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diumenge, 3 de juny del 2012

HOLA MUNDO CRUEL : OTRA RESEÑA BICEFALA

El otro día leía sobre el tema de acabar ciertos libros que no gustan, por una cuestión de honrilla, cuando no de puro cabreo. Una actitud muy lectora a la que yo añadiría el factor del sadismo. Cómo me gusta acabar un libro que sé que voy a despanzurrar con saña en cuanto acabe con él. Qué negatividad, joder.
Pero es que Deseo de ser punk es, para mí, una provocación mucho antes de leer ni tan siquiera su primera página. 
Iggy Pop en la portada: señores de mi respetadísima editorial Anagrama, Iggy Pop no es punk. Influiría, sí, los Stooges, o él en solitario, en grupos que fueron punk. Como pudo influir en cierto modo en el glam rock. Pero Iggy Pop no fue punk. Y no digamos ya en la época de la foto elegida: un Iggy Pop,pasado por el photoshop, ya cincuentón (mínimo), con camiseta (lo que debe costar encontrar una foto de Iggy Pop con camiseta!), y en esa extraña fase en la que entró hace tiempo: la de preocuparse más por su peinado (lo dije: más que Jennifer Aniston) y por su fibrosa musculatura que por hacer buena música.
Luego ves que Belén Gopegui no tiene tampoco una pinta muy punk, ni ligeramente transgresora. Mirad fotos de otras escritoras, como Llúcia Ramis o la argentina Pola Oloixarac. Parecen mucho más punks. Hasta Lucía Etxebarría parece más punk que Belén Gopegui, joder!. Y luego, la sucinta nota introductoria de la contraportada, que transcribo, y a la que intuyo, por su brevedad, cierta intención (o sea, pretensión) de dejar al lector con la sensación de encontrarse ante algo importante:

"Algo le ocurrió a Martina el 4 de diciembre. Desde entonces busca la furia, la actitud o cualquier otra cosa que le permita no traicionar su código. Tiene dieciséis años y ningún lugar al que pertenecer, pero encuentra en el rock el principio de una historia mientras Alice Cooper la mira desde el tejado, cuando el punk es un estado de ánimo y herirse no significa dar la razón a los responsables de todo esto sino, al contrario, decir que existen quienes no temen perder algo para poder vivir..."


Todo ello hace que afronte el libro algo mediatizado. Una especie de drama adolescente con momentos cumbres. El funeral de un padre de una amiga. Cierto aire a lo Salinger que se desprende, conscientemente: se nombra a Holden Caufield y directamente al libro. No me estás ayudando, Belén. Avanzo rápidamente en su lectura. El drama adolescente conlleva un prolongado y algo repetitivo diálogo interior. Y paseos y citas en sitios donde sentirse solo en compañía. Dudas y recuerdos y una persistente reiteración de la inseguridad.
Me suena a rebeldía de segunda mano. Y encima, y ya os he dicho que la música es muy importante para mí, las referencias musicales empiezan a rechinar sonoramente.

Deseo de ser punk y Los secretos?
Deseo de ser punk y Bonnie Tyler?
Deseo de ser punk y Guns'n'roses?
Deseo de ser punk y AC/DC?


Deseo de ser punk y ni una mención a Sex Pistols, Clash, Damned, Anti-nowhere league, Exploited, Sham 69, la primera época de los Stranglers... ni a los Siniestro Total.


Al final, en la segunda parte, algo parece ir a levantarse ligeramente. Por una cuestión de buena escritura y alguna sentencia acertada. Publicado en 2009 y en España, el libro ya empieza a mencionar esa jodida palabra tan de moda. Se torna más cercano y menos caprichoso. Se hace más interesante. Pero Belén Gopegui parece tener miedo de un final radical y doloroso. Lo cual quiere decir que el final es ingenuo y timorato. En el fondo, esperaba algo diferente para pronunciarme a favor. No ha podido ser.





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