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dissabte, 13 de desembre del 2014

LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN


¿A qué obedece ese brillo en la mirada? Bueno, a qué obedecía. Puede que ese día, antes de la entrevista o la intervención televisiva o lo que quiera que fuera el evento al que corresponde esta imagen, Monzó se pimplara un par de vasos de bourbon. Id a saber: confeso amante de la buena "be-vida", jamás tuvo el mínimo reparo en reconocer su costumbre en lo referente a las bebidas espirituosas, sobre las que no escatimaba comentario alguno en sus escritos, si la ocasión lo precisaba. Para los que vamos siguiendo sus andanzas, pues Monzó encarna a la perfección ese perfil a la vez militante y crítico, queda bastante claro que, últimamente, el escritor, que debe rondar la sesentena, ha sido apercibido acerca de su estado de salud, cuestión que suele llevar aparejado el clásico consejo médico de alejarse de muchas cosas. Tabaco, bebida, comidas grasas o copiosas, estupefacientes sin receta, malos hábitos de sueño, ya sabéis. Y parece que Monzó les hace caso. Y parece que eso ha afectado a su brillantez. Por lo menos, la verbal. Monzó ha perdido su mojo. Habla más pausado, habla sin saltar de un tema a otro, sin atropellar al interlocutor, sin que su tono de voz ya nos haga imaginar su clásico derroche facial de tics. O eso me parece.
El caso es que vengo de aburrirme ayer de lo lindo en una cena de empresa. Sí; de lo lindo, y simplemente porque, años que uno tiene y temor a los controles policiales que suelen proliferar en noches como esta en Barcelona, decidí limitar de forma drástica mi consumo de alcohol, que venía siendo mi manera de sobrellevar estos eventos. El resultado fue un desastre absoluto, una especie de incomprensible actitud de no estar para muchas tonterías, y una reflexión que se me solapa con muchas cuestiones. Como acordarme del famoso personaje de cierto añejo capítulo de Friends, un tipo al que apelaban el divertido porque eso era lo que era bajo los efectos del alcohol, pero que aparecía en una fiesta hecho un absoluto aburrimiento y explicando que esa persona que era antes lo era porque era alcohólico. Como hacerme eco de todos esos famosos mitos que, aparte de afectar a escritores de los 60 y los 70 como Burroughs o Hunter S. Thompson, se extendían hacia mitos como Poe, del que se hablaba (hasta concretar en cuales en concreto de sus cuentos) que escribía bajo los efectos de los opiáceos. Y no hablaré de música en relación a ello.
Pero el remate ha sido cierta coletilla en cierto mail de hoy. Pasar página respecto a DFW. Ese escritor. Para mí, Foster Wallace no es ese sino este. Tal es su cercanía y tal es el interés y el sentido de la comprensión que me acerca a su obra. No a toda su obra. O tenemos alguna necesidad de ver a nuestros amigos en todas las facetas de su vida. Dicen, escriben, que DFW acusó cómo el abandono del Nardil, medicamento que usaba para la depresión, afectó a lo brillante de su obra. Que era extrañamente receptivo a las críticas y que su afán de perfección, su obsesión por gustar y mantener el nivel que era consciente de ser capaz de alcanzar, pesaban como una losa en una personalidad que era complicada. No voy a especular con fechas ni con eventuales reencarnaciones, aunque no puedo, a estas alturas, descartar nada. Pero ese espíritu insano, turbio, obseso y vitalista es todo un testigo que, junto a otros miles, me gustaría tomar. Aunque puede ser que ni el planteamiento de este post sea del todo cierto. 
Pues estamos bien.

dissabte, 21 de juny del 2014

HOMO CONSPIRANOICO

Álex Azkona cumple años el mismo día que mi hijo Gerard. Como me ha dicho que anda en una fase de relativo retiro no lo incomodo felicitándole. Ya me leerá aquí. Es raro, esto de esperar que alguien se considere felicitado leyendo un post ajeno. Pero es que hay muchas cosas raras. La reciprocidad no es lo que reina en este mundo. Si yo mandara, el símbolo de la reciprocidad sería el número 69. Vaya, ese símbolo lo tiene tomado cierto signo del horóscopo. Debería ser libra, por lo del equilibrio, pero no. Esto es como quien, ante la patente constatación de que nadie se acuerda de su cumpleaños, se hace el encontradizo, o llama casualmente diciendo felicítame. Vaya: ahora me pregunto si la raíz fel es común a felicidad y felación por algún motivo. Vaya. Bueno. Ando picarón.

