dijous, 15 d’agost de 2013

CRESCENDO


Un post libre de spoilers.

Ser cuñados. Una relación curiosa. Dos hombres que son cuñados porque se han casado con mujeres que son hermanas. Lo diferentes que pueden ser dos hermanas. Bueno, si son gemelas, está aquella cosa del equivoco y el morbo añadido. O lo de que se casen con dos hermanos, y si son gemelos. Puf. Qué lío. Pero no: Hank y Walter son cuñados y sus respectivas mujeres no son hermanas gemelas. Su relación es doblemente política, pues ni sus mujeres tienen mucho que ver uno con la otra (la de Hank es impulsiva y la de Walter es reflexiva, por ejemplo), ni sus vidas han llevado derroteros demasiado parecidos. Bueno: eso ha sido muy obvio. En todo caso, Hank y Walter han demostrado a lo largo de cinco temporadas haber desarrollado una buena relación, una relación que, sin llegar a tratarse de una amistad, es lo bastante cordial y confidente como para confiar en su solidez. Si se conocerían si sus mujeres no fueran hermanas es muy improbable. Pero Hank y Walter tienen esa relación familiar asida por nudos que parecen ser, o nuestra cultura nos ha convencido así, muy fuertes.

Leer en el WC. Una declaración de principios, la gente que tiene revistero en el WC. Ahora justo que ando leyendo un libro de Roth en el que el padre del protagonista está agobiado porque sus tripas no se mueven. Pues leer en el WC, cuestión de la que ayer conversaba a cuentas de lo apretado de mis horarios, resulta ser un ejercicio saludable. Importante relajarse ahí. Una lectura no demasiado densa, yo aconsejaría. La prensa, si es que somos capaces de encontrar periódicos que no nos enerven, o algún suplemento de esos que hablan de ocio, de lugares donde divertirse y comer. Después de todo, algún equilibrio habrá entre leer sobre comer cuando estamos descomiendo. En cualquier caso, en casa de Walter White en el WC hay un libro de poesía de tapa dura y verde, verde y dura, que es de Walt Whitman. Curioso lo de la poesía en el WC, tiene algo escatológico cuando se asocia poesía a lirismo y romanticismo, pero no: hay poesía arisca y que emplea palabras malsonantes y que para nada es incompatible con el vaciado de los intestinos.
En eso anda Hank cuando, dos casi amigos maridos de dos hermanas, dos por dos es cuatro y dos más dos es cuatro, ve esa doble-doble v, esa montaña rusa que es la WW. La ve en la dedicatoria y lanza esa mirada: digo lanza, pero diría pone, muestra, interpreta. Y uno sabe que no es porque ese sea el justo y placentero momento de relajación del esfínter: es una mirada estulta, perdida, indignada con el mundo e indignada consigo mismo. Mirada de ya lo tengo y mirada de qué se me viene encima. Mirada de qué tonto he sido. Claro. Cuando uno sube por primera vez a la montaña rusa, no sabe lo que le espera.

Está aquí, desde el 11 de agosto.

Y sí, esta es la entrada número 1000.

6 comentaris:

  1. Felicidades, Bon.

    No puedo con Roth. Hoy estoy con Eduardo Sacheri,

    Saludos.

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    1. Roth es algo extraño en este libro. No sé exactamente dónde quiere ir.

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  2. Qué-mo-men-ta-zo el de hank en el baño. Y el final del capítulo, bueno, tuve que verlo dos veces porque no quería que se acabara esa tensión, joder qué buen guión, qué buenas actuaciones, qué-bueno-todo, demonios, qué buen momento estamos viviendo con esta serie, aleluya.
    en mis años jóvenes ya gasté tiempo y dinero en roth.Hoy me lo paso por el ojete, así te lo digo.

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    1. Momentazo, sí, y ese tramo final de temporada no le anda para nada a la par.
      Respecto a Roth, me ha gustado éste, pero hay otros libros que nada más leer la sinopsis me dan ganas de salir corriendo.
      Bienvenida de vuelta, Selene, y gracias por el comentario.

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  3. Collons ! serà qüestió de posar-me al dia amb el Heisenberg ( V.O.S.E.).
    Enhorabona i retorn , al igual que el senyor White.

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