dilluns, 9 de maig de 2011

LO MAS ALEJADO A UNA MELODIA

Entre esas lecturas perezosas que uno engulle el fin se semana(engullir sería la palabra adecuada pues es como uno cuando va a la nevera cuando se aburre) ...dominicales, prensa atrasada del resto de la semana, cosas que andan por casa, leo una frase que retengo: la fresa es un fruto que no admite demasiada manipulación. Corrientes de asociación de ideas : la primera vez que recuerdo haber comido fresas con nata, y  que ya está , hace tanto, anclada a mi memoria. Una celebración familiar en un restaurante, donde las sirvieron de postre. También: posts varios que quedan guardados en la memoria de blogger.com... eternos borradores con pocos visos de superar esa provisionalidad, más bién condenados a la eterna provisionalidad. A veces serían soportables si no insistiera tanto en tocarlos y perfeccionarlos y quitarles esa frase o sustituir esa palabra ligeramente reiterativa, ligeramente cacofónica. Uno, el más reciente que recuerdo, un título horroroso que me ahorro sonrojarme en recordar, un tema, los recopilatorios y los discos de sesión a que era  tan aficionado, en otros tiempos.
Kid A, de Radiohead, a un volumen digno para que no sólo sea yo quien lo disfrute. Vecinos de los pisos y edificios adyacentes, es justa reciprocidad pues yo oigo clases de flauta y clases de piano, y llantos de bebés con padres que no asimilan (como me pasó a mí) los preceptos del método Estivill. La ciencia del sueño. Qué evocación.
Respecto al artículo : era fácil despacharlo en dos o tres frases. Lo difícil que es encontrar justo una canción cuando el disco de sesión está hecho en un solo track, sin cortes. Lo incómodo que se vuelve editar esos cortes, quieres usarlos para confeccionar el CD perfecto, cien temas sin fisuras, pero, otra vez más, no podrás. El campo no merece puertas y la música no puede meterse en 100 canciones ni en 50 discos ni en 10 artistas. Nadie te enviará a una isla desierta, así que conserva tus miles de discos, que falta te hacen, hay que aportar cosas.
Cosmopolis, de Don DeLillo : tras tres intentos concluyo que no es el libro, o no es el momento, o no soy la persona, o no la reencarnación de mi persona en que pueda disfrutar de él. Sin arranques en falso, sin decepciones, ya son tres veces que miro, nervioso y dubitativo, la estantería en busca de otra cosa. Componente de una especie de tercera vía entre la angustia eternamente adolescente de Bret Easton Ellis o David Foster Wallace, y la madurez ligeramente decadente de Roth, McCarthy, o Ford, no sé que le pasa a DeLillo para que no enganche. Así que me propongo un nuevo intento con Murakami.
El fin de semana, en blanco. Veo a 6Q y a Lydia que vuelven, uno por sus fueros filosóficos, Lydia en una cierta vena agridulce. No le doy más vueltas, mi camino se para ahí, un rato, pero sigue firme. 
Y para asustar a unos cuantos iba a colgar unas cuantas secuencias ácidas de Maurizio, hipnótico gurú del dub más enfermizo, pero lo dejo para otro día.




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