diumenge, 29 de setembre del 2013

SEMPITERNO CONTUBERNIO

Sí: todo empezó esta mañana, a eso de las nueve en Twitter. Sí: hay quien se cagará en mi cuenta de Twitter y en todas las frases y las ideas que quedan restringidas a los 140 carácteres que un día definí como insuficientes pero que, mira tú, sirven para exprimir la necesidad de sintetizar lo que se quiere transmitir, lo cual no deja de ser, seguro, algo que afecta a alguna área del cerebro, en algún modo beneficioso. Si fui capaz de sintetizar el otro día una reunión de dos horas en una mera frase. Algo habré aprendido.
En cualquier caso: me quejé de lo frustrante que es no contar con prensa imparcial. De que todos los periódicos tienen una línea ideológica y que nuestro disfrute al final se reduce a los que tienen la línea que coincide con nuestras opiniones. Como si fuera nuestro plato favorito, nos regodeamos en su consumo y sólo hacemos que confirmar lo que ya creemos y cerrar el periódico diciendo que qué razón tiene este tío y puede que hasta recortemos el artículo para guardarlo, puede que apuntemos en algún lado aquella frase que nos haya impactado, que no es diferente que lo que hacemos con un Retweet, mostrar a los que nos siguen (curiosa palabra, algo caudillesca) que hemos encontrado otra joya que encastrar en nuestra corona.
Pues eso no debería ser así. Bromeaba con mi mujer y le decía si al final la única prensa fiable es la gratuita, el periódico de apenas veinte páginas que tomo de una pila descuidada cuando compro el pan entre semana. Si esa parquedad de medios que supone el decir Pepito hizo esto ayer en ese sitio (creo que los anglófilos lo llaman las cuatro W o alguna cosa similar) no es el mejor de los regalos para nuestra objetividad y para nuestra imaginación, si la esencia no es el mero conocimiento del hecho sin más aditivos que la mayor neutralidad posible (que no es demasiada: hasta destacar una noticia en aras de otra es una salvaje y violenta declaración de principios). En fin, antes de que esto sea un amago de puesta en duda de un código deontológico profesional, aclararé que mi decisión se solidifica en mi progresivo abandono de otra fuente de noticias que no sea mi presencia directa o lo que la gente dice en Twitter. Que gracias a eso sé de las cosas antes que alguien las pinte con sus colores y me las presente. Que encima tengo el regalo adicional de ver cómo lo comentan ciertos círculos, y, a poco que indague, cuales son las reacciones de las partes contrarias, cuando hay partes contrarias. Que suele ser casi siempre: la unanimidad es un asco, la unanimidad es una puta mierda y no hay peor escenario posible que la mayoría absoluta, que los pactos de estado de las grandes fuerzas (qué, qué coño va a salir del próximo gobierno alemán de coalición más que más ahogo para todas las naciones europeas que no se ajustan a sus fines). Quiero discusiones y quiero bandos enfrentados y sí, la confrontación generará sangre y fetidez (Bolaño, Bolaño, Bolaño), pero la confrontación genera cambios, y los cambios suelen mejorar las cosas. Los cambios son necesarios para todo: los cambios en las fronteras (esas alambradas, gran cagada de un periódico supuestamente de izquierdas que es el pistoletazo de salida a esta discusión vana e inútil) son necesarios porque las fronteras actuales proceden de escenarios basados en la injusticia: guerras, procesos de descolonización, conflictos raciales y religiosos, vestigios del feudalismo, y larguísimos etcéteras que gotean sangre y lágrimas (sí: me he dejado el sudor). Los cambios en las actitudes: los cambios en las necesidades educativas: los cambios en el sentido de la presión fiscal. Los cambios en el sentido de la labor política. Políticos como presidentes de comunidad de vecinos; gratis y por obligación, para que todo sea un palo horroroso y para que pronto aparezca otro primo con ganas de relevancia para cederle el testigo. 

diumenge, 15 de setembre del 2013

SASHA GREY: La Sociedad Juliette

¿Y esto qué es? Esto de repetir la reseña de un libro que ya has publicado en otro sitio. Esto de tener al (paulatinamente menos numeroso) público pendiente de unas entradas que cada vez se espacian más y aparecer con algo que a todas luces es un refrito.
Primero, una especie de reto no declarado. Dicen que la principal fuente de visitas son las búsquedas y que las palabras claves llevan al contenido. Y que mencionar a esta chica es una garantía de aparecer como resultado de esas búsquedas.
Segundo, como ya advertí en alguna ocasión, que el uso de mi blog personal para según qué temas me permite dar un giro adicional de tuerca. Actuar con una sinceridad desinhibida, no condicionada.

Pues mi decepción con el libro de Sasha Grey puede que tenga más aristas de las que debería. Vivimos en un mundo terriblemente machista donde una mujer vinculada en su pasado al porno arrastra eso con un estigma tan poderoso que se ve abocada o a volver a él, o a ser señalada toda la vida como una especie de meretriz. Y la Grey no hizo dos películas bobas con un par de caballeros, de los cuales uno era su novio. No: la carrera de esta moza fue fulgurante y aparatosa y cada reto fue seguido por otro más osado. Una no se hace popular en ese mundo por el recato, ni por el glamour de las películas. Entonces, yo me esperaba que traspasara parte de esa osadía a esa carrera literaria que tanto anticipó. Esperaba no que se desprendiera de todo su pasado (que puede ser un lastre, pero que también lo es en cuanto a repercusión y, ejem, facturación) sino que supiera dejarlo en un prudencial segundo plano. Y no esperaba que La sociedad Juliette fuera un libro referencial, pero esperaba que fuera, al menos, una lectura de una cierta profundidad, esperaba incluso que fuera cargante y pedante y que la chica dejara al lector en medio de una especie de desorientación. Pero no pasa eso: esto es una lectura de lo más ligera, sobre todo para los que somos mayores de edad y ya no nos escandalizamos de demasiadas cosas. Claro que hay sexo descrito con procacidad y sin pelos en la lengua (je), y claro que leemos entre líneas que la chica no ha querido despreciar parte tan importante de su CV. Pero si esta novela me decepciona es porque a) en una especie de reedición de cierto síndrome de San Jorge que tenemos los especímenes masculinos, esperaba que la literatura redimiera a la Grey, que todo ese pasado fuera fuente inagotable (je#2) de experiencias que traspasar al papel (aunque fuera subliminalmente): b) esperaba que tuviera más talento; así, tal como suena, no escribe tan bien como para que una editorial se fijase en ella si no fuera por su background; y c) ya hubiese sido la hostia que alguien proveniente de ese submundo pudiera propinar un zasca al universo hipster, ya hubiese sido demasiado que una escritora de talento surgiera, tan joven, tan lozana y tan desinhibida, cuando estamos demasiado acostumbrados a esa especie de universo con mamparas separadoras que establece que vida intensa en el sentido frívolo y literatura descarnada suelen coincidir solo en casos muy aislados. 
Por lo cual no es que no recomiende leer este libro: recomiendo leerlo sabiendo muy clarito en qué nos movemos, que es una especie de mezcla de los libros del Club Bilderberg, algunos pasajes de literatura porno, más una pizca de espíritu algo diletante, que es muy notable cuando se empeña en mencionar, venga al cuento o no, los discos, películas y libros que la influyen. Pero eso lo atenaza: es como si Sasha Grey tuviera algo de miedo de que no vaya a tener una nueva oportunidad de publicar, o como si supusiera, como casi es el caso, que los lectores que nos hemos acercado a su primera novela por mera curiosidad, hemos quedado con bastantes pocas ganas de probar con la siguiente.

