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dilluns, 13 d’agost del 2012

AÑOS SIN LIBERTAD

-Joder, Jonathan. No me digas que no sabes. El editor me mata: a él le matan los de su departamento de marketing. A todos nos matan los del consejo de administración. La campaña de Navidad se va a la mierda y las acciones de la compañía bajan. Joder: si con lo que les adelantaste del argumento ya hay un montón de artículos preparados para promoción. Hay críticos que solo tienen que añadir un par de líneas. Las agendas están coordinadas.
-Pues no tengo nada. Me cargué el borrador: no servía, y he vuelto al principio. Bueno, he cambiado un montón de cosas.
-(Respira profundamente al otro lado de la línea, procurando que el suspiro suene a desesperación). Madre mía.
-Lo que hay.
-Madre mía.
-Hablamos en unas semanas.
-Jonathan. Jonathan, no cuelgues, espera.
-Dime.
-Y si publicamos unos cuantos artículos, algún ensayo, algo inédito que tengas por ahí. Algo variadito. Chico, comida para las fieras.
-No sé. Suena a estrategia editorial.
-¿Suena?. Coño, Jonathan, es puta estrategia editorial. ¿Qué  va a ser, joder?. O qué hacemos, te enviamos a los abogados a que devuelvas el anticipo, ponemos una demanda a uno de los mejores novelistas del planeta porque tiene unos cánones de calidad tan elevados y un método de escritura tan meticuloso que es incapaz de acabar más de una página cada cuatro o cinco días porque no quiere defraudar expectativas?. Hacemos eso?. Mierda, busca por los cajones, retoca lo que sea. Coño, el artículo de Harper's, ese  mismo, modifica algp, actualízalo, métele algo de paja: va, Jonathan, tu paja es  el grano por el que otros matarían. Escribirías bien hasta las instrucciones del papel higiénico, joder.
-No sé.
-Yo si sé. Vamos: hazlo, y eso te da, no sé, dos, tres años más de calma. No hace falta que hagas promoción: decimos que es autobiográfico y que esos ensayos hablan por sí mismos mejor de lo que tú puedas hacer. 
-Pfff.
-Vamos.
-Mira: sí, puedo rehacer lo de Harper's: y tengo uno parecido, sobre el futuro de la narrativa. Puede que uno que escribí sobre el sistema postal de Chicago te vaya bien. Son unas cincuenta páginas, y tiene un tono social. Largo, pero irá bien.
-Joder: estoy mojando los pantalones.
-No me jodas con tonterías: los críticos van a decir que es un paso en falso.
-No publicar por ocho años es un paso en falso, Jonathan.
-Mira: hay uno sobre el alzheimer de mi padre que podría funcionar bien al principio de todo.
-Pues va: tómate el tiempo que haga falta, pero va.
-Mierda: no sé por qué me dejo convencer.
-Gracias, Jonathan.
-Joder; no te garantizo nada: igual para llenar 300 páginas tengo que usar algo de relleno.
-Gracias, Jonathan.

dijous, 24 de maig del 2012

EL EFECTO SELASSIE

Muchísimo hará de mis primeros panegíricos sobre Bob Marley. Sobre su influencia, sobre su obra completa, sobre una sola canción. Pertenecen, algunos,  a esa fase seminal de este blog, de la cual debería avergonzarme hasta el punto justo de borrar, o editar, o adecentar, pero a lo hecho, pecho. Supongo que dignifica un poco la evolución a la que me debería haber llevado todo lo escrito después. En algún punto, debí mencionar un aspecto que alejaba a Marley de una condición divina total: su inexplicable entronización de Haile Selassie, emperador dictatorial y autoteocrático (palabra inventada, ale) de Etiopía. Ese error confería a Marley (supongo que dije, pues me repito más de lo que debería) una dimensión humana y vulnerable.
Yo he pensado en popularizar eso como efecto Selassie. Ese detalle raro que rechina (que sorprende negativamente) en medio de lo que sería perfección. En el fondo, lo que nos aleja de ser máquinas programadas donde toda pieza ajusta. Como la pieza negra sobre un retablo blanco porque en la tienda ya no les quedaba de ese color, y era mejor que dejar el agujero. 

Porque este sería el efecto Selassie de Jonathan Franzen. No, no he entrado en una fase ahora casi no me gustan cosas por contraposición a las cuatro o cinco grandes lecturas que reseñé casi consecutivas.
Pero es que Zona fría, recopilación de ensayos autobiográficos del propio Franzen, es un océano gris lleno de sardinas, en medio de los mares caribeños con delfines y tiburones que son sus obras de ficción. Buscando el completismo, pernicioso vicio que acaba por revelarnos caras ocultas, que luego nos arrepentimos de haber visto, probé (y tengo preparado Cómo estar solo, ya puro ensayo) a ver si su maestría afectaba a toda su obra. 
Y no. 
Está el buen estilo narrativo, está el efecto de empaquetado de opiniones propias sobre hechos sociales y políticos coincidentes con la acción. Está todo: pero falla algo : como a Austin Powers, el mojo. Y es la cuestión de que Franzen, cuando habla de sí mismo, de sus hechos vitales, está como cohibido. Porque el cinturón de la realidad es mucho más ajustado que la cómoda fajilla elástica de la ficción, donde introduces a cada situación o a cada personaje el punto justo que los hace excitantes, la salsa que aporta el sabor. La vida de Franzen no es tan estimulante como las de los personajes que el concibe a montones en sus extraordinarias novelas. Ese es el principal inconveniente: que para ser sincero y leal en lo que escribe sobre sí mismo, Franzen tiene que reprimir su aspecto creativo, y eso castra el libro. 
Usaría un símil muy extraño: la fascinación que ejercen sobre mucha gente  los programas como los reality-shows consiste en  ver a personas reales interpretando (comportándose, pero en el fondo actuando) situaciones extremas de su propia vida (convivencia con extraños, sexo ante las cámaras), como paréntesis de excitación en medio de existencias anodinas. Aquí es al revés: Franzen es un tipo casi normal que usualmente está imaginando excitantes vidas ajenas y plasmándolas en sus novelas. Cuando habla de sí mismo, por timidez, por sentido del ridículo, por cambio de perspectiva: por lo que sea, el perfil desciende. No es que no sea interesante: volviendo a Bob Marley, es como oír esos recopilatorios de oscuros sellos jamaicanos donde se publicaban sus singles primerizos. Los oyes una vez, por curiosidad. Pero sabes que no es lo más grande que te podía ofrecer.

dilluns, 23 d’abril del 2012

LIBERTAD, escrito por JONATHAN FRANZEN


La opinión más generalizada sobre la gente que ejerce la crítica, aunque sea, como es mi caso, de una manera amateur, es una algo sesgada descalificación. Somos músicos/escritores/directores de cine frustrados, y el canal de salida de esa frustración es poner pegas a la obra de aquellos que, valientes, la entregan al público. Diada de Sant Jordi, hoy LV publica a doble página un curioso esquema de 7 pasos que configuran el ciclo vital de un libro desde su concepción por el autor hasta que llega al bolsillo de quien (supuestamente, estamos en Sant Jordi) acabará leyéndolo. Curioso, cuando internet ahorra un mínimo de cinco de esos pasos. Si yo, escritor supuestamente frustrado, me decidiera a escribir aquí una novela y a colgarla por capítulos, o entera, ni tan siquiera haría falta que nadie la leyera para considerarla una obra acabada y difundida. Aún así, LV, que encadena (su tratamiento estelar del tema de Juanca y el elefante es merecedor del premio anual a la tibieza) demasiados errores, demasiadas pistas que la acercan a esa tierra de nadie que es el país de lo políticamente correcto, enfatiza el papel de agentes y editores y correctores de estilo, como depuradores que convierten el agua que brota del manantial del escritor en potable y bebible.


