diumenge, 15 de juny del 2014

VARIAS COSAS QUE NO DEBEN SER UN FINAL

No sé si he hecho bien alineando la foto a la izquierda
De repente, me entran ganas de escribir. Sí, quizás porque llevo un rato leyendo ensayos autobiográficos de Jonathan Franzen y Franzen hace que me parezca asequible hablar sobre uno mismo. Tanta es su naturalidad pero tanta es, también, la escasa brillantez de su propia existencia. Oh sí: Franzen es un escritor cuya vida desprende escaso glamour, ni falta que le hace. Esa no es su cualidad. Ni la es intentar que los que son suaves curvas de la vida de un hombre pasados los cuarenta parezcan enormes volantazos. Ha enterrado a sus ascendentes, ha atravesado un divorcio y, supongo, se ha planteado qué es lo que hay que hacer a continuación. Mientras tanto, ha escrito unas cuantas novelas magníficas
Pero he de escribir, he de escribir para publicar otra vez ya que no quiero ser exactamente interpretado como el tipo que escribió una entrada imitando el estilo de William Gaddis en Ágape se paga, ese libro que tanto crece en mi memoria desde que lo finiquité en una horita. Ni quiero que se recrimine que el núcleo de ese ejercicio no era el homenaje a un escritor sino la inmolación de un impostor. Lo que era la señora que había escrito ese deleznable artefacto y lo publicitaba por Twitter, llegando incluso a embaucar (a cambio de 16 euros más gastos de envío) a un pobre incauto que, no debo ser tan malo, ni siquiera me digné a alertar.
He de escribir y, por detalles que no vienen al caso, iba a hacerlo sobre los motivos exactos en que se basa mi odio por eso llamado real club deportivo español: un odio visceral, destructivo, ciego y cegador, pero, por eso mismo, inexplicable e inacabable.
Finalmente decido adelantarme a mí mismo, vulnerar levemente ese auto-impuesto fair-play de ceder mi primera opinión sobre un libro a la buena gente de UnLibroAlDía.
Ya hace unas semanas, y tras una insistencia bastante superior a la habitual en mí, recibí, obsequio de la Editorial Base, un libro que me despertaba enorme curiosidad. Se trata de Alma roja, sangre azul, semblanza autobiográfica en la que Alejandro Cao de Benós, señor de la foto de la curiosa pose, explica a quien quiera leerlo cuáles son los motivos de su incondicional admiración por el pueblo de Corea del Norte y por el hermético y curioso sistema político que gobierna el país.
Y agradecer que a uno se le envíe un libro, que es diferente de acudir a la tienda y pasar por caja, no debería significar cambiar el criterio cuando ya se ha acabado con su lectura. Porque, saciada la curiosidad lógica de saber qué dice este hombre sobre el país que lo ha convertido en una celebridad, todo lo demás es decepción. Y no es que uno espere que alguien se dedique a autobiografiarse para mostrar al mundo no solamente sus errores sino el proceso de su análisis. Pero es que lo de Cao de Benós transita demasiado a menudo por el territorio de lo grotesco. Me juego mi pedigree radical de izquierdas: Corea del Norte no puede ser el paraíso de felicidad que Cao de Benós describe, ni sus líderes las personas justas y de recto proceder que pretende que creamos que son. Hay barreras que no se cruzan. Aconsejar a la población que se peinen como su líder. Puede que sea otro bulo de internet. Pero las chapitas no lo son. Las chapitas con la efigie de cualquiera de los tres miembros de la dinastía que se aferra al poder no son un bulo. Son una realidad patética e inconcebible que aquí ya no tragamos. Lo lógico en este mundo es odiar a los políticos; esos tipos que iban a servir a y acaban sirviéndose de. Con diferentes matices, pero odiarlos. Desde un minuto después de celebrar su triunfo, incluso tras nuestro voto, empezarán a decepcionarnos y a incumplir sus promesas y a darnos bocados de realidad. La parafernalia de propaganda y ensalzamiento, propio o ajeno, que despliega Cao de Benós solo tiene explicación en que, viéndose entre la espada y la pared, haya comprendido que tiene que ir a muerte con el personaje que ha creado. Una especie de defensor de lo menos defendible que hay, hoy, en este mundo: los totalitarismos que anulan al individuo.

dimecres, 11 de juny del 2014

EL SENTIDO DEL DECORO (diga Gaddis)

                   no debería no debería esto no está nada bien ni una coma ni un respiro ni un momento de reflexión solamente letras letras palabras palabras y digo pues ya puestos ni párrafo vamos adelante salga como salga dicen aquellos que sea lo que dios quiera voy atrás pongo dios en mayúscula no déjalo correr deja deja que fluya sí fue ayer en twitter otra mayúscula que se escapa bueno eso veo un tweet de una promocionando un libro digo va veamos que pone la mujer iba a decir pava pero queda mejor mujer y digo uy que pinta esto echa para atrás vamos con la sinopsis que es esa cosita que es como decimos los catalanes el tastet es como el resumen y por ahí te haces una idea y dices voy a por el libro o no o me intereso y busco en la red el caso es la sinopsis del libro dice tal que así lo siento debo interrumpir el estilo de este post y dejar que la sinopsis escrita tal como está con sus comas mal puestas y toda la parafernalia brille en su esplendor

Un chico, al cabo de cierto tiempo, descubre por casualidad, que es adoptado, y decide indagar por su cuenta, para poder conocer a su familia biológica, teniendo que vencer múltiples obstáculos, hacer frente a bastantes problemas, pero pone mucho empeño, enfocando todo con optimismo y dando prioridad al cariño familiar y a que con esfuerzo, constancia y superación se puede conseguir cualquier reto.

                 vuelvo. Las comas están exacto de mal puestas y esa redacción esquizoide y moralista y ese cabo de cierto tiempo y leer en el perfil del twitter de la tipa que escribe esto esta repito sinopsis que debería estimular a leer y dices joder si voy a salir corriendo pues el perfil de la tipa en twitter dice que ha escrito una narrativa y que es interesante y que vende ejemplares en papel oh dios oh joder cómo si ni me siento mal propinándole este zarandeo pero es que si fuera una persona en el paro pero no en el perfil del autor pone que sacó unas oposiciones y que ha ejercido no sé cuántas profesiones yo digo sí sí lo que quieras licenciada en filología hispánica anda anda que de estudiar se aprende al menos dónde va y no va una coma y si leyeras algo porque te estoy viendo estoy venciendo la tentación de revelar tu nombre pero no los que lean esto que indaguen y que acaben diciendo joder Francesc qué mala leche que te ha hecho la pobre mujer esta yo digo es que me imagino a la tipa eso que decía en el perfil diciendo que sus escritores favoritos son en orden alfabético Brown Espinosa y Mocchia no no igual dice Stieg Larsson para hacerse la chuli anda anda miremos si está mal esto cuando aunque sea autopublicando porquerías así ven la luz igual es una enferma desahuciada de la medicina y su familia le ha hecho ese regalo ese pase a la posteridad quita quita si quiere vender esa porquería eso no eso no descartado es simplemente una pobre infeliz carente de todo talento y que no sé que pretende cuando recuerdo que ayer Vila-matas dijo eso de que apenas debemos ser treinta mil en este país o estado los interesados realmente en la buena literatura y yo pienso ay el daño que hacen artefactos como este que se llama

Vidas emotivas y enigmáticas

aunque igual he de agradecerle que me haya provocado el post o uno de los post más extraños de la vida de este blog pero ni eso no estoy aún tan mal

diumenge, 8 de juny del 2014

SECRETOS A VOCES

Era obvio que si hace unos días nadie pilló la broma de El poder del pelo yo, por compensación y secuencia de acontecimientos, acabara leyendo a Roberto Saviano, hacia el cual tengo opiniones algo encontradas. A pesar de eso, recuerdo que hablé de él en una de las primeras entradas en que descubrí como insertar fotos aquí. Así que por qué no incluir una de mis tantas tareas pendientes: la de intentar reflexionar sobre los mecanismos que me acercan a las lecturas y sobre los mecanismos que hacen que estas lecturas perduren en mi cabeza.
Y ando contento: el alter-ego comunitario en que me amparo para criticar libros es el quinto blog más influyente de literatura según los cálculos de no sé que buscador o que mega-web, lo cual seguramente sólo sirva para que me disguste cuando algún hortera que reseñe literatura romántica nos descabalgue de esa privilegiada posición.
Para qué emplear la falsa modestia. Cuando se escriben más de mil entradas. la falsa modestia está fuera de la lista de trucos a los que recurrir. Soy un simpático sinvergüenza y estas cosas me las paso por el forro. ¿Verdad?

