dimecres, 10 de juliol de 2013

FALSOS SUBTÍTULOS

Pues sí: desde que ayer Tuli Márquez lo colgó en su muro de Facebook no pude dejar de quedarme fascinado con el vídeo que colgué esta mañana directo desde Youtube. Y que me sabe mal que no tenga versión alguna en la que pueda subtitularse a otros idiomas. Aunque hay mucho lenguaje no verbal ahí metido. El de la camiseta negra es David Fernández, miembro destacado de las CUP, formación política encuadrada, hasta el momento, en la más absoluta sinceridad de izquierdas. El del traje es Adolf Todó, ejecutivo bancario que ha dirigido Catalunya Caixa, entidad que en la actualidad está poco menos que expropiada y a la que se han inyectado cuantiosos fondos públicos. El escenario es una de esas comisiones parlamentarias y el turno de Fernández es de unos cinco minutos. Visiblemente tenso, Fernández parece ir a saltar en cualquier momento,  le traiciona ese apretar de boca que revela las muchas ganas que le tiene a Todó. Este, traje caro, corbata a juego, bronceado reluciente de los de salir con el barquito, parece haberse tomado toda clase de calmantes, incluido el mayor tranquilizante posible: la absoluta fe en la impunidad y la confianza en que sus amiguetes del poder le salvarán de males mayores. Fernández le interpela sobre las víctimas concretas de su nefasta gestión: familias sin hogar y personas a las que productos financieros de alto diseño han dejado sin ahorros con que salvaguardar la vejez. Todó habla de dolor como el que habla de cuotas de amortización de inmovilizado intangible. Hasta chulea dandóselas de buen gestor y de cotizado ejecutivo que, en otros tiempos, las entidades manirrotas se han rifado por contratar. Fernández se enerva y sus gestos, dejadme encontrar la palabra, no le traicionan ni le delatan, más bien muestran su sincera indignación, su pasmo ante la desfachatez del señor del bronceado. Muestran a alguien realmente a la defensa de quienes le han votado frente a alguien a la defensa de quienes le han pagado. Aunque no sepáis catalán, esos cinco minutos, con el colofón de Fernández diciéndole vosté es un lladre (usted es un ladrón), son magníficos, soberbios, esperanzadores de que exista aún alguien dispuesto a defender a la gente, aunque sea a costa de contener con dificultad, pero con éxito, el comportamiento más instintivo y natural: el que le haría bajar al estrado y soltarle un par de sopapos.

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