No sé si este proceso ha sido necesario con Libertad. Primero, porque veo a Franzen en una posición de fuerza, la que te da vender siete cifras. Después, porque se me hace imposible que cualquiera de esos intermediarios que, supongo, justificarán su sueldo calculando el impacto en ventas que representa poner tal o cual párrafo, publicar en esta o en otra fecha, usar la portada con el pájaro frente al lago, u optar por alguna otra (nunca lo sabremos) más procaz, hayan tenido intervenciones decisivas. Está claro que cualquiera puede encontrar algún pasaje que se hace algo largo o alguna cuestión levemente prescindible en medio de 667 páginas. La cuestión es que, sean 10, o sean 20 las páginas que alguien quisquilloso y perfeccionista eliminaría, el resto son 657, o 647 páginas restantes de prosa precisa al servicio de un vendaval imaginativo de alto octanaje. Franzen no se conforma con describir el presente del personaje (no de uno, de bastantes), que sería lo que daría ya valor a los hechos. Cuadra como ese presente se configura en función de su pasado, de los hechos infantiles y juveniles, de su orden en el número de hermanos, de padres o madres más o menos estrictos o más o menos coherentes con sus idearios. Ya mencioné, en esas extrañas pre-críticas que se me ocurren cuando ando liado en un libro que lleva su tiempo, a Houellebecq como una influencia tangencial, que usa sus personajes para lanzar diatribas (sutiles, que no llevan a exabruptos) contra la corroída sociedad capitalista, o el sistema educativo. Que emplea los personajes como altavoces de opiniones propias. 



Terriblemente visual, Libertad cuenta con la enorme ventaja de su rabiosa contemporaneidad. Todo parece estarle pasando a gente que podemos cruzarnos por la escalera o en barrios en los que vivamos. O a conocidos directos. Todo es perfectamente creíble en nuestro extraño mundo de hoy. Franzen podría ser Follett si se lo propusiera, y cada uno de los extensos capítulos (alguno superior a las 100 páginas) que configuran el libro, darían para una alargada novela de 400 o 500 páginas, y Libertad sería una serie de varios libros con las peripecias de una familia, generaciones atrás y generaciones adelante, con sus mensajes cifrados que acabarían configurando un mensaje final, libre de moralejas salvo el consabido así estamos dejando que estén las cosas. Contaría igualmente con legiones de lectores pendientes de una cita anual de ligero toque folletinesco, donde cada hecho sería una muesca más de erosión en el devenir de los protagonistas. Multiplicaría sus ganancias, y las de sus editores, por 7 o por 10. Pero prefiere servir los dos platos y el postre en un solo libro magistral, y disponer de unos años libre de promociones para pensar su próximo paso. Si lo da, y hacia dónde.

dimecres, 18 d’abril del 2012

LIBERTAD : EXTRACTO INICIAL DEL CAPITULO TITULADO 2004

"Cuando era ya inevitable que Richard Katz regresara al estudio con
sus impacientes compañeros de grupo y comenzara a grabar un
segundo álbum con Walnut Surprise —cuando hubo agotado todas las
formas posibles de dilación y huida, primero tocando en todas las
ciudades posibles de Estados Unidos y luego yéndose de gira a países
cada vez más remotos, hasta que añadió Chipre en el viaje a Turquía
y sus compañeros del grupo se sublevaron, y luego fracturándose el
dedo índice de la mano izquierda al detener el ejemplar en rústica del
influyente estudio de Samantha Power sobre el genocidio en el mundo
que lanzó con excesiva violencia el batería del grupo, Tim, desde el
extremo opuesto de la habitación del hotel de Ankara, y luego
retirándose en solitario a una cabaña en los Adirondacks para
componer la banda sonora de una película danesa de arte y ensayo y,
aburrido a más no poder con el proyecto, buscando un camello de
coca en Plattsburgh y esnifándose cinco mil euros de la subvención
para las artes del Estado danés,y luego desapareciendo sin previo
aviso durante un período de onerosa disipación en Nueva York y
Florida que no acabó hasta que lo detuvieron en Miami por conducir
bajo los efectos del alcohol y por posesión de estupefacientes, y luego
ingresando por propia voluntad en la clínica Gubser de Tallahassee
durante seis semanas de desintoxicación y desdeñosa resistencia al
evangelio de la rehabilitación,y luego curándose del herpes que no
había prevenido debidamente durante un brote de varicela en la
Gubser, y luego realizando doscientas cincuenta horas de servicios a
la comunidad agradablemente rutinarios en un parque del condado de
Dade, y luego negándose sin más a contestar el teléfono o consultar
su correo electrónico mientras leía libros en su apartamento so
pretexto de reforzar sus defensas contra las tías y las drogas, de las
que sus compañeros de grupo al parecer eran capaces de disfrutar sin
graves excesos—, envió a Tim una postal y le dijo que anunciara a los
demás que estaba sin un duro e iba a dedicarse otra vez a jornada
completa a su oficio de techador; y los demás miembros de Walnut
Surprise empezaron a sentirse idiotas por haberlo esperado."

¿A quién debo agradecer dejar a este tipo con esa cara?
No iréis a esperar que hable del asunto de YPF, más, tras lo que dije ayer (antes de los hechos). Vamos, no creo que nos llamen a las trincheras a ninguno. Ni a quemar embajadas. Conmigo que no cuenten para pitar a Messi. Ojo con Leo, a él se le toca por encima de mi cadáver. No creo ni que suba la gasolina, como aventuran los agoreros, ni que el sistema financiero español se hunda (más aún??) ni que la Caixa putee más a la gente de lo que ya lo hace. Lo siento: me encanta cómo se le ha hecho ese zas, en toda la boca, al prepotente gobierno español de ultraderecha. Soy un tocacojones. Lo dije desde el principio, aunque quizás usé una palabra más amable o esa figura tan retórica que es ser la esencia de la contradicción. Lamentablemente no me gustan tantos músicos argentinos como para tener la posibilidad de revolver entre un variado número de canciones hasta encontrar una adecuada para el momento, con lo que opté por una vieja favorita. Pues tengo prisa: he decidido no interponer más lecturas y adentrarme hasta el fondo en lo de acabar el libro de Franzen, tras lo cual, aventuro, me espera un nuevo despertar.


dimarts, 17 d’abril del 2012

PROMETI REGRESAR IMPLACABLE

Pobre Rey Inocente:

Hay que ser muy malpensado para malinterpretar una imagen como ésta. Donde se percibe con total claridad que Juan Carlos y su acompañante velan el sueño de un elefante que ha decidido hacer una siesta contra un árbol en esa estrambótica postura. Conscientes de que, en esa zona, gente malvada podría causar algún daño al animal, no dudaron en disponer de sus caras armas para ahuyentar a quien pudiera acercarse con malas intenciones. Es que el estado español tiene un mandatario que no se merece. Qué buena elección se hizo en su día.

Permiso Real Infantil:

Claro está que una persona que dispone en sus venas de, al menos, un 50% de sangre azul debe disfrutar de un tratamiento legal preferente. Si el niño se pegó el tiro en el pie, no deja de ser un acto de la realeza, por tanto, revestido de elegancia y nobleza. Igual quiso someter su organismo a una prueba contra el dolor (un oportuno test como adelanto de los elevados sufrimientos que experimentaría si, llegado el caso, hubiera de reinar). O puede ser que, por admiración a la figura de su padre (que cojea ostensiblemente como consecuencia de las secuelas de un ACV) quisiera probar un tiempo que se siente al andar así. Quienes somos nosotros, súbditos, para ponernos en el lugar de tan altas cabezas pensantes.

