dimarts, 20 de març del 2012

LAS MUÑECAS DE FAMOSA

No tengo motivos para recelar de una revista como RockDeLux, a la que me mantengo fiel hace décadas. A la que he enviado cartas que me han sido publicadas. Calculad, antes de disponer de un blog, lo que a mí me halagaba que una revista de distribución nacional, aunque sean unas decenas de miles de tiraje, publicase las cuatro líneas editadas que les enviaba de vez en cuando. Con la caída de las ventas de música, la revista cada vez se parece más a Orsai. Mucho contenido, apenas publicidad.
En el número de marzo han aparecido las votaciones de los lectores. Que eligen desde lo obvio para una revista musical, los discos y las canciones y los artistas, hasta lo más dispar, producto de la diversificación de los contenidos, a la búsqueda de suscitar el interés de nuevos lectores. O resignados a conservar de la manera que sea a los antiguos. En cualquier caso, los lectores de RockDeLux que se han tomado la molestia de votar eligieron como noveno mejor programa de televisión (tras programas más focalizados en la música) un pintorsco programa llamado Alaska y Mario. Por delante de Breaking Bad. 
Así que decido ver ese curioso programa del que ya había oído hablar. Lo cual resulta francamente sencillo : está en la web de la MTV española (donde se emitió), está en la web de la productora El Terrat, está en el Emule. Ocho capítulos de media horita, más una especie de making-off de cuarenta minutos que aporta bien poca cosa. Total, algo más de cuatro horas de ligereza.
Se trata de una especie de reality show que muestra las vicisitudes de una pareja más o menos célebre que decide casarse. Alaska es el nombre artístico de Olvido Gara. Cantante y famosa desde los primeros años 80, aún en activo. Debe andar sobre los 48. El novio: Mario Vaquerizo (en la foto) sensiblemente más joven, trabajó en una distribuidora ligeramente indie, Subterfuge Records, y desde ahí, tiene a su banda de playback (no puedo decir que sean otra cosa), llamada las Nancys Rubias, y representa artistas.
No sé que hubiera sido de esta serie en un canal de los que pugnan por las grandes cifras de audiencia. Resulta curioso ver a una estrella del frágil star-system musical español convertida en una prudente ama de casa que archiva facturas. O ver como el novio se refiere a sí mismo en femenino. El aburguesado sentido común de ella y la pléyade de amigos de todas las clases (en el sentido más amplio del término : profesiones, género, edades,) que van apareciendo. Me quedo desarmado si empiezo a pensar que en algún tiempo remoto eran el futuro de la música del país. T-shirts de Mecano y de Camilo Sesto y de Sabrina Salerno. Iconografía kitsch por doquier. La fiesta continua de la frivolidad, como olvidando todos los miembros de esa generación que el sida y la heroína se cobraron. Dos chaquetas por 20.000 euros. Una réplica afeminada de Johnny Ramone convertido en modistilla. El glam-rock como pretexto para pasarlo por el túrmix de una España cañí, y decir que todo es creación y joie de vivre. Los New York Dolls acompañando a sus ancianas madres a comprar zapatillas de franela.
Y la desagradable sensación de pensar que me ha gustado (algo, no os alarméis), y que no debería.

dilluns, 19 de març del 2012

EL DIA DEL CUATRO A CERO

- Va a venir mi abuela.
- Joder.
- No, no empieces. Está cada día más delicada y va a hacer el esfuerzo de arreglarse para salir y estar un rato con todos. Pero lo hace por el tema de la iglesia. La hemos convencido por eso y ahora no vengas tú con tus tonterías, narices. Madrugas un poquito, vamos todos a la misa de las nueve, le das un beso a todo el mundo, estás un ratito y llegamos al partido.
- Sé cómo va eso, cariño. Será un rato más de lo que pensamos, no querré quedar mal yéndome a toda prisa, y no podré ver ni un minuto. Me joderá y estaré cabreado todo el domingo.
- Pero si no es ni un equipo de aquí.
- Ya. ¿Qué más da, de donde sea, si quiero verlo? Es mi equipo favorito ahora, y ni se sabe cuándo jugará otra final de la Intercontinental. Igual nunca más. Igual cuando sea, pero no es seguro.
- No sé que es eso de la Intercontinental .Pero tendrá que ver de dónde es, ¿no? No es de aquí, no tiene nada que ver contigo. Hay que ser consecuente.
- Es sólo un partido que quiero ver. No hace falta hablar de ser consecuente. 
- ¿Y eso, por qué no hace falta hablar de eso?
- Porque si hablamos de ser lógicos y consecuentes, no sé qué pinto una mañana de domingo con tu familia, que apenas me traga, en una iglesia, cuando soy ateo. Con partido de fútbol o sin partido.
- Vaya.
- Sí.
- ¿Sabes qué?. Da igual. Déjalo correr.
- Dejo correr el qué.
- Mi abuela, la iglesia, mi familia... todo.



Se sentó hacia las 11 de la mañana, en la mesa del bar donde se encontraban casi siempre. Hacía algo de calor, pero peor había estado dentro, viendo el partido, rodeado de gente. Era extraño. Nadie era un forofo del Barça, nadie llevaba banderas ni bufandas ni trompetas, pero todo el mundo había visto el partido con atención, y el cuarto gol la gente, seguramente ya completamente despierta, gracias a los goles y al griterío y a las cervezas, ya lo había celebrado, como si no se tratase del equipo de una ciudad a miles de kilómetros de allí.
No quería pensarlo para no obsesionarse, pero, ahí sentado, aún conservaba la esperanza de que ella se presentara, ofuscada y un poco distante. Para empezar una de esas conversaciones algo tensas, esas que ella empezaba, de pie frente a él, dirigiéndosele fríamente por su nombre, Horacio, sin apelativos cariñosos, sin compadreos. Esas conversaciones cuyo tono descendía cuando ella reparaba en que la gente en otras mesas se quedaba pendiente de ellos. En ese momento decidía sentarse, a una distancia prudencial, pero a su lado. Y ese sentarse era el principio de una capitulación, eran los dos puntos que precedían a una explicación, por apenas unos minutos. Casi siempre, no más de un par de horas más tarde, acababan haciendo el amor en el primer sitio en que les era posible.
Pero el tiempo pasaba y ella no aparecía. Ni estaba de pie, ni sentada. Decidió sacar el libro que andaba leyendo, y aprovechar el rato. No quería parecer alguien expectante, alguien que rastreaba rítmicamente el horizonte, de izquierda a derecha, en busca de algo.
Empezó a leer y, a medida que lo hacía, perdió la noción del tiempo. Paró un momento y echó un trago a la Coca Cola. Sacó el teléfono para comprobar si estaba en silencio, si estaba encendido o no, si había algún mensaje diciendo vamos a vernos, veámonos.
Pero lo único que tenía frente a él eran las dos botellas de Coca Cola vacías y las páginas de su libro. Se sumió, de nuevo, en la lectura. Decidió no volver a mirar el teléfono. Ya lo había hecho demasiadas veces. Al rato, miró la hora. Pensó que quizás era el momento de irse. Dudó si debía llamarla, por si algo había pasado. ¿Qué iba a pasar?. Lo único que había pasado era que su historia se había acabado.
Dejó el libro abierto sobre la mesa del bar, con cuidado de que no se mojase con las gotas que habían supurado del vaso. Entró a pagar, y cogió en la barra del bar una servilleta, para usarla como punto de libro. Cuidaba del libro y no quería doblar ninguna hoja por una punta. Iba a acabar de leerlo en casa, comería alguna cosa y ya vería que haría por la tarde.

Cuando volvió a la mesa, el libro ya no estaba.


ACEPCIONES DE LA PALABRA PRENSA

Ah. Prensa no sólo es, en la península Ibérica, como se llama al conjunto de los periódicos que se publican. También es algo que, a través de un proceso de tipo mecánico, acaba aplicando una determinada presión (que llega a ahogar, y cuando lo menciono recuerdo cierta escena en Casino de Scorsese). Pues ahora lo comprendo. Era eso.
Hace unos días el periódico ultraderechista ABC regalaba a sus lectores esta portada señalando a Catalunya (ellos, lo ponen con Ñ, un educado señor de Argentina lo pone con NY pero ABC no, ABC ha de optar por la Ñ a toda costa, marcando territorio como los gatos cuando mean por las esquinas). Señalándola como la autonomía del Estado responsable, no solo por sus votos, del período de poder socialista, sino, además, de la perversa y diabólica semilla de la división de la nación, condición previa al Armageddon. De injusticias educativas y económicas, de leyes permisivas, de un exceso de iniciativas, todas ellas, muy poco en sintonía con la melodía de moda. Esa melodía que silba el PP y su aplastante mayoría absoluta. Con un ritmo muy marcado y un soniquete de himno militar. Redoble de tambor, paso solemne. Banda de viento, pero no la festiva de Tremè. Más bien la que acompaña desfiles de la Victoria, donde marcar músculo en número de tanques, y en tropas.
Pero no pensemos que iba a haber bastante. A esa portada hubo dos réplicas, voluntariosas y originales pero algo toscas, de periódicos en catalán.
Pero hoy tenía que producirse un segundo golpe. El descabello, que dicen por ahí.