Escribe con pasión
Escribe cada libro como si fuera el primero
Como si fuera el último
Como si fuera el único
Una elipsis ha de tener sentido
Una elipsis no es un recorte de páginas
Una elipsis ha de excitar la imaginación
Una elipsis no es para hacerse el interesante
A un buen libro pueden sobrarle páginas
Uno excelente nos dejará como si le faltasen páginas
(Esto último no es muy seguro)
La relación con el editor es de amor-odio
La relación con el lector es de miedo respetuoso rayano con el terror inconsciente
Si miras cuánto falta para acabarlo igual no te está gustando tanto
No es tan buen libro si puedes escuchar música mientras lo lees
Si necesita un manual de instrucciones, tampoco
Si te ha encantado no te conformarás con tenerlo en el e-book

No le acabo de ver la utilidad a esta lista. Ahora que lo pienso es bastante pretenciosa. Aún así, pulsaré el publica.
Clic.

dimarts, 3 de juny del 2014

EL PODER DEL PELO


Esa mirada con ese esbozo de sonrisa, esa leve inclinación de la cabeza fijando el interés de manera amable en quien le habla (aunque sea para atender como le critica y le ataca, aunque sea preparatoria de una lúcida y aguda réplica). Esa tez juvenil combinada con una de esas melenas que se ven limpias. Parece ser que el líder que tanto se esperaba ha surgido por fín, que el equivalente a Syriza, la pujante fuerza política griega que se opone a las decisiones de la troika, surge y lo hace con un liderazgo igualmente visible pero diferente. Y no es que yo ande demasiado preocupado por la cuestión de las fuerzas políticas españolas. Toda esperanza de que una fuerza nacional mayoritaria se convierta en algo cercano a una ayuda en el irreversible proceso de constitución de un estado catalán demuestra un grado de ingenuidad muy preocupante. Aun así, a tenor de lo declarado y lo demostrado, sería una posibilidad el que una formación inclinada a escuchar a la gente y hacerse eco de sus reivindicaciones estuviera más cerca de comprender la postura del pueblo catalán que el rancio eje PPSOE.
Obviamente Pablo Iglesias me cae bien, aunque no tanto como David Fernández. David Fernández goza del don de la imperfección y a Pablo Iglesias todo le está saliendo rodado. Todo. Empezando por la actitud de sus antagonistas políticos que han empezado a acusarle de cosas que para él no son acusaciones, sino santas bendiciones que le regalan votos a centenas de miles. Que si marxista, que si radical, que si extremista, que si utópico. Que si, caso de que gobierne, se va a enterar de cómo se ven las cosas desde el otro lado. Toda esa parafernalia de descalificaciones no son más que el pataleo de un sistema bipartidista completamente desequilibrado y desenmascarado. La alternancia PP-PSOE es en estos momentos una alternancia extrema derecha-centro derecha donde Rubalcaba, al cual ya le profeticé un sonadísimo fracaso, llega a disculparse ante su enemigo Rajoy por los hechos que han precipitado su espantá. El desplome del PSC, franquicia catalana del PSOE, es absoluto, y la desacreditación de su líder, Pere Navarro, irreversible. Cada vez parece más un pobre desgraciado perdido en medio de la selva sin enterarse de que la guerra en que participaba ha acabado hace años.
Y en pleno proceso de cocción mental y redacción de este post cae la bomba. El desquiciado rey de España abdica para garantizar una perpetuación de su abominable estirpe al mando del poder peninsular, en una esperpéntica transición del campechano al preparao, con familia directa muy cerca de presentarse ante la justicia, aunque no sea a rendir cuentas sino a hacer el paripé. Otra maniobra de distracción que el que escribe y firma esto, Francesc Bon López nacido el 17 de julio de 1964, espera y desea que no sea más que una bomba que les estalle en las manos. Que se demuestre bien pronto lo absurda que es la monarquía, lo más absurda que la hace el hecho de obedecer a las disposiciones póstumas de un deleznable y criminal dictador, y que la jugadita estratégica sea el preludio de la certificación de su erradicación absoluta. Hagan falta los medios que hagan falta, no veo para qué hay que demostrar la más mínima clemencia ni otorgarles ni un gramo más de la dignidad que han mostrado hacia sus súbditos.
Patética la reacción de ciertos medios ante estos hechos. Bochornosa la carta de Màrius Carol, director de La Vanguardia, que parecía redactada por un becario de la Casa Real con un cartel colgado de bufet libre de felaciones al poder. Una vergüenza absoluta que me ha reafirmado en mi decisión definitiva de no prestar ni un segundo más de atención a ninguno de los medios del casposo Grupo Godó. Decepcionante el escrito de Javier Cercas, al que voy a disculpar por su brillantez en la ficción, pero que me ha dejado cariacontecido y estupefacto al afirmar cosas que se vienen a contradecir con lo publicado en su brillante Anatomía de un instante.
En fin, cuestiones que me divierten, si bien mi aspiración es que sigan haciéndolo desde algo que podamos denominar pronto como la distancia

dissabte, 31 de maig del 2014

DETROIT, EL EJEMPLO

En algún momento del pasado la revista digital Playground se acercó a lo que se puede considerar una referencia cultural. El momento se está alejando ya, aviso. Javier Calvo lo reflejó en su cuenta de Facebook: el cambio de orientación está dando al traste con ese leve coqueteo con la gloria. Y Playground se ha dedicado al fácil juego del fusilamiento del talento ajeno, a llenar sus artículos de links y referencias, y a aprovecharse de los auténticos buscadores de tesoros. Cosa que algún mastuerzo bautizará un día no muy lejano como periodismo 3.0, donde 1.0 sea descripción de la realidad, 2.0 la interpretación libre de esa realidad y 3.0 el canibalismo de lo más aprovechable del 2.0. Sin el mínimo reparo. Lo cual igual no va a ser malo, en el fondo. Hay de estos homos tecnologicus que no paramos ni un segundo sin digerir información por todos los canales posibles. O por qué la mayoría de los smartphones que se estropean es que se han deslizado de las manos en la cisterna del WC. O por qué ahora no nos preocupa tanto hacer cola o esperar si tenemos con qué entretenernos. Con lo bien que a veces va parar: ni leer ni escuchar ni ver. Estirarse sobre la hierba y contemplar, días como hoy, cómo evolucionan las escasas nubes por el cielo.

No me ha apuntado a ninguna secta.

Pero voy a atribuirle a Playground este pequeño hallazgo, que igual me convierte en adalid del periodismo 4.0, como buen ejemplo de intrusismo y vampirismo a costa del 3.0. Se trata de una cuenta en Tumblr, GoobingDetroit, dedicada a recoger información sobre el deterioro de la antaño pujante y lujosa ciudad de Detroit (curioso que Detroit y deterioro compartan tantas letras, incluso añadiría el término detrito). Información que, en cifras, ya tiene lo suyo, pero que en lo visual es impactante, y nos acerca a panoramas apocalípticos que creíamos exclusivos de peliculas catastrofistas, ciudades que han pasado por conflictos bélicos o escenarios de accidentes nucleares. Pero no: como el moho que avanza silencioso hasta apoderarse de todo, y con el punto de inflexión que supuso ser el primer gran municipio en USA en declararse en bancarrota, la miseria se ha apoderado de Detroit (Motor City, Windy city y otros acogedores sobrenombres) de manera irreversible. Miseria que trae degradación, violencia, depresión. Ver las imágenes de esas casas unifamiliares que ahora son pasto de los matorrales, imaginar por un momento las gentes que un día albergaron y qué habrá sido de ellas.Menudo ejercicio de reflexión acerca del futuro de nuestra especie.