Pura Retórica Ibérica:

La prensa nacional, especialmente los medios de derechas publicados en Madrid, corren a echarse cautelarmente al cuello de los políticos argentinos que barruntan la posibilidad de nacionalizar YPF. No han dudado en destapar la caja de Pandora de las palabras con las que creen que pueden hacer mayor daño: Malvinas, distracción, ladrón, peronismo, populismo, expolio, corrupción. Artículos han hablado incluso del nivel cultural argentino como un nivel superficial. Han hablado de los argentinos como filósofos de peluquería. Por supuesto que si me la bufan los políticos españoles, no negaré que los argentinos también lo hacen. Pero aún no encuentro la secuencia lógica que otorgue algún derecho a una empresa extranjera a auto-imponerse exclusivamente en la explotación del subsuelo de un país (que forma parte de su riqueza intrínseca), siempre que, en caso de haber realizado costosas inversiones, sean previamente resarcidos de los costes de éstas. Para mí, los argentinos tienen todo el derecho del mundo a ser los primeros beneficiarios de las riquezas que sus tierras puedan generar. Dicho de otra manera: es que ha habido cojones de plantear eso en Arabia Saudi o en Kuwait??. Va, digamosles que invertimos allí y nos quedamos la explotación de sus pozos, venga. Porque resulta que los árabes de ésos y otros países ostentan sus riquezas y compran clubes de fútbol, como el que va al Carrefour y toma un pack de yogures. ¿No debemos permitir que todos los argentinos (por favor, nótese que he subrayado todos) se beneficien si están sentados sobre una enorme bolsa de dinero?. Y, quién narices es una empresa española para otorgarse decidir sobre eso?. Ay, cuanto tiempo deberá pasar para que nos demos cuenta de que eso es una injerencia.

Partidos Realmente Importantes:

Cómo puedo ignorar mis colores ante una semana excitante que podría ser el preludio de otra más excitante aún , en menos de un mes. Ya sé que hay quien no lee los post donde hablo de fútbol. Como excluyendo gustos prosaicos y masivos de un teórico mundo de delicias y manjares sólo para gouteurs. Popular, sí, pero en este onanista rincón del planeta que monté aquí, ser barcelonista hasta la última expresión de la materia de mi organismo, no puede ser pasado por alto ante el extremadamente estimulante panorama de este miércoles, el sábado, y el otro martes. Donde hay tanta gente dispuesta a fastidiarnos en mil y un modos, el fútbol es, aunque sean las dos horas justas en que uno se agarra al brazo del sofá, puro placer que excluye (por ese rato) a algunos otros.

Patrañas Religiosas Intragables:

Falleció hace unas semanas el papa de la rama copta de la iglesia, en Egipto. Religión que está en una descompensada minoría y que se muestra inquieta ante los avances del islamismo que, en la práctica, representan los gobiernos resultantes de los cada vez más tímidos e insignificantes cambios obtenidos por la primavera árabe. El caso es que uno de los ritos establece que su cadáver debía ser mostrado arropado por sus hábitos, en su templo (lo cual nos deja esta impagable fotografia, pura estampa de otra época que hubiese dado a los barrocos del siglo XVI para infinidad de cuadros y variaciones), y que su sucesor sea elegido entre tres candidatos por un niño con los ojos vendados. Y quieren que nos tomemos en serio las religiones.

Petardo Retransmitido Internacionalmente

Los coreanos del norte se han empeñado en acabar cayéndome simpáticos. Organizan un evento (es decir, dejan pasar a más de dos periodistas extranjeros supercontrolados a echar un vistazo) y zas, el cohete super-carísimo se les va al mar nada más lanzarlo. Lo cual deja a los coreanos del norte en alturas tecnológicas análogas al mundialmente famoso mentos+cola light. El problema: volverán a gastarse otra inmensidad de dinero en armas y cohetes para acabar haciendo un espantoso ridículo, y la población del país muere de hambre, y, aunque de eso no se muera física sino retóricamente, de ignorancia. O sea, de simpáticos, nada. Y ojito con su líder (al que ya le han colgado un apelativo de esos grandilocuentes). Esa pinta de niño consentido a punto de hacer pucheros no me ofrece ninguna confianza. Más bien me da un mal rollo espantoso.

Placer Retardado Indefinidamente

Es Libertad asimilable al sexo tántrico, 6Q?. Bueno, lo fue, Tuli?. Superados los días que empleé en leer La condición humana, empiezo en el capítulo (2004) en que lo dejé. Apenas cuarenta líneas iniciales muestran sin respiro el recorrido de una estrella de rock de éxito tardío, frase tras frase de comportamientos y hechos de la más variada especie que marcan o definen su existencia. Joder, Franzen,  qué maestría y qué manera de mantener el más elevado de los niveles en todas las páginas. Literatura, sí, pero a la vez opinión y cultura y sociología, todas ellas tan rabiosamente bien planteadas, ejecutadas, contemporáneas. Qué puñetero o especial debía ser el crítico que no considerara este libro, por lo menos, uno de los cinco mejores del año pasado.






divendres, 13 d’abril del 2012

PAUSA ANTES DE 2004

Jonathan Franzen es un escritor sumamente caballeroso. Ignoro si alguien puede haberlo descrito antes en estos términos. Consciente de que sus libros son largos y no hay lugar para el relleno, admite la posibilidad, siempre que no medien plazos agobiantes (como me pasó en Las correcciones) de alternar su lectura con otras. Eso hice con El tiempo es un canalla y eso haré con algún otro libro que no creo que tarde en elegir. No porque agote, ni porque, pasados momentos intensos de relación, se necesite salir a respirar. No sé el motivo, pero Libertad no es un libro de Ken Follett, que  se devora, hoja tras hoja, de una manera compulsiva por la curiosidad, mérito que hay que reconocer a Follett, de saber que hay detrás de cada acción. Podría emplear símiles menos deteriorados por el uso, lo sé, pero perdonad: debo usar la imagen que más asocio a esta situación. Dispones una botella de un excelente whisky que debería durarte una temporada. Te gusta muchísimo, pero comprendes que, a tres vasos la noche, no te durará apenas, y nunca sabes si la siguiente va a ser tan buena. Así que decides dosificarla y administrarle un justo disfrute. Un vaso cada noche, y que ese ritmo idóneo te lleve a su natural final. Pero mientras, puedes beber agua o coca cola o cerveza, sin que ello en ningún momento entorpezca o enturbie el sublime placer que te espera cada noche.
O sea: 6Q, te comprendo en ese aferrarse al libro que gusta. Ese apretar con los dedos la pila de páginas que aún quedan por delante, que en mi caso aún son cerca de 450, y no verlo, como a veces, reconozcamos, nos pasa, como una tarea inabarcable: más bien como un excitante reto.


diumenge, 8 d’abril del 2012

PRINCIPIOS Y FINALES

Decidí ver por segunda vez la octava temporada enterita de Entourage. Ocho capítulos, apenas cuatro horas que ya había visto en V.O., pero ahora dobladas. 
Volví a tener esa sensación extraña, con los cuatro minutos finales acompañados por la voz ligeramente manierista de Robert Plant, en Going to California. Vi el pueblo en la costa italiana, y vi la portentosa madurez de Perry Ferrell, y me dio por pensar en el significado de que la serie, basada en la figura de Vincent Chase y su entorno, se cierre con una última   escena, casi un Huevo de Pascua tras los créditos finales,   en la que el destino entrega la gloria en bandeja a Ari Gold. Inicialmente un personaje secundario, pero, gracias a los guionistas y al trabajo del excelso Jeremy Piven, no podía más que pensar que eso constituía  un acto de justicia. Tras ocho temporadas (ocho, el número de la suerte según la tradición china, pero el número  de la muerte para la temporada de ciertas series de difusión masiva : House, Desperate housewives y, me temo, The Office), quien sea que lo haya decidido (pues HBO dudo que se haya sentido presionada), lo ha hecho en el sentido de reconocer los méritos de todos los que han llevado la serie a su status de culto absoluto. Ari Gold, propietario de una agencia de talentos, es invitado a ser dios. Y él duda.

