dimecres, 21 de maig del 2014

APROPIACIÓN INDEBIDA

Guardemos las formas: primero voy a presentaros a la magnífica pieza de música que ha provocado que yo escriba hoy este post.


Se trata de "Preben Goes to Acapulco". Es el tercer tema en el primer álbum del músico escandinavo (soy muy perezoso, no me apetece buscar justo de qué país es) Todd Terje, titulado, er, It's album time. Es una instrumental perfecta: un mid-tempo con aires retro: elegante, funky, inspirado, emocional, vagamente planeador (ese sintetizador), con toques de Burgalat, de Barry, de Badarou, del Carl Craig usando sintes analógicos, de sonido lounge, con una suntuosa pero breve parte de cuerdas. Muy coherente con el aire de la producción previa de Terje, al que conocí vía Lindström, otro de esos músicos escandinavos (...) asociados a eso que viene a denominarse space-disco.
De hecho, en la secuencia del disco la canción viene engarzada por un tema también brillante, "Leisure Suit Preben",  este de aires más afrancesados, que aporta una cierta coherencia al conjunto. Hablamos de un álbum, hablamos de un intento de crear una especie de coherencia narrativa.


Lamentablemente, tras un inicio tan prometedor, todo se estropea. De ahí se pasa a un desvarío pretendidamente tropical (ya apuntado, por eso, al usar la palabra Acapulco en el título) que lo envía todo al traste. Sería perdonable de no acabar de joderlo todo con un movimiento aún más inexplicable: colar un cover de "Johnny and Mary" con la aportación vocal de Bryan Ferry. Lo cual me trae al nudo de este post. Sí, empiezo a estar hartito de ese socorrido recurso de los cover. Con lo que me gustaban. Pero ahora voy siendo más de la idea de que las versiones de las canciones de otros artistas o se hacen con la intención de aportarles algo o mejor restringirlas a bises inflamados en conciertos que se alargan más de lo debido. Cierto programa de cierta emisora de radio que prometí (debería decir promentí) no oir más, contiene una pequeña sección donde se muestran las versiones de canciones determinadas y dan una muestra del despropósito: versiones de clásicos pop o rock en clave bossa, en clave jazz, en clave big-band, en clave folk, en clave punk, en clave metal). O Dios. Odios. Claro que hay aportes en positivo, pero ahora me da que eso de usar una melodía célebre como base para material propio es algo demasiado sencillo. Jugar con el conocimiento más o menos inconsciente para sustituir a la escasez de ideas propias. Para mí que es muchas veces más apropiacionismo que homenaje. Claro que hay ejemplos para todos los gustos. Pero lo que ha hecho Todd Terje con la canción del difunto Robert Palmer no está bien. No para un track 5 de un disco que andaba como la seda. Joder, lo del tracklisting. Ya lo dije. Estropeó el disco enterito de AlunaGeorge: enterito. Así que disfrutemos del perverso placer culpable de ir directamente a lo que nos gusta. Las dos canciones del disco de Terje que son perfectas son las que he puesto aquí. Gracias al tracklisting, tengo la percepción de que, a partir del track 5, Terje no tiene nada más que decir. Y gracias a esto tan perverso que es la red no hay por qué pagar por todo el cerdo si nos interesa solo el jamón. Va: no es tan grave. Mucha gente no acaba libros que empieza. Qué hay de malo. He disfrutado lo que el disco podía aportarme. Para qué más. Y a todo el resto del mundo. No insistan si sus versiones no van a aportar cosas como

aire pop y ligeramente aflamencado a un clásico del tango.


emoción, drama y cierto sentido groove a un clásico del pop vocal.


dilluns, 19 de maig del 2014

EL PICO CERRADO


Cualquiera que use la red para expresar su opinión, use o no más de 140 caracteres, debe mantener una postura sobre la detención del usuario de Twitter que colgó comentarios de halago sobre el asesinato de Isabel Carrasco. Cualquiera, como yo, que no tenga reparos en mantener un tono elevado en lo que se refiere a comentarios y que, desde luego, no considere que deba, ni yo ni nadie, cortarse ni un pelo en expresar su parecer sobre cualquier cosa que suceda. Si las redes sociales en masa han vitoreado el hecho por el motivo que sea, lo último que debe la sociedad es mantener un silencio hipócrita, y lo primero que debe hacer el gobernante de turno o el político de turno es reflexionar sobre la respuesta de la sociedad a la que se supone que pretende servir.
Si bien el tema se reduce a ajustes de cuentas por motivos personales, la cuestión repercute más allá. Como si expresar júbilo por la desaparición de un antagonista fuera patrimonio de un determinado sector. Cuando se desea la pena de muerte para un criminal, o que éste se pudra en la cárcel, nadie levanta la voz de alarma por apología de la ley del Talión, cuando se desea muerte a los etarras eso es patriotismo español y sentido de la justicia. Pero una política que se había granjeado enemigos da con unos (además, correligionarios de su misma fuerza política, que no es otra que el PP) a los que se les acaba la paciencia y le meten cuatro balas en la cabeza, y nadie, nadie, puede expresar nada diferente a la indignación sin correr el riesgo de incurrir en delito: en uno de esos delitos que empiezan por la palabra apología y que deben ser tan difíciles de acotar, y de definir, pero, curioso, no de condenar.
Las redes sociales y los blogs y todas las herramientas de expresión de Internet son, obviamente, cajas de resonancia dependientes del nivel de alcance de cada uno. Reprimir las ganas de decir lo que se piensa, por bárbaro y reprobable que ello sea, no tiene el más mínimo sentido. A veces es el único canal en que muchos pueden expresarse, en una sociedad con medios de comunicación masiva sumamente castrados y controlados. No he sabido de nadie de los que salen en @apuntem que haya sido detenido por desear horribles muertes a todos los catalanes. Reivindico mi derecho a alegrarme y expresar mi alegría, y compartirla y promocionarla, si alguien que detesto desaparece, sin importarme el motivo ni las circunstancias. Y el de mis enemigos a decir lo mismo de mi. Vamos: hablar es diferente que hacer, dicen los ingleses. Perro ladrador, poco mordedor, se dice por aquí. Expresar rabia y frustración es un canal más para mitigar esa rabia y esa frustración. No pretenderán los gobernantes que eso quede dentro de nosotros. No les aconsejo que pretendan eso, vamos. Yo ya les he avisado.

dissabte, 17 de maig del 2014

EL LAPSUS

Por las amistades argentinas que frecuentan estas páginas, me hubiera gustado que el Tata Martino triunfara en el Barça. Por los propios triunfos del Barça, claro, y para empezar a confeccionar otra de esas descabelladas teorías que lo explica todo en el Universo. Pero no. Casi va a ser un descanso, visto que tres de los últimos posts de este blog han tenido relación con el fútbol, y nada más lejos de mi intención. Creo que es mejor hoy, 17 de mayo, (considerando que a mí el Mundial me la trae al pairo, excepto por el puro divertimento de ver partidos) proclamar a los cuatro vientos que me van a sentar bien esos tres meses largos hasta que la temporada 2014-2015 se ponga en marcha. Que no pondré la radio ni leeré webs de periódicos deportivos porque no tendrán más que los rollos de siempre. Especulaciones con fichajes que no me ilusionen y  bajas que me causen dolor. Hoy: el análisis de los motivos por los cuales todo ha ido mal (curioso: un gol y ese análisis sería de los motivos por los cuales todo ha ido bien). Una semana de revolcarnos por el estiércol y de acumular esperanzas de que el Atleti no se arrugue ante el Madrid. Pero, a la vez, empezando a tantear con todas las posibilidades que nos saquen de este pozo. Pues que sepáis que casi que no me apetece. Ya me he cansado: de valores y de mirarnos el ombligo y proclamar a los cuatro vientos que el mundo debe admirarnos o si no no es un mundo justo. Nos hemos divertido una temporadita, larga, sí, pero al final hemos descubierto cosas que, si las juntamos y las valoramos con objetividad, son tan terribles. Que los jugadores envejecen y dejan de ser apreciados en cuanto pierden un par de balones o dejan de superar a cinco contrarios en una sola jugada. Que cobran sumas obscenas y aun así hacen todo lo posible por esquivar al fisco. Que aunque te caigan simpáticos en lo personal te vas a cagar en todo si no son capaces de ganar los partidos en que depositas tus ilusiones. 
En el fondo, estos meses de travesía nos van a servir para acabar echando de menos el fútbol, pero hay cosas más importantes en que pensar. Pronto haré una lista.