Detroit, cuna de músicas que nos fascinan, es ahora el ejemplo absoluto de todas las cosas que no funcionan en este mundo. El ascenso de una industria, la automovilística norteamericana, que en su ansia de competitividad empezó a trasladar su producción a otros países (ya que ahí producían los competidores que, desde el Lejano Oriente, tanta cara les plantaban comercialmente), sin el mínimo escrúpulo para valorar cuál era el impacto social que ello producía. No hubiera funcionado el proteccionismo pero tampoco el librecambismo. Ahora los ciudadanos estadounidenses se pasean en Hyundai y en Toyota, y Lexus es el paradigma del lujo - en The Wire Snoop menciona esa marca. Y a los compradores, cuanto más alejados estén de esa realidad, más igual les da el impacto causado por su decisión de compra. La dinámica del capitalismo salvaje es que la desglobalización mejor es la que se rige por la total desregulación. Busque las condiciones más beneficiosas para aumentar su beneficio. Las fiscales, las laborales, las culturales, las sociales.  Cuando las sociedades deberían perseguir el progreso lo que se persigue es el progreso a costa de quienes ni pueden aspirar a él. El próximo paso será África: formaremos una generación de obreros low-cost que producirán lo que sea hasta que accedan a algo parecido a un status de relativo bienestar como el que tiene Asia. Y entonces saldremos corriendo.
Siempre pienso en qué debe pensar Houellebecq si ve alguna vez estas fotos, y las sitúa en su contexto. Auditorios públicos sin público, ausente porque ha huido o ausente porque en medio de las necesidades más básicas resulta muy difícil desarrollar sensibilidades. Locales devastados, bancos que han embargado casas que han devenido ruinas. Posiblemente el desarrollo de las grandes urbes se deba a las industrias que se establecieron en ellas y atrajeron a la población. Y el proceso no hace más que funcionar a la inversa. Posiblemente esa evolución sea natural y consecuencia de una causa que es aún más profunda. No sé que pensarán Carl Craig o Derrick May o Juan Atkins al contemplar los barrios en que crecieron o en que vivían los primeros aficionados a su música, los que les dieron ánimos para continuar. Pero estas fotos son la prueba de que algo está marchando fatal.

divendres, 23 de maig del 2014

M.R. #2

Lo único que ella era capaz de aportar al inmenso patrimonio familiar era un caudal inagotable de melancolía.

dimecres, 21 de maig del 2014

APROPIACIÓN INDEBIDA

Guardemos las formas: primero voy a presentaros a la magnífica pieza de música que ha provocado que yo escriba hoy este post.


Se trata de "Preben Goes to Acapulco". Es el tercer tema en el primer álbum del músico escandinavo (soy muy perezoso, no me apetece buscar justo de qué país es) Todd Terje, titulado, er, It's album time. Es una instrumental perfecta: un mid-tempo con aires retro: elegante, funky, inspirado, emocional, vagamente planeador (ese sintetizador), con toques de Burgalat, de Barry, de Badarou, del Carl Craig usando sintes analógicos, de sonido lounge, con una suntuosa pero breve parte de cuerdas. Muy coherente con el aire de la producción previa de Terje, al que conocí vía Lindström, otro de esos músicos escandinavos (...) asociados a eso que viene a denominarse space-disco.
De hecho, en la secuencia del disco la canción viene engarzada por un tema también brillante, "Leisure Suit Preben",  este de aires más afrancesados, que aporta una cierta coherencia al conjunto. Hablamos de un álbum, hablamos de un intento de crear una especie de coherencia narrativa.


Lamentablemente, tras un inicio tan prometedor, todo se estropea. De ahí se pasa a un desvarío pretendidamente tropical (ya apuntado, por eso, al usar la palabra Acapulco en el título) que lo envía todo al traste. Sería perdonable de no acabar de joderlo todo con un movimiento aún más inexplicable: colar un cover de "Johnny and Mary" con la aportación vocal de Bryan Ferry. Lo cual me trae al nudo de este post. Sí, empiezo a estar hartito de ese socorrido recurso de los cover. Con lo que me gustaban. Pero ahora voy siendo más de la idea de que las versiones de las canciones de otros artistas o se hacen con la intención de aportarles algo o mejor restringirlas a bises inflamados en conciertos que se alargan más de lo debido. Cierto programa de cierta emisora de radio que prometí (debería decir promentí) no oir más, contiene una pequeña sección donde se muestran las versiones de canciones determinadas y dan una muestra del despropósito: versiones de clásicos pop o rock en clave bossa, en clave jazz, en clave big-band, en clave folk, en clave punk, en clave metal). O Dios. Odios. Claro que hay aportes en positivo, pero ahora me da que eso de usar una melodía célebre como base para material propio es algo demasiado sencillo. Jugar con el conocimiento más o menos inconsciente para sustituir a la escasez de ideas propias. Para mí que es muchas veces más apropiacionismo que homenaje. Claro que hay ejemplos para todos los gustos. Pero lo que ha hecho Todd Terje con la canción del difunto Robert Palmer no está bien. No para un track 5 de un disco que andaba como la seda. Joder, lo del tracklisting. Ya lo dije. Estropeó el disco enterito de AlunaGeorge: enterito. Así que disfrutemos del perverso placer culpable de ir directamente a lo que nos gusta. Las dos canciones del disco de Terje que son perfectas son las que he puesto aquí. Gracias al tracklisting, tengo la percepción de que, a partir del track 5, Terje no tiene nada más que decir. Y gracias a esto tan perverso que es la red no hay por qué pagar por todo el cerdo si nos interesa solo el jamón. Va: no es tan grave. Mucha gente no acaba libros que empieza. Qué hay de malo. He disfrutado lo que el disco podía aportarme. Para qué más. Y a todo el resto del mundo. No insistan si sus versiones no van a aportar cosas como

aire pop y ligeramente aflamencado a un clásico del tango.


emoción, drama y cierto sentido groove a un clásico del pop vocal.


dilluns, 19 de maig del 2014

EL PICO CERRADO


Cualquiera que use la red para expresar su opinión, use o no más de 140 caracteres, debe mantener una postura sobre la detención del usuario de Twitter que colgó comentarios de halago sobre el asesinato de Isabel Carrasco. Cualquiera, como yo, que no tenga reparos en mantener un tono elevado en lo que se refiere a comentarios y que, desde luego, no considere que deba, ni yo ni nadie, cortarse ni un pelo en expresar su parecer sobre cualquier cosa que suceda. Si las redes sociales en masa han vitoreado el hecho por el motivo que sea, lo último que debe la sociedad es mantener un silencio hipócrita, y lo primero que debe hacer el gobernante de turno o el político de turno es reflexionar sobre la respuesta de la sociedad a la que se supone que pretende servir.
Si bien el tema se reduce a ajustes de cuentas por motivos personales, la cuestión repercute más allá. Como si expresar júbilo por la desaparición de un antagonista fuera patrimonio de un determinado sector. Cuando se desea la pena de muerte para un criminal, o que éste se pudra en la cárcel, nadie levanta la voz de alarma por apología de la ley del Talión, cuando se desea muerte a los etarras eso es patriotismo español y sentido de la justicia. Pero una política que se había granjeado enemigos da con unos (además, correligionarios de su misma fuerza política, que no es otra que el PP) a los que se les acaba la paciencia y le meten cuatro balas en la cabeza, y nadie, nadie, puede expresar nada diferente a la indignación sin correr el riesgo de incurrir en delito: en uno de esos delitos que empiezan por la palabra apología y que deben ser tan difíciles de acotar, y de definir, pero, curioso, no de condenar.
Las redes sociales y los blogs y todas las herramientas de expresión de Internet son, obviamente, cajas de resonancia dependientes del nivel de alcance de cada uno. Reprimir las ganas de decir lo que se piensa, por bárbaro y reprobable que ello sea, no tiene el más mínimo sentido. A veces es el único canal en que muchos pueden expresarse, en una sociedad con medios de comunicación masiva sumamente castrados y controlados. No he sabido de nadie de los que salen en @apuntem que haya sido detenido por desear horribles muertes a todos los catalanes. Reivindico mi derecho a alegrarme y expresar mi alegría, y compartirla y promocionarla, si alguien que detesto desaparece, sin importarme el motivo ni las circunstancias. Y el de mis enemigos a decir lo mismo de mi. Vamos: hablar es diferente que hacer, dicen los ingleses. Perro ladrador, poco mordedor, se dice por aquí. Expresar rabia y frustración es un canal más para mitigar esa rabia y esa frustración. No pretenderán los gobernantes que eso quede dentro de nosotros. No les aconsejo que pretendan eso, vamos. Yo ya les he avisado.

dissabte, 17 de maig del 2014

EL LAPSUS

Por las amistades argentinas que frecuentan estas páginas, me hubiera gustado que el Tata Martino triunfara en el Barça. Por los propios triunfos del Barça, claro, y para empezar a confeccionar otra de esas descabelladas teorías que lo explica todo en el Universo. Pero no. Casi va a ser un descanso, visto que tres de los últimos posts de este blog han tenido relación con el fútbol, y nada más lejos de mi intención. Creo que es mejor hoy, 17 de mayo, (considerando que a mí el Mundial me la trae al pairo, excepto por el puro divertimento de ver partidos) proclamar a los cuatro vientos que me van a sentar bien esos tres meses largos hasta que la temporada 2014-2015 se ponga en marcha. Que no pondré la radio ni leeré webs de periódicos deportivos porque no tendrán más que los rollos de siempre. Especulaciones con fichajes que no me ilusionen y  bajas que me causen dolor. Hoy: el análisis de los motivos por los cuales todo ha ido mal (curioso: un gol y ese análisis sería de los motivos por los cuales todo ha ido bien). Una semana de revolcarnos por el estiércol y de acumular esperanzas de que el Atleti no se arrugue ante el Madrid. Pero, a la vez, empezando a tantear con todas las posibilidades que nos saquen de este pozo. Pues que sepáis que casi que no me apetece. Ya me he cansado: de valores y de mirarnos el ombligo y proclamar a los cuatro vientos que el mundo debe admirarnos o si no no es un mundo justo. Nos hemos divertido una temporadita, larga, sí, pero al final hemos descubierto cosas que, si las juntamos y las valoramos con objetividad, son tan terribles. Que los jugadores envejecen y dejan de ser apreciados en cuanto pierden un par de balones o dejan de superar a cinco contrarios en una sola jugada. Que cobran sumas obscenas y aun así hacen todo lo posible por esquivar al fisco. Que aunque te caigan simpáticos en lo personal te vas a cagar en todo si no son capaces de ganar los partidos en que depositas tus ilusiones. 
En el fondo, estos meses de travesía nos van a servir para acabar echando de menos el fútbol, pero hay cosas más importantes en que pensar. Pronto haré una lista.