"Capítulo 3: El libre mercado promueve la competencia

En caso de que, con respecto a los padres de Patty, se haya filtrado en estas páginas un tono de queja o incluso una clara culpabilización , la autobiógrafa admite en este punto su profundo agradecimiento a Joyce y Ray al menos por una cosa, a saber, no haberla animado nunca a ser Creativa en las Artes, como hicieron con sus hermanas. La desatención de ambos para con Patty, pese a lo mucho que la hirió cuando era más joven, ahora parece más benigna cuando piensa en sus hermanas, que ya son cuarentonas y viven solas en Nueva York, demasiado excéntricas y creyéndose demasiado estupendas para mantener una relación a largo plazo, y aceptando aún la ayuda paterna mientras se afanan por alcanzar un éxito artístico que estaban convencidas de que sería su destino natural. Al final resultó que era mejor ser considerada tonta e insulsa que brillante y extraordinaria. Así, el hecho de que Patty sea incluso algo Creativa pasa a ser una grata sorpresa en lugar de un motivo de vergüenza el no serlo más."

Yo no creo que 6Q considere ésto un spoiler. Es el primer párrafo del tercer capítulo de Libertad de Franzen. Donde en apenas unas líneas Franzen se cepilla, amparado en el anonimato de la narración autobiográfica en tercera persona (lo sé; complicado), el concepto ligeramente hippy de potenciar la creatividad a destajo, frente al pragmatismo neocon de orientar la vida a la estabilidad económica y las comodidades. Cosa que me hizo rememorar cierta conversación con Mix, casual, precipitada (pero no por ello menos profunda), sobre Maika Makovski. Sobre jóvenes (Madrid en los 80 estaría llena de ellos) a los que padres acomodados permiten devaneos, conscientes de la posibilidad de acudir en su ayuda antes de que sea demasiado tarde. Pensé en cierto pie de foto a una imagen de Els amics de les arts, y en el hecho de que el frontman de los Mishima, David Carabén, sea el hijo de un antiguo gerente del Barça.
Pensé en el arte de la miseria y en el arte concebido desde la comodidad de áticos y apartamentos pagados en las grandes ciudades del mundo. Pensé en los comentarios plañideros de Lucía Etxebarría  sobre las grandes fortunas como mecenas (y por tanto impositoras de condiciones). Pensé en presentadores de programas de grandes audiencias de TV rescatando librerías como capricho y, a la vez, lavado de imagen.

No sé si John Self se pararía en este párrafo cuando leyó el libro. Sé que tardaré días en sacarlo de mi cabeza.

divendres, 6 d’abril del 2012

ZONA MIXTA

La Pascua y la convivencia con los niños: imposible compatibilizarlo con actividades de alta exigencia intelectual. Época de relajación y dispersión: como mucho, de contemplación cariacontecida de lo que ocurre alrededor. Poca profundidad, laxitud, ideas inconclusas.

Hasta ahora que a uno le rescataran debía ser motivo de alivio y regocijo; ahora, lo que planea sobre el estado español, es la sombra del rescate por parte de la Unión Europea, lo cual, después de más de tres meses de gobierno ultraliberal, ya deberá serle atribuido a su gestión. Vaya, justo cuando hace unos días los periódicos más pelotilleros del régimen ya se afanaban en hablar de 100 días de gloria que cambiaban el futuro, van a venir los mercados a joder la marrana. Que les den 100 días más, que ya planeaban comprar la BMW y la Mercedes y la Bayer, y ponerles en las sedes, alta en un mástil de 60 ó 70 metros,  la bandera rojigualda, y llamarlas Coches La Española, Automóviles Merceditas de la Merced, y Pastillas y Remedios La Milagrosa. Nombres castizos para iniciar la reconquista del mundo. Dios, esos mercados impacientes y sus primas de riesgo y sus diferenciales, cómo nos cortan la reacción de esa manera.
Pero no: cuando un rescate era que te arroparan con una limpia mantita y te ofrecieran, dependiendo de la temporada y la zona, un café con leche o un chocolate, resulta que en Europa el rescate es justo lo anterior al secuestro. El secuestro de los impuestos, de las pensiones, de las grandes empresas estatales. El castigo por haberte dejado atrapar. Los propios gobernantes hoy dicen que lo peor es el rescate: que se está mejor secuestrado por otros, por ellos mismos, que no por los inmisericordes bancos europeos, por los grandes fondos de inversión internacionales. Que, al menos, al secuestrado los carceleros procuran mantenerlo vivo y bien (como mucho, sin un dedo, sin una oreja, para demostrar que eres tú, ya no basta con una imagen con el periódico del día, que el Photoshop hace maravillas), y le dan de comer cada día, no la sacan al sol no, que el sol es un riesgo que le dé, que pueden verlo. Pero luego no nos extrañemos que a quién sea rescatado así le afecte el síndrome de Estocolmo.

El Barça, en semifinales. El Chelsea, a dos semanas vista. Una final de la Champions contra el Madrid, para la cual se acabarían los adjetivos y los superlativos: el partido de la vida, el partido de la muerte, el partido del milenio. Que serían 90, a lo sumo 120 minutos en los que alguna parte de la humanidad querría ver una inflexión un antes y un después: si llega, pasará, y al día siguiente habrá que seguir con la vida. Acordémonos, porque hace la pinta de que todos vamos a exagerar lo suyo.

Foto: Jordi Borràs / Nació Digital
Facebook ha censurado una fotografía (a la izquierda, por amable cortesía de su propio autor), con la que un italiano al que una bala de goma le ha costado la visión de un ojo pretendía demostrar que su presencia en los incidentes del 29-M era meramente casual, buscando testigos. Lo cual le ayudaría en su reivindicación de algún tipo de justicia. Parece ser que tanto la fotografía como el perfil del propio fotógrafo fueron bloqueados al menos durante unas horas, según parece por tratarse de imágenes de contenido violento. Supongo que porque violenta a los que mandan. Ya estoy muy escéptico respecto a lo que el perfil en Facebook aporta a mi vida. ¿Deberé pensármelo otra vez?.

Pues si este conseller, empeñado en batir todos los registros de popularidad, promueve una web (aún no sé cual será su nombre, le sugiero www.botiflers.com, o www.gestapo.cat, o, mejor, www.pactaremambelpp.es) para que ciertos ciudadanos delaten a otros, existirá el derecho de usar internet para denunciar los abusos de las fuerzas de seguridad. ¿O existirá la presunción de inocencia?. ¿Tienen derecho a colgar fotos de presuntos vándalos sin framearlas y poniéndolos en la picota?.