Sirva este post como sustitución de los últimos comentarios recibidos. El mundo me apremia a que me ocupe de otras cosas. Quizás fundar una nación, quizás escribir una novela, quizás organizar algún proyecto que me lleve tan rápido y tan alto a una cúpula que acabe mareado.

dissabte, 10 de maig del 2014

BETA TESTER

Los tres sentados. Hablando entre ellos. Los conozco más por la voz, que suena rotunda, suena con poder sonoro, pero sin poder físico. Me fijo más en su curiosa disposición, sobre una pequeña ladera que les da, dependiendo de la perspectiva, un ligero efecto a sus siluetas, de quedar como recortados contra el horizonte. Me fijo más en esas tres piedras, una de las cuales mantiene visible una parte de musgo que revela que ha sido movida para situarla allí. Piedras sobre las que ellos están sentados, formando una especie de tríángulo equilátero, con una pose que muestra expectación pero cierta indolencia, una pose que es tan obvia y tan manifiesta que me impide alcanzar sus caras con la vista antes de oir la frase.

- Ya iba siendo hora.

dissabte, 26 d’abril del 2014

EL DOBLE RETO

Pep Guardiola vestido de oscuro riguroso: mirada al frente y expresión algo ausente. Luego se pondrá de pie y apretará los dientes. Es el minuto de silencio que, supongo que por empatía, no creo que haya obligación, dedica el Bayern de Munich, en su partido de hoy a la memoria de Tito Vilanova. Y es el primero de los detalles que el mundo espera de Pep Guardiola, el mundo en general, pero el mundo barcelonista en particular. Cierto sector tiene demasiado en cuenta que Guardiola se fue, por voluntad propia, por razones que no quedaron claras (y todo lo que no es claro, es turbio, o es oscuro, o es misterioso), y el rencor es algo demasiado presente en el corazón de la gente. Tierra de acogida que somos, qué mal acogemos a quien vuelve después de haberse ido.
Se espera de Guardiola que esté a la altura en lo relativo a la muerte de Tito Vilanova. Que se emocione, pero sin exagerar, sin teatralizar esa emoción. Pero peor aún si no se emociona, si simplemente acude a algún acto y mantiene el digno y respetuoso silencio de quien ha compartido tiempos mejores, pero que éstos forman parte del pasado. El punto intermedio, el equilibrio, es un intervalo muy concreto que combine sentimiento sincero y carezca de cualquier sentido de la compensación por las discrepancias habidas. Incluye un silencio casi completo, pero necesita de alguna palabra, aunque sea cortada por la emoción. Incluye un discreto segundo plano, como persona que no formaba parte del hoy, pero que dispone de un poderoso peso en el ayer. También porque no es un familiar y es la familia quien está en el epicentro del dolor. Importante: hablamos de relaciones profesionales, sí, vividas con la intensidad del deporte y los triunfos, y con un pasado arraigado en adolescencia y juventud, pero de relaciones a las que el ejercicio de la profesión enrareció: de una profesión en que fluye el dinero, los celos, las envidias, los malos entendidos, los momentos tensos. Todo el mundo espera que Guardiola esté a una altura que es muy difícil de establecer.
O en su defecto, que el martes le gane al Madrid, y en algún momento mire al cielo.

divendres, 18 d’abril del 2014

MÁS LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO

Hay dos imágenes que resultan recurrentes en los últimos días.

Sandro Rosell, pelo rapado, moreno, con barba, camiseta cutre bien alejada de su sempiterno traje marengo, sonriente como solamente sonríe quien, habiéndose despojado de un enorme peso que le atenazaba, afronta una cómoda vida con los bolsillos repletos de dinero. De los despachos al bohemian bourgeois.
La otra es la de Leo Messi en diversas poses, siempre cabizbajo, siempre con la mirada perdida en algún punto del suelo, siempre o casi siempre con brazos en jarra, como meditando lo que es inmeditable, como queriendo remediar lo que es irremediable: pelota perdida, ocasión desperdiciada, derrota en partido, derrota en eliminatoria.

Y yo me presento aquí, con un aire oportunista, aunque no es el primer grado de oportunismo posible, no seáis crueles, el oportunismo máximo sería, como la avariciosa comerciante (no todo el mundo merece ser llamado librero porque venda libros) cercana a mi casa, que guarda el letrero, siempre el mismo, que pone in memoriam, y planta, plantará mañana a su lado, los libros de Gabriel García Márquez.
Pero algunos aquí esperan con disimulada impaciencia a que yo escriba sobre el Barça, que ya es menos (muchas cosas importan más) que escribir sobre otras cosas, que quizás ya no merece que yo me lleve grandes disgustos. Antes, quizás, pero uno madura, a fuerza de pegarse castañazos, uno madura.
Y uno, también, al final se debe a su público.

Ninguna de estas líneas hubiera sido escrita, por eso, si el remate al poste de Neymar hubiera acabado en la red, y a ello hubiera seguido una disputada prórroga o hasta una tanda de penalties donde la suerte hubiera vestido de azulgrana. Ya no digamos si, encima, uno de los ataques a la portería del Granada hubiera acabado en gol, como solía pasar, detalle que hubiera mantenido tanto a Madrid como a Atlético a una distancia suficiente como para depender de uno mismo.Y para la Champions, lo mismo: un gol hubiera significado un tiempo extra en el que un equipo más experimentado a sufrir la presión hubiera tenido una ventaja sustancial. 
Asi que un gol en cualquiera de esos tres partidos significaría una esperanza abierta, un título o una posibilidad de obtenerlo, y no esta tan literariamente socorrida cuestión del via crucis y la semana trágica y el annus horribilis. Qué reiterativos somos.
Pero las cosas siempre vienen de lejos. Eso se dice. A pesar de esas circunstancias tan azarosas, somos incapaces de dejarlo todo en manos de la suerte y siempre hemos de pensar en las cosas como integrantes de una serie, de una cadena con eslabones anteriores y eslabones posteriores, parece que como homo-sapiens necesitamos encontrar una explicación a todo, una secuencia explicable, hiperpolable y extrapolable. Coñazo de pensamiento científico. Y la única verdad es que en nuestras existencias hay certezas que no implican que no haya otras certezas. Puede haber varias verdades, sin que éstas se nieguen las unas a las otras. Si es que está muy claro.
La primera es que un equipo de fútbol no son más que once seres humanos con una habilidad particular, pero expuestos a la intemperie de sus vidas. Maduran, pasan buenas o malas noches, la bota les molesta, el rebote les va al pie malo, reciben malas noticias, discuten con la mujer, cenan algo que les sentó mal, o simplemente toman la decisión pensando en que el compañero va a ir por un lado, y va por el otro. De ese cúmulo de circunstancias inabarcables depende su rendimiento como conjunto, pero es que además tienen otros once tipos ante sí que están firmemente resueltos a que lo hagan lo peor que puedan.
Partiendo de esa premisa, la confluencia de intereses comerciales que rodea a esa actividad de desarrollo tan imprevisible sólo llega a la conclusión de que, para triunfar en ese desempeño, no queda más remedio que aplicar lógica de puro mercado. Si quiero al mejor (al que, hasta el momento, más ha parecido capaz de sustraerse a esos imponderables) he de pagarle, más que los demás que también lo quieren, y el dinero lo he de obtener como sea, vendiendo camisetas, haciendo anuncios, endeudándome, escondiéndoselo al fisco. Ay. Pero es que aquello de que los rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros también funciona. La lógica empresarial no sirve para todo. Lo siento, señores sesudos de ESADE. Y el Barça, con escasos intersticios, lleva demasiados años regido por una lógica empresarial que tiene sentido a la hora de evitar bancarrotas o fraudes monumentales, pero que crea una sensación de alienamiento. Decisiones que están bien tomadas con las vísceras pasan por el tamiz de la lógica de los números.
Tuve la oportunidad de sostener una conversación casual con un relojero culé, ayer. Y parece ser que hay más gente que piensa así de lo que parece. A pesar de lo cual, el sí para abordar una descomunal reforma del estadio, reforma que obligará más que nunca a la obtención de recursos financieros para poder abordarla, resultó ganador por amplia mayoría.
Dicen que Guardiola atisbó todo lo que se cernía sobre el equipo y, como cuando llegó al equipo y se cargó de un plumazo a Deco, Ronaldinho y, un año más tarde, Eto'o, años más tarde planteó la necesidad de prescindir de algunos jugadores cuyo comportamiento no resultaba de su agrado (curiosamente aquellos más habituados a la presencia en el papel couché: Piqué, Cesc, Alves). Comprobar que ese proceso contaba con firme oposición, que parte de ésta consistía en supeditar intereses económicos a cuestiones deportivas, y que, si no funcionaba, se giraría en su contra, fue lo que le acabó de decidir a abandonar el club.
Y no sé si los seguidores estaríamos felices con un modelo contra viento y marea como el de clubes como el Athletic de Bilbao. Nos falta paciencia. Y nos seguirá faltando.
Posiblemente, continuará.