Pues si en otros momentos la gente se peleaba por ocupar el centro político, ahora, con la presencia en el poder de una derecha radical y reaccionaria, con una amplia mayoría que es un cheque en blanco, todo el mundo se quita la careta. La extrema derecha abandona las cuevas en que quedó confinada (aunque ellos preferían la palabra cuarteles de invierno). Ya se puede alardear de franquismo con la cabeza bien alta. Que las reacciones serán simplemente sonrisas cómplices y miradas de condescendencia. Ya se puede azuzar a las masas contra enemigos bien identificados, que son los que siempre han sido. Los de la raza, los de la religión, los de la unidad de la nación, los comunistas, los intelectuales, los jóvenes de pelo largo, las jóvenes que quieren abortar en vez de arrastrar de por vida consecuencias de errores (por que las relaciones fuera del matrimonio siempre son errores, y los errores hay que pagarlos). La libertad mal entendida y el libertinaje. La indisciplina y el exceso de ensoñación. Así que a nadie debe extrañar la portada de La Razón ( la española ) de hoy. Periódico que, desde que el PP está en el poder, debe haber incorporado, junto a la corbata y el cuello duro, las rodilleras como parte obligatoria en su uniformidad. Porque Rajoy será el segundo gallego que salve España, porque hay que hacer desaparecer a la turba roja. Porque igual hay que hablar del problema catalán. Entonces los periódicos ultras resuelven sus diferencias comerciales y aúnan esfuerzos. Que hay que bregar por despojar de derechos a quien sea en nombre de la recuperación de la crisis y del bien común, pues se hace. Que hay que montar encuestas con preguntitas sesgadísimas, pues se hace. Si seguro que encontraríamos un pretexto para haber matado a Bambi. El hambre, que todo lo puede. Y sigo preguntándome si no les doy más cancha de la que merecen, pues a estas horas yo debería estar recomendando otros blogs o hablando de magníficos comentarios que he recibido y, ofuscado por estos ataques, no encuentro el tono ni el momento.



diumenge, 18 de març del 2012

LOS AMIGOS INVISIBLES

Si no hubiera sacado de dentro de mí la tensión y la rabia acumulada, este post no hubiera existido nunca. O hubiera sido un eterno borrador, una eterna promesa, un proyecto nacido con la vocación de ser inconcluso, de gestarse en el vientre no nueve meses sino doce o quince o veintitrés. Pero pude deshacerme de la bilis, pude entrar en la habitación y destrozar simbólicamente la vajilla, y ahora la calma, lentamente, se apodera de mí. El sosiego me invade, no el adormecimiento de media tarde de domingo, esa perniciosa sensación de mezcla de stress post-vacacional y angustia y sindrome de evitación, no. Una agradable noción del tiempo aprovechado, de justicia impartida, de final de obra y turno de agradecimientos.

Pedí permiso para recomendar este blog : notengoelchochopafarolillos.tumblr.com.

Que no os desarme el epatante nombre: como ciertos niños, algunos blogs arrastran nombres que no se merecen. Puede que su autora piense si es o no adecuado a estas alturas haber reciclado una frase que me suena en boca de la protagonista de Aida, para nada plato de mi gusto. En todo caso, me autorizó a divulgarlo, y aquí os lo presento: es el blog de alguien que vino a España, se supone, en busca de una mejor vida, y no tiene muy claro haberla encontrado, o mejor, su trabajo agota su cuerpo y agota su mente hasta el punto de impedirle alcanzar una lucidez mínima para evaluarlo. Y mientras tanto, nos regala sus escritos: sentido común y fina ironía desde las simas de una nave industrial donde nuestra protagonista transita en medio de souvenires y compañeros a los que la apatía ha aniquilado cualquier atisbo de sentido crítico, de osadía, de alegría fruto de la espontaneidad.  Apenas ha escrito ocho o nueve entradas, pero el tono escéptico, personal, es extraordinario.

El domingo a las seis de la mañana sonó mi despertador. Mi hijo tenía partido a las ocho y media y había cosas que hacer. Además me gusta tener margen para las cosas: soy un obseso de la puntualidad, pues como odio esperar, procuro evitar a los demás esa tortura. Justo a esa hora vi un extenso comentario que me había dejado Horacio, desde Argentina, sobre Cien años de soledad, libro de García Márquez. Me resulta apremiante la sensación de yo debería haber leído ya este libro tras comprobar el unánime entusiasmo. Pues no sé si la opinión preconcebida al ver a García Márquez en lujosos apartamentos con vistas a Central Park me ayudaba mucho. Esa opinión tan 90's sobre escritores de éxito global que fingen sobrellevar penosos exilios en viviendas donde tocan a 300 metros cuadrados por habitante. Pero eso no es lo importante: Horacio, desde Argentina, me regaló ahí prácticamente un pequeño relato, o al menos a mí me lo pareció. Sobre su relación con el escritor y su relación particular con el libro, una historia de vaivenes y de reencuentros. Potente y evocadora. Cuando digo que los comentarios son el agua que riega los blogs, no lo digo de manera gratuita.También son el aceite que engrasa la máquina, y la sangre que mantiene vivos y en funcionamiento sus órganos. El anticongelante que evita que el frío lo detenga. La leche que le permite crecer y tener buenos huesos. El sudor que mantiene fresca su superficie. La Coca Cola que permite sus combinaciones con otros ingredientes. Sí : los comentarios son, todos, líquidos muy necesarios. En un mundo al que le falta, dicen, la liquidez.

CONSPIRA PARA DERROCAR YA, POR LAS ARMAS, AL GOBIERNO DEL PAIS EN EL QUE VIVES

Y de repente mi blog aparece con una extensión .es detrás del .com. Que me recuerda en qué Estado estoy pero también en qué estado estoy. A merced de Blogger (o sea, de Google) y sus caprichos y sus directrices pues al final todo se resume en : chaval, no pagas un céntimo por tener un blog, así que ya que te regalamos el proyecto, habrás de respetar las reglas. Y Blogger se disfraza de algo que no acaba de gustarme (se pone una corbata que aprieta algo), porque la justificación alegada acaba haciendo referencia a complicados conceptos como las legislaciones locales, y la palabra censura resuena, al principio tímidamente, pero no, el grito es cada vez más profundo y la voz es más gutural. Todo remueve mis intestinos, pues me da por pensar (y contra más lo pienso más convicción tengo de que no me equivoco) que, según qué escriba o qué libro comente o que vídeo incluya, alguien no vaya a verlo. Y no me da la gana que la gente de Blogger customice mis posts y el de Colombia y el de Ecuador y el de Suecia acaben viendo versiones diferentes, incompletamente diferentes. Si es que yo llego a disponer de todas las piezas, que igual ni eso. Así que señores de Blogger. en espera de un futuro mensaje que me avise de que he sido declarado persona non-grata y mis casi 600 entradas se han evaporado, por algún indescriptible, y por tanto irresoluble, error de un sistema remoto de archivos, y antes de eso (y despues de intentar guardarme un pdf con todo lo humanamente posible), me lo pienso un rato, y decido llamarle al post justo como lo he llamado. Para que no haya duda, para que todos se me pasen por la piedra, para que los vetos caigan en cascada y no dejen ni una sola palabra sana, para que hasta las comas, si es menester, sean eliminadas, y dejen mi texto en dos meros puntos suspensivos, que hasta tres darían que pensar. Palabra muy peligrosa, en todos los países, por lo que se ve.


