de libros de que disponen los puestos de prensa. Contando que me guste. Si me gusta mucho no podré evitar devorarlo. Lo que he leído hasta ahora parece certificar esta situación.
Dedicado al amigo que subraya frases en los libros que lee :
Al sur de la frontera, al oeste del sol, ha resultado gustarme mucho más que Tokyo blues. O quizás ese libro a mí le ha gustado más que aquel otro al Francesc de hace unos cuatro años. Murakami comparte cierto estilo en esos dos libros: el punto de vista ligeramente nostálgico de adolescencias singulares. El uso del recuerdo musical como referencia de anclaje de esa nostalgia. Cierta individualidad salingeriana, donde el engaño y la mentirijilla se justifican como males menores frente al mal mayor de la sinceridad desnuda. La madurez como una especie de enfermedad que lentamente toma las riendas de los adolescentes sanos que seríamos para siempre. La presencia siempre amenazadora de cierta tendencia suicida que parece manifestarse como único remedio universal para mitigar la angustia. Leeré, al menos, un libro más de Murakami, pues debo averiguar si esos son los trazos que definen su estilo o es capaz de defenderse en otros contextos. Hasta ahora lo único que puedo decir es que me sorprende que un escritor con un tono tan intimista tenga tal éxito. Aunque su prosa directa y poco dada a entretenerse en detalles es una muy buena baza. Las pàginas van que vuelan.

Supongo que al oficinista de Tusquets no le molestaría tanto que los lectores, reales o potenciales, de sus libros, les llamen. 

NO MOLESTEU ALS OFICINISTES

Traducció del post original en castellà del 7 de juliol

Fa uns dies vaig trucar a les oficines de l'editorial Random House Mondadori. No és la meva editorial favorita però té autors interessants, i volia saber si hi havia manera d'aconseguir un parell de llibres esgotats, descatalogats. Per abreujar, la classe de llibres que, en saber que és difícil aconseguir, es converteixen en un potent objecte de desig. Després d'un parell d'intents, vaig parlar amb algú que semblava poder ajudar-me. Després de facilitar-li els títols dels llibres, els seus autors, els seus editorials i col.leccions inicials, i el meu número de mòbil, encara estic esperant que em diguin. Farà uns deu dies.
És clar: les grans editorials tenen més interessos que el lector individual mig tronat al qual li dóna per buscar un llibre que es va editar ja fa temps. Estan per promocionar més el que es ven com xurros que, en el cas de Random House Mondadori, és l'última deposició d'Isabel Allende. Que els cridin les distribuïdores i els demanin exemplars a centenars, que el pobre diable que els demana El dia del watusi ja es buscarà la vida.
La meva intenció era ficar a la maleta una gran trilogia: o la de Deptford, de Robertson Davies, o Tu rostro mañana de Javier Marías, o El dia del Watusi de Francisco Casavella. I acompanyar amb altres dos llibres més curts, apostes més segures, doncs què faig jo si tota una trilogia se m'ennuega i no tinc opcions.
Aquesta és la situació ara: Kapuscinski i les seves 340 pàgines han durat un dia i mig. Murakami i 266 pàgines just un altre dia. I ara he de fer que les 700 pàgines del poder del gos de Don Winslow, em durin com una setmana, o em veuré obligat a rebuscar en la minsa oferta de llibres de què disposen els llocs de premsa. Comptant que m'agradi. Si m'agrada molt no podré evitar devorar-lo. El que he llegit fins ara sembla certificar aquesta situació.
Dedicat a l'amic que subratlla frases en els llibres que llegeix:
Al sur de la frontera, al oeste del sol, ha resultat agradar molt més que Tokyo blues. O potser aquest llibre a mi li ha agradat més que aquell altre al Francesc de fa uns quatre anys. Murakami comparteix cert estil en aquests dos llibres: el punt de vista lleugerament nostàlgic d'adolescències singulars. L'ús del record musical com a referència d'ancoratge d'aquesta nostàlgia. Certa individualitat salingeriana, on l'engany i la mentida es justifiquen com a mals menors enfront del mal major de la sinceritat nua.La maduresa com una mena de malaltia que lentament pren les regnes dels adolescents sans que seríem per sempre. La presència sempre amenaçadora de certa tendència suïcida que sembla manifestar-se com a únic remei universal per a mitigar l'angoixa. Llegiré, almenys, un llibre més de Murakami, ja que he de esbrinar si aquests són els trets que defineixen el seu estil o és capaç de defensar-se en altres contextos.Fins ara l'únic que puc dir és que em sorprèn que un escriptor amb un to tan intimista tingui tal èxit. Encara que la seva prosa directa i poc donada a entretenir-se en detalls és una molt bona carta. Les pàgines van que volen.

