diumenge, 28 de juny de 2015

Y15W26: Bloqueo

Si este mediodía cruzaba la calle, de esa manera como se cruzan las calles de poco tráfico cuando es sábado: demasiado pendiente de tus cosas para pensar en la posibilidad de que un chalado con prisa no te vea. Pensaba en lo poco que había dado de sí esta semana en cuanto a cosas sobre la que merezca la pena escribir aquí. Hasta he pedido una pequeña ayuda por mi cuenta de Twitter, cosa que no ha servido de nada. La cuestión era que andaba incluso dispuesto a apelar a esa especie de automatismo de que disponemos los que ya escribimos con cierta frecuencia. Empezar por algo nimio e irrelevante, y dejar que las secuencias de relación llevaran a buen puerto algo con un mínimo soporte estructural.
Al final no ha sido necesario. Y no lo ha sido porque me haya dado de bruces con un gran libro o un gran disco que haya obrado milagros. No. En Barcelona, a finales de junio, la única novedad podría ser que el calor húmedo no nos aplaste y no nos aboque a convertirnos en manantiales de sudor si no cedemos a la siesta del mediodía. 
Ya vengo comentando hace tiempo que, aunque no sea un obsesionado por la presencia en las redes sociales, vengo disfrutando enormemente de Twitter. Por encima de Facebook, amable, reposada y tendente a las polémicas de más largo recorrido, Twitter me tiene fascinado por su capacidad de inmediatez. Hablo de minutos. Yo, que vengo de una generación que esperaba casi hasta medianoche para ver el resumen del partido semanal del Barça (y que, bisoño, me preguntaba por el motivo de que este soliera ser el último que emitían). Atentado en Túnez. Cinco minutos, los hechos, Siete, las imágenes. Muerte de un famoso, inmediato. Parece que el médico que certifica el fallecimiento ande con una sesión abierta. Políticos haciéndose selfies juguetonas encerrados en ascensores de edificios institucionales que todavía no se creen estar ocupando merced a un cargo electo. Al Twitter, y a ser vistas en segundos. Antes de que lleguen los técnicos a sacarlos de allí. Todo ello mientras Twitter, a pesar de haberse convertido, de facto, en la primera agencia de noticias del mundo, no consigue ser un negocio. Parece que no se ve una manera clara de conseguir ese éxito y convertir esa utilidad en algo de que se pueda sacar provecho económico.
Para los no iniciados, una pequeña explicación. En Twitter puedes seguir a gente y la gente te puede seguir. Es casi siempre una libre elección. En un Tweet puedes ser mencionado por alguien que te siga o no. Y al revés. No hace falta pedir permiso a nadie, simplemente si a quien menciones le parece interesante lo que has dicho, le afecte o no, difundirá tu mensaje y tú obtendrás unos segundos de gloria relativa. Ello permite dirigirte a cualquiera que tenga una cuenta, en los términos que desees, y asumiendo los riesgos derivados de hacerlo con insultos, mentiras, vejaciones o acusaciones. No hace falta que comente que esos viejos mensajes pueden acarrearte problemas mucho tiempo más tarde. Pero hay un primer castigo que obtendrás si empiezas a acosar a alguien en tus Tweets. El bloqueo. El bloqueo significa que ese usuario dejará de estar visible para ti en tu sesión de Twitter. No se te permitirá ver lo que escribe. El bloqueo suele producirse porque le hayas causado incomodidad de alguna manera, aunque a veces puede que baste con que vean en tu perfil que eres un antagonista o una amenaza potencial.
Como usuario @francescbon ya he sido bloqueado por unos cuantos. No debería decirlo pero me enorgullece la lista que estoy reuniendo con todos los que detecto que me han bloqueado. Porque igual que la colección de discos o libros que uno reúne a lo largo de su existencia, o el  legado imperecedero de las obras, también habría que valorar el rastro de las enemistades que te has generado. Aunque los amantes del bloqueo gusten más del desprecio de la indiferencia. No, muchachos. Bloquear significa que te has sentido ofendido. Bloquear significa que no quieres saber nada, y eso no es un divorcio de mutuo acuerdo. Cómo no va a gustarme a mí ser bloqueado cuando muchas veces mi intención ha sido esa, molestar, incordiar, importunar hasta ese extremo en que, débil el contrario, hastiado el contrario, pudiste con su paciencia y le dio a la teclita. Sublime placer. Me encanta lo que supone: que el tipo en persona, o quien gestiona su cuenta haya visto que represento un incordio, que hayan notado mi presencia o mis comentarios y los hayan considerado molestos, inoportunos, hirientes, osados.

Who's who. O sea. Mis bloqueadores. Relación seguramente incompleta, ya que es imposible obtener de la configuración de Twitter quién te ha bloqueado. Hay que ir accediendo a perfiles para encontrarte la situación.