CARTA ABIERTA

Señor Michel Houellebecq:

Publique algo, por favor, ya, o va a provocar que me ponga impertinente.

dissabte, 12 d’abril del 2014

STEFAN ZWEIG: Mendel el de los libros

Leí a Stefan Zweig porque todo el mundo dice que es muy bueno.
Pero lo podría haber leído cualquier otro día hace un año o pasado un año.
Lo leí porque felicité a mi amigo Pascal Petit por cumplir cincuenta años.
No sé lo que dirá Pascal de que yo revele al mundo su edad, que será, en tres meses, la misma que la mía.
Cincuenta años es una cifra jodida. Para cualquiera, pero sobre todo para algunos que tendemos a pensar en lo que queda atrás y lo que queda por delante. Y, con esa edad, el desequilibrio entre esos dos conceptos es patente, porque sabemos que a cien años no llegaremos o en todo caso no nos gusta nada cómo llegaríamos.
Este texto, con alguna adaptación que quizás haga para personalizarlo, debería haber salido en la web de UnLibroAlDía si alguien no hubiera leído y reseñado el libro antes que yo. Pero, una vez lo hice, pensé que era justo tirar el texto escrito, y que merecía la pena compartir la experiencia de leer a Zweig y, de paso, adelantar algo de esa depresión, de esa cifra que hizo a Ferrater suicidarse para evitar "oler a viejo".

Ya me diréis.

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Idioma original: alemán
Título original: Buchmendel
Año de publicación: 1929
Traducción: Berta Vias Mahou
Valoración: muy recomendable

Tenía que averiguar por mí mismo el motivo de la unanimidad sobre Stefan Zweig. Reconozco que una conversación con mi amigo Pascal Petit vino a darme ese empujón que, reconozco, poca falta hacía si se cruzan a uno asequibles obras como este Mendel el de los libros, relato de unas 50 páginas al que Acantilado concede condición de obra como para su publicación unitaria. Con razón, por supuesto, ya que estamos, supongo, por lo leído, ante una obra lo suficientemente sólida y representativa. 
Con el pretexto casual de la evocación de recuerdos asociados a un lugar, el anónimo narrador irrumpe, para ponerse a buen recaudo de una tormenta, en el café Gluck, uno de tantos de la Viena de entreguerras, uno de esos lugares cargados de vieja historia centroeuropea. Reconociendo en ese lugar el escenario de momentos del pasado, la narración de Zweig (pausada, elegante, con el punto descriptivo idóneo para trazar en cuatro pinceladas justo la esencia de cada instante) nos presenta la figura de Jakob Mendel, librero de viejo de origen judío, que ocupaba en ese café un rincón casi clandestino desde el cual gestionaba su negocio de compraventa de libros. Desde ese momento quedamos atrapados por su historia, por su personalidad, por su torrencial sabiduría sobre su negocio, su desprecio al aspecto económico de éste. Y su escasa condición para la relación con sus semejantes. Cómo su palabra es ley en lo concerniente a libros, ediciones, valoraciones, cómo su vida se desenvuelve de manera mecánica en ese entorno fascinante, el que le ha ganado el respeto y la admiración de sus clientes. Relación unilateral: su nula pericia en lo social, en lo práctico, le hace dar con sus huesos en un campo de concentración, víctima de una estrambótica acusación de espionaje durante el curso de la Gran Guerra. Inocente, pero atrapado en un destino cruel, son sus reputados, influyentes y adinerados clientes quienes interceden para su liberación. Pero su exposición a la realidad, su salida del reducto hogareño de sus libros, ha sido excesiva y el mal está hecho.
Apenas 50 páginas, sí, pero tan intensas, tan sutiles en crear ese perfil del genio, del pozo de sabiduría que sólo unos pocos valoran, tan útiles para su fin encubierto: mostrar una sociedad que excluye, que etiqueta, que señala. Porque hay muchas cosas en esas páginas: la miseria de una población en período de guerra, la escasez de comida y de suministros, la paranoia en la búsqueda del enemigo, todo por oposición a la auténtica pasión de Mendel: el mundo de Mendel son y solo son libros. No le hace falta nada más, pero pronto vemos que no es así: sobra todo lo demás. Esa pasión transpira en la prosa de Zweig, penetra en quien lee, y redunda en una hora, no más, de lectura intensa, fascinante y perdurable.

diumenge, 6 d’abril del 2014

REFLEXIONES FRENTE A UN BOCADILLO

No debo ser el único que otorga cierta credibilidad a esa teoría manonegrista que asigna a los conflictos bélicos a gran escala propiedades reguladoras de los excedentes de población y que, por tanto, considera que son oportunamente provocados por fuerzas telúricas, por manos negras hábilmente guiadas por lobbies de los que suelen formar parte industria militar o empresas de seguridad. En cualquier caso, si hubiera que establecer un momento y un lugar que se nos antojan propicios para que un proceso así se desencadene, estos últimos días en Crimea puede, pronto es para decirlo, que tengan presencia en el recuerdo de la historia como el atentado de Sarajevo o la invasión de Polonia.
Encima, la cuestión da de lleno en dos puntos candentes: el derecho de las comunidades a determinar su futuro y el intento de Rusia de reverdecer viejos laureles y erigirse de nuevo en algo parecido a un bloque. Algo que me genera dudas. No por otra cosa que mi convencimiento de que Putin ya no tiene nada que ver con Lenin. Salvo, quizás, cierto insano concepto megalómano del patriotismo.
El hecho es que estas cosas me han pillado en plena lectura de un magnífico ensayo titulado Chavs, la demonización de la clase obrera, 350 páginas escritas por un joven periodista británico llamado Owen Jones, que en la solapa del libro es definido también como activista y que constituyen una auténtica bomba cargada de metralla de la que remueve conciencias. Con insistencia, claro, con contundencia, por supuesto, con eficacia. Vaya, en medio de tanto pasivista, agradecido es cualquier ensayo que incida en temas que solemos eludir, pues nos generan cierta incomodidad que no acabamos de justificar.
Chav es como se llama en Inglaterra lo que aquí llamamos cani o choni. Agradeceré a los lectores de otros lugares del globo que me apoyen con sus apelativos autóctonos. Se trata de individuos de clase trabajadora, con nulo o escaso acceso a educación o cultura (producto de un circulo vicioso que se inicia por el elevado coste de ésta, la necesidad de trabajar desde jóvenes para aportar a la economía familiar, y el desinterés como consecuencia de un cúmulo de circunstancias), que, usualmente, como resultado de ello, muestran dificultades de expresión, nula sofisticación, conducta bajo instintos primarios, y un largo etcétera que, ojo, nadie interprete aquí como crítica o menosprecio. Este libro ha calado en mí. Aviso. Y el ensayo de Jones parte del uso de esos términos descalificantes como primer punto de un proceso que culmina con el desprecio de la clase trabajadora en su integridad como parte influyente en la sociedad, su completa exclusión tanto práctica como institucional de cualquiera de los círculos de influencia donde se toman las decisiones. A pesar de ser la base cuantitativa de la sociedad, la clase obrera, definida como aquella cuya subsistencia económica depende exclusivamente del rendimiento obtenido por su trabajo, es ignorada de forma sistemática, cuando no vejada o vilipendiada, siendo objeto de burla desde prácticamente todos los flancos. Lo que Owen Jones razona y argumenta pertenece a casos de la sociedad inglesa, clasista hasta la médula, pero es fácilmente extrapolable a la sociedad actual de las sociedades occidentales, y trágicamente agudizado por la actual situación de profunda crisis sin perspectivas de finalización. Concienciémonos de que vamos a estar siempre así.
Lo que Owen Jones proclama es que la clase dominante, esos políticos educados en caras universidades y aislados en un mundo del cual no hacen nada por sacar incómodamente la nariz, ha conseguido al final anular el orgullo de clase obrera. Ha aplastado ese sentimiento, que fue el detonante de los escasos pero significativos cambios que se han conseguido en los últimos cien años. Nadie quiere ser obrero o proclamar que lo es: nadie siente orgullo de ser reponedor a sueldo mínimo o cajero de un supermercado, de conducir una furgoneta de reparto, de mover cajas en un almacén o de tenderse sobre el suelo aceitoso de un taller mecánico, ni tan siquiera de ser un oficinista básico dedicado primordialmente a llenar pantallas de ordenador con los datos más anodinos posibles. Gracias a la deslocalización, ya ni siquiera hay minas o fábricas de las que salir sucio y sudoroso pero satisfecho de que ese sudor sirva para que la familia subsista o progrese. Jones atribuye esta situación al pernicioso binomio que supusieron en Inglaterra tanto el thatcherismo como la era Blair. Y los chavs son ridiculizados hasta por esa intelectualidad de izquierda que teóricamente debería encargarse de defenderlos. O eso ponía en los papeles, en los manifiestos donde las fuerzas antaño marxistas, pero ahora acomodadas en ese desleído cóctel llamado socialdemocracia, deberían haber asimilado sus creencias y desde los cuales deberían haber desarrollado sus políticas. Todo el mundo la ha cagado.
En Inglaterra, donde un politico, obviamente antes del 2008, proclamó que todos eran clase media, señalar a esos individuos como escoria humana, como carne de cañón, como ciudadanos de segunda clase, se ha convertido en una especie de objetivo, de acoso y derribo, de moda como epítome de lo cool. Aludir a la posibilidad del ascenso de clases como único acceso a la dignificación del individuo: tener aspiraciones siempre de elevar el vuelo y abandonar los orígenes que uno negará, o de los que se arrepentirá toda la vida. Jones habla de páginas web que los ridiculizan, de campañas mediáticas a través de reality-shows televisivos, de periódicos, de actitudes enquistadas que no hacen más que despreciar y socavar la autoridad de una parte que es, y más hoy, numéricamente, la mayoría en cualquier sociedad. Nadie quiere estar en lo más bajo, nadie quiere demostrar pertenencia a un grupo del que todo el mundo se rie, nadie quiere hacer esa ostentación orgullosa que hace años hizo caer algunas torres que parecían no ir a caer nunca. Pocos ensayos tan necesarios para confirmar ciertas creencias.