dilluns, 9 de setembre del 2013

FORA DE (J)LLOC

Afaitat i pentinat, però es ell
La paraula "llàstima" no li farà gens ni mica, de gràcia, al Hernán Casciari. Hi ha gent que se li en fotrà, fer llàstima, però no en aquest argentí que sempre fa cara d'haver dormit poc. El cert es que aquest és el meu post que enllaçarà amb la cadena de blogs per la independència i em sembla significatiu que coincideixi amb la setmana en que s'anuncia que la revista Orsai deixarà de publicar-se. Quan Orsai es la culpable de que molts dels que em llegeixen ho facin, la responsable d'unes quantes de les amistats virtuals que he fet en els últims dos anys, i quan el Casciari viu en mig d'un d'aquests punts que tant ens representen com a nació: la faldilla del Montseny. La responsable, també d'aquesta estratègia clientelista meva d'escriure en l'idioma que m'aporta més lectors potencials.
Ara bé, era lògic que un projecte ja difícil de per si se'n sortís en mig de la que cau. La que cau i continua caient. En temps on costa trobar diners quan es busquen, proclamar-se contra la publicitat i voler sostenir una revista de continguts de qualitat només de suscripcions es, senzillament, massa agossarat. Tot i la bona voluntat dels lectors, estem en un temps on s'ha tornat massa fàcil obtenir cultura sense gratar-se la butxaca. No sols això: els pirates vocacionals (que som legió) ja sembla que ens en fotem dels que paguen. Un cercle molt viciòs que iniciatives com Orsai no han estat capaçes de trencar.
Tot i les petites trampes del projecte (que comptava amb la xarxa de protecció que a Casciari li aporten les vendes dels seus llibres i les seves obres de teatre), el que intentava Orsai era tan idílic que el seu sol exemple ja era un enorme perill per la continuitat de una indústria arrelada en l'us de la publicitat com a font principal de finançament. Hernán Casciari em va deixar unes quantes frases pel meu record personal: una d'elles es que ell deia que era d'esquerres, però de les de veritat. O sigui, no un eco-yuppie, no un lider concienciat que s'hospeda a hotels de cinc estrelles, sino un, suposo, convençut marxista. 
Però aquest és el meu post de la Diada. I em sembla que tios com en Casciari, que viu entre Sant Celoni i Buenos Aires (per un motiu especial: la seva dona es catalana i aquesta partida la va guanyar ella), encara que diguin ben poquetes paraules públicament en català, i encara que publiquin en castellà, ens fan falta a una nació com la nostra. Independentista i d'esquerres, i ja que m'ho pregunteu, boig por la cultura com soc, no hi ha res que m'engresqui més que contemplar com la Catalunya independent que se'ns apropa es la que a mi més m'agrada: mestissa, impura, barrejada, més a la vora de Gràcia que de Pedralbes, més a la vora de les escoles de barri que del IESE. Una Catalunya lluny d'asèpsia i encarcarament, una Catalunya que no s'afaita cada dia, una Catalunya on, com és el més normal del món, i el mes sa, ens cagarem en qui ens governa just cinc minuts desprès d'haver-lo aplaudit per governar-nos.

Cadena de blogs per la independència: Ara ves a L'home del sac o a 
Mar Vilaró

diumenge, 8 de setembre del 2013

FUERA DE (JUEGO) DE PALABRAS

Afeitado y peinado, pero es él
La palabra " lástima" no le hará ninguna gracia, a Hernán Casciari . Hay gente a la que le da igual, la lástima , pero no a este argentino que siempre pone cara de haber dormido poco . Lo cierto es que este es mi post que coincide con la Diada y me parece significativo que coincida con la semana en que se anuncia que la revista Orsai dejará de publicarse. Cuando Orsai es la culpable de que muchos de los que me leen lo hagan, la responsable de algunas de las amistades virtuales que he hecho en los últimos dos años, y cuando el Casciari vive en medio de uno de estos puntos que tanto nos representan como nación : la falda del Montseny. La responsable, también de esta estrategia clientelista mía, tan reprobable , de escribir en el idioma que me aporta más lectores potenciales .
Ahora bien , era lógico que un proyecto ya difícil de por sí saliera adelante, en medio de la que cae . La que cae y sigue cayendo. En tiempos donde cuesta encontrar dinero cuando se busca, proclamarse contra la publicidad y querer sostener una revista de contenidos de calidad sólo de suscripciones es, sencillamente , demasiado atrevido. A pesar de la buena voluntad de los lectores, estamos en un tiempo donde se ha vuelto demasiado fácil obtener cultura sin rascarse el bolsillo . No sólo eso : los piratas vocacionales (que somos legión ) ya parece que nos burlamos de los que pagan . Un círculo muy vicioso que iniciativas como Orsai no han sido capaces de romper.
A pesar de las pequeñas trampas del proyecto ( que contaba con la red de protección que a Casciari le aportan las ventas de sus libros y sus obras de teatro ) , lo que intentaba Orsai era tan idílico que su solo ejemplo ya era un enorme peligro por la continuidad de una industria arraigada en el uso de la publicidad como fuente principal de financiación . Hernán Casciari me dejó unas cuantas frases para mi recuerdo personal : una de ellas en que él decía que era de izquierdas , pero de las de verdad . O sea, no un eco- yuppie , no un líder concienciado que se hospeda en hoteles de cinco estrellas , sino un, supongo , convencido marxista .
Pero este es mi post de la Diada . Y me parece que tíos como Casciari , que vive entre Sant Celoni y Buenos Aires ( por un motivo especial : su mujer es catalana y esta partida la ganó ella ) , aunque digan bien poquitas palabras públicamente en catalán y aunque publiquen en castellano , nos hacen falta en una nación como la nuestra . Independentista y de izquierdas , y ya que me lo preguntan , loco por la cultura como soy , no hay nada que me guste más que contemplar como la Catalunya que se nos acerca es la que a mí más me gusta : mestiza , impura , mezclada , más cerca de Gracia que de Pedralbes , más cerca de las escuelas de barrio que del IESE . Una Catalunya lejos de asepsia y rigidez , una Cataluña que no se afeita cada día , una Catalunya donde, como es lo más normal del mundo , y lo más sano , nos cagamos en quien nos gobierna apenas cinco minutos después de haber lo aplaudido por gobernarnos.

diumenge, 1 de setembre del 2013

LA CASTA

Se puede ser músico por haber estado rodeado de cultura por todos los lados, y que sea una ventaja añadida crecer en una de las mayores ciudades del mundo. Pero se puede ser cualquier tipo de músico, optar por la venta de discos como churros, a base de repetir un esquema una vez y otra. O eso, o se puede ser relativamente osado, agrandar el alcance de algo que empieza como una especie de pop con un ligero acné, olvidar las poses para el público, y decidir encabezar algo que ya veremos si es grande, pero que no se resigna a ser pequeño.


Se puede ser músico por el privilegio de tocar el piano desde los tres años, por no hacer falta ni partitura ni teclado, por, en medio de una formación que se presume clásica, absorber todas las influencias que hierven a tu alrededor. Te puede invitar una presentadora mona con problemas con un vestido demasiado estrecho, y tú puedes convencerla de que tu flequillo descontrolado, tu cara de chalado y tu batín de ir de bonito son solo envoltorios que esconden al musical genius.


Se puede ser músico y comprender que, para aparecer en un programa decadente a mediodía en un canal francés, y no esperar ser visto más que distraídamente por una serie de gente más pendiente de que el café no se enfríe, el flequillo debe ser domado con severas dosis de gomina y el batín planchado de forma conveniente.


divendres, 30 d’agost del 2013

LA HOGUERA DE LAS NAVIDADES

No tengo vergüenza. La gente se agolpa y deja mensajes que supuran una amarga mezcla de cierta manía y cierta impaciencia. Mucha gente: tanta como en esas películas donde el amo de la casa que se está incendiando ha de abrirse paso entre la multitud y convencer a los bomberos de que le dejen atravesar el cerco (esa cintita de plástico amarillo tan endeble pero tan socorrida) porque la que se quema es su casa. Bueno: el tiempo. El tiempo que empleo en otras cosas más mundanas que la escritura compulsiva de mis devaneos. El tiempo que es oro y el tiempo que es un canalla. Cómo noto que llevo un tiempo sin escribir con espíritu desprendido de algo que no sean libros o discos. Joder. Cómo lo noto. Cuando se acercan muchas cosas y a la vez otras se alejan, lo cual viene a darme la idea de que el universo es, al menos para las personas, bidimensional. Atrás o adelante, izquierda o derecha. Sí: hago un hueco para el mantenimiento de la carcasa. Comer y descansar. El espíritu: los libros que ya ni hace falta que salgan aquí, que insisto que los de UnLibroAlDía ya están llegando conmigo a extremos grotescos. Lee lo que quieras, hasta auténticas porquerías. Despáchate a gusto, vomita en un rincón y ponlo todo perdido que ya enviaremos a alguien a que pase la fregona. Joder, qué individuo adorable el Santi este. La cuestión visual: pero si hasta vi Argo, por primera vez en largos meses una película nueva y no una reposición de tarde aburrida de domingo en un canal de mierda. Ah: y Walter White: esa cita sí que me tiene ahí, cada martes sus tres cuartos de hora para que yo vaya comprobando el lento posicionarse de las piezas sobre el tablero. Para que yo elucubre de que igual sería un buen tema el hablar acerca de cómo ciertas series modernas han entronizado la figura del hombre de mediana edad y escaso atractivo a priori que decide tomar las riendas y revelarse como el auténtico héroe del nuevo milenio. Si, llamese Don o Tony o Walt, tipos con barriga o con gafas o con enfermedades de mucho cuidado que se convierten en paradigmas del hombre medio: el que ya tiene más vida por detrás que por delante, el que tiene que mirar la etiqueta de lo que come, el que cada año por estas fechas piensa si no debería pasarse por un gimnasio para hacer algo más que estar sentado ante un teclado, o en un sofá, o en una sala de espera, o donde sea, porque eso es lo jodido, la edad en que ya no queremos estar estirados sino sentados. Que de eso a echar comida a las palomas hay medio paso.



dijous, 15 d’agost del 2013

CRESCENDO


Un post libre de spoilers.

