diumenge, 16 de setembre de 2012

ALTERNANCIA DE PODERES

Mari Alcira Matute, seguidora de mi cada vez más activa cuenta en Twitter (con lo que yo llego a quejarme de lo escueto que obliga a ser...) asegura ser capaz de combinar lectura y audición de mùsica. No sé, si tuviera capacidad de disfrutar de la música clásica, igual probaría con algún cuarteto de cuerda, pero hoy por hoy me declaro incapaz de compatibilizar un buen libro con un buen disco: mi atención se inclinará y se concentrará en una o en otra cosa en detrimento de la otra: lo cual no es malo, en el fondo. Se trata del hecho pasional aplicado a una u otra cosa: pero esa guerra se cobra víctimas. Los discos excelentes arrinconan la lectura, como mucho son capaces de convivir con intentos más o menos dignos de escribir. Pero no puedo, entonces, escribir sobre libros, si no leo. Así que la moda de esta temporada, la moda de estas semanas algo extrañas, es música a espuertas: casi exclusivamente música nueva escuchada a través de auriculares a un volumen de esos que hace aparecer mensajes de advertencia.
Joder, si cuidaran de nuestro bolsillo como de nuestra salud. Para un mayor placer, reproduzca este disco extremadamente alto. Yup. Eso ponían muchos discos en sus carpetas: enormes carpetas de LPs de vinilo donde podían poner Play it loud en letras de una pulgada sin que monopolizasen el artwork. Pero a los que no le faltaba razón: Channel orange, de Frank Ocean, hubiese sido uno de esos discos con ese mensaje: ahora llevan lo de explicit lyrics, que parece ser la estrella de seis puntas de los discos de Hip Hop. Y no: es muy reduccionista llamar a esta portentosa colección de canciones simplemente hip hop. O rhythm and blues, o neo soul. Este disco bebe de fuentes comunes a la mùsica negra: Marvin Gaye, Prince, Stevie Wonder (directamente o via Jamiroquai), pero resulta que lo hace de la mejor de las maneras: primero, optando por la instrumentación orgánica (excelente piano eléctrico, bajo elegantísimo) en piezas de orfebrería neo soul como Sweet life, puro Wonder era Songs in the key of life o por la levedad del puro ritmo urbano a lo Nerd en Sierra Leone, homenaje al Gaye de What's going on con Ocean desdoblándose vocalmente. No es nada fácil encontrar discos de semejante ambición: las barreras son superadas una tras otra y estereotipos como la escena hip hop de la costa oeste o el artificioso Kanye West son fácilmente reducidos a la nada por este inspiradísimo album.



Super Rich Kids, otra pieza sustentada en un esquemático ritmo casi marcial, que resulta progresivamente enriquecido a medida que las partes vocales (joder, qué voz la de este tipo) toman el poder, supera en originalidad y actitud la integra carrera de muchas estrellonas más pendientes de su bragueta y su billetera que de desarrollar un talento como el de este nativo de New Orleans que ha declarado su bisexualidad, detalle irrelevante, pero significativo por lo que ello implica de desmarque de la corriente casi misógina de la mayoría del género. No sé si Frank Ocean quiere ser el Omar Little de alguno de los géneros derivados en mayor o menor medida de las corrientes musicales de color... soul, hip hop, etc., pero mientras publique discos tan soberbios como este, que haga lo que quiera.



Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Segueix a @francescbon