Sirva este post como sustitución de los últimos comentarios recibidos. El mundo me apremia a que me ocupe de otras cosas. Quizás fundar una nación, quizás escribir una novela, quizás organizar algún proyecto que me lleve tan rápido y tan alto a una cúpula que acabe mareado.

dissabte, 10 de maig del 2014

BETA TESTER

Los tres sentados. Hablando entre ellos. Los conozco más por la voz, que suena rotunda, suena con poder sonoro, pero sin poder físico. Me fijo más en su curiosa disposición, sobre una pequeña ladera que les da, dependiendo de la perspectiva, un ligero efecto a sus siluetas, de quedar como recortados contra el horizonte. Me fijo más en esas tres piedras, una de las cuales mantiene visible una parte de musgo que revela que ha sido movida para situarla allí. Piedras sobre las que ellos están sentados, formando una especie de tríángulo equilátero, con una pose que muestra expectación pero cierta indolencia, una pose que es tan obvia y tan manifiesta que me impide alcanzar sus caras con la vista antes de oir la frase.

- Ya iba siendo hora.

dissabte, 26 d’abril del 2014

EL DOBLE RETO

Pep Guardiola vestido de oscuro riguroso: mirada al frente y expresión algo ausente. Luego se pondrá de pie y apretará los dientes. Es el minuto de silencio que, supongo que por empatía, no creo que haya obligación, dedica el Bayern de Munich, en su partido de hoy a la memoria de Tito Vilanova. Y es el primero de los detalles que el mundo espera de Pep Guardiola, el mundo en general, pero el mundo barcelonista en particular. Cierto sector tiene demasiado en cuenta que Guardiola se fue, por voluntad propia, por razones que no quedaron claras (y todo lo que no es claro, es turbio, o es oscuro, o es misterioso), y el rencor es algo demasiado presente en el corazón de la gente. Tierra de acogida que somos, qué mal acogemos a quien vuelve después de haberse ido.
Se espera de Guardiola que esté a la altura en lo relativo a la muerte de Tito Vilanova. Que se emocione, pero sin exagerar, sin teatralizar esa emoción. Pero peor aún si no se emociona, si simplemente acude a algún acto y mantiene el digno y respetuoso silencio de quien ha compartido tiempos mejores, pero que éstos forman parte del pasado. El punto intermedio, el equilibrio, es un intervalo muy concreto que combine sentimiento sincero y carezca de cualquier sentido de la compensación por las discrepancias habidas. Incluye un silencio casi completo, pero necesita de alguna palabra, aunque sea cortada por la emoción. Incluye un discreto segundo plano, como persona que no formaba parte del hoy, pero que dispone de un poderoso peso en el ayer. También porque no es un familiar y es la familia quien está en el epicentro del dolor. Importante: hablamos de relaciones profesionales, sí, vividas con la intensidad del deporte y los triunfos, y con un pasado arraigado en adolescencia y juventud, pero de relaciones a las que el ejercicio de la profesión enrareció: de una profesión en que fluye el dinero, los celos, las envidias, los malos entendidos, los momentos tensos. Todo el mundo espera que Guardiola esté a una altura que es muy difícil de establecer.
O en su defecto, que el martes le gane al Madrid, y en algún momento mire al cielo.

divendres, 18 d’abril del 2014

MÁS LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO

Hay dos imágenes que resultan recurrentes en los últimos días.

Sandro Rosell, pelo rapado, moreno, con barba, camiseta cutre bien alejada de su sempiterno traje marengo, sonriente como solamente sonríe quien, habiéndose despojado de un enorme peso que le atenazaba, afronta una cómoda vida con los bolsillos repletos de dinero. De los despachos al bohemian bourgeois.
La otra es la de Leo Messi en diversas poses, siempre cabizbajo, siempre con la mirada perdida en algún punto del suelo, siempre o casi siempre con brazos en jarra, como meditando lo que es inmeditable, como queriendo remediar lo que es irremediable: pelota perdida, ocasión desperdiciada, derrota en partido, derrota en eliminatoria.

Y yo me presento aquí, con un aire oportunista, aunque no es el primer grado de oportunismo posible, no seáis crueles, el oportunismo máximo sería, como la avariciosa comerciante (no todo el mundo merece ser llamado librero porque venda libros) cercana a mi casa, que guarda el letrero, siempre el mismo, que pone in memoriam, y planta, plantará mañana a su lado, los libros de Gabriel García Márquez.
Pero algunos aquí esperan con disimulada impaciencia a que yo escriba sobre el Barça, que ya es menos (muchas cosas importan más) que escribir sobre otras cosas, que quizás ya no merece que yo me lleve grandes disgustos. Antes, quizás, pero uno madura, a fuerza de pegarse castañazos, uno madura.
Y uno, también, al final se debe a su público.

Ninguna de estas líneas hubiera sido escrita, por eso, si el remate al poste de Neymar hubiera acabado en la red, y a ello hubiera seguido una disputada prórroga o hasta una tanda de penalties donde la suerte hubiera vestido de azulgrana. Ya no digamos si, encima, uno de los ataques a la portería del Granada hubiera acabado en gol, como solía pasar, detalle que hubiera mantenido tanto a Madrid como a Atlético a una distancia suficiente como para depender de uno mismo.Y para la Champions, lo mismo: un gol hubiera significado un tiempo extra en el que un equipo más experimentado a sufrir la presión hubiera tenido una ventaja sustancial. 
Asi que un gol en cualquiera de esos tres partidos significaría una esperanza abierta, un título o una posibilidad de obtenerlo, y no esta tan literariamente socorrida cuestión del via crucis y la semana trágica y el annus horribilis. Qué reiterativos somos.
Pero las cosas siempre vienen de lejos. Eso se dice. A pesar de esas circunstancias tan azarosas, somos incapaces de dejarlo todo en manos de la suerte y siempre hemos de pensar en las cosas como integrantes de una serie, de una cadena con eslabones anteriores y eslabones posteriores, parece que como homo-sapiens necesitamos encontrar una explicación a todo, una secuencia explicable, hiperpolable y extrapolable. Coñazo de pensamiento científico. Y la única verdad es que en nuestras existencias hay certezas que no implican que no haya otras certezas. Puede haber varias verdades, sin que éstas se nieguen las unas a las otras. Si es que está muy claro.
La primera es que un equipo de fútbol no son más que once seres humanos con una habilidad particular, pero expuestos a la intemperie de sus vidas. Maduran, pasan buenas o malas noches, la bota les molesta, el rebote les va al pie malo, reciben malas noticias, discuten con la mujer, cenan algo que les sentó mal, o simplemente toman la decisión pensando en que el compañero va a ir por un lado, y va por el otro. De ese cúmulo de circunstancias inabarcables depende su rendimiento como conjunto, pero es que además tienen otros once tipos ante sí que están firmemente resueltos a que lo hagan lo peor que puedan.
Partiendo de esa premisa, la confluencia de intereses comerciales que rodea a esa actividad de desarrollo tan imprevisible sólo llega a la conclusión de que, para triunfar en ese desempeño, no queda más remedio que aplicar lógica de puro mercado. Si quiero al mejor (al que, hasta el momento, más ha parecido capaz de sustraerse a esos imponderables) he de pagarle, más que los demás que también lo quieren, y el dinero lo he de obtener como sea, vendiendo camisetas, haciendo anuncios, endeudándome, escondiéndoselo al fisco. Ay. Pero es que aquello de que los rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros también funciona. La lógica empresarial no sirve para todo. Lo siento, señores sesudos de ESADE. Y el Barça, con escasos intersticios, lleva demasiados años regido por una lógica empresarial que tiene sentido a la hora de evitar bancarrotas o fraudes monumentales, pero que crea una sensación de alienamiento. Decisiones que están bien tomadas con las vísceras pasan por el tamiz de la lógica de los números.
Tuve la oportunidad de sostener una conversación casual con un relojero culé, ayer. Y parece ser que hay más gente que piensa así de lo que parece. A pesar de lo cual, el sí para abordar una descomunal reforma del estadio, reforma que obligará más que nunca a la obtención de recursos financieros para poder abordarla, resultó ganador por amplia mayoría.
Dicen que Guardiola atisbó todo lo que se cernía sobre el equipo y, como cuando llegó al equipo y se cargó de un plumazo a Deco, Ronaldinho y, un año más tarde, Eto'o, años más tarde planteó la necesidad de prescindir de algunos jugadores cuyo comportamiento no resultaba de su agrado (curiosamente aquellos más habituados a la presencia en el papel couché: Piqué, Cesc, Alves). Comprobar que ese proceso contaba con firme oposición, que parte de ésta consistía en supeditar intereses económicos a cuestiones deportivas, y que, si no funcionaba, se giraría en su contra, fue lo que le acabó de decidir a abandonar el club.
Y no sé si los seguidores estaríamos felices con un modelo contra viento y marea como el de clubes como el Athletic de Bilbao. Nos falta paciencia. Y nos seguirá faltando.
Posiblemente, continuará.