divendres, 16 de març del 2012

DEFECTOS DE FABRICA

Ya lo voy comprendiendo. Todo el mundo es tímido, o inseguro, o ambas cosas. Meterse en discusiones no nos va, a no ser que tengamos garantía de salir vencedores. Puto país de bandos antagónicos. Yo sé más que tú, yo gano la apuesta. Si ganar la apuesta acarrea tu completa destrucción, mejor que mejor. Es por eso que la gente no comenta. No quiere meterse en berenjenales de los que no sabe cómo salir. Puto país de cobardes que guerrean sin saber el motivo. Cómo osamos pensar algunos que acabaremos algún día con ésto. A veces hay que repartir cuatro hostias para imponer la no violencia. Demasiadas veces le damos la razón a aquello de si quieres la paz prepárate para la guerra. Pobre Gandhi, que hubiese venido a Barcelona. Igual le hubiera gustado el fútbol. Pobre Eric Abidal, aunque quizás tenga más suerte que Roberto Bolaño, pues ese otro hígado nunca llegó. Empecé enfadado, en este mundo donde triunfa y se reivindica lo tibio y lo moderado, ¿digo lo gris?, sí, lo digo, ¿digo el centro político, ese espacio maduro que todos los políticos quieren ocupar con tal de ampliar su espectro?. También. Joder con la moderación (y con las palabrotas que acumulo en este post). Joder (otra vez) con la uniformidad y el pretender imponer la armonía a toda costa. Mucha gente no quiere la armonía porque no le conviene, es que no lo véis?. No sabéis aquello de a río revuelto...?
Por eso lo de pretender unificar el sistema educativo. Como hace décadas, todo el mundo con El cantar del mío Cid, todo el mundo con Don Quijote.
Pues lo digo: no fui capaz de acabar, qué digo de acabar, no llegué a la página 50 del Quijote.
Ni había leído nada de García Márquez, y ahora Mr. Blue me ha convencido, sin empujar ni insistir, generación espontánea, ha hecho que me pregunte pero cómo?. Y tras la pregunta vino la respuesta. Leer El coronel no tiene quien le escriba. Libro corto, cómodo, apenas 90 páginas cuando un manual de instrucciones de un teléfono móvil tiene más de 200. Contra lo que pensaba, no me tensé en exceso, no me planteé ninguna liturgia previa a mi primera lectura de un autor tan influyente. Cuando muchos me han hablado de hasta cuatro, cinco lecturas de una de sus obras más célebres, Cien años de soledad, que, irremisiblemente, tendré que leer algún día.
Porque me ha gustado bastante El coronel no tiene quien le escriba. A la tercera o cuarta frase, con el agua de la cafetera vertiéndose sobre el suelo de tierra, y la cucharilla hurgando inútilmente en el bote del café, García Márquez ya había grabado una fotografía en mi cabeza. Ineludiblemente pensé en libros como los de Pérez Galdós, con su descripción de la miseria y la desesperación, sólo que dónde Pérez Galdós era hispánicamente desesperado, García Márquez acaba siendo colombianamente ensoñador. Sin menciones, sin necesidad de parones en la trama que expliquen cómo se alcanza la situación, sabemos lo que pasa. La censura, el toque de queda, el sobre clandestino, las depuraciones políticas, el silencio administrativo. Todo está claro a través de diálogos. Sabido como es que no hay mejor manera de conocer una sociedad que vivir en ella, García Márquez nos sienta en una silla de una cocina donde nada se cocina y de un comedor donde nada se come. Nos pone ahí y nos rodea de personajes inertes, pero que hablan. De personajes a los que las fuerzas ya sólo les llegan para un único esfuerzo y para una única obsesión. Al día. Terriblemente crudo y terriblemente realista, pocos libros pueden presumir de que ni una de sus palabras no contenga, al menos, un mensaje.
Y el libro acaba así.

Mierda.
París, 1957.

dijous, 15 de març del 2012

GRITOS Y SUSURROS

Tengo, ya, mi revista Orsai. Guardo demasiadas revistas, las guardo, intento, con tanto cariño paternal como incomprensión ante el hecho de que la mayoría gente no lo haga. Pues ciertas revistas siempre te reservan algo escondido, que se te manifiesta más tarde (en días en que ves algo por ahí, y piensas si no era éso que te suena ahora aquello de que hablaron en un día). Así que tengo tiempo, en esta relación prolongada que ayer inicié, con una ventanilla de coche bajada y unas palabras precipitadas en una estrecha calle de esa zona de Barcelona que, según quien te pregunte y lo que quieras que piense de tí, puedes definir como Sant Gervasi o Gràcia o la Via Augusta (yo viví allí hace quince años). Tengo tiempo de darle a la revista un rápido vistazo mientras paro en un semáforo (y constatar que los semáforos en Barcelona son eternos o brevísimos, pero siempre inversamente proporcionales a lo que te convenga en el momento). De ver que, por la proporción de su tamaño, me faltan unos centímetros, hay un vacío allá a la derecha (pero yo siempre encuentro muchos vacíos a la derecha). De echarme diez minutos en el sofá y pensar, vagamente (en el sofá siempre se piensa vagamente) que quizás haya, para mis cánones,  mucha historieta gráfica (yo le llamo cómic, pero también diría que he cogido la revista para leerla). Luego han sido otros diez minutos en algún otro lado donde he visto que Buenafuente mencionaba el barrio de Tremé (y lo he acentuado, a la francesa, y he tenido, más a la francesa, otra sensacion de dejà vu). Pero de mi relación con la revista en estas, apenas, 20 horas, me ha dejado preocupado, bastante, ver las cartas de los lectores y alguna colaboración: Karina, Franco, yo mismo, sí, algunos otros que no me suenan tanto, pero, muchos, los que hacen comentarios en el blog, los que leo y me leen, un mundillo que es algo cerrado, que no me preocuparía, pero que es breve, y eso sí. Joder, qué pocos somos. Qué poquitos.
Cuando hoy, una de mis webs favoritas, www.365d365e.com (sólo en catalán) está ya en lo de dejar de publicar, respetando su plazo y su finalidad, sí, pero no dando un minuto ni un día de más. Improrrogable, como las obras en los teatros del Paral-lel. Nos vamos cuando toca, que dijo aquél. Cumplimiento de objetivos (dice el pesado que estudió en Esade, con su CMI, o lo que sea, en la mano, y el puntero en la otra, para enseñar la Powerpoint).  Allí estuvieron Casciari y Buenafuente, también Víctor Valdés y Nacho Vidal. Y tipos aburridos confirmando que lo eran. O al revés, o de la otra manera. Pero montones de músicos y escritores y gente de los media, y otros. Premios, reconocimientos merecidos, pero, parece, ante un nutrido público compuesto por mucha gente que llega, ve, y se va (diría, coge, y se va, pero ya está bién de cachondeo). Cosa que me recuerda la vida que le está dando a mi blog la gente de fuera. Ecuatorianos y argentinos y mexicanos y colombianos. Dios, cómo puede la gente desaprovechar la posibilidad de comentar y dialogar que nos brinda internet. ¿Somos un mundo de voyeurs (sí, Germán), que preferimos el anonimato y el disfrute solitario antes que arriesgarnos a exponer nuestro punto de vista, quizás, porque eso, como un jodido GPS, revela nuestra posición (o nuestros defectos, o nuestras condiciones)?. Ni para decir esto no me gusta, haz esto otro, ha servido  tanta gente. Me niego, o no me gusta, pertenecer a un mundo tan plano y tan distante. Tranquilos, no es una nota pre-suicida. Pero los silencios, en este mundo, están siendo cómplices de demasiadas cosas. Muchas de ellas malas. Joder, qué voy a tener que usar el slogan de un banco (de esos bancos que antes eran una caja de ahorros que acogía ancianitos y gente necesitada, pero que sabe que éso se va a acabar ya). Pero no, no lo usaré. Prefiero usar las canciones, aunque sean ochenteras y superestereotipadas. Igual no me queda ya  ningún otro remedio. Ya lo decía Bryan Ferry. Nada nos queda para compartir, salvo el pasado.


dimecres, 14 de març del 2012

CONTRAINDICACIONES

No veas Treme si buscas un personaje como Omar Little, aquel Robin Hood moderno cuya muerte nos pareció tan injusta, como si un crío de apenas 11 años aniquilara media serie de un tiro.
No veas Treme si eres blanco y estás cómodo con que Denzel Washington y Halle Berry sean los actores de color por antonomasia.
No veas Treme si las partes que más te gustaban en The Wire eran los tiroteos, los asesinatos y la sangre fría de los matones.
No veas Treme si piensas que es normal que a un agricultor le paguen 5 céntimos por un kilo de tomates y en la tienda se venda a un euro con cincuenta y nueve.
No veas Treme si cuando te hablan de televisión y sociología piensas en las ediciones de Gran Hermano.
No veas Treme si tu ídolo es Chuck Norris.
No veas Treme si sales huyendo cuando son las fiestas de tu barrio.
No veas Treme si votaste a Rajoy ( o incluso si, sin hacerlo, valoraste la posibilidad).

Si te sirves la cerveza siempre en un vaso, tampoco la veas.
Ni si tienes el armario lleno de trajes chaqueta, y tiras las camisetas al par de años de llevarlas.
Ni si no te suena ningún trompetista que no sea Rudy Ventura.

Cualquier otro motivo vale para verla, así que os ahorro un tostón sobre la HBO y las series de calidad y el sentido de la vida. O sobre la gran tragedia griega cuyas trazas adivinamos tras cada momento y en cada relación entre personajes.

Sin gustarme, para nada, esos estilos musicales tan puramente americanos que salpimentan las escenas: no me gusta el ragtime, el cajun, el zydeco, el rhythm and blues más primitivo, las brass bands, el blues de los pantanos, el hip-hop, el country: de toda la selección musical apenas aguanto los escarceos con el free-jazz del hijo del Gran Jefe Albert Lambreaux. El resto de la música no me toca la fibra, jodido europeo criado con Kraftwerk que soy. 
Eso sólo hace más grande el logro de Simon: tejer una madeja en torno a una ciudad cautiva de su fama, abandonada a su desgracia, y hacernos pensar por qué las cosas son así, y en qué se parece nuestra ciudad a esa que estamos viendo.