Horacio Aragona seguramente sea una de las mejores personas que conozco. Cada martes, desde que entablamos amistad virtual, me envía un link con el artículo que publica Rodrigo Fresán en Página12. De hecho, el título de este post es un homenaje los tres. A Azkona, a Fresán y Horacio, por orden alfabético un poco peculiar. Ahora me fijo en la semejanza de apellidos entre Azkona y Aragona. Uy. Y ambos tienen alter-egos. Uyuyuy. Bueno: yo había puesto la TV pensando disponer de algún canal donde ver el Argentina-Irán. Pero resulta que no. A cambio, un canal de séptima categoría me regala un delirante programa en el que Steven Seagal va vestido con un uniforme de ayudante de Sheriff y se dedica a acompañar a una patrulla de la policía USA a la búsqueda de casos callejeros de distinta índole, coches robados y eso. Persecuciones, malos tratos, tiroteos. Es uno de esos programas que está doblado pero que se deja que la voz original quede en una especie de segundo plano. Seagal se toma muy en serio ese papel: parece ser que la fuente que parecía inagotable (las películas basadas en el guión tipo que esperaba una vida tranquila tras un pasado siendo una máquina de matar debe resignarse a que esa vida tranquila no va a producirse pues no hace más que encontrar peligrosos criminales donde quiera que vaya) se ha agotado, y Seagal se ha decidido a traspasar la barrera de la pantalla. El programa es de una simplicidad sonrojante: cuando las cosas van bien, creo que ahora han rescatado un perrito que van a dar en adopción, = música alegre; antes han pillado a un nigger que conducía con una lata de cerveza abierta = música solemne.

Mi amistad con Horacio se fundamentó en una primera discusión enconada sobre Eduardo Galeano. En que Dónde Pereira (el hombre antes conocido como Cuándo Pereira y aún antes como Quién Pereira) hincaba una y otra vez sus caninos en la yugular del brillante pero narcisista escritor uruguayo, y Horacio lo defendía. No a capa y espada, pero si intentando que por lo menos no se le linchara. Luego descubrimos ciertas afinidades ideológicas (capas de marxismo matizado, de crítica hacia el capitalismo, de intolerancia ante el totalitarismo, de escepticismo ante el populismo) y futbolísticas (de las que estoy algo en excedencia: he descubierto para mi horror que los valors dejan de serlo cuando dirigentes que han estudiado en escuelas de negocios los convierten en argumentos de venta o en elementos de diferenciación de producto).
Y no es que no discrepemos: aunque nos une una pasión por la música (de distintos tipos, pero siempre a espaldas del mercantilismo), la suya es una actitud de mayor rigor técnico y formativo y yo siempre creo en que cierta pasión puede suplir ciertas limitaciones. Pero son discrepancias sanas y que no van a llegar a la vía diplomática. El caso es que quiero que lo sepa: que aunque suelo contestar pocas veces y suelo ser poco expresivo en mi aprecio en el día a día, porque tiempo es algo de lo que no voy sobrado, eso no quita lo mucho que le aprecio y lo mucho bueno que le deseo. 

Ah: el tipo de la foto no es él. Es Boi Ruiz, actual conseller de Sanitat de la Generalitat, de CiU, partido cuya pose nacionalista de caracter oportunista y ambiguo no va a hacer que olvide que está adscrito en el grupo (ultra)liberal del Parlamento Europeo. Responsable de los recortes en sanidad que hacen que la estancia en hospitales públicos sea, para gente que se ha pasado toda la vida cotizando para pagarlos, menos agradable y menos confortable de lo que debería. ¿Dónde está ese dinero? ¿Por qué hay que traerse el agua de casa? ¿Por qué cosas como las cremas para la irritación cutánea se suministran en dosis claramente insuficientes? Situaciones como esa llevan a la incomodidad y al desánimo. El estado anímico, en ciertos aspectos, es clave en la curación o en la mejoría. El estado anímico conduce a una espiral hacia abajo o hacia arriba a ciertas personas cuya fragilidad física o emotiva esa condición puede permitirles superar momentos difíciles. Recórtense el sueldo, señores altos cargos  de grandes empresas públicas que compatibilizan con cargos o altas cuotas de accionariado en sociedades privadas. No me hagan concebir teorías como la de pensar que, detrás de esos recortes haya meticulosos cálculos sobre los ahorros que un leve recorte de la esperanza media de vida pueda representar para los caudales públicos,por el ahorro de pensiones. No querrán que haga eso.

