dimecres, 4 de maig de 2011

EL PUÑETAZO EN LA MESA

Lo normal será que no vuelva a hablar del tema hasta el día 29 de mayo. Igual que ayer a estas horas, no sé en qué términos me tocará expresarme ese no tan lejano día. 
Administrar las victorias con elegancia es algo fundamental en ciertos niveles asociados con la elegancia y la caballerosidad (niveles que aconsejan trajes oscuros y camisas lisas). Así que voy a intentar caer en ese patrón. El otro patrón diría que hemos obtenido ya una victoria parcial (ellos no tendrán la décima), que esperamos que sea preámbulo de una total (nuestra cuarta). Serí, en ese caso, comedido, y cortaría en la frase de que hay quien ha pasado de ser un mal ganador a ser un mal perdedor. 
La elegancia supone, entre otras muchas cosas, contener los instintos más primarios, y sustituirlos por reacciones más sutiles, para evitar la ofensa. La elegancia es por tanto, en cierta medida, capacidad de autocontrol (soy capaz de ver un avión escribiéndolo en el cielo). Pasa que este autocontrol, conocido por el rival, supone en muchas ocasiones tragar saliva (o bilis o sapos, elegid). Así que voy a defender el golpe en la mesa que pegó Jan Laporta hace ya unos siete años. Si era algo planificado o le salió el conejo del sombrero, ya casi me da igual. En abril del 2002 (creo, quizás 2003) el Barça jugó otra semifinal de UCL contra el Madrid. Un Madrid calcado al de ahora, construído a base de dinero, prepotencia, jugadores carísimos, y malas maneras. Un negado Joan Gaspart enfrentó a ese equipo una estrafalaria mezcla de jugadores holandeses, algún canterano, otros extranjeros. Perdimos claramente, fue una vergüenza. Hoy no hay vergüenza (por muchos medios que se empeñen en que deberíamos tenerla, pero medios a los que ya sabemos que no vamos a hacer caso). Nuestra cabeza está alta, y puede que lo esté más aún en breve. Como la sístole y la diástole, de momento nuestro primer movimiento está ya marcado : ellos ya no pueden ganar.
Triste pero triunfante suena Scott Walker en Orpheus, o en Mrs. Murphy (historia adúltera a más no poder). 

Y ahora debo volver, tras estos agotadores días, a la esencia de estas páginas. Ayer, coincidiendo con el anuncio de la muerte de Bin Laden, La Vanguardia se publicó por primera vez en su historia en catalán. Dentro de los preámbulos de ese hecho (defendido persistentemente como una decisión empresarial en búsqueda de negocio), el propio periódico publicó una entrevista en una cierta profundidad que le hizo Pilar Rahola a Javier Godó. Esta vez la coletilla Conde de Godó no acompañaba persistentemente a cada mención de su nombre, circunstancia que me hizo pensar. Luego alcanzaba un nivel de cierta intimidad donde el editor manifestaba tímidamente ciertos aspectos íntimos de su ideología. De repente me paré en una visita que Isidre Fainé (de La Caixa) y él, hicieron al rey para explicarle el proyecto. Y me sonó demasiado, el hecho, aunque quizás fuese la forma de describirlo (Rahola es Rahola al fín y al cabo) a una petición de permiso. Esa es la cuestión que algún día, generación llegará que nos empuje a ello, debemos plantear. Basta de excusarnos, basta de cabezas gachas, basta de sentimiento de intimidación autoinflingida. Así que, con todos los enormes esfuerzos y pifias que ello me acarreará, mi intención desde este momento es que todos los posts sean bilingües, así que os esperan textos en castellano llenos de catalanismos, y al revés, porque Google Translator tendrá que ayudarme.

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