CARTA ABIERTA

Señor Michel Houellebecq:

Publique algo, por favor, ya, o va a provocar que me ponga impertinente.

dissabte, 12 d’abril del 2014

STEFAN ZWEIG: Mendel el de los libros

Leí a Stefan Zweig porque todo el mundo dice que es muy bueno.
Pero lo podría haber leído cualquier otro día hace un año o pasado un año.
Lo leí porque felicité a mi amigo Pascal Petit por cumplir cincuenta años.
No sé lo que dirá Pascal de que yo revele al mundo su edad, que será, en tres meses, la misma que la mía.
Cincuenta años es una cifra jodida. Para cualquiera, pero sobre todo para algunos que tendemos a pensar en lo que queda atrás y lo que queda por delante. Y, con esa edad, el desequilibrio entre esos dos conceptos es patente, porque sabemos que a cien años no llegaremos o en todo caso no nos gusta nada cómo llegaríamos.
Este texto, con alguna adaptación que quizás haga para personalizarlo, debería haber salido en la web de UnLibroAlDía si alguien no hubiera leído y reseñado el libro antes que yo. Pero, una vez lo hice, pensé que era justo tirar el texto escrito, y que merecía la pena compartir la experiencia de leer a Zweig y, de paso, adelantar algo de esa depresión, de esa cifra que hizo a Ferrater suicidarse para evitar "oler a viejo".

Ya me diréis.

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Idioma original: alemán
Título original: Buchmendel
Año de publicación: 1929
Traducción: Berta Vias Mahou
Valoración: muy recomendable

Tenía que averiguar por mí mismo el motivo de la unanimidad sobre Stefan Zweig. Reconozco que una conversación con mi amigo Pascal Petit vino a darme ese empujón que, reconozco, poca falta hacía si se cruzan a uno asequibles obras como este Mendel el de los libros, relato de unas 50 páginas al que Acantilado concede condición de obra como para su publicación unitaria. Con razón, por supuesto, ya que estamos, supongo, por lo leído, ante una obra lo suficientemente sólida y representativa. 
Con el pretexto casual de la evocación de recuerdos asociados a un lugar, el anónimo narrador irrumpe, para ponerse a buen recaudo de una tormenta, en el café Gluck, uno de tantos de la Viena de entreguerras, uno de esos lugares cargados de vieja historia centroeuropea. Reconociendo en ese lugar el escenario de momentos del pasado, la narración de Zweig (pausada, elegante, con el punto descriptivo idóneo para trazar en cuatro pinceladas justo la esencia de cada instante) nos presenta la figura de Jakob Mendel, librero de viejo de origen judío, que ocupaba en ese café un rincón casi clandestino desde el cual gestionaba su negocio de compraventa de libros. Desde ese momento quedamos atrapados por su historia, por su personalidad, por su torrencial sabiduría sobre su negocio, su desprecio al aspecto económico de éste. Y su escasa condición para la relación con sus semejantes. Cómo su palabra es ley en lo concerniente a libros, ediciones, valoraciones, cómo su vida se desenvuelve de manera mecánica en ese entorno fascinante, el que le ha ganado el respeto y la admiración de sus clientes. Relación unilateral: su nula pericia en lo social, en lo práctico, le hace dar con sus huesos en un campo de concentración, víctima de una estrambótica acusación de espionaje durante el curso de la Gran Guerra. Inocente, pero atrapado en un destino cruel, son sus reputados, influyentes y adinerados clientes quienes interceden para su liberación. Pero su exposición a la realidad, su salida del reducto hogareño de sus libros, ha sido excesiva y el mal está hecho.
Apenas 50 páginas, sí, pero tan intensas, tan sutiles en crear ese perfil del genio, del pozo de sabiduría que sólo unos pocos valoran, tan útiles para su fin encubierto: mostrar una sociedad que excluye, que etiqueta, que señala. Porque hay muchas cosas en esas páginas: la miseria de una población en período de guerra, la escasez de comida y de suministros, la paranoia en la búsqueda del enemigo, todo por oposición a la auténtica pasión de Mendel: el mundo de Mendel son y solo son libros. No le hace falta nada más, pero pronto vemos que no es así: sobra todo lo demás. Esa pasión transpira en la prosa de Zweig, penetra en quien lee, y redunda en una hora, no más, de lectura intensa, fascinante y perdurable.

diumenge, 6 d’abril del 2014

REFLEXIONES FRENTE A UN BOCADILLO

No debo ser el único que otorga cierta credibilidad a esa teoría manonegrista que asigna a los conflictos bélicos a gran escala propiedades reguladoras de los excedentes de población y que, por tanto, considera que son oportunamente provocados por fuerzas telúricas, por manos negras hábilmente guiadas por lobbies de los que suelen formar parte industria militar o empresas de seguridad. En cualquier caso, si hubiera que establecer un momento y un lugar que se nos antojan propicios para que un proceso así se desencadene, estos últimos días en Crimea puede, pronto es para decirlo, que tengan presencia en el recuerdo de la historia como el atentado de Sarajevo o la invasión de Polonia.
Encima, la cuestión da de lleno en dos puntos candentes: el derecho de las comunidades a determinar su futuro y el intento de Rusia de reverdecer viejos laureles y erigirse de nuevo en algo parecido a un bloque. Algo que me genera dudas. No por otra cosa que mi convencimiento de que Putin ya no tiene nada que ver con Lenin. Salvo, quizás, cierto insano concepto megalómano del patriotismo.
El hecho es que estas cosas me han pillado en plena lectura de un magnífico ensayo titulado Chavs, la demonización de la clase obrera, 350 páginas escritas por un joven periodista británico llamado Owen Jones, que en la solapa del libro es definido también como activista y que constituyen una auténtica bomba cargada de metralla de la que remueve conciencias. Con insistencia, claro, con contundencia, por supuesto, con eficacia. Vaya, en medio de tanto pasivista, agradecido es cualquier ensayo que incida en temas que solemos eludir, pues nos generan cierta incomodidad que no acabamos de justificar.
Chav es como se llama en Inglaterra lo que aquí llamamos cani o choni. Agradeceré a los lectores de otros lugares del globo que me apoyen con sus apelativos autóctonos. Se trata de individuos de clase trabajadora, con nulo o escaso acceso a educación o cultura (producto de un circulo vicioso que se inicia por el elevado coste de ésta, la necesidad de trabajar desde jóvenes para aportar a la economía familiar, y el desinterés como consecuencia de un cúmulo de circunstancias), que, usualmente, como resultado de ello, muestran dificultades de expresión, nula sofisticación, conducta bajo instintos primarios, y un largo etcétera que, ojo, nadie interprete aquí como crítica o menosprecio. Este libro ha calado en mí. Aviso. Y el ensayo de Jones parte del uso de esos términos descalificantes como primer punto de un proceso que culmina con el desprecio de la clase trabajadora en su integridad como parte influyente en la sociedad, su completa exclusión tanto práctica como institucional de cualquiera de los círculos de influencia donde se toman las decisiones. A pesar de ser la base cuantitativa de la sociedad, la clase obrera, definida como aquella cuya subsistencia económica depende exclusivamente del rendimiento obtenido por su trabajo, es ignorada de forma sistemática, cuando no vejada o vilipendiada, siendo objeto de burla desde prácticamente todos los flancos. Lo que Owen Jones razona y argumenta pertenece a casos de la sociedad inglesa, clasista hasta la médula, pero es fácilmente extrapolable a la sociedad actual de las sociedades occidentales, y trágicamente agudizado por la actual situación de profunda crisis sin perspectivas de finalización. Concienciémonos de que vamos a estar siempre así.
Lo que Owen Jones proclama es que la clase dominante, esos políticos educados en caras universidades y aislados en un mundo del cual no hacen nada por sacar incómodamente la nariz, ha conseguido al final anular el orgullo de clase obrera. Ha aplastado ese sentimiento, que fue el detonante de los escasos pero significativos cambios que se han conseguido en los últimos cien años. Nadie quiere ser obrero o proclamar que lo es: nadie siente orgullo de ser reponedor a sueldo mínimo o cajero de un supermercado, de conducir una furgoneta de reparto, de mover cajas en un almacén o de tenderse sobre el suelo aceitoso de un taller mecánico, ni tan siquiera de ser un oficinista básico dedicado primordialmente a llenar pantallas de ordenador con los datos más anodinos posibles. Gracias a la deslocalización, ya ni siquiera hay minas o fábricas de las que salir sucio y sudoroso pero satisfecho de que ese sudor sirva para que la familia subsista o progrese. Jones atribuye esta situación al pernicioso binomio que supusieron en Inglaterra tanto el thatcherismo como la era Blair. Y los chavs son ridiculizados hasta por esa intelectualidad de izquierda que teóricamente debería encargarse de defenderlos. O eso ponía en los papeles, en los manifiestos donde las fuerzas antaño marxistas, pero ahora acomodadas en ese desleído cóctel llamado socialdemocracia, deberían haber asimilado sus creencias y desde los cuales deberían haber desarrollado sus políticas. Todo el mundo la ha cagado.
En Inglaterra, donde un politico, obviamente antes del 2008, proclamó que todos eran clase media, señalar a esos individuos como escoria humana, como carne de cañón, como ciudadanos de segunda clase, se ha convertido en una especie de objetivo, de acoso y derribo, de moda como epítome de lo cool. Aludir a la posibilidad del ascenso de clases como único acceso a la dignificación del individuo: tener aspiraciones siempre de elevar el vuelo y abandonar los orígenes que uno negará, o de los que se arrepentirá toda la vida. Jones habla de páginas web que los ridiculizan, de campañas mediáticas a través de reality-shows televisivos, de periódicos, de actitudes enquistadas que no hacen más que despreciar y socavar la autoridad de una parte que es, y más hoy, numéricamente, la mayoría en cualquier sociedad. Nadie quiere estar en lo más bajo, nadie quiere demostrar pertenencia a un grupo del que todo el mundo se rie, nadie quiere hacer esa ostentación orgullosa que hace años hizo caer algunas torres que parecían no ir a caer nunca. Pocos ensayos tan necesarios para confirmar ciertas creencias.