Suposo que al oficinista de Tusquets no li molestaria tant que els lectors, reals o potencials, dels seus llibres, el truquessin.

dimecres, 6 de juliol del 2011

LA SOPORTABLE LLEUGERESA

Entrada publicada originalment en castellà el 6 de juliol


Sé que m'he queixat diverses vegades del tema de l'edat. Encara que sigui inevitable no m'agradaria que el bloc es convertís en una mena de cicle que es repeteix i encadena aniversaris i efemèrides i així vaig passar aquest estiu i d'aquesta altra manera s'acosta el nadal i veurem què ens depara la pròxima setmana santa. Esmentaré que aquests dies no m'importa per res estar a punt de fer 47 i que ho veig com un moment ideal on un encara conserva bones dosis de totes les seves millors facultats al costat d'un criteri prou experimentat per administrar-les.
Pregunteu-me demà i us diré una altra cosa, que serà diferent a les que us digui en dies successius. La coherència per bandera busqueu-la en un altre lloc.
Però he de lluitar perquè no hi hagi un cicle que m'obligui a consultar què vaig dir en aquests dates de l'any passat. En cas contrari això podria semblar un canal cutre de televisió.

Estic fora i he visitat molts països de continents diferents. En el curs d'aquests viatges he conviscut amb la por i la misèria i la desesperació. Amb una subtil ironia que se situaria en les antípodes de l'humor negre. És a dir, he llegit La guerra del futbol, ​​de Ryszard Kapuscinski, i aquest home fa que a un se li s'esgotin els qualificatius. Vaig dir ja esplendorós?. Només hi ha un moment en què Kapuscinski no captiva, però parlem d'un parell de pàgines, quan abandona el cos, maltractat i picotejat per mosquits i escorpins, del reporter i intenta fer de pensador, reposant en una butaca i buscant un patró comú, filosofant i per tant allunyant-se d'aquest espai que constitueix el seu domini: la brillant descripció literària de com els conflictes bèl.lics sempre s'acarnissen en les persones més febles, de com certes parts del globus semblen irremissiblement condemnades (o tràgicament destinades) a patir una i altra vegada aquests conflictes.A través de l'enumeració dels fets gairebé casuals, aparentment irrellevants, que es produeixen, dels quals traiem profundes conclusions i valuosos aprenentatges. Millor que llegir avorrits tractats d'història contemporània a silencioses biblioteques, Kapuscinski és literatura en estat pur que un dia se'ns presenta com un relat d'aventures i un altre com una aguda crònica política neta de tota adulteració ideològica. En breus dies: Cristo con un fusil al hombro.
Resulta que vaig posar tres llibres a la maleta per aquests deu dies. Kapuscinski ha durat un dia i mig. Sense el mínim esforç. Ara li toca a Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami. Vaig llegir fa uns tres anys Tokyo blues, estúpida traducció lliure del intraduïble títol original, Norwegian Wood. Murakami em va semblar una mica trist en aquest llibre, sense que arribés a explicar del tot tant entusiasme per la seva obra. Però un pot no haver encertat en la seva primera elecció. Així que he començat amb aquesta segona oportunitat, ja que no he de ser aliè a tant entusiasme crític. O en tot cas hauré de trobar els meus arguments si he d'acabar per mostrar escèptic. He formar la meva pròpia opinió. Tot i que en els comentaris sobre 1Q84 em sembli que Murakami vulgui emular el Bolaño de la novel-la total que és 2666. Tot i que, indefectiblement, aquesta narració en primera persona adolescent em retrotregui a El guardían entre el centeno. Les primeres seixanta pàgines amb prou feines m'han portat mitja hora, amb una fina descripció de la punxada adolescent (que es va convertint en una contundent puntada de peu) del desig sexual. Fins aquí he arribat i encara que hi ha abandonament i certa angoixa introvertida, tots segueixen vius i bé. Si Murakami és un caprici dels crítics o una ben traçada operació de màrqueting, si resulta difícil traslladar la poètica de la seva prosa en traduir, ja us diré.
Una breu explicació completament innecessària:
Com podeu veure escric des de la BB i només en castellà durant aquests dies. Tampoc penjo vídeos ja que no sóc prou destre. Tot és provisional: les entrades s'aniran traduint i penjant en català i tornarem a tenir so i imatges que us consolin d'aquesta austeritat escrita.

