dijous, 21 de juliol de 2011

A LA YUGULAR

Justo ayer reaparecen dos asiduos. Por distintos canales. Los dos hablan de rachas, aunque uno menciona la palabra y el otro sólo la deja intuir; bueno, más que dejarla intuir casi la define aunque no la nombra. He oído y he leído acerca de las rachas de los goleadores. Que todo va por rachas y que a ver si mi racha cambia. Siempre hay una vez en la vida en que tu racha no cambiará. Entrarás en una de las malas y al final morirás, pues digo yo que la muerte ha de ser el colofón final a la peor posible de las rachas. 
Aunque para el del chiste, el del condenado a muerte al que ejecutan en lunes, sólo sea una mala manera de empezar la semana. 
Lo de sacar conclusiones sobre la gente en base a las palabras que componen sus mensajes lo he sacado de cierto pasaje de La parte de los críticos, primera de las cinco novelas que componen 2666, de ya sabéis quién. Es un juego cuyo resultado rara vez induce a error. Mencionamos más las cosas en las que más pensamos. Por eso todo el mundo se pasa la vida diciendo joder.

Así que a mis dos amigos os digo lo mismo: seguro que no estáis en la peor de las rachas, por lo cual la buena simplemente espera su turno para empezar. Que os pille presentables, al menos.
En este rincón del mundo donde por segundo día rozo el intimismo, al dar un quiebro para evitar esa ciénaga, caigo (cual ciclista que a tumba abierta entra en el patio de una casa particular), en el lago de la coherencia. Un lago cuyo fondo tiene diversas profundidades, así que puedes hundirte en la coherencia el día que lo crees conveniente, pero también solamente mojarte hasta los tobillos.

Como comenté un día tengo en mi FB a Pedro Marín. Le dediqué un par de comentarios, que no sé si leyó, donde cariñosamente le daba mi opinión sobre su súbito resurgimiento en la actualidad y su reinvención como Dios patrio (dios menor) del glam-rock nacional. Opinión sincera, de una sinceridad desnuda e hiriente y un pelo fría cuya reacción, si la hay, desconozco. Hoy leo en su blog (pues su bombardeo por Facebook lo publicita) un párrafo (seamos precisos: una parrafada) en auto-defensa de su incursión en el mainstream, pues salió el sábado pasado en un programa de Telecinco, presentado por María Teresa Campos cuyo título: Qué tiempo tan feliz, no hace falta recrearse en comentar. Nostalgia, nostalgia para gente aburrida en sábados por la tarde. Claro que no puede renegar de su pasado, y que su fama, decadente o no pero fama, le permite acercar su obra, o su producto a dos millones de amodorrados televidentes (lo digo por la hora del programa). Sí Pedro, es tu derecho. Pero no sé, a mí me quedan mis dudas de si tu reivindicación de viva lo alternativo pero viva el mainstream no tiene otra lectura que el positivismo artístico.
Bailas igual de espasmódico que cuando te mencionaba Mateo Fortuny. La canción es la misma, aunque tu voz pretenda hacerla seria y trascendente, es una cancioncilla comercial para vender como churros. Y te mantienes, te debe gustar que te lo digan pues es lo que la mayoría hace, joven, guapo, en forma, y un largo etcétera (y habrá fans que te dirán que ahora lo son sus hijas y blablabla). Así que has perdido esa oportunidad de demostrar un renacimiento creíble. Quieres aplicar un photoshop sobre todo y volver a 1980 o el año en qué cojones sacases Aire. Te llamas Pedro pero deberías llamarte Peter. Cierro la carpeta de Pedro Marín, pues creo que a nadie le interesa. Lo dijo Houellebecq, hay hechos únicos que definen la vida de una persona, aunque sea injusto. Quiere ser recordado por cantar Aire.

Pues aire, eso digo yo.





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