divendres, 3 de juny de 2011

LA EXACTITUD DE LAS DEFINICIONES

Destartalado : cuando algo está tan deteriorado, sea consecuencia de un exceso de uso o de una cierta precariedad en su naturaleza, que sería susceptible tanto de ser desechado como de continuar siendo usado, aunque de una manera precaria.
Hace unos 15 años que tengo un polo verde oliva, de Burberrys. Supongo que ese color ha evolucionado como consecuencia de cientos de lavados, pero aún se mantiene algo vivo. Las mangas están bastante rozadas, y el interior de las axilas (seamos finos) está deshilachado y agujereado, con lo que, cuando me lo pongo, debo tener cierta precaución al levantar las manos (es decir, no puedo ponérmelo para ver partidos del Barça, las celebraciones adolecerían de cierta inhibición). Pero cuando me lo pongo sé que es verano y sé que se acercan las vacaciones. Esa sensación supera cualquier otra. Si alguien me lo tirase, y no pudiera cumplir el ritual anual de ponérmelo un par de veces, el desamparo calaría en mí.

Y destartaladas están las tiendas de la acampada, también.

Franquicia : permiso que alguien poseedor de un original cede a otro, para explotarlo a cambio de una contraprestación.



Los Primal Scream, no me acuerdo por parte de quién, fueron criticados como una franquicia del rock'n'roll. Por hacer un disco casi de tecno en Screamadelica y luego otro de rock sureño en Give out but don't give up y así puliéndose sub-géneros en sus sucesivos discos, sin el mínimo recato, siempre adaptándose al productor y a lo requerido por el gran público. A pesar de lo fundado de esa crítica, y de su mirada vidriosa y ausente, nadie conseguirá que me caiga mal Bobby Gillespie, del cual recuerdo con bastante precisión detalles de entrevistas, y jugosas anécdotas, como cuando le preguntó a una virginal Kylie Minogue como se sentía ante el hecho de que los adolescentes británicos la prefiriesen por amplia mayoría para sus fantasías masturbatorias. O cuando mencionó las enormes dificultades que acarreaba la grabación de un disco con toda una banda enganchada a la heroína. Provocador o testigo fiel, Screamadelica tiene el don de haberme descubierto la genialidad de Andrew Weatherall, su productor, otro elemento que seguro que había dejado transitar las más variadas sustancias por su organismo. Comprendí que seguramente lo que más me gustaba del disco era su sonido, que en esos primeros 90 era, por ejemplo (con excepción de algunos escarceos de The Orb) el primer acceso del dub al oído mayoritario. Aunque podría ponerlo más a menudo, esa portada, que me resulta vagamente Mironiana, pero en cualquier caso emblemática como su música, aún me recuerda ciertos tiempos, ya lejanos, donde la mejor música posible era también la más vendida. A veces dejar las cosas atrás no es lo mismo que superarlas.

Pre-Weatherall : medio tempo ligeramente romanticón y stoniano, con una sección de viento un pelo desubicada.


Post-Weatherall : coros negroides, piano potente, vientos casi de trofeo medieval. Fucking genius.




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