Ser cuñados. Una relación curiosa. Dos hombres que son cuñados porque se han casado con mujeres que son hermanas. Lo diferentes que pueden ser dos hermanas. Bueno, si son gemelas, está aquella cosa del equivoco y el morbo añadido. O lo de que se casen con dos hermanos, y si son gemelos. Puf. Qué lío. Pero no: Hank y Walter son cuñados y sus respectivas mujeres no son hermanas gemelas. Su relación es doblemente política, pues ni sus mujeres tienen mucho que ver uno con la otra (la de Hank es impulsiva y la de Walter es reflexiva, por ejemplo), ni sus vidas han llevado derroteros demasiado parecidos. Bueno: eso ha sido muy obvio. En todo caso, Hank y Walter han demostrado a lo largo de cinco temporadas haber desarrollado una buena relación, una relación que, sin llegar a tratarse de una amistad, es lo bastante cordial y confidente como para confiar en su solidez. Si se conocerían si sus mujeres no fueran hermanas es muy improbable. Pero Hank y Walter tienen esa relación familiar asida por nudos que parecen ser, o nuestra cultura nos ha convencido así, muy fuertes.

Leer en el WC. Una declaración de principios, la gente que tiene revistero en el WC. Ahora justo que ando leyendo un libro de Roth en el que el padre del protagonista está agobiado porque sus tripas no se mueven. Pues leer en el WC, cuestión de la que ayer conversaba a cuentas de lo apretado de mis horarios, resulta ser un ejercicio saludable. Importante relajarse ahí. Una lectura no demasiado densa, yo aconsejaría. La prensa, si es que somos capaces de encontrar periódicos que no nos enerven, o algún suplemento de esos que hablan de ocio, de lugares donde divertirse y comer. Después de todo, algún equilibrio habrá entre leer sobre comer cuando estamos descomiendo. En cualquier caso, en casa de Walter White en el WC hay un libro de poesía de tapa dura y verde, verde y dura, que es de Walt Whitman. Curioso lo de la poesía en el WC, tiene algo escatológico cuando se asocia poesía a lirismo y romanticismo, pero no: hay poesía arisca y que emplea palabras malsonantes y que para nada es incompatible con el vaciado de los intestinos.
En eso anda Hank cuando, dos casi amigos maridos de dos hermanas, dos por dos es cuatro y dos más dos es cuatro, ve esa doble-doble v, esa montaña rusa que es la WW. La ve en la dedicatoria y lanza esa mirada: digo lanza, pero diría pone, muestra, interpreta. Y uno sabe que no es porque ese sea el justo y placentero momento de relajación del esfínter: es una mirada estulta, perdida, indignada con el mundo e indignada consigo mismo. Mirada de ya lo tengo y mirada de qué se me viene encima. Mirada de qué tonto he sido. Claro. Cuando uno sube por primera vez a la montaña rusa, no sabe lo que le espera.

Está aquí, desde el 11 de agosto.

Y sí, esta es la entrada número 1000.

dissabte, 3 d’agost del 2013

WILLIAM FAULKNER: Santuario - GUILLERMO EL TRAVIESO


Los habituales ya sabéis que últimamente la cuestión literaria aquí ha cedido su intensidad a otro sitio. Nada especial, solo constatar que en UnLibroAlDía me encuentro a casi todos los habituales y que, bromas privadas al margen que sólo aquí tienen sentido, todo lo que allí digo aquí lo diría también. No voy a copiar y pegar, ni, con la escasa disponibilidad de tiempo, voy a escribir dos veces. Por tanto, daos cuenta de cuántas pocas excepciones hago y qué justificadas son estas excepciones.
Santuario es mi primera lectura de Faulkner. Aunque había leído muchos párrafos sueltos y todo lo que de él me había llegado indicaba lo mejor, hacía falta corroborarlo. Bueno: hacía falta. Ya se sabe, podría haber escrito cientos de alabanzas sin sentido, basadas en pillar aquí y allá. Pero hay que experimentar. No sé si he acertado en la elección: Santuario es su novela más célebre pero también resulta que renegó de ella porque la había hecho por dinero. Lo cual es un pedazo de pose. Renunciar de todo aquello que no ha surgido de la pura necesidad de escribir, porque ha surgido de la pura necesidad de comer (o de comprarse una casa mejor, un coche mejor, mejores drogas, vinos caros, mujeres de mala vida, lo que sea). Pues por mucho que renegara Faulkner, va a tener que joderse: fuera por el motivo que fuera, el libro le salió hecho una obra maestra. Aunque suele suceder que no siempre uno es consciente de que lee una obra maestra justo en el momento, las sensaciones a veces surgen no solo al cerrar el libro, sino semanas después (por ejemplo, ahora) cuando recreas su lectura.
Casas desvencijadas en medio de bosques irregulares, tan hechas polvo que cuesta concebir que nadie habite en ellas. Personajes en las fronteras de todas las situaciones anómalas; tarados, perdidos, fugitivos, indocumentados, individuos inestables esporádica o definitivamente. Tiempo que se detiene, miradas que manifiestan sentimientos de bajeza simpar. Leyendo Santuario, que ya voy adelantando que es la novela de terror más efectiva que he leido, he vuelto a la cabaña de Twin Peaks y he sentido el frío solo posible en un bosque rocoso en plena noche de invierno. He notado que la maldad absoluta tampoco necesita de demasiadas sofisticaciones ni demasiado atrezzo rodeándola. He llegado a la conclusión casi científica sobre de dónde surgia la precisión clínica de Capote en In cold blood y me he explicado muchas figuras cinematográficas oscuras. He visto a tipos con traje, sí, pero con el mismo todo el santo año, y he visto a tipos con cigarrillos a medio consumir colgando de la comisura de los labios, mirando con recelo, de reojo, tramando cual va a ser la siguiente y no pensando lo más mínimo en las repercusiones de sus actos. He llegado a pensar en el viejo asunto peninsular de los crímenes de Alcàsser. Terror, sí, el terror más efectivo es el que vemos más cercano a la realidad, ni tipos con máscaras ni señores con capa ni licántropos de tos cazallosa. Leer Santuario tiene muchas facetas y una es esa: saber lo cerca que cualquiera está de ser un monstruo, tan cerca como lo está de ser una víctima; reconocer el estrecho margen en que se mueve la normalidad, y las enormes rachas de viento que afectan al funambulista que anda por la cuerda.

dilluns, 29 de juliol del 2013

I RAN

La vi hace unos días: de hecho cuando escribí sobre el fenómeno de HispanTV debería haber enlazado rápidamente el tema, pero qué cabeza la mía. Sí: solían impactarme las películas que me gustaban. Solía hacer una cola de decenas de metros y solía buscar una fila cercana a la pantalla y solía buscar una postura cómoda cuando se acababan los anuncios. Todo eso ya es lejano: el cine, tras ver series, demasiadas series y prolongadas (11 de agosto; subrayado en mi agenda), ha dejado de ser lo que fue. Dos horas no suelen dar para mucho. Pero las dos horas de Argo valen la pena si hacemos esa consideración: un episodio aislado en medio de un conflicto de largo recorrido. Argo cuenta la historia del asalto de la embajada de USA, tomada por la turba iraní en medio de la revolución de los ayatollahs. Recrea los hechos y cómo una especie de héroe americano (cómo no) pertrecha un plan para salvar a una serie de diplomáticos de lo que parece ser un final más que incierto: si los iraníes los atrapan en su huída los acusarán de ser espías, de colaboracionismo con el régimen saliente (el del Shah Palevi, que, afortunadamente, es presentado de forma objetiva como otro extremo igualmente maligno). Ben Affleck, que suele parecerme un guaperas plano hasta la saciedad, lo hace bien. Los secundarios, todos ellos actores desconocidos, cumplen con su labor. Una película eficaz, aunque si he de optar por películas ambientadas en conflictos de Oriente optaría antes por Syriana, o por Munich, que tienen una cualidad, digamos, más profunda y reflexiva. Argo, sensacional cine de entretenimiento, es un episodio de buenos y malos, un episodio de dos horas con su carga de suspense y su dosificación del tiempo, seguro que memorable para los especialistas irredentos, para esa minoría atrincherada que defiende al cine frente a la banalidad de la producción televisiva, de las series de ocho temporadas, de las tramas que a veces ceden frente a las reacciones de las audiencias. Sí, es memorable, pero, puestos a esa reconocida capacidad de recreación, pensad en el primer capítulo de la primera temporada de Homeland. 

