diumenge, 10 de juliol de 2011

TRAICION EN NOMBRE DEL ARTE

Completando a Vila-Matas: la auténtica naturaleza de las personas también se manifiesta en las noches de vacaciones.
Así que, si te paseas por los lugares adecuados, puedes ver las impúdicas (ojalá me acuerde de editar en cursiva esta palabra para evitar su significado literal) exhibiciones de los tardoadolescentes (complejo término que yo prolongaría en casos extremos hasta los 30 avanzados), que evolucionan hacia atroces (para sus hígados) exhibiciones cuando, superada esa edad pero no esa actitud, deciden que ha llegado el momento de ceder el relevo a la siguiente generación. Leo en El poder del perro sobre la perversa medida consistente en suministrar medicamentos al sujeto de torturas para que su percepción del dolor se mantenga real en todo momento. Con lo bien que me iría una sordera temporal estos días. Hace dos, seducido por la jazzistica sutilidad de Murakami, y por tanto antes de penetrar en el desasosiego, en el eterno presagio de la crueldad del libro de Winslow (donde, por ejemplo, quejarse del volumen atronador de la música puede acarrearte fatales consecuencias), hubiera dicho que esta música veraniega es la peor tortura concebida, pues se combina con otros placeres dando lugar a combinaciones que pueden inducir al equívoco. No es una afirmación osada, creo, decir que parece existir una conspiración en la costa empeñada en olvidar que existió Jobim. En negar las oportunidades a la música que evoca el sol y ofrecérselas a la que evoca el neón más barato, el que chisporrotea por falta de mantenimiento.
Aquí estamos, entre vasos de cerveza mal tirada y camisetas de imitación. Entre brazos y torsos tatuados con nombres y caras de bebé y sus fechas de nacimiento, entre ejemplos, a escoger por doquier, de que la unidad europea empieza a manifestarse, dejando a un lado las desigualdades económicas, como una pura entelequia, un inútil, a pesar de sus intenciones, panfleto pseudo-pastoril que revela ingenuidad a raudales. Por idiomas que sepamos, nosotros y nuestros hijos, la afinidad del hombre de a pié no da para solidificar la unidad de Europa. Como pretender afeitarse con la espuma de la cerveza. Un invento al que no le auguro mucho futuro.

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