diumenge, 2 de març del 2014

LA PROPORCIÓN ÁUREA

Si es que debería tenerlo más calculado. Es una cuestión de proporción. A más días demoro publicar de nuevo, tras dos meses, mayor es la presión. Uno no puede ir de rentrée y presentarse con lo puesto, o dejar a las claras, con un espectacular bajón de nivel (me lo pienso, pero dejo ahí esa frase tan presuntuosa), que la inspiración se esfumó y no digo nada porque no tengo nada que decir.
Así es la cosa, y a la larga el blogger es tan cruel como el twitter. No participas, no alzas la voz ni hablas bajito, la gente te olvida, no del todo, porque habrá quien diga, mira, vuelve a la vida, pero sí que deja de tenerte presente. Como si fueran ex-compañeros de trabajo con los que se agotan los temas de conversación, como los compañeros del servicio militar con lo que lo único que funciona es tirar de anecdotario y de atíquétaltefue. 
No creáis que no andaba en nada. Hubo dos temas que casi me traen de vuelta, pero quedaron en el casi.

Los temas del Barça y de Rosell. A punto estuve de hacer una falsa reseña de su infumable libro Bienvenidos al mundo real recriminándole su escasa entereza como personaje público y su desafortunada elección del momento de su renuncia. Muchacho, no vale largarse cuando se pone en duda dónde ha acabado un montón de dinero. ese era el mensaje. Pero no: para ser sincero, el mero planteamiento de ilustrar un post con una foto del individuo me resultaba repulsivo. 
Lo de Catalunya y lo que se ha venido en llamar el proceso. Pues qué queréis que os diga. Sigo pensando que falta una voluntad firme, que la cosa va de bravata y la bravata es lo más peligroso que existe. Señores: si uno echa el puño hacia atrás, se ha de disponer de fuerza para dar el puñetazo. Aún así, el 9 de noviembre está muy lejos. Para todo.

Podría haber hablado de alguno de los libros que he andado leyendo, y de hecho planeé hacerlo sobre el soberbio Limónov de Emannuel Carrére, auténtico portento narrativo basado en la vida de un escritor ruso que recomiendo a todo el mundo leer. Vamos a pensar que la literatura francesa contemporánea no solamente depende de Houellebecq (sin abandonar las pregarias por que éste se decida a volver algún día).
De hecho, esa lectura y los recientes acontecimientos en Ucrania no dejan de ser una especie de sutil recordatorio (los aviesos guardan el típico silencio del padre que calla para que el hijo vea el desastre que ha organizado y tome su propia conclusión) de las consecuencias derivadas de los jugueteos fronterizos, identitarios, y todas esas cosas que acaban sirviendo, de paso, para que los amantes del apocalipsis aviven recuerdos de la guerra fría y de la existencia arraigada de dos bloques por debajo y para siempre.

Pero al final se ha llevado el gato al agua un pequeño recordatorio del reguero de cadáveres ilustres que vienen dejando estos meses del 2014. Con especial recuerdo para Philip Seymour Hoffman, que siempre recordaré, entre otras cosas, por la esplendorosa secuencia inicial de Antes de que el diablo sepa que has muerto, y por haber participado en muchas buenas películas (eso, las buenas películas, que tanto escasea últimamente. Nos queda Joaquin Phoenix y dos o tres más. Aviso.

dimarts, 14 de gener del 2014

EL SOPORTE

Hago una tentativa de arreglo de la habitación de mi hija adolescente. Algún día se hará justicia y la inclusión en la misma frase de las palabras orden y adolescencia activará el corrector ortográfico. En cualquier caso, la cosa no pasa de tentativa, pues no es (nunca lo es) el mejor día. A pesar de lo cual, nos da tiempo de abordar el tema del estante donde ha ido acumulando libros a lo largo de los años. Lo cual incluye, ya, algunos ejemplos típicos de elecciones derivadas de modas pasajeras, junto a las propias de los primeros brotes de madurez. Me sorprende y me enorgullece que considere suyo mi viejo ejemplar de El Gran Gatsby. En una de esas entrañables conversaciones padre-hija que suelen evocarse con el paso de los años (escribir un post mencionándolo va a ayudar sin duda), Mònica, que no ha dejado de dar miradas satisfechas a su puesta de largo librera, me confiesa que, a pesar de su intrínseca condición de adolescente de alta tecnificación, no le apetece tener ni Kindle ni nada parecido a un lector de e-book. Que prefiere ver el lomo y pasar hojas y tener algo que acariciar. Cosa un poco estereotipada, lo sé, pero en lo que coincido. Esas cosas siempre acaban sumiéndome en las mismas reflexiones y esas reflexiones siempre se ramifican hacia los mismos territorios. Que si los artefactos de lectura electrónicos son algo terriblemente práctico, pero acruelmente séptico. Que si el carro y los caballos y los coches y las ruedas. Que si el papel y los bosques de la Amazonia. Y la cuestión de la música, cuando mi colección de CDs, que algún día especulé con que era algo parecido a una inversión (años después de considerar sacrilegio comprar CDs que jubilaban a mi crepitante colección de vinilos) cabe en un disco del tamaño de, erm, un disco duro, y esa sensación de pasar los dedos por los lomos (más dedos y más lomos, toma empacho de tópicos) ha sido sustituida, sin posibilidad alguna de vuelta atrás, por un estúpido pero práctico y alfabética e impecablemente indexado árbol de directorios donde, a lo sumo, asoma algo parecido a una imagen en pésima resolución de la poco trabajada portada de la mayoría de los discos.
Hubo un tiempo en que las tiendas de discos se sentían tan seguras de su prosperidad económica que llegaron a publicar pequeñas revistas de autopromoción. En una de ellas leí una frase que no sé si atribuir a Brian Eno, que hablaba de la gran historia de la vida de una persona que podía deducirse de cómo había construido su colección de discos. Joder, dan ganas de poner una frase en latín. Menuda verdad dijo el tipo. Tan verdad como pasado que no va a volver. La única cronología es como se desempaquetan los zip en tu disco duro conforme los descargas y lo poco que llegas a oír discos de artistas cuyo nombre empieza por cualquier letra más allá de la T. 
Total: el estante sigue sin tener una configuración definitiva (excitante: nuevos libros aparecen y aparecerán). Mònica no quiere un aparato que pueda perder con sus miles de libros guardados en su interior, y yo sigo pensando que el día que me cruce al dependiente de la tienda de discos (si me conoce después de tantos años) me dará un tortazo, y razón no le faltará.

diumenge, 8 de desembre del 2013

SOBRE LA PÁGINA 90, O ASÍ

El Objeto

La edición que estoy leyendo de La Broma Infinita es la de bolsillo. Tiene unas 1200 páginas y pesa más de 1 Kg., seguro, lo cual se trata de toda una broma (...) cuando para ser de bolsillo, su ancho de lomo de aproximadamente 7 cm. la hace inviable para tal denominación. Suelo acarrear el libro (que ni siquiera es cómodo para llevarlo en la mano) en el interior de una bolsa en bandolera (0), cosa que hace que la bolsa muestre un aspecto abombado y deforme, e incluso que, dependiendo de su contenido adicional, la cremallera no cierre por la parte donde el libro está ubicado, lo cual permite que se aviste su orgulloso contenido. 
Como tiene las notas en una especie de anexo posterior al texto (1) , me veo obligado a usar dos puntos de libro durante la lectura. Pues no quiero perder un detalle durante la lectura, o mejor dicho, no quiero ser consciente de haber perdido un detalle, y que esa consciencia lastre para siempre tanto mi pronunciamiento como esa especie de sensación interior de falta de algo (2).
La cuestión de los puntos de libro no es nada superficial. No sé que hacer ni donde guardar los puntos de libro mientras leo. Suelo dejar un reguero de puntos de libro pues me resulta algo incómodo doblar las esquinas de las páginas donde abandono (3) la lectura, pero aún más incómodo sostenerlo en una mano, ya no dejarlo al inicio del libro y exponerme a que resbale constantemente o a que, de forma accidental, el libro se cierre y yo tenga que ir en búsqueda del punto en que lo dejé (4).

