dijous, 25 d’octubre de 2012

TITO Y EL CANTARO

Ni yo puedo creerme tanto tiempo sin hablar aquí de fútbol. Bueno, sería más bien privándome de hablar de fútbol, aun teniendo ganas, y tema sobre el que hacerlo. O sea, venceré ciertas reticencias, aquellas que tienen que ver con el tratamiento de temas demasiado prosaicos (excepto la política, pues la política es prosaica, pero es un yogur donde demasiados metemos la cuchara), y me lanzaré. Pues empieza a parecerme que es el momento de tratar un poquito de este hombre. Tito Vilanova tiene características que, como el aloe vera, aún no han sido descubiertas o explotadas en todas sus posibilidades. O directamente que son francamente desconocidas. Por ejemplo, el común de la gente desconoce cual es su auténtico nombre de pila. Pues Tito es un apodo, en realidad un diminutivo algo atiplado, de ciertos nombres, de algunos de esos nombres que se usan en esa partícula cursi propia de la infancia y luego se recortan y se consolidan, hasta que uno se mira al espejo, se ve ante él pasada la cuarentena y piensa si ese nombre le refleja. Tito era, también, el famoso militar que mantuvo unida la antigua Yugoslavia. El mariscal Tito, se decía, el que mantenía cohesionada a Bosnia con Croacia. Del que, curioso, el común de la gente desconoce, pero de éste, el apellido. Vaya, Yugoslavia y los Balcanes (y su fantasmal figura retórica, la balcanización) también tardaban en salir por aquí. 
Tito Vilanova, por cierto, se llama Francesc. Con Pep Guardiola no había duda: Pep es el catalán por Pepe, y Pepe es como se conoce popularmente en España a los José. Leí que porque las siglas PP significan padre putativo (o sea, el que en realidad no lo es pero se comporta como tal) y ese era el título que en la tradición católica se otorgaba a San José. Vaya, a estas alturas de un escrito sobre fútbol ya han salido Yugoslavia, mi propio nombre, las siglas PP y los inverosímiles milagros religiosos de las extrañísimamente escasas parteras vírgenes. Otra cualidad de Tito es su curiosa verborrea: más monótona que la de Guardiola, más de cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y pose de yo lo que prefiero es estar en el campo con mis muchachos, que de estar a gusto hablando, consciente de que se le analiza con lupa, cuando no con escepticismo. Guardiola empezó así también, pero su condición de antiguo jugador estrella ya le hizo bregarse rápidamente, mientras Tito Vilanova es un paradigma del catalán poco hablador de interior, del que no ha nacido en esa Barcelona cosmopolita y pan-europea que se vende al exterior, sino del que viene de comunidades más reducidas y más cerradas. De un mundo completamente uncool.  Tito ni tiene la impecable pose de Guardiola, capaz de marcar tendencias por el mero hecho de no apetecerle afeitarse una semana, o de salir en las listas de hombres más deseados o de sobreponerse a haber sido injustamente vilipendiado con toda clase de rumores sobre su persona. Tito es un tipo que hace un tiempo superó una enfermedad grave, igual que, cuando Armstrong triunfaba, no se dejaba de recordar que había hecho Armstrong. No jugó con eso ni nada el tipo. Vaya, Lance Armstrong era otro que también tardaba en salir por aquí. Tito superó esa enfermedad y acudió a los partidos sentándose discreto en su silla del banquillo y  restableciéndose poco a poco hasta que, pasado un tiempo, le dijeron, (tuvo que ser así): toma, aquí tienes a los mejores jugadores del mundo, encabezados por el mejor jugador de todos los tiempos, la gran parte ya está hecha, tú haz como tú sabes, y todo irá bien.
Y él aceptó, porque es imposible no aceptar eso, y volvió a casa y le dijo a la mujer, me tendré que comprar nuevos trajes y corbatas, y la mujer le dijo y cómo te los compro, y él dijo no sé, y ella dijo, te gustan como los que lleva Pep, y él dijo así ya va bien.
Pasado un tiempo, les dijo a los periodistas que si se quejaban de aburrirse, pues que remontar partidos y ganarlos por la mínima y dejar que una diferencia de tres goles en un cuarto de hora pudiera  acabar en un partido pidiendo la hora, que todo eso ya no era aburrirse. No se lo echó en cara, no hacía falta, lo de las diez victorias y un empate sobre once partidos. No les echó en cara, no hacía falta, restablecer que los partidos emocionantes en una temporada no sólo sean los enfrentamientos con el Madrid.
A mí Tito Vilanova me cae muy bien. No sé si hasta ahora, a estas alturas de este escrito, se había notado. Me gusta que ponga esa cara indefinible que los catalanes llamamos de peix bullit (pez hervido) que es a la vez estoica e inexpresiva e impasible. Me gusta que haga esa pinta de transición que se consolida y me gusta que sus trajes y sus pintas sean tan grises y tan poco de diseño. No sé el motivo, cuando la liga está llena de entrenadores más elegantes y más agresivos y con menos pinta de ir al barbero cuando se ve el pelo largo. Me gusta que responda con un nada estudiado pragmatismo rayano con la socarronería cuando recibe provocaciones de Mourinho, aquél que se autodenomina the special one y se queda tan pancho. Me gusta que se mantenga en un segundo plano real mientras las cosas están yendo bien, porque los barcelonistas de siempre, y a más mayores más cierto es lo que voy a decir, siempre hemos sido especialistas en encontrar pegas y en crear problemas donde no los había. 
Motu propio, o porque había que vender periódicos. De esos periódicos que últimamente dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

8 comentaris:

  1. Me cae bien Tito, como Pep. Lo que pasa Tito no te regala titulares como "es el puto amo" y esas cosas. Es más perfil bajo. Lo que no me cae bien es el fútbol del Barcelona. Supongo que soy muy sudamericano en ese sentido, aunque me gusta que mi equipo juegue bien. Y de hecho soy hincha de un equipo que históricamente trata bien la pelota, ensancha la cancha y toca rápido.

