dimarts, 9 de juny de 2015

Y15W23: Pitos

La reciente infrecuencia en mis publicaciones queda explicada con creces en el siguiente párrafo de David Foster Wallace. Quién, si no.


"Has descubierto que disfrutas mucho del hecho de que a la gente le guste tu escritura, y también descubres que tienes muchas ganas de que a la gente le gusten las cosas nuevas que escribes. La motivación de la pura diversión personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que no conoces que te aprecie y te admire y te considere buen escritor. El onanismo da paso al intento de seducción, como motivación. Ahora bien, el intento de seducción resulta muy trabajoso, y su diversión se ve compensada por un miedo terrible al rechazo. Sea lo que sea el "ego", tu ego acaba de entrar en juego. O tal vez "vanidad" sea una palabra mejor. Porque te das cuenta de que gran parte de tu escritura se ha convertido en puro exhibicionismo, en intentar que la gente te considere bueno. Y es comprensible. Ahora estás poniendo mucho de ti mismo en juego, cuando escribes; y también está en juego tu vanidad. Descubres algo peliagudo que tiene la escritura de narrativa: que para ser capaz de escribirla es necesaria cierta cantidad de vanidad, pero que cualquier cantidad de vanidad por encima de la estrictamente necesaria resulta letal. Llegado este punto, más del noventa por ciento de las cosas que estás escribiendo ya están motivadas e informadas por una necesidad abrumadora de gustar. Y esto genera una narrativa de mierda. Y la obra de mierda debe acabar en la papelera, no tanto por una cuestión de integridad artística como por el simple hecho de que la obra de mierda va a hacer que no gustes. Llegado este punto de la diversión del escritor, la misma cosa que siempre te ha motivado para escribir ahora te está motivando también para tirar lo que escribes a la papelera."


Considerando, como considero, que muchas de mis últimas entradas han sido ejemplos de este, digámosle, síndrome, decido no marcarme una frecuencia que me lleve a un viernes relajado, un sábado presuroso y un domingo histérico. O sea, cualquier momento de la semana debería ser bueno y cualquier tema puede constituirse en pretexto. Ni forzar ni evitar, si los temas se amontonan, que estos fluyan, por el avaricioso y mercantilista procedimiento de dosificar o reservar material.

Mascherano ondea una estelada. Soy de los que se enfada con cierta insistencia de la prensa en alabar el discurso de Mascherano. Parece que tengamos que dar por hecho que ningún futbolista sea capaz de expresarse con corrección y que esa apreciación coarte la naturalidad del tipo. Mascherano, presumiblemente bajo los efectos desinhibidores del alcohol, ondea una bandera independentista catalana mientras está en el autobús que, entre la multitud, recorre Barcelona. Curioso: algunos futbolistas catalanes han tenido miedo de la reacción pública y no lo han hecho. Las críticas a Iniesta y a Pedro por expresarse en catalán son ácidas, crueles, acusándolos de querer ponerse en el bolsillo a la gente por el hecho de aprender el idioma del país que los acoge y les paga emolumentos estratosféricos. El odio español siempre encuentra vía de salida y siempre encuentra cajas de resonancia y ese odio suele ser inversamente proporcional al éxito porque, ya sabemos, lo de la envidia. Sobre la evolución deportiva no voy a hacer más hincapié: después de una época coronada por los triunfos y una breve temporada de desorientación, parece otra vez que va a haber cuerda para rato.

Hace unos días que me fijo en un detalle que leí, creo, en Twitter. Que es cómo Rajoy está tiñendo su cabellera justo por encima de la patilla de sus gafas, de modo que por encima el pelo es negro, y por debajo, la barba muestra una apariencia encanecida. La imagen de Rajoy que, como todo político que ostenta cierto poder, está controlada por un ejército de asesores, busca esa mezcla de poderío juvenil combinado con la experiencia que aportan las canas, pero su aspecto es cada vez más cansado y apático. No es que sufra por el país que gobierna ni por el calvario que su torpeza está haciendo atravesar a millones de personas. Sufre porque ve que su continuidad al mando del país, y la de la pandilla de corruptos a los que ampara, está en serias dudas, y que el tiempo para robar se agota, que el tiempo para beneficiar a empresarios afines se acaba, la posibilidad de extender su trama mafiosa para seguir obteniendo dinero de las arcas públicas empieza a mostrar una fecha de caducidad y, como ladrón avaricioso que es, querría que esto no acabara jamás.


Jamie XX es uno de los componentes de The XX. Creo que he hablado alguna vez de él. Es un tipo joven y tímido que posa fatal. Siempre mira hacia abajo como avergonzado del acné, o quizás echando de menos los platos o los teclados que son su hogar, que son el sitio en el que se siente cómodo.
Por muchos motivos, Jamie XX es el niño mimado de la crítica musical. Porque es justo el personaje que parece: un adorador contumaz de todo tipo de músicas que fagocita influencias, las digiere y las regurgita al mundo en forma de exquisitos productos electrónicos que están muy por delante de lo que hace la gran mayoría. Apenas he oído media docena de veces unas cuantas canciones de In colour, su primer disco en solitario, pero ya me he visto escribiendo sobre él en pocas semanas para insistir en su profundidad y en su importancia. Tan inmediato ha sido el impacto, y tan necesitado estaba yo de, por fín, poder insistir en algo nuevo y fresco. Oid al tipo: prescindid de eso que puede parecer una especie de jugueteo absurdo con el sampler, y fijad los tímpanos en esa trascendencia de los teclados, mientras vemos Marte, como va a ser, porque este tipo lo sabe. Conoce el futuro de la música, no va a conocer el de la humanidad.


Lecturas: resumámoslo en un preview para un próximo post. Las nubes se ciernen sobre Anagrama.



2 comentaris:

  1. Si tú crees de verdad que el tiempo para robar se agota, yo ahora mismo me convierto en mi padre cuando me mira con su mirada inminente y me dice: «Ganso», que es el término que desplazó de la lengua corriente al español «oca» y a la vez un disminutivo.

    Hay que evitarlo.

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  2. Llevas toda la razón en eso de la narrativa, tu y DFW. A veces hay un abismo entre el pensamiento, la escritura compulsiva y la estética.
    Mache y muchos otros buscan el cariño, la aceptación o cierta complicidad cuando hilvanan con esfuerzo algunas frases en catalán. En éste sitio del mundo parece que la identidad pasa únicamente por el idioma.
    Coincido con Álex, y un poco más, el sistema democrático crea una casta, que es una especie de muelle entre el capital y el populacho. No importa si ejerces el poder formal en forma de ministro o presidente, lo importante es tener algún tipo de cargo en el Estado en forma de diputación o edil o lo que sea. Ya puesto ahí, lo que hacen es negociar y robar. Me parece que tu comentario sobre Rajoy tiene un poco de candidez.
    Vuelvo al primer punto. Tu no te preocupes por la estética, se te da naturalmente.
    Abrazo.

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