diumenge, 28 de juliol del 2013

MALA OPINIÓN PÚBLICA

Me hago fotos en blanco y negro: ergo hay que tomarme en serio
Cómo se llama eso?. Catalizador. Quizás, elemento de cohesión, tal vez. Comburente. No sé. Conjunción de estrellas. Lo que sea, pero la combinación logra que yo escriba aquí sobre dos temas que no me interesan lo más mínimo simplemente por los chispazos que ha generado su combinación.
TeleCinco: cadena televisiva española, privada, caracterizada por centrar su programación de forma exclusiva en lo más rastrero (y hacia lo más rastrero) entre lo rastrero de la sociedad. El mundo rosa. La trilogía básica del neorrealismo de esa post-guerra estirada hasta la saciedad: folklore, toreo, fútbol, famoseo venido a menos. Falta de talento. Las relaciones personales, siempre desde sus aspectos más tenebrosos y cercanos al asco y la repulsión física. Infidelidad, relaciones inconfesables, peleas, insultos, bajeza. La especialidad de Telecinco son los reallity-show. Los reality show: juntar agua con aceite con café con gasolina con baileys con agua tónica con alcohol y esperar que alguien se presente con una cerilla y una batidora. No hace falta ver muchos para saber que su apuesta no es es la de mostrar a cuatro tipos leyendo tendidos en una hamaca al sol. La apuesta fue la tensión sexual, por ejemplo, pero ya se ha demostrado que para eso está el porno que lo hace mejor, con más sentido estético y el mismo realismo. La apuesta, entonces, fue la pornografia sentimental, la ratomaquia, el acoso y derribo al enemigo hasta la destrucción (con premio en metálico, por si la bajeza necesitara más justificación). El grito, la discusión, la traición, la hipocresía.  

Lucía Etxebarría: escritora en horas muy bajas. Mucho. Cuya obra ha andado liada en acusaciones (dicen que muy fundadas) de plagio. Cuya última llamada de atención fue publicar en Facebook que dejaba de escribir, ofendida por el pirateo (y cuya respuesta en masa vendría a resumirse en un "nos la suda" muy coral, casi producto de noches febriles de ensayo). Parece que con problemas con Hacienda. Sí, la Hacienda que se escribe con mayúscula, la de las cartas certificadas que, entre menciones a leyes y a normativas, incluyen una cifra que se les debe. Pero, en fin, vamos a decir que el término "escritora" le ajusta. Pues bien, decide abrazar el dinero fácil y lanzarse a participar en un reality show de Telecinco. Sus oponentes, como es de esperar, lo mejor de cada familia. Padre renegado de un travestido que ha participado en otro reality. Hijo de torero. Participante en tertulias rosas. Modelo de segunda fila a la que el tiempo empieza a pasar factura. Misses y místers. Muñequitos de silicona en diversos modelos y tamaños. Pon en medio a una escritora. A una escritora con muchas ínfulas, de esas que a algunos les cabrean tanto. Hablar con mesura, bordeando el susurro, como enviando el mensaje de que tu mensaje grita por sí mismo, sin necesidad de decibelios. Restregar formación, o sustentarse (??) del talento. País de la envidia. Donde el más respetado es el que ha robado mucho y aún no ha sido descubierto. Vaya ojo el tuyo, Lucía.

Entonces que a Lucía le haya sido imposible la convivencia y haya protagonizado (para que yo lo haya visto) uno de los espectáculos más patéticos de inmadurez jamás contemplados solo ha hecho que convencer a esa masa (despreciable? pero masa) de televidentes aborregados de que los escritores son ejemplares raros de la especie solo aptos para estar tras una mesa ensimismados, solo eficaces contra las fases agudas de insomnio y necesariamente inadaptados. Ese es tu logro, Lucía, cerrar con candado el prejuicio y perder la llave. Poner una etiqueta y pegarla con cola de impacto, aunque sea injusto, a todo un colectivo. Lo realmente jodido es que lo único que equilibraría eso, lo único que despegaría esa etiqueta que atribuye a los escritores cualidades como engreimiento, pretensiones, volatilidad, fragilidad, es que uno de los nuestros entrara en un plató y se liara a tiros. Ja. Eso cambiaría las cosas. Pero no pasará. Gracías Lucía: tus artículos se cobrarán más caros y tu próximo libro se venderá lo suficiente. Pero lo has jodido todo. Las pocas esperanzas.

dimecres, 24 de juliol del 2013

LO TANTAS VECES POSTERGADO


Gracias a Google y a Internet, uno se va desplazando de sitio en sitio,( a veces a la búsqueda de novedades que aporten excitación, a veces justo lo contrario, a la búsqueda de opiniones parecidas a las de uno, como sin tener ganas de discutir con nadie), sin más plan que los links que va pinchando. Desde Youtube presencio tertulias izquierdistas en canales minoritarios, decepcionándome de su escaso número de reproducciones y decepcionándome de ciertos elementos comunes a los más activistas. Un señor mayor con coleta y que siempre se presenta con un jersey bastante desaliñado, un actor, antiguo galán casual, que parece decidido a vivir separado del jabón, son solo un par de elementos destacados. Me choca esa especie de libro de estilo que parece separar tajantemente cierto perfil ideológico. Quizás porque uno de mi juegos favoritos de toda la vida es el  despiste. Uh, prueba entrar con traje y corbata en una tienda de discos alternativa, que el tipo te mire como diciendo "aquí no tenemos discos de Julio Iglesias", pedir Aphex Twin, que te digan Afghan Whighs, y que tú digas que no, que no es eso. Prueba leer libros, u oir discos, más nuevos que el promedio de los que leen los de la generación siguiente a la tuya (pero conoce a la perfección los libros y los discos de la que sí es tu generación).
El caso es que en ese infinito zapeo caigo en la web de un canal de TV llamado HispanTV. Canal que es acusado desde televisiones ultraderechistas por sus contenidos, que quedan explicados por su condición de aparato de propaganda o algo parecido del gobierno de Irán. En castellano, o en español. Canal que ofrece contenidos por internet como la serie Los piadosos, que en su séptimo capítulo, que he elegido al azar, proclama en los títulos de introducción contar con un asesor religioso. Bien, resulta que ese canal alberga programas y debates de supuesta extrema izquierda. Cierto, pero en todo caso extraño. No entiendo esas ententes cordiales basadas en los enemigos de mis enemigos son mis amigos: No entiendo el alineamiento con la causa palestina o la causa islámica para tocar las narices a Israel o al sionismo, o a USA, como si todos los judíos fueran banqueros y se apellidasen Rotschild, como si todos los norteamericanos fuesen Bill Gates. No lo entiendo porque, ya que estamos, prefiero la anarquía a cualquier totalitarismo, pero sin embargo creo que el sentido común dice que hay que regularlo todo para no caer en el falso espejismo del neoliberalismo. Así que llamenme incoherente: soy un independentista que quiere un estado nuevo, pero nuevo del todo. No los de siempre bajo otra bandera. Soy un mal tipo que quiere un gobierno catalán para cagarme en él a la primera decepción, que seguro que es pronto. Soy un contrario a la pena de muerte que piensa que muchos políticos no aplicarían el rodillo de la mayoría absoluta si conservaran el temor a que un encapuchado les meta un tiro. Soy un barcelonista que, después de meses de sequía, prefiere ver el partido de reojo porque ahora lo que quemaba era escribir. Soy un acérrimo de la lectura en cualquier condición, como nudo del asunto, como relleno de tiempo perdido, como alternativa a la TV, pero que encuentra absurdos a esos gambones ingleses pegados a un best-seller del que no se despegan en todas las vacaciones, ni siquiera para levantar la vista y comprobar si sus hijos se ahogan en la piscina. Soy un gamberrete que empieza a preferir un libro o un disco malo en el que canalizar negatividad antes que una agradable lectura (o escucha) que ni entusiasma ni indigna. 
Ah: Que estos principios ya se habían traslucido de alguna manera a lo largo de estos, casi, 1000 posts. Hostia. Cierto. En todo caso, mejor que hacer la lista de la compra. 