Lo que no es El Objeto

En cualquier caso, como la finalidad de esta bitácora es cualquiera menos a) emitir un juicio de valor que supondría auto-espoilear lo que, a la postre, será una opinión objetiva y promediada de la lectura, en UnLibroAlDía y b) auto-espoilear el propio contenido del libro, ergo, si alguien despistado, o curioso, o escéptica, acudiera a esta novela en busca de tramas, misterios y desenlaces(5).

Por tanto, y dado que esto es un mero prólogo, diré que hasta ahora La Broma Infinita me transmite justo lo que esperaba. Es decir: necesidad de esfuerzo y de paciencia, fascinación por su perfección depurada, por ese bosque oculto tras los árboles, por esa jerga presuntamente de prospecto clínico que supura más emociones y más experiencias personales de lo saludablemente aconsejable. Me transmite mucha empatía (6) y me transmite mucho más que la gran mayoría de los escritores, tanto más que, como siempre, cualquier otra lectura que se interfiere ha de ser forzosamente modesta pues al lado de este hombre, y permitid que me repita y me parafrasee, la ligereza de otros se convierte en vacuidad. Lo cual no es suficiente, al menos para mí, que no desisto ni de leer otras cosas ni de acudir a esa especie de camposanto o UCI de las ideas que es la carpeta de borradores de mi blog, carpeta en la que acumulo ideas con la intención de que no escapen, con resultados muy desiguales (7).

(0) marca DKNY, modelo más parecido a lo inequívocamente masculino que incluía el catálogo de regalos de puntos por uso de tarjetas de una entidad financiera a la que no voy a hacer publicidad aquí, es más, entidad a la que recomendaría a todo el mundo que se abstenga de aportarle negocio alguno dado su claro posicionamiento unionista ejercido de forma absolutamente interesada (esta nota tiene el 0 debido a que el párrafo que la refiere ha sido intercalado a posteriori y no me resultaba cómodo ni práctico renumerar las posteriores). Bastante que no haya habido notas con números negativos o no vaya a haber en el futuro notas con números decimales.
(1) cosa no muy práctica, y que ignoro si estaba resuelta de la misma manera en la edición inicial del libro, pero que entiendo que es algo que no queda más remedio que hacer, dada la extensión de algunas notas - la que recoge la filmografía del padre, por ejemplo, ocupa más de media docena de páginas a tamaño de letra 10 como máximo
(2) al respecto, siempre recordaré que cuando, años atrás, vi The Sopranos, solía grabar los capítulos en un DVD conforme los descargaba del eMule. Como el DVD portátil donde los reproducía tenía una pantalla dividida en dos partes: en la parte izquierda figuraba el árbol de directorios y en la mitad derecha el nombre de los archivos. Como la pantalla sólo mostraba los caracteres iniciales de los archivos, no fui consciente de que, al grabar el DVD, la presencia de barras o puntos en los nombres de éstos hicieron que, en un caso puntual, viera uno de los capítulos fuera del orden establecido, circunstancia que noté, por algún detalle, a los cinco minutos de visionarlo. A pesar de lo cual, esos cinco minutos, en los que se producía (menuda pista hablando de The Sopranos) un crimen, no conseguí reubicarlos y me ha quedado, hasta que decida invertir otras 80 horas de mi escaso tiempo libre en volver a verla, cierta desagradable impresión de no haber visto la serie en su integridad, de faltar algo que no sé qué es.
(3) tampoco me gusta la palabra abandono en este contexto
(4) ni dejé tampoco
(5) como hacían los que veían Twin Peaks sin interpretar que el medio era el mensaje
(6) en especial por los editores y correctores que pudieran intervenir en su primera publicación, a los que imagino sentados sacudiendo la pierna derecha, en el despacho de la editorial, atormentados por el retraso a la cita del autor, y por su más que previsible negativa a modificar ni una sola coma de cualquiera de los párrafos, ni siquiera aquellos más trufados de polisílabos y tecnicismos
(7) entre los que reluce un post vacío y misteriosamente titulado Hepatotoxicidad leve que agradecería que alguien que lea esto se sirva sugerirme o apuntar de dónde puede haber surgido.

dissabte, 7 de desembre del 2013

TRADUCCIONES Y AFLUENCIAS

La señora de la foto de la derecha se llama Joana Maria Camps. Nótese la o en el primer nombre, la ausencia de acento en el segundo y el origen catalán del apellido.
La señora de la foto de la derecha es la Consellera en las Baleares de Educación, Cultura y Universidades.
La señora de la foto de la derecha sabe que, en el entorno del cargo que detenta (1), es muy importante eso de hacerse una foto delante de una estantería repleta de libros. La que ella ha escogido cumple con ese objetivo, aunque no en su totalidad. A mí me gustan las estanterías más desbordantes, con libros al través, con libros por encima de las hileras, como proclamando impacientes la necesidad o la conveniencia de nuevas ubicaciones. Cabe la posibilidad de que la señora de la foto de la derecha (que acabo de leer que es abogada, agente de la propiedad inmobiliaria y, por supuestísimo, qué esperábamos a estas alturas, no vayamos a hacernos los sorprendidos, militante del PP) eligiera una estantería de libros de algún conocido o afín para la foto que ilustra este texto.
Añado que sólo me es imposible identificar uno de los lomos como un curioso Archivos de España y América que poco o nada me dice acerca del gusto literario del propietario de la estantería.

Porque...

La señora que ha de regir la educación de toda una Comunidad Autónoma de ese estado que me niego a mencionar con palabra alguna que implique el uso respetuoso de una mayúscula, esa señora que, en función de la información incluida en su nombre (al que añadiré un segundo apellido, Bosch, también de indudable raíz catalana) debería emplear y conocer la lengua catalana o mallorquina o valenciana o como quiera denominarse, pero lengua al fin y al cabo en la que algunos tendemos a entendernos, esa señora a la que algunos más maliciosos recriminarían un aspecto poco dinámico (o, siendo más incorrectos, recriminarían una cierta tendencia al sobrepeso) y un aspecto de no simpatizar con ciertos sectores más radicales de la juventud, esa señora que, insisto, determinará cómo sea la formación de un número nada despreciable de ciudadanos, es incapaz no solo de saber lo que es el informe PISA (informe que cualquiera que haya tenido hijos escolarizados en la última década sabe perfectamente que evalúa ciertas aptitudes de manera objetiva y comparada a nivel del continente europeo), no solo de eso, sino igualmente incapaz de reaccionar en medio de un discurso y saber que la palabra PISA, puesta a toda prisa y de cualquier manera y sacada de contexto, es traducida automáticamente al catalán teniendo en cuenta su acepción como tercera persona del singular del presente del verbo pisar (que es de la primera conjugación, e, intuyo, regular), por la palabra equivalente TREPITJA.  Dos veces le sucedió, sin reacción ni explicación inmediata o posterior. Perdiendo, además, la expresión PISA, todo su sentido por su condición de acrónimo de una serie de iniciales que no me voy a molestar en buscar, pero permitiéndome, además de otro post precipitado y davidfosterwallaciano, una sonora carcajada ante la inutilidad de los políticos, carcajada que progresivamente se hiela al pensar en que, por lejos que considere a esta inútil, está mucho más cerca de lo que parece. 
Sabiendo, como sé, de quien ha hecho una carrera profesional del hecho de limitar los intercambios orales en inglés al extremo mínimo de sólo relacionarse por escritos y aventurar las interpretaciones al errático y caprichoso designio del Google Translate.