diumenge, 2 de març del 2014

LA PROPORCIÓN ÁUREA

Si es que debería tenerlo más calculado. Es una cuestión de proporción. A más días demoro publicar de nuevo, tras dos meses, mayor es la presión. Uno no puede ir de rentrée y presentarse con lo puesto, o dejar a las claras, con un espectacular bajón de nivel (me lo pienso, pero dejo ahí esa frase tan presuntuosa), que la inspiración se esfumó y no digo nada porque no tengo nada que decir.
Así es la cosa, y a la larga el blogger es tan cruel como el twitter. No participas, no alzas la voz ni hablas bajito, la gente te olvida, no del todo, porque habrá quien diga, mira, vuelve a la vida, pero sí que deja de tenerte presente. Como si fueran ex-compañeros de trabajo con los que se agotan los temas de conversación, como los compañeros del servicio militar con lo que lo único que funciona es tirar de anecdotario y de atíquétaltefue
No creáis que no andaba en nada. Hubo dos temas que casi me traen de vuelta, pero quedaron en el casi.

Los temas del Barça y de Rosell. A punto estuve de hacer una falsa reseña de su infumable libro Bienvenidos al mundo real recriminándole su escasa entereza como personaje público y su desafortunada elección del momento de su renuncia. Muchacho, no vale largarse cuando se pone en duda dónde ha acabado un montón de dinero. ese era el mensaje. Pero no: para ser sincero, el mero planteamiento de ilustrar un post con una foto del individuo me resultaba repulsivo. 
Lo de Catalunya y lo que se ha venido en llamar el proceso. Pues qué queréis que os diga. Sigo pensando que falta una voluntad firme, que la cosa va de bravata y la bravata es lo más peligroso que existe. Señores: si uno echa el puño hacia atrás, se ha de disponer de fuerza para dar el puñetazo. Aún así, el 9 de noviembre está muy lejos. Para todo.

Podría haber hablado de alguno de los libros que he andado leyendo, y de hecho planeé hacerlo sobre el soberbio Limónov de Emannuel Carrére, auténtico portento narrativo basado en la vida de un escritor ruso que recomiendo a todo el mundo leer. Vamos a pensar que la literatura francesa contemporánea no solamente depende de Houellebecq (sin abandonar las pregarias por que éste se decida a volver algún día).
De hecho, esa lectura y los recientes acontecimientos en Ucrania no dejan de ser una especie de sutil recordatorio (los aviesos guardan el típico silencio del padre que calla para que el hijo vea el desastre que ha organizado y tome su propia conclusión) de las consecuencias derivadas de los jugueteos fronterizos, identitarios, y todas esas cosas que acaban sirviendo, de paso, para que los amantes del apocalipsis aviven recuerdos de la guerra fría y de la existencia arraigada de dos bloques por debajo y para siempre.

Pero al final se ha llevado el gato al agua un pequeño recordatorio del reguero de cadáveres ilustres que vienen dejando estos meses del 2014. Con especial recuerdo para Philip Seymour Hoffman, que siempre recordaré, entre otras cosas, por la esplendorosa secuencia inicial de Antes de que el diablo sepa que has muerto, y por haber participado en muchas buenas películas (eso, las buenas películas, que tanto escasea últimamente. Nos queda Joaquin Phoenix y dos o tres más. Aviso.

dimarts, 14 de gener del 2014

EL SOPORTE

Hago una tentativa de arreglo de la habitación de mi hija adolescente. Algún día se hará justicia y la inclusión en la misma frase de las palabras orden y adolescencia activará el corrector ortográfico. En cualquier caso, la cosa no pasa de tentativa, pues no es (nunca lo es) el mejor día. A pesar de lo cual, nos da tiempo de abordar el tema del estante donde ha ido acumulando libros a lo largo de los años. Lo cual incluye, ya, algunos ejemplos típicos de elecciones derivadas de modas pasajeras, junto a las propias de los primeros brotes de madurez. Me sorprende y me enorgullece que considere suyo mi viejo ejemplar de El Gran Gatsby. En una de esas entrañables conversaciones padre-hija que suelen evocarse con el paso de los años (escribir un post mencionándolo va a ayudar sin duda), Mònica, que no ha dejado de dar miradas satisfechas a su puesta de largo librera, me confiesa que, a pesar de su intrínseca condición de adolescente de alta tecnificación, no le apetece tener ni Kindle ni nada parecido a un lector de e-book. Que prefiere ver el lomo y pasar hojas y tener algo que acariciar. Cosa un poco estereotipada, lo sé, pero en lo que coincido. Esas cosas siempre acaban sumiéndome en las mismas reflexiones y esas reflexiones siempre se ramifican hacia los mismos territorios. Que si los artefactos de lectura electrónicos son algo terriblemente práctico, pero acruelmente séptico. Que si el carro y los caballos y los coches y las ruedas. Que si el papel y los bosques de la Amazonia. Y la cuestión de la música, cuando mi colección de CDs, que algún día especulé con que era algo parecido a una inversión (años después de considerar sacrilegio comprar CDs que jubilaban a mi crepitante colección de vinilos) cabe en un disco del tamaño de, erm, un disco duro, y esa sensación de pasar los dedos por los lomos (más dedos y más lomos, toma empacho de tópicos) ha sido sustituida, sin posibilidad alguna de vuelta atrás, por un estúpido pero práctico y alfabética e impecablemente indexado árbol de directorios donde, a lo sumo, asoma algo parecido a una imagen en pésima resolución de la poco trabajada portada de la mayoría de los discos.
Hubo un tiempo en que las tiendas de discos se sentían tan seguras de su prosperidad económica que llegaron a publicar pequeñas revistas de autopromoción. En una de ellas leí una frase que no sé si atribuir a Brian Eno, que hablaba de la gran historia de la vida de una persona que podía deducirse de cómo había construido su colección de discos. Joder, dan ganas de poner una frase en latín. Menuda verdad dijo el tipo. Tan verdad como pasado que no va a volver. La única cronología es como se desempaquetan los zip en tu disco duro conforme los descargas y lo poco que llegas a oír discos de artistas cuyo nombre empieza por cualquier letra más allá de la T. 
Total: el estante sigue sin tener una configuración definitiva (excitante: nuevos libros aparecen y aparecerán). Mònica no quiere un aparato que pueda perder con sus miles de libros guardados en su interior, y yo sigo pensando que el día que me cruce al dependiente de la tienda de discos (si me conoce después de tantos años) me dará un tortazo, y razón no le faltará.