dissabte, 20 de juliol del 2013

ERRORES VARIADOS DE CÁLCULO

Resulta que, a raíz de un comentario colgado en uno de mis últimos post, decido adherirme a una iniciativa relacionada con el próximo 11 de septiembre.
Lo cual, teniendo en cuenta mi absoluta decepción por lo que ha sucedido desde el último, que fue sonado y heroico y ejemplar, pero cuya repercusión en la práctica, es nula o incluso negativa (hemos retrocedido, sin duda), no deja de tener su cosa. 
Se está organizando una especie de cadena humana que una toda Catalunya. Ya sabéis, gente de la mano, gente agarrada que solo se soltará para saludar a las cámaras que muy oportunamente pasarán para dar testimonio. Algo parecido se ha organizado con blogs y yo seré un eslabón de esa cadena. Seré enlazado desde otro blog y enlazaré a otro. Estoy en el número 101, que es un número simpático. Primo, capicúa, cercano al 100. Antes tengo un blog de Lleida que suela hablar de música soul y luego tengo un blog, mm, centrado en la política. Sin queja. Lo que sucede es que tengo una sensación rara ahí metido. Nunca he sido muy de englobarme en multitudes, ni física ni psicológicamente. Ya no es que tenga fobias sociales: es que uno tiene cierto sentido de la individualidad. A veces, y esto me resulta familiar haberlo leído en algún sitio, suelo especular si alguien más en el planeta estará oyendo el mismo disco que yo al mismo tiempo. O leyendo el mismo libro. Suelo responderme que no. Suelo, claro, cuando oigo o leo alguno de esos hallazgos que hago propios. Suelo mirar el número de visitas de determinado vídeo en Youtube y leer los comentarios. Temo que el 101 de ese día (vaya, he pensado en los Depeche Mode) sea el número en que algunos abandonen. Pues no tengo, lo que se dice, muchas ganas de emplear esa promoción en salirme de mis rectos procederes. Pero la exigencia es que el post hable algo de Catalunya. Joder, si es que cuando me imponen un tema es cuando peor lo suelo hacer. Tema libre, tema libre. Así que tengo esas siete u ocho semanas para ver como encajo Catalunya con una promoción nada disimulada de Scott Walker, de Alison Goldfrapp. de Frank Ocean, de Disclosure. O de cualquier otra cosa. Vaya: hoy hablaría de Detroit y de los MC5 y establecería un paralelismo con la Baltimore de The Wire, otra ciudad devastada por la deslocalización, por la huida de cierta gran industria que fue la que hizo crecer la urbe y, en su apogeo, la soltó dejándola caer con estrépito. Mencionaría, casi por una cuestión de obligación, el asunto de Tito Vilanova, el congojo que me da ver su mal aspecto, y la pena que me da que el Barça dé pena, por esa relación con enfermedades feas. Nos gusta ser fuertes y sanos y nos gusta no provocar sentimientos como la lástima. La lástima es un sentimiento noble pero deprimente. La lástima nos condiciona de una manera perversa. Las cosas de las que hablaría hoy fluyen y fluyen: me gustan los devaneos del chalado de Gonzales, me gusta verlo tocar sin partitura y dueño de su composición, para dislocarla, alargarla y modificarla. Me gusta, mucho, ese par de toques, pura madera, que alejan la música del clasicismo de señora jugando al bridge, que dicen, hey, hoy he dominado ese loco pelo mío y me apañé un cardigan. Pero soy yo, Chilly, y hago que la gente hable de mí. En 20 de julio.


dimecres, 17 de juliol del 2013

BRV

Los escritores que me gustan no suelen ganar premios.
Mucho menos premios de auto bombo cuyo objeto es el libro como producto, el libro como estadística.
Aunque esté bien empleado el dinero de estos premios, si no fuera en tonterías.
Pero aún así.
Los escritores que me gustan no suelen escribir uno tras otro artículos que siempre suenan a lo mismo. O sea, a reivindicación feminista de tres al cuarto, a intentona de enarbolar banderas de injusticia, a una serie de cosas que siempre acaban pareciendo, en su esencia, exhibiciones egoístas teñidas de altruísmo e interés por los demás. Cuando no lo son.
Cómo mola ir de enrollado por la vida, eh, Lucía? Que sí, que es lo más coherente del mundo apuntarte a esos programas que no ves en canales que no tienes sintonizados, acompañada de gente que dices no conocer, y con el aura que te precede. En el rey de los ciegos, Lucía, entre ignorantes, una escritora repetitiva y de medio pelo como tú va a resultar ser el paradigma. 
No. Lucía: hasta ahora desde aquí te había ignorado, pero ahora encuentro tu jugada mezquina y desesperada. Tú dirás que no te importa un calificativo y que aceptas el otro. Dirás lo de vencer al enemigo en su casa. Yo puedo aportarte una enorme lista de gente, gente incluso muy indigna en el mundo literario, que eso no lo haría. Ni se lo plantearía. Ni un segundo. A ningún precio.
Vergüenza: segunda fase de vergüenza, tras ver el patético espectáculo de Tito y Guardiola recriminándose escalas de grises de la amistad. A un nivel menor, porque me importas mucho menos que mi barcelonismo, vergonzoso es ver a una escritora que se autoproclama eso hundida hasta el cuello en los lodazales de la telebasura. Dinero, sí, nunca en la suficiente cantidad para dejarlo todo. Y lo peor: la posibilidad de que esa experiencia tenga efectos inspiradores, la brecha de dignificación por la que pretendas colarlo con el argumento del todo vale y del escritor de raza. Por favor, que nadie te dé lápiz y papel. No es que vaya a leer lo que escribas: es que me intranquiliza convivir en un planeta donde alguien pretenda escribir de esas experiencias, y donde haya gente interesada en leerlo. 

diumenge, 14 de juliol del 2013

LEGÍTIMO DERECHO AL PATALEO

El gran Paulie Gualtieri
Ah. Es que puedo quejarme. Mientras la maquinaria del estado español mantenga Catalunya bajo sus dictados mis impuestos son administrados desde Madrid. Espero que esto no perdure por mucho más, pero mientras la situación sea esta, podré quejarme de lo que pase allí, no porque ello mueva un ápice mi sentimiento de otredad, sino porque puedo hacerlo. O porque uno prefiriera vivir en otra escalera va a significar que no pueda opinar en la comunidad de vecinos donde paga cuotas. 
Así que debo sumarme a la masa que exige al gobierno del PP que se largue. Que dimitan, que se suiciden al alimón, que tomen un vuelo a la Conchinchina con un piloto novato y dado a la narcolepsia. Que compren una partida de vino caducado y la degusten con unos nuggets de pollo chino pasado de fecha. Que no es que tenga grandes esperanzas, visto lo visto, que cualquier otro partido de los llamados estatales vaya a modificar su política respecto a Catalunya (a pesar de que debo hacer hincapié de que es de los pocos territorios donde el PP no ha gobernado jamás ni ha llegado a ser más que una tercera o cuarta fuerza). Pero es que, incluso para los que creen en esa entelequia forzada del estado español, el peso de la vergüenza empieza a ser muy insoportable. Corrupción tras corrupción demostrada y nadie se larga. Ni siquiera aquellos que ya han robado como para garantizar tranquilidad económica para sus hijos y sus nietos. En Miami, huyendo,qué más da. La cuestión es no soltar la teta, y la cuestión es arraigarse en ese proceder mafioso. No llegar a hundir al extorsionado, para poder medrar de su esfuerzo por siempre jamás. No sé qué más debe demostrarse o insinuarse de forma tan clara. ¿Sabe el señor Rajoy lo que se dice de la mujer del rey y lo de ser honrado? Pues claro, pero le da igual. Hablarán de responsabilidad y de obra inacabada. Obra. Obras inacabadas. Quieren dejarlo todo bien atado y no dejar electorado huérfano ni país en estado de pre-rebelión. Tranquilos: agosto está a las puertas y la entelequia que Vds. defienden llamada España no saldrá a la calle para nada. Si acaso pasadas las ocho, que hace mucho calor, y falta poco para la Liga.

dissabte, 13 de juliol del 2013

DISCLOSURE: SETTLE (un post para reproducir extremadamente alto)