(1) Aunque podría decirse que ejerce (mal) u ostenta (pues me consta que en varias ocasiones ha alardeado de su jerarquía en tono realmente desagradable y despótico), opto por mantener "detenta" dado que mi conclusión es que, aunque aupada a esa posición merced a algún proceso electoral, no es merecedora de él para nada después de una pifia tan colosal e indigna de su posición. Y ello ha hecho que esta entrada quede más DFW.

divendres, 6 de desembre del 2013

NICOLAS, EMPERADOR DE CHILE


Para tener veintipocos años Nicolas Jaar ya ha cosechado fama y prestigio. Lástima que sea en este mundo en recesión sin fín y en un género tan maltratado como la música a la que la etiqueta de electrónica acaba representando un estigma. Es decir: cuando escribo estas líneas ya sé de muchos que dejarán de leer no en menosprecio a cualquier valor literario que, de forma exagerada, pueda atribuirse a este texto, sino porque, sin cometer una mala apreciación, entenderán que cuando se usa la forma del ensayo para ensalzar algo, una de las primeras condiciones impuestas por el futuro lector será un mínimo interés, por incipiente que este sea,  hacia el tema del cual va a versar el texto; así que no voy a pensar que muchos lleguen hasta este punto si no tienen una cierta filia. Por lo que, de ahora en adelante, el texto se nutrirá básicamente de cierta jerga y cierta palabrería que, lo siento en el alma, aquellos que hagan bandera de su profanidad en ciertos conocimientos musicales, encontrarán extraña cuando no abiertamente incomprensible.
Un inciso previo. Este post aislado coincide en el tiempo con mi lectura (en este justo momento ando sobre la página 62, cuando acabamos de saber que Hal Incadenza alterna sus elevados niveles académicos y deportivos con el consumo de estupefacientes, y que su madre ha enviudado en el curso de los últimos cuatro años), de La Broma Infinita, buque insignia de la obra de David Foster Wallace, más de 1.100 páginas que, como siempre, afectan a mi modo de escribir (otorgarle el apelativo de estilo sería petulante) y experiencia de la cual barrunto la posibilidad, ante la certeza de que la cosa va a ser larga y seguramente difícil, de llevar una especie de bitácora del puro hecho de la lectura. Mi decisión al respecto será muy sencilla de averiguar en el curso de los próximos días.
Volvamos; pues Nicolas Jaar es de origen chileno y usamericano. Una mezcla a la que la democracia creativa que internet trajo de la mano debería más o menos tenernos acostumbrados. A pesar de eso, intuyo que en el momento en que su triunfo se ha generalizado (ese triunfo, insisto, modesto y de corto alcance) se ha decantado más por andar por NY, quizás relegando las estancias en Chile (que ignoro si las hay, pero es que he dejado de ser tan fanático de los músicos como para andar en búsquedas de donde tienen establecida su residencia) a épocas de mayor introspección o, vaya usted a saber, etapas en que uno debe alejarse de los focos y la fama y las multitudes para entregarse a, erm, el proceso creativo.
Jaar entregó, hace un par de años, un disco esplendoroso que tituló Space is only noise y al cual puso una de esas portadas espartanas en blanco y negro. De hecho le presté tan poca atención, mal hecho, a la portada, que al ir a buscarla, justo ahora me doy cuenta de que la foto reproduce un cochecito con un bebé durmiendo. Hace cinco minutos la forma en la esquina superior izquierda hubiera jurado que era un perro, o algo así. De hecho desde lejos me lo parecía. Vaya, este post ya me ha sido útil. El contenido de Space is only noise a mí me pareció, a priori, que debía ser otro de esos difíciles ejercicios de la onda de los músicos del neoclasicismo electrónico como Johann Johannson o Tim Hecker o Andy Stott. Pero no: se trataba de algo a la vez más orgánico y a la vez sin tanta querencia por la textura como por el contenido musical. Ese disco me pareció, me parece, uno de los discos más innovadores en muchos años, cuando esa innovación consistía en, simplemente, incorporar elementos poco habituales. La guitarra con twang o el saxo. 


Y frente a la difícil puesta en escena de un disco asi, donde la secuencia es fundamental para que el oyente no se encuentre con una hora seguida en el mismo tono, Jaar demostró su sentido musical incorporando voces, incorporando ritmos muy cercanos al dub (el video anterior es un ejemplo, aparte de tenderme un puente de oro para explicar la cuestión relativa a la portada). Esa es una cuestión clave, incluso en estos tiempos donde acceder a una canción determinada está solo a unos pocos clicks. La secuencia del disco era de una ayuda enorme, era esa secuencia donde necesitas oir la canción de ese momento tanto como que la siguiente empiece. 
Bien: el mundo respondió a Jaar y la acogida fue favorable. De hecho, y voy a establecer una afirmación que muchos tildarán de pretenciosa, consiguió uno de esos hitos que objetivamente ejemplifican el éxito: los del festival Sónar se fijaron en él. No es un farol: si algo han conseguido estos tipos es desarrollar un olfato hacia lo que interesa. Pueden haberse dado el trastazo y haber apostado por hypes, pero os digo yo que si pusieron el ojo en Jaar es por algo. Y la sesión para el Sónar lo demostró. Aportando material inédito, tomando el micrófono para sus fraseos ligeramente nickcavianos, acompañado de músicos orgánicos.


Ahora voy a reconocer cierta injusticia: Jaar se ha aliado con otro músico para publicar nuevo material bajo el nombre de Darkside: el disco se llama Psyche y yo seguramente me arrepienta en un futuro no muy lejano de no haber retenido el nombre de ese músico, pero como resulta que mi entusiasmo ahora es por Jaar, he decidido que nada puede ensombrecer su figura. Pues el disco de Darkside suena tanto a Jaar que me parece simplemente otro disco de Jaar. Vuelve a ser un disco excelente y vuelve a ponerlo difícil a la hora de definirlo. Es como si (aquí voy a ponerme algo técnico) los primeros ritmos del trip hop se hubieran congelado y se hubiese evitado la reiteración en ciertas bases sobreexploradas y sobreexplotadas, como si se hubiese decidido mezclar los estilos de una forma más decidida e inspirada. Jaar empieza a recordarme a cierto otro músico que viró desde la escena electrónica a sonidos más físicos (el gran David Holmes) y me lo recuerda porque parece tener muy claro que su formación y su progresión musical le deben tanto a las máquinas como a las colecciones de discos como a las bandas sonoras de músicos como Carter Burwell o Cliff Martínez. 


Para completar este panorama idílico y para finalizar este deslabazado post en el que se han notado en exceso dos circunstancias (a saber, el tiempo que hacía que no me empleaba aquí y la influencia de la lectura de DFW), rematar mencionando la sesión que los dos músicos se marcaron para la web de Boiler Room. Recomiendo (ya lo hice por Twitter a raíz de la sesión del gran Jamie XX) a todo el mundo que se dé de vez en cuando un paseo por la web de Boiler Room. Aparte de ver a grandes DJs en su salsa, los tracklist son un caramelo para cualquier interesado en el eclecticismo, sirva éste para llegar a la pista o no.


Y una nota de salida: ya que este post ha sido el producto de dos o tres ratos que me he sentado ante el teclado (como siempre, a lo bruto, sin edición, sin depuración de estilo, con el único listón mínimo de evitar faltas de ortografía y faltas básicas de expresión), por lo que sí: he decidido retransmitir esa lectura de DFW. Pues no soy capaz de esperar esas semanas hasta explicar qué me parece un libro, y porque soy consciente de que no es un libro normal de más de 1000 páginas. Sí: hay libros normales de más de 1000 páginas. Pero el de DFW sabía, desde la primera, que no iba a serlo.