dimarts, 11 de desembre del 2012

RECUENTO DE CALORIAS

#Duraneta es un término que esta mañana me ha saludado los buenos días. Si fuera otra especie de pájaro, me hubiese dado las buenas noches, pero a veces no aguanto más allá de las doce. Puedo probar con las descargas de esos mejunjes mitad medicamento mitad narcótico de gama baja que son las power-drinks (1).  Así que cuando las brujas, incluso aquellas tan hermosas y procaces que justificarían salir en alguno de mis recientes posts, salen a pasear, yo dejo que me mezca el oleaje interno de las plumas sintéticas (espero, me dijeron) del edredón.
No, Álex, la #Duraneta, que intuyo que es una contracción tui generis (si tui existe en mi latín de prospecto de medicamento y noménclator de plantas silvestres de la cuenca mediterránea) de Duran, puta, y Ramoneta (2), no es el motivo de mis guadianescos vaivenes: es la inspiración que se ha secado como una pasa sultana (3), cuestión de que culparía, mejor, responsabilizaría a mis mencionadas colaboraciones en otros medios (4) y sus efectos placebescos sobre mi insana afición (o afección) a la escritura desbocada. Eso es exactamente como, por ejemplo, la renovación de la producción de espermatozoides en los humanos adultos, o la cuestión que afecta a la cadena logística en las fábricas J.I.T. (5). También habría corrientes de pensamiento que achacarían esa cuestión al hecho de leer a David Foster Wallace (6), que acarrea determinados efectos colaterales, a saber, impotencia manifiesta, tendente al sollozo, ante la constatación de la imposibilidad de que mi prosa, ya no digamos mi poesía, raye a tal altura (por motivos variados, entre los cuales pesa ostentosamente la vagancia para acudir a tantas y tan diversas fuentes de documentación), ante el estupor rayano con el cariacontecimiento que me embraga cuando pienso en cómo pudo tomar la decisión de acabar con su vida, y, tercero, pero quizás el más menospreciable por nimio e indetectable a primera vista, una pequeña manía hasta ahora no manifestada de acotar con descontrolada profusión de notas de todo tipo y medida los escritos.(8)


(1). Pero a) su nombre se parece demasiado a PowerPoints, cosa que me produce náuseas y vómitos y b) su gusto solo es asumible por mi paladar de gourmet a bajísimas temperaturas, que estropearían mi garganta y anularían precipitadamente mis compromisos con la temporada operística internacional.
(2). (Contracción políticamente correcta pues de la palabra soez interior has conseguido una elipsis magistral: ni una letra de la palabra puta, ni una mención al comercio de la carne: pero ahí la veo. La veo en la esquina con un cigarrillo de ésos que se venden sueltos colgando del labio.) (9)
(7). Tradicionalmente se achacan la gran mayoría de los medios modernos de producción fabril a la industria japonesa. En este caso es cierto, pero hay que aclarar que al anagrama JIT procede del inglés. Especulo que al tratarse la japonesa de una industria ubicada en una isla y, por tanto, depender para ciertas materias de la llegada vía marítima o aérea de éstas desde sus lugares de origen, se optó por evitar la acumulación excesiva de éstas y adaptar las cadenas de producción de acuerdo con su ritmo de llegada. 
(8). De manera excepcional, y sin que ello signifique en modo alguno pronunciación política de ningún tipo (y dado que he aclarado en algún punto del texto que la pereza me aleja definitivamente de la genialidad de Foster Wallace, y traducir todo ésto resultaría laborioso y seguramente perdería la opción de otro post en las próximas horas), este post saldrá en castellano solamente durante un período prolongado de tiempo.
(9). Se vendían: una de las curiosas medidas instauradas por el gobierno español socialista presidido por José Luis Rodríguez Zapatero fue la prohibición de la venta de cigarrillos en piezas sueltas, costumbre que, especulo, debió arraigarse en la España de post-guerra cuando la población estaba profundamente viciada pero el poder adquisitivo impedía asumir el coste de una cajetilla entera

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