dimecres, 18 d’abril de 2012

LA NAUSEA Y LA CONJETURA REAL

Sin perder la esperanza de que Franco y Bernabéu resuciten algún día.
Días llevaba el corrompido cerebro de un tipejo como Alfonso Ussía buscando desesperadamente un motivo. Pues resulta que la prensa ultraderechista para la que escribe,  de repente, se dio cuenta de que añadirse a las críticas feroces contra la monarquía era alinearse con la izquierda. O sea, que la gente no quiere abatir la monarquía española para instaurar un IV Reich, que es lo que a La Razón le gustaría, sino para sustituirla por una República, y ahí la cosa cambiaría.
Así que su mentalidad enferma fue dándole vueltas hasta que vio la luz. La culpa es del elefante. Claro, animal torpe que destroza sembrados y arrasa con los hábitats y desequilibra los endebles ecosistemas en los que irrumpe.
Con lo que hoy el bicho éste (no el elefante, Ussía, que no es un noble y pacífico mamífero, si no un molesto insecto oportunista) escribe una soflama aludiendo a las maldades del paquidermo y a la necesidad económica de los estados donde se permiten y fomentan las cacerías. Para acabar argumentando, claro, nobleza obliga, y hay que amortizar las rodilleras, que el reyezuelo no solo le ajustó las cuentas (a un individuo, pero simbólicamente, a toda una especie) a un peligroso enemigo de la humanidad, sino que, para hacerlo, pues no hay pastel de la heroicidad que no tenga la guinda de la generosidad, aceptó que se pagara un buen dinero, para que pobres negritos coman caliente y puedan mejorar un poco la extensión o la calidad del tejido que usan como taparrabos.
Es decir, lejos de la perversa explicación que pergeñé ayer, irónicamente, la cosa habría ido, imagino, en realidad, así.

Un empresario de origen árabe -cuyos negocios nada tienen que ver con traficar con armas o especular con el precio del crudo o explotar a hindúes y bengalíes para que trabajen como albañiles en obras faraónicas construidas a base de sobornos y comisiones, sino, más bien, con comprar a humildes artesanos locales alfombras y vasijas para poder obtener pequeños beneficios con su comercialización en pequeños y austeros establecimientos- le explica a una guapa centroeuropea de nobles facciones y rubia melena, lo abrumado que se encuentra ante la delicada situación en que, le ha explicado un amigo al que conoce en obras benéficas en las que trabajan conjuntamente, se encuentra determinado país del Africa más deprimida. Manadas particularmente agresivas de elefantes acaban con árboles y sembrados en los que la pobre gente del lugar se afana, en largas jornadas pasadas bajo un sol implacable y una doliente sequía, en cultivar los pocos alimentos que sus estómagos necesitan ingerir para sobrevivir. Pero allí nadie sabe emplear un arma y todo son miedos y su escasa cultura y educación les impiden concebir modo alguno de desembarazarse de los dañinos animales. Compartir el territorio con ellos por mucho tiempo más los abocará, a ellos y a sus familias, a una muerte segura en medio de la más cruel de las miserias.
La noble centroeuropea, que coincide esporádicamente con el monarca en encuentros escrupulosamente escondidos a los entrometidos y tendenciosos medios de comunicación (con tal de evitar que se publiciten, pues el monarca es suficientemente respetuoso para alardear de su heroicidad y su desinteresada entrega a hacer el bien no sólo en su país, sino donde quiera que le sea requerido por voces amigas, y éstas lo son), le explica en el curso de uno de esos momentos (tendidos, relajados, alguno diría que teñidos de romanticismo), que sólo la valentía de un hombre nacido para mandar, y la precisión y pericia en el uso de las armas que su disciplinada y dura educación castrense le procuró, son las adecuadas y requeridas para misión tan fundamental: ayudar a los desvalidos africanos a erradicar la plaga que les impedirá, en últimas consecuencias, mantener a sus familias con vida.
Así que, dispuesto y voluntarioso, el monarca acude, inclusive aporta sus armas y municiones. Llegado allí, encabeza la turba de gente ilusionada que le idolatra, pues qué otra cosa puede ser concebida que no que esos pobres ignorantes pongan un pedestal a aquel que, aparte de librarles de la amenaza que se cierne sobre su futuro, se presenta allí con grandes sumas de dinero como desproporcionado presente para agradecer su humilde hospitalidad.
En el momento cumbre, el monarca ofrece generosamente a alguno de los nativos empuñar el arma y disparar contra alguno de los animales, ni que sea como oportunidad para que se erija como un héroe entre los suyos. Timoratos, con ese miedo que se compone a partes iguales de respeto e ignorancia, desisten, con lo que el monarca, digno e impasible, asume dar muerte él mismo al animal. En un gesto, que le honra como todos en esta épica historia, convoca a uno de sus acompañantes para que comparta esa gloria en una fotografía, que celosamente, guardará entre sus álbumes, orgulloso de haber ayudado a la gente, a la vez que triste de que ello haya acarreado la muerte de un animal, tan queridos, todos ellos, por él. Fotografía que será, como muchas otras, testimonio que le recordará lo dura que es su existencia como monarca: las duras decisiones a tomar y las desagradables acciones a ejecutar. 

Sí; ya sé que lo mejor que se puede hacer con alimañas como Ussía es no leerles. Que ni el pretexto de controlar al enemigo y mantener la máxima distancia con el antagonista son suficientes. Pero es eso: necesito comprobar periódicamente que sigo haciendo exactamente lo contrario que hace este gilipollas. Motu propio o, como primitiva reacción.
Aparte del detalle revelador: la ultraderecha necesita mantener una populista tensión contra la monarquía, empeñada en agotar las exiguas excusas que la mantienen (de las que no me creo ni una), pero a la vez, tiene miedo de que un eventual período de inestabilidad acabe revelando (gracias G.!) lo que cada vez parece más cierto. Que si la gente estaba harta, tras varios años, de los políticos socialistas y sus incoherentes decisiones, lo está de los conservadores en apenas unos meses.


4 comentaris:

  1. si es genial este post, por qué nadie lo comenta? estamos con cierto postlag quizás?

    me explica lo de la foto, por favor...

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  2. El pie de foto es justo lo que el tío debía pensar en ese momento. Fascista, antiguo candidato a la presidencia del Madrid. Un auténtico personaje.

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  3. Bien! Lo tuyo con Ussia es una batalla personal, y yo claro, estoy de tu lado.
    ¿Serías tan amable de pasarme tu dirección de mail? Necesito hacerte un comentario.
    Gracias y abrazo !

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    Respostes
    1. Soy tan amable!!

      francesc.bon@gmail.com

      Gracias por estar de mi lado: contra el cara-cuervo éste toda ayuda es poca.

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