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dissabte, 16 de maig del 2015

Y15W20: Muerte

Curioso: estábamos muy acostumbrados al relativo anonimato de los condenados a muerte. Solían ser individuos de conducta objetivamente reprobable: asesinos dotados de especial crueldad, tipos de aspecto patibularia cuya mirada en la foto policial parecía revelarnos de forma inequívoca sus intenciones. Estábamos muy acostumbrados, también, a que ciertos hitos criminales se combinaran con el suicidio de quienes los perpetraban. Así que muchos crímenes han quedado, en lo concerniente a sus autores materiales, como carpetas cerradas. Pero en las últimas horas hemos sabido de sendas sentencias a  muerte cuyos, digamos, protagonistas, han traspasado la barrera del anonimato: Dzhokhar Tsarnaev, autor, junto a su hermano ya fallecido, del atentado de Boston (el de la competición de atletismo de Boston) y Mohamed Mursi, fugaz presidente del Egipto famoso de la primavera, condenado con un extraño pretexto que suena a excusa. En ambos casos, relacionados, hasta cierto punto, con la radicalización del islamismo, en ambos casos, sentencias que, nos tememos, traerán cola. En el caso de Mursi, sentencia que ha de superar el beneplácito de un muftí, actividad suprema religiosa, cuya opinión no es vinculante. Pero que va a pronunciarse. Con mi lectura de Houellebecq aún reciente. Con ese exasperantemente ininspirado post que complementó a mi reseña. Oh, ¿Es que ya no soy capaz de exponer las vísceras en un escrito? ¿No soy capaz de soltar con todo el descaro que me fascina lo que Houellebecq escribe porque me encanta cómo Houellebecq es
Al margen de mis frecuentes pataletas, que la posible ejecución de estos dos personajes vaya a ser fruto de discusión y de polémica acaba produciéndome cierta excitación. Sociedades dispares como la estadounidense y la egipcia toman decisiones radicales y ambas acarrean la desaparición física, la creación de un mártir que decorará camisetas en unas semanas, y me quedo corto. Y además nos enteramos que Osama Bin Laden fue delatado a cambio de 25 millones de dólares, que no hubo heroica operación de espionaje  y neutralización de un terrible enemigo sino transacción financiera y captura de un líder débil y superado por el descontrolado dinamismo de sus seguidores. 


Lecturas: varias que no acaban de tener el arranque arrasador que suele provocar que dé cuenta de ellas en unos pocos días. La hondonada, de Jhumpa Lahiri, historia de dos hermanos hindúes que se prolonga en el tiempo, prosa solvente pero aún lejos de esa sensación de necesidad de saber qué pasa a continuación. Y Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, historia que mezcla surf y trasplantes de órganos, puro azar que lo tomara del estante de novedades de la biblioteca, en una especie de intento de demostrarme a mí mismo tanto mi capacidad de improvisación como mis escasas opciones de superar cierta manía que me ha dado con Caldwell. Echo de menos a sus personajes grotescos, estúpidos y desarraigados, quiero otro Ty Ty u otro Spence cuya conducta comprender y reprobar a la vez.

Los buenos: mi aportación se está perfilando más en mi cabeza que en el papel, y Álex Azkona ha asumido el ingrato papel de coordinar todo este asunto que yo desearía descoordinado, de insistir a la gente y recordarles quiénes somos y de dónde venimos, cosa que, especulo, hará especialmente dura la cuestión de llegar a un acuerdo sobre el reparto de los beneficios, que va a haberlos.