Una de las escenas del último episodio contiene este diálogo, entre Arnie Reyes, que repara techos y trabaja en lo que le sale, y su primo, Nelson Hidalgo, comisionista que gana fortunas especulando con la compra de terrenos. Por lo cual están a punto de descubrir que ha pagado sobornos. Ante unas copas, los primos se sinceran. Nelson está ya algo afectado por el alcohol.

Arnie : Nelson, díme una cosa, ¿tú qué haces?
Nelson : ¿Que qué hago?¿qué quieres decir?
Arnie : ¿Qué es lo que haces?
Nelson (sacude la cabeza) : Hago negocios, gano dinero...
Arnie : Pero qué fabricas, qué es lo que haces?
Nelson (ladea la cabeza, resuella): pst.
Arnie : Cuando estoy de portero me encargo de que la gente pague la entrada, o no dejo que los borrachos toquen a las chicas. Y cuando me subo a una casa, pongo el tejado
Nelson : Cuando hago un negocio, algo se hace.
Arnie : Como qué?
Nelson : Ese tema inmobiliario. Voy a contarte un secreto (se acerca confidencialmente, mira alrededor). Van a construir un hospital ahí, por eso están comprando las casas.
Arnie : Primo, aquí todo el mundo dice que hay un hospital que no quieren reabrir.
Nelson : (Hace el ademán de troncharse de risa).Vale, pues este será nuevo, incluso mejor.
Arnie : (Sube el tono mostrando un ligero cabreo). Pero tú no vas a construirlo, has comprado unos terrenos para luego venderlos y ganar dinero  antes de que lo construyan.
Nelson : Vale. Y qué?
Arnie : Que cuando yo pongo un tejado ya no llueve encima de alguien.
Nelson : (aplaude lenta e irónicamente)...
Arnie : Me piro.
Nelson : (Tras despedirse con la mano, coge la copa que ha dejado Arnie, la levanta, y brinda en dirección al primo que se aleja).

dimarts, 13 de març del 2012

TODO ES GRIS

Pensaba que entre tanto capítulo de Treme debía salir una horita, o así, a respirar. En www.deborahlibros.com leí reseñas ciertamente entusiastas sobre algunos libros de Andrea Camilleri. Y como la recomendación sobre Los girasoles ciegos fue una auténtica revelación, decidí probar. Con una corta novela llamada El traje gris.
Podría ser que me hubiera equivocado en la elección, pero, tras unas primeras páginas ágiles, seguí adelante, aunque, a medida que la trama avanzaba, no podía evitar que me invadieran dos sensaciones complementarias. La primera, que Camilleri era descrito como uno de los escritores de mayor éxito en Italia. Profundo tufo a best-seller que impregna las fosas nasales como el olor a caucho de los neumáticos quemados. La segunda, que la trama de maduro ejecutivo bancario con servicio, y joven mujer que empieza a acumular infidelidades, empezaba a resultarme insulsa y poco creíble, ni siquiera en ese entorno ligeramente decadente de los matrimonios de clase adinerada que, poco a poco, se van desmenuzando, en medio del llevadero escenario de cenas opulentas, vacaciones en sitios caros, visitas a tiendas de lujo, et al. Entonces, si uno no planta las simientes de un desenlace con un itinerario con un mínimo de veracidad, pasa que hasta oye el ruido de los naipes desplomándose. No me interesó (y van tres) ver qué pasaba finalmente en la historia. Ni fui capaz de retener ni una frase en medio de tanto lenguaje narrativo convencional. Mal bagaje, el de las últimas semanas, para alguien que devoraba libro tras libro y lo reseñaba con juvenil (y por tanto impostado) entusiasmo. Suerte tengo de que, para quitar el mal sabor (por lo tibio y agridulce) de boca, sólo sean necesarias tres o cuatro páginas de Franzen. Qué enorme diferencia, entre Franzen y Camilleri. Matiz y sinuosidad frente a llanura y abulia. Carretera de alta montaña frente a autopista en domingo por la tarde. 
Por cierto: para aquel que se entusiasme con los cruces de referencias. Hoy Quim Monzó habla en su columna de LV. Sobre Franzen que critica a Twitter (por lo mismo que un servidor: ¿qué coño podemos decir en 140 carácteres los enfermos crónicos de la incontinencia verbal más irreversible?¿dar los buenos días?). Pero Franzen lo comenta en una conferencia en la Universidad de Tulane (Nueva Orléans), allí donde Creighton Bernette da sus clases en la primera temporada de, obviously, Treme. Monzó menciona, en la misma columna, a Ricky Gervais, y a George Pérec. 
Yo añado que ayer supe que Brad Pitt era la estrella que más había recaudado, 30 millones de dólares, para las víctimas del Katrina. Y tantas cosas separadas me llevaron de vuelta allí. Sólo queda un capítulo. 

dilluns, 12 de març del 2012

EL PUNTO DE INFLEXION

Si sirve de pretexto, diré que yo hubiese escrito ayer y posiblemente hoy, sobre lo que hubiera leído o visto. Pero no he podido parar de ver capítulos de Treme. De su segunda temporada, para ser más concreto. Me lo recomendó John Self, vencí el miedo interior que me sacudía a cada paso (no esperes otro The Wire, no lo hagas). El sábado la web www.365d365e.com llevaba, muy oportunamente (además, publicando dos entradas por primera vez), entrevistas, supongo que reales, con dos de sus actores protagonistas. Ya era demasiada presión.
Pero hubiera sacado tiempo de donde fuera.
Hasta que vi la primera escena del tercer episodio de la segunda temporada (qué lío!). Un travelling, más mental que técnico, por todos los personajes y su situación justo en ese momento. Con una pieza de violín y piano como música de fondo, que nos aparcaba, finalmente, en la exposición fotográfica en que la tocaban, y el violín era el de Annie. Apenas un par de minutos sin apenas diálogo, como un resumen algo espontáneo y metafórico del punto al que habíamos llegado. Ese breve lapso me permitió constatar que David Simon lo ha hecho otra vez. Lo de pringarnos con su radiografía de la ciudad, de sus capas y estratos, de sus errores y sus vergüenzas. Como la pegatina que se pega al zapato, desde ese momento ya no me desembarazo de Treme, ya ha acaparado mi atención, y todo lo que pueda hacer hasta acabar los cinco capítulos que me quedan, será estéril y estará inacabado. Ya volveré de Nueva Orléans.

dissabte, 10 de març del 2012

EL DECLARANTE ES MANDADO CALLAR Y LO HACE

Puede que ya haya hecho muchas reseñas de libros en este blog, dejándome llevar por cierto entusiasmo excesivo. Como quien asiste a un concierto de un grupo favorito, todo te parece bien, y has pagado por ello. Disfruta, entonces. Acabaste el libro, llegó su última página, lo cerraste, no sin cierto sentido de la teatralidad, y en algunas ocasiones acudiste a la contraportada o a la solapa, a informarte de ciertas cosas y a confirmar ciertas otras.
Cuando leía Los girasoles ciegos ya sabía que era la primera y única novela de un autor ya fallecido. Y que su publicación fue muy cercana a su fallecimiento, por lo que, necesariamente, los premios y la repercusión y el reconocimiento fueron, en su mayoría, póstumos.
No soy lo bastante morboso para indagar si Alberto Méndez escribió ese libro consciente de que moriría en breve. Parece que así fue, y entonces ese libro seria un brillantísimo testamento, con dos excelsas herencias: su prosa y su ideario.
Puede que a quien haya leído Soldados de Salamina esa imagen del fusilamiento fallido (masivo, atropellado, chapucero) le resulte familiar. No hablamos de inspiración ni de copia. Ambos libros son portentosos ejercicios.

"Aunque todas las guerras se pagan con los muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra y conquistar un cementerio."
"Un desertor es un enemigo que ha dejado de serlo; un rendido es un enemigo derrotado, pero sigue siendo un enemigo."
"Un aluvión de presos infestó aquel sótano y fueron incorporándose asombros nuevos, miedos diversos, resignaciones diferentes."
"Preguntado que si no queríamos ganar la Gloriosa Cruzada, qué es lo que queríamos, el procesado responde: queríamos matarlos."
"No tuve tiempo para hacer planes porque otros horrores suspendieron mi futuro, pero ten por seguro que, de haberlos hecho, tú hubieras sido la columna vertebral de mi proyecto."