Y Franzen, sí, Ronny, él, otra vez. Ya estoy metido en la primera centena de páginas de Libertad. Otra vez las familias y las generaciones y su evolución dispar por este mundo dentro de un mundo que son los USA. Los cambios de estado: geográfico, y físico y mental. Otra vez la enorme ambición de este hombre, capaz de dar un repaso a una década en un par de párrafos. Como justificando que esos nueve o diez años entre novela y novela no son años pasados en hamaca y contemplación. Que hay estudio, trabajo de fondo, experiencia y muchos borradores desestimados, y mucho material que no pasó el exigente control de calidad.
Sin solución de continuidad, por ese azar del sistema bibliotecario y de la gente que, ordenada y servicialmente, decide devolver libros en las fechas estipuladas. Aunque igual lo acabaremos haciendo por miedo a que Puig ordene que se cuelgue nuestra foto porque, además del peligroso vicio de la lectura de ficción, devolvemos tarde los libros porque queremos acabarlos. Aquí estoy, pues, con Franzen otra vez. Sin plazos draconianos, sin delirio o psicosis, pero otra vez con más de 600 páginas ante mí. 

dijous, 29 de març del 2012

LAS PAREDES SE DESMORONAN

Leía las últimas cincuenta páginas, consciente de varias cuestiones: que las letras HBO retumbaban en mi cerebro, tras el hecho, desencadenante de su lectura, de que fuera el canal que trabajaba en su adaptación como serie; que Tremè, por supuesto, también de HBO, contenía algunos personajes algo reminiscentes (la cocinera de éxito, el bohemian bourgeois). También notaba que el libro huiría de un final al uso, y que lo echaría de menos nada más cerrarlo y desprenderme de él.
Aunque haya decidido dejar un tiempo hasta que acometa alguna de sus otras tres novelas, Las correcciones me ha dejado profundamente convencido de que, si Jonathan Franzen no es una estrella literaria de absoluta envergadura y profusión en los medios, es porque no le da la real gana. A diferencia de Paul Auster, por ejemplo, que ya sabemos que es más prolífico y tiene un aspecto más intelectual, que hasta tiene una guapa hija cantante. Que es más neoyorquino, que es casi una definición per se. Escritor neoyorquino exiliado en Barcelona. Debería ponérmelo en una tarjeta.
Aunque con ese ritmo de algo menos de década por libro, cuesta ver las coincidencias entre sus obras cumbre, diría que los americanos podrian considerar a Jonathan Franzen su Houellebecq ( o a un eventual cruce bastardo entre Franzen, Easton Ellis, y Foster Wallace), aunque en cualquier caso, los franceses no dirían que Houellebecq es su Franzen.  No sólo por chauvinismo: Franzen es bueno, pero necesita casi una década y 700 páginas para meter el mundo en un libro. Houellebecq, le pese a quien le pese, lo mete en 300 páginas cada tres o cuatro años. Debe ser la bilis, que ayuda a la compresión de los conceptos.
Porque Las correcciones es justo el caleidoscopio que esperaba encontrarme. No es rimbombante ni nada, la muy manida definición de gran novela americana. Pero hay que reconocer que el concepto puede encajar en ese libro, escrito, recordemos, antes del 11-S. Franzen escribe sobre la vejez, y sus desagradables efectos colaterales, sobre el cada vez más difícil paso entre la juventud y la inmadurez. Sobre los triunfos amargos y los fracasos felices. La bolsa y las empresas manipuladoras. Las absorciones y las reestructuraciones. Los medicamentos y los países que los prohiben y los limbos que los permiten. Las identidades sexuales llenas de nebulosas y vaivenes. La línea de puntos recortable (no en línea recta) que delimita cordura y demencia. Las educaciones estrictas y el sentido del honor. Franzen habla, no en primera persona, a diferencia de Houellebecq, sino a través de los diálogos y las acciones de sus personajes. No intercala tanto sus propias opiniones. Donde uno es una tormenta el otro es una llovizna (un calabobos, qué bonita palabra). Por compararlo con otro tótem, al igual que Bolaño, muchas de las historias que intercala son tan potencialmente novelescas como la trama principal. 734 páginas a ese ritmo, creedme, resultan extenuantes. Una aceleración constante cuesta abajo. Un libro lejos de ser perfecto, pero en el que, pensándolo detenidamente, ni las dos secuencias que más largas se me han hecho (una alucinación escatológica y una surrealista visita médica a bordo de un crucero para jubilados), tengo la sensación de que sobren lo más mínimo. Porque no hay mejor manera de mostrar que algo te satura que saturar explicándolo. Cabrón de Franzen. Diez años para una novela. Sobreviviendo de las rentas de la anterior y de los anticipos de una editorial que, casi seguro, cambia de directivos y de personal mientras tú eres Jonathan Franzen, el cabrón de escritor que nunca acaba de entregar su obra acabada. La herencia que se pasa de un balance anual a otro. Un activo que no se hace líquido.
Mientras, Franzen se sienta y mira las nubes: las nubes pasan y está ahí sentado, analizando lo que pasa a su alrededor, para meterlo en su próximo libro. Pensando qué hay de malo en ser simplemente el cristal de una ventana.



dimecres, 28 de març del 2012

LA SITUACION REAL

¿Puede un e-mail de una biblioteca, particularmente amable (pero contundente a la vez), desencadenar un proceso de autoanálisis? Si es que sí, ¿hasta dónde podría llegar este?. A la depresión, a la euforia, a la ansiedad, a la desesperación, al temblor compulsivo. A la autólisis. Al onanismo literario.
Porque descubra que lo que más me importuna de esa desaconsejable carrera a acabar Las correcciones antes de su plazo de devolución, no sea posiblemente la lectura, apresurada en demasía, de tan notable novela, sino, más bien, que su lógica compatibilidad con el resto de tareas habituales, o no (visionado de partidos de fútbol propios y ajenos, etc.) acabe representando, en la práctica, que el tiempo que dedico a escribir, en el intervalo, es sensiblemente inferior al acostumbrado. 
Y será eso.
Que aunque sea solo una punta de la patita por debajo de la puerta, debo asomarme por aquí y decir a los habituales: "hey, sin poder decir más, el libro es magnífico, y yo aún estoy aquí. Dije que no, pero es más fuerte que yo. Necesito escritura y necesito comentarios en vena. Lo digo ante el teclado, un poco agachado como diciendo que hablo (que escribo) bajito y consciente de que, si alguien leyera ésto, sin haber leído alguna vez antes aquí, diría, madre, este es peligroso, llama al FBI o a quién coño en tu país se encargue de esta gente. Este se hace un cinturón con los libros más gordos que se haya leído, y hace que las páginas estallen y lo llenen todo alrededor".


dimarts, 27 de març del 2012

ERRORES DE SISTEMA

Nunca más. Ni un buen libro, ni yo mismo, nos lo merecemos. No se puede ir  tiro fijo con un libro. No sé como evitarlo, por eso. Planificación, en las lecturas ??. Vamos, anda. Abrir libros cuando nos gusta y de lo que nos gusta. Eso es lo básico. Muy breve. Leo en la web de Orsai sobre las condiciones de importación de los libros y revistas en Argentina. Muy extraño. Qué triste, tener que optar por este castrante laconismo. 

dilluns, 26 de març del 2012

LAS MALAS CONSEJERAS

Ya tengo hasta música sobre la que opinar. 

Todas las fuerzas vivas del planeta parecen empeñadas en que yo tenga que acudir avergonzado a la biblioteca, explicando que me ha sido imposible acabar el libro de Franzen en el plazo estipulado. Que me he retrasado unos días y asumiré las consecuencias.
Pues sólo las cuestiones políticas surgidas estos días son más que suficientes para llenar párrafos y párrafos de aburridas disquisiciones acerca de las cuales todos meterían cucharada.