dijous, 13 d’octubre del 2011

CRUEL-BEK Y EL PERRITO FOX


Ah, es que no lo había comentado. Despaché con tal rapidez el libro de McCarthy (que casi llamaría el libro de Bardém & McCarthy) porque, a la vuelta de la esquina, me esperaba La posibilidad de una isla, única novela de Houellebecq que aún no había leído. Impensable en mí que haya esperado más de cinco años, pero tiene sus justificaciones, que responderían a distintos grados de estupidez. Una portada horrorosa, como si a quien se la encargaron hubiese llegado a la absurda conclusión de que se trata un libro de ciencia ficción. Dibujante por encargo al que le dicen que se lea unas cuantas hojas del libro, cosa que hace perezosamente, si es que hace. Que perpetra una especie de arte gráfico futurista pues cree que la cosa va de  una proyección algo mística del futuro de la humanidad, y, palurdo él, le suena haber leído, o conocer a alguien que lo haya hecho, algo de Orwell, o de Huxley, o de Bradbury, o de Wells o de Clarke (Mònica : polisíndeton!)  y eso hace, en menos de media hora de jugueteos, con cualquier herramienta de diseño gráfico bajada por el emule. Que pone la tierra ahí abajo, o eso parece, que es azul y evocadora, y una especie de aurora boreal cósmica, y a ver si los de Alfaguara le llaman otra vez pronto, que el costo se ha puesto por las nubes.
El detalle de Alfaguara no hay que despreciarlo. Hace años que los grandes gurús obsesionados por la imagen de marca, el packaging, y todas esas zarandajas, no se cansan de hablar de la implicación positiva de la letra a en los nombres tanto sea de productos como de enormes corporaciones de todo tipo. Todo ha de empezar por a y llevar muchas a porque es un sonido que desprende positivismo en los valores.
Por lo que a mí respecta la a es una letra femenina, obviedad absoluta pues tanto en catalán como en castellano es la terminación comúnmente usada para diferenciar ese género. Luego está que en el googlemundo en que vivimos, donde toneladas de información requieren un orden, el alfabético es el primero de los criterios empleados para generar esa ordenación. Las cosas llenas de a, por tanto, dominan el mundo, al menos el que usa este alfabeto. Los del product management y sus cosas.
De tal manera que el mundo editorial no es ajeno a este estúpido (aunque sea lógico, es estúpido) planteamiento : Anagrama, Alfaguara, Atalanta, la colección Andanzas de Tusquets (que con una Tu lo tenía muy complicado). El motivo de que Houellebecq, que había publicado toda su obra en Anagrama, publicase este libro en Alfaguara ? (y despues ha vuelto a hacerlo con El mapa y el territorio). Pues supongo que alguna buena oferta : Alfaguara pertenece al grupo Prisa, y, por lo menos en el 2006, año de edición del libro, ahí, cuartos, había. A diferencia de la amable Anagrama, que saca, pasados un par de años, sus grandes libros en asequibles colecciones de bolsillo (CM), hasta la fecha Alfaguara no ha hecho lo propio. Por eso el libro falta en mis estantes.
Estúpida portada, absurda editorial: motivos de suficiente empaque para tardar cinco años, hasta encontrarlo en una biblioteca.

Eso sí, en sus páginas encontramos al Houellebecq de siempre, en una cúspide de acidez (siempre pensamos que no puede subir más: siempre nos desmiente), atreviéndose a especular con un nada halagüeño destino de nuestra especie, condenada a oleadas suicidas, causadas casi siempre por el retroceso del deseo o de la prestación sexual. Sociedad que se desmorona entre burlas de sí misma y convencimiento científico de que es posible abstraernos de la carcasa que es nuestro cuerpo, y de sus servidumbres, y de eternizarnos como seres conceptuales.

              "Aumentar los deseos hasta lo insoportable y a la vez hacer que satisfacerlos resultara cada vez más difícil : ése era el principio único en el que se basaba la sociedad occidental."

Combinación impensable (palabra que habrá que descartar en el léxico cuando hablemos de Houellebecq) de continua demolición de temas tabú (piensa en algo bizarro y desagradable: Houellebecq encontrará un personaje no sólo que lo haga, sino que lo convierta en su principal actividad), de superposición de chocantes capas ideológicas (racismo inverso, fervoroso anti-islamismo, prostitución, banalización de la práctica sexual más reprobable y desviada). El escritor francés se muestra a la vez laxo y agresivo con lo que ve (y el tiempo parece empeñado en seguir dándole la razón): un deterioro progresivo e irreversible de la sociedad. Posiblemente mi escritor favorito vivo (espero que aún lo esté), pues no veo a muchos candidatos que combinen valor literario y valentía rayana en lo físico. Houellebecq juega con su pellejo en muchas de sus frases.

