dijous, 5 de maig de 2011

SUPERMAN

Jordi Basté ha definido esta mañana el affaire del abatimiento de Osama Bin Laden como una brillante serie de TV de la que puede que tengamos segunda temporada. Lo ha comparado con El ala oeste de la Casa Blanca (lo siento, no he tenido tiempo físico de verla) y 24 (sí he visto algunas temporadas y no creo que pase de un caro entretenimiento con muy pocos visos de credibilidad). Realmente es difícil no prestarle atención : a la fascinación intrínseca de los grandes espectáculos americanos hay que añadir que, todos lo sabemos, el mundo aún no se ha recuperado del 11-S. Diez años no son suficientes. Y esta profunda crisis, esta crisis que muchos no comprenden que en realidad es la generación de un nuevo estado de las cosas, es simplemente una onda expansiva de lo que se inició ese día. 
No sé si en broma o en serio parece ser que mucha gente opina que es una aplicación unilateral de la pena de muerte, disfrazada de incidente armado, como para añadirle escenografía cinematográfica (creo que será inevitable que se hagan unas cuantas películas sobre estos hechos, con miles de licencias creativas de toda clase). Y entonces algunos entrañables partidos de la vieja izquierda, esa izquierda que de romántica se acaba pasando, pues el amor a veces te debilita, se pronuncian en contra a todas todas y hablan del imperialismo y de la policía global y sacan viejos fantasmas. Declaradamente de izquierdas como siempre me he manifestado, también aquí he dejado bién claro que no soy, para nada, un anti-yanki. Yo le pediría a estos políticos que dejen esas fuerzas para combatir por la igualdad de clases aquí, en su entorno más cercano. Que criticar a quien está a miles de kilómetros es sencillo, pues no va a tomarse la molestia de venir a contestarte. Pero si quieren ser una izquierda cercana, que aprieten en las empresas que anuncian beneficios record con una mano y firman ERE con la otra, que no toleren que los gobiernos conservadores levanten el pie con los impuestos a las rentas y a los patrimonios indecentemente desproporcionados. Para eso deberían servir, lo de poner verde a USA ya está muy visto. Porque seguro que lo hacen bebiéndose una cocacola.

Don DeLillo forma parte de una clase de escritores americanos relativamente homogénea. Junto a los Richard Ford, Cormac McCarthy, Philip Roth, y algún otro que me dejo, se trata de un grupo de escritores ya en sus sesentenas largas, es decir, con pasados arraigados en Vietnam, Woodstock, Corea, Watergate, etc, y que se han erigido en cronistas de lo que ha pasado en las últimas décadas. Novelas que hablan de divorcios, de clase media, de la América profunda, de apocalipsis, de ejecutivos al límite. Incapaz como soy de comprender todos los matices de ciertas palabras y ciertas construcciones verbales, culpa de ese inglés enfocado al mundo de los negocios, y no al de la literatura, que aprendí, opto por leer sus obras en traducciones al castellano. Cosmópolis, en la que ando metido, trata, de momento, de una doble odisea de un acaudalado especulador. Todo, hasta las 40 páginas que me he leído, parece que se produce por su aburrimiento y por esa masculina competitividad de complicarse uno solito hasta la vida teóricamente más plácida. Seguiré informando, pues ahora mismo es todo lo que puedo ofrecer. Buen estilo, dinámico (creo que no siempre le agradecemos bastante a las buenas traducciones), y espero que sea la mecha de un renacimiento, porque a veces, cuesta ponerse. Que se lo digan a 6Q, que espero que no cayera en la misma emboscada que Osama (semanas sin colgar nada, chaval). 

1 comentari:

  1. Llevo unas semanas con falta de horas e inspiración. El papeleo de trabajo me bloquea. Tengo ideas pero me falta la fuerza que a tí te sobra.
    Me he propuesto que este fin de semana caiga algo.
    Por cierto, por mojarme en algo, yo también habría Matado a Bill, estooo, a Bin. No publicaría ninguna foto. Y no daría explicaciones de ningún tipo que luego se tuvieran que rectificar. Lo hemos matado y punto. Estoy en contra de la pena de muerte, pero no de las acciones de guerra con objetivo concreto.


    6Q

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