diumenge, 17 de novembre del 2013

IVÁN REPILA: EL NIÑO QUE ROBÓ EL CABALLO DE ATILA

A de amiguete. Pues sí, el autor de este libro y yo solíamos escribir en el mismo blog, antes de que los compromisos editoriales le enjugaran el escaso tiempo libre y lo acapararan para otros menesteres. Ahora es una sombra que planea sobre el blog y sus aportaciones son más mentales que físicas. Qué le haremos.
B de Barcelona. Y nuestro momento de coincidencia espacio-temporal en el planeta fue en mi ciudad. Lejos de buscar uno de esos bares ultra-cool que abarrotan la ciudad basándose en el hecho de intercambiar sobreprecios en las cervezas a cambio de la posibilidad de la presencia incógnita y desapercibida de alguna celebridad de medio pelo, miembro de tercera categoría del decadente y depauperado star-system, lejos de pasarnos el escaso ratito dudando, nos sentamos en una de esas terrazas clónicas de sillas clónicas de bares clónicos en calles clónicas (estar en Gracia y pasar al otro lado de la calle Bailén) atendidos, sí, por chinos clónicos.
C de cosas. Pasaban cosas: la gente vive en las terrazas en agosto, las ventanas están abiertas y los ruidos de los coches que frenaban con brusquedad hicieron que prestáramos atención a otras cosas.
D de debate. La cuestión política era ineludible, un vasco y un catalán hablando sobre la cuestión de moda.
E de ETA. Yo le dije qué pensaba y él me aportó una perspectiva.
F de fútbol. También sabe que confío en el Tata Martino al margen de que los nombres que uno emplea sean más o menos desacertados y de que la directiva actual del Barça represente para mí el paradigma de todo lo que me repugna en la trayectoria empresarial. El secretismo, el silencio traicionero, lo sibilino. Uy, cuántas S, y estamos por la F.
G de Gustau. Me vendió, ese mismo día, El ruido y la furia , de Faulkner, por 1 Euro. Lo hizo ante un testigo para que todo el mundo lo sepa.
H de Horacio. Un intermedio. Este hombre hace mucho que no comenta.
I de Iván Repila. Iván Repila es uno de esos escritores jóvenes que es mencionado a menudo cuando se habla de grandes promesas de la narrativa en castellano. En dos novelas ha demostrado ser capaz de aquello tan celebrado que es mostrar diferentes registros. O sea, pasar del desenfreno tarantiniano y esperpéntico de Una comedia canalla al tono solemne de esta espléndida El niño que robó el caballo de Atila, novela árida y cercana a lo mágico que me he zampado en menos de dos horas. 
J de Jenn Díaz, más conocida como Fusa, es de esas personas que he conocido a través del mundo blogger. Bien, hoy sale su foto en La Vanguardia junto a otros escritores alrededor de la treintena (edad que la muy desvergonzada ni siquiera está cerca de alcanzar) y ello me ha dejado no sorprendido sino, digamos, confirmado. Y estooo. Ya sé que dije que no compraría muchas más veces La Vanguardia. 
K de Kentucky, estado que en el siglo XIX aún toleraba la esclavitud.
L de lluvia, lluvia continua y seguro que benévola que ha transformado un fin de semana en una especie de tour de force literaria.
M de Moritz. Cerveza de la nación catalana, aunque todo puede que sea una operación de marketing. En cualquier caso, desde que descubrí que la cerveza Damm contenía arroz, yo dije que no, que el arroz es para las paellas. 
N de Nick Cave. Parece que le ven algo de blues a este hombre. Yo diría que es el primer crooner punk, porque a Sid Vicious lo de cantar My Way no pareció sentarle muy bien.
O de Orgullo. Pues va el tío y alardea de haberme conocido ante la gente de ULAD.
P de publicaciones en idiomas como el francés o el italiano. Que parece que están en marcha. 
Q de qué. ¿Qué explica el libro? Pues cómo dos niños hermanos (Pequeño y Grande) están en el fondo de un pozo en medio del bosque. Sin más que suponer el motivo. Su día a día y sus intentos, y todo lo que suscita una convivencia tan forzada en una situación tan extrema. 
R de Raval. El barrio, junto a Gràcia y el Born, más acanallado de Barcelona. O eso era: donde cenan los escritores y donde hay bares de absenta.
S de simbolismo: el libro de Repila merece muchas interpretaciones, y algunas de las que he oído son bastante descabelladas. Para mí es un libro de crisis económica galopante, de crueldad casi oriental y de reto personal. Solo espero que ningún gurú de la motivación empresarial se lo lea y lo convierta en uno de esos repugnantes artefactos motivadores como Quién se ha llevado mi queso. Sí: es TAN susceptible de ser interpretado.
T de tabaco. Fumas demasiado, machote.
U de una. Una opinión sincera, porque no me perdonaría otra cosa. Pues el libro es magnífico aunque tiene algún detalle algo ingenuo en algún punto, alguna línea de diálogo un poco forzada, pero que no impide que el resultado global sea muy notable. Más para estos tiempos que corren: al lado de la fuerza visual de su primer libro, el enorme abanico de interpretaciones posibles hace de esta novela breve e intensa un óptimo instrumento de búsquedas y relecturas que ignoro si el autor contemplaba cuando concibió el libro. Eso debería traducirse en ventas y en aullidos críticos, aunque también se corre el riesgo de ser acusado de pretencioso o visionario. Que yo sé que no, pero otros no lo saben.
V de Valencia. También hablamos de Valencia, como no, y me arriesgaré a mal recordar nuestra queja de cómo una ciudad tan luminosa y tan mediterránea ha sido entristecida por la voraz política de expolio de un PP desbocado.
W de Walker, Scott. The Old Man's Back Again es la canción que aproveché para promocionar. Los laterales de la Diagonal y el no prestar suficiente atención al tráfico es lo que vienen a tener.
X Estáis de coña si pensáis que voy a empotrar aquí una frase con xilófono. Vamos.
Y de ya. Ya está acabándose este suplicio
Z de Zaragoza. Lugar de residencia, nadie sabe si definitiva o no, de un señor al que, entre otros, la pelota de libros como el de Repila se le ha colado en el tejado (o en la cancha) y tienen, deben, diría, que devolverla convenientemente. Lo harán, hombre.

dissabte, 9 de novembre del 2013

EL MISTERIO DE JARVIS


¿Para qué esperar más?
¿Para qué exigir silencio e introspección, y una mesa en una esquina solitaria, para escribir? 
Cuando las palabras hierven, todo eso da igual. Mi mujer desayuna y yo ya he acabado. Mi hija duerme y mi hijo anda por casa de un amigo pensando en qué parte de sus brazos o de sus piernas está libre de algún arañazo o contusión.
Y yo dije que hablaría de Jarvis Cocker.
Escribo de Jarvis Cocker teniendo bien presentes las palabras y los consejos que he tomado del único libro de Stephen King que a mí puede llegar a gustarme. Por lo tanto, adiós adverbios, hola párrafos con sentido. Y alguna otra cosa: los puntos y comas pueden irse echando a temblar.

Gracias a los Podcast de la BBC esta mañana escuchaba el programa que Cocker dedicó, el domingo 3 de noviembre, a la obra de Lou Reed. No es que hiciera falta que yo cayera en la cuenta de la enorme influencia sonora de la Velvet Underground, ni es que yo hubiera hecho mucho caso a los últimos discos de Reed.
Pero Jarvis es mucho Jarvis. Lo primero que le diría, si lo tuviera delante (tras pedirle que tuviera consideración, que mi inglés es bueno, pero que debe hablar despacio y moderar su acento) es cómo puede uno sentirse cuando está en el estudio de grabación (grabando, sabiéndolo o no, el que será tu último disco con el grupo, el efectivo, peroalquelefaltabaalgo, We Love Life) y el tipo que ve tras el cristal, l dónde quiera que se meta el productor, es el mismo Scott Walker. 
Luego, le preguntaría si es consciente de que su look particular (consistente en distorsionar unos rasgos algo aniñados tras unas gafas de espantosa montura de concha) ha influido a toda una generación, hasta el punto de que alguien brillante haya acuñado el adjetivo gafapastil. 
También le preguntaría si cree que las angustiosas caladas que da al cigarrillo en los extractos en que aparece en 30th Century Man  son influencia de las caladas que dan los protagonistas de la primera temporada de Mad Men. Seguro que mantendría un silencio de auténtica modestia y esperaría otras preguntas más centradas en su trabajo.
Más tarde compartiría una opinión algo personal: que encuentro injusto, mucho, que una de sus canciones más brillantes sea, con  frecuencia, olvidada cuando se rememoran sus mayores éxitos.
Es ésta.


Más adelante, en una especie de recapitulación de hits menores en la que yo demostraría un conocimiento cercano a lo canónico sobre su discografía, cuestionaría la condición de mejor disco de Different class, ya que nunca me he sentido demasiado cómodo con el parecido de Disco 2000 con un impresentable hit ni con aquel chascarrillo sobre la melodía de Common people tomada de una cancioncilla de Mecano. Le diría que, para mí, las mejores canciones de ese disco, que es fabuloso, aclaro, son ciertas perlas que no siempre han sido valoradas.


En medio de la conversación, y dado que, en el vídeo de Live Bed Show, ha quedado manifiesta su condición de brillante letrista, le preguntaría por la intención de la frase contenida en todos los libretos de sus discos, aquella que decía algo parecido a Por favor no leas las letras de las canciones mientras estás oyendo el disco. Tendría miedo de ponerme, ya, algo impertinente, pues no sabría si sería capaz de expresar si detrás de ello la intención que percibo era separar el valor sonoro del valor literario, o si, por el contrario, pensaba que el análisis que merecían una y otra cosa debían interferirse o no entre sí.
Me liaría con la explicación y provocaría un silencio incómodo.

Qué difícil es romper el silencio. Imposible hacerlo si no es con algo brillante.

Como que por qué decidía insistir con el grupo tras diez años sin la más mínima repercusión, entre 1983 y 1993.