Pues voy a acabar entendiendo por qué este par de hermanos se han deformado las caras con unos garabatos, en todos lados, y también para la portada de Settle. Porque tienen tal cara de críos que hasta podría provocar que no se les tomara en serio. 22 y 19 años respectivamente tienen: pero no les voy a llamar angelitos. De hecho, mi corrección respecto a ellos queda limitada a mí reseña del disco para About.com. Para qué más. Porque si los Disclosure se merecen respeto no lo es porque tengan más o menos años o porque tengan que enseñarle el carnet a los barman de los locales en los que tocan para que les sirvan una cerveza. Los Disclosure merecen respeto (siempre y cuando no se acabe descubriendo que son la máscara tras la que se esconde un montaje que incluiría varios hábiles jefes de marketing discográfico y algunos de los mejores compositores y productores de música electrónica) porque su disco contiene al menos media docena de las mejores canciones de baile de los últimos quince años. Con tonalidades pop, con la ayuda de eficaces vocalistas, con el apoyo de video-clips que cumplen muy dignamente con el sentido que, antes de que la MTV se dedicara a otra cosas, tenían los video-clips: mostrar imágenes que complementaban la música y quedaban asociadas a ella. Todo en Disclosure es perfecto. Todo. No hay ironía. No hay retranca. Perfección sin empalago, sin dobleces.
Claro que recrean géneros, muchos de los cuales son anteriores no a sus infancias sino a sus nacimientos. Claro que hay deep house vocal que antes practicaron otros. O two-step. Pero chicos, chicas, lectores de este blog que toma pocas afirmaciones tan contundentes: vaya jodida manera de captar inspiración. Va: veamos alguno de sus ancestros conscientes o inconscientes.


Kym Mazelle: potente diva house. Colaboradora de artistas de primera línea del movimiento (o sea, mayoritariamente olvidados por los no aficionados). Oíd esas cuerdas, ese bajo que retumba y esa voz. Va, mantened los pies quietos.

MJ Cole: speed garage, two-step, lo que coño sea. Clubs en Londres, luces azuladas, profundidad, apoteosis del mestizaje. Bajos en su sitio, bpms dentro de tramos evocadores de ritmos casi sexuales. Ay ay ay.


House of 909: es que un nombre puede ser más definitorio de cómo se pretende sonar?. Esa voz casi suspirada, ese ligero tono épico. Casi triste.


Moloko: Roisin Murphy cumplía perfectamente con ese papel tan sexy a medias entre la diva que se queda atontada frente al espejo del camerino y la vecina que anda por casa en camiseta cantando y bailando sin reparar en los mirones. Boris Dlugosch era un remezclador anónimo. Y la música disco, o los cachitos que quedaban de ella, aportaba la bola de espejos. Que no es poco, ni muchísimo menos.

¿Por qué, entonces, lo de estos tipos ha de ser diferente que todas las intentonas posteriores? (incluyendo toneladas de basura comercial formulaica y adocenada) Ah. Pues ahí es donde juega la intuición. Puede que traicione, la intuición, pero uno va tras ella. Como si no, avanzo tras oir la primera canción del disco, que desde luego descarta ya la conspiranoia del marketing. A pocos se le ocurre poner en primer lugar una de las canciones más flojas y más rayantes, reservar los ases para las posiciones 6, 8, 10 del disco. Eso es como un suicidio en los crueles tiempos del skip. O eso, o una seguridad de que la calidad del material pesará por sí misma.

Voices (versión en vivo para el programa de radio de la BBC Live Lounge) es una de esas canciones que esperas escuchar en un club para elevarlo a la categoría de digno. Una en la que detendrías el dial si ahora hubiera diales en las radios modernas. Una chica que parece compañera de clase en el mismo instituto donde deben repetir algún curso de secundaria (ya que practicar con sintetizadores les impide tener tiempo para estudiar) aporta las vocales. Sentidas, con técnica vocal, pero sin búsqueda fatua del virtuosismo.


You and Me (vídeo promocional: que cuenta una historia y todo, por el mismo precio). Impecable crecimiento de fondo de la canción, en la que un bajo casi analógico va rebotando, desde 0:59, por debajo hasta que, exactamente en el momento 1:15, y repitiéndose en el 2:45, se deshace en un estribillo de los de antiguas manos al aire, sencillamente irresistible. Llamadle pop, posiblemente, pero con una muy importante (e ignorada) carga emocional que pocos han logrado. Quitaros la melodía de la cabeza, si sois capaces.



White Noise: aprovecho para advertir de que AlunaGeorge parecen dispuestos a dominar el mundo, ellos también. El convincente Gon describió su ritmo como de ping-pong. Brillante apunte, sí señor. La voz juguetea, sí, con el ritmo, y otra vez el vídeo es brillante y tiene sentido. Pero si he de elegir la cúspide de fascinación, el momento en que uno cerraría los ojos y se tiraría en paracaídas, es, cuando a los 3:10 la música se lanza desbocada e ignora (casi del todo) la voz, esa voz que antes lanzaba el estribillo ahora se retira y deja que el sonido lo invada todo. Es como el futbolista que marca un gol porque amaga con darle a la bola y en realidad la deja pasar. Ese momento justo es cuando uno se da cuenta de que, aunque las canciones tienen recorrido para ello, estas canciones no piden, como muchas otras, ser mejoradas con remezclas. Uno tiene que rendirse a la evidencia de que la mejor versión de las canciones es la del disco: que no será timado con versiones pretenciosas posteriores.


Latch: ese ritmo inicial es un homenaje a Soft Cell?. Ay: si Kym Mazelle podría ser la madre de estos chicos, Marc Almond sería el abuelo!. Otra de esas terroríficas subidas de intensidad que preceden al estallido vocal: marca de la casa que no repetición. Siempre logran que ese momento sea mágico. Y el vídeo vuelve a ser sexy, descarado, hormonal. Chicos, lleváis cuatro de cuatro.


Defeated no more. Y para demostrar que no solo de voces femeninas se sustentan sus bazas, una canción de ritmo que se deshace (a lo largo de todo el disco uno va pensando cómo cojones hacen para encontrar esos efectos que intercalan y que enriquecen las canciones), de esas que uno imagina en los clubes gays que, allá por los 80, alumbraron el movimiento garage. Aquí podria hablar de los Deep Dish o de los que fuera. De Circulation o de Move D o de miles de oscuros músicos que no tuvieron más participación que hits de escasa difusión. Pero mencionarlos sería injusto. 


Los Disclosure (insisto, tan buenos que no parecen reales) son una poderosa patada en la puerta dada por la industria musical británica. Como The XX o los AlunaGeorge (insisto, aquí también). Son un ventilador a toda potencia barriendo nubes sobre las dudas acumuladas, son un grito en la oscuridad, una advertencia orgullosa de que, aunque la escena americana de música electrónica ha tomado firmes posiciones, estas todavía se basan en el poderío comercial y promocional. Que la pérfida Albión aún es capaz de generar talento. Pobres tímpanos, los míos. 

dimecres, 10 de juliol del 2013

FALSOS SUBTÍTULOS

Pues sí: desde que ayer Tuli Márquez lo colgó en su muro de Facebook no pude dejar de quedarme fascinado con el vídeo que colgué esta mañana directo desde Youtube. Y que me sabe mal que no tenga versión alguna en la que pueda subtitularse a otros idiomas. Aunque hay mucho lenguaje no verbal ahí metido. El de la camiseta negra es David Fernández, miembro destacado de las CUP, formación política encuadrada, hasta el momento, en la más absoluta sinceridad de izquierdas. El del traje es Adolf Todó, ejecutivo bancario que ha dirigido Catalunya Caixa, entidad que en la actualidad está poco menos que expropiada y a la que se han inyectado cuantiosos fondos públicos. El escenario es una de esas comisiones parlamentarias y el turno de Fernández es de unos cinco minutos. Visiblemente tenso, Fernández parece ir a saltar en cualquier momento,  le traiciona ese apretar de boca que revela las muchas ganas que le tiene a Todó. Este, traje caro, corbata a juego, bronceado reluciente de los de salir con el barquito, parece haberse tomado toda clase de calmantes, incluido el mayor tranquilizante posible: la absoluta fe en la impunidad y la confianza en que sus amiguetes del poder le salvarán de males mayores. Fernández le interpela sobre las víctimas concretas de su nefasta gestión: familias sin hogar y personas a las que productos financieros de alto diseño han dejado sin ahorros con que salvaguardar la vejez. Todó habla de dolor como el que habla de cuotas de amortización de inmovilizado intangible. Hasta chulea dandóselas de buen gestor y de cotizado ejecutivo que, en otros tiempos, las entidades manirrotas se han rifado por contratar. Fernández se enerva y sus gestos, dejadme encontrar la palabra, no le traicionan ni le delatan, más bien muestran su sincera indignación, su pasmo ante la desfachatez del señor del bronceado. Muestran a alguien realmente a la defensa de quienes le han votado frente a alguien a la defensa de quienes le han pagado. Aunque no sepáis catalán, esos cinco minutos, con el colofón de Fernández diciéndole vosté es un lladre (usted es un ladrón), son magníficos, soberbios, esperanzadores de que exista aún alguien dispuesto a defender a la gente, aunque sea a costa de contener con dificultad, pero con éxito, el comportamiento más instintivo y natural: el que le haría bajar al estrado y soltarle un par de sopapos.

