dijous, 9 de juny de 2011

MODELOS DE NEGOCIO

Suena Pocket Symphony, disco de Air al que le corresponde el honor de ser el último CD por el que pagué. Esa es la etiqueta que los mecanismos de mi memoria le han asignado, a falta de canciones, algunas buenos intentos, pero pocas con punch inmediato, que en este disco echo algo en falta, entre atractivos sonidos con instrumentos japoneses algo de su habitual inspiración se perdió. Los discos de Air me gustan más cuando la balanza se decanta de los instrumentales, sean o no más o menos planeadores (los detractores dirían sinfónicos). A pesar de lo cual un disco de Air es siempre un pequeño mito personal : desde 1998 no dejo de estar pendiente de lo que hacen, y sus excentricidades, al contrario, por ejemplo, que las de Björk, no me repatean.  Nada en contra de Björk, por eso. Hubo breves semanas en 1993, o así, donde, impresionado por sus dos primeros discos, pensaba si no era la mujer más guapa del mundo, la de mayor talento, la mujer ideal. El segundo disco, además, seguro que premonitoriamente, se llamaba Post.


Sólo espero que se acuerde en su próximo disco de que es una cantante pop experimental, por ese orden. Puede que unas buenas ventas alivien un poco la deuda externa de su Islandia natal.
Islandia ha pasado a ser una especie de ejemplo de como una comunidad se revela contra el orden establecido. No sé como acabará, pues están en una isla, lejos, son unos 320.000 y siempre pueden cerrarse al planeta y ponerse a dieta de bacalao. En esta Europa civilizada no vamos a enviarles los portaaviones a cobrar lo que nos deben. Tampoco les convertiremos en nuestra Cuba. Así que los islandeses deben levantarse cada día y, si ese día toca que amanezca, ven el Sol y sonríen, seguro, más que nosotros. Pero yo hablaba de Air, y no puedo evitar, pues carezco de la chispa de hace unos años, pensar si Pedro Marín no era fan de Air por homenajear a uno de sus espantosos primeros hits - lo de espantosos creo que no admite discusión, o por lo menos aquí no lo admite.
Hace días que ando preocupado pues no acabo de engancharme de una manera irredenta a ningún grupo ni ningún disco relativamente nuevo. Justo desde el último disco de los Arcade Fire, y justo unos meses antes a The XX. Me gustaría saber el motivo, pero me temo que no hay tecnología que pueda conseguir esa información. Todas las combinaciones son posibles : peor actitud frente a la música que desconozco, pero no siempre. No creo que la música sea hoy peor que hace 5, 10 o 25 años. Aún así, debo reconocer que soporté discos de Madonna (p.e. Music), pero me veo incapaz de soportar los de Lady Gaga. Ese puede que sea un hecho determinante.
A pesar de lo cual, busco. Y encontré esto, que puede que sea más de lo mismo. Voces femeninas, ligeramente fantasmales, ritmos arrastrados, o más dinámicos, sintetizadores que marcan claroscuros. Satie, Velvet Underground, Mazzy Star, Saint Etienne, Stereolab, Goldfrapp, Françoise Hardy.



Y sin tener en cuenta el préstamo del riff de teclado completamente depechemodiano...


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