Sobre que el PP no haya conseguido el poder en Andalucía casi todos dirían que menudo consuelo, que el poder se mantenga en manos de un PSOE sumergido en todas las corruptelas habidas y por haber.

Sobre que el partido en el poder autónomico en Catalunya haya decidido apostar de una manera inequívoca por el independentismo, muchos me dirían que es la hora de mantener Europa unida, no de disgregarla.

Sobre que nos acerquemos a una jornada de huelga general, casi los mismos dirían que es el momento de trabajar más, no de huelgas generales.

Sobre que Casciari necesite corbata, no hay discusión posible. Podemos tenerla sobre la nobleza del tejido y sobre la elegancia de su tacto o la clásica discreción de su trama. Pero aún es pronto.

He de seguir con Franzen. Estábais avisados.



diumenge, 25 de març del 2012

JONATHAN FRENESI

Van y me quitan una hora. Me regalan la huelga, para que pueda acabar el libro de Franzen, pero me quitan esa hora. Y el reloj biológico (el de ajuste fino: no el que te marca las necesidades de procreación) tarda algo en acoplarse. 
En una panadería de cerca de casa (en Catalunya les llamamos fleca o, en castellano, horno), me dicen que ya no harán más ensaimadas grandes (las que desayuna, a veces, mis hijas los fines de  semana). Aunque se vendían siempre todas, era difícil conseguirlas. Nunca les quedaba ni una. Me dicen, literalmente, que, alguno de Esade, de los que dirigen la cadena de establecimientos al que esta pertenece, ha decidido que aquí no podemos vender lo que venden en todos lados. Parece ser que la cadena de panaderías tiene que desplazarse en búsqueda de su nicho de mercado (preciosa frase, parece que uno esté perdido en un cementerio), y se dedicarán al producto de alto valor añadido (o sea, el que justifica que te metan la gran clavada en el precio). Intuyo que pronto dejarán de vender pan normal, del de hacer los bocadillos, para venderte productos de alta gama, de las semillas y formas más estrambóticas. Como envío yo a mis hijos al colegio con bocadillos hechos con panes que ya son, casi, un bocadillo por sí mismos??.
Y la pizzeria de unos doscientos metros más allá, de una conocida cadena nacional, ofrece, los domingos, tres pizzas por el precio de una. O sea, un descuento del 66,66%. Yo me quedo pensando, cómo funciona todo ésto. Compramos una pizza, que es harina, agua, sal, aceite, tomate, y lo que le pongan. Pero compramos el local donde nos la venden, el tio que la sirve, el horno que la cocina y la moto que la trae a casa (aunque vayas a recogerla). Compramos el papel de la oferta y el diseño del anuncio y la publicidad en televisión, y si decidieron fichar a un futbolista para promocionarla. Y al despacho de headhunters que les fichará, pronto, al tío de la cadena de panaderías: ese que decidirá, de aquí unos meses, que no pueden vender pizzas como hacen todas las pizzerias. Que hay que renovar el concepto. 

dissabte, 24 de març del 2012

LA IMPOSIBILIDAD FISICA

No puedo meterme tres cocacolas antes de dormir. De las buenas, de las que llevan su azúcar y su cafeína, y ese primer trago te eleva un par de centímetros. Pero me pasa con cualquier lectura: a una hora determinada, fijar la vista en el papel me arrastra a una desagradable somnolencia. Deslizo la vista y leo en diagonal, y se enturbia lo que leo con una especie de extraño conato de sueño. Si me pasa un par de veces, mejor que desista. 
Los cálculos que me permitirán acabar el libro de Franzen, en cualquier caso, tienen un buen margen. He conseguido bajar el número de páginas a leer diariamente hasta el luctuoso día de su devolución a la biblioteca. No llegan a 85, ahora. Es triste haberme lanzado a esta absurda competición. Yo me lo he buscado. Ahora este libro corto, ahora este otro, se iban colando. 
La mejor adrenalina contra el sueño es ponerme a escribir. Joder, qué droga, qué adicción. La excitación del número de visitas, de los comentarios, sean exiguos o sean kilométricos. La anterior a esta ha sido mi entrada número 600. Ya no celebro los centenarios. Miro adelante hacia un post milenario que puede que tarde un año. Pero hago como Messi: superado un récord, sólo hay que ponérselo difícil a los que vengan detrás.

Me preguntan cómo hago, me piden que siga por otros. No hay respuesta, o si las hay son pretenciosas y recargadas. El blanco del papel, que es muy excitante.

Postergo hablar del libro de entrevistas con Bolaño, aún, postergo explicar pormenorizadamente el número de perlas que hallo, sin bucear apenas, en el número de Orsai. En el 5, que los del cono sur ya salivan pensando en el 6. Ay!, el barco que cruza el Atlántico en este mes de abril, mes de tardes donde se pierden personas y uno se convierte en lagarto.

Con las ganas me quedé de explicarle algo a Casciari, que anda siempre atareado para pararse ante todos los que nos cruzamos con él en la calle y le enseñamos cómo crecen nuestros hijos. Entré en la web de Buydomains.com y me interesé por el dominio www.offside.com. Así, bien escrito en mi inglés aprendido a base de canciones de Bob Marley y de la ELO. A las breves horas recibí una inasequible oferta por la cual el dominio podía ser mío (y de nadie más, como marca el temperamento latino que debo tener en algún lugar, en vez de la sangre de horchata que proclama mi mujer en según que momentos). La cosa se llamaba 40.250 dólares USA. O sea, unos 30.000 euros. Asustado, postergando sine die tan provechosa inversión, visité otra web, no me acuerdo cual, que vendía dominios con extensión .cat (Catalunya, sin estado y sin nación, pero con extensión de internet). 39 euros por un año, por www.orsai.cat con tres cuentas de correo de regalo. Pero somos cuatro de familia, chicos. Yo a quien le digo que se queda sin su correo extensión @orsai.cat.
Más que me sentí sucio. Casciari no se merecería esto, aunque montase www.orsai.es para hacer la puñeta a su mujer, seguro, herido por que su Nina le llama papa, olvidándose el acento, convirtiendo a un papá agudo en un papa llano. Que es una bonita imagen para celebrar los 601.

Otro que está en Orsai. Qué buenas las noticias.

http://www.mimesacojea.com/2012/02/10-titulares-que-leeremos-en-marzo.html#comment-form

divendres, 23 de març del 2012

BIORRITMOS

Terror. Recibo un mail de la biblioteca. Alguien ha reservado el ejemplar de Las correcciones de Franzen que tengo hace dos meses. Cuando alguien reserva, no hay posibilidad de prórrogas. Los dos meses con que contaba para acabar el libro quedan ahora reducidos a menos de una semana. Eso son unas 90 páginas por día. Por eso, debo tirar de algunos de los posts que tengo escritos, para publicar. Las reservas se acabarán, pronto. Pero no puedo devolver el libro de Franzen sin acabarlo. Todo se altera: lecturas atropelladas y escrituras limitadas. Fin de semana, dos partidos de fútbol, y vivir mientras. Alguien debería darme ánimos.

divendres, 9 de març del 2012

ELOGIO DE LO DISPERSO

Hay veces, en los últimos meses, en que he estado monotemático. Las acampadas. Quién se acuerda ya de las acampadas en Plaça Catalunya y en otros puntos neurálgicos del estado. El mismo, supongo, que tendrá presente lo que consiguieron, con su parsimonia y su buenrrollismo, sus puestos informativos, sus jergones tirados en el suelo, y sus puntos de recogida de residuos. Radicalización del PP, triunfo por todo lo alto, y un arquetipo más del que reírse, "el indignado". Aparte de eso, nada. Ni la caseta de que hablé. Dónde estará la caseta. La de tiras cómicas y menciones socarronas que habrá habido en la prensa rancia, mostrando el dibujito del desarrapado de turno al lado del señorito repeinado del PP, jersey anudado al hombro y MBA bajo el brazo.

