divendres, 18 de febrer de 2011

Y COMPRARAS CUALQUIER COSA QUE LLEVE MI NOMBRE

Me han enviado por varios canales diferentes links para leer artículos sobre la revolución silenciosa ( y silenciada ) en Islandia. Algunos de esos canales (la plataforma ATTAC) puede que sean tendenciosos. Otros no lo son en absoluto. Recomiendo leerlo aunque sea difícil extrapolar fenómenos a este nuestro complicado país y a esta nuestra aún más complicada mentalidad.
Parece que la gente quiere convencerse que una especie de nuevo orden basado en las manifestaciones de voluntad popular más o menos organizadas es posible. Yo aún lo veo algo ingenuo. Creo que las únicas acciones globales que funcionan son las que vienen determinadas por los mercados y por los intereses económicos. He de decir que de sociología sé lo justo que me sirvió para aprobar, y decir que sé ya es osado pues deben habérseme olvidado muchas cosas, que quizás me serían útiles para darle una pátina más cultista a este post. Esperaremos a otra reencarnación.
Leo hace unos días que Bertrand, una de mis librerías grandes favoritas, será absorbida por Planeta que la fagocitará para rebautizarla con su enseña Casa del llibre. Cuatro años, ni eso, ha durado la independencia de esta cadena, cuya preciosa tienda de la Rambla Catalunya espero que los Lara por lo menos respeten. No tengo muchas esperanzas. Lo cierto es que librerías pequeñas ( y no te digo libreros de viejo, dónde pasaría tardes hurgando montones hasta encontrar el descatalogadísimo Home sweet home de Lypsite ) cada vez quedan menos, y salvo las especializadas, todas ellas van cediendo estantes a best-sellers y esa plaga de la novela histórica que, espero que estemos de acuerdo, empieza a resultar excesivamente omnipresente. La gente compra cada vez menos libros, y aventuraría que, como comprar un libro no necesita del acto de leerlo a continuación, también debe leer menos. Pasará con los libros como ha pasado con los CDs ?? puede que aún pase algo peor, dado que las tiendas de música aún subsisten lastimosamente de vender camisetas y goodies, y no creo que nadie compre una T-shirt de Don DeLillo o Cormac McCarthy para pasearse una tarde por la ciudad. Si conocéis a alguien así, disimulad y pasad a otra acera.
Y de repente he recordado algo que se quedó en el tintero en mi post sobre la calle Tallers. O creo que se quedó, porque empiezo a tener lagunas de memoria sobre temas de los que he escrito, y este blog empieza a ser muy largo (motivo que puede ser disuasorio, lo sé, pero prevalece cierta incontinencia creativa). Cuando en el año 1992, o por ahí, ciertas tendencias relacionadas con la espectacular eclosión de la música electrónica empezaron a triunfar también a nivel ventas, las grandes compañías empezaron a desarrollar una política de posicionamiento de productos en el mercado que habría que calificar de diabólicamente perversa. Comprabas el single de adelanto de, por ejemplo,  New Order, pues salía un espectacular CD maxi de adelanto con el tema en cuestión, con un par de versiones remezcladas que completaban el pack. A continuación publicaban una segunda versión con alguna otra mezcla, más alguna toma en vivo y alguna cara B inédita. Luego editaban el disco, el CD propiamente dicho, y empezaban a extraer nuevos singles con la misma dinámica ( mezclas, inéditos, tomas alternativas, demos ). Pasados unos años puede que los temas inéditos diesen para reunir otro CD, al que añadirían nuevas remezclas o nuevos inéditos para conseguir que los muy forofos volviesen a pasar por taquilla. Así la industria conseguía que acabases gastando el equivalente  a 120 o 150 euros en un LP más toda la complicada parafernalia de ediciones complementarias ( sin contar el sibilino truco de las carísimas ediciones exclusivas para el elitista mercado japonés ). Al final lógicamente lo recordable era el LP en sí y alguna de las mezclas, ahogada entre tanto material de relleno. Alguien llegó a acuñar el término completista para definir a ese sufrido seguidor que acababa loco en su afán de reunir cualquier cosa que un artista predilecto hubiese grabado. Loco y arruinado, añado. Ahora puedes poner en el emule el nombre de tu artista, espacio discography y santas pascuas. Y las discográficas y las distribuidoras se ponen las manos en la cabeza, olvidando esa maniobra de sus lumbreras de marketing destinada a sacar las telarañas de los bolsillos y carteras de los seguidores de sus grupos. Quina barra, y tomad respuesta.

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