Puede que el libro se pasee algo más de lo aconsejable por los aledaños de una especie de sucédaneo de misticismo (inventado, eso sí, como un placebo más de una larga receta de otras medidas para atenúar el dolor de la existencia), puede que muchos se sientan heridos (quien tiene perros para no tener hijos, por ejemplo), pero en las cinco novelas que le he leído, no puedo decir que ni una página me haya decepcionado. Vuelve cuando sea, pero vuelve.





dimarts, 27 de juliol del 2010

EL CARRIL DE DESACELERACION


Siento lo de ayer. Explicaciones, y no profundizo en ciertos detalles personales : uno es padre para algo. No sé si voy a establecer un intento de compensación, porque lo que es hoy, ahora, estoy sumido en una especie de neblina pseudo narcótica motivada por el (previsible) bajón de tensión intelectual ( si lo que hago tiene algo de intelectual, claro ), pues, a quien le duela ya sabe ( como dice una buena amiga que "amenaza" con pasarse por aquí ) : "Dos piedras".

O sea, no quiero decir que el blog vaya a abandonar su vocación semi-erudita (odio esta palabra pero peor es "ilustrado"); pero que todo el mundo se entere que esto va a estar unos 20 días con un ritmo de ralentí, por lo menos a un cierto nivel, pues puede ser que el tiempo libre de que voy a disponer me ponga al alcance de algún bombazo que regenere un cierto nivel. Como sigo con una cierta tendencia clientelista, y le debo a más de una persona un artículo "a la carta", pues, vaaaamos, si no tengo más remedio que volver a hablar de política, pues tendré en cuenta que ese tema es el que más comentarios ha acarreado. Pero ya que voy a intentar regenerarme, volvamos al foco inicial : los gustos, las filias, las recomendaciones, sobre cultura contemporánea. Lo siento, alguno sí, pero no todos los clásicos han pasado por mi mesita. La Sra. de Nick Cave, - todo el mundo debe tener un sobrenombre aquí - ha tenido la amabilidad de informarme que ha oído el disco que recomendé uno de los primeros días : Felt Mountain de Goldfrapp. Le ha gustado, dice, bastante. Yo lo considero uno de los discos de la década, si he de ser sincero las continuas menciones a Portishead cuando se editó ( se les achacaba una excesiva inspiración estilística ) me causaron cierto recelo, pero por lo menos en este disco, los considero superiores.
Pero del disco ya hablé, se publicó en el año 2000, han publicado varios discos desde entonces, muy diferentes estilísticamente, es decir, no se han repetido, no han estirado la fórmula artificialmente.
Corría el año 2007 cuando empecé a "usar" el E-mule. Hasta entonces era un auténtico asiduo a las tiendas de discos donde me dejaba un dineral comprando montones de discos... que no siempre respondían a mis espectativas. Me debato entre el arrepentimiento de aportar mi grano de arena a que muchas de esas tiendas tuvieran que cerrar y el enorme subidón que supone acceder a cualquier disco que se te pueda ocurrir, oirlo y juzgarlo por uno mismo, sin tener que abonar 18 o 20 euros por ello. Pero el E-mule me dio algo que no esperaba que pudiese darme : auténticas exclusivas. A base de búsquedas ( algunas ya asqueado, lo reconozco, de que fuese tan fácil encontrarlo todo) encontré un archivo mp3, unos 50 minutos, grabado directamente de un programa de radio. Era una sesión donde Alison Goldfrapp, la cantante del grupo, iba pinchando músicas de sus artistas favoritos, con una técnica, vamos a dejarlo ahí, bastante limitada... pero a quien le importa la técnica cuando la selección de temas te lleva al paraíso. Corrí a obtener el tracklist y a buscar desesperadamente cualquier cosa que hubiese grabado cualquier músico incluido ahí. Gracias a esa sesión redescubrí, y comprendí, a Scott Walker. Sólo por eso, pero ya os digo que había mucho más, esos 50 y pico minutos puedo decir que han cambiado mi forma de ver la música, tras más de 30 años. La sesión, The Blue Room Mix by Goldfrapp, ya es imposible encontrarla. Una copia duerme en mi ordenador, y se la facilitaré a quien la pida, junto a detalles mil del enorme sentido de cada tema insertado ahí. Mañana seguiré hablando ( entradas en dos partes, será una buena idea ?), pero de momento la primera perla que pertenece a la parte media de la sesión : Jacques Brel con aires tropicales : "Une Île". Bona nit.



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