Así que, creo, de vez en cuando merezco ser lo más disperso posible. Como la prensa (cada vez menos) que regalan en el metro (mmm, en el subte): sin sentimientos, todo superficie. Esa ligereza me aleja el dolor de cabeza que provocan las cosas que obcecan. Estamos a viernes, narices.

Colofón final a la primera temporada de Treme (con la segunda esperando en el reproductor): importante golpe en el penúltimo capítulo, en plena línea de flotación. Este David Simon. Dios ampare a los incautos que esperen de Treme un nuevo The Wire. Ni un tiro (no es que tampoco hubiera muchos). La droga, como un mero complemento de tercerísimo plano. La roña, en los rincones, la que ya agotado no intentas retirar, o dejas para otro día. Que es una imagen cierta pero también metafísica. Eso es lo que pasa en el mundo: nadie se ocupa de mirar lo que queda en los rincones, más que de tanto en tanto.

Franzen :  cada página que leo de Las correcciones me empuja más a buscar en toda su obra. Si son cuatro al día, o veinte, da igual. Nada es superfluo. Veré lo que tardo en acabar ésta y sus tres novelas restantes. Desde ese momento ya iniciaré la cuenta atrás, pues con su ritmo el siguiente tocaría en 2019 o así. Mierda. Interesante escritor, mucho.

El asunto de Orsai : gente que se pasa y comenta, poderoso estímulo y me comporto como un anfitrión gilipollas; una frase intentando ser original con todo el mundo. No como esos escritores de ventas millonarias que ni conceden entrevistas ni ceden más que mirar altivamente a cámara en las fotos promocionales. Eso, Hernán, es lo que significa nadie en medio; todo lector tiene su trato personalizado. Agotador, poco rentable, seguramente, inviable. Tanto como emocionante.

Dos reseñas que debo, aunque una (hasta ahora) bajo el mayor de los secretos. La de Los girasoles ciegos: difícil, quién coño soy yo para seleccionar apenas unos párrafos entre tanta maravilla. 
Y la de Bolaño por sí mismo. Recopilación de entrevistas a Roberto Bolaño publicada por una universidad chilena. Auténtico festín donde El Genio despliega su naturalidad teñida de inmensa modestia (cuando se refiere a sí como persona o como escritor).

Una entrevista escandalosamente interesante con un tipo valenciano, relacionado con el mundo del arte, al que sin reparos confieso no conocer previamente de nada. Pero con opiniones y gustos extraordinarios. Se lo dije a Ronny: me encantan los que mencionan e intercalan sus gustos y preferencias a las primeras de cambio. Un sueño húmedo para los yonkies culturales.


Por todo lo cual confieso que me es muy difícil no creer en la humanidad cuando existen esta clase de personas.

Ya que ahora mismo aún he de verificar que Messi no sea un extraterrestre.


divendres, 2 de març del 2012

EL CIERRE DE FILAS

Resulta espectacular la reacción de los medios ante los hechos que se producen últimamente. Todo un New York Times presta atención, en portada, a la imagen del manifestante que, enfundado en su hoodie, se enfrenta al empleado del mes del banco que le planta cara, en medio de una  de las protestas estudiantiles de los últimos días. Centro de Barcelona. Serviles como ellos solos, los medios más afines al sol que más calienta se han prestado a entrevistar al empleado, que modestamente niega indicios de heroicidad alguna en su acción. Quizás espera alguna medalla del banco al que defendió.
Mientras, yo recojo a través de comentarios en mi post de ayer posturas nada ambiguas con referencia a estos temas. Que se podrían resumir en que si hablando no te hacen caso, tal vez haya que gritar, y si ni así, pues ya veremos. En medio de opiniones sobre Carlos, sobre los movimientos extremistas europeos de los años 70, mayo del 68, y otros hechos que conmocionaron la sociedad décadas atrás. Ahora la conmocionan otras cosas. Curioso, este nuestro espontáneo acuerdo, que nos elevaría, según las opiniones de tertulianos de radios y televisiones convencionales, a todos los que así opinamos a la categoría de peligrosos activistas, de aviesos ideólogos que con sus arengas entregan y conducen a ingenuos y otrora dóciles jóvenes, a las fauces del sectarismo y el fanatismo. Como si tuviesen grandes alternativas, aparte del mando a distancia, el sofá, y dejar que los rayos catódicos los conviertan en babeantes seguidores de Quintanas, Campos y parecidos. No se preocupen: auto-declararse radical ya empieza a ser convencional.

Además, ciertos indicios, que en otra época yo hubiera llamado señales, parecen indicarme con claridad que éste es el buen camino.

Visito la web de RDL y acabo incluyendo la frase de Marçal, músico de la formación arty-punk  ¡Pelea! (apropiadísimo nombre) mencionando a Walter Benjamin  y el concepto (en mayúsculas: importante) de Violencia Divina. Como la furia de los elementos pero en la tierra. Como un tornado que no mueve el aire de la atmósfera sino el viento (curioso, mencionado en el poema de Germán, en http://decicrisis.blogspot.com/2012/02/blog-post.html, que habla de un culto a un tal Bön, seré egocéntrico !!), el viento de las ideas osadas.
Entonces también rebusco en la web de Mr. Blue, dónde recomienda leer la Historia abreviada de la literatura portátil, algo denso libro de Vila-Matas, pero que ya en su contraportada menciona un reducido grupo de escritores entre los que sale, bingo!, Walter Benjamin.
Hablo de los captchas y Karina me recomienda un vídeo grabado en TEDX (igual que la conferencia de Casciari !! bingo#2!!), http://www.tedxriodelaplata.org/videos/utilizando-poder-millones-mentes-humanas sobre el sentido de las extrañas palabritas, y su aprovechamiento globalizado. John Self se apresura a comentarme que tiene pensado hacer algo sobre los captchas, que ya veremos lo que es (pero salivo como el perro de Pavlov, igual que mientras espero la Orsai 5). Me lamentaría si dijera que se ha adelantado a una idea, pero esa no era la mía. La mía era montar anagramas con los captchas que me inspiren, que serán, práctica y necesariamente, aquellos que contienen una mejor proporción de vocales y consonantes. Crear títulos o frases y que esos tiren, a la Kapuscinski, de esta perezosa y limitada imaginación que, últimamente, sólo sirve para ver y recomendar, leer y recomendar. Ved Treme, leed Las correcciones (ya comprendo que HBO puede sacar de ahí una serie).
Lo hice, y un día de éstos veréis mi primer post con título de captcha anagramizado.