LA SOPORTABLE LEVEDAD


Sé que me he quejado varias veces del tema de la edad. Aunque sea inevitable no me gustaría que el blog se convirtiera en una especie de ciclo que se repite y encadena cumpleaños y efemérides y así pasé este verano y de esta otra manera se acerca la navidad y veremos qué nos depara la próxima semana santa. Mencionaré que estos días no me importa para nada estar a punto de cumplir 47 y que veo esa edad como un ideal donde uno aún conserva buenas dosis de todas sus mejores facultades junto a un criterio lo suficientemente experimentado para administrarlas.
Preguntadme mañana y os diré otra cosa, que será diferente a las que os diga en días sucesivos. La coherencia por bandera buscadla en otro lado.
Pero he de luchar para que no exista un ciclo que me obligue a consultar qué dije en tales fechas del año pasado. De lo contrario esto podria parecer un canal cutre de televisión.

Estoy fuera y he visitado muchos países de continentes distintos. En el curso de esos viajes he convivido con el miedo y la miseria y la desesperación. Con una sutil ironía que se situaría en las antípodas del humor negro. Es decir, he leído La guerra del fútbol, de Ryszard Kapuscinski, y este hombre hace que a uno se le agoten los calificativos. Dije ya esplendoroso ?. Solo hay un momento en que Kapuscinski no cautiva, pero hablamos de un par de páginas, cuando abandona el cuerpo, maltratado y picoteado por mosquitos y escorpiones, del reportero e intenta hacer de pensador, reposando en un sillón y busca un patrón común, filosofando y por tanto alejándose de ese espacio que constituye su dominio: la brillante descripción literaria de como los conflictos bélicos siempre se ceban en las personas más débiles, de cómo ciertas partes del globo parecen irremisiblemente condenadas ( o trágicamente destinadas) a sufrir una y otra vez esos conflictos. A través de la enumeración de los hechos casi casuales, aparentemente irrelevantes, que se producen, de los cuales sacamos profundas conclusiones y valiosos aprendizajes. Mejor que leer aburridos tratados de historia contemporánea en silenciosas bibliotecas, Kapuscinski es literatura en estado puro que un día se nos presenta como un relato de aventuras y otro como una aguda crónica política limpia de toda adulteración ideológica. En breves días: Cristo con un fusil al hombro.
Resulta que puse tres libros en la maleta para estos diez días. Kapuscinski ha durado un día y medio. Sin el mínimo esfuerzo. Ahora le toca a Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami. Leí hace unos tres años Tokyo blues, estúpida traducción libre del intraducible título original, Norwegian Wood. Murakami me pareció algo triste en ese libro, sin que llegase a explicarme del todo tanto entusiasmo por su obra. Pero uno puede no haber acertado en su primera elección. Asi que he empezado con esa segunda oportunidad, pues no debo ser ajeno a tanto entusiasmo crítico. O en todo caso habré de encontrar mis argumentos si he de acabar por mostrarme escéptico. Debo formar mi propia opinión. A pesar de que en los comentarios sobre 1Q84 me parezca que Murakami quiera emular al Bolaño de la novela total que es 2666. A pesar de que, indefectiblemente, esa narración en primera persona adolescente me retrotraiga a El guardián entre el centeno. Las primeras sesenta páginas apenas me han llevado media hora, con una fina descripción de la punzada adolescente (que se va convirtiendo en un puntapié) del deseo sexual. Hasta ahí he llegado y aunque hay abandono y cierta angustia introvertida, todos siguen vivos y bién. Si Murakami es un capricho de los críticos o una bien trazada operación de marketing, si resulta difícil trasladar la poética de su prosa al traducirla, ya os diré.
Una breve explicación completamente innecesaria :
Como podéis ver escribo desde la BB y sólo en castellano durante estos días. Tampoco cuelgo vídeos pues no soy suficientemente diestro. Todo es provisional : las entradas se irán traduciendo y colgando en catalán y volveremos a tener sonido e imágenes que os consuelen de esta austeridad escrita.