diumenge, 8 de desembre del 2013

SOBRE LA PÁGINA 90, O ASÍ

El Objeto

La edición que estoy leyendo de La Broma Infinita es la de bolsillo. Tiene unas 1200 páginas y pesa más de 1 Kg., seguro, lo cual se trata de toda una broma (...) cuando para ser de bolsillo, su ancho de lomo de aproximadamente 7 cm. la hace inviable para tal denominación. Suelo acarrear el libro (que ni siquiera es cómodo para llevarlo en la mano) en el interior de una bolsa en bandolera (0), cosa que hace que la bolsa muestre un aspecto abombado y deforme, e incluso que, dependiendo de su contenido adicional, la cremallera no cierre por la parte donde el libro está ubicado, lo cual permite que se aviste su orgulloso contenido. 
Como tiene las notas en una especie de anexo posterior al texto (1) , me veo obligado a usar dos puntos de libro durante la lectura. Pues no quiero perder un detalle durante la lectura, o mejor dicho, no quiero ser consciente de haber perdido un detalle, y que esa consciencia lastre para siempre tanto mi pronunciamiento como esa especie de sensación interior de falta de algo (2).
La cuestión de los puntos de libro no es nada superficial. No sé que hacer ni donde guardar los puntos de libro mientras leo. Suelo dejar un reguero de puntos de libro pues me resulta algo incómodo doblar las esquinas de las páginas donde abandono (3) la lectura, pero aún más incómodo sostenerlo en una mano, ya no dejarlo al inicio del libro y exponerme a que resbale constantemente o a que, de forma accidental, el libro se cierre y yo tenga que ir en búsqueda del punto en que lo dejé (4).

Lo que no es El Objeto

En cualquier caso, como la finalidad de esta bitácora es cualquiera menos a) emitir un juicio de valor que supondría auto-espoilear lo que, a la postre, será una opinión objetiva y promediada de la lectura, en UnLibroAlDía y b) auto-espoilear el propio contenido del libro, ergo, si alguien despistado, o curioso, o escéptica, acudiera a esta novela en busca de tramas, misterios y desenlaces(5).

Por tanto, y dado que esto es un mero prólogo, diré que hasta ahora La Broma Infinita me transmite justo lo que esperaba. Es decir: necesidad de esfuerzo y de paciencia, fascinación por su perfección depurada, por ese bosque oculto tras los árboles, por esa jerga presuntamente de prospecto clínico que supura más emociones y más experiencias personales de lo saludablemente aconsejable. Me transmite mucha empatía (6) y me transmite mucho más que la gran mayoría de los escritores, tanto más que, como siempre, cualquier otra lectura que se interfiere ha de ser forzosamente modesta pues al lado de este hombre, y permitid que me repita y me parafrasee, la ligereza de otros se convierte en vacuidad. Lo cual no es suficiente, al menos para mí, que no desisto ni de leer otras cosas ni de acudir a esa especie de camposanto o UCI de las ideas que es la carpeta de borradores de mi blog, carpeta en la que acumulo ideas con la intención de que no escapen, con resultados muy desiguales (7).

(0) marca DKNY, modelo más parecido a lo inequívocamente masculino que incluía el catálogo de regalos de puntos por uso de tarjetas de una entidad financiera a la que no voy a hacer publicidad aquí, es más, entidad a la que recomendaría a todo el mundo que se abstenga de aportarle negocio alguno dado su claro posicionamiento unionista ejercido de forma absolutamente interesada (esta nota tiene el 0 debido a que el párrafo que la refiere ha sido intercalado a posteriori y no me resultaba cómodo ni práctico renumerar las posteriores). Bastante que no haya habido notas con números negativos o no vaya a haber en el futuro notas con números decimales.
(1) cosa no muy práctica, y que ignoro si estaba resuelta de la misma manera en la edición inicial del libro, pero que entiendo que es algo que no queda más remedio que hacer, dada la extensión de algunas notas - la que recoge la filmografía del padre, por ejemplo, ocupa más de media docena de páginas a tamaño de letra 10 como máximo
(2) al respecto, siempre recordaré que cuando, años atrás, vi The Sopranos, solía grabar los capítulos en un DVD conforme los descargaba del eMule. Como el DVD portátil donde los reproducía tenía una pantalla dividida en dos partes: en la parte izquierda figuraba el árbol de directorios y en la mitad derecha el nombre de los archivos. Como la pantalla sólo mostraba los caracteres iniciales de los archivos, no fui consciente de que, al grabar el DVD, la presencia de barras o puntos en los nombres de éstos hicieron que, en un caso puntual, viera uno de los capítulos fuera del orden establecido, circunstancia que noté, por algún detalle, a los cinco minutos de visionarlo. A pesar de lo cual, esos cinco minutos, en los que se producía (menuda pista hablando de The Sopranos) un crimen, no conseguí reubicarlos y me ha quedado, hasta que decida invertir otras 80 horas de mi escaso tiempo libre en volver a verla, cierta desagradable impresión de no haber visto la serie en su integridad, de faltar algo que no sé qué es.
(3) tampoco me gusta la palabra abandono en este contexto
(4) ni dejé tampoco
(5) como hacían los que veían Twin Peaks sin interpretar que el medio era el mensaje
(6) en especial por los editores y correctores que pudieran intervenir en su primera publicación, a los que imagino sentados sacudiendo la pierna derecha, en el despacho de la editorial, atormentados por el retraso a la cita del autor, y por su más que previsible negativa a modificar ni una sola coma de cualquiera de los párrafos, ni siquiera aquellos más trufados de polisílabos y tecnicismos
(7) entre los que reluce un post vacío y misteriosamente titulado Hepatotoxicidad leve que agradecería que alguien que lea esto se sirva sugerirme o apuntar de dónde puede haber surgido.

dissabte, 7 de desembre del 2013

TRADUCCIONES Y AFLUENCIAS

La señora de la foto de la derecha se llama Joana Maria Camps. Nótese la o en el primer nombre, la ausencia de acento en el segundo y el origen catalán del apellido.
La señora de la foto de la derecha es la Consellera en las Baleares de Educación, Cultura y Universidades.
La señora de la foto de la derecha sabe que, en el entorno del cargo que detenta (1), es muy importante eso de hacerse una foto delante de una estantería repleta de libros. La que ella ha escogido cumple con ese objetivo, aunque no en su totalidad. A mí me gustan las estanterías más desbordantes, con libros al través, con libros por encima de las hileras, como proclamando impacientes la necesidad o la conveniencia de nuevas ubicaciones. Cabe la posibilidad de que la señora de la foto de la derecha (que acabo de leer que es abogada, agente de la propiedad inmobiliaria y, por supuestísimo, qué esperábamos a estas alturas, no vayamos a hacernos los sorprendidos, militante del PP) eligiera una estantería de libros de algún conocido o afín para la foto que ilustra este texto.
Añado que sólo me es imposible identificar uno de los lomos como un curioso Archivos de España y América que poco o nada me dice acerca del gusto literario del propietario de la estantería.

Porque...

La señora que ha de regir la educación de toda una Comunidad Autónoma de ese estado que me niego a mencionar con palabra alguna que implique el uso respetuoso de una mayúscula, esa señora que, en función de la información incluida en su nombre (al que añadiré un segundo apellido, Bosch, también de indudable raíz catalana) debería emplear y conocer la lengua catalana o mallorquina o valenciana o como quiera denominarse, pero lengua al fin y al cabo en la que algunos tendemos a entendernos, esa señora a la que algunos más maliciosos recriminarían un aspecto poco dinámico (o, siendo más incorrectos, recriminarían una cierta tendencia al sobrepeso) y un aspecto de no simpatizar con ciertos sectores más radicales de la juventud, esa señora que, insisto, determinará cómo sea la formación de un número nada despreciable de ciudadanos, es incapaz no solo de saber lo que es el informe PISA (informe que cualquiera que haya tenido hijos escolarizados en la última década sabe perfectamente que evalúa ciertas aptitudes de manera objetiva y comparada a nivel del continente europeo), no solo de eso, sino igualmente incapaz de reaccionar en medio de un discurso y saber que la palabra PISA, puesta a toda prisa y de cualquier manera y sacada de contexto, es traducida automáticamente al catalán teniendo en cuenta su acepción como tercera persona del singular del presente del verbo pisar (que es de la primera conjugación, e, intuyo, regular), por la palabra equivalente TREPITJA.  Dos veces le sucedió, sin reacción ni explicación inmediata o posterior. Perdiendo, además, la expresión PISA, todo su sentido por su condición de acrónimo de una serie de iniciales que no me voy a molestar en buscar, pero permitiéndome, además de otro post precipitado y davidfosterwallaciano, una sonora carcajada ante la inutilidad de los políticos, carcajada que progresivamente se hiela al pensar en que, por lejos que considere a esta inútil, está mucho más cerca de lo que parece. 
Sabiendo, como sé, de quien ha hecho una carrera profesional del hecho de limitar los intercambios orales en inglés al extremo mínimo de sólo relacionarse por escritos y aventurar las interpretaciones al errático y caprichoso designio del Google Translate.

