dijous, 10 de febrer de 2011

LA VIDA MATA

0Ni en centenas de entradas sería capaz de explicar la enorme influencia que en mi formación musical (modestamente como usuario) representó Dare de The Human League. Desde la popularidad de sus singles hasta la contundencia de Seconds o los matices de Darkness. Pasé décadas, y debería pensar que aún estoy en ello, buscando un disco que llegara a su perfección : sonido, ritmos, melodías... era 1981 y todo me parecía nuevo, sexy, excitante, estimulante. Y no había mejor guinda al fin de semana que el segundo en que, en la versión maxi de Don't you want me el secuenciador se paraba y volvía atras, no más de dos breves segundos de completo hands in the air que sintetizaban el hedonismo más absoluto y la entronización absoluta de la disco  como el templo de la diversión en estado puro. El alcohol, las chicas, el fín de semana ?? Claro que ayudaban, claro que eran importantes, pero esos segundos eran el summum. Los decibelios, por cierto, por los cielos.
Y esos momentos son los que últimamente he recordado con ciertos grados de nostalgia en las últimas semanas: para ser sinceros, nadie recordaba esos dos segundos como yo (pues mi memoria musical-fotográfica es para algo mía ), pero todos muy de acuerdo con el feeling.
También ha pasado que dos personas con las que comparto generación, y alguna que otra cosa, han andado o andan con problemas de salud. Me he enterado en los dos casos de sopetón, de una manera poco convencional. En generaciones pasadas la gente se llamaba, a esas horas entre las 9 y las 11 de la noche en que las llamadas sólo deberían ser íntimas, y se informaba de las cosas. Hoy aunque no nos hablemos apenas, nos enteramos por esos canales extraños que hay. Extraño no significa nada negativo, las cosas evolucionan y hay que adaptarse. Pero la gente ya no coje el teléfono, ni te digo el fijo. Eso ha pasado a la historia. Así que por esos cauces como exóticos, lo he sabido. Cuestiones graves, asuntos que, por privacidad, no tiene sentido revelar, pero que a mí me dejan sentado en un rincón meditando, pues no me cabe duda que los dos casos son consecuencias directas del mundo de locos en el que procuramos vivir. Y no es una cuestión de temor de contagio, es la sensación de injusticia de que si el mundo fuese mejor ( por ejemplo, por que ese Dios que muchos pretenden defender existiese y sirviesa para algo ) bastantes de estas cosas no pasarían.

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