dissabte, 23 de juliol de 2011

EL RESTO ES DUDA

El caso es que el comentario de 6Q (y no solo ése) me hace pensar. Claro que soy consciente de la cantidad de texto que he puesto. Pero eso no garantiza nada. A veces me sorprendo a mí mismo con alguna frase o algún párrafo, y digo, ésto lo he hecho yo. Decírselo uno, que significa preguntárselo y respondérselo a la vez, en un doblez poco humilde de la personalidad. También he escrito cosas aborrecibles, que es cuando los profesores de instituto reciben, pues siempre acabo comparando mi mediocridad, injustamente, con la que, insisto, injustamente, les presupongo. Injustamente, injustamente.
Saldrá la actitud y la aptitud, que son la ecuación favorita para definir a la gente, son la cuantificación que nos clasifica a todos. Sabe y quiere o no tiene ni idea y encima no le da la gana. Todo o nada.
Pero el fantasma que me asusta, el que hace que esconda las manos bajo las sábanas para que no muerda mis dedos, es el implacable juicio del talento. Comentar es sencillo. Criticar es sencillo y agradable, uno se lo pasa bién desmenuzando sin piedad a los demás. Pero crear algo que merezca la pena, ay dios ! eso son palabras muy grandes, y exponerlo a la opinión de los demás, no de aquellos que te conocen y dicen mira éste, pues a fuerza de escribir va haciéndolo menos mal, ya no dan ganas de reirse. No, no serán esos. Entonces me encontraré con los peores de los antagonistas: los que son como uno mismo. Los que no tienen el más mínimo reparo y no piensan si pobrecito es padre de familia y tiene voluntad.
Zasca ! Como dice (y dirá) 6Q. Le copia este personaje a Bolaño y esta reflexión es del polaco aquel. Empieza la mitad de las frases con y, siempre la y por todos lados. Sus personajes parecen todos autobiográficos y, cuando se da cuenta, de repente dejan de serlo, ya no son creíbles. Al menos Follett te lleva a otro tiempo, no siempre instalado en la jodida época del día de hoy, que ya nos sabemos el hoy lo malo y evanescente que es.
Así que esa es la última causa. Que ser un buen aficionado ya me da satisfacciones. Que ésto tendría que ser para que amigos y conocidos y saludados y fascinantes desconocidos (que están pendientes de clasificación, lógicamente) se fijasen en los libros (cada vez más), películas (curioso, muy pocas) y otras cosas que recomiendo. Que lo que más me gustaría es que alguien me dijese que qué delicada la canción de Jobim, que qué pedazo de solo de saxo y qué maravilla el sutil fraseo de piano y la voz de Joao, y cómo acaba. Tienes razón, Francesc, es importante cómo acaba una canción. Un comentario así me compensa todo el esfuerzo pues sí, aquí hay esfuerzo individual. Como salir a correr y llegar bién sudado: te miras ante el espejo antes de meterte en la ducha, ves los churretones de sudor, te harías una foto para demostrar lo que has dejado en el asfalto.

Francisco Casavella murió hace unos años, dicen, víctima de complicaciones colaterales de una adicción a la heroína que no pudo abandonar a lo largo de su existencia. Su libro póstumo, Elevación, elegancia y entusiasmo recoge sus artículos para toda clase de revistas y publicaciones, con profusión de comentarios sobre música, literatura, cine. Antes había ganado un importante premio, diría que el Nadal, con Lo que sé de los vampiros, que aún he de leer. Busco como un loco El día del Watusi, trilogía que le encumbró, y me dicen que se ha reeditado en un solo tomo de bolsillo. Me lo ha dicho Gustau de la libreria Cercles, Bailén 201, pasaros, pues quién tiene, pudiendo tener otros, un escaparate con 2666, Meridiano de sangre y El guardián entre el centeno, es que sabe lo que vende, y un librero que lee los libros que vende mientras espera en la tienda, es de mucho fiar. Le dije que encontraba a Vila-Matas algo burgués y el me dijo de Murakami que era algo naïf. Eso lo demuestra todo, no hacen falta más pruebas. Id y coged algo y pagadlo y no os distraigáis, que se pone uno a hablar de libros (o de música) y llega tarde a cualquier lado.
Volviendo a Casavella, del que también hablamos, sí que me gustaría trazar un camino parecido, pero voy tarde y no pienso probar la heroína, uno no se sienta a una sesión guiada de ver Trainspotting con una niña de casi catorce años para acabar dando un ejemplo horroroso. Tampoco sería decente intentar vivir de ganar concursos literarios (leed otra vez, que he dicho intentar), aunque Bolaño lo hizo hasta que el mundo reconoció (aún no del todo) su inmenso talento (y me da escalofríos no poder decir inacabable talento).



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