dilluns, 25 d’abril del 2011

LAS RESPETABLES OPINIONES

Buenafuente deja en suspenso su cuenta en Twitter. Mantiene, eso sí, la de su perro, broma (cada uno la valorará) que le permite amagar sus golpes. Hace años que dejé de seguir de cerca a Buenafuente. Francamente me gustaba más Mikimoto, en esas delirantes apariciones con Buenafuente (entonces un abnegado secundario en fase de aprendizaje) y Monzó, y esa irreverente pose (la de la foto de la infanta más tarada) que le llevó a donde le llevó, pero con la cabeza alta. El motivo de su baja en Twitter es el aluvión de críticas (cientos de miles) recibidas a causa de una entrevista blanda a la ministra González Sinde. Esto no es Egipto pero la comunidad internauta empieza a tener una poderosa influencia. Así que Buenafuente ha ejercido esa curiosa réplica que es apelar el derecho a la no réplica. O sea, la indiferencia ante las críticas. Con el status que ha alcanzado, puede permitírselo, pero es una pequeña decepción.
Y no es que yo siga Twitter, donde abrí una cuenta que está muerta de asco, mucho peor aún que la de Facebook, que languidece aún sin llegar a agonizar.
Tras Sant Jordi, el paisaje literario, perdón, literario, nos deja un triunfador (Albert Espinosa) que a mí no me gusta absolutamente nada, pero, país pequeño que somos para eso, a la gente (corrijo, país de telemaratones para limpiar conciencias) le fascinan esas historias realizadas sobre los cimientos de la superación. Y Espinosa es el que ha dado primero y ha dado dos veces, y todo el mundo tiene claro la cantidad de partes de su cuerpo que la enfermedad se ha llevado y lo muy en primera persona que puede describirlo todo. Ese es el motivo por el que literario está en cursiva. El otro triunfador es algo que se llama Indignaos que, en un caso que no recuerdo, ha sido descrito no como un libro sino directamente como un panfleto. Como dije, muchos ya tienen un nuevo libro que hacer compañía criando polvo a los demás. 
Parece que mi tesón y mis opiniones (y mi supina pesadez) no caen en saco roto, y mi cruzada altruísta para que todo ser interesado medianamente en la lectura lea, al menos una vez, Estrella distante, de quien ya todo el mundo sabe, se ha cobrado otra pieza. Gracias, de todo corazón, y me dejo de indisimuladas modestias, sé que esas 160 páginas son la mejor inversión calidad precio posible, continúo ahí, alguien puede ser que un día me lo agradezca, en cualquier caso es un placer solitario. Es lo que tiene escribir un blog, no tienes por qué disimular. Esto es parcial, egoísta, narcisista, forma parte de su naturaleza. Ahora espero una recomendación de un Murakami que no me deje un regusto tan amargo como Tokyo Blues, y que confirme que mi juicio fue precipitado.


diumenge, 31 d’octubre del 2010

JAPON 1.0

Este post, que van a ser dos,  casi está dedicado a Mademoiselle Burlesque. El casi lo pongo porque obviamente cualquiera va a leerlo y ( espero ) a dir la seva. Pero sé que le gusta lo nipón, porque me lo dijo, puede que ella no se acuerde pero yo sí. Y aunque me lo dijo hace ya cierto tiempo, no creo que haya dejado de gustarle. Lo dedicaría por extensión a esas chicas amantes de los flequillos rectos, pero no puedo discriminar a las mujeres por su peinado, faltaría más.