Cuando leo esta última frase empiezo a comprender que uno sabe de donde sale pero rara vez prevé adonde llega. Justo le dije a Ronny, sobre las manifestaciones, algo parecido. O somos un micromundo de no más de 200 o 300 sonados (justo el número de manifestantes violentos e incontrolados a los que la policía de Barcelona atribuye la responsabilidad de todos los desperfectos, siempre), o  es mi cabeza. Pero tanto cierre de filas me tiene muy mosqueado.



dilluns, 27 de febrer del 2012

APEADEROS

Mentalmente estoy en el gran trayecto que requiere un libro como Las correcciones. Que no sólo es un trayecto prolongado en lo que se refiere a su volumen de páginas. También es denso en su escritura. Franzen no es como Wolfe, minucioso en la descripción hasta componer una fotografía hablada. Pero no desperdicia palabras si esa concisión favorece que el lector manufacture su propia composición. Hay libros para leer cien páginas al día, hay libros que requieren que no hagas más hasta que no acabes el libro. No diría que son los libros que me gustan; esos en los que sólo el sentido común te impide irte a las últimas páginas a averiguar qué coño pasa. Como las obras maestras de Robertson Davies, Franzen tiene su ritmo de degustación adecuado. No hay que precipitarse, y no hay motivo para acelerar en ese camino que parece llevar a Chip por el mal camino en su relación intolerada con Melissa. Insisto: estoy en un tren de largo recorrido y a veces hay paradas más prolongadas. No hay contratos de exclusividad ni plazos draconianos que cumplir. Puedo parar en apeaderos, bajar a estirar las piernas, sentarme a degustar algún manjar local. Mirar desde el andén que ofrece el paisaje. Imaginar a los locales.
Parece que las pequeñas novelas de no más allá de 150 páginas sean el complemento perfecto. Recorrer estantes de tiendas o bibliotecas, con ese cuello inclinado propio de personas que divagan a la búsqueda de un  amor fou, de un lomo estrechito y un nombre que nos suene vagamente, lo suficiente para extraerlo y ver si portada y título y solapa constatan el flechazo. Si esas dos horas, dos meras siestas a las que renunciaremos, dos veces menos que oiremos cierto disco o dos capítulos que atrasaremos de esa serie que voy viendo de tanto en tanto, parece que vayan a merecer la pena.
Gerard tiene ya diez años. El pequeño campo de fútbol improvisado en un parque es el sitio idóneo para escapar de corsés tácticos de entrenadores que ubican a los jugadores según las necesidades del equipo. Para dejar aflorar la comprensiva acracia que algún lejano día gobernó a quienes crearon el fútbol. Todos a por la pelota y hacia la portería contraria. No cierres, no descargas, no guardar posiciones. La edad de mi hijo es cómoda. Me siento en el parque, sólo necesito una línea visual y estar preparado cuando viene a reponer líquidos. Sólo me alertaría el silencio. 
Leo y leo, pues, esos libros de los que rara vez esperas gran cosa. Le ha tocado el turno a La verdadera, novela de Saul Bellow, escritor que oigo nombrar, no con el tesón y el entusiasmo de otros, sino con esa frecuencia que acaba calando. Leo que falleció en el 2005, que era judío estadounidense aunque nacido en Canadá, y que le dieron el Nobel en los años 70. Siento curiosidad y repaso listas de los Nobel. Coincido con nombres que tienen cierta presencia en mis lecturas reales o pretencidas de los últimos tiempos : Sartre, Camus, Coetzee, Oé, Böll. Morrison, Steinbeck, Faulkner. Vuelvo a ponerme de mala leche viendo a Cela.


dijous, 23 de febrer del 2012

DESORIENTADO EN OCCIDENTE

Procuro informarme un poco de quién es Jonathan Franzen. Sin pasarse, la mitomanía no es lo mío para nada. La entrada en castellano de Wikipedia es sumamente concisa y aporta bien poca cosa. Pocos detalles sobre su vida personal, por cierto, y una bien nutrida relación de galardones obtenidos por su obra literaria. Que me parece sumamente breve. La lista de galardones no, ésa es larga.  La obra por la que la ha obtenido es escasa. Cuatro novelas entre 1988 y 2010, más algún libro de ensayo, y sus colaboraciones con The New Yorker. Como siempre opto por la ficción, veo que sus novelas datan de 1988,1992, 2001 y 2010. Con lo que, una vez dado el salto a la fama, que se produjo por Las correcciones, su siguiente novela ha tardado otros nueve años en acabarse y publicarse.
No diré nada más, pues apenas he leído unas 70 páginas de Las correcciones. Imagino a Franzen, que me recuerda vagamente a un buen actor secundario (William H. Macy, famoso por Fargo o Boogie nights), en una de sus dos residencias, recibiendo insistentes llamadas de su editor, que sobre el 2006 ya debía haberle adelantado una buena pasta, para que le diese ya una fecha o le dejara leer algo de aquello en lo que andaba. Me lo imagino escribiendo a un ritmo inferior a las dos o tres páginas semanales, escribiendo Libertad, al que prácticamente todo el mundo que conozco (o del cual me fío) llama la Gran Novela Americana (o si no se lo llaman, los encendidos elogios fácilmente podrían ser sustituidos por esta expresión). Y avanzaré leyendo Las correcciones, que va primero, y aquí respetaré el orden. Más conociendo mi escasa capacidad de cumplimiento de compromisos de lectura (escasa capacidad que condena un clásico como A sangre fría  a una intranquilizadora espera). Primero he de ver qué va a pasar cuando el enfermo Alfred y la resignada Enid logren reunir a sus tres hijos y cenar con ellos. De paso saldré de dudas como una trama, en apariencia, tan sencilla, conseguirá que HBO monte una serie en torno a ella.
No me es ajena esassensación de avance y progresivo descubrimiento. Me he liado, a través de un común admirador de Orsai, en dar mi opinión sobre una novela de ciencia-ficción que se halla en proceso de construcción. Lo cual es una interesante, aunque chocante, experiencia. Pues si algo sobra en Orsai, es entusiasmo, y yo no debería echar agua al vino. Pero es algo que se produce en las comunidades; la gente muestra tanto su ilusión y su fascinación por cada cosa que pasa, que acaba perdiendo algo la objetividad. Es una euforia colectiva que no es aconsejable, aunque sea grata. Es la borrachera común del viernes noche, y luego el sábado no hay quien dé pie con bola. Diego Soto, así se llama el autor de la novela en embrión, se somete voluntariamente a una evaluación de ésta. La gente da sus opiniones, él avanza. Tiene en cuenta, debería tener en cuenta lo que se le dice o no??. Pues esas intromisiones, aunque las haya solicitado amablemente, puede que alteren el plan inicial que se había trazado. O puede que esas intromisiones sean el plan. No sabría qué aconsejarle. Las novelas ligeramente utópicas, ligeramente esperanzadas de nuevos órdenes mundiales son un peligroso campo de minas, y yo le he pedido, en mi humilde opinión, que se ande con cuidado. 
Como he desarrollado una cierta nueva sensibilidad hacia el cono sur, desde aquí querría pedir algo de ayuda. No entiendo esa realidad política argentina, sobre todo la que arraiga desde los años 40 hasta la actualidad. Sé de argentinos contentos y felices con cómo va todo (aunque las críticas a consecuencias del accidente ferroviario de ayer arrecian: parece que los trenes no disponen del mantenimiento necesario. Sé de argentinos que dicen que sí, que esa felicidad existe pero en una cierta parte de la sociedad, y como consecuencia de contraer deudas para procurarse bienes. No tengo ni idea de qué es ese peronismo que divide a la sociedad argentina. Perón me suena a populismo y a conservador, pero, insisto, no tengo ni idea. Lo que no me es ajeno es la dictadura, claro. Pero con esos complicados nombres de los partidos de ciertos países (justicialista, revolucionario, institucional), el código binario al que estoy acostumbrado en Europa no se me ajusta. Izquierda, derecha. Extrema o moderada. Socialista, comunista, progresista, conservador. Laico y democristiano. Demócrata o totalitario. Conceptos que tengo asimilados y con los que me cuesta hallar correspondencia.
Segueix a @francescbon