Sopesada esa posibilidad, la de un Méndez consciente del tiempo que se acababa (como Bolaño escribiendo 2666), me deja sin respiración la exactitud y el ritmo del desarrollo de los hechos y el sutil encaje de los cuatro relatos. Como el anciano que pacientemente rellena un puzzle tras otro, Méndez desprende serenidad en su escritura. Una serenidad coherente e implacable. Cada frase es un nuevo latigazo que, en un modo u otro, reprende y recrimina uno por uno a todos los responsables de la detonación de la Guerra Civil, con elipsis, con ataques directos, con su infinidad de recursos, aisla e identifica el causante del conflicto : el odio hacia aquel que piensa diferente. El odio representado por una persona al frente, el odio personalizado por una cara y unos rasgos.


"Debo confesar que no he soportado la comparación de la vida y de la muerte."
"Y si pierdo la ira, ¿qué me queda? El invierno es una caja cerrada donde se atropellan las tormentas de nieve y estas montañas siguen pareciendo el lugar donde pasan el invierno los inviernos."

Aún tratándose de un libro trágico y cruel, es esplendorosa la contemporaneidad de Méndez en los detalles esquemáticos de puro humor negro rozando el esperpento: el capitán del bando nacional (apellidado, no es casual, Alegría) que deserta de su bando horas antes de que éste se declare vencedor.


"Lentamente volvió el fusil hacia sí, se puso la punta del cañón en la barbilla y dijo que nunca habia matado a nadie y que él, sin embargo, iba a morir dos veces."

Y el acto final, ese último relato que da título al libro y constituye su núcleo excéntrico. El diálogo a tres bandas camino de un desenlace que se acerca. Pura novela de terror, que, lástima pues a veces pasa, resultó emponzoñada por una pobre y estúpida adaptación al cine. Cómo son en España, hasta las enormes obras tienen que recibir la mancha en forma de visita del puro mercantilismo.


"Hoy pienso, Padre, que me llamó la atención algo que le distinguía de los demás: era un niño triste, pero con una serenidad extraña para su edad. En sus juegos sin discordia, en su obediencia sin sumisión, en su interés por aprender y en su orgullo por saber, en su silencio..."
"Hablar siempre en voz baja es algo que, poco a poco, disuelve las palabras y reduce las conversaciones a un intercambio de gestos y miradas. El miedo, como la voz queda, desdibuja los sonidos porque el lado oscuro de las cosas sólo puede expresarse con silencio."
"Éramos como dos ángeles procedentes de distintos coros. En nada nos parecíamos y en eso estribaba nuestra armonía."
"Se suicidó, Padre, para cargar sobre mi conciencia la perdición entera de su alma, para arrebatarme la gloria de haber hecho justicia."
"Debe de tener razón ella, porque no he podido olvidar nunca la mirada de mi padre precipitándose al vacío, su rostro sonriente mientras el patio engullía su cuerpo abandonado, aunque esto es imposible porque mi estatura no me permitía entonces asomarme a esa ventana."

Absolutamente necesario.

divendres, 9 de març del 2012

ELOGIO DE LO DISPERSO

Hay veces, en los últimos meses, en que he estado monotemático. Las acampadas. Quién se acuerda ya de las acampadas en Plaça Catalunya y en otros puntos neurálgicos del estado. El mismo, supongo, que tendrá presente lo que consiguieron, con su parsimonia y su buenrrollismo, sus puestos informativos, sus jergones tirados en el suelo, y sus puntos de recogida de residuos. Radicalización del PP, triunfo por todo lo alto, y un arquetipo más del que reírse, "el indignado". Aparte de eso, nada. Ni la caseta de que hablé. Dónde estará la caseta. La de tiras cómicas y menciones socarronas que habrá habido en la prensa rancia, mostrando el dibujito del desarrapado de turno al lado del señorito repeinado del PP, jersey anudado al hombro y MBA bajo el brazo.

Así que, creo, de vez en cuando merezco ser lo más disperso posible. Como la prensa (cada vez menos) que regalan en el metro (mmm, en el subte): sin sentimientos, todo superficie. Esa ligereza me aleja el dolor de cabeza que provocan las cosas que obcecan. Estamos a viernes, narices.

Colofón final a la primera temporada de Treme (con la segunda esperando en el reproductor): importante golpe en el penúltimo capítulo, en plena línea de flotación. Este David Simon. Dios ampare a los incautos que esperen de Treme un nuevo The Wire. Ni un tiro (no es que tampoco hubiera muchos). La droga, como un mero complemento de tercerísimo plano. La roña, en los rincones, la que ya agotado no intentas retirar, o dejas para otro día. Que es una imagen cierta pero también metafísica. Eso es lo que pasa en el mundo: nadie se ocupa de mirar lo que queda en los rincones, más que de tanto en tanto.

Franzen :  cada página que leo de Las correcciones me empuja más a buscar en toda su obra. Si son cuatro al día, o veinte, da igual. Nada es superfluo. Veré lo que tardo en acabar ésta y sus tres novelas restantes. Desde ese momento ya iniciaré la cuenta atrás, pues con su ritmo el siguiente tocaría en 2019 o así. Mierda. Interesante escritor, mucho.

El asunto de Orsai : gente que se pasa y comenta, poderoso estímulo y me comporto como un anfitrión gilipollas; una frase intentando ser original con todo el mundo. No como esos escritores de ventas millonarias que ni conceden entrevistas ni ceden más que mirar altivamente a cámara en las fotos promocionales. Eso, Hernán, es lo que significa nadie en medio; todo lector tiene su trato personalizado. Agotador, poco rentable, seguramente, inviable. Tanto como emocionante.

Dos reseñas que debo, aunque una (hasta ahora) bajo el mayor de los secretos. La de Los girasoles ciegos: difícil, quién coño soy yo para seleccionar apenas unos párrafos entre tanta maravilla. 
Y la de Bolaño por sí mismo. Recopilación de entrevistas a Roberto Bolaño publicada por una universidad chilena. Auténtico festín donde El Genio despliega su naturalidad teñida de inmensa modestia (cuando se refiere a sí como persona o como escritor).

Una entrevista escandalosamente interesante con un tipo valenciano, relacionado con el mundo del arte, al que sin reparos confieso no conocer previamente de nada. Pero con opiniones y gustos extraordinarios. Se lo dije a Ronny: me encantan los que mencionan e intercalan sus gustos y preferencias a las primeras de cambio. Un sueño húmedo para los yonkies culturales.


Por todo lo cual confieso que me es muy difícil no creer en la humanidad cuando existen esta clase de personas.

Ya que ahora mismo aún he de verificar que Messi no sea un extraterrestre.


dijous, 8 de març del 2012

NO TENGO PAYPAL, PERO TENGO MICROONDAS

No mires así: es el espejo lo que engorda !.
Este Casciari anda casi atropellando a la gente como los motoristas de las pizzerías. Por la acera y sin respetar a casi nadie, cuando no abren el cajetín de la moto para que le entre el hambre a cualquiera.
Porque yo hace un par de días que retengo el libro de Alberto Méndez, Los girasoles ciegos. No lo devuelvo a la biblioteca porque quiero copiar alguno de sus párrafos y hacerle una reseña como se merece. Como las que hace John Self, o William Rycroft, salteando mis palabras y las suyas, como para demostrar que no sólo es un libro sobre guerra civil española y post-guerra, sino que sus frases y sus palabras son literatura, que será, claro, más apreciada por quien sintonice con esas ideas. Pero que hasta desnudadas de su contenido ideológico son hermosas.
Entonces, decía, Casciari irrumpe con una fenomenal frase, la que he fusilado sin miramientos para titular esta entrada, pues dicen que los genios copian, y yo empezaré por ahí mi carrera a la genialidad. Casciari emplea la frase en un entrañable post donde muestra su humanidad. No hay nadie más humano que aquel que vuelve de vacaciones y ya parece que necesite irse de nuevo. Habla de los mil y un problemas que tiene que afrontar para satisfacer no sólo la curiosidad, también los caprichos, los requisitos más inverosímiles de suscriptores potenciales o reales, pero todos impacientes, de lectores satisfechos (total o parcialmente, pero también irónicamente: y los pilla a todos). Los responde de una manera u otra, en privado, en público. A todo el mundo le dedica al menos dos palabras. Se tomó en serio lo de nadie en medio, actúa conforme a sus creencias (qué diferente un mundo en que todos lo hiciesen), y está extenuado pero fascinado, pues cuando a uno parece que vaya a devorarle el monstruo que creó, lo acepta bien. Es como si estás en el sofá y tu hijo viene a cubrirte de besos. What a moment.
Bien. Hernán Casciari recibe esas consultas, como si fuese la dependienta de la zapatería a la que cuatro amigas aburridas un sábado por la tarde le hacen sacar todos los pares y probárselos. Pero lejos de crisparse, o de levantar una mano pidiendo un momento para respirar, no hace eso.
Hernán Casciari coge, y no se cabrea. Sí, argentinos que se parten de la risa, dije coge, y no se cabrea.