Leí en algún sitio que, hace unos siglos, todo extranjero que se aventuraba llegar a las islas del archipiélago recibía como regalo de bienvenida el ser ahorcado. Así se las gastaban. Seguramente hoy en día más de un hotel de cierta categoría en Tokyo, en Kobe, en Kyoto o en Osaka, te deja en tu habitación uno de esos bonitos arreglos florales ( ikebana, creo que se llaman ). Entre el ikebana y la horca hay que reconocer que hay unos cuantos grados intermedios de sentido de la hospitalidad. Los hoteles en Japón ( destino de vacaciones absolutamente elitista dada tanto su lejanía como lo caro que es todo allí ) me da la impresión que son todos como el que sale en Lost in translation. Es una película que suscita comentarios. Hay gente que la encuentra aburrida y lenta, y un poco vacía de contenido. No soy de ésos. A mí me gusta mucho, incluso le encuentro referentes estéticos que no he leído ni siquiera en sesudas críticas : su tratamiento de la nocturnidad en la ciudad me recuerda escenas de Blade Runner, y veo otras referencias, por ejemplo, cierto tipo de cine americano ( el de Alan Rudolph ) en las escenas en el bar del hotel. Y luego me encanta ese personaje de Bill Murray. Creo que hay que comprender que en las películas, como en la vida, en la música, en muchas cosas, no todo el rato tienen que estar pasando cosas. Los silencios también cuentan. O nadie disfruta de esos cinco minutos en el sofá ( o en el banco del parque ) mirando a las musarañas.


Sí : yo tambien pienso que es una pena que Scarlett Johansson ande sola por ahí. Por cierto, la música es de Air. Quien no se acuerde que mire en mi post Love is in the air. La fecha ? Buscad, so vagos.

En el distrito megapijo de Shibuya las tiendas de Sony tienen entre sus productos esos curiosos perros-robot que puedes usar de mascota ( si estás lo bastante colgado ). También están todas esas tribus tan propias de Tokyo - las Lolitas colgadas por el manga y el ánime, con sus imposibles combinaciones de ropajes góticos, complementos de Gucci y LV, y todo tipo de gadgets tecnológicos. Desde luego no parece que vayan a ahorcar a los extranjeros que se aventuran por ahí, y lo de aventurarse ya es decir porque la seguridad es absoluta. Supongo que la influencia occidental debe venir un poco del duro correctivo que representó para ese país la derrota ante los EEUU , tras Hiroshima y Nagasaki. El país bajó la cabeza, aceptó, con elegancia y dignidad, su derrota. Los americanos establecieron ahí unas cuantas bases, y a otra cosa mariposa.
Leí Tokyo blues de Haruki Murakami y no me gustó tanto como deducía del entusiasmo crítico. Supongo que una traducción del japonés debe ser difícil a la hora de transmitir cierto sentido poético. Hay mucha angustia adolescente ahí, un halo de decepción y desencanto permanente que gravita sobre las páginas ( y a mí me agobió ), es como El guardián entre el centeno al revelar ese sentimiento, pero al menos en el libro de Salinger la gente acaba viva. De todas maneras daré otra oportunidad al libro.


Una mexicana me dijo que odiaba oir cantar en japonés cuando le puse esta canción. Curioso cóctel.

Cuesta diferenciar japoneses y chinos. Más ahora que hay tantos chinos conviviendo con nosotros ( qué correcto me ha quedado ). Creo que a los lugareños nos parece que los japoneses son tíos muy formados y muy educados que dirigen Nissans, Toyotas, Sonys y Hitachis, que por tanto tienen pasta y gustos caros. Los chinos no los vemos así, los vemos más bién como lobbies turbios que, con extrañas estratagemas en cuyas teorías siempre aparece la palabra mafia,  se cargan las tiendas multiprecio, los bares, las panaderías, y véte a saber que será lo próximo. Japón es tecnología punta y sofisticada, China es baratija y cutrez. A eso no le llamemos racismo, es puro clasismo. Aquí no nos gustan los de fuera, pero si tienen cuartos, las cosas cambian y podríamos hacer una excepción.



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