dissabte, 13 de juny de 2015

Y15W24: Anagrama


Hay que andarse con mucho cuidado. El mundo está lleno de gente que intentará colocarte cualquier mierda para quedarse a cambio con tu dinero. Comida infecta, ropa mal cosida, sillas incómodas, auriculares que tardan horas en estropearse. Y claro, libros que defraudan las expectativas que depositamos en ellos. Ah. Pero a diferencia de eso tan objetivamente mesurable que es la calidad de los materiales, resulta que con ciertas cosas está esa frase tan horrible de los gustos y los colores. 

No me hagáis escribirla.

Por supuesto que hay que aplicarla a los libros, pero no todo vale. He leído y he visto y he oído lo suficiente para alardear de mis gustos. Para qué monto un blog si no. Igual que uno comprende que, conforme se alejan de sus cúspides creativas, ciertos grupos dejan de aportar canciones memorables, y ello queda patente en cómo quedan relegados sus últimos trabajos en conciertos conmemorativos y recopilatorios navideños. Igual que eso, uno (que no queden dudas, yo) percibe cosas, identifica corrientes de fondo, desarrolla poderosos mecanismos intuitivos que rara vez fallan. La última manifestación de esta cualidad tiene que ver con la editorial Anagrama. Ya sabréis que uno de esos gigantes editoriales, Feltrinelli, acabará haciéndose cargo de Anagrama. Y que Jorge Herralde se retirará, ya lo está haciendo progresivamente. Bien: lo que debía ser un relevo discreto lo está siendo.
 
Jorge, ¿qué hacías fumando
rodeado de tanto material inflamable?
Pero los fieles lo estamos notando: como decimos en Catalunya, con cada colada perdemos una sábana. Y aquí se nota en una serie de detalles sutiles por separado pero notables en su conjunto. Cuestión aparte de una especie de re-styling estético, de una incorporación más rápida de ciertas obras a la serie de bolsillo, o de la loable apuesta por la recuperación de algunos de sus más firmes superventas.
He leído, en el último mes y medio, cuatro de las apuestas más firmes de la editorial. Sobre Houellebecq no voy a añadir nada, el entusiasmo que me produce es el máximo responsable de que mis escritos sobre él sean atropellados y confusos carruseles de elogios, donde no solamente pierdo el sentido de la equidad sino que siembro dudas sobre mi cacareada vertiente sarcástica. El problema, claro, porque Houellebecq era una apuesta muy obvia y un viejo valor de Anagrama (para colmo, su única aventura en Alfaguara acabó siendo, de largo, su peor novela), viene de las otras tres.

Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal. Novela sobre la cuestión de la donación de órganos, novela decente aunque lastrada, en su secuencia, por la obsesión de la autora en revestir de tono lírico lo que hubiera sido una historia simple y directa, pero funcional. Sin que falte algún buen momento, publicarla parece propio de editoriales más comerciales, más dadas al cautiverio de los certámenes y las listas de ventas de países con mejor tradición lectora que la de aquí. Comentado, vía Twitter, con Selene, parecemos compartir esa opinión tibia que es producto de la combinación de frío y calor. Si las descripciones detalladas, barrocas, atropelladas de detalles, vinieran al caso. Una novela que está pidiendo a gritos que alguien con un criterio narrativo medianamente sensato la vuelva del revés, pero una novela que no tendría ningún sentido en el aguerrido catálogo de hace cinco años: porque es tan funcional que no puede odiarse ni amarse.

La cosa va a ir a peor. Aviso. Porque los dos libros siguientes pasan por ser las joyas de la corona del catálogo actual. De Anagrama. Recuerdo.

David Trueba: file under H for Hipster
Blitz, de David Trueba. He sido hasta fruto de acusaciones de bisoñez e inexperiencia vital. Se ha especulado que el mismo David Trueba haya dejado un comentario de autodefensa. A mí no me importa que los hermanos de las primeras figuras de ciertas disciplinas de las artes vayan probando suerte, como hace este hombre, repetidamente, con la literatura. Sí empiezo a temer que todo ello convierta la cultura en una especie de mundillo de sagas donde, a base de la pose ventajista de hacer acopio de conocimientos por el mero hecho de pertenecer a una élite que puede permitirse acceder a ellos, todo se convierta en mira este libro que ha escrito mi hermano o el chaval ha montado una banda con unos del instituto o la niña nos ha salido pintora. Influencia la habrá, quizás filtración u ósmosis, pero dudo que esto del talento funcione por genes. Lo que explica Trueba, una mera historia de amor donde, tabú, es la mujer mayor quien se empareja con el hombre joven, lo adereza con la dosis justa de solvencia propia de quien ha leído y lo dosifica con una progresión de nulo suspense o tensión narrativa. Vamos: en un mundo donde la comida se llama propuesta gastronómica y la cama es un equipo de descanso, elevar una redacción de segundo bachillerato a Gran Apuesta de una editorial de referencia es solamente una constatación más de la gran verdad que expongo en mis primeras frases.