Yo soy de los que piensan que los halagos son regalos que debilitan a quien los recibe. Pero desde que Hernán mira desde tras la valla y deja que los sanguijuelas de este mundo aprovechemos sus ausencias para postear, colgar links, relacionarnos entre nosotros, hacer las mil y una... desde entonces he conocido como a diez o veinte, que espero que sean más, por favor quien me lea que comente algo aquí, sea lo que sea, decía, diez o veinte bloggers del mundo, y nos hemos recomendado libros y series o películas que luego nos gustarán o nos parecerán del asco. Ha conseguido eso por inacción esos días que ha estado de vacaciones. No se dio cuenta, tranquilo con lo que tomara, fuera el jodido fernet, o un daiquiri en alguna playa de paraíso fiscal, de que ha creado un submundo. Submundo donde uno se pone contento cuando recuerda que las dos palabras que no acababan de salirte en algún texto antiguo eran corresponder y perturbador. Y corre a anotarlo cuando regresa a casa.


dimecres, 7 de març del 2012

CAMBIAR PARA SER IGUAL

Qué sensación más familiar. Tener algo en las manos que se va y no saber como recuperarlo. Seamos más mundanos : conseguir hacer una rabona con la PS3, y no saber qué mierda de combinación de teclas te ha permitido hacerlo. Probarlo y probarlo y no hay manera. Por qué me salió y ahora se me escapa. Forzar las cosas: la garantía de que todo saldrá mal.
Si pensó cosas parecidas David Simon o no, es algo que ignoro. Pues parece un tío que lo tiene todo muy calculado, tanto que parece que no, que le da papeles a pequeños traficantes o a músicos de verdad, que los deja delante de la cámara sin otra instrucción que un biyaselfman, que no les obliga entonces a memorizar frases de guión. Y que edita lo mínimo lo que sale, pues es oro puro casi todo.
Pero algo tuvo que reflexionar cuando en ese lapso entre el final de la quinta temporada de The Wire y el primer capítulo de Treme, las fuerzas telúricas (no todas, las más insistentes) decidieron al unísono que era el responsable de una de las mejores series jamás vista. Cosa que debió alegrarle pero también le abrumó. Porque no hay la misma distancia entre las tres partes del Padrino. Porque tan profunda había sido su disección de los entresijos de una ciudad sacudida por la desglobalización y los bajos intereses que de escarbar más ahí solo sacaría migas. David Simon dejó a Baltimore seca. 
Lucia Micarelli : violinista antes que actriz
Entonces Treme tenía que partir casi de cero. Para no hacerla esclava de comparaciones. Para que no fuera el hermano pequeño en una casa donde el mayor es ejemplo en todo. Ni sé por qué se fijó en Nueva Orléans ni me importa. Puestos a fijarse en  grandes desgracias que han golpeado a la humanidad, el menú es extenso y se amplía cada día. Quizás más adelante pudiera pensar en que lo de Fukushima hubiera sido más dramático: ese tiempo real de la lengua de mar engullendo casas, hará pronto un año. Pero no. Fue Nueva Orléans. El lugar donde Simon nos ha llevado huyendo en toda forma posible de repetición de esquemas. Sólo la presencia de algunos actores remite a The Wire. Vagamente otras cosas pueden recordarlas. Las tomas en clave casi documental. Cierto espíritu en los títulos de crédito. La desazón de los funcionarios que no dan abasto. Las casas abandonadas de los barrios inundados, que pueden recordar a las que usaba Scoop y su socio para esconder los cadáveres. Personajes que te caen bién o mal pero no te dejan indiferente. En Treme no hay malos y buenos, de momento. Ni siquiera hay ese juego de pieles de cebolla de dimensiones de la ética, donde en The Wire pensabas que D'Angelo Barksdale no parecía ser tan mal tío, pero luego lo pensabas de Avon Barksdale, de Stringer Bell, y ni Marlo, la frialdad más absoluta, te acababa de parecer un malvado, por el entorno en que estaba. Y menudos cuatro he nombrado.
Para nuestra desgracia, dudo que en Treme nos encontremos con un nuevo Omar Little. Ahora bien, quién no palidecería al lado de Omar Little.
En Treme,muchos de los personajes están como arrepentidos de obedecer ciertos instintos primarios, ciertas de sus condiciones. Antoine, de usar el trombón en exceso (...), el escritor Creighton Bernette, de volverse loco cuando comprueba que su poder de convocatoria en Youtube ha sepultado, para su privado regocijo, al novelista comprometido con plazos y editores. Annie, de querer la música por encima de todo. Davis, de pensar que es un bohemian bourgeois. El Gran Jefe, de ser un referente entre los suyos. LaDonna, de ser rica a su pesar. No sé si la figura de este arrepentimiento tiene su equivalente en antiguas tragedias griegas o grandes clásicos de la literatura contemporánea. El entusiasmo por The Wire acarreó esas cosas: alguno se puso un pelo filosófico, y escribió ensayos algo pesaditos, bastante cargantes para ser más claro, donde emparentaba la serie con toda serie de cosas muy serias y de referencias muy intrincados. Cuando por aquí somos más prosaicos, por no decir patanes. Treme: relájate y disfruta.


dimarts, 6 de març del 2012

ANTIDOTOS CONTRA EL OLVIDO

Tenía unos 11 años y salía de la escuela a las 12 del mediodía. No había de regresar hasta las 3 de la tarde, con lo que bajábamos al parque, ya solos, pues en esa época no había tantos coches ni tantos miedos. Iba al parque de la Sagrada Familia, el que queda justo delante de la entrada al templo por Sardenya. La actual, claro. En 1975 la Sagrada Familia de Barcelona no era la máquina de hacer dinero en que se ha convertido ahora. Había turistas, sí, pero no organizados en colas larguísimas, con las cámaras colgando del cuello y el dinero de la entrada preparado, delante de las taquillas. No había cientos de japoneses en autocares con el techo al sol, hipnotizados por la obra de Gaudí.
Nos sentábamos apoyados en las barandas de una pista de patinaje que ya no está allí. En su lugar han puesto, espaciados y alineados ordenadamente, una serie de pipi-canes. Ahí estábamos mis amigos del parque y yo: el Rober era uno que decía ser de familia italiana, para marcar el territorio; el Lleixà iba a mi misma escuela, un año más, tenía un montón de hermanos, que sólo podían caber en un gran piso, así que tenía una enorme habitación con varias literas alineadas en las que dormían como si fuera un cuartel; el Poli, ¿qué otro nombre se podía sacar un poco decente cuando tus padres decidían llamarte Hipólito?. Yo no tenía mote, por lo menos que supiera. 
Como nos colábamos en la obra de la Sagrada Familia, para ponernos a jugar a fútbol en una explanada (por detrás de la zona donde los albañiles trabajaban, y sin ser conscientes de que era casi como profanar el que sería más sagrado emblema de nuestra ciudad), pensábamos que eso nos convertía en unos auténticos transgresores de la ley, por lo que nos autodenominábamos la G.S.F. : los Gamberros de la Sagrada Familia. Ya que pensábamos que saltar una pared de piedra de apenas metro y medio de altura, ponerse a jugar aquel clandestino partido, y salir corriendo en cuanto aparecían los empleados de la obra, nos convertía en peligrosos muchachos a los que respetar. O amedrentar siempre al mismo crío, al que enviaban a por pan al mediodía. Amedrentarlo con tanta convicción que casi se acercaba a nosotros a que le dijésemos las cuatro tonterías y, vale, hasta mañana. De 9 a 12 éramos escolares, hasta las 2 y cuarto o así unos pendencieros para, después de comer, volver a las clases hasta las 6 de la tarde.
Entonces un día murió Franco. Los periódicos pusieron su foto en portada, las pocas cadenas de TV y radio pusieron música triste y clásica, clásica y triste, y nosotros tuvimos dos días de vacaciones, pues con once años pensamos que eran vacaciones, aunque dijeron que el país estaba de duelo. Uno no podía trabajar, o estudiar, y llorar a la vez. Lo importante esos días era llorar. Por eso pusieron una capilla ardiente en Madrid y hubo unas colas kilométricas ante las que desfilaban mujeres con velos y con el gesto desgarrado. 
Quién me diría a mí que treinta y cinco años más tarde comentaría algo parecido sobre un tipo de Corea del Norte.
Pero en mi casa nadie lloró. En muchas casas se brindó y se esbozaron sonrisas que estaban casi olvidadas. A escondidas, con la excusa preparada por si alguien calificaba ese comportamiento de poco afín al régimen. Pero las lágrimas se ahorraron para otras ocasiones.
A los pocos años yo llenaba mis carpetas de adhesivos con logos de partidos políticos. Con especial énfasis en los que llevaban la hoz y el martillo, que habían sido símbolos de terror y sordidez, y entonces parecían simplemente una imagen más, un icono de impacto que más tarde se usaría para vender camisetas. Como el Che Guevara. Como la bandera de Jamaica.
Cuando uno lee obras de la magnitud de Los girasoles ciegos, primera y única publicada por Alberto Méndez (por las fechas de edición y fallecimiento del autor, veo clara una cierta intención de testamento artístico), piensa que, por años que pasen, no hay que olvidar cosas muy importantes. Que un ejército, que tiene armas porque el pueblo se las ha dado para que le defienda, se gire en contra de un país. Que esa revuelta acabe con la muerte y el expolio de un gran número de personas y se pretenda pasar página, a costa, claro, de mantener el status quo que beneficia a los vencedores y los eterniza en su condición. Que se conserve la influencia de ese poder tomado por la fuerza para mantener una monarquía absurda.

