diumenge, 21 de juny de 2015

Y15W25: Botifler

El largo formato: dos escritos que puede que superen los dos millares de palabras andan atragantados por diferentes motivos. 
El primero iba a ser un post sobre la situación de la música como expresión artística, o cultural. Pero avanzó y le perdí el control. Pensé en estructurarlo y ordenarlo y emplearlo, incluso, con una finalidad casi académica. De hecho, ando en lo de otorgarle un título algo solemne, pero cada día descarto alguno de los que me planteo (uno en concreto "Causa o consecuencia" ha sido descartado en cuestión de décimas de segundo mientras subía en ascensor hacia casa apenas hace unos minutos). Pero digamos que en este escrito solamente me juego una eventual recriminación de obviar algún factor importante o juzgar las situaciones solo en función de la percepción a que me inducen mis gustos particulares.
Es en el segundo donde me la juego. Porque es el texto que debo aportar al proyecto conjunto que anda en manos de unos cuantos. Ese está embarrancado entre rocas, y cada día la marea amenaza con no dejar rastro de él. Es un relato fronterizo en el que habrá poesía y hay ahora mismo especies depredadores propias de las grandes llanuras del África continental. Si el de la música anda a la deriva porque necesita un par de puertos en los que abastecerse, en este mi terror ante mi previsible fracaso en la ficción no me deja otra opción que dejarme llevar por la corriente y rezar por que lo que haya al final sea un estanque y no unas cataratas.

Pero mientras, las cosas suceden en mi entorno inmediato.

Políticos, hace unos años. No muchos.

David Fernández: no es la primera vez que aparece aquí. Es, a pesar de que su partido es el sexto o séptimo en representación, el político más respetado por su valentía y coherencia. Aparece enfrentado a un policía anti-disturbios en uno cualquiera de los actos de protesta o reivindicación donde ha acudido a título personal o en representación de las CUP (Candidatures d'Unitat Popular), partido de izquierdas, independentista. Suele ataviarse, aunque acuda al Parlament, con camisetas con proclamas reivindicativas. Su gusto por los bolsos en bandolera, donde se supone que acarreará algún libro (pues ha citado a escritores en algunas de sus intervenciones), su peinado y cierta propensión al sobrepeso hacen que me recuerde algo a Hernán Casciari.

Antoni Duran. Ostentoso líder de UDC (Unió Democràtica de Catalunya), formación democristiana (sí, aún existe eso) que acaba de formalizar la división de la coalición gobernante en Catalunya durante una buena parte de los últimos 40 años. Dice que esta fotografía fue un error de uno de sus asesores de imagen (no creo, por eso, que Fernández tenga asesor de imagen), pero lo dice ahora. La imagen está tomada en su habitación del Hotel Palace, establecimiento madrileño de cinco estrellas donde el senyoret se hospeda en sus frecuentes visitas a la capital del reino
Duran es famoso por su remilgada elegancia que le lleva a combinar el color de sus gafas con el de sus corbatas, que le llevó a aconsejar sobre atuendos a Jordi Pujol. Otros aspectos no tan banales aderezan su currículum. Dicen, frecuenta compañías de alterne. Lo que es seguro es que, como político, es un superviviente nato que sobrevive a todo el alud de críticas que recibe su persona. En más de una ocasión ha contrarrestado esas críticas, que son cada vez más feroces porque cada vez son más ciertas y justificadas, preguntando que de qué viviría si dejara la política. Y eso que es abogado y que no hay poca gente que le deba favores. Pero a Duran hace mucho tiempo que se le tiene tomada la medida. Duran es el tipo que va a Madrid y, para ganarse la complicidad, deja que le llamen Don Antonio y explica que los catalanes somos raritos, que muchos no hemos corrido tanto mundo como él, pero que no nos hagan caso, que perro ladrador poco mordedor y que ya se nos pasará el calentón. El amigo madrileño de turno (normalmente líder de segunda fila del PP con el cual comparte planta de hotel cuando toca que todos vayan juntitos a las reuniones del grupo popular europeo) se queda la mar de satisfecho pensando ay si todos los catalanes fueran comedidos razonables y educados como el señor este tan moderado, qué porte, qué labia el hombre. Cuando vuelve a Barcelona explica justamente lo contrario: que los está convenciendo a pesar de la cerrazón mental de los madrileños, que la cosa está en el bote pero hay que tener paciencia, que un día le hablaron de un ministerio, que unos cuantos viajecitos más a cuerpo de rey y ya empieza a quebrarles un poquito la opinión en algún aspecto secundario, pero que por algo se empieza.
Duran lleva unos cuantos años teniendo varias novias para follárselas a todas.
El problema es que estas situaciones siempre se sustentan en mentir a destajo. Y la gente ya no lee un solo periódico y se conforma con la información que se le suministra. Informarse suele acarrear esas cosas: la presencia de Duran en una formación política que está definiendo sus movimientos en términos de logro de la independencia de Catalunya no solo era contradictoria. Era grotesca, improcedente, paradójica, una pretendida  y trasnochada demostración de pluralidad solo comparable a que a un partido comunista se le diera acogida a partidarios del franquismo. Duran ha saltado o a Duran lo han echado o Duran ha tenido un súbito y prepotente acceso de coherencia y pretende convencer a alguien de que su partido (que ha marcado paquetorro: menos de tres mil -3.000- militantes han votado en una surrealista consulta interna donde para decir que no había que poner que sí, y viceversa) va a obtener un triunfo al presentarse solo: el triunfo de la moderación, el diálogo, la corbata a juego y la sobremesa con copa, café y puro. Algo que, espero, nuestra sociedad está superando o relegando a ocasiones especiales. Algo a lo que vamos a dar la espalda, 
Duran aludía a esa vida de lujo y despilfarro como servidor público en función de las necesidades de representación de una institución. Como olvidando que hoy los políticos están, por fin, y no en todos los casos, en el ojo del huracán de la opinión pública, y que, por fin, y no en todos los casos, sus comportamientos presentes y pasados se analizan y acarrean consecuencias. Pues no: esa foto del Palace representa a Duran, lo representa como un acto único que define a las personas, y espero que sea su epitafio. Con todo mi desprecio y mi máxima desconsideración. Que et bombin, Antoniu.

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