"Vostè és un lladre!" David Fernàndez (CUP-AE) a Adolf Todó (Catalunya C...

dilluns, 8 de juliol del 2013

Ismet Prcic: ESQUIRLAS

Sí: volveré a hablar aquí de un libro. Pero no porque lo que haya podido escribir de Esquirlas en algún otro sitio sea algo que no suscriba al cien  por cien. No es eso. Es que Esquirlas es una enorme novela que me ha tocado en los niveles que otros libros no suelen alcanzar y, además, me ha sumido en algún tipo de reflexión personal que no tiene sentido compartir fuera de este, el ámbito personal. Esquirlas es una narración repleta de misterios, una de esas novelas como las de Javier Cercas, donde protagonista y escritor comparten nombre, origen, edad, muchísimas cosas, de manera que uno tantea referirse a ella a ratos como biografía, como crónica, como diario personal y, algunas veces, pero en el fondo la que a mí me gusta más, como pura ficción.
Esquirlas narra la vida de un joven que nace en Bosnia, uno de esos países llamados de la antigua Yugoslavia, que nace a tiempo de formar parte de lo que se llamaría una fuerza de movilización, y que, como tantos otros, sin comerlo ni beberlo, se ve involucrado en el conflicto bélico. Va, soltemos ya el topicazo sobre las guerras civiles y hablemos de odio entre semejantes, de vecinos enfrentados, de amigos que dejan de serlo y bla bla bla. De conflictos étnicos y religiosos, de generales con pistolas amenazadoras colgando. del cinto.Y sí: hiere profundamente, en esa sutil y abyecta medida en la que uno proyecta esa situación hacia círculos cercanos, en la que uno piensa si el fachilla de turno que es objeto de chanza general cuando empieza las soflamas pro-unionistas no es capaz de volverse loco y, en medio de un conflicto, dárselas de héroe y ajustarle las cuentas a los antagonistas. La obra (sí, obra es suficientemente neutro y equívoco) habla de muchas cosas y podría pulirse en algún punto, podría aligerarse en alguna página pero eso le quitaría el encanto de la obra inicial imperfecta, la frescura del escritor que acomete con ganas cada página, y que siente que no puede dejarse nada de todo lo que tiene que decir. Viviendo en Catalunya, y posicionado de forma clara e ineludible en esa creciente mayoría que no ve ya más solución que plantar al estado español y dejar que se apañe con el resultado de sus votaciones y de sus mal cerradas heridas del pasado, la hipótesis de un levantamiento, de una involución o de cualquier cosa que entrañe barricadas y carreras por las calles toma cuerpo: poco, pero cuerpo. Y en esas barricadas y en esos edificios acribillados y en esos pueblos abandonados por una población diezmada y atemorizada veo a Esquirlas un par de detalles más adelante de la pura ficción. Veo a gente joven como el protagonista abandonando primeros amores en la búsqueda familiar de la seguridad para los miembros del colectivo. Los veo en batallones desvencijados al lado de tipos con los que nada tienen que ver salvo un sello en el documento de identidad. Veo el terror nocturno, las pesadillas tras el conflicto, el anclaje de los recuerdos y la sensación de perpetua inmigración, cuando los vestigios del pasado, el lugar al que se regresa a por la magdalena, han sido pasto de bombas, escenario de torturas y crímenes, han perdido todo el calor del antiguo hogar para ser el foco, el origen de todas las huidas y el destino al que no se quiere volver. Esquirlas es una excelente novela para cualquiera. Para ese fragmento de la humanidad actual que somos ya no los que proclamamos pertenencia a una nación, sino no-pertenencia a otra en la que nos sentimos ajenos, esta es una novela con un poderoso plus: la sensación de estar viendo futuros potenciales y el irresistible atractivo de mirarlos, de acercarse a ellos hasta casi tocarlos.

dijous, 4 de juliol del 2013

EL SÉQUITO, parte 2: LA VIDA REAL

Ah: en algún momento de la vida semana este blog ha cumplido tres años. Sí, se han hecho largos. Sí, parece que han calado de alguna manera. A unos cuantos, pocos (demasiado pocos: mi plan de dominio global requerírá varios milenios), pero ha calado. Aún así, la norma, el valor estadístico más usual es que pocos me hagan el más mínimo caso. Pero la persistencia es una cualidad que al burro le va muy bien.

Os hablé de Entourage, traducida como El séquito. De las historias de Vincent Chase y de su primer anillo concéntrico de amigos: los fieles de toda la vida resignados a disfrutar de su tren de vida. Del segundo anillo, los advenedizos, y de como a partir del tercer anillo solo hay que buitres y busconas. Pues bueno, como empeñada en superar a la ficción, la realidad me ha adelantado (por dos semanas, echad números) el regalo de cumpleaños de presenciar a los Toiss, corte de amiguetes de Neymar, ya sabéis. No tendrían una pinta más adecuada si hubieran surgido de un cásting multitudinario: hasta acabará apareciendo el reglamentario amigo con gafas, como diciendo que un cortejo de amiguetes nunca está completo sin el reconsabido gafoso con cara de empollón. No quiero que esto constituya una crítica, y vaya por delante que creo firmemente en el argumentazo que cualquiera interpondrá sobre la cualidad futbolística del tipo en cuestión. Pero el pack está completito, el estereotipo está tan cumplimentado que parece un check list con todas las casillas marcadas. Hace dos años el chaval andaba con un peinado diseñado a medias por sus enemigos y un nutrido grupo de los peluqueros daltónicos más desquiciados del planeta. Hoy se ha moderado y luce un peinado que no resulta grotesco, al menos. Parece una especie de nueva versión de Pigmalión, junto con sus declaraciones iniciales (inverosímiles) en catalán, suena tanto a prefabricado, a marketing deportivo de ese del que han estudiado tan sesudamente toda la cohorte de directivos, que no puedo evitar mi suspicacia hasta que lo vea metiendo goles. Supongo que el mundo del fútbol ya es tan competitivo y tiene tantos intereses que uno ha de anticiparse a los pasos de los competidores. Pero la pinta de pack no me la quito de la cabeza, la enorme expectación ante su eventual relación con Leo Messi parece carne de casa de apuestas, y no sé si esa era exactamente la perspectiva que más me atraía respecto a este tinglado.
Y por dios, ese gesto ridículo.