Olvidamos demasiadas cosas porque duele recordarlas. Y ese olvido es un veneno.

dilluns, 5 de març del 2012

HOMBRE DE POCA FE

Y menos que tendré. Porque tras leer Seda hace un par de años llegó a parecerme que Alessandro Baricco iba a ser un escritor favorito. Me impresionó su extrema concisión, cómo el estilo minimalista, con capítulos que eran a veces meros párrafos de cinco o seis líneas, se manifestaba de una manera tan óptima y evocadora. Como la historia evolucionaba y como llegaba a un desenlace. Eran apenas unas 70 páginas, pero uno no se quedaba con la sensación de haber leído un cuento alargado. Más bién al contrario. Seda era una extensa novela despojada de todo lo superfluo, quedando entonces como un sólido armazón cuyos silencios eran tan importantes como sus palabras.
También influyó lo mucho que me gustaba City reading, arriesgado experimento de Air a base de suministrar bases para el propio Baricco leyendo en italiano algunos de los cuentos incluidos en otro libro suyo, City.
Pero ahí donde Seda y el disco de Air fueron fuente de placer, todo se ha reducido a eso.
Baricco es un personaje en Italia. Es un escritor que ha tenido programas de televisión sobre libros, que los ha vendido a millones y ha recibido premios. Tiene esa imagen del intelectual vagamente rebelde, con el pelo rizado algo largo, nunca con corbata. Bon vivant a costa de talento y originalidad, que no de pelotazos y especulación.
Probé con City, y me aburrió. Ahí no había concisión por ningún lado, más bien historias surrealistas con extraños personajes y situaciones estrambóticas.
Pero lo de Emaús ya ha sido demasiado: el libro prometía en sus primeras cincuenta páginas, sugería historias de la primera juventud, la que entronca con la adolescencia. El determinismo, la rebeldía, el progresivo alcance de la madurez a través de los escalones de la osadía y el atrevimiento. Correctamente escrito, y con un cierto punto de tercera persona que parecía presagiar algo relativamente excitante, para bien o para mal. Pero hacia la mitad una disquisición metafísica toma el poder de la trama. Menciones a los Evangelios, menciones a la influencia de la educación religiosa sobre el cuarteto protagonista. Parece que estamos frente al momento clave del libro, cuando se nos revela cómo esa creencia incide en las personalidades. Yo me aburro soberanamente, y decido cerrar el libro para no abrirlo nunca más. Ventajas del sistema bibliotecario. El arrepentimiento es gratis, y no tendré que acordarme eternamente del cúmulo de bostezos que me impidieron superar esa página ochentaypico (perdonad, decirlo a la Bolaño me resulta refrescante y evocador de que otras maneras de describir la juventud han sido posibles - véase Los detectives salvajes). Por segunda vez en menos de una semana; el libro de Bellow, ahora éste. Con Las correcciones de Franzen descansando para los momentos de placer que son sus cómodas dosis de 20 o 30 páginas. Hasta en eso parece ser un libro inteligente.
Respecto a Baricco : siempre me ha dado la impresión de que los italianos tienen demasiado cerca al Papa para estar convenientemente relajados. En literatura y en cine, y ya no digamos en música. Un país entero entregado a cantantes melódicos. Qué bien están los descendientes de italianos en Argentina alejados de ese extraño medio. De Benigni, de Ramazzotti, de Mocchia. Por favor, alejémonos de Mocchia.



diumenge, 4 de març del 2012

SALVEMOS EL MUNDO CON MUSICA

Recuerdo, vagamente, cosas que hacía en la era pre Emule. Sí: ya sé que ya estamos en la era post Emule. Pero me he anclado en esa especie de paciencia acomodada. Si usara otros mecanismos de descarga estaría aún más abrumado de lo que estoy. Recuerdo que acudía casi todos los miércoles a la tienda que Discos Castelló tenía en la muy canalla calle barcelonesa de Nou de la Rambla. Día en que se recibían los discos de importación, y algunas revistas, Muzik al frente, que me interesaban y me guiaban. Hasta el 2004 o así. Los números mensuales de Muzik eran una absoluta biblia de seguimiento casi obligado. En Muzik le dieron cinco estrellas a Felt mountain de Goldfrapp, y joder si lo merecía. En Muzik le dieron también cinco estrellas a discos de grupos como Obo o los Icons, y aún es un enigma para mí saber qué narices tenían esos discos para ser considerados obras maestras. Muzik hizo crecer las carreras de los Orbital o los Underworld hasta las cúspides más elevadas (en todo caso, las más elevadas de esa escena musical).  Seguramente la misma constatación de que la caída de esa cumbre se precipitaba, que la inspiración se había evaporado, empujó a la revista a su autoinmolación, justo en el número 99. Otra fiebre propia de la época, que aún perdura residualmente, fueron los recopilatorios. Las series que se acuñaron, algunas sujetas a estilos determinados (sí, ni yo sé por qué narices tengo tantos recopilatorios de house, de drum'n'bass o trip hop), otras con una mayor amplitud de miras renunciaron a restringirse a un estilo o a un sello determinado, y esas son las pocas que, a duras penas, sobreviven. Las que han pasado por encima de la figura del DJ y han ido a buscar músicos de todo tipo y a pedirles que relaten sus referencias, y que junten los discos que más les han gustado o les gustan. En un algo naif blog amigo, allthingspassintothenight.blogspot.com, se mencionaba hace unos días la cuestión de las cassettes de varios. Endemoniado invento, debería decirle, si lo fuera. Los auténticos yonkies, muchos de los cuales estamos hoy en día dedicados a la labor de zapa de la recomendación compulsiva de música a través de la red, hace años no teníamos esa posibilidad. Así que acudíamos a esfuerzos algo patéticos: hacer compilaciones para distribuirlas entre amistades y amores potenciales y reales. Era una época en que se pensaba que se podía seducir a alguien poniéndole buena música. Tan ingenuo que resulta entrañable. Entregábamos esas cintas, esos CDs (hoy ya no hay ni entrega física, ese campo ha quedado yermo), y esperábamos impacientes unos días, antes de preguntar algo sobreexcitados aquello de qué tal te pareció). Cuánta decepción ha seguido a esas preguntas, madre mía. Con un reparto prácticamente equilibrado entre tres respuestas, a cual más descorazonadora : no la he oído aún (interpretábamos, ni la va a oír, ni sabe ya dónde la ha metido), me ha gustado mucho aquella canción de... (le gustaba la canción que conocía, pasaba de las otras,agua) o, la peor, está bién, sin concreción (la más deprimente: no habíamos conseguido ni el premio de honor de la indiferencia o el desprecio que instiga o estimula algún tipo de discusión).- En cualquier caso, ciertos sellos fueron avispados en pedir a músicos, no necesariamente DJs, por sus favoritas del momento o de toda la vida. Con excelentes resultados, pues incluso músicos nada brillantes creativamente han hecho grandes aportes cuando han revelado las influencias que les empujaron a la creación. Son, básicamente, cuatro series mis favoritas, algunas de las cuales se extienden por más de diez años, demostrando riesgo y cintura a la hora de elegir a quién pedir que les haga una sesión:

DJ Kicks, que empezaron en un plan muy purista con Kenny Larkin, Stacey Pullen o Carl Craig, para rápidamente transformarse en un ejemplo de eclecticismo : desde la orgía dub-reggae de la sesión de Daddy-G de los Massive Attack hasta la excelente sesión casi espiritual de Motor City Drum Ensemble (que ilustra este post y os recomiendo encarecidamente).
Back to mine, con un temperamente más introspectivo, pero igualmente recomendables, con sorprendentes reconversiones como la de Everything but the Girl o extraños giros como los Orbital (que si no recuerdo mal incluyeron a Jethro Tull).
Late night tales, donde la calma y la mirada hacia atrás reinan, con espectaculares sesiones de Air o los MGMT, o Zero 7.
Y las series Fabric o Fabriclive, algo más orientada la primera al puro background musical (John Peel !!  : genuflexión) o a la pista, la segunda.