Pero aún queda más.

También esto pasará, de Milena Busquets. Si la de Trueba es ya una exageración, la campaña orquestada con esta novela merece una muy profunda reflexión. No vais a encontrarla aquí. Profundo, yo, faltaría. Milena Busquets es una señoritinga de clase alta que ha crecido rodeada de referentes y de exquisitas compañías. Estoy seguro de que no ha pisado las calles de la Zona Franca que están cerca de la oficina del INEM, o calles de la Trinitat Vella. Su novela es una superficial reflexión sobre la reacción a la muerte de su madre. Inveterada por puntuales relaciones con el género masculino. Pero aquí no hay descripciones de actos sexuales como en los libros de Houellebecq. Dice follar, aunque para tamaño atrevimiento ha decidido rebautizarse como Blanca, y tender una fina lámina de incerteza sobre algunos de sus actos. No sea que, en unas décadas, las amigas le recriminen en el club de bridge su gran osadía. Como Trueba, Busquets no escribe mal porque con su background nada más faltaría que escribiera mal. La trama central se desarrolla en Cadaqués, preciosa población costera donde, jo, casualidad, Busquets acude en una especie de experiencia catártica (nada grave, oigan, ni reinvención, ni experiencia iniciática, pero, por dios, si esta gente se hace acompañar al cine por la canguro para que los nenes molesten a otros) que, por lo menos a mí, no ha logrado interesarme lo más mínimo. Donde otros libros de tono elegíaco (Llop, Giralt Torrente) logran transpirar algo, lo que hace Busquets suena más a experimento de reorientación profesional (fue editora) o incluso a mero intento de tímido y pudoroso exhibicionismo que no cuaja. Eso sí, con las adecuadas amistades y contactos, esta tontería acabará traduciéndose a un montón de idiomas.

La cuestión es que, hace unos años, Anagrama podía publicar libros excelentes y libros horripilantes, pero la indiferencia y la tibieza no eran sensaciones que produjeran. Desde luego, comparar alguno de estos dos libros con obras de Bolaño o Kapuscinski me provoca un arranque de tos pertinaz.

Así está el mundo.

¿Dije "así está el mundo"?

Me despierto entre repercusiones de la mejor noticia que un medio catalán cree posible encontrar para un sábado. Que la hermana de un rey de un supuesto estado moderno europeo le escriba, a mano, tratándole de usted y de su majestad. Para decirle no sé qué de renunciar a un título nobiliario (¿eso qué representa?¿dinero?¿prestigio?¿privilegios?). Que le quiten el título por su poco claro comportamiento. Que diga que no, que yo pri. Que la carta de cuatro folios se publique. En qué cojones de manos estamos.

2 comentaris:

  1. siempre tengo problemas para publicar comentarios, carajo. Que sí, que el de Maylis es tibio, buena manera de rotularlo. Tiene unas partes poéticas muy buenas, indiscutiblemente buenas, pero no sostienen todo el libro. Que el de milena lo trajo la gallega de la biblio, ( está con insomnio y ya lee cualquier cosa, pobrecita mía) yo le eché un ojo unas cuantas páginas y concluí que era una pérdida de tiempo implicarme con semejante enjendro de apellido millonario. Escribir, escribe correctamente, si fue educada en colegios de lujo, qué querés. Pero si encima tuviera algo interesante para decir, entonces la envidiaríamos mucho. Lo peor es que estamos perdiendo el tiempo hablando de ella, deberíamos tomarnos unas cervezas, eructar y mirar el fútbol o waioming. Estoy en la página 101 de Changing, de Liv Ullman. Tiene pinta de ser libro de hippies años setenta, alguien lo leyó?? baci baci

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  2. Yo ya no leo nada, chica, ahora me toca escribir a mí, cojones.

    (Cojones en general y porque os tengo confianza. Yo «cojones» no suelo decir.)

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