dissabte, 29 de juny del 2013

GANADO LANAR

Oh vamos. No es que yo pretenda poner en duda cualquier iniciativa que se ponga en marcha. No es, desde luego, que desde un rincón donde pocas cosas se ponen en marcha últimamente uno opte por la actitud de la crítica por la crítica. Pero, como catalán e independentista convencido, me pregunto qué, qué coño pretendemos que aporte a la causa la cuestión de reunir a unos cuantos músicos en el Camp Nou para proclamar lo que ya sabemos y, peor, otros ya saben que proclamaremos. Joder, menudos movimientos obvios, menudas estratagemas de pacotilla que nos da por diseñar. Ah. Que no lo diseñamos, que todo es generación espontánea y veu d'un poble y patatín patatán. Vaya tela.
Me veo esta mañana, despertándome en dos fases: el despertar de quien está acostumbrado a madrugar los días laborables. A las seis abro los ojos y a las seis y cinco vuelvo a cerrarlos. Cuando vuelvo a despertar, pasadas dos horas y media, sólo recuerdo que he soñado con que estaba viendo una carrera de F1 y Rajoy conducía un monoplaza. Eso sí es un señor sueño. Como estoy releyendo a Houellebecq, renuncio a usar el psicoanálisis para averiguar cómo eso ha llegado a mi cerebro. La F1, que me adormece, y Rajoy, cuyo nombre hace que me den ganas de consultar por internet las vacantes en organizaciones terroristas. Más, encima,  Wert en el blog de Talita. Ya estamos todos. 
Me veo esta mañana, mirando los tweets de la noche y colgando un tweet sobre este concierto. Me veo pensando en qué sentido tiene más que el de la tormenta perfecta para que los de @apuntem llenen más sus ya nutridas bases de datos. 
Esta es la situación. Cerca de diez meses después de la Diada que tenía que cambiarlo todo, lo único que parecen sugerir las encuestas es que el electorado se ha radicalizado en su mensaje independentista. Aventuro que no es difícil prever que es un proceso que irá a más. Cada nuevo votante que se incorpora accediendo a  la edad de votar es un joven normalmente consciente de que la perspectiva actual es funesta para su futuro. Por el otro lado, cada votante que se va al otro barrio es normalmente una persona que ha vivido una guerra, una postguerra, situaciones a las que no desea volver y que los medios de comunicación más habituales se empeñan en situar como un horizonte posible en caso de que una secesión abocase a una confrontación. Respecto a las edades intermedias, el azote del paro, de los recortes, de las bajadas salariales, de las políticas contra la población, no hace más que confirmarles día a día que cualquier situación diferente es mejor que la actual.
Pero para constatar eso no hace falta un concierto. El concierto, sobre cuyo impacto económico no pienso elucubrar, solo servirá para que canten los de siempre (con una transversalidad, ejem, artística, que me pone los pelos de punta), que lo escuchen los de siempre, que lo retransmitan los de siempre y que lo critiquen los de siempre. Nosotros pensaremos ladran, luego cabalgamos. Ellos pensarán, ladran, luego cabalgamos. Sin pretender azuzar para nada ningún tipo de descabellado plan armado, los bandos están formados ya. Puede que algunos no hayan decidido de qué lado están, puede que estén negociando los términos de su incorporación. Pero no hace falta conciertos para mostrarlo. Las banderas en los balcones hay que lavarlas para que nadie las tome por un trapo olvidado. La hoz tiene que estar afilada. Nada de celebraciones fatuas que no aportan nada ya. Ni comuniones multitudinarias ni subidas a montañas emblemáticas ni desfiles nocturnos por vías principales, ni campañas institucionales en el extranjero. A ver si vamos teniéndolo claro, que si les da igual lo que se vote o por lo que se manifiesten millones de personas, qué es lo que van a pensar de cuatro tipos (¡Gerard Quintana!, ¡Dyango!) subidos en un escenario diciéndole a la gente que extienda banderas, pero que no encienda mecheros, que las banderas fabricadas en China prenden con facilidad, y que el Camp Nou es nuestra otra catedral.

Salgamos a bailar. Ya.




dissabte, 22 de juny del 2013

LA BELLEZA SERENA DE CIERTAS ESPECIES DE ORQUÍDEA

Álex Azkona me obliga cada vez que escribo su nombre a plantearme la duda de la acentuación de las mayúsculas. Como básicamente soy un vago redomado (cuestión que esgrimo con habilidad, con argumentos de centrar mis escasos esfuerzos en obtener buenos ratios de productividad) eso debería hacer que yo le tenga una cierta manía (los argentinos que me leen me hacen dudar aquí: siempre en el castellano peninsular se diría que le coja una cierta manía). Como además soy un DFT (disléxico funcional de teclado; con la mano siempre yendo a una tecla antes que a otra), el tema de la doble combinación <tecla mayúscula+acento> me trae loco.
Álex Azkona (acabo de descubrir que desplazarme arriba para usar el corta y pega en el texto es aún más trabajoso que lo de la doble combinación <tecla mayúscula+acento> (y que toda esta explicación está resultando a la postre sumamente agotadora) ) me recrimina a través de Twitter mi alejamiento de este mi propio blog en aras, en beneficio, o sea, a favor, de alguno de esos en los que escribo no solo sino en compañía de almas ajenas (muchas a la vez compatriotas de Álex Azkona).
Mi mensaje de respuesta, en Twitter, ha sido gracioso. ¿No? Ni a monosílabo ha llegado. Ocurre que el tiempo es limitado, el de vida, el de estar en la cama, el de comer al mediodía. Todos esos tiempos tienen una barra delante y otra detrás que los delimitan. Ay: si delimitan me suena casi a dinamitan.

A lo largo de lo que llevamos de año he tenido muchos conatos de post. Muchos momentos de fulgor pseudo-inspiratorio en los que se encendía alguna luz o se hinchaba alguna venita o se me esbozaba alguna sonrisa en el rostro. Ese fulgor muchas veces era pura espuma de gaseosa o un aire de brisa que refresca para seguir sudando copiosamente a continuación.

Un día pensé en solazarme con los del cono sur pues el idiota de Rajoy hablaba de crear una especie de transnacional sudamericana del neoliberalismo ultracatólico. En advertirles seriamente de lo que se les venía encima si esa amenaza se consolidaba. Seguro que hubiera sido un post formidable, pero dudo que nadie que me lea discrepase. Rajoy y sus amiguetes son una lacra y una amenaza tan patente y obvia que lo único que podría sacarse de positivo sería que alguien que me leyera se sintiera empujado por algún motivo a empujarles hacia el destino que se merecen.
Varios otros días pensé en hablar de todas las cuestiones futbolísticas que han sufrido tantos vaivenes: victorias pírricas y derrotas heroicas y viceversa. Ahora mismo podría ceder a la tentación de hablar de los problemas fiscales de Leo Messi, y acabar argumentando algo así como que para dar impuestos a un estado como el español, dedicado a dilapidarlo en aeropuertos desiertos, trenes vacíos y estaciones de tren megalomaníacas, sinceramente ya prefería que lo escondiera donde buenamente pudiera. Estaría dispuesto a recibir toda serie de diatribas y las defendería con socarronería no exenta de cierta maldad.
Lo cierto es que todos esos no han pasado de ser apuntes y, mientras tanto, he reseñado libros y he comentado discos con distinta suerte y con estilos que no siempre han sido dignos de mi satisfacción. Sí: el ritmo ha bajado y sí, el responsable directo soy yo y lo limitado de mi tiempo. Pero también hay otro efecto: el ritmo de antes se elevaba por un promontorio que llevaba a un abismo. Incapaz de dejar de escribir, se había elevado tanto a la categoría de casi profesión que muchas veces la naturalidad era producto del ritmo competitivo, la efectividad era mero producto de cierta inercia.
Por los mismos motivos, apenas tengo tiempo de ver series. Tengo colgadas muchas de ellas, aunque estoy seguro de que el 11 de agosto estaré donde deba.
Ni de leer prensa: pero esto empieza a resultarme gratificante. El constante deterioro del mundo que nos rodea ya es bastante palpable paseando por la calle, está de más corroborarlo día tras otro en la prensa escrita, empresas cerrando y gobiernos imponiendo medidas contra la gente a quien gobiernan. Sí, contra. Gobernar contra ya tiene todas las coartadas, volvemos al feudalismo.
Pero Álex, y todos los demás, no dejo de estar. Una explicación que se queda corta, que es innecesaria y puede que hasta me haya salido emotiva y remilgada. No pienso dejar títere con cabeza y mi cabreo con quien sea que orquesta todo esto es mayúsculo: James Gandolfini no, joder.

dijous, 20 de juny del 2013

TARDE


Sí: como un periodista que se duerme justo el día de la gran noticia, a destiempo me pilla lo de Gandolfini. Tanto tiempo hablando de dedicarle el post que ponga en su sitio mi admiración por la serie y viene la locomotora y arremete contra mi y contra el incumplimiento de mis promesas. Y contra mis seculares prejuicios en contra de la excesiva totemización. Pero lo de Gandolfini. Uno puede atribuir lo de The Sopranos al toque mágico de HBO, a la apuesta segura que son las cuestiones de gángster, a lo que sea. Y hasta puede pensar qué habría sido de la serie con la elección de cualquiera de los otros actores que, dicen, fueron tentados para el papel. Pero Tony Soprano es el hombre del milenio. Reiros de casi cualquier otro. Echad números: qué actor ha popularizado hasta tal punto un personaje y lo ha mantenido tal número de horas en pantalla en una serie de tanto prestigio. Respuesta: sólo James Gandolfini. Su mirada perdida, su albornoz y su torpe descenso a por el periódico: su desparpajo tomando de la nevera el envase del zumo de naranja. Su ira ante la adversidad, su estoicismo y su calma como capitán del barco. Sus patos, su familia para arriba y su familia para abajo. Sólo Gandolfini, claro, jugando con ventaja pues quizás nadie le hubiera dicho que ese era el papel de su vida, el papel que hace, espero, que muchos rendidos admiradores nos hayamos sentado un ratito a eso, a montar cuatro frases precipitadas que no alcanzarán a darle toda la pleitesía que se merece por ser el personaje más poliédrico de (os permito dudar entre tres) una de las mejores series de todos los tiempos: de una serie de la que aprendías para la vida, y él era el involuntario profesor.
Grandísimo, y jodido como nada decirle adiós.
Segueix a @francescbon