(1) Aunque podría decirse que ejerce (mal) u ostenta (pues me consta que en varias ocasiones ha alardeado de su jerarquía en tono realmente desagradable y despótico), opto por mantener "detenta" dado que mi conclusión es que, aunque aupada a esa posición merced a algún proceso electoral, no es merecedora de él para nada después de una pifia tan colosal e indigna de su posición. Y ello ha hecho que esta entrada quede más DFW.

divendres, 6 de desembre del 2013

NICOLAS, EMPERADOR DE CHILE


Para tener veintipocos años Nicolas Jaar ya ha cosechado fama y prestigio. Lástima que sea en este mundo en recesión sin fín y en un género tan maltratado como la música a la que la etiqueta de electrónica acaba representando un estigma. Es decir: cuando escribo estas líneas ya sé de muchos que dejarán de leer no en menosprecio a cualquier valor literario que, de forma exagerada, pueda atribuirse a este texto, sino porque, sin cometer una mala apreciación, entenderán que cuando se usa la forma del ensayo para ensalzar algo, una de las primeras condiciones impuestas por el futuro lector será un mínimo interés, por incipiente que este sea,  hacia el tema del cual va a versar el texto; así que no voy a pensar que muchos lleguen hasta este punto si no tienen una cierta filia. Por lo que, de ahora en adelante, el texto se nutrirá básicamente de cierta jerga y cierta palabrería que, lo siento en el alma, aquellos que hagan bandera de su profanidad en ciertos conocimientos musicales, encontrarán extraña cuando no abiertamente incomprensible.
Un inciso previo. Este post aislado coincide en el tiempo con mi lectura (en este justo momento ando sobre la página 62, cuando acabamos de saber que Hal Incadenza alterna sus elevados niveles académicos y deportivos con el consumo de estupefacientes, y que su madre ha enviudado en el curso de los últimos cuatro años), de La Broma Infinita, buque insignia de la obra de David Foster Wallace, más de 1.100 páginas que, como siempre, afectan a mi modo de escribir (otorgarle el apelativo de estilo sería petulante) y experiencia de la cual barrunto la posibilidad, ante la certeza de que la cosa va a ser larga y seguramente difícil, de llevar una especie de bitácora del puro hecho de la lectura. Mi decisión al respecto será muy sencilla de averiguar en el curso de los próximos días.
Volvamos; pues Nicolas Jaar es de origen chileno y usamericano. Una mezcla a la que la democracia creativa que internet trajo de la mano debería más o menos tenernos acostumbrados. A pesar de eso, intuyo que en el momento en que su triunfo se ha generalizado (ese triunfo, insisto, modesto y de corto alcance) se ha decantado más por andar por NY, quizás relegando las estancias en Chile (que ignoro si las hay, pero es que he dejado de ser tan fanático de los músicos como para andar en búsquedas de donde tienen establecida su residencia) a épocas de mayor introspección o, vaya usted a saber, etapas en que uno debe alejarse de los focos y la fama y las multitudes para entregarse a, erm, el proceso creativo.
Jaar entregó, hace un par de años, un disco esplendoroso que tituló Space is only noise y al cual puso una de esas portadas espartanas en blanco y negro. De hecho le presté tan poca atención, mal hecho, a la portada, que al ir a buscarla, justo ahora me doy cuenta de que la foto reproduce un cochecito con un bebé durmiendo. Hace cinco minutos la forma en la esquina superior izquierda hubiera jurado que era un perro, o algo así. De hecho desde lejos me lo parecía. Vaya, este post ya me ha sido útil. El contenido de Space is only noise a mí me pareció, a priori, que debía ser otro de esos difíciles ejercicios de la onda de los músicos del neoclasicismo electrónico como Johann Johannson o Tim Hecker o Andy Stott. Pero no: se trataba de algo a la vez más orgánico y a la vez sin tanta querencia por la textura como por el contenido musical. Ese disco me pareció, me parece, uno de los discos más innovadores en muchos años, cuando esa innovación consistía en, simplemente, incorporar elementos poco habituales. La guitarra con twang o el saxo. 


Y frente a la difícil puesta en escena de un disco asi, donde la secuencia es fundamental para que el oyente no se encuentre con una hora seguida en el mismo tono, Jaar demostró su sentido musical incorporando voces, incorporando ritmos muy cercanos al dub (el video anterior es un ejemplo, aparte de tenderme un puente de oro para explicar la cuestión relativa a la portada). Esa es una cuestión clave, incluso en estos tiempos donde acceder a una canción determinada está solo a unos pocos clicks. La secuencia del disco era de una ayuda enorme, era esa secuencia donde necesitas oir la canción de ese momento tanto como que la siguiente empiece. 
Bien: el mundo respondió a Jaar y la acogida fue favorable. De hecho, y voy a establecer una afirmación que muchos tildarán de pretenciosa, consiguió uno de esos hitos que objetivamente ejemplifican el éxito: los del festival Sónar se fijaron en él. No es un farol: si algo han conseguido estos tipos es desarrollar un olfato hacia lo que interesa. Pueden haberse dado el trastazo y haber apostado por hypes, pero os digo yo que si pusieron el ojo en Jaar es por algo. Y la sesión para el Sónar lo demostró. Aportando material inédito, tomando el micrófono para sus fraseos ligeramente nickcavianos, acompañado de músicos orgánicos.


Ahora voy a reconocer cierta injusticia: Jaar se ha aliado con otro músico para publicar nuevo material bajo el nombre de Darkside: el disco se llama Psyche y yo seguramente me arrepienta en un futuro no muy lejano de no haber retenido el nombre de ese músico, pero como resulta que mi entusiasmo ahora es por Jaar, he decidido que nada puede ensombrecer su figura. Pues el disco de Darkside suena tanto a Jaar que me parece simplemente otro disco de Jaar. Vuelve a ser un disco excelente y vuelve a ponerlo difícil a la hora de definirlo. Es como si (aquí voy a ponerme algo técnico) los primeros ritmos del trip hop se hubieran congelado y se hubiese evitado la reiteración en ciertas bases sobreexploradas y sobreexplotadas, como si se hubiese decidido mezclar los estilos de una forma más decidida e inspirada. Jaar empieza a recordarme a cierto otro músico que viró desde la escena electrónica a sonidos más físicos (el gran David Holmes) y me lo recuerda porque parece tener muy claro que su formación y su progresión musical le deben tanto a las máquinas como a las colecciones de discos como a las bandas sonoras de músicos como Carter Burwell o Cliff Martínez. 


Para completar este panorama idílico y para finalizar este deslabazado post en el que se han notado en exceso dos circunstancias (a saber, el tiempo que hacía que no me empleaba aquí y la influencia de la lectura de DFW), rematar mencionando la sesión que los dos músicos se marcaron para la web de Boiler Room. Recomiendo (ya lo hice por Twitter a raíz de la sesión del gran Jamie XX) a todo el mundo que se dé de vez en cuando un paseo por la web de Boiler Room. Aparte de ver a grandes DJs en su salsa, los tracklist son un caramelo para cualquier interesado en el eclecticismo, sirva éste para llegar a la pista o no.


Y una nota de salida: ya que este post ha sido el producto de dos o tres ratos que me he sentado ante el teclado (como siempre, a lo bruto, sin edición, sin depuración de estilo, con el único listón mínimo de evitar faltas de ortografía y faltas básicas de expresión), por lo que sí: he decidido retransmitir esa lectura de DFW. Pues no soy capaz de esperar esas semanas hasta explicar qué me parece un libro, y porque soy consciente de que no es un libro normal de más de 1000 páginas. Sí: hay libros normales de más de 1000 páginas. Pero el de DFW sabía, desde la primera, que no iba a serlo.
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