Y hacerlo, regresar a volver a intentarlo, sin un cambio tajante de sonido. Solo agrandaron los agujeros por los que asomaba Bowie y la primera época de Roxy Music, y alguna otra cuestión no tan visible (como, especulo, la influencia del torbellino de la música electrónica que en ese momento arrasaba las Islas Británicas).
Ellos veían a la juventud desconsolada del post-thatcherismo descubrir las drogas sintéticas. Siempre pensé si la toma de la canción para el disco era en vivo.


Jarvis ya habría recuperado lo más cercano a una sonrisa. Hablaríamos del brit-pop y le haría una pregunta de esas que uno lleva años pensando, de esas que sabes que solo tu cabeza puede urdir. De esas que, como entrevistador veterano y bregado en estas lides tras años y años de duras batallas contra divos en ascendencia y divos en decadencia, sabes que desnuda al tipo ante tí.

¿Te has mirado alguna vez en el espejo y has sonreído pensando que ese que el espejo refleja no es, por suerte, Noel Gallagher?


Qué pena: la mención al brit-pop quedaría reducida a cuatro o cinco detalles que de golpe les desmarcarían de esa presencia casual. Pasábamos por ahí. La entrevista estaría llegando a su final y, consciente de no saber si habría otra oportunidad,  obviaría el par de preguntas que habrían de llevarnos a reflexionar sobre el motivo de que su carrera en solitario no haya alcanzado ninguna de las cumbres que Pulp habitó con comodidad durante algunos años. Mejor así. 
Hablaríamos de su programa de radio, de su brillante Sunday Service que todos los domingos, casi sin falta, me habría descubierto algún talento escondido entre las piedras de los acantilados. Hablaríamos de que ese es un éxito personal, amable, cómodo pero no acomodado. Vería que se pone algo nervioso. Cuestiones de la nicotina, o mejor, de su ausencia. Vería que los minutos que me han concedido para la entrevista llegaban a su fin, y que, en realidad, ya habíamos habñado de lo sustancial.
Pensaría si, como decía el libro que leí, a veces un párrafo tiene que limitarse a una frase, porque el oficio te lo dice.
Y diría que sí.

divendres, 1 de novembre del 2013

ARRIBA Y ABAJO

Primero, las malas noticias. 
Aunque sea algo pronto para decirlo, pues la precipitación es mala consejera.
"Reflektor" es el cuarto disco de Arcade Fire. Es el segundo disco consecutivo que se inicia con la canción que da título al disco, tras "The Suburbs". Para los que andamos algo obsesionados con la música, ese es un detalle importante. Más, en esta época en que se oyen los discos de esta manera tan alejada del concepto oir un disco en la época del vinilo. Que puede que tenga que ver con el intrínseco sentido de la holgazanería humana. Ponías la aguja sobre el vinilo, oías el "slap", y dejabas que la cosa fuera tirando. ¿Levantarse a desplazar hacia otra canción? Vamos, estoy muy cómodo en el sofá. Pero vino el CD, vino el mando a distancia y vino la tecla skip. Vinieron los reproductores portátiles y el iPod y los ficheros AAC y los ficheros Mp3 y se acabaron las concesiones. Pero los Arcade Fire deben conservar un hálito de confianza en ese viejo sistema de oir la música. Muy mal no les va, así que allá ellos. Hoy leía en RDL sobre Spotify, plataforma que no uso, y joder, pienso que esto es una mierda, así como está. No hay oportunidades para músicos incapaces de atrapar al oyente a los diez segundos de canción y evitar que se vayan a otro sitio. Mundo que hemos creado entre todos. Algunos más que otros, pero entre todos. Vaya. 


Total, que el artefacto promocional que Arcade Fire han puesto al servicio de la promoción de este disco doble es la cuestión viral. Camuflarse tras otros nombres para hacer correr nuevos temas por la red. Usar rumores. Y, al final, presentar adelantos. A lo clásico, pero un poquitín más trabajado. Un primer clip onda caribeña, con interactividad incluída. Un segundo, oscuro, brillante, bizarro, que ese sí ya apartaba el tema visual y convertía a la canción, repito, la canción, en el centro. Los dos para presentar ese tema, una especie de experimento de rock bailable, un tema intenso, pegajoso, prolongado y puntualmente aderezado con efectivos trucos de producción del James Murphy, que dispone de tiempo libre tras haber dinamitado a los LCD Soundsystem, con lo que intercala la intensidad guitarrera con pasajes ácidos, con cuerdas y hasta con un piano percusivo que recuerda muy en el fondo ciertos pasajes ácidos y luminosos que muy pocos recordamos ya.


Luego, "Here comes the night time", mini-film de 23 minutos adicionales repleto de cameos de todo tipo: James Franco, Michael Cera, Rainn Wilson, Ben Stiller y Bono. Sip, Bono, que hace una especie de gesto de desplazamiento de carrera al ser sustituido en el escenario. En este experimento presentaban tres temas más: el que le da título a la película, donde acudían a cierto ritmo caribeño que encuentro algo, ejem, impostado, , "We exist", ese sí, un trallazo de funky-disco-rock planeador que goza de un efecto visual francamente fascinante, y "Normal person", un regreso a ciertas tonalidades presentes en "The Suburbs": unos Arcade Fire más norteamericanos, más violentos y cercanos al boogie-rock. Todas las canciones presentadas están entre los primeros temas que desfilan cuando oímos "Reflektor", el álbum. Y qué pasa entonces. Pues que el oyente se queda con la idea de que esas canciones son el esqueleto de un disco doble. Con la sensación de que más allá no va a encontrar gran cosa ya que el grupo no ha decidido incluirlo en la promoción inicial. Con tres o cuatro canciones iniciales efectivas ya hay bastante, y luego si encuentras alguna perla por allí hacia el final, tú ya verás. Como oyente el tracklisting es importante. Como analista es importante conservar ese concepto, añejo, ya lo sé, del álbum como conjunto con el que el músico viene a expresarse. Y esa disposición me desorienta y me aleja al disco, lo separa y lo acerca al concepto "grupo de canciones". Ahora que Lou Reed ha muerto y veo pocos discos más unitarios que su majestuoso "Transformer", apenas media horita de canciones breves y tendentes a lo íntimo, canciones en las que veías a los músicos abandonando el estudio con sus instrumentos en una maleta, diciéndose buenas noches hasta mañana y acudiendo a sus apartamentos a fumar hasta el día siguiente.


Luego, las buenas.
Los mejores discos de Goldfrapp van a ser, para siempre, los dos primeros. Pero resulta que "Tales of Us", sexto disco en estudio, nos fue presentado, por su tonalidad oscura, como un reprise de su debut, el extraordinario "Felt Mountain". Se habló, incluso, de que el concepto del grupo era alejarse lo máximo posible de su anterior disco, "Head First", lo más cercano al sonido disco-chochi que habían grabado.



Así que, volviendo a esa imagen expuesta en el párrafo anterior, veo a los músicos que tocan en "Tales of Us" viviendo en casas de campiña inglesas, alquiladas para tal fin. Desayunando y esperando que el día se aclare un poco para acudir al estudio y tomarlo donde lo dejaron. Las canciones de "Tales of Us" tienen, todas menos una, nombres de personas. A lo largo de este tiempo he descubierto que Alison Goldfrapp ha tenido parejas de ambos sexos. Los vídeos previos al lanzamiento de "Tales of Us" son estéticos y delicados. 


Presentan dos canciones, "Drew" y "Annabel", y en todos ellos andamos un poco perdidos en cuestiones de identidad. Pero, a diferencia de los trallazos efectivos e iniciales del disco de Arcade Fire, el disco de Goldfrapp crece mucho con las escuchas. A pesar de esa tentación de recrear ciertos paisajes sonoros donde ya han triunfado antes, y de que los teclados son menos protagonistas (en parte cediendo espacio a guitarras cristalinas, de esas en las que se oye el chasqueo de las cuerdas, como las que llenaban ciertas canciones de la grandísima Françoise Hardy). A pesar de que pueda invadirnos cierta impresión inicial de que se han enfrascado en un "Back to basics" particular, este es un disco soberbio, un disco en el que, al menos seis o siete canciones (de diez) persisten en la memoria con un poder evocador, cinemático, con una presencia que solo atribuiría a la intraducible expresión inglesa "otherworldly", cuestión, por cierto, que me ha ayudado sumamente a observar la escucha de los podcasts de los Sunday Service que el gran Jarvis Cocker (otro día, pronto, hablaré de Jarvis Cocker) nos suministra cada domingo. Pues eso: oid ese magnífico disco irregularmente recibido llamado "Tales of us". Dejad que el disco suene, que supere ese único tema rápido colocado allí en medio (sin saberse bien por qué, pero hay que dejarlo ahí), y luego acudid a esos recuerdos que sus canciones han dejado. Haciendo que reposen.


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