Debo decir que prácticamente cualquier disco de estas series es una absoluta garantía de satisfacción para la persona que se acerca a la música con curiosidad e inquietud. Descubrir música desconocida es, para mí, una de las cosas más gratificantes que existe, en un mundo donde vamos todos tanto a lo seguro y a no asumir riesgos en modo alguno. En poner la canción y ver la película y leer el libro que pensamos, casi seguro que nos gustará. Que no hay tanto tiempo para vivir y no es cuestión de perderlo.
Y digo todo ésto bajo la influencia de dos capítulos apenas vistos de Treme. Serie que guardaba en la alacena y que un post de John Self sobre Dr. John acabó empujándome a ver. Para comprobar que no es The Wire. Lo cual hace más grande a The Wire. Qué hubiese resultado de intentar imitar esa estructura y esa genialidad que ya se sabe que es difícil alcanzar ??. Treme es diferente, es colorista y vital dentro de esa triste desesperación de quien vuelve asustado a su casa a ver qué ha dejado el paso del Katrina de ella. De quien en medio del caos reacciona tocando el trombón para alegrar a la gente y ganarse la vida. Treme no parece una serie para todos (como no lo era The Wire). Pero tanta música y tan variada me están haciendo pensar que, para empezar, sí es una serie para mí. Luego ya me pondré pesado. Ya sabéis.



divendres, 2 de març del 2012

EL CIERRE DE FILAS

Resulta espectacular la reacción de los medios ante los hechos que se producen últimamente. Todo un New York Times presta atención, en portada, a la imagen del manifestante que, enfundado en su hoodie, se enfrenta al empleado del mes del banco que le planta cara, en medio de una  de las protestas estudiantiles de los últimos días. Centro de Barcelona. Serviles como ellos solos, los medios más afines al sol que más calienta se han prestado a entrevistar al empleado, que modestamente niega indicios de heroicidad alguna en su acción. Quizás espera alguna medalla del banco al que defendió.
Mientras, yo recojo a través de comentarios en mi post de ayer posturas nada ambiguas con referencia a estos temas. Que se podrían resumir en que si hablando no te hacen caso, tal vez haya que gritar, y si ni así, pues ya veremos. En medio de opiniones sobre Carlos, sobre los movimientos extremistas europeos de los años 70, mayo del 68, y otros hechos que conmocionaron la sociedad décadas atrás. Ahora la conmocionan otras cosas. Curioso, este nuestro espontáneo acuerdo, que nos elevaría, según las opiniones de tertulianos de radios y televisiones convencionales, a todos los que así opinamos a la categoría de peligrosos activistas, de aviesos ideólogos que con sus arengas entregan y conducen a ingenuos y otrora dóciles jóvenes, a las fauces del sectarismo y el fanatismo. Como si tuviesen grandes alternativas, aparte del mando a distancia, el sofá, y dejar que los rayos catódicos los conviertan en babeantes seguidores de Quintanas, Campos y parecidos. No se preocupen: auto-declararse radical ya empieza a ser convencional.

Además, ciertos indicios, que en otra época yo hubiera llamado señales, parecen indicarme con claridad que éste es el buen camino.

Visito la web de RDL y acabo incluyendo la frase de Marçal, músico de la formación arty-punk  ¡Pelea! (apropiadísimo nombre) mencionando a Walter Benjamin  y el concepto (en mayúsculas: importante) de Violencia Divina. Como la furia de los elementos pero en la tierra. Como un tornado que no mueve el aire de la atmósfera sino el viento (curioso, mencionado en el poema de Germán, en http://decicrisis.blogspot.com/2012/02/blog-post.html, que habla de un culto a un tal Bön, seré egocéntrico !!), el viento de las ideas osadas.
Entonces también rebusco en la web de Mr. Blue, dónde recomienda leer la Historia abreviada de la literatura portátil, algo denso libro de Vila-Matas, pero que ya en su contraportada menciona un reducido grupo de escritores entre los que sale, bingo!, Walter Benjamin.
Hablo de los captchas y Karina me recomienda un vídeo grabado en TEDX (igual que la conferencia de Casciari !! bingo#2!!), http://www.tedxriodelaplata.org/videos/utilizando-poder-millones-mentes-humanas sobre el sentido de las extrañas palabritas, y su aprovechamiento globalizado. John Self se apresura a comentarme que tiene pensado hacer algo sobre los captchas, que ya veremos lo que es (pero salivo como el perro de Pavlov, igual que mientras espero la Orsai 5). Me lamentaría si dijera que se ha adelantado a una idea, pero esa no era la mía. La mía era montar anagramas con los captchas que me inspiren, que serán, práctica y necesariamente, aquellos que contienen una mejor proporción de vocales y consonantes. Crear títulos o frases y que esos tiren, a la Kapuscinski, de esta perezosa y limitada imaginación que, últimamente, sólo sirve para ver y recomendar, leer y recomendar. Ved Treme, leed Las correcciones (ya comprendo que HBO puede sacar de ahí una serie).
Lo hice, y un día de éstos veréis mi primer post con título de captcha anagramizado.

Cuando leo esta última frase empiezo a comprender que uno sabe de donde sale pero rara vez prevé adonde llega. Justo le dije a Ronny, sobre las manifestaciones, algo parecido. O somos un micromundo de no más de 200 o 300 sonados (justo el número de manifestantes violentos e incontrolados a los que la policía de Barcelona atribuye la responsabilidad de todos los desperfectos, siempre), o  es mi cabeza. Pero tanto cierre de filas me tiene muy mosqueado.



dijous, 1 de març del 2012

EOPTIOB ESCUIANC

No entiendo el tema de los captchas que hay que introducir para poder guardar comentarios en los sitios que visito. No entiendo que sean estúpidas palabras sin sentido, de manera que prácticamente no se pueden leer. Pero las escribo y dejo mis comentarios. Parece ser (he visto alguno) que hay sistemas automatizados capaces de introducir comentarios automáticamente. Entonces a alguien se le ocurrió implantar ese control,  y uno se siente un idiota a primera hora de la mañana, escribiendo eoptiob escuianc para poder recomendarle a John Self algún clip realmente enfermizo. Aunque haya sido declarado el mejor del año en algún sitio web. Tantos sitios webs y tantas opiniones hay, que prácticamente cualquiera ha sido declarado el mejor por algún otro cualquiera. Hay que elevar el listón y dejar el amiguismo en el nivel que le corresponde. Mal favor le haces a alguien si le dices a todo que es genial en vez de decirle que es mediocre cuando toca. No sé por qué digo esto, pues en mi ánimo vengativo debería haberle zurrado a cierto blog (ninguno de los que está relacionado al lado derecho), y en cambio he ensalzado y he apoyado su iniciativa a favor de la libre expresión artística. Vale más, aunque sea una pose excesivamente blandengue, no ganarse más enemigos.
La entrada sobre Carlos en Wikipedia es en su integridad un spoiler. Así que poco mal hago si comento algo sobre el final de la serie. Por cierto, aclarar que eran tres capítulos, no cuatro. El cuarto no existía, pues el archivo era una broma de esos entrañables amiguetes que cambian los títulos a los archivos que cuelgan en el emule: porno del más cutre. Ya me extrañó al ver como acababa el tercer capítulo que fuera a haber un cuarto. En todo caso, el último capítulo de Carlos, magnífico como los dos que le precedieron, marca un tono acorde con la propia decadencia del personaje. Magnífico el intérprete, Edgar Ramírez, con una impresionante actuación en el más puro estilo De Niro. A requisito del personaje que interpreta, habla con fluidez castellano, francés, inglés y alemán. Muestra la progresión física sin perder la credibilidad :patillas y peinado juvenil, después ya un convencional peinado de cuarentón. Adelgaza, engorda, saca esa barriga propia del maduro, aunque terrorista y asesino implacable, algo aburguesado. Va con frescas jóvenes revolucionarias y, al final, con prostitutas de baja estopa. Ni que decir que carga con el peso de casi seis horas de serie y en todo momento es creíble y carismático. Un gran descubrimiento. Y eso fue todo respecto a Carlos. Uno se despide de la serie y cree que la Europa de la Stasi, la del Este, forma parte del pasado. Que la lucha de clases y la revolución son puros recuerdos de un pasado extraño y confuso. Que el Ejército Rojo y la Baader Meinhof y los agentes dobles son puro pasto que servirá a ancianos centroeuropeos para contarles a sus nietos, en vez de hablar de las enfermedades que tienen y las pastillas que tienen que tomarse. Pero en las horas en que he escrito ésto, decenas de miles de estudiantes universitarios se han manifestado en Barcelona en contra de los recortes en educación y en favor de la educación pública. No es un mayo del 68, básicamente faltan cojones y sobra twitter y blackberries. Pero es un pequeño resquicio para la esperanza, al menos, que alguien salte de entre las sábanas y de delante de la pantalla, y se atreva a salir a la calle para algo más que tomarse una cerveza al sol.


Gracias a Youtube por no permitir que el magnífico vídeo del original de esta canción pueda publicarse aquí. Iba a ser un terrible crímen. Lo intentaré, aunque sea por joder. Era una gran canción, y era un gran vídeo.

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