Gente de derechas:

Debo reconocer que son las joyas de mi corona. No sólo por el logro intrínseco de irritar a mis enemigos favoritos, sino por el evidente prestigio que ello me otorga.
Curiosos casos los de los políticos del teóricamente moderno y teóricamente impoluto partido denominado Ciutadans. Sus dos caras visibles más célebres, Albert Rivera y Jordi Cañas, me tienen bloqueado desde hace bastante. Parece ser que es una costumbre suya, y la verdad es que, con lo fácil que es provocar y lo pesadito que suelo ponerme, no puedo situar exactamente a raíz de qué. Supongo que en algún momento los arredraría para que me negaran lo que, sobre todo tras los resultados del 24-M se ha hecho evidente. Que son derecha recalcitrante, que se disfrazan de alternativa y son PP sin pedigrí ni encarcaramiento visible, y que, sobre todo, intentar pescar en río de aguas revueltas en base al engaño a su electorado.
Sería más esperable ser bloqueado por los políticos del PP, pues a esos les he estado dando caña desde el principio. Pero mi balance ahí es bastante patético: ni Rajoy ni Sánchez Camacho han reaccionado. Sorprendentemente uno de sus últimos fichajes, Andrea Levy, me ha bloqueado en cuestión de días cuando la he interpelado, a raíz de su mención de 12000 muertos como resultado del proceso de independencia de Kosovo, sobre su posicionamiento y sobre cuál era el bando que había infringido víctimas a cuál. Respuesta: te bloqueo. Curioso: joven, mujer, catalana, con proyección, con un perfil donde sostiene ostentosamente un libro de la Matute. No aguanta dos asaltos de preguntas sin tono intimidatorio. 
A esta muestra cabe añadir algunos de los ejemplares cada vez más pintorescos de ultraderechistas (no sé, por eso, si este calificativo excluye al PP o a Ciutadans de ser calificados de ultraderecha) como Pío Moa o Norberto Pico, con quienes el cruce de comentarios ha ido por otros derroteros. Pero es que no puedo con la gente que defiende a esa gran mierda que fue Franco. Tengo trabajo pendiente, hay una tal Sandra España (...) que llena la red de estadísticas falsas comparando la vida bajo el dictador con la actual. Un objetivo como tal otro.
Y a pesar de no haber desayunado durante muchos meses sin enviar un mensaje conteniendo solamente las palabras @ciuduran y "botifler" (veáse mi último post), no conseguí reacción alguna.

Gente teóricamente no tan de derechas.

Contador a cero: ni mis ataques a Pere Navarro, ni a su sucesor, Miquel Iceta, han contado con una réplica. Tampoco los del cada vez más famélico de lo que sea Joan Herrera.

Miscelánea

Puede ser que éste haya sido el detonador de este post (irregular, ininspirado, que se está empezando a alargar hasta tener ya que agradecer a quien haya llegado a estas líneas): Jordi Basté y Jofre Llombart. Los dos periodistas, los dos de RAC1, uno jefe del otro, los dos, teóricamente, o es lo que exponen (aunque tratándose de medios del grupo Godó, siempre hay que preguntarse si sostener esas posturas no es una actitud mercantilista más), partidarios del proceso de independencia. Y por qué me han bloqueado? En el caso de Basté, supongo que se hartó de que me quejara de su costumbre de hablar y especular sobre lo que no sabe, simplemente porque no se sabe estar calladito. Especulo con que se hartó de que le recriminara que no sabe pronunciar correctamente esta palabra: Liechtenstein. Incluso no teniendo idea de pronunciación en alemán, a poco que uno haya conocido pronunciaciones de otras palabras en ese idioma uno ve claras las sílabas Lij-tens-tain. Bien: el tipo no deja de decirlo mal: le mete letras que no están, se pasa la construcción silábica por el forro y dice Lien-chen-stein. La primera "n" se la inventa y la "t" la envía a tomar viento. Lo hace siempre. Le hace parecer, aún más, un puto paleto. Si quiere parecerlo, me da igual. Pero le recriminé varias veces su escaso empeño en mejorar siendo la cara visible de un programa de gran audiencia. Resultado: bloqueo.
Falta saber si Jofre Llombart me bloqueó motu proprio o su jefe le pidió que lo hiciera. A este le recriminé sus comentarios insulsos, su inexistente criterio musical (al menos Basté tiene un criterio, casi siempre atroz, pero criterio) y su nulo carisma, su absoluta incapacidad para llevar las riendas cuando se le brinda. Jofre Llombart es el típico segundo de a bordo que no ha comprendido que esa es su función. Que por mucho que le digan ponte al frente lo harás bien debería negarse, que está mejor escribiendo o haciendo cualquier cosa donde la edición y las correcciones de estilo insuflen algo de ánimo a su desangelada manera de primeras. Mirad esa foto: los pulgares arriba solo pueden admitirse en deportistas sosos, en tipos que no saben qué hacer con sus manos, cuando les dices anda chato, ponte a mi lado a hacerte una foto. Lo bien que les va el palo de las selfies para emplear una mano. Cojones. Me ha bloqueado porque le he dicho lo que es: un tipo con ninguna gracia. Y es un periodista de cierto renombre con cuyas opiniones pueda que coincida a menudo. Cómo es la gente, joder. Qué mal perder, hostia.

2 comentaris:

  1. (Solajero.)

    De repente hay buena parte de la fuerza del lado oscuro de la fuerza flotando en tu living, Francesc, y toda la gente a la que criticas a mí me cae bien, aunque no los conozca de nada, resulta que me importan, me pongo sensiblón, y sufro mucho.

    Si estas son las formas igual yo también tengo las mías. Ahora lo entiendo.

    (Calufa.)

    30, de 90.

    (Caloret.)

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    Respostes
    1. Já, Álex Azkona, recuerda que en el 93, cuando lo de Mario Conde, tu frase fue: «Se les va la pinza».

      Se te fue, querido.

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