    De lo que estoy convencido es de que nunca vi jugar a un equipo como el Barça y por más que no me enamora su fútbol, sé que nunca voy a ver algo igual.

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    1. Bueno Sigma, saber que no se va a ver nada igual tiene muchas facetas. Los historiadores darán su veredicto aunque los aficionados también lo dan ahora. Cierto es que es un fútbol que pone algo a prueba la paciencia, con ese estirar de las defensas y esperar que abran una brecha por la que entrar. Fútbol de ladronzuelo de supermercado, esperando que no mire el encargado para coger el sobre del jamón caro y salir corriendo.

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    2. A mí, el Barcelona me ayudó a ser un poco menos viejo.
      Trato de explicar: cargo todavía con algunos principios que ¿aprendí? cuando jugaba en mi ya lejana infancia (quizá debí decir incorporé, o me fueron inoculados, porque, en realidad, nadie me los enseñó), como por ejemplo "los goles de penal no se gritan" (es más fácil hacerlos que errarlos), o "zafar del descenso no se festeja" (apenas atenúa levemente la vergüenza). Otro de esos principios, que el Pep&Co. desmontó, era "no se juega para atrás"; me enojaba mucho si no se intentaba que la pelota esté cada vez más cerca del arco contrario. Hay, afortunadamente, un AB y un DB (Antes del Barça y Después del Barça, quiero decir): cuando estos animales juegan para atrás, siguen teniendo el arco contrario en la mira; no como en mi pobre país futbolístico, en donde se juega para atrás porque no se sabe cómo jugar hacia adelante.
      Eso, unido al perogrullesco precepto "para que no la tengan ellos, tenemos que tenerla nosotros", puede poner a prueba, es verdad, la paciencia del espectador. Pero es más fácil tener paciencia cuando se sabe que en cualquier momento (literalmente: en-cual-quier-mo-men-to) se enciende la llamarada implacable. Quizá el ejemplo más reciente sea el gol de Iniesta, anteayer: el área escocesa parecía el andén de una estación japonesa de trenes, había allí unas seiscientas personas, más o menos; sin embargo, de pronto, un buscapié se transformó en un encuentrapié (con forma de pelota) que atravesó la densidad demográfica con la inteligencia que le depositaron sus mandantes. Y terminó donde tenía que terminar.
      Y la actitud (casi absurda manera de denominar a la suprema voluntad de jugar y ganar) de los jugadores... Yo quisiera saber qué otro equipo del mundo sigue buscando, fiel a sus principios, sin pelotazos "a la olla" ni desbordes casi teatrales "para la tribuna", toque y toque, como diciéndole a todo el mundo Si llegamos, vamos a llegar así; de otro modo no nos interesa llegar, porque no es tan lindo. Es el momento de recordar que en el minuto 90 un villazo se estrelló en la base de un poste; más que suficiente para desmoralizar al más pintado, más que suficiente para pensar "bueno, ya está; no quiere entrar, llevémonos un punto, y a esperar el partido de vuelta". No estos tipos, no. Es algo que habrá que agradecerles para siempre.
      Este martes, se dio. Puede no darse, claro que puede. De hecho, el Barça no juega tan bien, a veces. Y hasta pierde. Viene bien, de vez en cuando, para recordarnos que son seres humanos.

      ¿Enamorar?
      Y... yo no sé si me enamora el fútbol del Barça; suena como una palabra de otro ámbito. Pero que -inexplicablemente, si ustedes quieren, F. y Sigma- a veces me emociona... y, sí. Como hace mucho que no lo hace (y lo digo con todo el dolor de mi costado futbolero) mi San Lorenzo de Almagro.

      Así que ya ven: el Barça es mi fuente de Juvencia, la que me permite ver fútbol como si fuera joven.
      Cómo no agradecerles.

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    3. Ah Horacio: cómo echábamos de menos esos comentarios tuyos que son prácticamente un post adicional. Debo anotar que la humildad de los jugadores no es impostada: no lo es. Saben que están haciendo historia pero no quieren dejar de aprovechar ni un minuto.

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    4. Bueno... gracias por no sentirte invadido. Cuando recibo una respuesta como esa, me da por pensar si no estaré comportándome como un invitado/invasor, apropiándome de espacios excesivos, y hasta alentando a otros huéspedes a consumir lo que quieran... de TU refrigerador.
      ¿Sabés?: hay aquí, en Sudamérica, una especie de tordo (tordo renegrido, lo llaman) que pone sus huevos en nidos de otras especies, porque él no construye sus propios blogs, digo, nidos; no sé por qué me vino a la cabeza esto, al leer tu respuesta. Bicho renegrido, ese tordo: a veces rompe los huevos autóctonos, luego de poner los suyos. Los dueños de casa terminan criándole los pichones... No llego a tanto, ¿verdad? ¿O rompo los huevos?

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    5. No rompes ningún huevo, y no sobra ni una sola palabra. Mi refrigerador... mientras Blogger no se queje del espacio que le ocupo, esto es un buffet libre.

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  2. Molt bo! M'ha agradat lo de la "aloe", a mi també em cau bé aquest tio, has fet un bon anàlisis científic :) potser els partits tenen més taquicardies, sustos, però els resultats son molt bons!

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    Respostes
    1. Gràcies: important pels culers de llarg recorregut aquest inici: tot es més relaxant veient al Madrid ben llunyet.

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